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Una Señal Esencial

Por Rev. Ken Childress

1 Corintios 15:17, “Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros delitos y pecados.”

La Resurreción da valor a todo lo que creemos. Sin ella, la Biblia es suficientemente audaz para decir, que nuestra fe no tiene valor. Aquellos que piensan que el Cristianismo vale la pena para la vida solo en este mundo no están de acuerdo con Pablo; él pensó que, en efecto, seríamos criaturas miserables si nuestra fe es simplemente una fe de este mundo (Ver versículo 19).

No, Dios nos dio la Resurrección –de Jesús y la nuestra– por una razón. Es una PROMESA, un COMPROMISO, una CONFIRMACIÓN de que nuestra vida en este planeta caído es solo una pequeña fracción de la vida que estamos destinados a vivir. Mientras el resto del mundo está viviendo para el aquí y ahora, nosotros vivimos para la eternidad. Mientras ellos invierten esperando buenos rendimientos en cuestión de años o décadas, nosotros invertimos esperando buenos rendimientos para la eternidad. Mientras ellos interpretan sus pruebas como algo que hará o romperá la calidad de sus vidas, nosotros interpretamos nuestras pruebas como eventos que están formándonos para entender a Dios y heredar sus riquezas. La Resurrección hace toda la diferencia en el mundo. Y más allá.

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Esto, de hecho, fue el propósito de la creación desde el primer día. Génesis es el relato de la creación de Dios, pero la cruz de Cristo y la tumba vacía son el relato de la re-creación. La iglesia primitiva de repente estuvo consciente de que estaban viviendo en el re-génesis, el cumplimiento de todo lo que Dios había prometido, el Reino que no desaparece. Y ese conocimiento guió todo lo que hicieron.

Constantemente pensamos que la Resurrección como un fenómeno de la época de Semana Santa – un milagro pasado que nos da una tenue esperanza para el futuro. Es MUCHO MÁS.

La Resurrección valida nuestra fe en el trabajo redentor de nuestro Sumo Sacerdote, quien ha quitado nuestros pecados. Nos permite vivir con un sentido de riesgo y aventura, porque nos hace parte de un nuevo orden de la creación que finalmente no puede fallar. ¡Nuestras vidas están cimentadas en Alguien que reina eternamente en VICTORIA!

Él resucitó…Él ciertamente resucitó. ¡Sin Resurrección no hay Cristianismo!

¡Ha Resucitado!

Pastor Gerardo Aguilar

De niños jugando a las escondidillas pasamos momentos dulcemente tensos. Era un desafío buscar el mejor lugar posible y guardar silencio con un aguante tremendo de risa nerviosa sin que te descubrieran. ¡Nadie quiere ser encontrado! – Por gracia, no todo en la vida es juegos, sino también realidades.

Hablando de querer encontrar a alguien, recordamos a las mujeres piadosas que fueron a buscar a Jesús a la tumba donde le habían puesto después de ser crucificado y muerto en la cruz. Ellas esperaban encontrarle para poner perfumes y especies aromáticas según la costumbre de su cultura.

El corazón de aquellas mujeres tenía cierta fe y duda al mismo tiempo, pues se preguntaban entre sí quién les movería la enorme roca que cubría la entrada al sepulcro. Sin tiempo de contestarse la pregunta, –de repente– observaron la roca movida y a un ángel del Señor sobre ella que les habló y dijo: ¿porque buscáis entre los muertos al que vive? –Jesús–¡No está aquí, pues ha resucitado!

–¡¿No está aquí?! ¡Ha resucitado!

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Vaya aseveraciones de aquel personaje celestial! –En nuestros días quizá hubiéramos respondido: –¿Estás hablando en serio?–, –¿Alguien podría ponerme eso por escrito?–, o –¿Puedes hablarlo bajo declaración jurada ante la ley?–.

No es fácil recibir tan gloriosa y también tan desconcertante noticia, luego de haber visto al Maestro en sufrimiento y cruel muerte en el madero. Nadie creería eso a menos que, el poco de fe que mantenían como un leve ardor en el corazón, se haya convertido luego en una antorcha interna de gozo y confianza, que trajo a la memoria las mismísimas palabras de Jesús cuando les decía: “el Hijo del Hombre será entregado…y le condenarán a muerte;…para burlarse de Él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará–¡Ahora todo tiene sentido!…¡Ha resucitado!

Las tumbas de los llamados profetas e iluminados, de las religiones del mundo, contienen los restos de esos hombres. –Todos murieron como cualquier humano–. Algunos son considerados como dioses, sin embargo no lo son pues en el último y agónico “round” de sus vidas la muerte les venció sin escollo.                                

Pero nuestro Señor Jesucristo en un encuentro cara a cara con la muerte, le venció y resucitó al tercer día, significando así “la muerte de la misma muerte”, y por ello también el apóstol Pablo testificó con poder diciendo: ¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro tu victoria? –¡Sorbida es la muerte en victoria!–.

Para nosotros hoy en día, traer a la memoria la victoria de Jesús sobre la muerte es algo que debe aumentar nuestra fe y confianza hasta lo sumo. De hecho la Resurrección de Cristo es el evento que le da sentido y esperanza a nuestra fe. Al adorar a un Cristo vivo, el mismo Espíritu que le levantó de los muertos también nos sostiene en Sus Promesas y Palabras de poder que alimentan el alma cada día. ¡Jesús ha resucitado!

José de Arimatea

Por Scott Armstrong

Dentro de cualquier institución, siempre hay personas que escogen diferentes caminos cuando ésta se ha vuelto inefectiva y anticuada. Trabajan dentro de los parámetros y respetan todos los niveles jerárquicos y de protocolos. Sin embargo, chocan continuamente con el gran monolito con el fin de impulsar un nuevo movimiento. Con frecuencia son criticados por sus posturas.

Y así encontramos a José de Arimatea, un miembro respetable del Sanhedrín, ofreciendo enterrar a Jesucristo, una seria amenaza para el gobierno Judío.

En una ocasión, este Jesús se había levantado en la sinagoga y leído del profeta: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año agradable del Señor”. Muchas cabezas asintieron ese día, hasta que el Proclamador emitió una proclamación audaz: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”. Los contemporáneos de José se volvieron en su contra, y él mismo se sintió ofendido. Pero había una esperanza casi olvidada en José que lo sobresaltó y lo dejó sin aliento a la vez.

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Había algo acerca de cómo Jesús dignificaba a las mujeres que habían sido olvidadas, mirándolas amorosamente, sin pretensión. Había algo sobre la manera en que se reía con los niños y que llevaba a José a pensar: “¿Qué tal si Yahvéh es diferente de lo que siempre me han enseñado?”

Aun cuando Jesús criticaba severamente al Consejo de liderazgo de José, había algo en sus palabras que le sonaba cierto. ¿Podría ser él el Mesías?

Como consecuencia, en medio del caos en el que se encontraban todos en Jerusalén, este mismo José obedeció la agitación en su corazón después de la crucifixión de Jesús y fue audazmente hacia Pilato para pedir el cuerpo. Requería coraje ir a hacer una petición ante un gobernante corrupto como Pilato, pero especialmente para pedir el cuerpo del hombre que había causado que toda la ciudad se amotinara. Y aun así, la audacia de José fue más grande debido a la avalancha de odio que recibiría de su propio Consejo religioso. Su reputación por los suelos, su influencia puesta en duda, la tradición nos dice que por sus acciones fue puesto luego en prisión y azotado.

Aun mientras tal vez previó el sacrificio que su propia decisión implicaría, el sacrificio del hombre que bajaba del madero comenzó a pesar sobre él.

Los pies y las manos sangrantes de Jesús manchaban la cómoda ropa de José. Con lágrimas, limpió las heridas y honró al difunto envolviéndolo cuidadosamente con un paño nuevo de lino. Aunque se esforzó, la tela se pegaba a las heridas y las manchas carmesí empapaban el lino puro.

Las emociones del momento abrumaban a José.

Había querido honrar a Jesús; sin embargo, por primera vez en su ilustre vida, él fue el que se sintió verdaderamente honrado.

Había venido a ayudar y había terminado siendo ayudado.

Había anhelado en su dolor conocer a Cristo, pero también terminó siendo conocido por el hombre de dolores.

Y cuando lloroso se apresuró a preparar el cuerpo para el entierro antes del Sábado, José de Arimatea se encontró con Jesús de Nazaret por primera vez.

Ya no había necesidad de esconderse. El que había removido a Jesús de la cruz, decidió tomar la suya.

 

Dayenu

Dayenu es una canción que forma parte de la fiesta judía de la Pascua. La palabra “Dayenu” significa aproximadamente “habría sido suficiente para nosotros”, “hubiera sido suficiente”, o “habría bastado” (day en hebreo es “suficiente”, y enu la primera persona plural sufijo, “para nosotros”).

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Esta canción rápida y tradicional tiene más de mil años de antigüedad. La canción se trata de agradecimiento a Dios por todos los dones que le dio al pueblo judío, como sacarlos de la esclavitud y darles la Torá y el Shabat, y si Dios solo les hubiera dado uno de los regalos, aún así habría sido suficiente. Esto es para mostrar una apreciación mucho mayor de todos ellos en conjunto. La canción aparece en la Hagadá después de la narración de la historia del éxodo y justo antes de la explicación de la Pascua, la matzá y el maror.

Dayenu tiene 15 estrofas que representan los 15 dones que Dios le otorgó. Los cinco primeros implican la liberación de los Judíos de la esclavitud, los siguientes cinco describen los milagros que Él hizo por ellos, y los últimos cinco representan la cercanía a Dios que Él les dio. Cada una de las estrofas es seguida por la palabra “Dayenu” (hubiera sido suficiente) cantado en varias ocasiones. He aquí las 15 estrofas:

Si nos hubiera sacado de Egipto,

y no se había llevado a cabo juicios contra ellos

– ¡Dayenu, hubiera bastado!

Si hubiera llevado a cabo juicios contra ellos,

y no contra sus ídolos

– ¡Dayenu, hubiera bastado!

Si Él hubiera destruido sus ídolos,

y que no habían herido a su primogénito

– ¡Dayenu, hubiera bastado!

Si hubiera herido a su primogénito,

y no nos había dado su riqueza

– ¡Dayenu, hubiera bastado!

Si nos hubiera dado sus riquezas,

y que no se había separado del mar por nosotros

– ¡Dayenu, hubiera bastado!

Si Él se había dividido el mar para nosotros,

y no nos había llevado a través de él en tierra firme

– ¡Dayenu, hubiera bastado!

Si nos hubiera tomado por el mar en tierra seca,

y que no se había ahogado a nuestros opresores en él

– ¡Dayenu, hubiera bastado!

Si hubiera ahogado a nuestros opresores en él,

y que no habían suministrado nuestras necesidades en el desierto durante cuarenta años

– ¡Dayenu, hubiera bastado!

Si hubiera suministrado nuestras necesidades en el desierto durante cuarenta años,

y no nos había alimentado el maná

– ¡Dayenu, hubiera bastado!

Si Él nos había dado de comer el maná,

y no nos habían dado el Shabat

– ¡Dayenu, hubiera bastado!

Si nos hubiera dado el Shabat,

y no nos habían presentado ante el Monte Sinaí

– ¡Dayenu, hubiera bastado!

Si nos hubiera llevado ante el Monte Sinaí,

y no nos había dado la Torá

– ¡Dayenu, hubiera bastado!

Si nos hubiera dado la Torá,

y no nos había llevado a la tierra de Israel

– ¡Dayenu, hubiera bastado!

Si nos hubiera metido en la tierra de Israel,

y no se construye para nosotros el Templo Sagrado

– ¡Dayenu, hubiera bastado!

Que el mismo Rey Siga Entrando

1-palm-sunday-evans-yegonHace un año, durante un tiempo difícil en su ciudad, el Rev. Yeri Nieto, pastor de jóvenes de la Primera Iglesia del Nazareno en Villaflores, Chiapas, predicó un sermón bastante significativo en su iglesia.  Estas son sus notas, originalmente publicadas en su blog personal.

Lucas 19.28-44

Semana Santa 2016 | Primera Iglesia del Nazareno; Villaflores, Chiapas

Notas del sermón dominical vespertino | 20 de marzo de 2016; 18.00 horas

Toda la Biblia es Palabra de Dios; sin obstar esta declaración, también reconocemos que, cuando leemos algo de Jesucristo, el territorio de la Escritura nos obliga a ‘quitar el calzado de nuestros pies’. Como en este día, Domingo de Palmas, cuando celebramos la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén.

Lo que nos deja este pasaje, narrado en los cuatro Evangelios canónicos [Mateo 21.1-11; Marcos 11.1-11; Lucas 19.28-44; Juan 12.12-19], es que, así como Jesucristo entró como un Rey en la ciudad de Jerusalén, así quiere entrar en la vida de las personas que aún no abren sus puertas a Él.

Pero de acuerdo con los acontecimientos recientes, parece que todavía Él no puede entrar como Rey a gobernar la vida de cientos de personas en nuestra ciudad [niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos; mujeres y varones]. ¿La razón?: Sus discípulos no hemos hecho lo suficiente.

[1] ¿Cuánta gente ha visitado nuestra vida? ¿Cuántas personas han observado nuestro testimonio cristiano? ¿Cuántos vecinos y amigos nos miran a diario como hijos de Dios? ¿Cuántos familiares se han percatado de que ahora somos diferentes? ¿Cuántos compañeros de escuela o de trabajo ven nuestros hábitos diarios y todavía no han decidido seguir a Jesucristo?

Y es que, si hemos podido vivir como hijos de Dios pero las personas no han sentido un impacto del evangelio en sus vidas a través de nuestro accionar cotidiano, ¡no ha sido suficiente!

Tenemos hábitos diferentes, una distinta manera de hablar, un mejor trato hacia ellos, pero no ha sido suficiente.

[2] Necesitamos abrir la boca para proclamar con fuerza lo que Dios ha hecho en nosotros.

Y no, no es necesario que usted estudie en una institución teológica o que sea experto en oratoria para hacer esto; lo único que se necesita es que usted cuente la historia de su vida, de cómo Dios le alcanzó, de la manera en que Él le amó, de lo que Él usó para entrar a su corazón.triumphal-entry-anderson

Si usted ya ha abierto su vida para dejar entrar al Rey que viene en el nombre del Señor, ¡hable! para que otras personas también le dejen entrar y Jesucristo, el Rey, gobierne esa vida, y les traiga paz y gozo a su corazón, y evitemos tantas muertes de personas sin Dios y sin esperanza.

[3] Pero podemos hacer algo más: Quiero invitarle a que empecemos a doblar nuestras rodillas delante de Dios para pedirle, en el nombre de Jesucristo, que nos dé la presencia plena de su Espíritu Santo.

¿Para qué? Para poder discernir. Necesitamos discernir espiritualmente lo que aquí está sucediendo. Necesitamos interpretar a la luz del Espíritu Santo lo que en Villaflores está pasando…

Nadie se anticipó a la ola de violencia que hoy nos circunda; nadie se anticipó al aire pestilente de la muerte que hoy ronda en nuestros adolescentes y jóvenes; nadie de sus amigos y compañeros se imaginó que Maritza Castillejos y Néstor Abad Castro se quitarían la vida.

Necesitamos la presencia del Espíritu Santo para discernir qué está pasando en la vida de esa gente que nos rodea a diario y que la vemos sonreír y cantar y hasta darnos palabras de aliento, pero que su corazón necesita de paz plena y dirección de Dios.

Esos gritos jubilosos de la gente en Jerusalén: «¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor!», también nosotros los expresamos cuando Jesucristo ingresó a la ciudad de nuestra alma y comenzó a gobernar.

Pero no ha sido suficiente, porque aún hay tantas personas que necesitan que ese mismo Rey ingrese a sus almas necesitadas y pueda gobernar y dirigir su vida.

Y cuando Dios bendice a las personas lo hace a través de otras personas.

Por favor, comencemos a pedirle a Dios el Espíritu de discernimiento para poder proclamar una palabra específica a corazones afligidos y desesperanzados. ¡Amén!

Un Amor Sisifeo

Por Scott Armstrong

Recientemente escuché a Sarah Thebarge (http://sarahthebarge.com/), autora de Las chicas invisibles, compartir la historia de su abrumador ministerio de ayuda médica en Togo, África. Ella lo compara con Sísifo.

Sisyphus.jpegEn la mitología griega, Sísifo era el rey de Éfira (conocido ahora como Corinto). Sísifo hizo enojar a los dioses con sus constantes engaños y artimañas, así que lo condenaron al castigo eterno. El castigo era que por el resto de la eternidad debía poner una enorme roca en su espalda y cargarla hasta la cima de una colina. Sin embargo, justo antes de llegar a la cima, la roca rodaba hacia abajo y él debía empezar de nuevo una y otra vez. La historia dio origen a una palabra: “sisifear” que quiere decir: “realizar una tarea que es completamente inútil, desesperada y fútil.”

Sarah sentía que no importaba qué tanto trabajara en aquel hospital en Togo donde servía, y cuanto se esforzara en buscar soluciones para sanar a la gente, las enfermedades se propagarían y la gente moriría. Y con cada cambio de turno tenía que regresar y continuar haciendo la misma labor una y otra vez.

Albert Camus.jpegAlbert Camus escribe un ensayo sobre Sísifo y argumenta que debemos pensar que él es el victimario y no la víctima. Camus cree que Sísifo es el héroe de la historia, y que aun debemos creer que era feliz.

¿Cómo es esto posible? ¿Cómo podría ser feliz Sísifo en medio de una situación inacabable de frustración y cansancio?

Debemos pensar que era feliz debido a una razón. Sísifo era feliz porque se enamoró de la roca.

Desde que Sísifo se enamoró de la roca, no le costaba cargarla sobre su espalda y llevarla colina arriba hacia la cima, y hacerlo todo de nuevo una y otra vez. Él amaba esa roca.

Eso nos recuerda a Jesús, el último Sísifo, en cierto sentido. Por amor bajó a la Tierra, puso el mundo sobre su espalda, nos amó tanto que nos cargó hasta la cima del Calvario y entonces, se recostó y murió por nosotros.

sisyphus_by_worksofheartEl famoso capítulo de amor termina con este verso: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Cor. 13:13). ¿Por qué es mayor el amor? Thebarge dice: “Si Sísifo hubiera tenido fe, habría estado esperando que Dios suspendiera las leyes de la naturaleza para que la roca no pesara más o no rodara colina abajo. Si Sísifo hubiera tenido esperanza, habría esperado un momento en el futuro en el cual su situación cambiaría y no sería tan difícil. Pero fue el amor lo que hizo que Sísifo pusiera la roca en su espalda e hiciera el trabajo duro aquí y ahora para llevar la roca a lo más alto.”

Las estadísticas mundiales son desalentadoras.

Las necesidades del mundo son insondables.

¡La roca es muy pesada!

¡La colina es muy alta!

¿Quiénes somos nosotros para hacer la diferencia?

Y en medio de la desesperanza y el cansancio, cuando estamos listos para darnos por vencidos, Cristo nos recuerda que Él ya llevó nuestras cargas hasta lo alto de la colina. Y lo hizo por amor.

Así que tenemos el privilegio de ser liberados de la carga, y a la vez voluntariamente, amorosa y felizmente llevarla con Él.

“La verdad es que Sísifo está enamorado de la roca. Ama cada aspereza y cada onza de ella. Le habla, le canta. Se ha convertido en el Misterioso Otro. Hasta sueña con ella cuando camina dormido hacia arriba. La vida es inimaginable sin ella, asomándose siempre sobre él como una luna gris.” –Stephen Mitchell

“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron” (2 Cor. 5:14).

 

Consumado es

Escrito por: Rev. Ken Childress. Trad. por: Ariadna Romero

El odio había clavado a Jesús en la Cruz. Los hombres religiosos se habían vuelto diabólicos en su oposición al Hijo de Dios. Hombres brutales habían llevado a cabo la ejecución del Hijo del Hombre. Mientras Jesús moría, el sol cubrió su rostro con vergüenza, y la tierra tembló desconcertada.

Un sonido escapó de los labios hinchados y resecos. ¿Era un quejido de agonía? ¿Era la divagación de una mente llevada al límite del umbral del dolor? ¡NO! Esas palabras formaron la más breve de las declaraciones que describen el acontecimiento más importante de la historia: “CONSUMADO ES”. Para las mentes torcidas por el odio, aquellos fanáticos religiosos que planearon este asesinato, esas palabras llegaron como un alivio bien recibido, el inquietante y también asombroso Profeta que proclamaba ser el Mesías fue silenciado. Este Maestro magnético quien enseñaba con un poder único, fue silenciado. El Carpintero milagroso ya no era una amenaza para ellos.

Para los brutales soldados, la muerte de Cristo les ofrecía emoción y diversión, algo diferente a los días normales de amenazar con la espada a mujeres y niños.

Para la multitud que curioseaba, la crucifixión de Cristo proveía los temas de chismes del día en los bares y tabernas.

Para los conmocionados discípulos, el repentino final de su líder trajo consternación y desánimo. ¡Había sido tan hermoso el sueño! Sus años con Jesús habían construido esperanzas de cambios sociales y espirituales. Ahora intentarían reconstruir sus vidas, sabiendo que siempre pensarían en lo que pudo haber sido.

Para Jesús, las palabras “CONSUMADO ES” significaban que el amor había superado la brecha entre un Dios santo y el hombre pecador. Esas dos palabras expresaron como una satisfacción del alma, la proclamación de que la puerta de la salvación estaba abierta.

Para el mundo, las palabras “CONSUMADO ES” representan una Carta Magna, una Declaración de Independencia, una Proclamación de Emancipación, todo eso en uno y aún más.

¡Es la Declaración Redentora de los derechos del hombre!

Consumada es la redención eterna, iglesia. ¡Consumada es! ¡Aleluya!

Verdaderamente Libre

Por Raphael Rosado

 

¿Qué significa ser libre? En esta época parece que el consenso popular se ha movido hacia una definición de libertad donde eres libre si puedes elegir sin interferencia. No importa lo que elijas después que lo elijas tú mismo.

Esta idea parece deficiente. Tome un adicto por ejemplo. Cada día se levanta y “elige” salir a buscar la sustancia que lo está matando. A pesar de toda la información que existe sobre los efectos dañinos de las drogas, todos los días estas personas “deciden” en el ejercicio de su “libertad” continuar usando esas sustancias. ¿Es una persona adicta realmente libre? Peor aún, cuando alguien lo aconseja, el adicto dice: “Es mi vida y soy libre para hacer con ella lo que quiera.”

Piense en un adolescente empezando a descubrir el mundo. Él quiere ejercer su libertad asistiendo a una fiesta con entretenimiento para adultos. Su padre le aconseja que no debe ir a ese lugar. Me parece escuchar la respuesta del hijo: “Yo soy libre y tú no puedes decirme qué hacer.”

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Si la libertad se reduce a “elegir por elegir”, estamos condenados a celebrar todos los errores en su nombre. Tiene que existir una mejor definición.

En Juan 8:32 Jesús nos dice “y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” La libertad no se trata de tomar cualquier decisión, sino de tomar la “decisión correcta”. Cualquiera puede elegir, pero para ser verdaderamente libre hay que “elegir bien”. Las buenas decisiones sólo se toman cuando están basadas en la verdad: Jesús es la verdad.

En Juan 8:38 Jesús compara el pecado con la esclavitud. No está diciendo nada nuevo; la mayoría de los grandes filósofos antes de Jesús ya habían observado que un ser humano que le da rienda suelta a sus deseos y pasiones se convierte en esclavo de ellas, conclusión que hemos olvidado. Sin embargo, todas las soluciones propuestas a ese problema han resultado insuficientes.

En el verso 36 Jesús nos da la única solución posible: “Si el hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” Jesús, en quien habita la plenitud del conocimiento, sabe lo que es mejor para nosotros. Sólo Él puede ayudarnos a pasar del “elegir por elegir” a “elegir bien”.

En esta Cuaresma reflexionemos sobre lo que significa la libertad en Cristo. “Les hablo así, hermanos, porque ustedes han sido llamados a ser libres; pero no se valgan de esa libertad para dar rienda suelta a sus pasiones. Más bien sírvanse unos a otros con amor.” (Gálatas 5:13)

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