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El Café y el Vino

“Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano.”  (1 Cor. 8:13)

En el templo donde mi padre estaba pastoreando hace muchos años, había una mujer que quería ser miembro de la iglesia. Sin embargo, estaba en franco desacuerdo en que nuestra denominación apoyara la abstinencia del alcohol. “¿Por qué no podemos beber un poco de vino de vez en cuando? Muchos cristianos toman café, y esa bebida contiene cafeína. ¿Cuál es la diferencia?”

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Mi padre le contestó en tono pensativo. “El alcohol ha causado mucho más daño social que la cafeína. No obstante, para que sepa lo importante que considero esto, nunca más tomaré alguna bebida a sabiendas de que contiene cafeína, si usted decide nunca beber alcohol de nuevo.”

Aunque la mujer no ha cumplido con su parte del trato, mi padre solo ha bebido café descafeinado desde esa conversación.

Han pasado 13 años.

¿Consideras tu testimonio tan importante que estarías dispuesto a renunciar a algo que te gusta si eso ayuda a otra persona en su caminar cristiano?

*Este mini-devocional fue escrito para la aplicación de la Juventud Nazarena Internacional (JNI) de la Región Mesoamérica. Les animamos a descargar y usar esa app, a través de la cual se estarán compartiendo pensamientos devocionales cortos como éste (escritos por varios líderes).

La Cuaresma: Tiempo Para Rendirse

Ayuno-platoLa Cuaresma: Tiempo Para Rendirse

Rev. Michael Thompson

(Trad. Ariadna Romero)

Durante siglos los cristianos han conmemorado los 40 días previos a la Cuaresma renunciando a algo. La Cuaresma es un período de reflexión, en preparación para la celebración más sagrada del año.  “Renunciar a algo” se ha usado como recordatorio tangible de todas las cosas a las cuales Cristo renunció por nosotros.

En alguna parte del camino, este noble concepto se tergiversó en dos conceptos que son completamente equivocados y totalmente destructivos.

El primero es la herejía que nos dice que no se puede ser verdaderamente espiritual a menos que seamos miserables. Las personas bien intencionadas buscarán a su alrededor las cosas que les den el mayor gozo, y se privarán de ello, pensando: “si sufro lo suficiente, tal vez el Señor se fijará en mí y seré aprobado”.

Este tipo de pensamiento es inadecuado, y no solo para la Cuaresma; se manifiesta cada domingo en las iglesias cuando cantamos himnos como: “Alcancé Salvación” con un semblante y una actitud que serían más apropiados para la cita con el auditor de impuestos. No nos atrevemos a permitir que algún gesto de gozo real aparezca en nuestras expresiones, porque hacer eso puede sugerir que no somos lo suficientemente santos. Después de todo, si te diviertes en esta vida, obviamente no estás viviendo para El Señor, ¿verdad?

En el otro extremo, tenemos la tentación de hacer de la Cuaresma una burla. Buscamos algo por lo que en  realidad no sentimos apego, lo que sea, y eso se convierte en nuestro “sacrificio” para la Cuaresma. Cuando era niño, cada año renuncié gustosamente a comer hígado y le insinuaba a mi mamá que si ella no honraba ese compromiso, estaría impidiendo mi crecimiento espiritual.

Esta perspectiva menosprecia la Cuaresma tanto como la anterior.  Se pierde de vista lo que sucedió en la Cruz y el por qué Jesús estuvo allí.

Nunca pienses que ir a la Cruz fue fácil para nuestro Señor.  Le costó absolutamente todo: Su dignidad, posición, derechos y Su vida. Lo que Cristo sacrificó por ti y por mi fue mucho más allá de lo trivial.

Él quiere que tomemos nuestra cruz y le sigamos. Su objetivo no es hacer nuestras vidas miserables y negarnos todo lo que nos brinde placer. Él vino para que tengamos vida en abundancia y experimentemos el gozo verdadero.

Así que, ¿A qué debemos renunciar para la Cuaresma? Esta quizás sea la pregunta equivocada. Tal vez lo apropiado sería preguntarnos: “¿Renunciaré a mí mismo para la Cuaresma?”

Si seguimos el ejemplo de Cristo, no escogeremos cosas a las cuales renunciar durante seis semanas. En lugar de eso, nos negaremos a nosotros mismos. No renunciaremos a las cosas, simplemente renunciaremos a nosotros.

Nos entregaremos. 

Jesús vino para darte vida, más abundante y llena de gozo de lo que jamás has conocido. Para que eso suceda, necesitas ceder el control de tu vida y morir a tu propia agenda, manipulaciones y propósitos. Necesitas dejarle a Él decidir tus prioridades y necesitas permitirle dirigir tu camino.

Cuanto más trates de aferrarte a tu vida, tus huellas digitales dejarán un rastro de vanidad y corrupción.  Cuando sueltes tu vida y le permitas al Espíritu Santo tomar el control, verás un rastro de creatividad, vida y plenitud.

Al iniciar esta temporada de reflexión, pregúntate si hay alguna parte de ti que has estado reteniendo lejos del Señorío de Dios. Si es así, mi desafío para ti es que le des a Jesús el regalo que más anhela: Tú mismo.

Si lo haces, no limites este regalo a las siguientes seis semanas, conviértelo en un compromiso para toda la vida.

Créeme, no te vas a arrepentir.

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