Archivo del sitio

Cruzar las Barreras

Por Freya Galindo Guevara

Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” Juan 1:14

Podemos definir la cultura como el conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, etc., no solo se refiere a aspectos superficiales o visibles, la cultura va más profundo, está dentro de las personas y es parte de ellas.

Las barreras culturales son los distintos factores que en un momento dado pueden afectar directa o indirectamente, de manera negativa o positiva, la interrelación de personas de culturas diferentes. Atravesar las barreras culturales no es fácil, pero si miramos a la Biblia, y si vemos a nuestro mejor ejemplo, Jesús, entendemos que es posible.

Jesús se hizo carne, se hizo hombre, se hizo como uno de nosotros e incluso ¡habitó entre nosotros! Jesús mismo se sumergió en nuestra cultura.  No solo compartió un mensaje desde un púlpito o un micrófono; en verdad habitó con nosotros los seres humanos.  Se identificó con nuestra carne y debilidad, y lo impresionante es que ¡nos invita a hacer lo mismo!  No bastará sumergirnos en nuestra propia cultura, nuestras ideas, nuestros valores, o nuestras costumbres.

Sumergirse.

pexels-photo-1389098

En una piscina, si alguien se mete de verdad en ella acabará todo mojado porque se sumergió. Jesús quiere lo mismo de nosotros, pero no que lo hagamos en nuestra cultura sino en la cultura de otros. ¿Qué caso tiene que nos sumerjamos en nuestra misma cultura? Eso es algo que ya conocemos y que nos es familiar, donde nos sentimos cómodos, y no implica reto alguno. Dios quiere algo más de cada uno de nosotros.

Nuestro Dios es multicultural, así que Él nos envía a amar a todas las personas, incluso cuando se ven diferentes a nosotros. Me atrevo a decir que: aún más cuando se ven distintos a nosotros. Porque al final, cuando no compartimos las mismas costumbres, ideas, ni idioma, sin embargo entendemos que somos humanos y que tenemos la misma necesidad de Dios, su salvación y su perdón: ahí es verdaderamente donde mostramos amor por el prójimo.

Jesús se hizo carne, se hizo humano y vivió con nosotros. Él nos invita a cruzar las barreras que nos hacen diferentes, y a crear puentes que nos permitan vernos como iguales en cuanto a nuestra necesidad de Él.

*Freya Galindo sirve como misionera con la Iglesia del Nazareno y es coordinadora de Misiones Globales para el Área Central: Costa Rica, Cuba, Panamá, Puerto Rico y República Dominicana.

 

 

Regalos al Adorar con una Iglesia Multiétnica y Urbana – Parte 2 de 2

*Esta es la continuación del artículo anterior.

La mayoría de las iglesias de las que he sido parte están diseñadas para alguien como yo.

Así como disfruto el sabor caribeño de nuestra adoración, es un recordatorio constante de que nuestro servicio y programas no están diseñados para alcanzarme–están diseñados para hablar el lenguaje del corazón y satisfacer las necesidades de otras personas en nuestra comunidad.

Por supuesto, así es como debe ser. Pero me golpea que durante toda mi vida he sido parte de iglesias que activamente estaban complaciendo a personas como yo–personas de mi edad, mi raza y mi estatus socioeconómico. Y nunca pensé en nuestra adoración y programas como algo que definiera la manera en “cómo hacemos iglesia.” Pensaba que esas cosas eran la manera en “cómo las personas deberían hacer iglesia.”

Las implicaciones de esta lección no se detienen con mi experiencia del pasado con la iglesia. Se ha vuelto más claro para mí en los últimos meses que la gran mayoría de los recursos del ministerio, incluso más ampliamente los recursos cristianos, son producidos teniendo en mente a personas como yo. He disfrutado de un estatus privilegiado por largo tiempo y nunca me había dado cuenta. Lo percibo tan pronto me encuentro con algo que no está hecho a la medida de mis gustos.

36387.jpg

El regalo que viene de adorar en un servicio que no está diseñado para mí es que revela la profundidad de mi relación consumista con la iglesia. No es una lección divertida, pero es una muy importante.

La diversidad no solo “ocurre.”

Pensamos que mudarnos a una de las ciudades más diversas en Estados Unidos significaría que encontraríamos diversidad confortable en todos lados. Estábamos equivocados. Mientras más vivo en la ciudad de Nueva York más me sorprende lo segregado de la ciudad. Los barrios e incluso cuadras dividen denominaciones étnicas. Las escuelas pueden ser monoculturales incluso en un barrio con diversidad cultural. Es más difícil de lo que pensé encontrar iglesias en la ciudad que están comprometidas con la diversidad radical.

Todos nuestros sistemas sociales y cívicos trabajan contra la integración étnica y socioeconómica. Es posible que yo supiera esto intelectualmente esto antes. Pero vivir donde vivimos y adorar donde adoramos ha enfatizado el mensaje: la diversidad no solo “ocurre.” Se necesita una intencionalidad deliberada e incómoda. Se necesita un grupo de personas que están felices de escuchar dos veces los anuncios de la iglesia–una vez en inglés y después otra vez en español–felices de cantar las canciones en dos idiomas. Se necesita un grupo de personas dispuestas a sacrificar sus preferencias para que alguien que se siente cerca de ellos pueda escuchar a Dios hablándole de la forma en que ellos necesitan escucharlo.

Supongo que el verdadero regalo de adorar con una iglesia multiétnica y urbana ha sido la hospitalidad tangible. Mientras nuestro servicio no está diseñado para atraer mis gustos, constantemente soy conmovido por cómo personas serviciales se aseguran de que mi familia se sienta bienvenida. Hemos sido los recipientes de una enorme gracia y bondad. Esa gracia y bondad ha hecho que esta nueva y gran ciudad se sienta pequeña y familiar.

Este artículo fue publicado originalmente en: City to City

Regalos al Adorar con una Iglesia Multiétnica y Urbana – Parte 1 de 2

By Brandon O’Brien

Cuando nos mudamos de Arkansas a la ciudad de Nueva York, nos instalamos en Washington Heights en la parte alta de Manhattan. Nuestra decisión de vivir en Washington Heights estuvo principalmente determinada por la economía. No podía imaginar pagar mucho dinero por un espacio tan pequeño en algún lugar de la zona Oeste del Alto Manhattan.

Así, de manera totalmente ingenua, nos mudamos a Heights e inmediatamente nos convertimos en una minoría étnica.

should-every-church-be-multiethnic-american-bible-society-leadership-blog-church-communities-racial-reconciliation-diversity-black-history-month.jpg

Además de ser blancos en un vecindario predominantemente dominicano, mi esposa y yo también tenemos dos hijos adoptivos. Ambos son étnicamente diferentes a nosotros y entre ellos. Somos todo un espectáculo. Y hemos recibido una buena cantidad de miradas en los últimos meses–no solo en Heights. Pero un lugar en el que nos sentimos totalmente normales es con la iglesia.

Adoramos con una nueva iglesia llamada Iglesia de Heights Comunidad Cristiana. Nuestro servicio es bilingüe con música y anuncios en español e inglés, y un sermón en Inglés, traducido en vivo por hablantes hispanos. En su mayoría la congregación es latina, pero muy diversa. De hecho, la congregación refleja la diversidad étnica del vecindario (apróximadamente 60% son latinos y 40% son “otros”). El número de parejas trans-raciales es igual al número de parejas de la misma raza.

Para una familia como nosotros, estar rodeado por familias diversas es un regalo en sí mismo. Hemos recibido otros regalos al adorar en una iglesia multiétnica y urbana. A continuación algunos, expresados como lecciones aprendidas. Por ejemplo, he aprendido:

Puedes usar tus caderas para adorar.

He levantado mis manos en adoración. He doblado mis rodillas en adoración. Me encanta, hasta he aplaudido y me he movido un poco. Pero nunca antes mis caderas habían sido tentadas a involucrarse en la adoración. Y la verdad es que: son muy malas para eso.

En algún lugar aquí hay un punto muy serio. El estilo de adoración es más que cuestión de gustos. Formas diferentes de música abren diferentes posibilidades, incluso posibilidades teológicas. Por ejemplo, he cantado la canción “Bendito sea Dios” en muchas iglesias en los últimos quince años. En todas ellas, el tono de la canción ha variado de reflexiva, a ser de arrepentimiento, y a triunfante. Pero cuando la canto sobre una línea de bajo y una sección de ritmo caribeño, se abre una nueva posibilidad. La canción se convierte positivamente en celebración.

En este caso, el estilo musical es el reflejo de valores profundos y personalidad cultural. Nuestros hermanos y hermanas dominicanas saben cómo hacer una fiesta y saben cómo traer esa fiesta a la iglesia. Nunca pensé que podía cantar “Tú quitas y Tú das” con una sonrisa en mi rostro. El hecho de que lo puedo hacer ahora es un regalo de parte de mi congregación tan diversa.

*Este artículo continuará en la siguiente entrada.

A %d blogueros les gusta esto: