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Aún Celebrando la Pascua

Por Scott Armstrong

¿Listos para un pequeño examen? ¿En qué periodo del calendario cristiano nos encontramos ahora?

Si respondiste “Pascua” o “Tiempo Pascual,” ¡felicitaciones! Admito que he escrito bastante sobre Adviento y Cuaresma, ambos periodos son muy importantes en nuestro caminar espiritual. Pero el Tiempo Pascual es igual de importante, aun cuando muchos de nosotros lo pasamos por alto en esta época del año.

Rich Villodas, el pastor de la Iglesia New Life Fellowship en Queens, Nueva York, recientemente escribió sobre por qué la temporada del Tiempo Pascual es importante para la Iglesia.

“Por siglos, muchos en la Iglesia han reconocido que la Pascua no solo es un evento de un día que anticipamos, y así nada más se desvanece. La Iglesia ha afirmado que el poder de la resurrección es más que un momento pasajero, sino que merece una reflexión continua.”

Mientras que la Cuaresma dura 40 días y es un tiempo de ayuno, el Tiempo Pascual tiene una duración de 50 días y ¡nos dirige hacia una vida de celebración!

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Villodas resalta tres formas en las cuales podemos enfocar nuestra atención durante este periodo constante de la Pascua.

  1. El Tiempo Pascual nos recuerda que a través de la resurrección Jesús es victorioso sobre los poderes de la muerte.

Como he escrito antes, cuando Jesús se levanta de la tumba, Él provee la destrucción y undominio efectivo sobre los poderes del pecado, la muerte y la tumba. Sin embargo, la Pascua no es solamente algo lindo e importante que le sucedió a Jesús. Estamos invitados a ser parte del nuevo orden cósmico. ¡El mismo poder que levantó a Jesús de la muerte está disponible para todos aquellos que elijan seguirle!

“Es posible cantar sobre la conquista de Jesús sobre la tumba,” nos recuerda Villodas, “y al siguiente día ser cómplices de los sistemas, estructuras y hábitos que le traen gloria a los poderes de la muerte.” Esta temporada nos asegura que vivimos en una “reverberación de la resurrección” que aún continúa el día de hoy.

  1. El Tiempo Pascual nos recuerda que la vida futura de Dios está disponible para que nosotros podamos disfrutarla y expresarla al mundo.

Así como a María Magdalena le fue dicho que no se aferrara a Jesús, sino que en lugar de eso fuera y contara las buenas noticias (Juan 20:17), también somos capaces de ofrecer esperanza a todos aquellos que la necesitan desesperadamente. La Pascua no es Pascua si su mensaje no es proclamado al mundo.

El pastor Villodas lo pone de esta manera, “Probablemente no hay mejor momento que éste para orar por la sanidad sobre la enfermedad, porque la resurrección es un recordatorio de que algún día no habrá enfermedad. Probablemente no hay mejor momento que éste para trabajar por la paz, porque la resurrección es un recordatorio de que un día no habra guerras. Probablemente no hay mejor momento que éste para celebrar y festejar, porque la resurrección es un recordatorio de que nos dirigimos hacia un banquete. Así como nuestro Señor, los cristianos deben vivir del futuro. Nuestras comunidades y vidas individuales apuntan a lo que se aproxima.”

  1. El Tiempo Pascual nos llama a una vida que cultiva el gozo.

Aún estoy asombrado por el hecho de que las mujeres presentes en la tumba vacía esa primera mañana de la Pascua “salieron a prisa…con temor y gran gozo” (Mateo 28:8). Si hemos sido cristianos por muchos años, tristemente podríamos haber perdido el asombro sobre la Pascua, por no hablar de la admiración o incluso el temor. La tragedia es que la resurrección se ha vuelto un lugar común para muchos de nosotros. Y si ese es el caso, la siguiente cosa que se perderá será el gozo. En este sentido, muchos de nosotros cargamos con la actitud lúgubre y de abnegación de la Cuaresma a través del Tiempo Pascual y en los demás momentos del año.

Pero ¡la Pascua es un tiempo de celebración! ¡Él resucitó! En los días después de su resurrección, encontramos a Jesús en varias ocasiones comiendo, celebrando y regocijándose (Lucas 24:40-42; Jn. 21:9-13). Como siempre, pero especialmente en esta temporada de Pascua, ¡tenemos el privilegio de hacer lo mismo!

Villodas se pregunta si al final de la historia, la pregunta que Dios nos hará no es si nos abstuvimos del pecado. Qué pasa si la pregunta es “¿Entraste en el gozo que estaba disponible para ti?”

Esa es la invitación que Él nos ofreció durante el Tiempo Pascual. ¡Jesús está vivo! Así que ¡comamos, bebamos y, sin duda, alegrémonos!

Eligiendo Vivir en la Resurrección

Por Scott Armstrong

La Cuaresma y Semana Santa han sido muy importantes en mi vida y mi caminar espiritual a través de los años. Y no hay nada mejor que, cuando el ayuno y la solemnidad ocasionados, finalmente culminan en el estallido masivo de alegría en el Domingo de Resurrección. ¡Jesús ha resucitado! ¡No hay mejor celebración que la Resurrección!

O al menos así debería ser.

En muchas culturas, las iglesias ven un incremento en la asistencia al culto de Resurrección y muchos se visten muy elegantes. La música es viva y de alta calidad. Hay años donde pareciera que ¡el sol brillara con más fuerza en Resurrección!

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El domingo pasado, Domingo de Resurrección, no fue exactamente así en la iglesia que mi esposa y yo pastoreamos. Servimos como misioneros en República Dominicana y somos pastores (voluntarios) de una pequeña iglesia en un barrio ubicado en los alrededores de Santo Domingo. Habíamos estado hablando sobre los servicios de Semana Santa, durante varias semanas, especialmente sobre el Domingo de Resurrección. Habíamos preparado a nuestro equipo de liderazgo para el importante día, ¡y la celebración estaba lista!

O eso pensamos.

Llegamos temprano y había olvidado las llaves del pequeño edificio de concreto. Normalmente esto no es un problema. Pero este día dos de los laicos, quienes siempre llegan temprano para limpiar y arreglar, no estaban ahí. Después de algunas llamadas y de que nuestro hijo de 15 años tuviera que correr un par de cuadras para conseguir la llave, nos encontrábamos barriendo y limpiando las sillas, cinco minutos antes de que iniciara el servicio.

No es que hubiera mucha gente esperando incómodamente para entrar. Semana Santa es una semana de vacaciones en gran parte de Latinoamérica y la mitad de nuestra congregación estaba fuera de la ciudad. Cuando tienes una iglesia de 45, esto se nota fácilmente. Para cuando inició el servicio, la mayoría éramos niños y algunos adultos somnolientos. ¡Jesús está vivo! Pero ¿y nosotros?

El líder que estamos entrenando para ser el futuro pastor predicó bien, pero el sermón tenía más que ver con el Día del Padre en vez del Día de Resurrección. El Día del Padre se celebra en dos meses.

Tal vez tú eres mejor que yo. Quizá no dejas que nada de esto te afecte. Pero para mí esto ha sido un distractor y me hace sentir desanimado. ¡Qué desalentador! ¡Gente, se supone que estamos celebrando la Resurrección!

Para ser honesto, por mi propia cuenta, estaba adormilado. Necesitaba una Resurrección tanto como cualquiera.

Empezamos a leer el pasaje en Lucas.

“Y hallaron removida la piedra del sepulcro…”

“¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”

“No está aquí, sino que ha resucitado.”

Con cada frase familiar, mis ojos empezaron a abrirse en asombro de lo que Dios está haciendo en nuestro medio.

La jovencita de sexto grado con quien estaba compartiendo mi Biblia, estaba siguiendo con interés la lectura. Ella no quería leer nada cuando la conocimos en la Escuela Dominical hace dos años.

El estudiante universitario dirigiendo la adoración estaba haciendo un tremendo trabajo. ¡Él de verdad cree lo que estaba diciendo y cantando!

Oye, esta es la cuarta vez consecutiva que José llega al culto; Dios debe estar haciendo algo en su vida.

La evidencia de la vida estaba alrededor de mí. ¿Baja asistencia? ¿Niños inquietos? ¿Mensaje con un tema distinto? ¡No importa! Cristo salió de la tumba ¡y eso cambia todo!

La próxima semana puedo asegurarte que habra muchas cosas que saldrán mal antes, durante y después de nuestros servicios. Pero elijo vivir en la realidad de la Resurrección. Todas esas cosas son irrelevantes comparadas con nuestro Señor, quien triunfó ¡sobre la muerte, el infierno, y la tumba!

¿Te unes a mí en esta semana? La Cuaresma y Semana Santa han llegado y se han ido. Pero la Resurrección permanece. ¿Por qué sigues buscando entre los muertos al que vive?

 

 

María Magdalena

Por Frederick Buechner

Es al final de la historia que ella llega a estar en el centro de la escena con más claridad. Fue una de las mujeres que estuvo en el momento en el que él fue crucificado—ella había tenido más agallas que la mayoría de ellos—y también fue una de las que estuvo ahí cuando pusieron lo que quedaba de él en la tumba. Pero su momento fue ese primer Domingo por la mañana después de su muerte.

Juan es quien da el mayor detalle, de acuerdo con él todavía estaba oscuro cuando ella llegó a la tumba para descubrir que la piedra había sido removida de la entrada y que, el interior, estaba vacío. Ella corrió de regreso a donde sea que los discípulos estaban escondidos para decirles, Pedro y otro más de ellos regresó con ella para verificar su historia. Ellos se dieron cuenta que era verdad y que no había nada más que algunos trozos de tela, con los que habían envuelto el cuerpo. Entonces ellos se fueron, pero María permaneció afuera de la tumba en algún lugar y comenzó a llorar. Dos ángeles vinieron a ella y le preguntaron por qué estaba llorando, y ella respondió, “Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto” (Juan 20:13). Ella no estaba pensando en términos milagrosos, en otras palabras; ella simplemente estaba pensando que ni siquiera en su muerte lo habían dejado tranquilo, y que alguien había robado su cuerpo.

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Entonces otra persona viene a ella y le hace las mismas preguntas. ¿Por qué ella estaba llorando? ¿Qué estaba haciendo ahí? Ella decidió que el responsable tenía que haber sido alguien encargado, tal vez alguien como el jardinero, y le preguntó que si él era quien había movido el cuerpo hacia otro lugar, por favor le dijera dónde estaba para que ella pudiera acudir ahí.

En vez de responderle, él la llama por su nombre—María—y ella entonces reconoce quién era él, y aunque desde ese momento en adelante el curso de la historia de la humanidad fue cambiado en muchas maneras profundas y complejas, que resulta imposible imaginar que haya sucedido de otra manera, para María Magdalena la única cosa que había cambiado era que, por razones que ella no estaba en posición de considerar, su viejo amigo, maestro y su brazo fuerte estaba vivo otra vez. “¡Raboni!” ella gritó y estuvo a punto de abrazarle con auténtico gozo y asombro, cuando él la detuvo.

Él dijo “noli me tangere.” “No me toques” (Juan 20:17), de esta forma ella no solo fue la primera persona en el mundo con el corazón paralizado por un segundo al descubrir que otra vez estaba vivo mientras pensaba que ya estaba absolutamente muerto, también fue la primera persona con el corazón un poco roto al darse cuenta que ya no podría tocarlo, que no habría más una mano qué la sostuviera cuando la vida fuera difícil, un hombro para llorar, porque la vida en él ya no era más una vida que ella pudiera concebir a través de tocarle, con ella aquí y él allá, sino una vida que ella solo podría concebir a través de vivirla: con ella aquí—la abusada y quebrantada—y con él aquí también, vivo dentro de su vida, para levantarla también de los escombros de todo lo que estaba arruinado y muerto en ella.

Mientras tanto, él dijo que tenía mucho por hacer y recorrer, y también ella, la primera cosa que hizo fue regresar a los discípulos para contarles. “He visto al Señor,” ella expresó, y cualquier oscura duda que ellos tuvieron antes sobre el tema, una mirada a su rostro fue suficiente para desaparecerla como la niebla de la mañana.

*Publicado originalmente en Peculiar Treasures y después en Beyond Words.

La Cruz Todavía está Ahí

Por Scott Armstrong

Junto al resto del mundo ayer vi cómo la Catedral de Notre Dame en París, Francia se incendió. La indecible tragedia se volvió clara mientras la famosa aguja de su torre se desplomó hasta el suelo. Millones de personas acertadamente lamentaron tan horrenda pérdida, y los intentos de recaudar fondos para renovar la catedral afortunadamente están dando fruto, aunque el costo total de la renovación será muy elevado.

Entre los escombros, las fotos empezaron a mostrar el impacto del fuego. Una en particular, por Reuters’ Philippe Wojazer, impactó a varios de nosotros. Muestra el altar dentro de Notre Dame, con humo subiendo de las ruinas. Pero, como muchos señalaron en Twitter y otros lugares, los ojos de los espectadores no fueron atraídos primeramente hacia las brasas rojas y anaranjadas de las cenizas. El símbolo preeminente levantándose de los escombros es una cruz dorada. Después de toda la devastación y pérdida, la cruz todavía está ahí.

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No soy el primero en escribir sobre este simbolismo y seguramente no seré el último. Pero el hecho de que ocurriera durante Semana Santa, no pasa desapercibido por muchos de nosotros. En un mundo que proclama que en Europa y otras partes el cristianismo es anticuado y nada más que una reliquia tierna, los seguidores de Cristo proclaman que esta semana y siempre la muerte de Jesús en la cruz todavía es efectiva para cambiar vidas. De hecho proclamamos que, en un mundo en llamas, Dios todavía está trabajando.

¿Lo proclamamos?

Cada año hago un llamado a las personas a reflexionar en el camino de nuestro Señor hacia la cruz durante Cuaresma. Y cada año recibo críticas de diferentes líderes y miembros de la iglesia. “¡La Cuaresma es católica, no evangélica!” Sé que una parte de esto es cultural, de acuerdo con los países donde ministramos, y no quiero menospreciar eso. Pero me niego a permitirme a mí mismo o a mi familia a pasar por alto el Viernes Santo para llegar al Domingo de Resurrección.

Por lo tanto, especialmente durante Cuaresma, he predicado muchas veces sobre la cruz y el sacrificio de Cristo. En algunas ocasiones, he tenido cristianos viniendo a mí al final diciéndome, “¿Por qué predicas de la cruz? Ya la cruz no está ahí; lo que importa es la tumba vacía.” Ahora bien, ¡yo soy un defensor de predicar y vivir la realidad de la resurrección! Sin embargo, no hay tumba vacía sin una cruz. No hay una corona de gloria sin una corona de espinos.

Aunque enfocarnos en un símbolo de castigo capital antigua nos hace sentir incómodos, la verdad permanece. La cruz todavía está ahí, nos guste o no.

Quizá esa es la razón por la que el apóstol Pablo dijo que Cristo crucificado es “para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura” (1 Co. 1:23). En medio de los escombros, esta representación de la muerte declara vida sobre nosotros. En medio de la destrucción, este símbolo de escarnio y desprecio nos trae esperanza.

Esta semana, mientras nos unimos a Jesús en su camino a través del Getsemaní, el Gólgota, y después, sí, la mañana de la Resurrección, quizá una imagen de la catedral de Notre Dame en llamas pueda acompañarnos.

Aunque algunos digan que es obsoleto,

Aunque otros sientan incomodidad al hablar de ello,

La cruz todavía está ahí.

 

A un Brazo de Distancia: una Reflexión Sobre Cuaresma

En esta época de Cuaresma, he estado reflexionando sobre una inquietante frase: “de lejos.” No parece muy aterradora ni tampoco llamativa, ¿verdad? ¿Por qué diría que es inquietante?

Fue la noche que traicionaron a Jesús, la noche antes de que fuera crucificado. Los pies han sido lavados, la Pascua ha sido servida, y los soldados se han llevado a Jesús del jardín. Los discípulos se han ido –bueno, más o menos. Los tres escritores de los evangelios sinópticos señalan que uno de los tres elegidos de Jesús, el hombre cuya predicación convertiría a 3,000 en un día, y que se convertiría el pilar de la iglesia primitiva, seguía a Jesús “de lejos” (Mt. 26:58; Mc. 14:54; Lc. 22:54).

Generalmente criticamos a Pedro, especialmente cuando Él niega a su Señor e invoca maldiciones sobre él mismo. Gracias a Dios que no somos como Él, ¿verdad?

En un análisis más cercano, durante esta época de Cuaresma, nos damos cuenta que nuestro discipulado se ve mucho como el Pedro de aquel jueves santo. Joan Chittister dice, “Creemos, sí, pero por lo general solo remotamente, solo intelectualmente. Seguimos a Jesús, por supuesto, pero, en realidad, es más como seguirlo a un brazo de distancia, a una distancia agradable, antiséptica. Imperturbable. Nuestro compromiso no es el tipo de compromiso que pone en peligro nuestros trabajos o nuestras relaciones o nuestras posiciones sociales.”

Ay.

Si somos honestos con nosotros mismos, amamos la parte de seguir a Jesús que tiene que ver con multitudes siendo alimentadas y hombres ciegos recibiendo la vista. Incluso los sermones creativos y lecciones que Jesús enseña, a través de las cuales nos inspira y desafía. ¿Pero la parte de la negación? No es muy popular en la actualidad.

¿Será que nos aterra profundamente el sufrimiento? Chittister sostiene que “cuando nos resistimos a sufrir, nos resistimos a crecer…el sufrimiento es un peldaño importante hacia la madurez. Nos mueve de la fantasía a los hechos.”

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No sé ustedes, pero muchas veces yo preferiría tomar los atajos hacia la madurez espiritual en lugar de avanzar dolorosamente a través de pruebas y sufrimientos. Pero ese atajo no existe. Y Cuaresma nos recuerda eso. En esta época nos damos cuenta, junto con Chittister, que somos ascéticos. Por tanto, “debemos estar preparados para rendir algunas cosas si intentamos tener las cosas que incluso son más importantes.”

Con Jesús siendo interrogado, azotado y clavado a una cruz, Pedro todavía no estaba listo para seguirlo ahí. El sacrificio era demasiado grande. El sufrimiento muy cruel. Era mejor seguir a Jesús de lejos.

Quizá en estos días ser inquietado por esa frase no es algo malo. Tal vez nosotros, también, nos examinaremos a nosotros mismos y elegiremos el crecimiento en lugar de la comodidad, la intimidad en lugar de la distancia.

Cuaresma: Regresando a Estar en Contacto con Nuestras Almas

“Cuaresma es nuestra salvación de las profundidades de la nada. Es nuestra guía para el más de la vida.” –Joan Chittister

La Cuaresma está muy cerca de nosotros. Cada año cuando escribo sobre Cuaresma, especialmente en español, parece provocar controversia. ¿Por qué las iglesias evangélicas celebrarían algo que es católico?

Bueno, la respuesta rápida es que no es solamente católica, aunque en muchos de nuestros países en Latinoamérica se ha pensado que es así. Cuaresma es una época en el calendario cristiano, y el calendario cristiano es exactamente eso: un ritmo anual ofrecido a cada cristiano para que caminemos con Cristo en una forma más significativa. Yo he escrito previamente sobre el calendario cristiano como un todo, pero para los propósitos de las siguientes dos entradas, reflexionaremos sobre Cuaresma específicamente.

Es importante notar que para el año 330, una temporada cuaresmal de 40 días era practicada comunmente por la iglesia primitiva. Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y termina con la Pascua, o para aclarar correctamente, puede decirse que el Sábado de Gloria (o Sábado Santo) es el día final de Cuaresma porque es el día final de ayuno y negación antes de las celebraciones más importantes. El domingo de Pascua viene con una explosión de gozo y celebración, un marcado contraste con los temas de la Cuaresma. ¡Jesús ha resucitado! ¡Ha triunfado sobre la tumba!

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Para muchos evangélicos, Cuaresma (y particularmente el Miércoles de Ceniza) ha demostrado ser demasiado confusa. La explicación de Joan Chittister en su maravilloso libro, El Año Litúrgico: La Aventura en el Espiral de la Vida Espiritual, puede ayudarnos:

“El Miércoles de Ceniza, un eco del llamado antiguo del testamento hebreo al cilicio y las cenizas, es un clamor continuo a través de los siglos de que la vida es transitoria, que el cambio es urgente. No tenemos suficiente tiempo para perderlo en la nada. Necesitamos arrepentirnos de nuestra pérdida de tiempo en nuestro caminar hacia Dios. Necesitamos arrepentirnos del tiempo que hemos pasado jugando con distracciones peligrosas y diversiones vacías a lo largo del camino. Necesitamos arrepentirnos de nuestros excesos insensatos y nuestras excursiones a nuestro pecado, nuestro incumplimiento de justicia, nuestros fracasos en la honestidad, nuestro distanciamiento de Dios, nuestros disfrutes del exceso, nuestras absorbentes autogratificaciones, una adicción infantil, una criatura envidiando a otra. Necesitamos regresar a estar en contacto con nuestras almas.”

Esta es la esencia de Cuaresma. En un mundo que gira alrededor del consumismo y el placer, nos abstenemos y refrenamos. Nos negamos a nosotros mismos y tomamos nuestra cruz diariamente mientras seguimos a Cristo al Gólgota. Si no nos comprometemos en este acto en esta temporada, corremos el riesgo de olvidar completamente su sacrificio.

¿Estás listo para Cuaresma? ¿Orarías para que Dios te discipule en esta época de negación y disciplina? Quizá esto hará una gran diferencia para tu alma.

Armonizando Nuestra Vida con la Vida de Jesús

Reflexiones sobre el Año Litúrgico por Joan Chittister

Como mencioné en el artículo previo, he estado leyendo un libro que ha impactado mi comprensión sobre el calendario cristiano. Está escrito por Joan Chittister, y lleva por título El Año Litúrgico: La Aventura en Espiral de la Vida Espiritual. Mientras nos acercamos al Miércoles de Ceniza, creo que sería útil permitir que algunos de los fragmentos de ese libro nos desafíen a ver el calendario cristiano a través de una mirada diferente…

“El año litúrgico es una aventura que lleva la vida cristiana a su plenitud, lleva al corazón a estar atento, y lleva al alma a enfocarse. No se ocupa de los aspectos sobre cómo ganarse la vida. Se ocupa de los aspectos sobre cómo vivir.”

“El año litúrgico es el año que nos expone a armonizar la vida cristiana con la vida de Jesús, de Cristo. Nos propone, año tras año, a sumergirnos una y otra vez en el sentido y la sustancia de la vida cristiana hasta que, eventualmente, nos convirtamos en eso que decimos ser – seguidores de Cristo todo el camino hasta llegar al corazón de Dios. El año litúrgico es una aventura en el crecimiento humano, un ejercicio en la madurez espiritual.”

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“Es en la liturgia que conocemos la historia de Jesús y llegamos a entender al Cristo de la fe, quien está con nostros todavía…de hecho, es la vida de Jesús la que realmente guía a la iglesia a través del tiempo. Es la vida de Jesús que juzga el comportamiento del tiempo. La vida de Jesús es el estándar de las almas que se llaman a sí mismas cristianas en todas las épocas, a pesar de los errores seductivos propios de cada época.”

“El en año litúrgico caminamos con Jesús a través de los detalles de su vida – y Él camina con nosotros en los nuestros…los primeros cristianos sabían sin duda que todas las facetas de la vida de Cristo derivaban de una realidad, estaban relacionadas a una realidad, dirigidas a una realidad, eran aspectos de una realidad cental: la cruz. Jesús nació para confrontar la cruz; Jesús murió en la cruz para traernos la plenitud de la vida; Jesús resucitó para derrotar la cruz; Jesús encarnó lo que sería el papel de la cruz en la vida de todos nosotros. Evidentemente fue la realidad de la cruz lo que definió la vida de Jesús, el Cristo. Y, en aquel entonces como ahora, es la realidad de la cruz la que define la vida del cristiano como individuo.”

“Al igual que las voces de nuestros seres queridos las cuales han ido antes que nosotros, el año litúrgico es la voz de Jesús llamándonos cada día de nuestras vidas para despertar nuestros propios seres dormidos debido a los efectos calmantes de lo irrelevante y sin sentido, del materialismo y hedonismo, del racionalismo y la indiferencia, para estar atentos a la vida de Jesús quien ruega dentro de nosotros por plenitud.”

Joan Chittister: Reflexiones Sobre el Calendario Cristiano

La época de Cuaresma está muy cerca, y cada año, por lo menos algunos cristianos evangélicos en distintos países me contactan debido a su preocupación o confusión sobre este periodo en el calendario cristiano, o el concepto del año litúrgico en general.

Phyllis Tickle explica que el calendario cristiano ha sido un aspecto extremadamente importante de la formación espiritual a través de los siglos:

“Las prácticas antiguas de la fe son siete en número, han llegado al cristianismo gracias al judaísmo, y han orientado todas las fes abrahámicas. Tres de ellas – el diezmo, el ayuno, y la comida sagrada (Santa Cena) – tienen que ver con el cuerpo físico, su trabajo y sus necesidades. Tres de ellas tienen que ver con regular el tiempo. La oración con horario fijo regula las horas del día, y guardar el Sabbath regula los días de la semana. El año litúrgico regula o marca el ritmo de esos mismos días y semanas en el conjunto cohesivo básico humano del registro del tiempo, el año mismo. La séptima de ellas, el peregrinaje, tiene que ver con ambos, tanto con el espacio físico del cuerpo como con la dimensión del tiempo, requiriendo que vayamos, por lo menos una vez en la vida, con una intención santa, a algún lugar que se haya vuelto sagrado por la fe y los encuentros de otros creyentes.” (cursivas añadidas).

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Esas palabras de Tickle están escritas en el prólogo del libro de Joan Chittister, El Año Litúrgico: La Aventura en Espiral de la Vida Espiritual. Chittister, también, ha recibido preguntas de personas preguntando por qué celebramos Adviento, o Cuaresma, o cualquiera de las fechas del año litúrgico, cuando lo hacemos:

“La respuesta real a la pregunta de diversas fechas en el año litúrgico,” afirma, “es que el año litúrgico no se trata, en su mayor parte, de una serie de eventos. Se trata de la importancia de esos eventos determinantes. Se trata de la relación de esos eventos, uno con otro. Se trata del verdadero significado, no de la fecha histórica, de los eventos que, hasta este día, moldean nuestras vidas espirituales.”

En un mundo que gira alrededor de calendarios escolares, de trabajo, y días festivos seculares, Chittister felizmente proclama su necesidad de algo más profundo: “Sé que es posible crecer cada día físicamente pero, al mismo tiempo, quedarse espiritualmente jóvenes si nuestras vidas no están dirigidas por un esquema que va más allá de la marcha de nuestro planeta girando alrededor del sol.”

Y para aquellos que se preguntan si observar el calendario cristiano se vuelve monótono en algún punto, Chittister tiene una maravillosa respuesta: “El año litúrgico es el proceso de volver año con año a mirar algo que ya conocemos en cierto nivel, pero que nuevamente nos sorprende, vez tras vez.”

¡Hay una renovación en el ritual! ¡Hay sorpresa en “lo mismo”!

Estaré ofreciendo más pensamientos acerca de este tema en los próximos días, y también más observaciones sobre este maravilloso libro. Mientras tanto, mi oración es que comiencen a abrazar el ritmo del año litúrgico. Espero que, al observar y recordar estos eventos, se abran puertas de descanso y conocimiento más profundo en su caminar con Cristo.

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