Informe Anual a la Junta General 2012 – Parte IV

En algunas de las entradas anteriores y en los siguientes días, estoy publicando diferentes secciones del Informe Anual de los Superintendentes Generales a la Junta General hace dos semanas.  Para descargar el reporte completo en español, haz clic acá: Llamados a Ser Testigos.

Cuerno de África 

Es el privilegio de la Junta de Superintendentes Generales servir a nazarenos bondadosos y compasivos. Además de la ayuda de recuperación que se dio después del terremoto de 2010 en Haití, Ministerios Nazarenos de Compasión está pidiendo ayuda para el Cuerno de África, donde miles de personas sufren hambre—incluso pastores nazarenos y sus familias. (http://www.ncm.org/africahunger/)

Se ha recibido un poco más de $800,000 para dar comida y asistencia médica a nuestros hermanos y hermanas en Cristo en esta parte de África. Se necesitará más, pero damos gracias a la iglesia por este generoso derramamiento inicial de apoyo en tiempos económicos difíciles.

¿Qué Pasaría Si…? 

En Mateo 16, Jesús se dio cuenta de que le quedaba poco tiempo, que Sus días en la carne estaban por terminar. ¿Había alguien reconocido quién y qué era Él? ¿Había quienes continuarían Su obra y trabajarían por Su reino cuando Él hubiera dejado la carne?

La supervivencia de la fe cristiana estaba en juego. Él estaba en un lugar contaminado con los templos de los dioses sirios, un lugar donde el esplendor del marfil blanco en el centro de la adoración a César dominaba el panorama. Y allí—justamente allí—este Jesús asombroso, dispuesto a poner todo a prueba, les preguntó a Sus seguidores: ¿Quién creen que soy Yo?

¿Quién Dicen que Soy Yo?

Encontramos esta historia en Mateo 16:13-16: “Cuando llegó a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ‘¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?’ Le respondieron: ‘Unos dicen que es Juan el Bautista, otros que Elías, y otros que Jeremías o uno de los profetas’. ‘Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?’ ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente’, afirmó Simón Pedro.  “¡Eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!” ¡Qué confesión!

Carl F. H. Henry escribió: “Si no se recuperan las convicciones y vitalidad espirituales que eran características de la iglesia cuando ella se originó, es improbable que el cristianismo siga siendo un contendiente serio entre las religiones del mundo”.

En el versículo 17 Jesús respondió a la confesión de Pedro: “Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo reveló ningún mortal, sino mi Padre que está en el cielo. Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”. (Mateo 16:17-19, NVI)

Observen las palabras exactas de Cristo en el versículo 18.

  • Hecho No. 1: “Mi iglesia”

La Iglesia es de Cristo.

 No es un edificio.

 No es una estructura denominacional.

La edificación de la Iglesia de Cristo tiene que ver con el acto de reunir a Su pueblo—y la Iglesia del Nazareno es una parte vital de esa reunión.

  • Hecho No. 2: “Yo edificaré”

No hay duda de que Cristo es el que edifica la Iglesia y el poder detrás de su estructura (1 Corintios 3:11).  La Iglesia de Jesucristo está fundamentada en dos cosas

  1. La revelación divina de que nuestro Señor y Salvador es el Mesías, el Hijo del Dios Viviente.
  2. La profesión de fe en Cristo (véase la confesión de Pedro en Mateo 16:16).
  • Hecho No. 3: “Las puertas del reino de la muerte no prevalecerán”

Cristo levanta y mantiene unida a la Iglesia (Colosenses 1:17).

Cristo mismo protege a la Iglesia.

  • Hecho No. 4: “Te daré las llaves del reino de los cielos”.

Él nos ha dado las llaves del Reino a nosotros, Sus seguidores. Tenemos la oportunidad de traer personas al Reino al presentarles el mensaje de salvación.

Él nos ha dado, no sólo las llaves y la autoridad, sino también el poder para ser Sus testigos.

El mismo Espíritu Santo que dio el poder para el ministerio terrenal de Cristo, y lo resucitó de la tumba, es dado a nosotros para servir. Justo antes de Su ascensión, Jesús dio instrucciones finales a los discípulos: “Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hechos 1:8, NVI).

Pongamos atención al orden.

Primero, debemos recibir poder del Espíritu Santo.

Cristo dijo claramente que el testimonio de los que son llenos del Espíritu Santo es esencial para edificar Su Iglesia. Pablo le recordó a la iglesia de Éfeso que debían ser “llenos del Espíritu” (Efesios 5:18, LBLA). Por eso Jesús dijo que primero necesitamos el Espíritu Santo. El “espíritu de santidad” es esencial para nuestro testimonio. Es posible vivir en santidad y tener una vida santificada aquí y ahora porque Dios prometió: “les daré un nuevo corazón y les infundiré un espíritu nuevo” (Ezequiel 36:26, NVI).

¿Qué significa ser un testigo cristiano?

Ser testigos es la forma como actuamos ante el mundo.

Es como actuamos ante nuestras familias.

Es como actuamos ante nuestros compañeros de trabajo.

Es como actuamos ante nuestras iglesias.

Es como actuamos ante nuestras clases de escuela dominical y grupos pequeños.

Es como actuamos ante nuestros vecinos.

Es como actuamos ante personas desconocidas.

No actuar a la semejanza de Cristo desvirtúa la credibilidad de nuestro testimonio. Ser testigo—compartir el evangelio y difundir la santidad bíblica—requiere oración. Requiere fe. Requiere la Palabra. Requiere que seamos llenos del Espíritu y guiados por el Espíritu en nuestro caminar diario con Cristo. Una meta valiosa para cada seguidor de Cristo es fortalecer la calidad de su testimonio.

Desde que la Declaración de Misión de la Iglesia del Nazareno fue refinada hace cinco años, los superintendentes generales han dedicado tiempo a despertar mayor conciencia para hacer discípulos a la semejanza de Cristo en las naciones. Estamos dedicados a nuestros valores esenciales de ser un pueblo Cristiano, de Santidad y Misional. Estos valores son fundamentales para el testimonio único de la iglesia.

Sin embargo, es tiempo que empecemos a concentrarnos más en cómo se realiza esta misión personalmente—en las iglesias locales, en las escuelas, en nuestro trabajo y donde vivimos.  Piensen en cuántas diferentes personas los 2.1 millones de nazarenos conocen. Piensen en cuán grande y cuán diversa es la “red nazarena” de la que tanto se oye hablar.

  • Imaginen qué pasaría si un mayor número de nazarenos participaran activamente en ser testigos de Cristo, mostraran “audacia espiritual” y pusieran en acción su fe, tal como vemos en el libro de los Hechos.
  • Imaginen qué pasaría si un mayor número de nazarenos asumiera una responsabilidad personal respecto al mandamiento de Cristo para ir y hacer discípulos en sus casas, vecindarios, comunidades y ciudades en las naciones.
  • Imaginen cuán diferente sería la vida si más cristianos siguieran las enseñanzas de Jesús y vivieran el Gran Mandamiento—amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, y con toda nuestra alma, y con todas nuestras fuerzas, y con toda nuestra mente, y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Lucas 10:27).
  • Imaginen qué pasaría si no hubiera solamente individuos motivados, sino iglesias locales inspiradas por el Espíritu Santo. Las iglesias locales tienen la responsabilidad última de desempeñar la misión y el ministerio.
  • Imaginen qué pasaría si cada iglesia local se comprometiera a movilizar y animar a su gente en formas creativas para que sean testigos audaces y dedicados hacedores de discípulos.

Si, por casualidad, hay iglesias que están esperando recibir “permiso” para alcanzar al mundo en diversas formas, les decimos que los superintendentes generales les dan el “permiso” y los animan a hacerlo.

De hecho, las iglesias nazarenas alrededor del mundo ya están intentando nuevos métodos para conectarse con sus comunidades. Algunas veces estas iniciativas resultan y otras veces no. Pero eso no debe impedir que las iglesias sean innovadoras para alcanzar a la gente con el evangelio de Jesucristo.

La iglesia tiene que ampliar su comunicación para usar los nuevos medios de comunicación que son populares en la cultura de hoy. Esto incluye Facebook con sus 800 millones de miembros, y un 50 por ciento que usan el servicio cada día, mensajes de texto (no cuando están manejando), Twitter y aun tecnologías un poco más antiguas como el correo electrónico y las páginas web. Es posible ser una iglesia conectada al mundo digital para el ministerio, la evangelización, el crecimiento espiritual y aun para recibir diezmos y ofrendas—que se debe entender como un acto de adoración.

Vale incluir una nota de advertencia. En la era del Facebook, las personas todavía necesitan hablar cara a cara. No permitan que los medios virtuales remplacen por completo el contacto personal. Es importante que la Iglesia recuerde esto: es la persona del Espíritu Santo quien revela a Jesucristo a los no creyentes—no la tecnología.

Pensemos juntos sobre esto:

  • ¿Qué pasaría si más iglesias locales pensaran más en los que están afuera?
  • ¿Qué pasaría si a más iglesias locales se les animara a intentar nuevas cosas?
  • ¿Qué pasaría si más pastores equiparían y comisionaran a sus laicos para el servicio?
  • ¿Qué pasaría si nuestros laicos, ya equipados y comisionados, tomaran la iniciativa para explorar nuevas áreas de ministerio? Esto podría incluir el comenzar estudios bíblicos en hogares, enseñar clases de escuela dominical o participar en plantar iglesias.
  • ¿Qué pasaría si las iglesias y distritos nazarenos cooperaran con la Alianza Wesleyana Global y otros para trabajar más sabiamente en áreas urbanas?
  • ¿Qué pasaría si más nazarenos se comprometieran a fortalecer su testimonio en el próximo año por medio de la oración y el estudio de la Palabra de Dios?
  • ¿Qué pasaría si, en las ciudades más grandes y en las aldeas más pequeñas, nazarenos de todas las edades escucharan otra vez el llamamiento de Dios, fueran llenos con el Espíritu Santo, fueran a sus lugares como testigos con poder, y participaran en hacer discípulos?

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