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En Memoria de Harmon Schmelzenbach III

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Hace una semana compartí el impacto que tuvo el misionero nazareno, Harmon Schmelzenbach III, en mi vida, y específicamente en mi llamado misionero. Hoy quiero compartir un artículo publicado por NCN News que honra la memoria de este gran hombre de Dios. 

A los 12 años, Harmon Schmelzenbach III habló con el evangelista swazi Joseph Mkwanazi en una reunión de campamento en Endingeni, Swazilandia. Más tarde, Harmon compartió que esta conversación confirmó su llamado a ser pastor y misionero como su padre y su abuelo. Pasaría los siguientes 13 años preparándose para este trabajo.

Harmon Schmelzenbach III nació en Nampa, Idaho, en 1935. Sus padres, Elmer y Mary, estaban a punto de convertirse en misioneros en Swazilandia, donde se crió Elmer. Ellos llevaron a Harmon a África cuando tenía solo unas pocas semanas de nacido.

Pasó sus primeros años de infancia en Swazilandia. Cuando tenía 11 años, él y su hermana Marilyn comenzaron a asistir a un internado en la República de Sudáfrica. El internado fue una experiencia común para muchos niños misioneros. En su caso, la escuela se encontraba muy cerca de sus padres lo que les permitía regresar a casa algunos fines de semana.

En 1952, Harmon regresó a Nampa y se matriculó en Northwest Nazarene College. Conoció a Beverly, quien era dos años más joven, y se casaron mientras eran estudiantes. Después de graduarse, fungió como pastor en el área hasta que Beverly completó su carrera.

Recibieron su asignación para ir como misioneros a la República de Sudáfrica en 1960. Su primera asignación fue entre las personas pedi del Transvaal del Norte. Más tarde, Harmon comentó que las personas pedi hablaban “un lenguaje difícil y gutural que no había podido aprender de niño”.

Al año siguiente, se mudaron a Blouberg, la estación nazarena más al norte de la República de Sudáfrica. El terreno accidentado del área requería un jeep para viajar. África meridional siguió siendo su campo de trabajo durante un cuarto de siglo.

Estaban, hasta cierto punto, sobre los hombros de dos generaciones de predecesores misioneros. Su abuelo, el primer Harmon Schmelzenbach, abrió las misiones Nazarenas originales en Swazilandia, Sudáfrica y Mozambique a principios del siglo XX. Sin embargo, después de medio siglo en África, los nazarenos apenas habían llegado más allá de su base en el sur.

A fines de la década de 1970, había una creciente sensación de que la expansión a África occidental y oriental estaba atrasada. La implementación de estas iniciativas requeriría un liderazgo empresarial, y Harmon había demostrado precisamente esto.

En 1971, tomó la iniciativa personal para registrar la Iglesia del Nazareno en Botswana. En 1977, él y Beverly se mudaron a Namibia para construir un nuevo distrito allí. Permanecieron allí hasta 1984.

En ese momento, el Departamento de Misión Mundial eligió a Harmon para guiar la expansión de la Iglesia del Nazareno a una nueva área. Se convirtió en el primer director del Área East Africa. Se mudaron a Kenia, compraron propiedades en Nairobi y comenzaron a dirigir estrategias que llevaron a la apertura de nuevas misiones e iglesias en Tanzania, Uganda, Ruanda y Zaire.

En Kenia, Harmon estableció una escuela para capacitar a predicadores, pero soñó con algo más grandioso: una universidad cristiana para África oriental. Su planificación inicial sentó las bases para que otros construyeran Africa Nazarene University, que la Asamblea General y el gobierno de Kenia autorizaron en 1993, que luego abrió en 1994.

“El Dr. Harmon Schmelzenbach eligió personalmente el terreno en el que se asienta la universidad, lo reclamó para Dios y la Iglesia del Nazareno por la fe en la oración y luego organizó la compra del terreno. Hoy en día, el edificio que alberga la administración de la universidad lleva su nombre, el Edificio Harmon Schmelzenbach “, dijo Stanley M. Bhebhe, vicerrector de Africa Nazarene University.

Para entonces, los Schmelzenbach habían estado en Addis Abeba durante dos años, siendo pioneros en el trabajo nazareno en Etiopía y Eritrea. Un régimen marxista había cerrado Etiopía a cualquier obra protestante durante casi dos décadas, pero el régimen había cambiado. Etiopía demostraría ser un campo productivo.

En 1994, Harmon fue nombrado “Misionero Multifacético” y comenzó a viajar por muchas partes, a predicar en convenciones y asambleas, a crear conciencia misionera entre los nazarenos en general al volver a contar historias familiares de África.

Harmon y Beverly se jubilaron en 2001, estableciendo su hogar en Clearwater, Florida, pero contribuyeron a las misiones incluso durante su jubilación. El director regional de Eurasia en ese momento, Franklin Cook, les pidió que capacitaran a nuevos líderes nazarenos en Hungría, y vivieron, sin queja, en una habitación pequeña en Budapest por una temporada.

Harmon Schmelzenbach III falleció el 2 de enero de 2019 a los 83 años. Le sobreviven su esposa, sus tres hijos y sus nietos.

Este artículo fue publicado originalmente en: NCN News.

Evangelización Urbana – Parte 2 de 2

*Esta es la continuación del artículo publicado en la entrada anterior.

Debemos ser una presencia continua en nuestra ciudad.

Jeremías continúa su profecía y les dice a los israelitas que casen a sus hijos y que se multipliquen. Estamos hablando de un impacto generacional en la ciudad – nuestro evangelismo debe producir transformación y cambio que serán visibles a las generaciones en la ciudad.

Para impactar generaciones a través de métodos evangelísticos, debemos abrazar una postura que desafíe los sistemas sociales de hoy en día. Debemos empezar a conocer a los jóvenes que están siendo invitados por las pandillas en nuestros vecindarios, a los niños que están siendo forzados y utilizados en la trata de personas, a las familias rotas que están buscando sanidad en el alcohol y las drogas. Vamos a tener que ensuciarnos las manos. El evangelismo urbano no es fácil – es desgarrador. Cuando empecemos a ver a las personas que NECESITAN las buenas noticias de Jesús, empezaremos a responder diferente a esos ambientes.

Hace poco hablé con algunos plantadores de iglesias urbanas que se encuentran en un área que está llena de edificios de apartamentos. Me contaron acerca del edificio en el que ellos se sienten más cómodos – el edificio donde la pandilla del vecindario está a cargo de quién entra y quién sale. Al principio, ellos estaban nerviosos cada vez que pensaban en ir a ese edificio. Pero como ahora ellos son conocidos por los vecinos como “buenas personas que están sirviendo a Dios,” la pandilla les protege. Sonrío al pensar en el día cuando escuchemos que los miembros de la pandilla han rendido sus vidas a Cristo, y que ellos empiezan a ver cambios sociales y generacionales en sus vidas.

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Debemos orar por nuestra ciudad.

Quizá la instrucción más evidente que podemos tomar de Jeremías es: procuren la paz de la ciudad y rueguen por ella.

Orar por la ciudad es una de las partes más importantes del evangelismo urbano. Las fuerzas espirituales que están trabajando en la ciudad, están luchando cada día, y cada vez que pisamos su territorio estamos participando en una guerra espiritual. Debemos orar y de verdad anhelar el SHALOM, el bienestar holístico, de nuestra ciudad. Y para orar eficazmente, debemos conocer profundamente nuestra ciudad. Necesitamos conocer sus ritmos, sus heridas, y su gente.

Dios ya está trabajando en la ciudad, y la oración es nuestra conexión con él y con su trabajo. Cuando nos comprometemos con la oración pidiendo paz para la ciudad, Dios empieza a guiar nuestro camino hacia los encuentros diarios que Él quiere que tengamos, y Él sustituye el miedo por el amor. Será entonces cuando, en lo supuestamente mundano y secular, Dios nos use para evangelizar: para traer sus buenas noticias a la gente de nuestra ciudad.

El evangelismo en la ciudad no se trata de la técnica más nueva o más grande (¡ojalá fuera así de fácil!). El evangelismo urbano está basado en crear relaciones interpersonales que sean estratégicas e intencionales. Y, simplemente, eso lleva tiempo. Si estás siendo llamado al evangelismo urbano, estás siendo llamado a una visión de largo plazo. Considera mudarte a un vecindario donde ves que Dios ya está trabajando. Pasa tiempo con personas en sus lugares de trabajo y tiempos de entretenimiento. Conoce a las personas que están involucradas en pecados sistémicos y hazte amigo de ellos. Sobre todo, ora por la paz en tu ciudad. Confía en que tu ciudad está en el corazón de Dios y que Él desea usar tu testimonio y tus interacciones cotidianas para traer paz a tu ciudad.

 

Evangelización Urbana – Parte 1 de 2

Por Scott y Emily Armstrong

La ciudad tiene todo, ¿verdad? Escuelas y universidades, hospitales y consultorios médicos, teatros y centros comerciales – la lista ¡sigue y sigue! Con más oportunidades de empleo y acceso a servicios de salud y educación, es obvio por qué la gente quiere vivir en la ciudad. Las estadísticas globales nos dicen que la Región Mesoamérica ya es URBANA. Más del 80% de nuestra gente vive en una ciudad muy poblada, y muchas de estas personas no pertenecen a la Iglesia.

Tal vez estás pensando que la evangelización en la ciudad no es diferente a la de los suburbios o áreas rurales, pero estarías equivocado. ¿Cómo hacemos discípulos de personas que viven una vida acelerada y no tienen tiempo para Jesús? ¿Cómo creamos relaciones y ganamos la confianza de alguien que trabaja 7 días a la semana? ¿Cómo se ve la esperanza en medio de la drogadicción, las pandillas y la pobreza?

Primero lo primero: Dios tiene un plan para la ciudad. Tú tienes que creer esa verdad si quieres ser un evangelista urbano exitoso. A menudo cuando pensamos en la ciudad, pensamos en los problemas que se encuentran ahí – todo, desde el tráfico, la contaminación atmosférica, los horarios atareados, hasta las pandillas. Sin embargo, debemos empezar a ver la ciudad como Dios la ve: un lugar de influencia, donde la justicia y la paz se pueden obtener. Imaginemos por un minuto la visión revelada a nosotros en Apocalipsis 7:9-10,

“Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.”

Este pasaje se desarrolla en ¡la CIUDAD de SION! La historia infinita de Dios continúa para siempre EN UNA CIUDAD. ¡Nos reuniremos con cada nación, tribu y lengua, y alabaremos a Dios para siempre! ¿No es interesante cómo nuestras ciudades ya se están convirtiendo en el hogar de tantas culturas al mismo tiempo? ¿Podríamos pensar que tal vez, solo tal vez, Dios ya nos está dando la oportunidad de experimentar un vistazo del cielo en el corazón de nuestras ciudades?

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Jeremías 29:4-7 es otro pasaje que nos habla acerca de Dios y su deseo de usar a su pueblo para impactar la ciudad:

“Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, a todos los de la cautividad que hice transportar de Jerusalén a Babilonia: Edificad casas, y habitadlas; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos. Casaos, y engendrad hijos e hijas; dad mujeres a vuestros hijos, y dad maridos a vuestras hijas, para que tengan hijos e hijas; y multiplicaos ahí, y no os disminuyáis. Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz.”

Este pasaje nos ofrece tres principios que debemos tener en mente al evangelizar en la ciudad:

Debemos vivir en nuestra ciudad para amar nuestra ciudad.

Debemos ser una presencia continua en nuestra ciudad.

Debemos orar por nuestra ciudad.

Debemos vivir en nuestra ciudad para amar nuestra ciudad.

Jeremías les dice claramente a los exiliados de Jerusalén (quienes por cierto eran ¡habitantes de una ciudad!) que “edifiquen casas y las habiten…” Él no les dice que disfruten de un breve descanso ahí o que lo vean como un destino turístico temporal. Él les dijo que habitaran ahí.

Recientemente estuve en un taller escuchando a plantadores de iglesias urbanas quienes contaron sus experiencias, y uno de ellos dijo, “Si tú te estás transportando a la ciudad, significa que trabajas ahí, no que te preocupas por el vecindario.” Él se refería a que la ciudad es un ambiente acelerado, de ir y venir, para tanta gente que solo está ahí por 10 horas durante una jornada laboral. ¿Pero las personas que VIVEN en la ciudad? ¡Ellas siempre están ahí! Las decisiones que son tomadas por el gobierno local afectan sus vidas personales, los sistemas educativos moldean a sus hijos, la falta de transporte público ahí afecta su capacidad de empleo.

¿Cómo es que vas a preocuparte por todas las dinámicas de la ciudad si no vives ahí? Muchas veces vemos el evangelismo como una tarea por cumplir, pero este modelo no funcionará en la ciudad. Si solamente estás llegando a la ciudad para evangelizar de vez en cuando, los vecinos empezarán a ver tu evangelismo como TRABAJO y no como amor. Y cada vecindario es diferente: una sola ciudad puede ser el hogar de cientos de comunidades diferentes quienes tienen su propia cultura y oportunidades. Por lo tanto, es muy importante vivir en el lugar donde estás evangelizando, porque son las interacciones cotidianas las que hablan más fuerte.

Puesto que la vida se mueve tan aceleradamente, nuestras relaciones en la ciudad son típicamente construidas alrededor de actividades económicas. A menudo compramos nuestra comida mientras vamos al mismo supermercado, y así llegamos a conocer a los empleados locales. Vamos a un evento deportivo y conocemos a otros compañeros aficionados que tienen intereses similares. Disfrutamos la comunidad de un centro comercial local y entramos en contacto con otros quienes también están disfrutando de entretenimiento gratuito. Cada día, nuestras interacciones con otras personas son numerosas, pero convertirlas en un encuentro intencional es la clave para hacer evangelismo en la ciudad. Un contacto – o incluso una docena de contactos – no necesariamente permiten una relación duradera. Debemos vivir en la ciudad, lo que nos permite vivir la vida con nuestros vecinos, y que abre la puerta para conversaciones espirituales más profundas y para un evangelismo continuo a través de nuestro testimonio cotidiano.

 

*Este artículo continuará en la próxima entrada

Harmon Schmelzenbach III: Un Legado Misionero

Hace algunos días la Iglesia del Nazareno alrededor del mundo fue informada del fallecimiento de Harmon Schmelzenbach III, el 2 de enero de 2019. NCN News publicó un obituario digno de Harmon, el cual ciertamente debe ser leído por cualquier nazareno que quiere familiarizarse con misiones en nuestra denominación.

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Nunca conocí formalmente a Harmon III, aunque he ministrado junto a su hijo, Harmon IV, y su nieto, Quinton, en diferentes contextos en los últimos años.  Sin embargo, sin conocerme, Harmon III hizo un impacto en mi vida.

Crecí siendo parte de la Iglesia del Nazareno Central en Lenexa, Kansas, EEUU. Frecuentemente teníamos de 8 a 10 misioneros por año predicando en nuestros servicios (nota al margen: no puedo entender cuando las iglesias que reciben uno o dos misioneros por año se quejan de “tener muchos misioneros”). Todos fueron importantes en la construcción del fundamento de lo que después reconocería como el llamado misionero de Dios sobre mi vida, aunque no puedo decir que muchos fueron memorables per se. 

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Quinton y Harmon Schmelzenbach IV han continuado el legado de misiones de su familia.

¡Harmon Schmelzenbach III fue la excepción! Como adolescente, recuerdo sus historias atravesando el paisaje africano para predicar el evangelio a nuevas aldeas y grupos de personas. Recuerdo algunos de los peligros de la vida silvestre que él encontró en esos viajes. Para el momento en que él nos dijo tuvo que cruzar el cuarto río, miré mi reloj y me di cuenta que literalmente había predicado por ¡una hora y 45 minutos! Eso podría parecer impactante, pero lo que me asombra más es que a esa edad ¡ni siquiera me había dado cuenta del tiempo transcurrido! Él tenía a todo nuestro grupo de jóvenes (y el resto de la congregación) capturados por su pasión evangelística y habilidad para contar la historia de misiones y de Dios mismo.

Evidentemente, cuando Dios me llamó cinco o seis años después para ser misionero, estaba listo. No fue algo inesperado. Si Dios me estaba llamando para ser como Harmon, mi respuesta sería un “sí” inmediato. Y ahora, he ministrado transculturalmente por 16 años, veo cómo he sido influenciado por este “gigante de la fe” tanto en el campo y mientras comparto con iglesias durante la gira misionera.

Las misiones han cambiado en las últimas tres décadas, desde entonces, y ahora, más de nosotros vivimos como misioneros en centros urbanos grandes y estratégicos. Muchos de nosotros no tendremos que cruzar muchos ríos ni ahuyentar serpientes venenosas a cada paso. Pero la pasión por compartir las buenas noticias de Jesucristo nunca debe menguar. Harmon III aprendió de sus padres y abuelos, y lo transmitió a las futuras generaciones de Schmelzenbachs. Y también me lo transmitió a mí.

 

Iglesia Vida Real en Quito, Ecuador

Algunos de nuestros amigos y colegas de ministerio han plantado una nueva iglesia en el corazón de Quito, Ecuador. Hace algunas semanas compartieron cómo han sido sus primeros meses, sus estrategias y filosofía en un artículo publicado por Ardeo Global. ¿Qué es lo que notas acerca de su enfoque? ¿Podría esto funcionar en tu ciudad?

¡Saludos desde Quito, Ecuador! Nuestro equipo comenzó el trabajo de plantación de iglesias con un primer servicio en septiembre, 2018. El nombre de nuestra iglesia, Iglesia Vida Real, refleja nuestra misión para mostrar cómo el mensaje del evangelio y del amor de Jesucristo provee soluciones de la vida real a problemas de la vida real. Yo creo que esa es la meta de cada iglesia, pero nuestro enfoque puede nublarse con nuestras logísticas de iglesia, y podemos empezar a enfocarnos en el mantenimiento de un edificio o templo y sus programas. Nuestro equipo está buscando plantar una iglesia desde una filosofía diferente. Hemos estudiado el ministerio de Jesús y hemos encontrado que Él pasó la mayoría de su tiempo ministrando a personas no religiosas fuera de edificios religiosos. Nuestra meta es liberarnos de tradiciones no bíblicas para enfocarnos en lo que de verdad importa: amar a las personas como Jesús lo hizo.

¿Y, cómo se ve eso? Lo más notorio, no nos reunimos en un templo. Queremos que nuestra área de influencia no sea restringida por la ubicación geográfica de nuestra iglesia, queremos ser libres de la distracción del trabajo y los recursos requeridos para mantener un edificio de iglesia, y queremos que las personas que nunca se sentirían cómodas entrando a una iglesia se sientan bienvenidas. Nuestra meta, eventualmente, es tener varios puntos de enseñanza en toda la ciudad para que cada persona nueva que conozcamos pueda asistir a un servicio de adoración y estudio bíblico cerca de donde ellos viven.

Actualmente nos estamos reuniendo en un lugar realmente agradable cerca del centro comercial de Quito. Es un área de cómida rápida con un área central para conciertos y otros eventos. También tiene un área de juegos y un área separada donde los niños se pueden reunir. El dueño de este lugar nos está permitiendo realizar nuestros eventos ahí ¡totalmente gratis! Hasta ahora hemos tenido un servicio de iglesia ahí, e hicimos lo mejor que pudimos para que se sintiera verdaderamente como una celebración. Tuvimos música alegre, globos y hasta confeti. Al final del servicio, el Pastor Josué cerró con una oración pero no cerró los ojos, así que la gente se sorprendió un poco cuando se dieron cuenta de que él estaba orando. Pero ¿por qué no hablar con Dios como si estuviera ahí con nosotros, si sabemos que es así? En las grandes cosas, y en las pequeñas cosas, queremos momentos como ese en nuestra iglesia. Queremos llegar a la raíz de por qué hacemos las cosas y desafiar las ideas de las personas acerca de lo que es la iglesia. Simplemente queremos ser las manos y los pies de Cristo, amando y sirviendo a las personas de Quito incondicionalmente.

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¿Cómo vamos a servir y conocer exactamente las necesidades de las personas aquí? Primero tenemos que saber cuáles son las necesidades, y para hacer eso tenemos que comenzar por conocerles a ellos. Quito es la capital de Ecuador y en muchas maneras es muy moderna. Hay un gran centro lleno de negocios y personas viviendo un estilo de vida metropolitano. Hasta ahora hemos encontrado que muchos de los problemas de las personas son muy similares a los de la gente en Estados Unidos: los matrimonios necesitan ayuda, los adolescentes necesitan guía sobre lo que hacen con sus vidas, y es difícil para las familias pasar tiempo de calidad juntos en medio de las demandas de la vida diaria. Sin embargo, Ecuador es también un país con una economía en desarrollo donde muchas personas enfrentan el desempleo y luchan para simplemente proveer para sus familias. Los problemas con drogas y los embarazos adolescentes van en aumento, el crimen hace que sea peligroso estar afuera después de que oscurece, y los refugiados venelozanos aquí enfrentan un racismo flagrante cada día.

En un principio, cuando comenzamos a planear nuestras estrategias de alcance, esperamos que pudiéramos alcanzar a las personas en el área de Quito que es moderna, post-cristiana y enfocada en los negocios; y basados en la ubicación de nuestro primer punto de enseñanza definitivamente tendremos oportunidades de ministrar a ellos. Sin embargo, en nuestras interacciones del día a día hemos encontrado personas de todos los ámbitos sociales con varias necesidades, tanto espirituales como físicas.

La necesidad de esperanza y amor es universal; no discrimina entre diferencias socioeconómicas, y nosotros tampoco lo haremos en nuestros esfuerzos por alcanzar a cualquiera que esté listo para escuchar del inmenso amor que Dios tiene para ellos, ya sea que eso resulte en desarrollar un seminario para matrimonios o pagar para que alguien que no puede pagar por sí mismo pueda ver a un médico especialista. Nuestro desafío diario es mantenernos flexibles y abiertos hacia dónde y hacia quién Dios nos está dirigiendo.

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Este artículo fue publicado originalmente en Ardeo Global.

Navidad Desde la Eternidad

Por Hiram Vega

Los evangelios cuentan el nacimiento del Mesías prometido, situándolo en el contexto del pueblo Israelita, con detalles históricos y presentando largas genealogías para probar que era un legítimo descendiente del rey David. Sin embargo, el libro de Juan recorre la cortina del tiempo y nos cuenta una historia que inicia en la eternidad:

En el principio la Palabra ya existía. La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.

El que es la Palabra existía en el principio con Dios.

Dios creó todas las cosas por medio de Él, y nada fue creado sin Él.

La Palabra le dio vida a todo lo creado, y su vida trajo luz a todos.

Juan comienza su historia estableciendo y afirmando la divinidad de Cristo Jesús.

“En el principio…”  Nos habla de su eternidad.

“…estaba con Dios…” Nos dice que es parte de la Trinidad.

“…la Palabra era Dios.” Confirma que Jesús es Dios.

“Todas las cosas por medio de Él fueron creadas.” Afirma que la creación es obra suya.

¡Qué perspectiva tan emocionante! Aquel que es la luz verdadera, quien da luz a todos, venía al mundo. Los antiguos adoraban al sol, ya que sin su luz no habría vida en la tierra. No concebían un mundo sin sol, pero Juan presenta a alguien infinitamente más grande que la creación: el Creador del sol, la luna y las estrellas. Él, la Palabra, se había hecho hombre y venía a vivir entre nosotros.

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Ante semejante revelación, cualquiera hubiera asegurado que el mundo estaría expectante por su llegada, agradecido por su presencia entre nosotros. Sin embargo, la realidad fue diferente. Vino al mismo mundo que Él había creado, pero el mundo no lo reconoció. Vino a los de su propio pueblo, y hasta ellos lo rechazaron.

Los religiosos no lo reconocieron, la mayoría del pueblo no lo identificó. ¿Terminó todo allí? Por supuesto que no.  ¡La luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad jamás podrá apagarla!

Hubo otros que sí vieron su luz y confiaron en Él. Por eso, a todos los que creyeron en Él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios.

La historia de salvación no ha terminado, la luz verdadera sigue alumbrando, y hay muchos Portadores de la luz llevándola a lugares de densa oscuridad. Algunos la rechazan, mas otros la aceptan. Las tinieblas no pueden extinguir la luz. Los portadores de luz son hombres, mujeres, ancianos, jóvenes y niños que en todo lugar y en todo momento proclaman las obras maravillosas de Aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.

¡Sigamos alumbrando a nuestro mundo con la luz de Cristo!

 

 

No Morirás sin Antes Verlo

Por Hiram Vega

Profetas, sacerdotes, reyes y plebeyos; esperaron por siglos la llegada del Mesías. 

Una pregunta constante era ¿cuándo vendrá el Mesías? el Ungido de Dios que acabará con todas las desgracias del pueblo de Dios. Habían pasado ya 400 años del profeta Malaquías y Dios no hablaba más. 

Bueno, sí hablaba, pero con unos pocos escogidos. Parecía que uno en particular, un enigma llamado Simeón, tenía línea directa al cielo. ¿Qué persona tan importante podría ser para que Dios mismo le indicara lo que iba a pasar? Humanamente hablando, su importancia era nula. Era un anciano común, con un nombre más común aún, desconocido para todos, pero conocido y respetado en el Cielo. Su carácter era del mismo calibre que el de José y María. El evangelio dice que era un hombre justo. No solo eso, era un buscador sincero de Dios. El Cielo toma nota y Dios derrama su Espíritu Santo sobre él. ¿No se supone que el Espíritu Santo vino en Pentecostés? Dios dice en Jeremías 29:13, Me buscarán y Me encontrarán, cuando Me busquen de todo corazón.”

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A este anciano del que no sabemos casi nada, el Espíritu Santo le confirma que no moriría hasta que viera al Ungido del SEÑOR. Esas son estupendas noticias para alguien que ha estado esperando ver el cumplimiento de las profecías de antaño.

Hoy día los cristianos esperamos el Regreso del SEÑOR y nadie sabe el día ni la hora de su segunda venida. Pero Simeón sí estaba enterado de su primera venida. Llegado el momento el Espíritu Santo lo guía al templo justo a tiempo para encontrar a un humilde carpintero de Belén y a su esposa presentando a su recién nacido. En la tierra no hubo fanfarrias ni coros ni homenajes reales que resaltaran ese momento, y sin embargo el Cielo daba a un anciano adorador un privilegio anhelado por Reyes y Profetas: ser el primero en reconocer al Mesías.

Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios diciendo:
«Ahora, Dios mío, puedes dejarme morir en paz. »¡Ya cumpliste tu promesa! »Con mis propios ojos he visto al Salvador, a quien tú enviaste y al que todos los pueblos verán. »Él será una luz que alumbrará a todas las naciones, y será la honra de tu pueblo Israel.»

Hoy día, el pueblo sigue habitando en tinieblas. Millones no conocen la salvación del SEÑOR. Hoy Dios sigue hablando a sus Simeones, hombres y mujeres cuya prioridad es conocer a Dios y darlo a conocer. Los corazones de ellos anhelan que más gente sea salva, hasta que toda la tierra sea llena de la gloria del conocimiento de Dios, como las aguas cubren el mar.

 

 

Nos Visitó la Aurora

Por Hiram Vega

De todos los nombres de Jesús, uno poco mencionado es La Aurora, o Nuevo Amanecer, una luz rojiza suave que antecede al sol. Es el preludio de un nuevo día.

En el capítulo 1 de su evangelio, el Dr. Lucas nos cuenta que Dios visitó a un sacerdote llamado Zacarías, que tenía su casa en una población de las montañas de Judá. Su esposa, Elizabeth, también pertenecía a la familia sacerdotal de Aarón.  Zacarías y Elizabeth eran justos a los ojos de Dios y cuidadosos en obedecer todos los mandamientos y las ordenanzas del Señor. No tenían hijos porque Elizabeth no podía quedar embarazada, y los dos eran ya muy ancianos.

¿Por qué Dios escogería a un sacerdote pueblerino, anciano y sin hijos, para ser parte fundamental de la obra de salvación? Tal vez la respuesta la da el apóstol Pablo al escribir:

“Dios eligió a los que, desde el punto de vista humano, son débiles, despreciables y de poca importancia, para que los que se creen muy importantes se den cuenta de que en realidad no lo son” (1 Cor. 1:28 TLA). ¡Dios sigue llamando a jóvenes y viejos para ser sus portavoces! ¿Has escuchado el llamado de Dios?

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A los sin hijos, Dios les dijo que serían padres del profeta más importante de todos, Juan el Bautista, el escogido para preparar el camino del Salvador. Tan grande es esta revelación que Zacarías no puede creerla, y queda mudo por un tiempo. Me gustaría decir que yo sí le hubiera creído a Dios, pero la verdad es que muchas veces le creo más a las circunstancias que a Dios, le creo más a mis finanzas que a Dios, y le creo más a mis síntomas que a Dios. Necesito un jalón de orejas divino para disipar la duda y fortalecer mi fe.

Cuando Zacarías ve nacer a su hijo, lleno del Espíritu Santo profetiza (Lucas 1:76-79 NTV):

Y tú, mi pequeño hijo, serás llamado profeta del Altísimo, porque prepararás el camino para el Señor. Dirás a su pueblo cómo encontrar la salvación mediante el perdón de sus pecados.
Gracias a la tierna misericordia de Dios, la luz matinal del cielo está a punto de brillar entre nosotros, para dar luz a los que están en oscuridad y en sombra de muerte, y para guiarnos al camino de la paz.

Hoy día los profetas del Altísimo proclaman estas mismas buenas nuevas. Estos mujeres y hombres, jóvenes y viejos, ricos y pobres, educados y sin educación llevan la luz de Cristo a todos los que están en oscuridad en todo lugar, ciudad y colonia.

Y tú, ¿cómo aprovecharás esta temporada para anunciar el Nuevo Amanecer?

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