Archivo de la categoría: Calendario Cristiano

Mirando la Verdad, sin Verla

Por Hiram Vega

Durante su ministerio en la tierra, Jesús impactó muchas vidas,  y aún al final de su carrera su vida seguía estremeciendo otras vidas.

Una de ellas fue la del hombre más poderoso del lugar. Poncio Pilato, representante del imperio romano y gobernador de esa region. Jesús fue llevado ante Pilato por las autoridades religiosas, para que fuera juzgado por él, aún cuando ellos ya habían determinado el resultado del juicio. Pilato era un gobernante endurecido, acostumbrado a aplastar rebeliones, para poder conservar su posición y para mantener el dominio romano.                    

¿Qué se podia esperar entonces de Pilato al ver a Jesús? Lo más probable es que considerara su tiempo demasiado valioso como para entrenenerse en un prisionero de poco valor político, y rapidamente lo mandara ejecutar. Sin embargo algo asombroso ocurrió:

Pilato llegó a estar tan convencido de la inocencia de Jesús, que lo declaró no culpable en tres ocasiones diferentes.

La primer ocasión Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: “ningún delito hallo en este hombre” (Lc. 23:4).

La segunda ocasión les dijo: “―Ustedes me trajeron a este hombre acusado de fomentar la rebelión entre el pueblo, pero resulta que lo he interrogado delante de ustedes sin encontrar que sea culpable de lo que ustedes lo acusan. Y es claro que tampoco Herodes lo ha juzgado culpable, puesto que nos lo devolvió. Como pueden ver, no ha cometido ningún delito que merezca la muerte” (Lc. 23:14-15).

Y la tercera justo antes de que lo entregara para ser crucificado, pidió agua y se lavó las manos delante de la gente. “―Soy inocente de la sangre de este hombre —dijo—. ¡Allá ustedes!”

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Tambien buscó no condenar a Jesús de diferentes maneras.

  • Primero lo envió a Herodes para que él lo interrogase (Lc. 23:5-12).
  • Después propuso azotarlo en lugar de crucificarlo (Lc. 23:16).
  • Y aún hizo un tercer intento de librar a Jesús dada la costumbre que se tenía durante la pascua de liberar un preso, pero la gente pidió a Barrabás (Lc. 23:17-25).

Queda claro que Pilato sabía que Jesús no era un preso normal, ni siquiera una persona común.  Las últimas palabras de Pilato hacia Jesús, vinieron en forma de una pregunta: ―¿Y qué es la verdad? —preguntó Pilato.Dicho esto, salió otra vez a ver a los judíos. ¡No esperó a escuchar la respuesta!

Parece increíble, estár frente a la Verdad y no verla, el hombre que tuvo la última oportunidad de tener un diálogo con la Verdad, no tomó el tiempo para oírla.

Hoy día pasa igual. Mucha gente espera la Semana Santa con ansias, pero no para escuchar el milagro que ocurrió en ella, sino para olvidar el trajín cotidiano.  Sin embargo, por cada Pilato que decide no escuchar, hay otro que dice que sí. Esa es la Victoria de la cruz. Conscientes de esto, no permitamos que la incredulidad de unos pocos, nos desvíe de la misión de llevar el mensaje de la verdad a muchos otros, que sí la escucharán.

 

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Hiram Vega es miembro del Equipo de Predicación y Enseñanza de Chase Oaks Church en Español, Plano, TX.

Barrabás, el Hijo del Padre

Por Hiram Vega

¿Qué es lo primero que viene a tu mente cuando escuchas el nombre de Barrabás? Muy probablemente recuerdas a un asesino que fue liberado de ser crucificado, y Jesús murió en su lugar. Y es muy cierto.

Después de ser arrestado, Jesús enfrentó varios juicios: uno de ellos ante el rey Herodes, otro ante las autoridades religiosas, y otro ante la autoridad romana.

Es precisamente en el juicio ante el gobernador romano, Pilato, que aparece el nombre de Barrabás. Su nombre se menciona en los evangelios Mateo 27:15-26; Marcos 15:6-15; Lucas 23:18-24; y Juan 18:40. Y es interesante descubrir cómo la vida de este personaje oscuro se cruza con la de Jesús.

Jesús estaba de pie ante Poncio Pilato, quién ya lo había declarado inocente de cualquier cosa digna de muerte (Lucas 23:15). Pilato sabía que Jesús estaba siendo acusado por los líderes religiosos para conservar su poder y privilegios, ya que sentían que el pueblo se iba tras el nuevo profeta. Pilato, de manera extraña, buscó la forma de liberar a Jesús y al mismo tiempo mantener la paz, por lo que ofreció a la multitud una elección: la liberación de Jesús o la liberación de Barrabás, un malhechor bien conocido que había sido encarcelado por insurrección en la ciudad y por homicidio (Lucas 23:19).

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La liberación de un prisionero judío era costumbre antes de la fiesta de la Pascua (Marcos 15:6). El gobernador romano concedió el perdón a un criminal como un acto de buena voluntad hacia los judíos a quienes él gobernaba. La elección de Pilato ante ellos no podría haber sido más clara: un asesino de alto perfil e incitador de la violencia que era incuestionablemente culpable, o un maestro y un hacedor de milagros que era claramente inocente. La multitud presente eligió Barrabás para ser liberado, azuzados por los líderes religiosos.

Pilato no esperaba esta respuesta. Él en realidad buscaba liberar al inocente. Inclusive la esposa de Pilato, entrometiéndose de manera sorprendente en un área que no le correspondía, le envió un mensaje: No tengas nada que ver con este inocente (Mateo 27:19). Sin embargo, ellos no sabían que la muerte de Jesús en la cruz ya estaba profetizada. 

El hecho de que apareciera Barrabás, que en arameo significa el hijo del Padre, fue para recordarle a la humanidad, que Jesús, el Hijo de Dios (el otro hijo del Padre), había venido a buscar y a salvar lo que se había perdido, en este caso tú y yo, y venía a morir en una cruz para pagar el precio por nuestra salvación y reconciliarnos con el Padre. ¡Qué estupenda noticia! Sin embargo, hoy día siguen habiendo millones de Barrabases que no han oído del Hijo del Padre que vino a morir en su lugar. Hoy es el día para compartir este mensaje a los que están alejados de la casa del Padre viviendo perdidamente, para informarles que el precio ya fue pagado y que es tiempo de volver a casa.

¿Irás a ellos? ¿Les dirás?

 

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Hiram Vega es miembro del Equipo de Predicación y Enseñanza de Chase Oaks Church en Español, Plano, TX.

Ajustar las Velas

Por Raphael Rosado

Recuerdo una ocasión en que veníamos de regreso de un retiro de jóvenes en el área montañosa de mi país.  Al entrar a uno de los pueblos que están en el trayecto nos percatamos que el tráfico estaba totalmente congestionado y no se movía. De todos los días en que podíamos pasar por ese pequeño lugar, se nos había antojado hacerlo el día en que se corría el maratón del pueblo.  La carretera que habíamos seleccionado estaría cerrada por varias horas.

Nos empezamos a asustar cuando vimos que las personas se estaban bajando de los vehículos y sacando comida y sillas (cómo terminamos saliendo de allí es una aventura que contaré otro día). Cuatro personas íbamos en ese viaje. El primero se quejó: “Qué suerte la nuestra.” El segundo más optimista dijo: “Quizás abran pronto.” Sólo al tercero se le ocurrió decir: “Tal vez haya otra ruta.”  La pregunta que debes estar haciéndote es: ¿Qué rayos hacía yo? Pues yo me reía recordando una cita famosa que ilustraba muy bien nuestra situación, va algo así: “Los pesimistas se quejan del viento, los optimistas esperan que cambie, los realistas ajustan las velas.”

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Ante una situación difícil, ni quejarse, ni sentarse a esperar, ni mis disquisiciones filosóficas sobre nuestra situación fueron algo útiles. Sólo el que intentó adaptarse a la situación y buscar una ruta alterna nos ayudó a llegar a nuestros hogares.

Dios es especialista en ajustar las velas, sobre todo cuando se trata del ser humano. Cuando el hombre pecó en el Edén, el plan de Dios fue trastocado, pero Dios no se quejó. Tampoco se sentó a esperar. Dios encontró una ruta alterna hacia nuestro corazón. Dios nos habló a través de los patriarcas, la ley, los profetas y, finalmente, cuando la humanidad se negó a escuchar, Dios nos habló a través de su propio Hijo, Jesús.

Todo ajuste es pequeño para Dios cuando se trata de su amor por ti. No hay nada que él no haría para llegar a tu corazón.

Recuerda durante Semana Santa que no existe un ajuste de velas más grande que el que ocurrió en el Calvario. Si Dios mismo estuvo dispuesto a ajustar las velas porque te amó, ¡cuánto más nosotros debemos esforzarnos por ajustar nuestros planes para acomodar a los demás! Amar al prójimo significa dejar de quejarnos por las cosas que la gente hace mal.  También significa dejar de esperar que ellos cambien para acomodarnos.  Tal vez, amar al prójimo significa que soy yo quien tengo que ajustar las velas para llegar a su corazón y alcanzarlos con el amor de Dios.

Después de todo, eso precisamente fue lo que Jesús hizo por mí en el Calvario.

Regresa a la Historia del Calvario

Por Raphael Rosado

¡Cuánto admiro a las personas que tienen verdadera vocación por lo que hacen! Como dice el refrán: “Haz aquello que te apasiona y no trabajarás un día en tu vida.” Sin embargo, es importante entender que la pasión no es un accidente, tampoco es algo con lo que se nace y mucho menos es el resultado del éxito.

Por ejemplo, Picasso no nació siendo Picasso. Por el contrario, su genialidad fue el producto de muchos factores: su ambiente, su época y, sobre todo, su voluntad. Las obras maestras son mucho más que el producto del talento del autor. Saca a Picasso de su época y “Guernica” nunca es pintada. Más aun, Picasso sólo pudo pintar “Guernica” una vez y, no importa cuánto lo intentó, nunca pudo pintar una igual. La pasión que requirió pintar esa obra maestra del arte moderno es hija de un momento y de una historia. Difícilmente se entiende la pasión con la que se pintó el cuadro si no se entiende el significado histórico que tiene.

Dele a una persona con el mismo talento que Picasso los mismos instrumentos y difícilmente podrá pintar el cuadro. No importa cuanto lo intente una persona que carece de la pasión que emana de una conexión personal con la situación que representa, nunca podrá producir el mismo resultado que él.

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Lo mismo ocurre en nuestra vida cristiana.  Dios nos ha dado unas herramientas para pintar el cuadro de nuestra relación con él: la oración, la Biblia, el ayuno y las demás disciplinas espirituales. Sin embargo, la utilización mecánica de esas herramientas no puede producir una obra maestra.

Para que nuestra práctica de las disciplinas espirituales pueda producir un cuadro digno de museo, es necesario que entendamos que nuestra relación con Dios es el producto de la historia del sacrificio de Jesús en la cruz. Solamente cuando nuestros actos provienen de nuestra identificación personal con la historia del Calvario puede nacer en nuestro corazón la pasión necesaria para poder pintar con lo mejor de nuestra vida.  Ese es el único cuadro que Dios acepta y el único que nos hace sentir realizados.           

Me entristece el corazón ver a los hijos de Dios luchando todos los días tratando de “cumplir con su deber” de orar, de leer la Biblia o de congregarse, un “deber” que los desgasta, cansa y entristece. Qué diferente sería mi relación con Dios si en vez de nacer de un sentido del deber, naciera de mi pasión por él.  Te invito a que en esta Semana Santa regreses al Calvario y permitas que la historia de la cruz te llene de la pasión necesaria para pintar la obra maestra que Dios espera de ti.

 

Mirando Hacia la Cruz

Por Raphael Rosado

Los seres humanos pasamos gran parte de nuestra vida preparándonos para el futuro. Por ejemplo, algo tan sencillo como viajar de un lugar a otro requiere cumplir con ciertos requisitos.  Hay que darle mantenimiento al vehículo, poner gasolina, programar el GPS, hacer la maleta y reservar el hotel.  Como dice el viejo refrán, si no sabemos exactamente dónde termina el viaje es mejor no emprenderlo. 

La planificación es importante, y al final es lo que le da valor y significado a nuestros logros.  Una persona que se gana la lotería puede tener suerte, pero no es merecedora de lo que se ganó.  No puede decir que su premio es el producto de un plan o de su esfuerzo.  Suerte y mérito son conceptos incompatibles.

Más aun, la preparación es la muestra fehaciente de que algo nos importa, de que lo amamos.  Es un “cliché cultural” que en las relaciones de pareja las mujeres se quejan de que los hombres no ponen suficiente preparación en las fechas especiales.  Más de una vez, he escuchado a la heroína de la serie de moda decir, “no es el regalo lo que me hace feliz, sino el pensamiento que contiene.” La alegría que produce el regalo proviene de la preparación y el esfuerzo que costó.    

Dios es un planificador por excelencia y Él siempre está preparado.  Dios no le deja nada al azar.  Todo lo que Él hace es el resultado de su propósito eterno.  Para confirmar este hecho, no hay más que mirar a la cruz.

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Dios comenzó a preparar la solución final al pecado desde el mismo día que el hombre pecó.  Cuando Dios llamó a Abraham, miraba a la cruz. Cuando le dio la ley al pueblo de Israel, pensaba en la cruz.  Cuando le mostró su gloria a Isaías, ya Dios tenía en mente al siervo sufriente.  Cada detalle del Antiguo Testamento mira hacia Jesús y hacia la cruz.  Cada tentación, cada cuestionamiento, cada problema al que Jesús se enfrentó en su vida en la tierra, lo preparó para la cruz.  El Calvario no fue un accidente. El mérito del sacrificio de Jesús consiste precisamente en que fue el plan de Dios para salvarnos y mostrarnos su amor.

De eso exactamente trata la época de Cuaresma, de prepararnos para hacer memoria de lo que Jesús hizo por nosotros.  Cada renuncia, cada buena obra, cada ayuno que realizamos en esta época debe tener un plan específico: prepararnos para encontrarnos con Jesús en la cruz.  Sin ese propósito nuestras obras – por buenas que sean – carecen de significado.  Te invito a que utilices estos últimos días de Cuaresma como preparación para encontrarte con Jesús en el Calvario.

Todo por Gozo

Por Ken Childress

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Hebreos 12:1-2

Muchos cristianos tienen la percepción de que la misión de rescate de Dios para la raza humana fue una operación renuente. Lo echamos a perder, entonces Él recurrió al plan B, a un precio muy alto, y tuvo que hacer lo que hizo para salvarnos. Su hijo sufrió una terrible agonía para traernos a su Reino. Él murió por simples e indignos pecadores como nosotros, porque tenía que hacerlo.

Pero Él no tenía que hacerlo, no era una tarea. Fue un sacrificio, seguramente, pero no fue renuente. Aunque la noche en Getsemaní fue dolorosa y llena de lágrimas –después de todo, nadie quiere sufrir un dolor indescriptible– la Cruz fue una decisión voluntaria. Jesús no salvó a los pecadores indignos porque estaba obligado a hacerlo. Él lo hizo por el gozo puesto delante de Él.

Piensa en las grandes distancias que un hombre profundamente enamorado recorrería para ganar el corazón de su amada. Cualquier precio que él tuviera que pagar, el tiempo que tuviera que esperar, cualquier obstáculo que hubiera tenido que vencer, no le parecería como un sacrificio. ¿Por qué? Por el valor incalculable de la recompensa. El amor recorre cualquier distancia para sentirse pleno. El costo es irrelevante. Solamente la plenitud del amor importa.

Así es como la Escritura describe la misión de rescate en la que Jesús se embarcó para redimir a la humanidad. Esto fue y todavía es como cuando un novio va en busca de la novia. Ningún costo es tan alto, ningún sacrifico es tan grande, ninguna espera es tan larga. Al final, el gozo valdrá la pena.

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Este es el modelo sobre el que debemos fijar nuestras miradas. A causa de su gran amor, Jesús se convirtió en el autor y consumador de nuestra fe. Así como Él sufrió cada obstáculo e impedimento, por el gozo que estaba puesto delante de Él, también podemos lograrlo. Cuando nos damos cuenta de nuestro lugar de destino, ningún costo parece tan grande. Lo que sea que enfrentemos en la vida hoy, podemos seguir adelante porque la meta vale más que cualquier cosa que alguna vez tendremos que soportar.

Hebreos 12:2, “…puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el GOZO puesto delante de él sufrió la cruz.”

Dios nos llamó a correr una carrera, a remontar el vuelo como águilas en el viento de su Espíritu, a vencer los enredos y cargas que conspiren para detenernos. Mis amigos, nuestras cargas no se comparan a nuestro Dios. La fe ve la realidad de esta verdad y nos permite seguir corriendo esta carrera hasta el final.

Más que Renunciar

Por Charles W. Christian

Cuaresma es el periodo de cuarenta días, aproximadamente, previos al domingo de Pascua. Es un tiempo de preparación y reflexión que está inspirado en los cuarenta días que Jesús estuvo en el desierto al inicio de su ministerio terrenal (Marcos 1:12-13; Mateo 4:1-11; Lucas 4:1-13). Al iniciar esta temporada de Cuaresma, empezando con el Miércoles de Ceniza, muchos de nosotros nos hemos unido a los cristianos alrededor del mundo – tanto católicos como protestantes – para ayunar.

Como Jesús, muchos cristianos han usado este tiempo para participar en un ayuno de comida. Otros ayunan algo más específico, como el chocolate o el café, o ayunan ciertas actividades, como el uso de las redes sociales o ver películas. Mientras que el ayuno ha sido una disciplina espiritual clave para los cristianos a través de la historia, podría ser la disciplina espiritual más descuidada en la actualidad. La época de Cuaresma le da a la iglesia la oportunidad para regresar a esta disciplina a menudo descuidada.

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Es importante tener en cuenta que la intención del ayuno es recordarnos nuestra identificación, bíblica e histórica, con los pobres y necesitados. Sin importar lo que quitemos de nuestra rutina diaria recordamos que, intencionalmente, estamos renunciando a artículos a los que muchos renuncian sin tener elección. Esto nos permite participar más profundamente en la compasión, lo que significa literalmente “sufrir con el otro.”

Mientras que resulta fácil enfocarse en el aspecto de “renuncia” del ayuno, hay un significado más profundo en la disciplina. Ayunar no se trata solo de renuncia, también se trata de reemplazo. Por ejemplo, el tiempo que se pasa sin ver un programa de televisión puede ser apartado para pasar más tiempo en la Escritura o más tiempo en servir con amor directamente a otros. El tiempo y dinero que se ahorran por no salir a comer, puede ser gastado directamente en ayudar a los pobres y a otros que no tienen comida. El tiempo y los recursos a los que se renuncian pueden ser intencionalmente utilizados en el servicio del Reino de Dios.

Finalmente, el ayuno se trata de atraer nuestra atención hacia Dios y sus métodos, y no hacia nuestros propios sacrificios. Para que el ayuno sea bíblico, cualquier sacrificio que hacemos durante el ayuno debe ser para profundizar en nuestra relación con Dios y para aumentar nuestra participación en la misión de Dios. Jactarnos acerca de nuestro ayuno o convertirnos en un “superhéroe espiritual” debe ser estrictamente evitado. “Cuando ayunen, no pongan cara triste como hacen los hipócritas, que demudan sus rostros para mostrar que están ayunando. Les aseguro que estos ya han obtenido toda su recompensa” (Mateo 6:16 NVI).

Durante Cuaresma, mientras profundizamos en nuestro caminar con Dios y aumentamos nuestra participación en su misión, también encontramos tiempo para la reflexión y el arrepentimiento. Así como Dios y sus caminos para nosotros se vuelven más claros, nuestros defectos también se vuelven más claros. Parte de nuestra preparación para resurrección implica dejar que el Espíritu Santo nos mueva a áreas de crecimiento, lo cual a menudo implica confesión y arrepentimiento. Es importante que seamos especialmente sensibles a estas oportunidades de crecimiento, mientras ayunamos y nos enfocamos.

Como personas que están viviendo y compartiendo la historia de Dios, saquemos el máximo provecho a épocas como Cuaresma, ¡permitiéndonos ser más y más como el Señor resucitado a quien servimos!

Oración para la semana:

Omnipotente y Eterno Dios, que no sientes aversión por nada de lo que has creado, y que perdonas a los que con verdadera fe se arrepienten; crea en nosotros corazones contritos, y concédenos perfecto perdón ¡oh Dios de toda misericordia! a los que lamentamos nuestros pecados y reconocemos nuestra miseria; por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

(Libro de Oración Común).

Este artículo fue publicado originalmente en: http://holinesstoday.org/more-than-doing-without

Por qué el Miércoles de Ceniza es Importante

Por Caryn Rivadeneira

Este año el miércoles de ceniza representa un pequeño problema: es también el sexto cumpleaños de mi hijo. Así que, de alguna manera, tenemos que encontrar un modo de cumplir con la imposición de la cruz de ceniza después de la cena de cumpleaños (luego de divertirnos y festejar ¡iremos al culto solemne!) ¡Dos  eventos que para nada se pueden relacionar! Y, de alguna forma, también tenemos que ingeniarnos alguna manera de combinar la celebración del cumpleaños de mi hijo en un día designado para mantener su atención en su muerte eventual. ¡Salud por eso!

Pero por supuesto que, aún si el miércoles de ceniza no fuera el día del cumpleaños de mi hijo en esta ocasión, de todas formas representaría un problema. Siempre lo es. Si hasta ahora el crudo invierno todavía no te ha maltratado, el Miércoles de Ceniza—el cual se centra en nuestra morbosidad y depravación—está obligado a hacerlo. Muchos de nosotros no necesitamos una fiesta de cumpleaños que nos tiente a faltar a este desconcertante primer día de una desconcertante temporada de Cuaresma que seguirá hasta llegar a la más feliz de las celebraciones. Después de todo, la Pascua está por llegar ¿no es cierto?

Pero hay una muy buena razón para no faltar al miércoles de ceniza y todo su pesimismo y dificultad, aunque pueda ser tentador. Incluso en un cumpleaños – tal vez, especialmente en uno–. Porque por más maravilloso y alegre que yo quiera hacer el cumpleaños de mi hijo, y por mucho que yo quiera que él sepa que estamos encantados de que naciera en este mundo y que vale la pena celebrarlo, también quiero que sepa que tomar tiempo para ponernos una marca como signo de nuestro dolor, nuestro pecado y nuestro sufrimiento no es una mala forma de terminar un cumpleaños. Es de hecho, un grandioso regalo.

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No creo que él sepa apreciar y entender todo esto, no a la edad de 6 años. De hecho para muchos de nosotros que somos más grandes, todavía es difícil atravesar por este oscuro día o comprender por qué es importante.

Pero en su momento, todos comprendemos.  Todos crecemos para entender que así como las maravillas de la vida son inflar algunos globos y comer pastel, también lo es destacar las dificultades que afrontamos. Especialmente si queremos vivir una vida de fe que valga la pena celebrar.

Esta es la razón de ser del miércoles de ceniza. Por supuesto que no todos nosotros nos sentimos con ánimo para ir a la iglesia el miércoles y escuchar que somos polvo y que al polvo regresaremos.

Y no a todos nos gusta pasar mucho tiempo en comunidad reconociendo nuestro pecado o nuestra vergüenza o nuestro sufrimiento, o nuestra dolor.  Y todavía más duro es reconocer que el miércoles de ceniza nos recuerda que todas estas cosas son el eje central de nuestra fe.

Este año mi iglesia junto con muchas otras, invitó a la gente a vivir el primer día de la Cuaresma con un tiempo de música, una silente oración y la imposición de la ceniza en el Culto del Miércoles de Ceniza y así ofrecer la esperanza de que este tiempo de adoración nos ayudará a caminar más cerca de Jesús en la Cuaresma y el tiempo de la Pascua.  “Con esto ofrecemos el recordatorio de que las cenizas son símbolo de nuestro arrepentimiento y nuestro deseo de regresar a Dios; las cenizas denotan nuestra solidaridad con Jesús y con su camino hacia la cruz y después a la tumba, por último, el símbolo de la cruz de ceniza es la firma de Cristo en nosotros, es la señal de que le pertenecemos a él”.

Sí, las cenizas anuncian nuestra comprensión de la propia mortalidad y nuestra necesidad de arrepentimiento, pero al mismo tiempo proclaman nuestra solidaridad con Jesús. Ellas declaran nuestra fe en un Dios que no solo nos limpia de pecado sino que toma la ofrenda de nuestros corazones quebrantados y nuestros miedos y los convierte en esperanza y promesa.

Todo esto capturado en una mancha, una mancha en mi frente provocada por la cruz de ceniza que sirve como símbolo de la paradoja más conmovedora de nuestra fe: Dios trayendo vida del pecado y del sufrimiento. Significa que Él hizo esto con cada paso de Jesús rumbo a la cruz y que lo hace con nosotros, con cada carga y cada paso titubeante que damos en esta vida.

En el miércoles de Ceniza y durante la Cuaresma, somos invitados a tomarnos un tiempo para mirar nuestros errores y nuestros pesares, nuestros anhelos y nuestras pérdidas, y ofrecerlo todo a Dios, quien no solo los acepta, sino que además los transforma.

Después de todo, al enviar a su hijo a sufrir con y por nosotros, Dios declaró que nuestra desesperación y nuestra esperanza, nuestro pecado y nuestra salvación, nuestro sufrimiento y nuestra celebración estaban entrelazados. Él declaró que a través de cada una de estas cosas podemos alcanzar la otra. Es a través de la confesión que alcanzamos el perdón y es a través del lamento que podemos ser sanados. El miércoles de ceniza nos ofrece la oportunidad de pasar de un lado a otro–de manera pública y en comunidad.

Y es a través de todo esto—la mancha de la cruz de ceniza en nuestras frentes—que al final celebramos la paradoja más conmovedora de nuestra fe: Dios dibuja nuestra esperanza y nuestra vida—la cruz—justo a través de nuestro pecado y nuestro sufrimiento—las cenizas—.

Al final, es este día de pena y dolor el que nos conduce a la más grandiosa razón para celebrar.

Publicado originalmente en: Relevant Magazine

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