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Dios Creador

Por Emily Armstrong

Él entró a la habitación, me dio una cajita y dijo: “Feliz Navidad, espero que te guste”.

Tomé la pequeña caja cuadrada en mis manos. Recorrí sus bordes y la sacudí un poco, solo para ver si podía adivinar lo que estaba escondido dentro antes de sacarlo de ella.

“Adelante… ¡ábrelo!” Me urgió mi esposo.

Apenas levanté la pequeña tapa, supe inmediatamente lo que era. Era un collar. Pero no cualquier collar: era el collar que yo había querido durante todo el año pasado.

Era un collar que tuvo que ser diseñado solo para mí. Los cuatro pendientes únicos atraparon mis ojos instantáneamente, el primero era una pequeña luna de plata con las palabras: “hasta la luna y de regreso” grabadas en ella. El segundo era un pequeño círculo con los nombres: “Elijah” y “Sidney” grabados en él. Los otros dos eran unos pequeños círculos de plástico, uno color esmeralda y otro de color amatista.

Era el collar “para mamá” que atrapó mi atención cuando lo vi. Había soñado con usarlo todos los días, pensando en mis hijos cada vez que lo usara. Era el complemento perfecto para usar con jeans y camiseta, o con mi vestido de domingo. “Hasta la luna y de regreso” era la frase de un libro infantil que leímos una y otra vez cuando ellos no rebasaban mi cintura. No había nada más perfecto en mi mente.

“Entonces, ¿te gustó?” Me preguntó mi esposo con expectación en sus ojos. Él sabía que había sacado la pelota del estadio con su regalo y esperaba ansiosamente que yo asintiera como confirmación, y quizás incluso que algunas lágrimas de alegría corrieran por mis mejillas.

“Me encanta” respondí. “Es exactamente lo que siempre quise. De hecho, sobrepasa lo que siempre creí que quería. ¡Escogiste los pendientes perfectos! Recordaste el libro que leíamos juntos cuando eran más pequeños y elegiste los colores que combinan con sus meses de nacimiento. Es hermoso”.

Tomando el exquisito collar en mis manos, le agradecí a mi marido y después rápidamente tiré el precioso regalo en el bote de la basura.

Espera, ¿qué?

Eso no tiene sentido. ¿Esto es en serio? ¿Qué cosa en el mundo puede poseer a alguien para que tire a la basura un regalo tan precioso diseñado solo para él o para ella? Mi respuesta sincera es: no lo sé, pero sucede todos los días. 

El primer puñado de palabras en la Biblia nos presenta a nuestro Dios, el Creador. Enlazadas a través de los poéticos escritos de los Salmos, vemos proclamadas las alabanzas al Creador. Este Creador, NUESTRO Dios, amorosamente diseñó todo con un propósito. La creación no fue solo utilitaria; era estéticamente agradable. Dios el Creador le entregó a la humanidad – una parte de la creación de Dios – un regalo.

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El mundo que Él creó era un ecosistema perfecto que fue una imagen perfecta cuando todo funcionó al mismo tiempo – esa es la imagen del Jardín del Edén en los primeros capítulos de Génesis. La tierra era mojada por las lluvias que caían y los arroyos que corrían a través de ella. El sol, la luna y las estrellas gobernaban las estaciones para que cayera la perfecta cantidad de lluvia y creciera la lozana vegetación que a su debido tiempo alimentaría a los animales y a la gente para siempre. 

La gente y los animales comiendo los frutos de la tierra crearían un proceso de podación natural, lo que provocaría cosechas más abundantes en el futuro. El hombre necesitaba a la naturaleza tanto como la naturaleza necesitaba al hombre. Era perfecto.

Sin embargo, la perfección se detuvo en seco cuando Adán y Eva pecaron. Génesis 3:21 dice: “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.” La muerte vino a ser natural para la creación, y ahora la vergüenza debía ser “cubierta” matando a los animales que previamente habían estado en perfecta armonía con el hombre. La naturaleza es “explotada” y la perfecta relación que el divino Creador había puesto en marcha, está estropeada.

Una de mis partes favoritas de ser Nazarena es que somos optimistas. Creemos que Dios está restaurando la relación perfecta entre el Creador y su creación. Y como consecuencia de que Dios está restaurando activamente su relación con nosotros, eso nos compele a restaurar también esa perfecta relación. ¿Puede significar esto que deberíamos estar buscando tener una relación perfecta con la naturaleza? Obviamente sí.

¿Recuerdan el collar que tiré a la basura, a pesar de que mi esposo lo creó cuidadosa y tiernamente para mí? En realidad no lo hice, lo atesoré. Lo uso casi todos los días, y pienso en la bendición que mi familia es para mí. He tenido que cambiar la cadena dos veces. He tenido que comprar una tela especial para pulirlo. Me esfuerzo para apreciarlo.

¿Será que restaurar la relación perfecta con la naturaleza no es una parte opcional de la cristiandad? Propongo que no tengamos que elegir entre si nos debe importar la creación de Dios o no, pues eso es parte del pacto que hacemos cuando le pedimos que sea nuestro Salvador.

Quizá pienses que reciclar es cosa de política, que poner la basura en su lugar es un inconveniente, o que cultivar tus propios vegetales es un poco exagerado. Quizá nunca has siquiera pensado sobre por qué un cristiano debe priorizar su cuidado hacia la creación de Dios. Bueno, ahora lo sabes. Nos debe importar. Dios compartió su creación especial con nosotros como un regalo perfecto. Y es por esa razón que debemos honrar a nuestro Creador al cuidarla.

Nuestra Mayor Necesidad

Si nuestra mayor necesidad fuera la información, Dios nos hubiera enviado un educador;

Si nuestra mayor necesidad fuera la tecnología, Dios nos hubiera enviado un científico;

Si nuestra mayor necesidad fuera dinero, Dios nos hubiera enviado un ecónomo;

Si nuestra mayor necesidad fuera el placer, Dios nos hubiera enviado un entretenedor;

Pero nuestra mayor necesidad era el perdón, y por eso Dios nos envío un Salvador.

–Max Lucado – Cuando Dios Susurra Tu Nombre

Enviados por el Enviado

¡La Navidad!  ¡Dios con nosotros!

Dios se encarnó hace veinte siglos en la persona de Jesucristo, su único hijo.  Como mencionamos en la entrada anterior, a pesar de estar sujeto a las limitaciones humanas, la gloria de Jesucristo brillaba.  Y ahora que no está, ¿En qué forma se manifiesta su gloria? ¿Por medio de quiénes se manifiesta?

Jesucristo ha sido ejemplo de un misionero desde los tiempos bíblicos hasta el presente siglo.  Él es singular como Salvador, Reconciliador y Pacificador entre razas, tribus y pueblos. ¡Cristo, como unificador, vertió su sangre para redimir a todos! Esto es lo que celebramos en este tiempo del calendario cristiano.  Y este Cristo que se manifestó en Calvario y la cruz ahora forma nuestro mensaje de esperanza, y más—Él es el mismo que nos da el poder para compartir tal mensaje.  ¡Por la cruz y la resurrección, Cristo es Vencedor sobre Satanás y el pecado!  Él es revelación de la verdad y justicia, y es el único que ofrece resurrección y vida eterna.

Si crees que Jesús es la única esperanza del mundo, ¿con qué frecuencia lo presentas a aquellos que han perdido la esperanza?

Jesús fue un misionero porque fue enviado. Eso es lo que las palabras misionero y apóstol quiere decir, “aquel que es enviado.” Juan 20:21b dice: “Como me envió el Padre, así también yo os envío.”  Parafraseando el texto, diría: “Así como soy misionero, ustedes también son misioneros.”

Pero, ¿cuál es la misión? Lucas 19:10 y Mateo 28:19-20 nos dan la respuesta: “Buscar y salvar lo que se ha perdido,” “Hacer discípulos a todas las naciones  bautizándolos…y enseñándoles que guarden todas las cosas que nos ha enseñado.”

En Navidad, el cristiano celebra y declara que Cristo nos dio libre acceso a la presencia de Dios por medio del arrepentimiento, confesión y perdón de nuestros pecados.  Jesús cumplió su misión.  ¿Tú la estás cumpliendo?

Jehová el Dios Misionero: Parte III

Hoy terminamos nuestra exploración sobre el Dios Creador mostrando que Él es el Dios Salvador.  Antes de la fundación del mundo Él siempre ha sido un Dios misionero, “buscando y salvando lo que se había perdido.”

Tratar de conocer al Dios salvador sin antes conocer y entender al Dios creador, no permitirá que veamos claramente el propósito por el cual nos quiere salvar. Dios, en Cristo Jesús, cruzó las barreras del tiempo y del espacio para acercarse a sus criaturas y caminar con ellas. Jesús vino con el propósito de ayudarnos a encontrar el camino que nos lleve a la libertad del pecado y a esa comunión íntima con el Creador.

Esta es la razón por la que Dios se encarnó en Jesucristo. Vino al mundo para salvar al hombre y redimir a su creación. Por eso lo llamamos el Dios misionero.

A nuestro alrededor vemos las consecuencias de la desobediencia del hombre. El ser humano se ha convertido en un enemigo de sí mismo y de la creación; sin embargo, en medio de este ambiente de incertidumbre y desesperanza, tuvo lugar otra historia, la historia de la salvación, donde Dios toma para sí la misión de restaurar a sus criaturas. Jehová Dios, (Padre, Hijo y Espíritu Santo) es un Dios misionero. Toda misión tiene su origen en el amor de Dios, nuestro Padre y Creador.

“Esperando por Ti”

¡Feliz Navidad!  ¡El Salvador ha venido!  Y como lo hemos esperado en este tiempo, también Él es el Dios que nos espera y nos busca.  De hecho, la Navidad es esto: Dios se encarnó para buscarnos y salvarnos a nosotros.  ¡Gloria a Su nombre!

“Esperando por Ti” por el grupo cristiano Absoluto

“Sí, Yo soy tu Dios

Es la respuesta

Ven a buscarme

y descubrirás y me encontrarás


Detrás de cada hermano

Detrás de cada oración

Yo estoy allí

esperando por ti


Mi amor

es como el agua

Es inagotable

Sólo debes compartirlo

y descubrirás y me encontrarás…”

Reflexiones Sobre Domingo de Ramos

Domingo de Ramos1Este domingo observamos “la entrada triunfal” de Jesús a Jerusalén pocos días antes de su crucifixión. La muchedumbre cortaba ramas de los árboles y las tendía (y sus mantos también) por el camino.  Por eso, en varias de nuestras iglesias este domingo celebraremos con ramas cortadas, con canciones de “Hosanna” y los niños se incorporarán en las festividades.  Es un día de gozo y alegría, como fue el caso hace 2000 años en Jerusalén.

He estado pensando mucho en el Domingo de Ramos y leyendo la historia de nuevo.  Hay algo que siempre me fascina y me molesta de este texto.  ¿Cómo puede la gente cambiar tan rápido, de adorar a Jesús en un momento y pocas horas después gritar, “¡Crucifícalo!”?

Yo creo que la respuesta tiene que ver con expectativas.  La gente estaba buscando un Rey y un Salvador.  Jesús era (y es) las dos cosas.  Pero no llega a su reino como quisiéramos.  En lugar de buscar influencia, él buscaba el anonimato muchas veces.  En lugar de aprovechar los aplausos, él inmediatamente entró el templo y volcó las mesas, enfadando a todos.  En lugar de hablar de victoria y vencimiento, él hablaba de la muerte—su muerte.

Y no debemos pensar que solamente se trata de las personas en aquel tiempo.  Esta historia nos toca a nosotros también. ¿Qué espero de Jesús? ¿Cuáles son mis expectativas? Si somos honestos, muchas veces nuestras expectativas no se logran, no se cumplen, ¿verdad?

¿Por qué murió mi abuela de cáncer, siendo una mujer de oración y fe profunda? ¿Por qué se divorciaron mis padres cuando tenía 15 años? ¡¿Dónde estabas, Jesús?! ¿No te importaba? Mis expectativas eran otras…

Este domingo reflexiona sobre tus expectativas y sobre este Rey y Salvador.  ¿Estás dispuesto a recibir de Jesús lo que él quiere dar? ¿Estás listo para sufrir y estar incómodo? ¿Estás dispuesto para que Jesús derribe todas tus expectativas durante esta Semana Santa?

*Gracias al Dr. Dennis Bratcher del Christian Resource Institute por su ayuda en esta entrada.

El Pecado: ¿Acto o Condición? (Parte II–“El Bebé Llorón”)

Con la entrada de hoy terminamos nuestro tiempo en el libro “Visual Leadership: The Church Leader as ImageSmith” escrito por Rob Weber. Él sigue hablando del pecado y mantiene que el pecado es más una condición o un estado que un acto de un momento (p. 74):

“Personas han dicho, ‘No creo en el pecado original.  Si has visto a un bebé, ¿cómo puedes creer en el pecado original? No han hecho nada malo.  Son regalitos hermosos de Dios.’

¿Escuchas el entendimiento de la naturaleza del pecado implícito en esa pregunta? El pecado se ve como algo que se hace.  El bebé no ha pecado–todavía.  ¿Qué cambia cuando el concepto del pecado gira no alrededor del acto de desobediencia sino que la perspectiva del egoísmo?

Cuando los bebés tienen hambre, usualmente no dicen, ‘Déjame comenzar expresando mi aprecio por el regalo de vida.  Sin ustedes yo no sería nada.  Gracias también por el amor que tienen por mí y la casa que están proveyendo.  Me han dado alojamiento y un lugar donde recostar la cabeza.  Gracias por ser mis padres.  Ahora, yo sé que están extremadamente ocupados, y que hay muchas cosas que tienen que hacer, pero cuando tienen un momentito, ¿pudieran por favor traerme algo para comer?’ Los bebés demuestran una perspectiva diferente.  Su diálogo interno quizás sería más algo así: ‘Yo tengo hambre.  Yo quiero comer.  Aliméntenme ahora.  ¿Y qué es esto que está en mi pañal? ¡¿No pueden ver que estoy incómodo?! ¡Cámbienme ahora mismo! ¡Yo! ¡Ahora! ¡YO! ¡AHORA!’  Algunos adultos nunca salen de esta perspectiva.

Las actividades asociadas con el pecado son los resultados de una actitud de egoísmo.  Es en este contexto donde Cristo, el Redentor, el Salvador, entra nuestro mundo.”

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