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Cuenta Una Buena Historia Cuando Predicas/Enseñas – Parte 2 de 2

Esta es la continuación del artículo publicado en la entrada anterior.

Ilustraciones que Conectan

Es por eso que las ilustraciones importan. Las ilustraciones nos ayudan a situarnos en la historia. Pero las ilustraciones que nos invitan a la necesidad de ser algo que realmente podemos imaginar. La mayoría de nosotros no luchamos contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Si nos pides que nos coloquemos en esa historia, siempre nos imaginaremos a nosotros mismos como el héroe– escondiendo los judíos en nuestro sótano o dando pan al soldado hambriento del otro lado.

Pero, siendo realistas, muchos de nosotros podemos imaginarnos luchando con nuestro hermano por el control remoto, o, años más tarde, peleando por el lugar donde la familia tendrá la reunión, o quién debería decirle a papá que es hora de dejar de conducir, o quién se quedará con la mesa del comedor cuando los padres hayan muerto. No nos imaginamos siendo el héroe en estas historias porque probablemente no lo hemos sido. Lo que necesitamos en una historia sobre nuestros hermanos, es una idea acerca de qué hacer a continuación––cómo se vería realmente ser como Cristo, no en algún pueblo francés en 1942, sino hoy en la sala de la casa o mañana en el teléfono.

Porque nosotros sabemos que las ilustraciones ayudan a nuestros oyentes a colocarse en la historia, los predicadores y los maestros podemos pasar mucho tiempo buscando la ilustración perfecta: la historia que se enlaza con el pasaje de la Escritura, con la extensión correcta, y que nos mueve fácilmente al siguiente punto. Esta es la razón por la que hay libros de ilustraciones disponibles para comprar y sitios web ansiosos porque te suscribas. Pero las ilustraciones enlatadas normalmente saben de esa manera: tienen la esencia de una buena historia, pero son carente de color y sabor.

Las ilustraciones más fuertes se extraen de la vida de la iglesia y del ministerio mismo. Si comienzas una oración con “Esta semana en el estudio Bíblico, Ben mencionó…” o “Nancy, de nuestra junta de la iglesia, me invitó a unirme a ella en una visita esta semana, y…” Las cabezas se van a levantar. La gente va a prestar atención. ¿Ben dijo algo interesante en el estudio bíblico? ¿Qué pasó en la visita?

De repente, la vida de la iglesia se ha convertido en el sermón. Alguien estaba prestando atención a las cosas que suceden cada semana. Este no fue un evento de una vez en la vida. El estudio de la Biblia ocurre cada semana. Los miembros de la Junta visitan a la gente todo el tiempo. Esta era la vida regular siendo llamada como un ejemplo de vida en el reino. La ilustración no era teórica, distante o abstracta. Era personal, atractiva, accesible, y relevante. Eso llama la atención de la gente.

Esto también significa que debemos prestar atención. Si has leído y estudiado tu texto a principios de la semana, vigila el resto de esa semana: identifica cualquier cosa que pueda vincular este texto a las vidas de estas personas. Un intercambio con el mesero en el almuerzo. Un artículo de una revista. Una canción en la radio. Otro pasaje de la Escritura. Una gran cita en las redes sociales. A medida que avanza la semana, escribe estas cosas. Incluso si sólo está remotamente conectado a lo que estás predicando o enseñando, grábalo. Nunca se sabe cómo el Espíritu puede usarlo.

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Una palabra de precaución

Una nota importante: Siempre pide permiso. Si Ben dice algo en el estudio Bíblico que llama la atención, menciónalo luego y ve si está bien usarlo y si quiere el crédito. Di algo como: “Me encantó lo que dijiste sobre el versículo 5. Puedo usar eso el domingo, ¿estaría bien si mencionara tu nombre?” No prometas que vas a usar la ilustración. Todos sabemos que lo que parece perfecto el miércoles por la mañana puede no encajar cuando estamos terminando el sermón o la lección el sábado por la noche.

También sabemos que algunas ilustraciones brillantes nos golpearon a las 6 de la mañana del domingo, y no siempre tenemos tiempo para consultar con la persona antes de predicar o enseñar. Pero si ellos no saben que vas a utilizarlos, no los utilices. El uso de los demás en las ilustraciones es una oportunidad para nosotros como pastores y maestros de cuidar bien a las personas. Queremos que se vean bien en las ilustraciones, y queremos que se sientan seguros en la iglesia. Respeta sus deseos si no quieren ser utilizados, o se ofrecen a cambiar su nombre o los detalles del evento si eso los hace sentir más cómodos con la idea. Pero si se niegan, respeta eso. Piensa en el uso de ilustraciones como una oportunidad para construir confianza con tu congregación.

Este artículo fue publicado originalmente en: Christianity Today

 

Cuenta Una Buena Historia Cuando Predicas/Enseñas – Parte 1 de 2

Escrito por: Mary S. Hulst. Trad. por: Yadira Morales

Cómo enseñar de una manera que conecte, impulse y construya confianza.


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Mis hijastros entran empujando la puerta después de ver una película con su padre. Están riendo, hablando y citando líneas de la película mientras exploran la alacena para comer algún aperitivo.

“¿Como estuvo la película?”

“¡Estuvo realmente buena! Muy divertida.”

Entonces hago esta pregunta: “¿De qué se trataba?”

Por lo general, ellos hacen una narración del relato “jugada por jugada,” uno de ellos hablando encima del otro para aclarar un punto en la trama. Me hablan de los actores, de los carros y de las partes divertidas. Me dicen quién ganó en el final y si este era mejor que el otro que era un poco como este pero que protagonizó ese otro tipo. Por supuesto todo esto se dice a través de bocados de queso cheddar y patatas fritas de crema agria.

Nunca, en todas las veces que me han hablado de películas, ¿alguna vez me miraron y me dijeron: “No puedo recordar. Había un tipo, y tal vez era un detective o algo así, y tenía un coche. Algo estalló. No lo sé.”

Siempre lo saben. Siempre pueden recordar. Siempre pueden decirme. Ese es el poder de una historia. Podemos recordar una película porque alguien nos está contando una historia. La historia comienza con personas que necesitan algo, o algo les sucede, o existe la promesa del amor, la amenaza de la extinción global, o una batalla épica entre el bien y el mal. La historia se desarrolla a medida que los personajes responden a lo que venga en su camino. Una buena historia nos atrae porque queremos saber cómo resulta: ¿El acusado cometió el crimen? ¿Los alienígenas destruyen la vida en la tierra? ¿La chica encuentra el amor?

Nuestro desafío como predicadores y maestros es que casi todos los que nos escuchan saben cómo se desarrolla la historia. Dios está en voz baja y sutil. El muchacho mata al gigante. Jesús cura al ciego. Tomás profesa la fe. Pablo, una vez más, le dice a la gente qué hacer. Bostezo. ¿Por qué nuestra gente debe seguir escuchando si saben cómo esto va a terminar? Hay un problema. Dios lo resuelve. Toma la ofrenda.

Necesitamos crear tensión, o tenemos que reconocer la tensión que ya existe. Porque aunque la mayoría de nuestros oyentes saben cómo resultan las historias bíblicas, no saben cómo están saliendo sus historias. No pueden leer hasta el final de sus libros. Todos nosotros, predicadores y asistentes, escuchamos las palabras de la Biblia y pensamos: ¿Es esto cierto? ¿Es importante? ¿Me sucederá a mí?

Esa es la tensión. ¿Es esta verdad para mí? ¿Es Dios el Dios real para mí? ¿Mis pecados están realmente perdonados, y cómo puedo saberlo? ¿Realmente importa una vida de obediencia cuando me está costando tanto?

Y ahí está nuestro anzuelo. Todos entran en la iglesia esperando, orando, pidiendo que algo que se diga o se cante les ayude, los consuele, los asegure, y a veces los desafíe, los condene o los empuje. Para decirlo simplemente: quieren verse ellos mismos en la historia.

Este artículo continuará en la siguiente entrada.

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