Archivo de la categoría: Calendario Cristiano

Las Cenizas de Nuestro Viaje – Peregrinaciones de Cuaresma

Por Teanna Sunberg

El día de mañana, alrededor del mundo, muchos seguidores de Cristo harán fila en los altares para ser marcados en su frente o mano con cenizas. Es Miércoles de Ceniza, es el primer día de Cuaresma – esta pesada y, algunas veces, dolorosa peregrinación hacia el quebrantamiento de la cruz que culmina en el milagro de la resurrección. Este viaje comienza mañana con las cenizas.

La tradición dicta que, mientras el creyente se coloca frente al sacerdote o pastor, la señal de la cruz es dibujada y acompañada de las palabras, “Recuerda que tú eres polvo y al polvo volverás.” O, “Arrepiéntete y cree en el Evangelio.”

Es una declaración tan poderosa que, en este día del año, los creyentes en Cristo usan un símbolo externo y visible de su fe. Mientras vamos de compras, trabajamos, y nos desenvolvemos en los espacios públicos de la vida, esta cruz funciona como un filtro de cómo el mundo nos concibe. Las cenizas nos definen ese día.

Las cenizas mismas dan su propio y profundo simbolismo a la historia. Ellas son todo lo que queda de las ramas quemadas de la celebración del Domingo de Ramos del año previo. Pero, el Domingo de Ramos es un capítulo inquietante en nuestra narrativa. ¿Cómo es que la misma gente que alzó esas ramas de palma para dar la bienvenida y celebrar a Jesús estaba alzando sus puños, gritando y pidiendo que lo crucificaran menos de una semana después? ¿Qué clase de debilidad? ¿Qué clase de corazón traicionero? ¿Qué clase de personas?

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En verdad, la multitud del Domingo de Ramos nos permite tener un panorama honesto de la realidad de la humanidad – tal vez, incluso, sea el espejo más real de nuestros corazones. Nosotros también queremos a Cristo y no lo queremos. Nuestra naturaleza humana se encuentra en estado de guerra entre aceptar la misericordia de Dios y rechazar su autoridad. Es fácil amar a Dios por lo que Él nos da y es igualmente sencillo enojarnos con Dios cuando no nos da lo que queremos. Las ramas de palma fácilmente dan paso a los puños, a los gritos de rechazo de la gente en aquel Viernes Santo.

Entonces, estamos marcados por las cenizas mañana en el primer día de Cuaresma. Encaminamos nuestros pies hacia la cruz y nos movemos hacia el viernes. Nos marcamos con la ceniza que representa nuestros sueños rotos, nuestros cuerpos físicos quebrantados, nuestra quebrantada relación con la creación de Dios, nuestras relaciones rotas con otros, nuestra quebrantada relación con Dios mismo: la ceniza que define nuestro estado humano. Usamos la ceniza que nos recuerda nuestro pecado. Usamos la ceniza del Domingo de Ramos y proclamamos que creemos.

¿Qué creemos?

Nos atrevemos a creer que la entrada triunfal de Jesús, en el año 30 d.C., es un destello de verdad: Cristo es un poderoso rey y un misericordioso salvador. Nos atrevemos a creer que su entrada triunfal a nuestros corazones es un símbolo seguro de su amor y poder sobre la oscuridad, la muerte y el pecado. Nos atrevemos a creer que, a la puerta de la muerte, cuando nuestros cuerpos regresen al polvo, en una forma milagrosa, entonces seremos nosotros quienes hagamos la entrada triunfal – y caminemos hacia la vida eterna con Cristo. Somos libres.

En este miércoles, esas cenizas nos definen. Le dicen al mundo que reconocemos nuestra necesidad de tener corazones arrepentidos. Nos recuerdan la realidad de nuestra naturaleza caída. Y, ellos hablan de la esperanza – la esperanza de la resurrección, el regalo de la vida y el tesoro que tenemos en Cristo.

Este Miércoles de Ceniza – el primer día de Cuaresma:

Recuerda. Lee Génesis 3.

Arrepiéntete.

Cree.

Este artículo fue publicado originalmente en: TeannaSunberg.com

Muéstrame tus Manos

Por Leonard Sweet
(European Nazarene College, 18 de enero, 2011)

Le estaba leyendo Salmo 51:10 a mi madre cuando murió: Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. 

La clave que lleva a la santidad es tener un corazón limpio.  Entonces dame una imagen de un corazón limpio. ¿Qué es lo que lo acompaña? La única persona santa que ha vivido es Jesús.  Santidad pura.

Lo que pasa aquí con Jesús es el Dios mismo que bajó a la tierra.  ¿Qué tanto bajó? ¿Qué tan abajo vino la Encarnación?  ¿En dónde nació Jesús? ¿En un palacio real? ¿En una cuna? ¿En dónde ocurrió el nacimiento? Ocurrió en un establo oloroso, donde lo primero que Jesús experimentó – ¿qué fue?  Piojos.  Esos pequeños animalitos que viven en la paja. Esos que muerden la carne.  Y el olor del estiércol y de los animales.

Pero Jesús en su Encarnación fue más allá, no solo llegó a lo más bajo de los humanos, sino que también hizo algo que ningún otro Rabino de la historia había hecho o permitido que sucediera.  De hecho, hizo algo que molestó a los mismos discípulos. ¿Qué tan abajo vino la Encarnación? Jesús fue el primer rabino de la historia en ¿qué? Lavarle los pies a sus discípulos.  Eso y más hizo Jesús.  ¡Continuó humillándose!

¡Y déjenme decirles hermanos y hermanas, que ninguno de ustedes puede lavar los pies de alguien sin ensuciarse y mojarse en el proceso!

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¡Esto es Santidad! ¿Quieres una imagen de lo que es la santidad? ¿Tienes un corazón limpio? Bien, esto es lo que acompaña a un corazón limpio – manos sucias.  ¿Tú me dices que tienes un corazón limpio? Yo te digo, muéstrame tus manos.

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Leonard Sweet

¿Tienes tus manos limpias? “Oh, la verdad no quiero ensuciarme.”  “Nosotros vivimos en el mundo, pero no somos de él.”  ¿Qué? ¿Entonces tus manos están demasiado limpias como para que las ensucies? Oh, claro, necesitamos rituales de limpieza todo el tiempo para poder estar limpios.  Pero todo el propósito de limpiarnos es para que nos volvamos a ensuciar…

…Mateo 25 nos dice cual será la respuesta en el juicio final: “Por cuanto lo hiciste a uno de estos mis pequeños…” En otras palabras, esta es la pregunta en el Día del Juicio: Muéstrame tus manos.  ¿Están limpias?  Ve a otro lugar.  Porque un corazón limpio implica tener manos sucias.  Esa es la imagen de la santidad.

 

 

Cómo Supe que Dios Estaba Conmigo en el Divorcio de mis Padres

Por Scott Armstrong

Septiembre de 1993. Tenía 15 años. Mi papá y mamá llamaron a una reunión familiar después de la cena. Mi hermano y yo bajamos de nuestras habitaciones, preguntándonos lo que estaba pasando. Normalmente teníamos las famosas “reuniones familiares” una vez al año cuando alguna regla nueva iba a ser implementada o cuando las vacaciones necesitaban planearse o discutirse.

Esta vez era diferente. Había un ambiente estremecedor en la sala. Mi papá exhaló fuertemente mientras mi mamá movía sus manos con nervios e inquietud. Entonces—¡boom!—mi mundo cambió para siempre. Se iban a divorciar. No pudieron resolver sus asuntos. Habían tenido muchas diferencias. Bla, bla, bla.  Aunque no tiene sentido, una parte de mí estaba escuchando todo perfectamente, mientras que otra parte instantáneamente apagó el sonido de sus voces.

Después llegó mi turno. “¿Qué quieren decir, no pudieron resolver sus diferencias? ¿Acaso son una pareja de adolescentes que hoy están juntos y mañana no? ¿Los votos que hicieron hace años significan nada?” Estaba furioso. Estaba triste. Estaba paralizado.

Esa es la realidad #1. Eso de verdad ocurrió. Y, por eso, nunca volveré a ser el mismo.

Aquí está la realidad #2. Dios con nosotros. “…también estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré…El Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas” (Josué 1:5,9 NVI). “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Escuchamos mucho de esta segunda realidad alrededor del tiempo de Navidad, ¿no? La “Encarnación.” Dios con nosotros. Nos hace sentir bien dentro de nosotros mismos, especial y particularmente cuando las cosas van bien en la vida.

Pero ¿qué sucede cuando la Realidad #1 y la #2 chocan? Como adolescente, sabía que la Realidad #2 era verdad—había escuchado sobre eso cada Navidad desde que nací. Y ciertamente sabía que la Realidad #1 era verdad—la estaba experimentando tal y como una planta rodadora experimenta un tornado. Y déjame ser honesto: fue muy difícil ver cómo la realidad de “Dios con nosotros” podía ser cierta aun cuando la realidad del divorcio estaba frente a mí cada día. Los gritos. Mi mamá mudándose. La primera vez que tuve dos cenas de Acción de Gracias, dos árboles de Navidad, dos casas y ninguna se sentía como un hogar. ¿Dónde estaba Dios en todo esto?

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No tengo una respuesta sencilla. En mi cabeza sabía que Dios estaba conmigo, pero mi corazón y mi vida me decían algo distinto. Las personas de la iglesia, con buenas intenciones, pero con poco tacto, se acercaban a mí y me aseguraban, “Tú sabes, Dios siempre está con nosotros, sin importar lo que pase. Vas a superar esto.” Eso es lo que realmente necesitaba–¡un mini-sermón para sentirme mejor! Ya sabía lo que decían las Escrituras, que Dios estaba en algún lugar en todo este desorden de soledad y enojo, pero ¿dónde?

Puedo mirar hacia atrás y ver algunos indicadores de la presencia de Dios en todo ese lío. Primero, aprendí que Dios mismo “se encarna” en y a través de otras personas. Él está con nosotros porque otros cristianos dan de su tiempo y lágrimas para estar con nosotros también. Siempre decimos que somos “el cuerpo de Cristo” y que tenemos que ser “las manos y los pies” de Cristo en el mundo, ¿entonces por qué nos sorprendemos cuando en realidad sucede? Por medio del amor y la compasión de mi pastor de jóvenes y de otros adolescentes y adultos, sentí la presencia de Dios.

Eso no significa que las personas sabían qué decir; muchas veces ellos dijeron cosas demasiado tontas. Tampoco significa que no estaba molesto, frustrado, o incluso deprimido en varios momentos. Todavía, mientras algunos en mi situación deciden hibernar y nunca volver a hablar con las personas de la iglesia, yo tenía que llegar a los servicios de la iglesia cada semana. Ahí fue donde sentí la presencia de Dios—a través de la música y la predicación por supuesto, pero también mediante el pueblo de Dios que me rodeó con amor los domingos y durante la semana.

En segundo lugar, sabía que Dios estaba conmigo por medio de mis tiempos personales con Él. Antes del divorcio de mis padres, tengo que ser honesto: fui un buen chico cristiano que hacía todas las cosas correctas. Aún así, no tenía una relación profunda con Cristo. Bueno, todo esto cambió cuando me encontré sin esperanza y sin alguien con quien hablar. Normalmente en circunstancias difíciles confiaría en mis padres. Eso no iba a suceder ahora; ¡ellos no poseían precisamente una perspectiva objetiva de su divorcio! Pude hablar con mi pastor de jóvenes, pero él realmente no entendía lo que yo estaba pasando porque sus padres aún seguían felizmente casados. Entonces, ¿a quién podía acudir?

Mi única respuesta era Dios. Yo comencé a ver mis tiempos devocionales no como un quehacer de mi lista, sino como el único tiempo en el que podía ser yo mismo. Yo lloraba delante de Dios. Le gritaba. Comencé a luchar con las palabras que estaba leyendo en las Escrituras. Algunas veces lo que leía me hacía enojar; otras veces me confortaba. No siempre escuchaba una respuesta. Nunca escuché voces del cielo ni recibí otras pruebas tangibles de su existencia. Pero en mis tiempos devocionales, empecé a confiar más en Él. En los momentos más difíciles de mi vida, Él se volvió mi amigo más cercano, y continúa siéndolo hasta este día.

Dios con nosotros. Parece absurdo, ¿no? Especialmente cuando tú estás experimentando la realidad de una vida llena de quebrantamiento y vacío. Pero eso es lo que hace la segunda realidad más fuerte—Dios se especializa en estar con nosotros, no solo en los buenos tiempos cuando lo “sentimos,” pero en los tiempos oscuros llenos de miedo y soledad. Deja que hoy Dios hable su realidad en tu realidad. Dios. Con. Nosotros.

Joan Chittister: Reflexiones sobre la Importancia del Calendario Cristiano

Anillos del árbolCon Adviento empezamos el año cristiano.  Desde mi perspectiva personal, nadie expresa el significado de esta realidad mejor que Joan Chittister en su libro, El Año Litúrgico: La Aventura en Espiral de la Vida Espiritual.

Cada año es un punto de crecimiento distinto en la vida, el quitarse de otra cáscara de la vida.  Cada año aporta algo único para nosotros y pide algo diferente de nosotros.

El año litúrgico comienza el primer domingo de Adviento, que normalmente inicia a finales de noviembre… El año litúrgico es una aventura para llevar la vida cristiana a la plenitud, alertar al corazón, y enfocar el alma.

El nuevo año cívico, según lo conocemos, es un evento puramente solar, es decir el movimiento del planeta alrededor del sol.  Sin embargo, el Adviento es más que nada la historia de cada uno de nosotros en el más privado y personal de los medios, el relato de nuestra vida espiritual.  Esa historia comienza y termina, y empieza de nuevo cada año con el viaje del alma a través del año litúrgico.  Ese año marca los momentos importantes en la espiritualidad cristiana, y así sucesivamente los puntos de nuestra propia vida en la misma dirección.

El año litúrgico es el año que tiene por objeto armonizar la vida del cristiano a la vida de Jesús, el Cristo.  Se propone, año tras año, sumergirnos una y otra vez en el sentido y la sustancia de la vida cristiana, hasta que, finalmente, llegamos a ser lo que decimos que somos – los seguidores de Jesús, quien es el camino hasta el corazón de Dios.  El año litúrgico es una aventura en el crecimiento humano, un ejercicio de madurez espiritual.

Ahora sé que es posible crecer físicamente cada día, pero, al mismo tiempo permanecer jóvenes espiritualmente, si nuestras vidas no son dirigidas por un esquema, sino mucho más allá de la marcha de nuestro planeta alrededor del sol.  Al igual que los anillos de un árbol, los ciclos de las fiestas cristianas tienen el propósito de marcar el nivel de nuestro crecimiento espiritual de una etapa a otra en el proceso de crecimiento humano.

Si estamos abiertos y atentos al calendario cristiano, este nos llevará cada vez más alto hacia Aquel que nos invita a unirnos con Él, libertados del Tiempo para poder llegar a ser uno con el universo y su Creador.

Aún Celebrando la Pascua

Por Scott Armstrong

¿Listos para un pequeño examen? ¿En qué periodo del calendario cristiano nos encontramos ahora?

Si respondiste “Pascua” o “Tiempo Pascual,” ¡felicitaciones! Admito que he escrito bastante sobre Adviento y Cuaresma, ambos periodos son muy importantes en nuestro caminar espiritual. Pero el Tiempo Pascual es igual de importante, aun cuando muchos de nosotros lo pasamos por alto en esta época del año.

Rich Villodas, el pastor de la Iglesia New Life Fellowship en Queens, Nueva York, recientemente escribió sobre por qué la temporada del Tiempo Pascual es importante para la Iglesia.

“Por siglos, muchos en la Iglesia han reconocido que la Pascua no solo es un evento de un día que anticipamos, y así nada más se desvanece. La Iglesia ha afirmado que el poder de la resurrección es más que un momento pasajero, sino que merece una reflexión continua.”

Mientras que la Cuaresma dura 40 días y es un tiempo de ayuno, el Tiempo Pascual tiene una duración de 50 días y ¡nos dirige hacia una vida de celebración!

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Villodas resalta tres formas en las cuales podemos enfocar nuestra atención durante este periodo constante de la Pascua.

  1. El Tiempo Pascual nos recuerda que a través de la resurrección Jesús es victorioso sobre los poderes de la muerte.

Como he escrito antes, cuando Jesús se levanta de la tumba, Él provee la destrucción y undominio efectivo sobre los poderes del pecado, la muerte y la tumba. Sin embargo, la Pascua no es solamente algo lindo e importante que le sucedió a Jesús. Estamos invitados a ser parte del nuevo orden cósmico. ¡El mismo poder que levantó a Jesús de la muerte está disponible para todos aquellos que elijan seguirle!

“Es posible cantar sobre la conquista de Jesús sobre la tumba,” nos recuerda Villodas, “y al siguiente día ser cómplices de los sistemas, estructuras y hábitos que le traen gloria a los poderes de la muerte.” Esta temporada nos asegura que vivimos en una “reverberación de la resurrección” que aún continúa el día de hoy.

  1. El Tiempo Pascual nos recuerda que la vida futura de Dios está disponible para que nosotros podamos disfrutarla y expresarla al mundo.

Así como a María Magdalena le fue dicho que no se aferrara a Jesús, sino que en lugar de eso fuera y contara las buenas noticias (Juan 20:17), también somos capaces de ofrecer esperanza a todos aquellos que la necesitan desesperadamente. La Pascua no es Pascua si su mensaje no es proclamado al mundo.

El pastor Villodas lo pone de esta manera, “Probablemente no hay mejor momento que éste para orar por la sanidad sobre la enfermedad, porque la resurrección es un recordatorio de que algún día no habrá enfermedad. Probablemente no hay mejor momento que éste para trabajar por la paz, porque la resurrección es un recordatorio de que un día no habra guerras. Probablemente no hay mejor momento que éste para celebrar y festejar, porque la resurrección es un recordatorio de que nos dirigimos hacia un banquete. Así como nuestro Señor, los cristianos deben vivir del futuro. Nuestras comunidades y vidas individuales apuntan a lo que se aproxima.”

  1. El Tiempo Pascual nos llama a una vida que cultiva el gozo.

Aún estoy asombrado por el hecho de que las mujeres presentes en la tumba vacía esa primera mañana de la Pascua “salieron a prisa…con temor y gran gozo” (Mateo 28:8). Si hemos sido cristianos por muchos años, tristemente podríamos haber perdido el asombro sobre la Pascua, por no hablar de la admiración o incluso el temor. La tragedia es que la resurrección se ha vuelto un lugar común para muchos de nosotros. Y si ese es el caso, la siguiente cosa que se perderá será el gozo. En este sentido, muchos de nosotros cargamos con la actitud lúgubre y de abnegación de la Cuaresma a través del Tiempo Pascual y en los demás momentos del año.

Pero ¡la Pascua es un tiempo de celebración! ¡Él resucitó! En los días después de su resurrección, encontramos a Jesús en varias ocasiones comiendo, celebrando y regocijándose (Lucas 24:40-42; Jn. 21:9-13). Como siempre, pero especialmente en esta temporada de Pascua, ¡tenemos el privilegio de hacer lo mismo!

Villodas se pregunta si al final de la historia, la pregunta que Dios nos hará no es si nos abstuvimos del pecado. Qué pasa si la pregunta es “¿Entraste en el gozo que estaba disponible para ti?”

Esa es la invitación que Él nos ofreció durante el Tiempo Pascual. ¡Jesús está vivo! Así que ¡comamos, bebamos y, sin duda, alegrémonos!

Eligiendo Vivir en la Resurrección

Por Scott Armstrong

La Cuaresma y Semana Santa han sido muy importantes en mi vida y mi caminar espiritual a través de los años. Y no hay nada mejor que, cuando el ayuno y la solemnidad ocasionados, finalmente culminan en el estallido masivo de alegría en el Domingo de Resurrección. ¡Jesús ha resucitado! ¡No hay mejor celebración que la Resurrección!

O al menos así debería ser.

En muchas culturas, las iglesias ven un incremento en la asistencia al culto de Resurrección y muchos se visten muy elegantes. La música es viva y de alta calidad. Hay años donde pareciera que ¡el sol brillara con más fuerza en Resurrección!

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El domingo pasado, Domingo de Resurrección, no fue exactamente así en la iglesia que mi esposa y yo pastoreamos. Servimos como misioneros en República Dominicana y somos pastores (voluntarios) de una pequeña iglesia en un barrio ubicado en los alrededores de Santo Domingo. Habíamos estado hablando sobre los servicios de Semana Santa, durante varias semanas, especialmente sobre el Domingo de Resurrección. Habíamos preparado a nuestro equipo de liderazgo para el importante día, ¡y la celebración estaba lista!

O eso pensamos.

Llegamos temprano y había olvidado las llaves del pequeño edificio de concreto. Normalmente esto no es un problema. Pero este día dos de los laicos, quienes siempre llegan temprano para limpiar y arreglar, no estaban ahí. Después de algunas llamadas y de que nuestro hijo de 15 años tuviera que correr un par de cuadras para conseguir la llave, nos encontrábamos barriendo y limpiando las sillas, cinco minutos antes de que iniciara el servicio.

No es que hubiera mucha gente esperando incómodamente para entrar. Semana Santa es una semana de vacaciones en gran parte de Latinoamérica y la mitad de nuestra congregación estaba fuera de la ciudad. Cuando tienes una iglesia de 45, esto se nota fácilmente. Para cuando inició el servicio, la mayoría éramos niños y algunos adultos somnolientos. ¡Jesús está vivo! Pero ¿y nosotros?

El líder que estamos entrenando para ser el futuro pastor predicó bien, pero el sermón tenía más que ver con el Día del Padre en vez del Día de Resurrección. El Día del Padre se celebra en dos meses.

Tal vez tú eres mejor que yo. Quizá no dejas que nada de esto te afecte. Pero para mí esto ha sido un distractor y me hace sentir desanimado. ¡Qué desalentador! ¡Gente, se supone que estamos celebrando la Resurrección!

Para ser honesto, por mi propia cuenta, estaba adormilado. Necesitaba una Resurrección tanto como cualquiera.

Empezamos a leer el pasaje en Lucas.

“Y hallaron removida la piedra del sepulcro…”

“¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”

“No está aquí, sino que ha resucitado.”

Con cada frase familiar, mis ojos empezaron a abrirse en asombro de lo que Dios está haciendo en nuestro medio.

La jovencita de sexto grado con quien estaba compartiendo mi Biblia, estaba siguiendo con interés la lectura. Ella no quería leer nada cuando la conocimos en la Escuela Dominical hace dos años.

El estudiante universitario dirigiendo la adoración estaba haciendo un tremendo trabajo. ¡Él de verdad cree lo que estaba diciendo y cantando!

Oye, esta es la cuarta vez consecutiva que José llega al culto; Dios debe estar haciendo algo en su vida.

La evidencia de la vida estaba alrededor de mí. ¿Baja asistencia? ¿Niños inquietos? ¿Mensaje con un tema distinto? ¡No importa! Cristo salió de la tumba ¡y eso cambia todo!

La próxima semana puedo asegurarte que habra muchas cosas que saldrán mal antes, durante y después de nuestros servicios. Pero elijo vivir en la realidad de la Resurrección. Todas esas cosas son irrelevantes comparadas con nuestro Señor, quien triunfó ¡sobre la muerte, el infierno, y la tumba!

¿Te unes a mí en esta semana? La Cuaresma y Semana Santa han llegado y se han ido. Pero la Resurrección permanece. ¿Por qué sigues buscando entre los muertos al que vive?

 

 

María Magdalena

Por Frederick Buechner

Es al final de la historia que ella llega a estar en el centro de la escena con más claridad. Fue una de las mujeres que estuvo en el momento en el que él fue crucificado—ella había tenido más agallas que la mayoría de ellos—y también fue una de las que estuvo ahí cuando pusieron lo que quedaba de él en la tumba. Pero su momento fue ese primer Domingo por la mañana después de su muerte.

Juan es quien da el mayor detalle, de acuerdo con él todavía estaba oscuro cuando ella llegó a la tumba para descubrir que la piedra había sido removida de la entrada y que, el interior, estaba vacío. Ella corrió de regreso a donde sea que los discípulos estaban escondidos para decirles, Pedro y otro más de ellos regresó con ella para verificar su historia. Ellos se dieron cuenta que era verdad y que no había nada más que algunos trozos de tela, con los que habían envuelto el cuerpo. Entonces ellos se fueron, pero María permaneció afuera de la tumba en algún lugar y comenzó a llorar. Dos ángeles vinieron a ella y le preguntaron por qué estaba llorando, y ella respondió, “Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto” (Juan 20:13). Ella no estaba pensando en términos milagrosos, en otras palabras; ella simplemente estaba pensando que ni siquiera en su muerte lo habían dejado tranquilo, y que alguien había robado su cuerpo.

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Entonces otra persona viene a ella y le hace las mismas preguntas. ¿Por qué ella estaba llorando? ¿Qué estaba haciendo ahí? Ella decidió que el responsable tenía que haber sido alguien encargado, tal vez alguien como el jardinero, y le preguntó que si él era quien había movido el cuerpo hacia otro lugar, por favor le dijera dónde estaba para que ella pudiera acudir ahí.

En vez de responderle, él la llama por su nombre—María—y ella entonces reconoce quién era él, y aunque desde ese momento en adelante el curso de la historia de la humanidad fue cambiado en muchas maneras profundas y complejas, que resulta imposible imaginar que haya sucedido de otra manera, para María Magdalena la única cosa que había cambiado era que, por razones que ella no estaba en posición de considerar, su viejo amigo, maestro y su brazo fuerte estaba vivo otra vez. “¡Raboni!” ella gritó y estuvo a punto de abrazarle con auténtico gozo y asombro, cuando él la detuvo.

Él dijo “noli me tangere.” “No me toques” (Juan 20:17), de esta forma ella no solo fue la primera persona en el mundo con el corazón paralizado por un segundo al descubrir que otra vez estaba vivo mientras pensaba que ya estaba absolutamente muerto, también fue la primera persona con el corazón un poco roto al darse cuenta que ya no podría tocarlo, que no habría más una mano qué la sostuviera cuando la vida fuera difícil, un hombro para llorar, porque la vida en él ya no era más una vida que ella pudiera concebir a través de tocarle, con ella aquí y él allá, sino una vida que ella solo podría concebir a través de vivirla: con ella aquí—la abusada y quebrantada—y con él aquí también, vivo dentro de su vida, para levantarla también de los escombros de todo lo que estaba arruinado y muerto en ella.

Mientras tanto, él dijo que tenía mucho por hacer y recorrer, y también ella, la primera cosa que hizo fue regresar a los discípulos para contarles. “He visto al Señor,” ella expresó, y cualquier oscura duda que ellos tuvieron antes sobre el tema, una mirada a su rostro fue suficiente para desaparecerla como la niebla de la mañana.

*Publicado originalmente en Peculiar Treasures y después en Beyond Words.

La Cruz Todavía está Ahí

Por Scott Armstrong

Junto al resto del mundo ayer vi cómo la Catedral de Notre Dame en París, Francia se incendió. La indecible tragedia se volvió clara mientras la famosa aguja de su torre se desplomó hasta el suelo. Millones de personas acertadamente lamentaron tan horrenda pérdida, y los intentos de recaudar fondos para renovar la catedral afortunadamente están dando fruto, aunque el costo total de la renovación será muy elevado.

Entre los escombros, las fotos empezaron a mostrar el impacto del fuego. Una en particular, por Reuters’ Philippe Wojazer, impactó a varios de nosotros. Muestra el altar dentro de Notre Dame, con humo subiendo de las ruinas. Pero, como muchos señalaron en Twitter y otros lugares, los ojos de los espectadores no fueron atraídos primeramente hacia las brasas rojas y anaranjadas de las cenizas. El símbolo preeminente levantándose de los escombros es una cruz dorada. Después de toda la devastación y pérdida, la cruz todavía está ahí.

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No soy el primero en escribir sobre este simbolismo y seguramente no seré el último. Pero el hecho de que ocurriera durante Semana Santa, no pasa desapercibido por muchos de nosotros. En un mundo que proclama que en Europa y otras partes el cristianismo es anticuado y nada más que una reliquia tierna, los seguidores de Cristo proclaman que esta semana y siempre la muerte de Jesús en la cruz todavía es efectiva para cambiar vidas. De hecho proclamamos que, en un mundo en llamas, Dios todavía está trabajando.

¿Lo proclamamos?

Cada año hago un llamado a las personas a reflexionar en el camino de nuestro Señor hacia la cruz durante Cuaresma. Y cada año recibo críticas de diferentes líderes y miembros de la iglesia. “¡La Cuaresma es católica, no evangélica!” Sé que una parte de esto es cultural, de acuerdo con los países donde ministramos, y no quiero menospreciar eso. Pero me niego a permitirme a mí mismo o a mi familia a pasar por alto el Viernes Santo para llegar al Domingo de Resurrección.

Por lo tanto, especialmente durante Cuaresma, he predicado muchas veces sobre la cruz y el sacrificio de Cristo. En algunas ocasiones, he tenido cristianos viniendo a mí al final diciéndome, “¿Por qué predicas de la cruz? Ya la cruz no está ahí; lo que importa es la tumba vacía.” Ahora bien, ¡yo soy un defensor de predicar y vivir la realidad de la resurrección! Sin embargo, no hay tumba vacía sin una cruz. No hay una corona de gloria sin una corona de espinos.

Aunque enfocarnos en un símbolo de castigo capital antigua nos hace sentir incómodos, la verdad permanece. La cruz todavía está ahí, nos guste o no.

Quizá esa es la razón por la que el apóstol Pablo dijo que Cristo crucificado es “para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura” (1 Co. 1:23). En medio de los escombros, esta representación de la muerte declara vida sobre nosotros. En medio de la destrucción, este símbolo de escarnio y desprecio nos trae esperanza.

Esta semana, mientras nos unimos a Jesús en su camino a través del Getsemaní, el Gólgota, y después, sí, la mañana de la Resurrección, quizá una imagen de la catedral de Notre Dame en llamas pueda acompañarnos.

Aunque algunos digan que es obsoleto,

Aunque otros sientan incomodidad al hablar de ello,

La cruz todavía está ahí.

 

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