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Tropezadero

“Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles”  (1 Cor. 8:9).

Como nuevo pastor de jóvenes, invité a uno de los estudiantes de segundo año del grupo de jóvenes a tomar un helado después de la escuela. Tan pronto como subió a mi coche y giré la llave en el encendido, la radio comenzó a sonar muy fuerte, era una canción muy popular de rock. Una canción que todos conocían. Una canción que me gustaba. Pero, no era una canción con… eeeh digamos… un mensaje bíblico.

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¿Deben los cristianos escuchar solamente himnos durante todo el día? Para nada.  ¿Era pecado escuchar una canción secular en el radio? Probablemente no.

Sin embargo, por la forma en que ese jóven me miró, supe que con eso él podría justificar su muy cuestionable selección musical. Su andar cristiano estaba siendo afectado aun cuando mi eternidad estaba intacta.

“Lo siento” —dije apagando la radio—. “Ninguno de nosotros debería estar escuchando eso. No pasará de nuevo.”

*Este mini-devocional fue escrito para la aplicación de la Juventud Nazarena Internacional (JNI) de la Región Mesoamérica. Les animamos a descargar y usar esa app, a través de la cual se estarán compartiendo pensamientos devocionales cortos como éste (escritos por varios líderes).

Vidas de Adoración

Cuando escuchamos la palabra “adoración” usualmente nuestras mentes se enfocan sólo en la música. El “tiempo de adoración” en un servicio suele ser la alabanza.  El cantar sólo es parte de la adoración pero cuando vemos en las Escrituras, ¡la adoración va mas allá de sólo cantar!

Pablo dice en Romanos 12:1 (NVI), “Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios”.  La adoración va mucho más allá de un desempeño dominical.  Va más allá que la música.  Es cada onza de energía, cada respiración, cada latido sometido completamente a Jesucristo.

Los domingos en la mañana la gente asistía a la iglesia y veía a una persona indigente desplomada a las puertas de la iglesia.  Esto era poco común, no era algo que la gente esperaba y la tentación era ir adentro y hacer lo que normalmente hacía.  Sin embargo, mucha gente empezó a detenerse, preocuparse por esta persona y ver si había alguna manera de ayudarla y ministrarla. Resulta que esta persona no era un indigente, era el pastor disfrazado.  Lo hizo para probar el verdadero corazón adorador de la congregación.

Dios es muy directo al hablar a Israel en Isaías 1:11-18.  Él dice que está harto de la adoración en la iglesia cuando la vida de la congregación no es vivida de acuerdo a la compasión y la justicia.  Esto significa que debemos estar dispuestos a ser interrumpidos: listos para sacrificar de nuestro tiempo, energía o dinero; listos para defender el bien cuando sea conveniente o arriesgado.  Es como la historia del Buen Samaritano.  Este “forastero” reflejó el corazón de Dios en la manera en la que interrumpió su viaje, corrió el riesgo personal de cuidar a este hombre física y financieramente.  Su vida fue un acto de adoración a Dios.

Si eres como yo, vivimos con la intención de amar a nuestro Señor con el corazón, el alma y la mente pero sigo necesitando la ayuda de Dios para amarlo con todas mis fuerzas.  Quiero que el Señor suavice mi corazón para que pueda ser sensible a lo que Él está haciendo a mí alrededor en todas mis actividades con la gente de la escuela, casa, amigos e iglesia.  Quiero vivir en total sumisión y obediencia a Jesucristo.  Quiero ver en dónde está trabajando Él y unírmele inmediatamente.  Quiero que mis momentos de alabanza sea con manos limpias.  No podemos hacer esto solos.  Esto es algo que el Espíritu Santo debe trabajar en nosotros.  ¡Hazlo en nosotros, hazlo en mí, Señor!  Que nuestras vidas sean un acto de adoración a Ti.

Escrito Por: Brian Woolery (Coordinador Regional de la JNI – Región Asia-Pacífico).

La Cruz Inconveniente

wooden-crossAunque he regresado de los Estados Unidos y aunque la Asamblea General terminó ya hace dos semanas, todavía mis memorias y el tiempo allá siguen reverberando en mi corazón.  Ya escribí una entrada sobre el sermón del Superintendente General J.K. Warrick el 25 de Junio, 2009.  Pero me llamaron la atención dos cosas impactantes al ver el video y “experimentarlo” otra vez:

  1. La canción de los “Olivetians” antes de la prédica de Dr. Warrick encendió toda la congregación.  Sin embargo, era una canción bastante básica.  Sí, con buena harmonía, sí el grupo con muy buenas voces. Pero la letra no era muy profunda.  Solamente cantaron como si estuvieron en el cielo y uniéndose a los ángeles alabando al Señor, al Rey de Reyes, al Cordero, al Alfa y la Omega, al Mejor Amigo.  Mira el servicio en este vínculo (adelantándolo hasta el 1:02) y sin duda vas a comprender que sólo están cantando a Dios y proclamando que Él es digno, y Él merece la honra, y Él es santo, y…toda la canción tiene que ver con ÉL.  Muchas veces nuestras alabanzas y coros tienen mucho que ver con nosotros y no con Dios.  ¿No es cierto que el corazón de la alabanza es Él, ÉL, ÉL? Gloria a Dios por este grupo y la forma en la cual nos ha ministrado.
  2. Nunca en mi vida he visto un culto donde no se ve el predicador.  Esa cruz gigantesca se puso directamente en frente del púlpito.  De hecho, ¡es un poco cómico cuando Warrick está predicando porque no se puede ver!  ¡Qué ridículo!  ¡Qué chistoso!  ¡Hasta las cámeras ni sabían qué hacer a veces para que el predicador saliera en la pantalla!  ¡Qué escándalo!

Hmm.  A veces la cruz nos estorba.  A veces nos es incómoda.  Muchas veces sería más conveniente ponerla a un lado en nuestras vidas.  Cuando la ponemos en el centro de nuestras vidas, ¿parece un escándalo, no?

Gracias, Dr. Warrick, por tu creatividad y por ser usado por Dios para enseñarnos a nosotros una verdad inconveniente.

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