Archivo de la categoría: Calendario Cristiano

Más que Renunciar

Por Charles W. Christian

Cuaresma es el periodo de cuarenta días, aproximadamente, previos al domingo de Pascua. Es un tiempo de preparación y reflexión que está inspirado en los cuarenta días que Jesús estuvo en el desierto al inicio de su ministerio terrenal (Marcos 1:12-13; Mateo 4:1-11; Lucas 4:1-13). Al iniciar esta temporada de Cuaresma, empezando con el Miércoles de Ceniza, muchos de nosotros nos hemos unido a los cristianos alrededor del mundo – tanto católicos como protestantes – para ayunar.

Como Jesús, muchos cristianos han usado este tiempo para participar en un ayuno de comida. Otros ayunan algo más específico, como el chocolate o el café, o ayunan ciertas actividades, como el uso de las redes sociales o ver películas. Mientras que el ayuno ha sido una disciplina espiritual clave para los cristianos a través de la historia, podría ser la disciplina espiritual más descuidada en la actualidad. La época de Cuaresma le da a la iglesia la oportunidad para regresar a esta disciplina a menudo descuidada.

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Es importante tener en cuenta que la intención del ayuno es recordarnos nuestra identificación, bíblica e histórica, con los pobres y necesitados. Sin importar lo que quitemos de nuestra rutina diaria recordamos que, intencionalmente, estamos renunciando a artículos a los que muchos renuncian sin tener elección. Esto nos permite participar más profundamente en la compasión, lo que significa literalmente “sufrir con el otro.”

Mientras que resulta fácil enfocarse en el aspecto de “renuncia” del ayuno, hay un significado más profundo en la disciplina. Ayunar no se trata solo de renuncia, también se trata de reemplazo. Por ejemplo, el tiempo que se pasa sin ver un programa de televisión puede ser apartado para pasar más tiempo en la Escritura o más tiempo en servir con amor directamente a otros. El tiempo y dinero que se ahorran por no salir a comer, puede ser gastado directamente en ayudar a los pobres y a otros que no tienen comida. El tiempo y los recursos a los que se renuncian pueden ser intencionalmente utilizados en el servicio del Reino de Dios.

Finalmente, el ayuno se trata de atraer nuestra atención hacia Dios y sus métodos, y no hacia nuestros propios sacrificios. Para que el ayuno sea bíblico, cualquier sacrificio que hacemos durante el ayuno debe ser para profundizar en nuestra relación con Dios y para aumentar nuestra participación en la misión de Dios. Jactarnos acerca de nuestro ayuno o convertirnos en un “superhéroe espiritual” debe ser estrictamente evitado. “Cuando ayunen, no pongan cara triste como hacen los hipócritas, que demudan sus rostros para mostrar que están ayunando. Les aseguro que estos ya han obtenido toda su recompensa” (Mateo 6:16 NVI).

Durante Cuaresma, mientras profundizamos en nuestro caminar con Dios y aumentamos nuestra participación en su misión, también encontramos tiempo para la reflexión y el arrepentimiento. Así como Dios y sus caminos para nosotros se vuelven más claros, nuestros defectos también se vuelven más claros. Parte de nuestra preparación para resurrección implica dejar que el Espíritu Santo nos mueva a áreas de crecimiento, lo cual a menudo implica confesión y arrepentimiento. Es importante que seamos especialmente sensibles a estas oportunidades de crecimiento, mientras ayunamos y nos enfocamos.

Como personas que están viviendo y compartiendo la historia de Dios, saquemos el máximo provecho a épocas como Cuaresma, ¡permitiéndonos ser más y más como el Señor resucitado a quien servimos!

Oración para la semana:

Omnipotente y Eterno Dios, que no sientes aversión por nada de lo que has creado, y que perdonas a los que con verdadera fe se arrepienten; crea en nosotros corazones contritos, y concédenos perfecto perdón ¡oh Dios de toda misericordia! a los que lamentamos nuestros pecados y reconocemos nuestra miseria; por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

(Libro de Oración Común).

Este artículo fue publicado originalmente en: http://holinesstoday.org/more-than-doing-without

Por qué el Miércoles de Ceniza es Importante

Por Caryn Rivadeneira

Este año el miércoles de ceniza representa un pequeño problema: es también el sexto cumpleaños de mi hijo. Así que, de alguna manera, tenemos que encontrar un modo de cumplir con la imposición de la cruz de ceniza después de la cena de cumpleaños (luego de divertirnos y festejar ¡iremos al culto solemne!) ¡Dos  eventos que para nada se pueden relacionar! Y, de alguna forma, también tenemos que ingeniarnos alguna manera de combinar la celebración del cumpleaños de mi hijo en un día designado para mantener su atención en su muerte eventual. ¡Salud por eso!

Pero por supuesto que, aún si el miércoles de ceniza no fuera el día del cumpleaños de mi hijo en esta ocasión, de todas formas representaría un problema. Siempre lo es. Si hasta ahora el crudo invierno todavía no te ha maltratado, el Miércoles de Ceniza—el cual se centra en nuestra morbosidad y depravación—está obligado a hacerlo. Muchos de nosotros no necesitamos una fiesta de cumpleaños que nos tiente a faltar a este desconcertante primer día de una desconcertante temporada de Cuaresma que seguirá hasta llegar a la más feliz de las celebraciones. Después de todo, la Pascua está por llegar ¿no es cierto?

Pero hay una muy buena razón para no faltar al miércoles de ceniza y todo su pesimismo y dificultad, aunque pueda ser tentador. Incluso en un cumpleaños – tal vez, especialmente en uno–. Porque por más maravilloso y alegre que yo quiera hacer el cumpleaños de mi hijo, y por mucho que yo quiera que él sepa que estamos encantados de que naciera en este mundo y que vale la pena celebrarlo, también quiero que sepa que tomar tiempo para ponernos una marca como signo de nuestro dolor, nuestro pecado y nuestro sufrimiento no es una mala forma de terminar un cumpleaños. Es de hecho, un grandioso regalo.

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No creo que él sepa apreciar y entender todo esto, no a la edad de 6 años. De hecho para muchos de nosotros que somos más grandes, todavía es difícil atravesar por este oscuro día o comprender por qué es importante.

Pero en su momento, todos comprendemos.  Todos crecemos para entender que así como las maravillas de la vida son inflar algunos globos y comer pastel, también lo es destacar las dificultades que afrontamos. Especialmente si queremos vivir una vida de fe que valga la pena celebrar.

Esta es la razón de ser del miércoles de ceniza. Por supuesto que no todos nosotros nos sentimos con ánimo para ir a la iglesia el miércoles y escuchar que somos polvo y que al polvo regresaremos.

Y no a todos nos gusta pasar mucho tiempo en comunidad reconociendo nuestro pecado o nuestra vergüenza o nuestro sufrimiento, o nuestra dolor.  Y todavía más duro es reconocer que el miércoles de ceniza nos recuerda que todas estas cosas son el eje central de nuestra fe.

Este año mi iglesia junto con muchas otras, invitó a la gente a vivir el primer día de la Cuaresma con un tiempo de música, una silente oración y la imposición de la ceniza en el Culto del Miércoles de Ceniza y así ofrecer la esperanza de que este tiempo de adoración nos ayudará a caminar más cerca de Jesús en la Cuaresma y el tiempo de la Pascua.  “Con esto ofrecemos el recordatorio de que las cenizas son símbolo de nuestro arrepentimiento y nuestro deseo de regresar a Dios; las cenizas denotan nuestra solidaridad con Jesús y con su camino hacia la cruz y después a la tumba, por último, el símbolo de la cruz de ceniza es la firma de Cristo en nosotros, es la señal de que le pertenecemos a él”.

Sí, las cenizas anuncian nuestra comprensión de la propia mortalidad y nuestra necesidad de arrepentimiento, pero al mismo tiempo proclaman nuestra solidaridad con Jesús. Ellas declaran nuestra fe en un Dios que no solo nos limpia de pecado sino que toma la ofrenda de nuestros corazones quebrantados y nuestros miedos y los convierte en esperanza y promesa.

Todo esto capturado en una mancha, una mancha en mi frente provocada por la cruz de ceniza que sirve como símbolo de la paradoja más conmovedora de nuestra fe: Dios trayendo vida del pecado y del sufrimiento. Significa que Él hizo esto con cada paso de Jesús rumbo a la cruz y que lo hace con nosotros, con cada carga y cada paso titubeante que damos en esta vida.

En el miércoles de Ceniza y durante la Cuaresma, somos invitados a tomarnos un tiempo para mirar nuestros errores y nuestros pesares, nuestros anhelos y nuestras pérdidas, y ofrecerlo todo a Dios, quien no solo los acepta, sino que además los transforma.

Después de todo, al enviar a su hijo a sufrir con y por nosotros, Dios declaró que nuestra desesperación y nuestra esperanza, nuestro pecado y nuestra salvación, nuestro sufrimiento y nuestra celebración estaban entrelazados. Él declaró que a través de cada una de estas cosas podemos alcanzar la otra. Es a través de la confesión que alcanzamos el perdón y es a través del lamento que podemos ser sanados. El miércoles de ceniza nos ofrece la oportunidad de pasar de un lado a otro–de manera pública y en comunidad.

Y es a través de todo esto—la mancha de la cruz de ceniza en nuestras frentes—que al final celebramos la paradoja más conmovedora de nuestra fe: Dios dibuja nuestra esperanza y nuestra vida—la cruz—justo a través de nuestro pecado y nuestro sufrimiento—las cenizas—.

Al final, es este día de pena y dolor el que nos conduce a la más grandiosa razón para celebrar.

Publicado originalmente en: Relevant Magazine

Una Mirada a Cuaresma

Recientemente, concluimos nuestros 40 días de oración enfocados en las ciudades de la Región Mesoamérica. Cada enero, iniciamos el año calendario pidiendo al Señor que empiece un génesis en nosotros y en las poblaciones urbanas alrededor del mundo. ¡Sigamos intercediendo por estas ciudades, demos y sirvamos sacrificialmente para ser testigos de su transformación!

En 2018, esos 40 días terminaron justo algunos días antes de que comience otra experiencia de 40 días. En el calendario cristiano, este próximo miércoles marca el inicio de Cuaresma. Esta es una época significativa donde como seguidores de Cristo hacemos justamente eso: seguimos a Cristo, y lo seguimos específicamente a la cruz.

Nuestros amigos de “A Plain Account” han compartido una definición de Cuaresma (abajo) que espero sea de ayuda para ti y tu congregación durante este tiempo.

Cuaresma es un periodo de ayuno y dolor por nuestro pecado en preparación para la celebración de la Pascua. Los tonos morados que decoran muchos santuarios en esta época representan dolor, lamento, y sufrimiento. Sin embargo, el color morado también es un color de la realeza, que nos recuerda el sacrificio de nuestro Rey, Jesús.

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Cuaresma es una costumbre sumamente antigua. Hay una tradición que sugiere que los Apóstoles originalmente instituyeron esta práctica.

Comenzando con el Miércoles de Ceniza, Cuaresma dura 40 días, sin contar domingos. La ceniza representa nuestro arrepentimiento, el dolor por nuestros pecados, y nuestra mortalidad. El periodo de 40 es común en la Biblia, está asociado con Moisés, Elías, Noé, Jonás, Jesús y otros. La ceniza representa la muerte y destrucción producto del pecado. Recibir una unción de ceniza es un signo de arrepentimiento.

Durante este tiempo, las personas comúnmente ayunan algo como el chocolate, la televisión, o el comer carne. El propósito del ayuno es aumentar nuestra conciencia de la presencia de Dios. También puedes considerar añadir algo a tu vida durante Cuaresma, como una disciplina espiritual o el ser más generoso. Puede ser una buena forma de empezar un nuevo hábito.

Cuaresma concluye con la Semana Santa, iniciando con el Domingo de Ramos (la Entrada Triunfal) e incluye el Jueves Santo (cuando Jesús lava los pies de sus discípulos), Viernes Santo y Sábado Santo (un día de profunda tristeza por la muerte de Cristo).

Durante Cuaresma reconocemos nuestra necesidad y nos arrepentimos de nuestro pecado. La esencia del pecado es una relación rota. Es cuando le decimos “no” al llamado de Dios a amar en cada momento. Incluso en este momento lúgubre del año, la Resurrección está en el ambiente. Hay esperanza. Hay perdón. La Pascua viene.

Día de Navidad 2017

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Aquí estamos.

Navidad.

Una larga espera para este día, y ahora la esperanza es cumplida.

Los niños pequeños finalmente pueden abrir esos regalos.

Los ocupados trabajadores finalmente consiguen tener un día libre.

Los miembros de la familia finalmente pueden verse.

Comer juntos.

Reír juntos.

Y cada uno de estos “finalmentes” es un eco de aquel primer día de Navidad.

Distanciados y solos, encontramos que somos – Él es – familia.

Exhaustos y cínicos, encontramos reposo en Él.

El Gran Yo Soy toma nuestro pasado, nos ofrece un futuro, pero, sobre todo, se da a Sí mismo a nosotros como el máximo presente.

Jesús.

Somos cambiados por Tu llegada.

Te recibimos otra vez.

Te necesitamos este día,

esta estación,

siempre.

Ven.

Encarnación – Se Mudó al Vecindario

Ayer (21 de diciembre) publicamos nuestro episodio más reciente del podcast, Los Siervos Inútiles.  ¡El tema es muy navideño: la encarnación!

La encarnación es un concepto teológico que se usa para referirse al acto de unión de la naturaleza divina con la naturaleza humana…es esa acción que Dios tomó de enviar a su Hijo. Él se comprime y entra en la naturaleza humana para así volverse un hombre y venir a salvarnos.

El Dios soberano llegando a ser humano…llegando a ser carne. ¡Dios se mudó a nuestro barrio!

“El Verbo se hizo carne y sangre, y se mudó al vecindario.” Juan 1:14 (MSG)

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¿Por qué Dios tuvo que venir como un bebé?

Lo que entendemos es la importancia que tenía la salvación del hombre para Dios. El único que tenía las cualidades necesarias para poder llevar a cabo la salvación del hombre era Dios, y este acto de encarnación es un acto de despojo que muestra su gran amor, su gran bondad para con la humanidad.

Fue tan importante para Dios mostrar la humildad que aun hasta decidió venir como bebé, no solo venir como un adolescente…esto creó una relación con la humanidad porque necesitaba de la humanidad, así como nosotros necesitamos de Él…es algo muy bonito, pero muy raro a la vez.

¿Qué tiene que ver la encarnación con nosotros como cristianos, y como misioneros?

Lo que Él hizo, ahora debemos hacerlo nosotros, es decir, encarnarnos, especialmente como misioneros en otra cultura.  Pero, ¿cómo es posible?

Encarnación significa acercarse a las personas…es, al mismo tiempo, identificarse con la necesidad de ellos. Jesús predicó, compartió su mensaje, pero también se identificó con la necesidad y aún con la enfermedad. Convivió con nosotros.

Jesús dejó su cultura, pero no rechazó su cultura celestial.  Fue y es cien por ciento divino y cien por ciento humano. El reto para nosotros es aprender qué necesitamos dejar de nuestra cultura, para poder abrazar otra cultura.

¿Quieres saber más acerca de la Encarnación? Entonces, ¡escucha el episodio completo de Los Siervos Inútiles! Haz clic aquí: mesoamericagenesis-es.org/siervos-inutiles o suscríbete en iTunes, Google Play y Stitcher.

En esta Navidad, que la encarnación de Jesucristo mismo te impulse a encarnar sus buenas nuevas en la comunidad donde tú vives.

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Aprendiendo de María

Por Charles W. Christian

Una vez escuché a un sacerdote católico contar un chiste acerca de una escena en el cielo. Jesús camina hacia un protestante y un católico, y les dice, “me da gusto ver que se llevan tan bien.” Después Jesús se dirige hacia el protestante y le dice, “quisiera presentarte a mi madre. ¡No creo que ustedes dos se han conocido!”

Nosotros, los protestantes que estábamos entre el público, nos reímos, pero eso me desafío a mirar más de cerca a lo que nosotros como cristianos –ambos protestantes y católicos– podemos aprender de María.

De acuerdo con los Evangelios, aquí hay algunas lecciones que vienen a mi mente:

  • Podemos estar disponibles para la obra de Dios: “Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia” (Lucas 1:38).
  • Podemos permitir que nuestra fe en Dios anule nuestros miedos: [Elisabet dijo a ella] “Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor” (Lucas 1:45).
  • Podemos ser ejemplo de gratitud: “Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:46-47).
  • Podemos permitir que Dios hable proféticamente a un mundo que necesita un Salvador: “[Dios] Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes” (Lucas 1:51-52).
  • Podemos aprender a atesorar las dádivas de Dios: “Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lucas 2:19).

Hay muchas otras lecciones que podemos aprender del ejemplo de María. Durante esta temporada de Adviento, que, así como María, nos acerquemos al futuro con humildad, fidelidad, y esperanza. Dios ha escogido a su Iglesia para ser los portadores de buenas noticias de la persona y obra de Jesucristo. Adorémoslo, y compartamos estas buenas noticias por el poder del Espíritu Santo, mientras seguimos caminamos juntos a través de Adviento.

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Oración para la semana:

Enséñanos obediencia, Señor
En cada parte de nuestras vidas
Oídos para escuchar tu palabra
Manos para realizar tu obra
Pies para andar por tu camino
Un corazón por tu pueblo
Una boca para gritar tu alabanza
Fe como la de un niño
Humildad
Confianza
Que le diga
A lo posible
Y a lo imposible
Soy el siervo del Señor
Hágase conmigo conforme a tu voluntad
Amén

(De John Birch en faithandworship.com)

Este artículo fue publicado originalmente en: Holiness Today

No Eres el Favorito de Dios

Por Scott Armstrong

Jesús Vuelve a Casa con un Mensaje Aleccionador

Navidad es un tiempo donde muchos de nosotros volvemos a casa. Reímos con la familia y nos llenamos de comida buenísima. Las abuelitas aprietan nuestras mejillas y nos dicen lo muuuucho que hemos crecido, lo cual es incómodo cuando tienes 8 años, ¡imagínate cuando tienes 40!

Lucas 4 nos habla de un tiempo cuando Jesús regresó a Nazaret, donde había sido criado. El pequeño aprendiz de carpintero había crecido y ahora era un excelente predicador, y la gente estaba asombrada con su elocuencia. “¿No es este el hijo de José?” ellos preguntaban (v. 22). Ciertamente, ¡este no puede ser el mismo pequeñito que, en aquellos tiempos, jugaba en el arenero!

Entonces, así como Jesús acostumbra, en lugar de disfrutar de la alabanza de todos, Él rompe los esquemas. De hecho, inmediatamente, su sermón de buenas noticias pasa a ser un juicio. “Estoy aquí para cambiar el mundo, tal como fue profetizado por Isaías” (ver v. 18-21) rápidamente se torna en “Si tú crees que eres mejor que cualquier otro, estoy aquí para decirte que estás totalmente equivocado.”

El resultado es estremecedor. La transformación de la multitud es contundente. La gente de la iglesia está enfurecida, lo echan de su propia ciudad, y están listos para lanzarlo de un precipicio (v. 28-29). ¡Guau! ¡¿Qué los hizo convertirse de admiradores, a intentos de homicidas en un abrir y cerrar de ojos?!

Básicamente, Él exclamó, “¡No eres el favorito de Dios! ¡Deja de actuar como si lo fueras!”

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Es un mensaje que es apropiadamente doloroso y bastante controversial, incluso hoy en día. Autores cristianos han hecho mucho dinero escribiendo que tú y yo somos los favoritos de Dios. Los predicadores usan esa frase para explicar el inagotable amor de Dios por ti y por mí. Todo parece obvio, ¿verdad? Y, de cualquier forma, se siente bien saber que soy el hijo favorito de Dios; ¡me da una especie de impulso en mi camino cuando salgo del servicio el domingo!

Aquí está el problema: Dentro de la definición de la palabra “favorito” está implícita la exclusión de algo más. Cuando te pregunto cuál es tu comida favorita, si tú dices, “Todas son mis favoritas,” no tiene sentido. O estás tratando de ocultar algo o eres muy indeciso. Decir “Me gustan todas las comidas por igual” suena poco convincente, pero por lo menos es mejor que afirmar que todas las comidas son tus favoritas. Seleccionar algo como favorito por necesidad significa que algo más no ha sido seleccionado: no es, por lo tanto, tu favorito.

Cuando se habla de esto, los autores y predicadores insisten en que, bueno, cuando ellos dicen, “TÚ eres el favorito de Dios,” ellos se refieren a que TODOS somos Sus favoritos. Es una técnica de comunicación efectiva, pero diluye completamente la palabra. De hecho, usar la palabra “favorito” de esta manera puede tener serias consecuencias no intencionales.

Cuando nos empezamos a ver como los favoritos de Dios, sutilmente comenzamos a creer que nos prefiere más que a otros. El resultado de ese pensamiento es etnocentrismo y egoísmo religioso, que es exactamente contra lo que Jesús arremetió en los versos 24-27.

Mi partido político está en lo correcto.

Mi raza es mejor.

Mi denominación es la mejor.

Mi manera de ver el mundo es la única forma en la que cualquiera debería verlo.

También nos hace sentir mimados. Empezamos a esperar que Dios esté a nuestra disposición y servicio. El hijo “favorito” en Navidad demanda que sus padres le guarden la última rebanada de pastel. Cualquier regalo se vuelve aburrido en cuestión de horas. Nada es apreciado. Todo es merecido. Jesús lo dice de esta forma, “Seguramente ustedes me van a citar el proverbio: ‘¡Médico, cúrate a ti mismo! Haz aquí en tu tierra lo que hemos oído que hiciste en Capernaúm’” (v. 23). ¡Estamos aquí para el espectáculo, Jesús! Vamos, hemos orado; ¿por qué no nos concedes cada deseo?

Jesús desbordó su amor sobre todos nosotros en la misma medida.

Ese es el punto.

Él no tiene favoritos.

Mientras nos acercamos a Navidad, escucha otra vez las asombrosas palabras de Jesús en su sermón al regresar a casa: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor” (v. 18-19).

Una de esas últimas palabras es interesante: “favor.”

Nuestro Dios viene al pobre, a los prisioneros, a los ciegos y oprimidos. Su favor es ofrecido a todos en medida abundante.

¿Qué pasa si realmente tú no eres el favorito de Dios?

Es doloroso y humillante reconocerlo. Pero quizá admitirlo te abra a recibir verdaderamente el favor de Dios por primera vez. Tal vez permita al Dios, que no tiene favoritos, que te unja a TI, también, para ir a los quebrantados de corazón y te introduzca en el favor del Señor.

Que hoy, al escuchar esta escritura, sea verdaderamente cumplida.

 

Adviento: Esperando la Venida del Señor

Por Josué Villatoro

El énfasis de la estación de Adviento es la espera. Estamos expectantes, estamos preparándonos para celebrar la Navidad. Me gusta esa dinámica. Navidad no es cualquier fiesta: no es Santa, Papá Noel o regalos y familia. ¡Qué bueno que hay familias reunidas, regalos en el árbol y espíritu fraterno! Pero la celebración navideña no es eso. Navidad es Jesús. Celebraremos en pocos días al Dios que se hizo humano y habitó en medio de nosotros. ¡Qué tremenda celebración! No podemos llegar a ella de golpe, debemos prepararnos. Celebrar el Adviento nos prepara para conmemorar la Navidad de forma mejor.

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Y cada domingo de esta fiesta tiene un valor. El domingo pasado enfatizamos que estamos esperando a Jesús, porque Él es nuestra esperanza. Este domingo, y durante esta semana, estamos en el tiempo de espera porque tenemos “fe.” Palabra pequeña, significado enorme. No le vemos, no le hemos visto, pero estamos seguros que un día le veremos. Nos preparamos para celebrar la Navidad porque tenemos fe en Jesús, porque confiamos en Sus promesas. Pero estamos también esperando Su segunda venida porque estamos seguros que Él vendrá. Ten fe. Que no haya argumento, poder ni evidencia humana que pueda hacerte siquiera dudar de la fe que está cimentada en Jesús, el Cristo. ¡Le celebramos, porque confiamos en Él!

 

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