Un Encuentro con Dios

En esta entrada Erika Ríos Hasenauer escribe sobre “Un Encuentro con Dios”,  continuidad de la anterior y de la serie “La Formación del Misionero Nazareno.”

Todo ministerio comienza cuando tenemos un verdadero encuentro con Dios. Estaba muy jovencita cuando tuve mi primer encuentro con Él.  Jamás lo olvidaré y jamás me arrepentiré de haber dado ese paso.

El mejor ejemplo es Isaías. “Heme aquí, envíame a mí”.  Aunque suena bien, esto no dice nada sin compromiso. No se puede enlistar sin un encuentro con Dios, sin un cambio de corazón y mente, de hecho, sin la experiencia de santidad y de la presencia del Dios vivo en su vida.  Isaías con los lentes del Dios santo, vio la realidad de su nación, sintió lo que el corazón de Dios sentía. Por lo tanto obedeció al llamado del corazón de Dios y no sólo a la necesidad del hombre, pues eso revela nuestra realidad pecaminosa, y es cuando hay un avivamiento. Casi todos inician por pedir perdón, por sentirse sucios y sentir asco por el pecado.

¡Claro!, el Dios santo no nos permite acercarnos a él sin que opere un cambio, un milagro, una transformación en nuestra vida.  Tiene sentido lo que dice el escritor de Hebreos: “Sin santidad nadie verá al Señor”.  Cuando Isaías dice que Dios tocó sus labios, estaba expresando la aceptación que tuvo Dios de esa ofrenda viva, dándose él mismo como una alternativa ante la realidad y la necesidad.  Dios estaba aceptando su ofrenda y reconociendo su honestidad de aceptar su realidad pecaminosa.  Isaías sintió desmayar y hasta morir ante la imagen gloriosa, poderosa, majestuosa de gloria.  Clamó desde lo profundo de su corazón: “Ay de mí…soy hombre muerto…tengo labios inmundos…habito entre un pueblo con labios inmundos…”

Cuando todos clamemos en estos términos, entonces el avivamiento que tanto deseamos vendrá. Ya no habrá necesidad de buscar a los misioneros, ellos vendrán, ya no habrá necesidad de rogar a la iglesia que haga su trabajo, ella lo hará, no habrá escasez de pastores, ellos estarán allí.

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (14 años) y Sydney (12 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 27 septiembre 2010 en Biblia, El Llamado y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. En el momento en que tomamos la decision que Jesus viva en nosotros, gobierne nuestro corazon es una gran alegria que no se puede explicar.
    Dios nos llama a cada uno de nosostros a cumplir la gran comision a servirle. Cuando le decimos que estamos dispuestos a servirle, que nos use, guie en lo que el quiera, es un gran paso porque le entregamos TODO., nos rendimos a El.

  2. Estoy seguro que Dios quiere tener un encuentro con cada uno de nosotros… pero, estaremos dispuestos nosotros a encontrarnos con Él?

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