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Jesús Fue Un Refugiado – Parte 1 de 2

Por JT English

Trata de imaginar estar huyendo, escapando con tu vida de un gobernante violento. En la prisa de tu escape te ves obligado a dejar tu vida como la conoces. Dejando atrás familia, amigos, relaciones y cualquier sentido de normalidad, ahora tienes que abrirte camino a cientos de millas a través de terreno traicionero para llegar a la frontera que promete seguridad. Probablemente, te unes a una caravana de inmigrantes para protegerte de saqueadores, bandidos y ladrones en el peligroso viaje. Comida y agua son escasas, y es casi imposible escapar de los elementos naturales porque no hay refugio. Mientras llegas a tu destino, la realidad establece que tienes que comenzar de nuevo. Estás viviendo la vida de un refugiado.

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Esta fue la experiencia de Jesús y su familia. Casi inmediatamente después de su nacimiento, siendo un niño, Jesús y su familia fueron refugiados. Muy parecido a Moisés, la vida de Jesús estaba en riesgo debido a un loco tirano (Éxodo 2:1-10; Mateo 2:13-23). No conocemos mucho del viaje de Jesús hacia Egipto, salvo lo que Mateo recuenta de María, José y Jesús escapando del dominio de Herodes mientras él buscaba matar a los niños pequeños. Sin embargo, tú puedes usar tu imaginación para empezar a comprender lo terrible que debió ser ese viaje. Incluso después de que Jesús y su familia regresan de Egipto, tienen miedo de volver a Judea por el peligro de vivir bajo el mandato de Arquelao, así que se refugian en Nazaret. 

No solamente la temprana vida de Jesús estuvo marcada por la experiencia de ser refugiado, también soportó circunstancias similares durante su ministerio. Él no tuvo lugar donde recostar su cabeza (Mateo 8:20), no fue bien recibido en su ciudad natal (Lucas 4:14-31), dependía de otros en apoyo financiero (Lucas 8:3) y padeció afuera de las puertas de la ciudad (Hebreos 13:12).

 A la luz de la actual crisis de refugiados sirios, es importante que consideremos la vida de Jesús como un refugiado. Para estar seguros, el hecho de Jesús fue un refugiado no necesariamente se relaciona de manera directa con las políticas nacionales que enfrentamos, pero nos ayuda a formar una postura cristiana en esta crisis. Kevin Vanhoozer remarca que los discípulos de Jesús son aquellos que han sido formados en el tipo de personas que caminan a través de la etapa de la historia mundial como Jesús lo haría. Pablo afirma enfáticamente que los seguidores de Cristo son aquellos que tienen la mente de Cristo (1 Corintios 2:16). Por lo tanto, en cada situación, los discípulos de Jesús están interesados en cultivar y promover distintivamente creencias y acciones cristianas.

Este artículo continuará en la próxima entrada.

Un Homenaje Navideño a Mi Madre

Durante Navidad pasamos tiempo juntos como familia, y aunque no estaré con mi madre este año, quiero escribir un poco sobre ella (este mes se celebra el Día de la Madre acá en Panamá).  En la entrada anterior, escribí sobre María y su respuesta de obediencia al ángel Gabriel.  Mi mamá ha dado un gran ejemplo de obediencia también durante su vida.

Mi mamá, Candis Duecker, siempre fue mi mejor oyente.  Ella es consejera cristiana y tiene una gran capacidad para escuchar.  Lo ha hecho con mi hermano y conmigo desde nuestra niñez.  Cuando mis padres se divorciaron en 1992, esto cambió un poco porque ella tenía que preocuparte en sobrevivir emocionalmente, más que en cualquier otra cosa.

Después del divorcio, mi mamá se casó demasiado rápido, y a un hombre que llegó a ser abusivo.  Nunca la pegó, pero mi padrastro a menudo atacaba a nosotros verbalmente.  Habían momentos cuando mi mamá quería separarse de él, y muchos le aconsejaban así.  No digo que uno debe permanecer siempre en una relación abusiva, porque creo que Dios no quiere eso muchas veces.  Sin embargo, mi mamá perseveró, llorando y entregando en oración a Dios cada día y noche a mi padrastro, Daniel.

Gradualmente, después de varios años, empecé a ver algunos cambios.  Antes de venir al campo misionero, mi primer hijo, Elías, nació.  Daniel comenzó a bajarse y hasta acostarse en el piso para jugar con su nieto.  Era más tierno con mi mamá.  Dios estaba haciendo su obra.

Hace ocho años mi padrastro empezó a sufrir de Alzheimers.  Murió hace un año, el 2 de diciembre de 2010.  En sus últimos años ni podía recordar el nombre de mi mamá ni quién era.  No podía ir al baño ni comer solo, de hecho no tenía control de nada.  Hasta el final mi mamá le alimentaba, le limpiaba, y le cuidaba.  Ella seguía amándole hasta el último momento que tenía respiro.

Quiero dedicar esta Navidad y Adviento a Candis Duecker.  La extraño y la quiero mucho.  Pero mientras reflexiono en el nacimiento de Jesucristo, también reconozco que nuestro Señor recibió su formación en el regazo de su mamá.  María era una mujer virtuosa y siempre estaba dispuesta a hacer la voluntad de Dios.  También mi madre me ha mostrado qué significa perseverar en amor, en intercesión, y que implica humillarse y servir a los demás.

Gracias, mamá.  Dios te ha usado para formarme y soy producto de tu obediencia a él.  ¡Feliz Navidad!

¡Salve, Muy Favorecida!

Este Adviento he estado reflexionando sobre el carácter y la actitud de María, madre de nuestro Señor.  Radico en Panamá y en este país celebramos el Día de la Madre el 8 de diciembre.  De hecho, voy a estar escribiendo en la próxima entrada sobre mi mamá y algunas cosas que he aprendido de ella, cómo coinciden con este tiempo Navideño, etc.

Pero primero hablemos de Lucas 1:26-38.  En un tiempo de persecución Romana y adolescencia precaria, la jovencita María recibe un mensaje del ángel.  Recordemos que las primeras palabras que anuncia no son palabras de regaño, ni son palabras sobre lo que va a suceder o lo que ella debe hacer.  Gabriel comparte con alegría: “¡Salve, muy favorecida!  El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres” (v.28).  Después dice: “No temas, porque has hallado gracia delante de Dios” (v.30).

¿Estás escuchando la voz del Señor hoy? Él no te llega primero para pedir que hagas algo, ni mucho menos para acusarte.  ¡El mensaje del Señor de Señores para ti en este día es que eres favorecido y bendito!  ¡Él está contigo y bendito eres!  ¡Recibe y acepta esta afirmación y amor de nuestro Señor en este momento!

La segunda cosa que me llama la atención se resalta en versículos 35 y 37.  Con razón, María tiene sus dudas y quiere más explicación.  Y Gabriel no empieza a hablar de fisiología, sino de teología.  “El Espíritu Santo vendrá sobre ti….y no hay nada imposible para Dios.”  ¿Cómo puede pasar esto? ¡Solo con el Espíritu!  Lo que humanamente y biológicamente es imposible será posible con Dios.

¿Cuál es la situación imposible en tu vida actual? ¿Sabes cómo se va a resolver? ¡Ni con espada ni con ejército, sino con el Espíritu de Dios!  ¡Oh, Señor, necesitamos más de tu Espíritu en nuestras vidas y familias y ministerios! ¡Haz lo imposible en, a través de, y alrededor de nosotros!

Tercero, miremos la reacción de María.  Es de pura obediencia y humildad.  “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (v.38).  En medio de incertidumbre y temor, María esencialmente hace la misma oración que su Hijo ni aun concebido hará 34 años después antes de ser entregado y crucificado: “No sea como yo quiero, sino como  tú….hágase tu voluntad” (Mt. 26:39, 42).

¿Qué gran ejemplo, no? En este tiempo de Adviento nos preparamos para la venida del Señor.  Y cuando él nos viene, ¡preparémonos de verdad!  Porque su mensaje será uno de gracia y favor, mientras además nos presenta lo imposible como factible en nuestras vidas.  En nuestra confusión y sorpresa, que nuestra respuesta sea la de María: ¡Somos tus siervos, Dios!  ¡Derrama sobre nosotros más y más de tu Espíritu!  ¡Hágase con nosotros conforme a tu palabra!

¡Nuevas de Gran Gozo!

“Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento” (Lucas 1:14).

“Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre” (Lucas 1:44).

Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo” (Lucas 2:10).

Ha pasado el tercer domingo de Adviento. Esta temporada está resultando maravillosa para mí; mi corazón y mente, mi ser entero, mis sueños, anhelos y emociones se han alineado para recibir al Mesías. Navidad está cada vez más cerca; la celebración del Dios que se hizo humano y habitó entre nosotros ya se deja ver. Y debemos prepararnos para vivir esta fiesta de manera inenarrable.

Me gustó este tercer domingo de la estación. Su valor fue el gozo. Durante toda la semana debemos apreciar este valor que hace que la espera de la celebración navideña sea aún mejor. La alegría de la Navidad en el corazón de la gente puede ser efímera; incluso hay algunos que no disfrutan la temporada navideña, se sienten tristes, solos y melancólicos. Pero para los cristianos, hay un gozo sempiterno que habita en nosotros y que no depende de la situación o de las circunstancias; nuestro gozo está anclado en Jesús, el autor de nuestra fe.

Les invito, amigos lectores, a que vivan el gozo que Cristo da en este tiempo de espera. Que el Adviento y su énfasis puedan ser un aliciente a nuestra vida para que nos preparemos a celebrar a Jesús: el único motivo de la Navidad. Que nuestro ser se una al canto de María: “¡Engrandece mi alma al Señor!” (Lucas 1:46).

–Josué Villatoro, Villaflores, Chiapas, México

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