Archivo del sitio

Un Encuentro con Dios

En esta entrada Erika Ríos Hasenauer escribe sobre “Un Encuentro con Dios”,  continuidad de la anterior y de la serie “La Formación del Misionero Nazareno.”

Todo ministerio comienza cuando tenemos un verdadero encuentro con Dios. Estaba muy jovencita cuando tuve mi primer encuentro con Él.  Jamás lo olvidaré y jamás me arrepentiré de haber dado ese paso.

El mejor ejemplo es Isaías. “Heme aquí, envíame a mí”.  Aunque suena bien, esto no dice nada sin compromiso. No se puede enlistar sin un encuentro con Dios, sin un cambio de corazón y mente, de hecho, sin la experiencia de santidad y de la presencia del Dios vivo en su vida.  Isaías con los lentes del Dios santo, vio la realidad de su nación, sintió lo que el corazón de Dios sentía. Por lo tanto obedeció al llamado del corazón de Dios y no sólo a la necesidad del hombre, pues eso revela nuestra realidad pecaminosa, y es cuando hay un avivamiento. Casi todos inician por pedir perdón, por sentirse sucios y sentir asco por el pecado.

¡Claro!, el Dios santo no nos permite acercarnos a él sin que opere un cambio, un milagro, una transformación en nuestra vida.  Tiene sentido lo que dice el escritor de Hebreos: “Sin santidad nadie verá al Señor”.  Cuando Isaías dice que Dios tocó sus labios, estaba expresando la aceptación que tuvo Dios de esa ofrenda viva, dándose él mismo como una alternativa ante la realidad y la necesidad.  Dios estaba aceptando su ofrenda y reconociendo su honestidad de aceptar su realidad pecaminosa.  Isaías sintió desmayar y hasta morir ante la imagen gloriosa, poderosa, majestuosa de gloria.  Clamó desde lo profundo de su corazón: “Ay de mí…soy hombre muerto…tengo labios inmundos…habito entre un pueblo con labios inmundos…”

Cuando todos clamemos en estos términos, entonces el avivamiento que tanto deseamos vendrá. Ya no habrá necesidad de buscar a los misioneros, ellos vendrán, ya no habrá necesidad de rogar a la iglesia que haga su trabajo, ella lo hará, no habrá escasez de pastores, ellos estarán allí.

Nuestro Turno al Bat

Baseball and Bat

Fotografía por Thom Lang/CORBIS

Lee: Isaías 6:8

Cuando camines poniendo atención por las calles de tu ciudad o comunidad te darás cuenta de las necesidades que hay dentro de las mismas. En algunos casos no conocerás aun la parte más dura y dolorosa de ellas. Antes de que pasaras por esos lugares quizá hubo una devastación, un problema comunitario o familiar. Bastará con que preguntes a algunas personas de la comunidad que problemas o necesidades existen en esos lugares y entenderás porque algunos dicen: “¿Cómo es que Dios permitió que pasara esto?”

Sí, la calamidad en muchos casos es impactante. Ahora es nuestro turno para mostrar que Dios está con ellos también. En ocasiones es muy difícil ver el amor de Dios después de circunstancias como estas, pero él está preguntando y buscando valientes que deseen responder a esta necesidad. Este puede ser un viaje misionero o una misión de largo plazo. Hay mucha necesidad y dolor que sólo Dios puede aliviar y son muy pocas las manos que están dispuestas a continuar con la labor.

Este es nuestro turno al bat. Es el momento de presentar cuan grande es el amor de Dios y mostrar que tan grande es nuestra ansiedad por servirle.

¿Estás listo para decir, “Heme aquí, envíame a mi”? e impactar tu comunidad o tu ciudad?

–Escrito por Carlos Monterroso, Asistente Previo en Misión Mundial MAC

A %d blogueros les gusta esto: