Archivo del sitio

Fuego

Escrito por Frederick Buechner

EL FUEGO NO TIENE FORMA O SUSTANCIA. No puedes probarlo, u olerlo o escucharlo. No puedes tocarlo, a menos que quieras correr el riesgo. No puedes pesarlo o medirlo, o examinarlo con algún instrumento. No puedes comprenderlo a plenitud porque nunca permanece en calma. Sin embargo, es innegable su extraordinario poder.

El fuego que barre millas de bosque como un viento terrible y la vela parpadeante que ilumina el camino a la cama de una mujer anciana. Los leños ardiendo en la noche bajo cero que impiden que la tubería se congele y dan sueños de verano al gatito que dormita cerca de la chimenea. Incluso, a millones de kilómetros de distancia, la conflagración del sol puede volver la tierra verde en desierto y dejar ciego a cualquiera que no baje la mirada ante su resplandor. El poder del fuego para devastar y consumir por completo. El poder del fuego para purificar, dejando nada a su paso sino ceniza dispersa que el viento se lleva como niebla. 

pexels-photo-167701.jpeg

Una columna de fuego fue lo que guió al pueblo de Israel a través del desierto, y fue a través de una zarza ardiente que Dios habló primeramente a Moisés. Había lenguas de fuego asentándose sobre los discípulos en el día del Pentecostés. En el Apocalipsis de Juan, es un lago de fuego en el que los condenados son arrojados, y el mismo Fiel y Verdadero sentado sobre su caballo blanco, dice, tiene ojos como llamas de fuego.

En las páginas de la Escritura, el fuego es santidad, y quizá nunca tan cautivador como las brasas de fuego que Jesús de Nazaret, recién resucitado, enciende para cocinar un desayuno a sus amigos en la playa al amanecer.

Este artículo fue publicado originalmente en Beyond Words.

Betsabé

Escrito por: Frederick Buechner / Trad. por: Ariadna Romero

betsabe[1]Cuando el Rey David estaba recostado en su lecho de muerte y ella estaba ahí junto a todos los demás para reconvenirlo por su decisión sobre la sucesión, él aún recordaba la primera vez que la vio. Apenas había terminado la última batalla de la guerra contra los sirios, y su victoria le había dejado un sentimiento de desilusión. Bebió mucho durante el almuerzo y después subió a tomar una larga siesta. Era casi el crepúsculo cuando despertó. El palacio estaba extrañamente silencioso, y él se sintió inusualmente solemne y tranquilo dentro de su propia piel. Por alguna razón, no había sirvientes cerca, nadie que le recordara que él era el rey ungido, el general victorioso, todas esas cosas. Se bañó, se preparó una bebida, y tan solo con una toalla alrededor de la cintura, caminó hacia la terraza del techo, desde donde miró hacia abajo por encima del parapeto, en una especie de trance.

Si todo el ejército sirio se hubiera levantado en armas y vestido sus armaduras, David simplemente habría notado su presencia y pasado de largo. Había un bayo castrado atado a un árbol, barriendo las moscas con el rabo. En la corte de los sirvientes, una cisterna había desbordado en los adoquines dejando un charco la forma de Asia. Más allá de la muralla, una chica desnuda de pie en una alberca poco profunda, echándose agua sobre los hombros con una concha. De forma casual miró a la chica, pero la vio como si tuviera que tenerla a cualquier precio, y el precio sería exorbitante. El asesinato de su esposo, la muerte de su primer hijo  – como actores esperando su llamado- las consecuencias fatales acechaban escondidas en las alas.

Mucho tiempo después, cuando el frio estaba en los huesos de David, sacudiendo sus perlas, Betsabé llegó a asediarlo con preguntas sobre Salomón, él apenas podía mirarla ahí donde estaba sentada a un lado de su aposento, pero en cambio, si podía verla brillando en la penumbra como una pera, como la había mirado la primera vez hacía tantos años, desde su techo, con un vaso en la mano. Elevándolo a la altura de sus ojos, se lo bebió de un solo trago como si fuera un brindis, pero fue solo en su lecho de muerte que pudo comprender el por qué.

No era solo por Betsabé por quien había brindado, o por la perspectiva de una vida feliz juntos, sino por una perspectiva mucho más distante. David había estado bebiendo –se dio cuenta- por el hijo de su hijo de su hijo mil años después, por quien solo podría  orar para que encontrara en su corazón un pensamiento bondadoso acerca de la hermosa mujer y el imprudente rey, que había sido tan inconsciente, y el responsable de su nacimiento en un establo muchos años atrás, y de su muerte a las afueras de las murallas de la ciudad.

2 Samuel 11-12

Originalmente publicado en Peculiar Treasures y después en Beyond Words

http://frederickbuechner.com/page-group/landing/quote/quote-bathsheba

Viernes Santo ¡Buen viernes!

cruz

Reflexión de: Frederick Buechner

“De tal manera amó Dios al mundo”, escribe Juan, “que dio a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él crea, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Es decir que Dios amó tanto al mundo que dio a su único hijo incluso a este mundo de horror obsceno; amó tanto al mundo que de alguna manera, en última instancia indescriptible y en un costo inmensurable que se dio al mundo a sí mismo. Fuera de esta terrible muerte, dice Juan, llegó la vida eterna no sólo en el sentido de la resurrección a la vida después de la muerte, pero en el sentido de la vida tan preciosa que incluso en este lado de la muerte vivir es estar con un pie ya en la eternidad. Participar en la vida de sacrificio y muerte de Jesucristo es vivir ya en su reino. Esta es la esencia del mensaje cristiano, el corazón de la Buena Nueva y es la razón por la cual la cruz se ha convertido en el símbolo cristiano principal. Una cruz de todas las cosas: una guillotina, una horca; pero una cruz que al mismo tiempo cruza la eternidad y el tiempo, como el lugar donde un corazón tan poderoso fue roto y como el poder sanador de Dios mismo podría fluir a través de Él en un mundo enfermo y roto. Fue por esta razón que de todas las palabras posibles que podrían haber utilizado para describir el día de su muerte, la palabra que establecieron fue “bueno” (en inglés Good Friday). ¡Buen Viernes!

Publicado originalmente en “Los rostros de Jesús” (The Faces of Jesus)

Morir y vivir con Él

“Y ahora, hermanos, voy a hacerte una pregunta terrible, y Dios sabe que me pregunto esto también para mí mismo ¿Es la verdad más allá de todas las verdades, más allá de las estrellas, simplemente esto: Que vivir sin Él es la muerte real, que morir con Él la única vida?”

Frase de Frederick Buechner

Christ (1)Tomado de: Magnificient Defeat

Encarnación

Escrito por: Frederick Buechner / Trad. por: Erika Chaves

Nacimiento-de-Jesus“El Verbo se hizo carne”, escribió Juan “y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Eso es lo que significa la encarnación. No es algo teológico. No es muy sofisticado. Es indigno. Pero de acuerdo con el cristianismo es como son las cosas.

Todas las religiones y filosofías que niegan la realidad o la importancia de la materia, la carne, lo que está ligado a la Tierra, son negadas a sí mismas. A Moisés en la zarza ardiente se le dijo que se quitara los zapatos ya que el suelo sobre el que se encontraba era tierra santa (Éxodo 3: 5) y la encarnación significa que toda la tierra es tierra santa, porque Dios no sólo la hizo, sino que anduvieron en Él, comió, durmió, trabajó y murió en ella. Si somos salvos en cualquier lugar, somos salvos aquí. Y lo que se ahorra no es una destilación diáfana de nuestros cuerpos y nuestra tierra, sino nuestros cuerpos y nuestra tierra como tales. Jerusalén se convierte en la Nueva Jerusalén, que bajaba del cielo como una novia ataviada para su esposo (Apocalipsis 21: 2). Nuestros cuerpos se entierran perecederos y resucitarán incorruptibles (1 Corintios 15:42).

Una de las equivocaciones de las personas religiosas que particularmente son aficionados es el intento de ser más espirituales que Dios.

Tomado de: http://frederickbuechner.com/content/incarnation

A %d blogueros les gusta esto: