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Absolutamente Nada

“Y estoy convencido de que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios. Ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios,[a] ni nuestros temores de hoy ni nuestras preocupaciones de mañana. Ni siquiera los poderes del infierno pueden separarnos del amor de Dios” (Romanos 8:38 NTV).

Debe haber algo en tu mente–un pecado, una mala decisión, el rechazo de alguien, o una prueba en particular–es algo que te hace sentir como si el Padre no te amara o no te pudiera amar. Sin embargo, una vez que crees en Jesús como tu Señor y Salvador, NADA puede separarte de su amor. Ni la gente. Ni las circunstancias. Ni los ángeles, ni los demonios, ni todo el ejército del enemigo. ABSOLUTAMENTE NADA, mis amigos.

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El Salmo 34:18 es claro, “El Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; él rescata a los de espíritu destrozado.” Así que, cuando te sientes indigno o derrotado, es cuando el Padre está más cerca, empujándote tiernamente para que regreses a Él.

El movimiento más peligroso que puedes hacer es resistir su amor. Así que busca su rostro hoy. Confiesa tus fallas. Pídele que te enseñe. Agradécele por invitarte a volver. Luego alaba su santo nombre y ámalo con todo tu corazón. Disfruta siempre de su amor en su presencia.

*Este mini-devocional fue escrito para la aplicación de la Juventud Nazarena Internacional (JNI) de la Región Mesoamérica. Les animamos a descargar y usar esa app, a través de la cual se estarán compartiendo pensamientos devocionales cortos como éste (escritos por varios líderes).

Olvidando sus Beneficios…

Aunque todo el mes de noviembre fue dedicado al tema de la santidad, tengo que escribir una entrada más sobre ella…

Hace seis días celebramos el Día de Acción de Gracias en nuestra casa con familia y con algunos amigos acá en Costa Rica.  Yo sé que es un día de feriado norteamericano y que no se celebra en Latinoamérica, pero para mí ha llegado a ser muy significativo.  Es un día de comer mucho, relajarse con familia, y por supuesto agradecer a Dios por todo lo que Él ha hecho.

Yo recuerdo bien cuando era niño que mi papá tenía una costumbre interesante sobre este día.  Él esperaba que toda la comida–el pavo, las papas, el pan caliente, las verduras frescas–se hubiera preparado y estuviera en la mesa.  Esperaba hasta que todos nos sentáramos alrededor de la gran mesa (o dos mesas a veces).  Y mientras olíamos y veíamos la comida deliciosa, él insistía que cada persona presente–los niños incluidos–compartiera algo por lo cual estábamos agradecidos.  Recuerdo que algunos años éramos más de veinte personas que compartíamos mientras la comida nos tentaba.  ¡Qué tortura!

Mi papá nos enseñaba algo importante.  La vida cristiana y la santidad tienen mucho que ver con dar gracias continuamente.  ¿Como podemos agradar a Dios sin agradecerle a Él? Debemos poseer una actitud de gratitud, aun cuando las pruebas de la vida nos atacan y nos deprimen.

Me encantaría decir que siempre vivo así.  Pero a veces cosas sencillas me frustran y pierdo mi gozo tan facilmente.  Me empiezo a quejar demasiado.  ¿De dónde surge este carácter ingrato? A veces quiero culpar a los israelitas que murmuraban constantamente, pero tengo que admitir que me encuentro a su lado a menudo.  ¿Luchas con esto o soy el único?

“Bendice alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios” (Salmo 103:2).

Hagamos una lista hoy de todas las bendiciones que recibimos del Señor.  Y dediquemos un tiempo a dar gracias a Él por todas y cada una de las bendiciones de las que somos conscientes, reconociendo que proceden sólo de su gracia y favor inmerecido para con nosotros.

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