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10 Cosas Que He Aprendido De La Gente Difícil

Escrito por Steve Dunmire. Trad. por Ariadna Romero

Cuando inicié en el ministerio, fui advertido que como pastor tendría que lidiar con gente difícil. La realidad es que no estaba preparado para lo venenosas que pueden llegar a ser estas personas.

He sido receptor de cartas anónimas vengativas, llamadas telefónicas de regaño en tonos violentos. He observado a mucha gente difícil literalmente salir furiosos de las iglesias en las que he servido (sin mencionar su comportamiento pasivo – agresivo, comentarios sarcásticos, chistes cortantes y cumplidos a las espaldas).

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Pero también he aprendido mucho de esta gente difícil. Aquí hay algunas lecciones que me han enseñado:

1. La Gente Difícil Tiene el Carácter Para Decir Lo Que Todos Están Pensando.

A veces, (no siempre) la gente difícil es la que te dice a la cara lo que otros solo murmuran por lo bajo. Ellos son a veces los únicos que tienen el carácter para decir lo que los demás están pensando. La gente difícil puede ser el equivalente pastoral a cuando un médico le ordena un análisis de sangre a un paciente: una forma eficiente de averiguar lo que está pasando en la sangre de la iglesia.

2. La Gente Difícil Me Ayuda A Tener La Piel Más Gruesa. 

Tratar con gente difícil es una de las formas más efectivas de desarrollar la piel gruesa que un pastor necesita para encajar en el ministerio. Quizás no haya un sustituto. Lidiar con gente difícil es a nuestras almas lo que el entrenamiento con pesas es a nuestro cuerpo, así que he aprendido a amar a la gente difícil, porque ellos me hacen más fuerte.

3. La Gente Difícil Revela Mis Inseguridades.

La gente difícil nos fuerza a enfrentar nuestras inseguridades y nuestra necesidad de ser queridos. Nos hace escoger ser firmes en algunas circunstancias en lugar de alimentar nuestra necesidad de ser aceptados. Su criticismo golpea la mentira que el Enemigo ha plantado en nuestros corazones: “Esto es lo que realmente eres, y todas las cosas bonitas que la gente te dice, es solo porque están siendo educados”. La gente difícil y los críticos en nuestra vida pueden ser como espejos carnívoros que critican una versión exagerada y distorsionada de nosotros mismos. Reconocemos inmediatamente que la imagen distorsionada no es lo que somos, y esto puede proveernos la oportunidad de ver nuestras vidas y a nosotros mismos como realmente somos. 

4. La Gente Difícil Me Hace Clarificar Lo Que Estoy Haciendo.

Justo como una cuerda desafinada en una guitarra nos hace afinar de nuevo las seis cuerdas, una persona difícil  en la iglesia puede llevarnos a clarificar todo lo que hacemos.  Nos fuerzan a hacer las cosas más claras y más precisas a causa de sus quejas y a veces, en anticipación a las quejas. En este sentido, la gente difícil hace nuestro ministerio mejor  debido a que nos fuerzan a ser claros y precisos acerca de lo que queremos hacer, y cómo lo vamos a hacer.

5. La Gente Difícil Me Muestra Que Estoy Haciendo Algo Bien.

Hay un hilo común que atraviesa cada punto de inflexión importante del ministerio, cada avance, cada éxito visible, cada vez que puedo señalar algún resultado medible, o incluso cada vez que recibo algún nivel de reconocimiento. El elemento común en cada uno de esas situaciones es la molesta presencia de la gente difícil que se opone a mí a cada paso del camino. Amo a la gente difícil porque son uno de los más confiables indicadores que he podido encontrar para saber que estoy haciendo algo bien. 

6. La Gente Difícil Crea Partidarios.

Un pastor necesita amistades significativas para poder resistir. Y en mi caso, algunos de mis más significativos amigos y colegas del ministerio han sido forjados en respuesta a la gente difícil de sus iglesias. A veces he visto a la gente hacerse mucho más partidaria mía como pastor debido a que han visto los ataques severos de los críticos. Estoy agradecido de tener muchas amistades significativas que fueron fraguadas en respuesta directa a la gente difícil.

7. La Gente Difícil Me Hace  Mejor Jefe Y Mejor Subordinado.

La gente difícil me ha ayudado a ver lo importante que es reconocer el buen trabajo, aplaudir el trabajo duro y expresar el reconocimiento. También me ayudan a ver que no se deben expresar todas las opiniones. En conjunto, me gustaría creer que soy menos crítico con aquellos que sirven por encima de mí gracias a mis experiencias con la gente difícil.

8. La Gente Difícil Me Lleva A La Oración.

Desearía que esto no fuera cierto, pero lo es. Y si la gente difícil me lleva a estar de rodillas en oración, entonces sé que son un gran regalo. A.W. Tozer escribe: “Cualquiera que se defienda a sí mismo se tendrá a sí mismo para su defensa, y a nadie más. Pero vuélvase indefenso ante el Señor y tendrá como defensor a nada menos que a Dios mismo”. La gente difícil me vuelve loco, así que me hacen arrodillarme en oración, y esa es una de las razones por las que he aprendido a amarlos.

9. La Gente Difícil No Es Un Obstáculo A Conquistar.

Escuché una vez a alguien que dio un sermón sobre Eliab, el hermano mayor de David, quien se puso furioso contra David  cuando éste  le preguntaba a los soldados sobre Goliat. El pastor señaló el hecho de que David había escogido en ese momento presionar sobre cómo derrotar a Goliat en lugar de detenerse a pelear con sus críticos.

Los críticos no son indicadores de éxito ni de fracaso, así que he elegido por adelantado pelear contra gigantes, no contra críticos. He aprendido a amar a la gente difícil porque amarlos es una opción. No quiero ser recordado como el hombre que triunfó sobre sus críticos; quiero ser recordado como el hombre que triunfó sobre gigantes.

10. Soy La Gente Difícil De Alguien.

Sé que he sido la gente difícil en la vida de alguien. A veces le parezco difícil a otras personas debido a un desacuerdo, a veces es solo por conflictos de personalidad, y a veces eso viene junto con ser una persona con liderazgo. Pero he aprendido a amar a las personas difíciles porque amarlas es una forma de hacer a otros lo que me gustaría que hicieran conmigo.

Aprender de las personas difíciles y aprender a amarlas es aún un trabajo en proceso, pero espero algún día ser capaz de amar verdaderamente a la gente difícil como Dios ama al difícil de mí. 

Listo Para Ser Usado

Escrito por Wesley Steisslinger, misionero voluntario de EEUU sirviendo en Jóvenes en Misión

Encuentro difícil compartir mi testimonio sin hablar sobre mi familia y de como han sido fielmente amorosos y siempre me han apoyado.

Mi padre es un capellán en el ejército de los estados unidos y ha vivido en una manera tal que Dios, su familia, y otros siempre han sido su prioridad. Él ha servido como un gran ejemplo de como uno debe vivir en devoción a Dios. Mi madre es una muestra y, por el trabajo de mi padre, ella ha tenido que enseñar en más de 16 diferentes lugares en los últimos 20 anos. Ella ha mostrado una extrema flexibilidad y confianza en el Señor y esto ha sido fielmente pasado a mí.

Mis padres, junto a mis hermanas, siempre me han apoyado en cualquier cosa que me he propuesto, incluyendo este llamado (que inició hace 6 años) de compartir el amor de Dios a aquellos que anhelan de él y aun no saben como llenar ese vacío y aceptar su llamado. Dios me ha dado una forma de una nueva persona devota a él en maneras que no habría imaginado.

Solía ser introvertido y silencioso sobre mi fe y de este gran amor que tengo por Dios. Pero ahora mi corazón arde por compartirlo con el mundo. Entiendo que sólo una persona no es capaz de hacer algo tan grande pero también sé que todo lo puedo hacer en Cristo que me fortalece. Confió en él y estoy listo para todo lo que él puede hacer a través de mi vida.

Pues, es todo lo que puedo dar y la doy libremente confiando en que él puede hacer más con ella de lo que yo puedo. Estoy aquí, Señor, y estoy listo para ser usado.

La Provisión Perfecta de Dios

(Por Carlos Monterroso, Asistente en Misión Mundial MAC)

Creo que la cultura Latina se deja influenciar o derribar frecuentemente por la palabra “costo” a la hora de tomar una decisión de participar o no en algún proyecto o evento, y aun para ayudar a otras personas.

En el 2004 tuve la bendición de participar en la primera Máxima Misión fuera de nuestra región, el país fue España. ¿Cómo lo hice? Sólo por la provisión de Dios. Me habían invitado a participar pero el costo era US$1,050.00 para el boleto aéreo. Yo me reí y pensé que esto lo podía reunir con mi salario en un año y medio. Así que pensé que no era una oportunidad para mí. Pero en mi corazón estaban las ganas de ir y un sentimiento de que Dios quería que estuviera allí. Nunca dije nada a nadie, pero el sentimiento aumentaba con cada día.

Así que después de dejarlo todo en manos de Dios justo 15 días antes de la partida, hablé con mi pastor y él me dio indicaciones para recoger ofrendas en la iglesia y luego compartí esto también con familiares y amigos. ¡Finalmente en un lapso de una semana recaudé US$200.00 más de lo que necesitaba llevar! Pude ver la mano de Dios obrando en todo, en el viaje, en las actividades, y en mi vida.

Cuando Dios llama, Él provee. Todo es de Él y si creemos en esto veremos que Él nos respalda en todo. No pierdas la oportunidad de servir, apoyar a otros sólo porque no puedes ver el dinero en ese momento. Prepárate, ora y deja que el Señor te bendiga para bendecir a otros.

Hasta la Sierra

Acabo de regresar de otro Campamento de Orientación Misionera (COM) en Juchitán, México. Fue de nuevo un tiempo precioso y aun con el calor insoportable que había, voy a recordar más a los 33 jóvenes y adultos que vinieron para buscar al Señor y aclarar su llamado en sus vidas. Entre ellos concocí a una hermana que está sirviendo en la Sierra de Chiapas, México en la plantación de iglesias y el desarrollo de nuevos líderes por medio de educación teológica y trabajo en el campo. No voy a usar su nombre para poder tratar un asunto un poco delicado.

Esta joven estaba en su iglesia en otra parte de México, sirviendo como director de alabanza y en el ministerio infantil. Pero hace dos años ella sentía un llamado a plantar misiones en las aldeas montañosas de Chiapas. Tal llamado implicaba un paso enorme de fe porque no había nadie allá en la Sierra que iba a sostenerla ni hospedarla; ella empezaría de cero. Ella expresó este deseo con su pastor, esperando su apoyo, ánimo, y guíanza en esa nueva etapa de su vida. Sin embargo, su pastor le dijo, “Te necesitamos acá y si decides salir de esta iglesia para ir a cualquier otro lugar no apoyaremos y no recibirás ninguna recomendación nuestra en tu nuevo ministerio.”

¡Wow! ¡Qué desánimo se sentía la hermana! Pero a la vez fue una confirmación de Dios que él estaba cerrando la puerta allá para abrir otra en la Sierra. Durante los últimos dos años ella ha levantado varias iglesias en comunidades donde no había ningún convertido y está coordinando la educación teológica para todo el distrito. ¡Ella trajo al COM dos adolescentes de 17 y 15 años que ella está discipulando y quienes están ahora encargadas de plantar iglesias en sus comunidades! Al conocer a las tres y escuchar sus historias y su pasión sólo puedo gritar, “¡Gloria a Dios!”

Debo mencionar que ella no compartió esta historia conmigo; yo escuché esta historia de varios líderes encantados que habían comprobado su trabajo en el nuevo ministerio y los resultados que Dios ha dado por medio de su compromiso. Ni existe amargura en ella, aunque creo que es importante compartir su testimonio acá. Primero, como líderes, ¿Cuál va a ser nuestra reacción cuando personas quieren salir de nuestros ministerios para seguir el llamado de Dios? Somos mayordomos aun de los recursos humanos que están debajo nuestro cuidado. Y, segundo, ¿Qué vas a hacer cuando Dios te está llamando a un lugar nuevo y desafiante y parece que eres irreemplazable en tu ministerio actual? Debes asegurarte que es el llamado de Dios y no disgusto con la situación actual por supuesto. Pero, ¿estás dispuesto a tomar el paso de fe aun cuando significará un sacrificio más grande y una vida menos cómoda que la presente?

En Frente de Nuestras Casas

Por Carlos Monterroso, Asistente en Misión Mundial MAC

Llevo cuatro años viviendo con mi familia en una casa propiedad de mi papá, la cual años atrás habíamos dejado puesto porque el lugar se había considerado como zona roja (debido a la delincuencia). En ese lugar ya no entraban los repartidores de comida rápida ni los vendedores de agua purificada. El problema era una pandilla que se había formado y utilizaba como escondite un asentamiento (un conjunto de casas formadas por personas de escasos recursos que toman por la fuerza un terreno o área verde para vivir). Por lo mismo mi padre decidió alquilar la casa e irnos a vivir a otro lugar. Tiempo después me casé y regresé con mi esposa a vivir en esta casa.

Oramos para que Dios hiciera un milagro por la seguridad de nosotros y de la gente que vivía en este lugar y Dios contestó nuestras oraciones. Dios retiró de este lugar a los delincuentes y ahora tenemos paz.

Pero junto con ello Dios nos pidió ser parte de la solución. Nos dijo que debíamos hacer algo por la siguiente generación, así que eventualmente mi esposa y yo salimos a jugar con los niños de este lugar y empezamos a llevarlos a la iglesia. ¡Lo que inició con un grupo de 6 niños ahora es un grupo de 60 niños y 7 adolescentes y la cuenta sigue aumentando!

Dios responde a las oraciones pero en muchas ocasiones también quiere que seamos parte activa. Pensé que mi llamado a misiones estaba truncado y me sentí triste por un momento, pero ahora que veo lo que Dios está haciendo en esta comunidad, no puedo dejar de sentirme dichoso de formar parte de la obra de Dios. Creo que el llamado a misiones no sólo quiere decir que deba ir a otros países, puesto que en mi caso, frente de nuestra casa está la necesidad que Dios quiere que suplamos con una cultura totalmente diferente a la nuestra.

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