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¿Qué es lo Que Haces Con el Ladrón?

El Dr. Donald M. Joy escribe en su libro, El Espíritu Santo y Tú, acerca del pecado como un ladrón. Su analogía equipara el principio del pecado con un ladrón armado en el hogar de una persona, un forajido en el corazón. Esto no es exagerado: Juan 10:10 nos dice “el ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir.”

Imagínate a ti mismo llegando a casa tarde una noche, para descubrir que un invasor estuvo dentro de tu casa, sosteniendo a tu hijo a punta de pistola. Mientras esperas afuera de tu casa, tienes que tomar una decisión. Debes hacer algo. ¿Pero qué?

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¿Deberías simplemente ignorar el problema y esperar que el criminal decida irse sin hacer daño, saliendo quietamente de tu casa?

¿Deberías entrar lentamente a tu casa, con cuidado de no asustar al forajido, y tratar de negociar con él? ¡Quizá prometa robar solo un artículo por día si lo dejas vivir en tu casa!

O, quizá, debes ir apresuradamente a tu casa, enfrentar al ladrón en potencia, tirarlo al suelo y mantenerlo hacia abajo para que no pueda usar su pistola. Pero después, ¿te sentarías encima de él, día tras día, reprimiendo su intento de maldad hasta que un día te fatigues y él te domine a ti?

Como claramente explica el Dr. Joy, en tus propias fuerzas no puedes destruir al intruso. La única solución real es pedir ayuda de alguien que tiene autoridad y habilidad para eliminar al ladrón.

¿Estás encontrando los paralelismos? Muchos de nosotros minimizamos las capacidades destructivas del pecado. Pero eso nos roba nuestro gozo, mata nuestras relaciones, y destruye nuestras vidas. Si lo ignoramos, el problema empeora. Negociar con el pecado también nos lleva a extraviarnos (¿recuerdas a Adán, Eva y la serpiente?). Tratar de refrenarlo con nuestro propio poder nos deja agotados y, a la larga, derrotados. ¡¿No es esta la descripción de la triste existencia de muchos cristianos?!

La única forma de quitar al intruso es llamar a una autoridad superior, más poderosa. El Dr. Joy finaliza su reflexión exclamando: “¡Aleluya! ¡Dios ha hecho provisión en Cristo para limpiar nuestros corazones de todo pecado!” ¡Sí, aleluya!

Así que, ¿qué estás esperando? ¡El ladrón ha estado presente el tiempo suficiente!

“¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.” (Rom. 7:24-25)

Dando el Perdón por Sentado

Por Scott Armstrong

“¡Vengan, volvámonos al SeñorÉl nos ha despedazado, pero nos sanará; nos ha herido, pero nos vendará” (Oseas 6:1).

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(Leer Oseas 5:15 – 6:6)

Este pasaje graba una conversación entre Dios y su pueblo. El Señor empieza en 5:15 esperando que sus hijos rebeldes lo busquen. Israel responde en 6:1-3 en lo que parece genuino arrepentimiento. Y entonces Dios se pone agresivo en 6:4-6. ¿Por qué responde diciendo que los “cortará en pedazos” “matándolos” y “enviando rayos sobre ellos” (v.5) ¿Esto tiene sentido?

Miremos más de cerca. Israel está tomando el perdón como algo seguro. Dios ha sido tan perdonador antes; ¿por qué no lo sería ahora? “Seguro hemos pecado, pero aún así nos sanará” (v.1). “Dos o tres días de buenos sacrificios y él  nos resucitará al tercer día” (v.2).  Dan el perdón por sentado y piensan que realmente pueden pecar durante la noche, pedir perdón, y tan seguro como que el sol saldría la mañana siguiente (v.3), Dios los perdonaría a ellos.

Cuidado aquí. Este tipo de actitud es falsa y Dios lo sabe. Su amor es como el rocío de la madrugada sobre la hierba que desaparece al mediodía (v.4). El punto es claro. El falso arrepentimiento enferma a Dios. Él no perdonará esos corazones.

De hecho, Dios no tiene que perdonar a nadie. Él desea hacerlo; Él quiere hacerlo (Oseas 11:8-9). Pero el pecado es algo serio. Creo que nada enoja tanto a Dios como cuando su propio pueblo peca y luego pide perdón sólo para cubrir sus posiciones. Mi antiguo pastor lo llamaba “seguro contra incendios” –hacer una pequeña oración para asegurarte que aún vas al cielo y no al infierno. No hay un corazón cambiado y ciertamente no hay una vida cambiada. “Dios me perdonará; voy a hacer lo que quiera y obtendré perdón después.”

Lee los versículos otra vez. Luego lee 1 Juan 1:9. Los mensajes no son contradictorios. Si genuinamente confesamos nuestros pecados, Él nos perdonará. Cuenta con eso. Pero la confesión verdadera no incluye pronunciar una oración sin ningún plan de cambiar nuestras acciones.

¿Hay aún pecado en tu vida, y si es así, cómo lo ves? De acuerdo a nuestro Dios, el pecado lo enferma (Apocalipsis 3:16).  Él nos llama a ser santos –una obra que sólo Él puede hacer. Lo que Él necesita de nosotros es un corazón completamente vuelto hacia Él. Examínate a ti mismo. ¿Es hoy el día para un arrepentimiento genuino?

No Hay Diferencia

Por Scott Armstrong

“Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús (Romanos 3:22b-26).”

(Leer Romanos 3:22-31)

Los versículos que acabamos de leer nos dan malas noticias. Todos hemos pecado. Ninguno de nosotros es suficientemente bueno para Dios. Tal como dice la versión bíblica The Message: “todos estamos en el mismo barco que se hunde,” y eso nos incluye a todos. Como lo expresa un predicador: “simplemente no hay diferencia.”

Espera un segundo. ¿No hay diferencia? ¿Esto significa que el peor asesino y la persona más generosa y amable del mundo comparten el mismo destino si dependiera de nosotros y de nuestra propia justicia?

Imaginemos que hay una escalera que empieza en la humanidad en la Tierra y llega a Dios en los Cielos. Si apilamos todas las cosas buenas y malas que hemos hecho, ¿dónde estaría el criminal? En el último peldaño, tal vez. ¿Dónde estarían la Madre Teresa o Billy Graham – personas que han servido a Cristo con fidelidad y han cambiado el mundo con sus ministerios? Tal vez estarían en el cuarto o quinto peldaño. Y tú y yo estaríamos en medio. Con unos pocos cientos más de buenas obras podríamos llegar a Dios, ¿verdad?

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Sólo hay un problema. La escalera tiene un millón de peldaños. Si dependiera de nosotros alcanzar a Dios por medio de nuestra propia justicia, no tendríamos esperanza. Aunque a la vista de nuestros ojos puede haber diferencias entre nosotros y los otros, ante los ojos de Dios todos estamos en lo más bajo de la escalera. Simplemente no hay diferencia.

Pero las malas noticias son seguidas de muy buenas noticias. No depende de nosotros. Depende de Dios. A través de su gracia, Él puede cambiar nuestras vidas y podemos pasar la eternidad con Él. Ya que hemos compilado este largo y lamentable récord como pecadores y probado que somos incapaces de vivir las vidas gloriosas que Dios desea para nosotros, Dios lo hizo por nosotros. En su inmensa generosidad, Él nos saca del desastre en el que estamos y nos restaura al lugar donde siempre ha querido que estemos. Y lo hace por medio de Cristo Jesús.

¿Entonces? ¿Cómo afecta esto la manera en que vivimos? Bueno, vivimos abrumados por su gracia, constantemente agradecidos con Él por habernos salvado. Y también vivimos humildemente. Si todos somos pecadores necesitados de un Salvador, no hay espacio para el orgullo y para pensar que somos mejores que los demás (v. 27). Dios hace la diferencia. ¿Necesitas gratitud o tal vez, humildad en tu vida? ¿Hay alguien en tu vida que necesite escuchar las buenas noticias de que Dios hace toda la diferencia? ¿Cómo puedes mostrar a Cristo en este día?

Jesús en la Sala de Emergencias

Por Scott Armstrong

“Al oír esto, Jesús les contestó: ―No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. Pero vayan y aprendan qué significa esto: “Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios.” Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores” Mateo 9:12-13 NVI.

(Leer Mateo 9:9-13)

Tengo que admitirlo. La Sala de Emergencias no es mi lugar favorito del mundo. Hay mucha necesidad alrededor. Niños tosiendo, padres cansados, tobillos torcidos, y algunas emergencias muy serias que oscilan entre la vida y la muerte del paciente.

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¿Qué pasaría si un hombre completamente sano entra en la Sala de Emergencias y exige ser atendido? Todas las personas enfermas en la sala de espera están miserablemente matando el tiempo hasta que puedan ser atendidos por un doctor. Los cuartos del hospital están llenos de gente herida en medio de operaciones y cuidados. Y este hombre decide que él es más importante que cualquier otro y tiene que ser visto por un doctor de inmediato. No hay razón, realmente. Solamente quiere la atención.

¿Suena ridículo? Debería. Y aún así, muchos cristianos –tal vez tú y yo– dedicamos nuestro tiempo a la gente sana y fallamos en reconocer que estamos en medio de la Sala de Emergencias.

Me encanta el sencillo pasaje que leímos hoy. Mateo está escribiendo acerca de su propio llamamiento. No dedica mucho tiempo a describir la escena, pero se nota que Mateo la recuerda bien. Él recuerda las cosas que se dijeron sobre él, sus amigos, su Señor. Ese fue el día de la transformación de Mateo. Pasó de estar enfermo a ser sano en un lapso de algunas horas. Y ahora su misión es decirle al mundo que el Doctor ha venido con la cura. Esta es la razón primordial por la que escribe.

Si hemos venido a Cristo y tenemos una relación con Él, estamos –o al menos de acuerdo a estos versículos– sanos. Es seguro que necesitamos crecer. Nadie ha crecido tanto que ya no necesite de Jesús. Pero parte de nuestra responsabilidad después de ser sanados es salir del hospital y traer más gente enferma al Doctor. El día que Mateo conoció al Doctor ya estaba trayendo a otros a Él. Años después él escribió las palabras que acabamos de leer porque quiere que todos sepan que Jesús pasó su vida entera –y su terrible muerte– salvando pecadores.

La pregunta es: ¿Estás haciendo lo mismo? ¿Estás realmente convencido de que la gente está yendo al infierno sin Cristo? Te ha sido dada la cura. ¿Qué vas a hacer para esparcir esa cura a todos los que están muriendo sin ella?

Compasión por los Perdidos

Rev. Ken Childress

Isaías capítulo 6, versículo 8: “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.”

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¿Es posible, después de haber sido bautizados con el Espíritu Santo, estar satisfechos con lo que vemos? ¿Qué hizo que Jesús llorará sobre Jerusalén? Él tenía un corazón de compasión. Por dondequiera hay almas enfermas de pecado. Necesitamos un bautismo de amor que va hasta el fondo de la enfermedad. Necesitamos clamar a Dios hasta que Él nos traiga a ”la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13).

Jesús dijo una parábola: “un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones…” (Lucas 10:30). ¿Quién de los que pasó cerca y vio su predicamento fue su prójimo? Aquél que tuvo misericordia de él y lo ayudó (v. 36-37). ¿Estamos despiertos al hecho de que Dios nos ha dado vida eterna? Con el poder que Dios ha puesto a nuestra disposición, ¿cómo podemos descansar cuando vemos a nuestros prójimos? ¿Cómo hemos pecado contra Dios? ¡Cómo nos falta este espíritu de compasión! ¿Lloramos mientras vemos a los que no son salvos? Si no, no estamos llenos del Espíritu Santo. Jesús fue movido a la compasión. ¿Y tú?

Todavía no hemos comprendido la difícil situación de los que no son salvos. Desde mis días de seminario, he tenido muchos amigos que fueron al campo misionero, tengo un poco de idea de lo que significa que Dios amó tanto al mundo que DIO a Jesús (Juan 3:16). Dios dio a Jesús. ¿Qué significa? COMPASIÓN. “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). Si no tienes poder, no te has arrepentido. Estás pensando, “Eso es lenguaje fuerte.” Es verdad.

¿Quién es el guarda de tu hermano? (Ver Génesis 4:9). ¿Quién es el hijo y heredero? (Ver Gálatas 4:7). ¿Eres sal? (Ver Mateo 5:13). ¿Tienes una vida pura? No te dejes engañar; no vivas en una posición falsa. El mundo quiere conocer cómo ser salvo, y el poder está a tu disposición. ¿Cumpliremos con las condiciones? Dios dice, “Si tú lo haces, Yo lo haré.” Dios lo hará.

Daniel conocía el tiempo en el que él estaba viviendo; él respondió a Dios, y una nación fue salvada. Nehemías cumplió con las condiciones de Dios para su tiempo, y la ciudad fue reconstruida. Dios ha puesto las condiciones. Él derramará su Espíritu en sobre su pueblo.

Si no continuamos, tendremos que enfrentarlo. Tal vez dependa de nosotros traer el Evangelio a las naciones y a nuestra ciudad. Podemos ganar el mundo para Jesús. Podemos abrir la llave. ¿Cuál es la condición? Es rendimiento incondicional. “…no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6). La santidad abre las ventanas del cielo. El Espíritu de Dios será derramado sin medida, hasta que la gente diga, “…¿qué debo hacer para ser salvo?” (Hechos 16:30).

Con el bautismo del Espíritu Santo viene una demolición del hombre completo y una compasión por el mundo en que vivimos.

CUARESMA: Una Época de Arrepentimiento

Rev. Ken Childress

“Ahora bien —afirma el Señor—,

    vuélvanse a mí de todo corazón,

    con ayuno, llantos y lamentos».

 

Rásguense el corazón

    y no las vestiduras.

Vuélvanse al Señor su Dios,

    porque él es bondadoso y compasivo,

lento para la ira y lleno de amor,

    cambia de parecer y no castiga.” (Joel 2:12-13)

 

La época de Cuaresma puede ser resumida en una palabra: ARREPENTIMIENTO. Escucha esta oración congregacional del Libro Común de Oración:

Omnipotente y Eterno Dios, que no sientes aversión por nada de lo que has creado, y que perdonas a los que con verdadera fe se arrepienten; Crea en nosotros corazones contritos, y concédenos perfecto perdón ¡oh Dios de toda misericordia! a los que lamentamos nuestros pecados y reconocemos nuestra miseria; por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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Si esa oración te parece anticuada, puede ser que no recordamos con suficiente frecuencia que nuestro pecado es una hedionda ofensa a Dios; que una vez fuimos pecadores pobres y miserables sacados de un pozo fangoso. Como un viejo Puritano una vez advirtió, “Siéntate cerca del autoanálisis.” Es la mejor manera de apreciar completamente lo que Jesús logró para nosotros en la cruz.

La época de Cuaresma es un tiempo de preparación para un examen de conciencia, antes de la celebración del día de Resurrección.

Solo una mirada honesta a nuestro pecado nos dará una apreciación completa de la misericordia de Dios. Solamente cuando entendemos lo perdida que está la humanidad, entonces comprendemos lo grande que es nuestra salvación.

Recuerda, Cristo no murió simplemente por los pecados generales del mundo. Él murió específicamente por tu pecado específico.

 Así, es el mensaje hoy de Joel 2:12-13, para mí y para ti. Y si estoy adormecido ante la ofensa de mi pecado, ayúdame a “reconocerlo y lamentarlo” Señor, me arrepiento. ¡Gracias por tu PERDÓN!

Padre de toda misericordia, ayúdame hoy a entender tu mensaje para mí de Joel 2:12-13. Y si estoy adormecido ante la ofensa de mi pecado, ayúdame a “reconocerlo y lamentarlo” ¡Muchas gracias por tu PERDÓN!

Un ejercicio llamado Tentación – Parte 2 de 2

El siguiente post es la continuación de la entrada anterior, del autor Tim Chaddick. Fue originalmente publicado en el blog de Ed Stetzer para The Exchange (El Intercambio) en Christianity Today.

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No podemos darnos el lujo de hacerlo mal.

Y tampoco podemos darnos el lujo de perder en el increíble crecimiento que sucede cuando lo hacemos bien.

La famosa tentación en el desierto de Jesús fue un acontecimiento tan importante que se registró en tres de los cuatro evangelios. En ella no son las situaciones típicas que se pueden esperar, de hecho, en la superficie, las ofertas de Satanás a Jesús no parecen ser tan malas. Quiero decir, me imagino que si íbamos a ser enseñados en un curso intensivo sobre la tentación con Jesús como nuestro líder, tendría lugar en algún tipo de la antigua Las Vegas, donde el sexo, las drogas y el rock abundan. ¿No es por eso por lo que algunas personas la llaman “la ciudad del pecado”? Pero de nuevo, también podría tener lugar en Salt Lake City, con sus templos, las políticas anti-café, y la ropa interior religiosa. Si realmente creemos lo que dice la Biblia sobre el pecado, entonces realmente podría estar en cualquier lugar. Incluso en un desierto.

Tenemos que entender de qué se trata la tentación sobre convertir las rocas en pan, saltar de una torre de Jerusalén y ver la gloria de los reinos del mundo que nos enseñan acerca de la naturaleza de la tentación en sí y cómo vamos a enfrentarla. Cada tentación contiene una mentira, que, si se cree, debilita nuestra salud espiritual y nos lleva por un camino destructivo, lejos de lo que Dios quiere. Sin embargo, cada tentación también puede ser una oportunidad para intensificar aún más en la victoria vivificante de Cristo, lazándonos más profundamente en nuestra verdadera identidad como el amado(a) de Dios.

Sí, dentro de nosotros hemos puesto a competir compromisos y conflictivos deseos. Queremos amar sacrificadamente a otras personas, y sin embargo, nos sentimos atraídos hacia el egocentrismo. Queremos ser fieles a nuestros cónyuges, y sin embargo, nos sentimos tentados con pensamientos infieles. Queremos seguir a Cristo en la vida diaria, y sin embargo sentimos la fuerza de seguir nuestras pasiones caídas. Pero la verdad de la gracia de Dios en Jesús hace que sea posible cambiar, para ser transformado en alguien como Cristo.

La tentación es un enemigo.

Sorprendentemente, puede llegar a ser nuestra oportunidad de crecimiento.

Cada vez que elegimos la verdad frente a la mentira, estamos, en cierto sentido, flexionando los músculos en nuestras vidas espirituales que crecen más fuerte con cada desafío. El resultado es que nos hemos vuelto más maduros, nuestro carácter crece, y por la gracia de Dios, reflejamos la belleza de Jesús a los que nos rodean. Cada momento de la tentación puede ser un ejercicio de lo que más importa. Estos momentos no tienen que matar. Pueden hacerte más fuerte.

Tomado originalmente de: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2015/august/exercise-called-temptation.html

Lo Hizo por Mí

Jesus ScourgeDescripción de lo que el Siervo de Jehová hace por nosotros según Isaías 53

Lleva nuestras enfermedades

Sufre nuestros dolores

Toma nuestro castigo

Nos trae paz

Nos cura por su llaga

Cargó nuestro pecado

Pone su vida en expiación por el pecado

Justifica a muchos

Lleva nuestras iniquidades

Derrama su vida

Lleva nuestro pecado

Intercede por los transgresores

 

“Mira lo que has hecho por mí,

Su sangre me ha hecho libre;

¡Jesús, mi Señor, mira lo que has hecho por mí!” –Tree63

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