Archivo del sitio

Viernes Santo ¡Buen viernes!

cruz

Reflexión de: Frederick Buechner

“De tal manera amó Dios al mundo”, escribe Juan, “que dio a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él crea, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Es decir que Dios amó tanto al mundo que dio a su único hijo incluso a este mundo de horror obsceno; amó tanto al mundo que de alguna manera, en última instancia indescriptible y en un costo inmensurable que se dio al mundo a sí mismo. Fuera de esta terrible muerte, dice Juan, llegó la vida eterna no sólo en el sentido de la resurrección a la vida después de la muerte, pero en el sentido de la vida tan preciosa que incluso en este lado de la muerte vivir es estar con un pie ya en la eternidad. Participar en la vida de sacrificio y muerte de Jesucristo es vivir ya en su reino. Esta es la esencia del mensaje cristiano, el corazón de la Buena Nueva y es la razón por la cual la cruz se ha convertido en el símbolo cristiano principal. Una cruz de todas las cosas: una guillotina, una horca; pero una cruz que al mismo tiempo cruza la eternidad y el tiempo, como el lugar donde un corazón tan poderoso fue roto y como el poder sanador de Dios mismo podría fluir a través de Él en un mundo enfermo y roto. Fue por esta razón que de todas las palabras posibles que podrían haber utilizado para describir el día de su muerte, la palabra que establecieron fue “bueno” (en inglés Good Friday). ¡Buen Viernes!

Publicado originalmente en “Los rostros de Jesús” (The Faces of Jesus)

Lemas que despertaron la Iglesia: Todo el mundo en todas partes

Escrito por: Howard Culbertson


“Si el amor de Dios es para todo el mundo en todas partes, entonces es para todo el mundo en todas partes” – Edward Lawlor, Superintendente General Nazareno.

LawlorLa declaración de Lawlor sobre “todo el mundo en todas partes” evoca un montón de versículos de la Biblia. Para empezar, hace recordar “todo aquel” de Juan 3:16.

“Todo el mundo en todas partes”, también me recuerda a Romanos 10: 13-15: “Porque,” todo el que invoque el nombre del Señor, será salvo. “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? Y ¿cómo puede alguien predicarán si no son enviados? “

En ese pasaje, la progresión del apóstol Pablo de las palabras del profeta Joel “todo el que llama” a su propia pregunta lógica: “¿Cómo pueden oír?” Es clara. Esos pasos racionales y sistemáticas que Pablo tomó con palabras de Joel deben tomarse con las palabras de Lawlor también. Si Lawlor estaba en lo cierto y el Evangelio es para todos en todas partes, entonces, ¿no deberíamos nosotros los creyentes  decir: “Está bien. ¿Cómo podemos llevar las Buenas Nuevas a todo el mundo en todas partes?

El caminar de Edward Lawlor sin duda igualó sus palabras. Él era un evangelista y plantador de iglesias incansable que había pasado algún tiempo evangelizando entre los pueblos indígenas de Canadá. Con el tiempo se convirtió en un superintendente de distrito Nazareno y luego se le pidió formar un “Departamento de Evangelismo.” En 1968 fue elegido como un Superintendente General Nazareno que significaba que tenía responsabilidades del alcance nazareno en varias áreas del mundo.

Al escuchar a Lawlor diciendo que el Evangelio es para “todo el mundo en todas partes” evoca lo que el líder pionero nazareno P.F. Bresee había dicho al mismo tiempo que Lawlor nació: “Somos deudores a cada hombre de darle el Evangelio en la misma medida en que lo hemos recibido”.

No debemos estar de acuerdo con el dicho de Lawlor y luego dar la vuelta y excusarnos diciendo: “Llegar a las personas en los extremos de la tierra no es lo que estoy llamado a hacer. No es mi responsabilidad”. Tenemos que aceptar el llamado de nuestro Señor a participar de alguna manera para que “todo el mundo en todas partes” pueda escuchar las Buenas Nuevas.

Publicado originalmente en: http://engagemagazine.com/content/slogans-awakened-church-everybody-everywhere

¡Una Salvación Tan Grande!

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

(San Juan 20, 21)

Por: Josué Aceituno Ramos

El Domingo de Resurrección es el día en que Jesucristo resucita después de la crucifixión, va al encuentro con sus apóstoles y luego sube hacia los cielos.  También es la finalización de la Semana Santa.  Es la fiesta más importante para el pueblo Cristiano, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido toda su religión.

Cristo triunfó sobre la muerte y con esto abrió las puertas del Cielo a los creyentes.  Los cristianos consideramos como pruebas de la Resurrección de Jesús a su sepulcro vacío y sus numerosas apariciones ante los apóstoles luego de este día.

Cuando se celebra la Resurrección de Cristo, se está celebrando también la propia liberación de los creyentes.

Celebran la derrota del pecado y de la muerte.

En la resurrección encuentran la clave de la esperanza cristiana.

Con el Domingo de Resurrección comienza un Tiempo Pascual, en el que se recuerda el tiempo que Jesús permaneció con los apóstoles antes de subir a los cielos, durante la fiesta de la Ascensión.  El reflejo de nuestra salvación y la promesa del Espíritu Santo, por lo cual nosotros hemos de recibir el poder que viene de lo alto, da sentido a nuestra doctrina en un Avivamiento de Santidad.  ¡Es una salvación tan grande que solo Jesús nos pudo dar!  ¡Así que guardemos, amemos y apreciemos lo que Dios a través de su hijo hizo, para darnos salvación y vida eterna!  Recordemos:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (San Juan 3:16).

¿Sumo Gozo? ¿Seguro?

En la última entrada, hablamos del Gran Gordini y cómo su valentía y su pregunta espantosa nos puede retar.  La fe no es sólo pensar ni aun declarar con la boca que el Creador y Maestro puede cuidarnos y transformarnos.  La fe es actuar.

El testimonio de Francis Chan durante el Nazarene Youth Conference en Louisville, Kentucky hace dos semanas también ilustró esta verdad.  Él compartió con vulnerabilidad sobre su niñez y adolescencia y como su madre, madrastra, padre, tío, y tía murieron en diferentes tragedias horribles.  Explicó con franqueza cuán profundamente le afectó todo eso y cómo entró en momentos de depresión por muchos años.

Sin embargo, Chan sorprendió la audiencia de 6,300 jóvenes nazarenos cuando dijo que él ahora ve todas esas traumas como la bendición más grande de su vida.  ¿Por qué? Porque por medio de ellas, él se acercó a Dios.  A través de su desesperanza, aprendió a depender completamente en Dios.

El riesgo si no tenemos dificultades, pruebas, persecuciones, desafíos serios – dice Chan – es que no nos acercamos a Dios.  ¡Ojo!  Tengamos cuidado si huimos de lo difícil o si oramos que Dios nos quite todo dolor y padecimiento.  ¡¿Cómo esperamos que él nos madure si no permitimos que se usen esos medios claves para que le amemos más y más?!

Promesa: Todo aquel que en él cree, no se perderá, mas tendrá vida eterna (Jn. 3:16).

Promesa: El que en Jesús cree, las obras que él hace, él las hará también; y aun mayores hará, porque Jesús fue al Padre (Jn. 14:12).

Podemos contar con estas promesas.  Él nos salvará y nos usará para hacer grandes cosas.  Pero creerle no es sólo decir “Amén” ni llegar a estar de acuerdo en nuestra mente nada más.  Creer es una acción.  Creer es un sacrificio.  Cuando Dios permite que sufrimiento y dificultades serias llenen nuestras vidas, debemos con gozo abrazar la oportunidad dada para perfeccionarnos en amor y santidad.

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.  Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:2-4).

El Plan De Redención: El Plan de Dios

El Plan de Redención: El Plan de Dios

La Gran Comisión: Parte II

Mateo 28:16-20

Escrito por Dr. Stephen Manley, en su libro “La Gran Comisión”

Dios tomó la iniciativa de redimir al mundo. Esa no es nuestra misión. Nosotros no la persuadimos para que lo hiciera. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

El plan de redención siempre ha sido el plan de Dios. Nosotros llamamos a esto “Gracia preveniente.” Dios se movió a favor nuestro. Mientras estábamos todavía en nuestros pecados, Cristo murió por nosotros (véase Romanos 5:8). Él comenzó su plan antes de la fundación del mundo. Esta ha sido siempre su sueño, su plan, y su propósito.

Él escogió un remanente al que llamó iglesia para que lo ayude a llevar a cabo su plan. La propagación del plan redentor deberá ser a través de la iglesia. Nosotros somos la iglesia. Él nos ha llamado para que nos involucremos en su deseo divino. Dios no desea que ninguno perezca (véase 2 Pedro 3:9). Él ha destinado que cada uno forme parte de su reino. Él ha hecho las provisiones para que esto sea una realidad. Dios nos ha llamado a compartir el anhelo de su corazón. Ésta es su misión. Ahora es nuestra misión.

Puedo preguntarle:

¿Cómo ve usted su compromiso en la iglesia?

¿Es su meta, su propósito, el enfoque de sus planes, el ganar al mundo?

¿Está su sueño de día y de noche enfocado en la redención del mundo?

¿Qué lo hace llorar a usted?

¿Qué lo perturba?

¿Es su cansancio el resultado de su compromiso interminable en la redención del hombre?

¿Late su corazón con el corazón de Dios?

¿Ve usted cada situación y cada persona involucrada como resultado de su participación en la fuerza redentora de Dios en esta hora?

¿Podría yo decir atrevidamente que si esto no es una realidad para usted, entonces no ha comprendido el impacto del evangelio según San Mateo?

Un Pueblo Enviado

Como hemos visto en las últimas dos entradas, Pedro dice que somos un linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, un pueblo adquirido por Dios. ¿Pero para qué? “Para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (2:9). Somos un pueblo enviado.

La nuestra no es una posesión para nuestro propio bien. Somos comisionados a proclamar sus actos poderosos. Habiendo sido escogidos, redimidos, transformados, y santificados, también somos enviados. Ser elegidos no es para nosotros solos, es para el mundo.

En su segunda carta Pedro hizo que su pensamiento fuera muy claro: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Pedro obviamente había llegado a abrazar la pasión de Jesús por los perdidos. El Dios que amó al mundo suficientemente como para enviar a su único Hijo (Juan 3:16), ¡desea que ninguno se pierda!

Esa convicción ha motivado a la Iglesia del Nazareno alrededor del mundo. No podemos descansar mientras hay tantos que aun no están con Cristo. Nuestra misión implica ser valientes y llenos de valor. Somos el pueblo enviado de Dios, llamados a proclamar las riquezas de su gracia a todas las personas, en todo el mundo. Con el optimismo radical de la gracia que nos motiva, vamos con el poder del Espíritu para ganar el mundo para Cristo.

Somos enviados. Esta es nuestra herencia; esta es nuestra misión.

A %d blogueros les gusta esto: