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Por Qué El Multiculturalismo Es Un Requisito Para La Iglesia

Escrito por Ashlee Holmes. Trad. por Ariadna Romero.

Es tiempo de ponerse serios sobre la diversidad en el cuerpo de Cristo.

Hay una fina línea gris entre las cosas de la vida que son buenas  y las cosas que son absolutamente necesarias.

¿Cable, TV, y acceso al Wi-Fi? buenas, pero no necesarias. ¿Manicura sin manchas con esmalte de laca? Buena, pero no necesaria. ¿Mi Iphone 5? Bueno —y vergonzosamente crucial para mi salud mental— pero a final de cuentas, no es necesario.

Hay muchas decisiones que hacemos a diario sobre bases que pueden ser categorizadas ya sea como buenas o como necesarias, pero ¿qué sucede cuando se trata de cosas más profundas, como el multiculturalismo en la iglesia, ¿por ejemplo?

Antes que nada, hablemos de lo que es y no es el multiculturalismo. El diccionario define el término como “la preservación de diferentes culturas o identidades culturales dentro de una sociedad unificada.”

Me gusta la palabra “preservación.” Preservar significa mantener vivo o en existencia, mantener a salvo de daños o lesiones, mantener, conservar. Así que solo tolerar y ciegamente aceptar a las personas de diferentes colores (o ser multicolor) no es suficiente. La experiencia y la cultura de una persona deben mantenerse a salvo y vivas. Deben encajar perfectamente en el tapiz humano para que las personas comiencen a aprender y eventualmente crezcan a raíz de la verdadera identidad de otros.

El multiculturalismo significa invitar al otro a ser plenamente él mismo, sin disculpas y celebrando activamente las diferencias. El término “multicolor” deja lagunas y desconexión. “Multicultural” construye puentes y provoca celebración.

Interesantemente, mi primer combate y lucha por el valor del multiculturalismo no inició en la iglesia. Empezó el día que una pequeña niña de mi programa de extra clases inocentemente me preguntó si tomaba duchas, porque veía que mi piel era muy oscura, y continuó el día que una chica de mi equipo de pista me preguntó en el club cómo es que podía hablar  “como los blancos.”

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Así que mi lucha con este valor no inició en el contexto de la comunidad; inició conmigo. ¿Por qué el que yo sea tan diferente era misterioso para otros? ¿Qué era lo amenazante —si acaso— de mi piel oscura y mi acento? No tenía respuestas para mis preguntas en ese momento, pero sabía que me sentía sola e incómoda.

Me sentía incómoda siendo yo misma alrededor de mis amigos blancos, y me sentía incómoda siendo yo misma alrededor de mis amigos negros. Había una brecha enorme, dolorosa y desalentadora entre la gente de la comunidad con la que desesperadamente quería entablar una amistad y yo. Internamente me disculpaba por mi singularidad y decidí convertirme en lo que necesitara para ser aceptada. La idea de encajar en ese entonces, no era solo buena para mí; era necesaria.

Cualquiera que se sienta fuera de lugar experimenta cierto nivel de malestar, cuando es simplemente parte de “los otros.” No obstante, de lo que me di cuenta después en la vida, fue que ese malestar era en realidad bueno para mí. No solamente fui forzada a buscar mi verdadera identidad en Cristo —una identidad formada con mucho más que el color de mi piel—  sino que también hice un inventario de la gente que estaba eligiendo para rodearme, y el inventario resultó hermoso.

Me di cuenta de que mi vida era más rica y más maravillosamente compleja por la singularidad y autenticidad de otros con los que elegí relacionarme. Con el tiempo, decidí que sacrificar mi comodidad por el bien de esa hermosa ventaja no era solamente bueno; era necesario para mí caminar con Dios y para comprender más profundamente cómo trabaja Su Reino. 

Creo verdaderamente que Dios siente lo mismo con respecto a Su Iglesia.  Una simple pero profunda manifestación de este sentimiento está fundada en el Evangelio de Lucas, cuando Simón de Cirene tuvo que cargar la cruz de Jesús. Cirene era una ciudad en Libia, un país del norte de África. 

Un africano cargó la cruz de Jesús.

No se menciona mucho sobre Simón de Cirene, pero metafóricamente, su singularidad e incomodidad me dice algo sobre el corazón de Dios: que todos —sin importar raza o etnia— tienen un rol vital en la historia del Evangelio.

Aunque es incómodo a veces, el seguimiento del multiculturalismo en la Iglesia no es solamente bueno, es necesario. Últimamente hemos desarrollado opiniones sobre Dios más profundas y complejas y un amor y apreciación más profundos de unos a otros cuando escogemos participar activamente en las historias de los otros, los que son diferentes de nosotros, originarios de otros lugares.

Mi esperanza para la Iglesia es que las congregaciones y las comunidades sean más desafiadas —incluso que se sientan más incómodas— en la lucha contra la idea de dar la bienvenida no solo al color, sino a la cultura, y que las expresiones de adoración, enseñanza, evangelismo y discipulado sean tan ricamente influenciadas por el multiculturalismo que Cristo pueda ser conocido plenamente en toda Su belleza por muchos.

Artículo publicado originalmente en: http://www.relevantmagazine.com/god/church/why-multiculturalism-must-church

3 Pasos Para Desarrollar Una Cultura de Servicio – Parte 1 de 2

 Escrito por Ed Stetzer. Trad. por Ariadna Romero

Tener una cultura misional establecida a través de inculcarla, repetirla y celebrarla, provocará que los miembros se amen y realicen buenas obras.

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¿Por qué las iglesias con frecuencia se estancan y se encierran en sus cuatro paredes?  ¿Qué se puede hacer para revertir este enfoque centrado en el interior?

Muchas veces, cuando una iglesia crece en número (o también cuando se hace más vieja) tiende a enfocarse en el mantenimiento y servicio de lo que ya existe. Los ministerios internos agobian la misión hacia el exterior. Cualquier iglesia es susceptible de caer en esa abrumadora tentación.

Sin embargo, en muchas partes de la Escritura se señala a la iglesia como un cuerpo de sirvientes —usados por Dios para ministrarse unos a otros y a un mundo herido. Por ejemplo, 1 Pedro 4:10 dice: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”

La frase clave aquí es “a otros.” Cada uno de los miembros de la iglesia está para servir a los otros. La mayor parte del tiempo leemos versículos como estos y entendemos que hay que servirse unos a otros dentro del cuerpo, pero hay muchos otros versículos que hablan sobre los pobres y heridos que conocemos; muchos son llamados a servir también fuera del cuerpo. Me gusta decir que podemos servir en, a través y más allá de nuestra iglesia local. Pero desgraciadamente, hay un gran abismo entre este pasaje y nuestra práctica.

De acuerdo a la investigación para el libro del que soy co-autor junto a  Thom Rainer, Transformational Church, muchas de las personas en la mayoría de las iglesias no están comprometidas con algún ministerio o misión significativos. Llegan por el show —y eso puede suceder en una iglesia contemporánea, tradicional, litúrgica etc. porque los números no muestran diferencias— pero no se quedan para servir.

Así que, ¿Cómo podemos evitar tener una iglesia llena de clientes en lugar de tener una iglesia llena de colaboradores en el Evangelio? 

Desarrollamos una cultura e implementamos una estructura.

Las iglesias necesitan una cultura que los motive y una estructura que le permita a la gente moverse de la pasividad a la actividad, de ser espectadores pasivos a ser participantes activos de la misión de Dios. 

Hoy quiero concentrarme en el desarrollo de la cultura. Aquí hay 3 pasos para desarrollar una cultura con mentalidad de servicio: incúlcala, repítela y celébrala.

Incúlcala.

Un pastor que conozco lo dijo de una forma que considero que fue realmente de mucha ayuda. Dijo que puede ver cuatro categorías de gente que llegan a la iglesia: tres categorías que le agradan y una que no:

  • Categoría uno: El visitante o que anda buscando.
  • Categoría dos: El discípulo en crecimiento que empieza a caminar.
  • Categoría tres: El discípulo maduro que sirve a otros.
  • Categoría cuatro: Las personas que piensan que son maduros pero que no quieren compromisos y no sirven a otros.

Y esto es lo que les dijo a los de la última categoría: “necesitamos sus lugares para los de las otras tres categorías.”

Con algunas contadas excepciones (alguien en transición, con problemas personales, etc.) creo que esa mentalidad es de mucha ayuda. Mientras más rápido se aplique ese enfoque en el ADN de la iglesia, será mejor, porque cuando se alcance a nuevos individuos se querrá que lleguen a un lugar donde la norma sea servir. La persona nueva llegará a ser lo que la mayoría de los miembros ya es.

Se puede ayudar a desarrollar esto dentro de la iglesia. Como Mike Dodson y yo descubrimos en nuestro libro Comeback Churches, el factor principal para la revitalización de la iglesia es el liderazgo. La misma verdad se aplica para el desarrollo de la cultura de servicio. Los líderes, incluidos pero no limitados al pastor y su staff, deben trabajar intencionalmente para injertar la nueva mentalidad en el cuerpo. ¿Cómo se puede lograr eso? Repitiendo una y otra vez los valores de la cultura que se quiere inculcar.

Predíquelo regularmente. Explique por qué es importante. Exprese la idea de que se puede ser maduro y aun así no estar sirviendo a otros. Enseñe servicio.

Este artículo continuará en la siguiente entrada.

La Esencia Dual de la Iglesia

*Nota: Esta entrada es una reproducción de una escritura publicada los últimos dos años.  La estoy usando acá de nuevo como parte del curso “Pastoral Juvenil y La Misión” que estoy enseñando esta semana en San Salvador, El Salvador.

De nuevo, en su libro El Pueblo Misionero de Dios, Carlos Van Engen habla de la esencia de la Iglesia:

“No hay otra organización como la Iglesia, Cuerpo de Jesucristo.  Como ningún otro, Cristo es el Dios-hombre, a la vez divino y humano.  No es por accidente sino por diseño que la Iglesia, la cual es Su Cuerpo, debería estar ‘en el mundo, más no es del mundo’.  Es una institución caída y humana a la vez que un organismo perfecto y divino.  Solamente al unir los aspectos divinos y humanos de la naturaleza de la Iglesia podremos llegar al verdadero entendimiento de la misión de la Iglesia.  Solamente si las congregaciones viven intencionalmente su naturaleza como el pueblo misionero de Dios, la Iglesia comenzará a surgir llegando a ser en realidad lo que ya es por fe” (p. 51).

¿En qué sentido es la Iglesia divina? ¿En qué sentido es humana? Comparte ejemplos.

¿Qué quiere decir cuando la Iglesia se refiere como el Cuerpo de Cristo?

¿Qué quiere decir Van Engen cuando insta que: “Solamente al unir los aspectos divinos y humanos de la naturaleza de la Iglesia podremos llegar al verdadero entendimiento de la misión de la Iglesia”?


La Esencia Dual de la Iglesia

*Nota: Esta entrada es una reproducción de una escritura publicada el agosto pasado.  La usamos de nuevo como parte del curso “Pastoral Juvenil y La Misión” que estoy enseñando en el Seminario Teológico Nazareno en Guatemala.

De nuevo, en su libro El Pueblo Misionero de Dios, Carlos Van Engen habla de la esencia de la Iglesia:

“No hay otra organización como la Iglesia, Cuerpo de Jesucristo.  Como ningún otro, Cristo es el Dios-hombre, a la vez divino y humano.  No es por accidente sino por diseño que la Iglesia, la cual es Su Cuerpo, debería estar ‘en el mundo, más no es del mundo’.  Es una institución caída y humana a la vez que un organismo perfecto y divino.  Solamente al unir los aspectos divinos y humanos de la naturaleza de la Iglesia podremos llegar al verdadero entendimiento de la misión de la Iglesia.  Solamente si las congregaciones viven intencionalmente su naturaleza como el pueblo misionero de Dios, la Iglesia comenzará a surgir llegando a ser en realidad lo que ya es por fe” (p. 51).

¿En qué sentido es la Iglesia divina? ¿En qué sentido es humana? Comparte ejemplos.

¿Qué quiere decir cuando la Iglesia se refiere como el Cuerpo de Cristo?

¿Qué quiere decir Van Engen cuando insta que: “Solamente al unir los aspectos divinos y humanos de la naturaleza de la Iglesia podremos llegar al verdadero entendimiento de la misión de la Iglesia”?


La Esencia Dual de la Iglesia

De nuevo, en su libro El Pueblo Misionero de Dios, Carlos Van Engen habla de la esencia de la Iglesia:

“No hay otra organización como la Iglesia, Cuerpo de Jesucristo.  Como ningún otro, Cristo es el Dios-hombre, a la vez divino y humano.  No es por accidente sino por diseño que la Iglesia, la cual es Su Cuerpo, debería estar ‘en el mundo, más no es del mundo’.  Es una institución caída y humana a la vez que un organismo perfecto y divino.  Solamente al unir los aspectos divinos y humanos de la naturaleza de la Iglesia podremos llegar al verdadero entendimiento de la misión de la Iglesia.  Solamente si las congregaciones viven intencionalmente su naturaleza como el pueblo misionero de Dios, la Iglesia comenzará a surgir llegando a ser en realidad lo que ya es por fe” (p. 51).

¿En qué sentido es la Iglesia divina? ¿En qué sentido es humana? Comparte ejemplos.

¿Qué quiere decir cuando la Iglesia se refiere como el Cuerpo de Cristo?

¿Qué quiere decir Van Engen cuando insta que: “Solamente al unir los aspectos divinos y humanos de la naturaleza de la Iglesia podremos llegar al verdadero entendimiento de la misión de la Iglesia”?


El Triunfo es de Todos

Me encantó el comentario que recién ofreció nuestro hermano Yeri Nieto de Chiapas, México sobre la entrada del viernes pasado (“¡Los Juegos Olímpicos Han Llegado!”–8 Agosto 2008). Quiero que mediten sobre la respuesta de él al ver el video de Adidas en China. Gracias, Yeri, por tu participación. Unos en la misión, hermano…

Lo primero que viene a mi mente es un poema del único Premio Nobel de Literatura con que contamos en México: Octavio Paz:

“Piedra de Sol” (fragmento)
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,…

El video es, además de inspirador (como bien lo señala Angelina Castillo), un muy buena nota acerca de la diferencia abismal entre las culturas oriental y latinoamericana (así, en general): nuestra cultura no se distingue por el trabajo en equipo; eso hace muy difícil que se hable acerca de la unidad, de la iglesia como “Cuerpo de Cristo” y “Comunidad del Espíritu” (se habla más de “Pueblo de Dios”); no así la oriental, donde al parecer no importa mucho quién sobresale -con la camiseta roja del país puesta-, porque todos los demás están debajo de ellos, casi siempre en el anonimato.


Y eso es un desafío a nuestra iglesia y a las misiones: si todos somos miembros del Cuerpo de Cristo, todos en realidad estamos participando… por tanto, el triunfo es de todos. Y también el fracaso.

¿Qué pasará el siguiente año con nuestros primeros misioneros regionales? ¿Cuáles serán los resultados de la evaluación?
Estoy seguro que ellos nos reportarán triunfos y avances, pero también nos dirán que hay un desafío aún mayor para cumplir la gran comisión de Jesucristo.

Y en ese momento tendremos que volver a ver este video, e inspirarnos en los orientales y gritar con fuerza que, ¡es cierto!, en la unidad del Espíritu nada es imposible.

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