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Los No Alcanzados

Por Greg Crofford

Jesús tenía un corazón por los perdidos. La parábola del Buen Pastor relata la historia de un pastor con 100 ovejas. Cuando descubrió que faltaba una, dejó a salvo las otras 99, entonces se dispuso a rescatar a la oveja perdida (Lucas 15:1-7).

Esta parábola pone de relieve el corazón de Dios, un Padre que quiere que ninguno de ellos perezcan en sus pecados, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9).

En enero de 1989, este deseo de “cooperar” con el plan de Dios para alcanzar a los perdidos, resultó de la primera Consulta Mundial para la Evangelización Mundial, celebrado en Singapur. Durante la próxima década, el Movimiento AD 2000 (más tarde llamado “AD 2000” y años subsiguientes) estableció la visión de “Una Iglesia para la Población”, y “el Evangelio para cada persona” en el año 2000.”

Aunque en los últimos tiempos el pensamiento ha sido motivado por alguno de los implicados, el movimiento hizo mucho para centrar las energías de las denominaciones y agencias misioneras “de los marginados” o “para los alcanzados”. “Proyecto Josué define estas agrupaciones como culturales que son menos del 2 por ciento “evangélico” o el 5 por ciento inferior a “cristiana adherentes”.

(Para obtener más información, consulte las misiones del Dr. Howard Culbertson en el sitio Web: http://home.snu.edu/~hculbert/).

¿Dónde viven los pueblos no alcanzados? De acuerdo con un artículo en el World Watch (01 de septiembre 2008) el año 2008, por primera vez en la historia, más de la mitad de la población del mundo está en las ciudades.

Mientras que muchos pueblos no alcanzados viven en zonas remotas, la juventud va cada vez más hacia las ciudades en busca de trabajo o educación. Al darse cuenta de esta tendencia —y en armonía con la estrategia urbana centrada con la de Pablo en el libro de Hechos— la Iglesia del Nazareno ha centrado sus esfuerzos misioneros recientes en las grandes ciudades.

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Así como Pablo primero dirigió Corinto o Éfeso como capitales regionales, así nosotros centramos nuestros esfuerzos iniciales en los principales centros económicos y culturales.

Cuando los jóvenes encuentran a Cristo en la ciudad, a menudo están ansiosos de compartir su nueva fe con los familiares de vuelta a casa durante las vacaciones, o los descansos de la escuela. En África, por ejemplo, en ocasiones éstas se convierten por exposiciones rurales de la película “Jesús”, o por un campamento de fútbol juvenil. De esta manera, los marginados son alcanzados para Cristo, el Reino de Dios crece, y nos ayuda a cumplir el sueño de “una iglesia para cada pueblo.”

El AD 2000 y más allá del movimiento de la llamada “Ventana 10-40”, estos países entre 10 grados y 40 grados de latitud norte del planeta, son donde vive la mayoría de la gente no alcanzada. En lugares donde la plantación de iglesias abiertas es imposible, estamos encontrando maneras creativas de llegar a los marginados, para hacer realidad la visión del Evangelio “para cada persona.”

En nuestra preocupación por los marginados que viven lejos, no debemos olvidar a los que viven cerca. Incluso en los Estados Unidos hay muchos que nunca han escuchado una presentación clara del evangelio. ¿Cómo podemos ser “sal” y “luz” a los marginados que viven en la calle?

Jesús vendrá en un momento elegido por el Padre (Mateo 24:36). Nuestro trabajo es simplemente estar ocupados con la tarea confiada a nosotros, ya sea que el Señor venga mañana o retrasa su regreso otros mil años. Llegar a los no alcanzados por Cristo es nuestra tarea sagrada, y nuestra gran alegría.

Crofford Greg, Ph.D., es Director del Instituto Nazareno de Teología. Él y su esposa, Amy, viven en Nairobi, Kenia.

La Formación Misionera de Pablo: Parte I

Revisando y analizando la vida del apóstol Pablo, son tres “pasos” importantes en que Dios le guió para el servicio misionero.  Primero (y hablaremos de esto hoy), fue llamado a un ministerio específico.  El miércoles reflexionaremos sobre cómo Pablo fue preparado y capacitado antes de salir al campo.  Y por último, fue enviado por medio de una iglesia local (entrada del 5 de noviembre).

Primer Paso: Recibir el Llamado

Recuerda la conversión de Pablo y el llamado que Dios le hace. Mientras Pablo se dirigía a Damasco para aprisionar a los cristianos, Jesús se le aparece. Pablo se dio cuenta que era Jesús quien le hablaba y le reconoció como su Señor y Salvador.

Después de este encuentro o mejor dicho su conversión, Pablo recibe el llamado directamente de Jesús cuando le dice: “… levántate y ponte sobre tus pies, porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo y de los gentiles, a quienes ahora te envío.”  Qué claro es el llamado: mejor y más sorprendente no puede ser.

Pero antes de cumplir la misión, Pablo tenía que ser lleno del Espíritu Santo para que su hombre interior fuese capacitado y así responder correctamente con el llamado.

No somos llamados por una agencia misionera.  Dios es el que llama y nos aparta para el ministerio.  Debemos conocer que Dios nos ha llamado para enfrentar luchas, pruebas y aflicciones que vendrán.  Por eso debemos recordar que es necesario padecer por su nombre.  Ananías lo dijo a Pablo mientras imponía sus manos “porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.”

Si una persona no es llamada por Dios al ministerio, cuando la separación, el rechazo y las persecuciones llegan, no tendrá esperanza y mucho menos la victoria ante estos enfrentamientos….

El Catálisis en Acción

Rev. Johnny Calvo con "Prospectos" del Distrito Norte, Costa Rica

Rev. Johnny Calvo con "Prospectos" del Distrito Norte, Costa Rica

En la entrada pasada introdujimos el concepto de “líderes catalíticos,” o líderes cristianos que hacen discípulos, y estos hacen otros, estos otros, otros y así sucesivamente.

Aunque la palabra “catalítico” no se usa en la Biblia, quizás el lugar más obvio donde encontramos los resultados de la catálisis es el libro de Hechos. Jesús había invertido su tiempo, sus enseñanzas, y todo sus fuerzas en los doce. Ahora, ¿qué están haciendo? Están predicando e impactando multitudes.

Sin embargo, no sólo realizan campañas masivas (aunque muchas veces nos gusta enfocarnos en la respuesta de la gente después de escuchar el sermón de Pedro en Hechos 2:41, por ejemplo). Ellos se involucran 100% en el discipulado de los nuevos convertidos. Siguen predicando en el templo y en lugares públicos, pero otra base de todo el crecimiento fenomenal está en el discipulado que se realiza en las casas de los nuevos creyentes (Hechos 2:42-47; 5:42; 12:12, 17, etc.). Ellos se derramaron en otras personas quienes lo hicieron en las vidas de otros, quienes se multiplicaron día tras día, año tras año…¡y ahora tú y yo estamos acá por este movimiento catalítico!

Aunque el término catalizador es nuevo (por lo menos para referirse a líderes), toda la Historia de la Iglesia nos ha dado líderes catalíticos. Otros ejemplos más modernos serían Juan Wesley, Dante Gebel, y Luís Palau. En nuestra Iglesia del Nazareno vemos catalizadores en las personas y ministerios de Phineas Bresee, Louie Bustle, Bruno Radi y muchos más.

Hace dos semanas estuve en una reunión pastoral en Palmares, Costa Rica. El Superintendente de Distrito, Johnny Calvo, había invitado a todos los pastores del Norte de Costa Rica y les urgió que trajesen “prospectos”: líderes actuales y futuros quienes estaban experimentando un llamado al ministerio.

La respuesta fue emocionante. Al final de un devocional y taller, Johnny empezó a invitar a los jóvenes presentes para dar testimonio de su llamado. Jóvenes de 17, 19 y 23 años vinieron uno por uno para decir públicamente que anhelaban ser pastores y plantadores de misiones. Espontáneamente otros comenzamos a acompañarlos y el resultado fue un gran tiempo de oración y rendición ante el Señor de la mies.

Jesús, Pedro, Juan Wesley, Bruno Radi, Johnny Calvo: el movimiento catalítico continúa llevando fruto. Podemos meternos en programas y actividades o podemos invertirnos en personas. Yo, hermanos, anhelo ser un catalizador.

Respuesta al Llamamiento del Señor

Respuesta al Llamamiento del Señor

Todos, Unánimes, Juntos…Para Una Misión

Escrito por Juan Manuel Molina, misionero voluntario de Chiapas, México sirviendo en Jóvenes en Misión

Mi experiencia en Jóvenes en Misión hasta ahora me trae a la memoria de manera repetida el relato de Hechos cuando los 120 estaban reunidos esperando la promesa del Espíritu Santo. Y es interesante ver en el capítulo 2 de Hechos que cuando el Espíritu Santo llegó, estaban todos unánimes juntos. Me puedo imaginar lo que significa estar por mucho tiempo en un solo lugar, con otras 119 personas.

Probablemente al tercer día de estar juntos esperando, algunas cosas comenzaron a pasar. De repente se empezaron a dar cuenta que no todos lavaban sus trastes después de las comidas, que les era muy difícil decidir saber que poner en la lista de compras para el día, o quizás alguien siempre olvidaba poner la basura en su lugar. Tal vez Pedro comenzó a mostrar su carácter extrovertido e impulsivo y quiso tomar el liderazgo, pero Juan y Jacobo—los hijos del trueno—seguían discutiendo quien sería el segundo en importancia. O tal vez Juan, el discípulo amado, tenía sentimientos de merecer ser el líder oficial por pensar ser el más cercano a Jesús.

¿Qué más cosas pudieron haber pasado por la mente de los discípulos mientras estaban todos juntos…esperando…?

Lo único que sé por seguro es lo que la Biblia me dice, que estaban TODOS, UNÁNIMES JUNTOS. ¿Por qué? Bueno, yo creo que es porque ellos tenían una misión compartida. Jesús les había dado una misión muy clara en Mateo 28 y esa era más importante que cualquier diferencia entre ellos.

Eso es precisamente lo que nosotros somos: Jóvenes en MISIÓN. Es asombroso como el Señor nos ha puesto como un equipo y aunque los mexicanos no se emocionen a la hora del almuerzo con sándwiches otra vez y aunque los americanos no entiendan por que los mexicanos le ponen salsa picante a prácticamente todo, al final la misión nos trae al mismo lugar y a esperar con emoción que su espíritu nos capacite como en el día del Pentecostés para cumplir con la misión.

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