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De Regreso a la Temporada de Lluvias

Scott Armstrong

Necesito confesar algo al inicio de este artículo. Es acerca de mi vida espiritual y no estoy orgulloso de lo que estoy a punto de decir.

Soy muy fiel en hacer mis devocionales cada día, pero no todos los días me encuentro con Dios.

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Probablemente esta es tu reacción ahora

¡¿Qué?! Hacer tus devocionales es leer la Biblia, orar y reflexionar, todo con el propósito de acercarte más a Dios. ¿Cómo puedes hacer todas esas cosas y no encontrarte con Dios? ¡No tiene sentido!

Tienes razón; ¡es loco! Es como reunirte en un café con un amigo con quien has anhelado ponerte al día, y después pasar todo el tiempo en tu celular. Voy a ir más allá: es como hacer ESO, luego regresar a casa y satisfecho quitar “Reunirme con un amigo” de la lista de quehaceres.

Soy muy fiel en leer mi Biblia cada día. Oro y algunas veces escucho música cristiana. Pero si no soy cuidadoso, todo es apresurado. Perdido en el ataque de las citas pendientes. Y lo peor, es que olvido todo 5 minutos después de cerrar la Biblia.

Eso necesita cambiar. Y esa es la razón por la que ayer como oficina tomamos el día para dedicarlo a un retiro espiritual: escuchando a Dios a través del silencio y su Palabra, confesando uno a otro, y orando por peticiones personales y de ministerio. Fue un tiempo necesario de renovación que cada uno de nosotros necesitaba desesperadamente.

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Mientras la lluvia empezaba suavemente a caer sobre el césped y los arbustos frente a nuestro jardín, Dios me guio hacia Isaías 55, en especial a los versos 10-11:

“Así como la lluvia y la nieve

descienden del cielo,

y no vuelven allá sin regar antes la tierra

y hacerla fecundar y germinar

para que dé semilla al que siembra

y pan al que come,

así es también la palabra que sale de mi boca:

No volverá a mí vacía,

sino que hará lo que yo deseo

y cumplirá con mis propósitos.

Sentí que Él dijo:

“Así como la lluvia que, literalmente cae a tu alrededor, alimenta la tierra,

permíteme refrescar tu alma cada mañana.

No abras tu Biblia solamente; habita en mi Palabra y deja que ella habite en ti.

Deseo rehacerte a mi semejanza, pero eso toma tiempo.

¿Estás dispuesto a disfrutarme o me ves como una tarea más que debe ser completada?”

Ouch.

Así que me he comprometido a preparar el suelo de mi vida para recibir su alimento cada mañana. Eso no puede pasar en 5 minutos de devocionales exprés. Honestamente, tampoco puede suceder en 15 minutos. Requiere hacer sacrificios en otras áreas. ESTA es el área más importante. ESTA es la única área que en realidad importa.

Si no tienes vida devocional, crear un hábito de 5 minutos al día tal vez sea el primer paso. Dios honrará eso. Pero si ya has desarrollado el hábito (o has caído en la rutina), necesitas dar el siguiente paso. ¿Te comprometes junto conmigo a hacer los ajustes necesarios para moverte de un ritual a una relación?

En otras palabras, asegurémonos que somos fieles en “hacer nuestros devocionales” cada día. Pero también, asegurémonos que, de verdad, en esos momentos, nos encontremos con Dios.

“Escúchenme bien…y se deleitarán con manjares deliciosos.” –Is. 55:2

 

 

Santidad: “El Rebosar de un Corazón Lleno de Gratitud”

En las últimas entradas, hemos mencionado que santidad es:

1. Ser apartado, y

2. Ser puro.

Pero hay otro aspecto de la santidad.  La santidad es fruto de una relación con nuestro Padre Celestial.  Santidad es una reacción natural de un creyente, cuando sigue a su Padre.

Santidad no es algo en la lista de “ser bueno”.  Podemos experimentar esta cualidad divina, sólo por una relación con Dios.  Santidad verdadera es la santidad de Dios fluyendo en nuestras almas.  Cambio de prioridades, amores, sueños e identidad.  La santidad de Dios cambia a sus niños para que sean como Él.

El amor y el poder de Jesucristo es el único camino.  No es nada fácil.  Requiere trabajo por parte del creyente.  Sí, santidad requiere obediencia.  Pero no obediencia que sale de miedo u obligación, si no de amor por Dios y de Dios.  Es el rebosar de un corazón lleno de gratitud.  Los cambios que Dios hace en nosotros dan gozo a Él y gozo al niño.

La relación con Dios y nuestro deseo de ser santos, cambia primeramente nuestros valores y motivaciones.  Sin embargo, la santidad no es invisible.  El “fruto” de la relación es obvio.  Los nuevos valores y motivaciones siempre ordenan nuestras acciones y conducta.  Es algo de adentro que se demuestra por fuera.  Es imposible ser puros por dentro y tener malas acciones.

***Esta entrada es escrita por Mary Lou Riggle, misionera nazarena jubilada quién sirvió en América Latina por muchos años.  Además, ha sido redactada por Anne Sickel, misionera voluntaria sirviendo en Costa Rica y MAC Sur.  Gracias a las dos por su excelente labor.

¿Cuál es Nuestro Temor (u Orgullo)?

En un viaje reciente tuve el privilegio de conocer a un joven de 18 años que se llama Ezequiel.  Él es nicaragüense y es católico.  Cuando él escuchó que yo soy misionero, se emocionó y comenzó a hacer muchas preguntas sobre mis opiniones con respeto a algunos pasajes de la Biblia, mi relación con Cristo, etc.  Yo compartí mucho y también empecé a dialogar con él sobre su perspectiva y trasfondo religioso.  Tengo que admitir que yo le quería presentar el evangelio, pero en el transcurso de la conversación, sentí en el corazón que él ya era salvo.

¡Claro, yo no puedo determinar si alguien sea salvo o no!  ¡Este es el trabajo del único Juez que existe!  Pero Ezequiel estaba expresando su relación con Cristo en una forma viva y dinámica.  Dijo que valoraba la Iglesia (Católica) de su niñez y juventud, aunque no estaba de acuerdo con varias cosas.  Me admitió que no oraba a los Santos y que confiaba 100% en el perdón de pecados que había recibido de Jesús.  ¡Hay muchos evangélicos que no podrían expresar su Cristianismo así!

Todo esto me hace pensar en una encuesta informal que he estado haciendo por los últimos 4 años.  Es bastante básico y breve: sólo pregunto a algunos nazarenos, “¿Puede algún católico entrar el cielo?” Las respuestas han sido asombrosas.  90% de los nazarenos dicen que no, nunca, jamás.  Muchos empiezan a aclarar que un católico que cree y se porta 100% como católico no puede, pero un creyente católico nominal quizás sí (o vice versa, según otros).  Después de hacerle la pregunta a un líder nazareno de Sudamérica, respondió, “Pues, quizás por la gracia de Dios sí, pero no creo…”

¿Acaso podemos nosotros salvarnos sin la gracia de Dios?

Entiendo que hay una historia de conflicto y persecución entre la Iglesia Católica y la Iglesia Evangélica en nuestros países latinoamericanos.  Pero siempre me quedo confundido cuando permitimos que esto nos influencie a tal medida que no mencionamos el Cuaresma, María, o aun la Cruz de Calvario (he estado en algunas iglesias donde dicen que no predican sobre la Cruz porque sería convertirnos en católicos).

El punto es: hay algunas personas como Ezequiel que son católicos y sí tienen una relación viva y eficaz con el Señor.  Van a estar en el cielo y vamos a celebrar y alabar por la eternidad como hermanos.  Y del otro lado, admitamos que lastimosamente hay muchos evangélicos que no van a estar en el cielo.  Son miembros de alguna iglesia, pero sus hechos dicen que no son cristianos.  Por esto, algunos han sugerido que evangelicemos a la Iglesia…

Además en este momento tan significativo de Cuaresma, reconozcamos que hay algo profundo que este tiempo especial nos puede decir como cristianos.  Hablaremos más de esto durante las próximas semanas, porque un líder misional tiene que reconocer los buenos aspectos que otras religiones y tradiciones nos pueden aportar.  Nuestro deber en este caso es apreciar y aprender en lugar de siempre juzgar e imponer.

¿Puedo Perder la Salvación? (Parte 3)

¿Puedo perder la salvación? (Parte 3)

¿Debemos preocuparnos si rompemos nuestra relación con Dios?

Por: Dr. Frank Moore, Profesor de Teología en Olivet Nazarene University (Bourbonnais, Illinois)

Esta discusión asiduamente se levanta en forma de pregunta: ¿Puedo perder la salvación?

Si usted quiere decir “perder” de la misma manera que pierde su lapicera preferida, yo le contestaría, “realmente no”. El Espíritu Santo fielmente le advierte de desviarse y comprometer su relación con el Padre o de cometer actos pecaminosos que no agradan a Dios. Él desea que gocemos de la vida eterna más de lo que nosotros mismos la deseamos; no reclamará su salvación en la noche como el ratón que se lleva el diente del pequeño niño.

Pero, si usted quiere decir “perder” por causa del rechazo, por vivir voluntariamente en desobediencia a la voluntad de Dios, por romper su compañerismo con Él, entonces yo le contestaría: “Absolutamente sí”.

Dios respeta mucho nuestra libre voluntad para forzar su plan de salvación en nosotros. Él nos invita a aceptar este maravilloso regalo del perdón al perdonar nuestros pecados pasados. Luego él entra en relación con nosotros.

El perdón y la relación caracterizan dos aspectos necesarios de la salvación. Dios puede salvarnos si mantenemos nuestra relación con Él. Confiar en Cristo para que nos salve involucra un corazón dispuesto y fidelidad en esa relación. Una unión vital con Cristo nos protege de perder la salvación cualquiera que sea la razón.

¿Puedo Perder la Salvación? (Parte 2)

¿Puedo perder la salvación? (Parte 2)

¿Debemos preocuparnos si rompemos nuestra relación con Dios?

Por: Dr. Frank Moore, Profesor de Teología en Olivet Nazarene University (Bourbonnais, Illinois)

La Biblia advierte contra desviarse inconscientemente o conscientemente rechazar a Cristo. Advertencias, como la de Hebreos 2:1, nos recuerdan de esa posibilidad. ¿Cómo nos desviamos? De la misma manera que los esposos o que los padres son negligentes y descuidan sus relaciones y se separan, de la misma manera los cristianos pueden cambiar sus prioridades y no colocar a Dios en el primer lugar en cada aspecto de sus vidas. El daño es sutil, pero real.

Hebreos habla de rechazar a Cristo conscientemente en 6:4-6 y 10:26-27. Algunas personas han interpretado estos pasajes como que quieren decir que un cristiano no puede ser perdonado de sus pecados luego de aceptar a Cristo. Si esta interpretación es verdad, entonces tenemos solo una oportunidad de arrepentirnos en esta vida.

El balance de las Escrituras no apoya esta interpretación, creo que estos pasajes quieren decir que tales pecados no podrán ser perdonados mientras la persona se mantenga en una actitud o mentalidad de rechazo al Señor.

La Biblia ofrece ejemplos de gente que confió en Dios para su salvación, que lo adoraron, hicieron su voluntad, y más tarde en sus vidas lo rechazaron. Dios bendijo a Saúl sin reparos, fue el primer rey de Israel. Al final, Dios lo rechazó como rey porque le dio las espaldas al Señor y lo desobedeció (1 Samuel 15:11).

Jesús invitó a Judas a servir en una posición de honor como uno de sus 12 apóstoles. Probablemente Jesús lo escogió en base a su talento, sus habilidades y potencial. Aún así, al final, Judas rechazó a Jesús.

Creemos que la referencia de Pablo sobre Himeneo y Alejandro en 1 Timoteo 1:19-20 sugiere que eran cristianos que rechazaron a Jesús. Sus blasfemias hicieron naufragar su fe. Saúl, Judas, Himeneo y Alejandro, todos ejemplifican a gente que siguieron a Dios pero que luego renunciaron a su compromiso con Él.

Continuamos mañana con la última parte…

¿Por Qué Debo Orar?

Por Carlos Monterroso, Asistente en Misión Mundial MAC

Mi padre es una persona muy buena y trabajadora. Toda su vida ha sido un gran trabajador y proveedor de recursos y protección para nuestro hogar. Pero mi relación con él no ha sido la mejor porque no hemos tenido buena comunicación. No le conozco, no sé sus gustos, no sé que le molesta, no sé cuál es su comida favorita o qué puedo pedir o no.

Esto me trae a cuenta que en ocasiones no conocemos a Dios y que no tenemos una relación y comunicación cercana con Él. Él sigue con nosotros, él sigue proveyendo y cuidando de nosotros, pero no sabemos qué es lo que él quiere que hagamos, o qué quiere darnos.

Las Sagradas Escrituras nos proporcionan algunas razones por las cuales los creyentes en Cristo Jesús deben orar:

  1. Dios lo ordena en su Palabra. “Y yo os digo pedid, y se os dará; buscad y hallaréis, llamada y se os abrirá”. Clama a mí y yo te responderé (Lucas 11:9; Jeremías 33:3).
  2. La oración es el medio de gracia necesario que Dios utiliza para santificar a sus hijos mediante el poder de su Espíritu Santo. “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13).
  3. Dios desea que sus hijos se conviertan en sus socios haciendo oración intercesora para cumplir sus propósitos evangelísticos. En el evangelio de San Lucas encontramos que Jesús ordena a sus discípulos a orar por más obreros para la obra del Señor: “La mies a la verdad es mucha, mas los obreros son pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies” (Lucas: 10:2).
  4. Es el vínculo necesario para recibir toda la fortaleza del cielo para resistir la tentación en el día malo. “Orad que no entréis en tentación” (Lucas 22:40).

¿Cuáles otras razones existen por las cuales debemos orar? No nos perdamos de las muchas bendiciones que Dios quiere darnos y librémonos de todo mal pidiendo la protección de Dios en cualquiera de las áreas de nuestra vida.

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