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Su Misión (y La Nuestra): Sanar

Antes de regresar con su Padre, Jesús dejó a la Iglesia la responsabilidad para que continuara con el ministerio. Pero, ¿cómo cumpliría la Iglesia con el ministerio que Cristo le había dejado? Vimos ayer que la Iglesia empezó a hacer lo que Jesús mismo había hecho: enseñar, predicar, y sanar.  Hoy nuestro enfoque será en el último: la sanación.

El Señor realizó muchas señales y milagros en su ministerio, sanando las necesidades espirituales, físicas y emocionales de las personas que salían a su encuentro. Jesucristo cumplió con un ministerio integral y envió a sus discípulos para que hicieran lo mismo.

Sin embargo, muchas veces hemos enfatizado la enseñanza y predicación sin suplir las necesidades de la gente que nos rodea. Tal vez no tengas el don de sanación, pero como seguidor de Cristo, sí debes tener el hábito de dar y suplir algunas necesidades cuando sea necesario.

¿Alguna vez por curiosidad, has buscado estadísticas respeto al hambre y otras necesidades del mundo? Si tu respuesta es negativa, quiere decir que no estás al tanto de lo que la Iglesia y otras organizaciones están haciendo para bajar esas cifras. Lee las siguientes estadísticas y reflexiona si eres parte del gran movimiento que se está llevando a cabo. Dios está obrando en nuestro tiempo para liberar a millones de personas de la pobreza y el hambre. El mundo está progresando en la lucha para terminar la pobreza extrema.

  • Mundialmente, el número de personas que viven con menos de $1.00 al día es 980 millones. 854 millones de personas mundialmente no tienen suficiente que comer.
  • Cerca del 20 por ciento de la población de los adultos mundialmente—771 millones de personas—son analfabetas.  Por lo menos 65 por ciento de estas personas son mujeres.
  • 28,000 niños menores de cinco años mueren cada día de causas evitables, más del 50 por ciento de este número, por causas relacionadas con el hambre.
  • Aproximadamente 33 millones de personas en el mundo viven con VIH/SIDA; 68 por ciento de ellos viven en el África subsahariana.*

¡La necesidad es enorme!  ¡Pero la Iglesia alrededor del mundo es enorme y el poder de Dios fluyendo por ella también es enorme!  ¿Cómo te incorporarás en la sanación de estos dolores y en el suplir de estas necesidades graves?

*Fuentes: www.bread.org/es, Millennium Development Goals Report 2007, United Nations, 2007; State of the World’s Mothers 2007, Save the Children, May 2007; Education for All Global Monitoring Report, 2006, UNESCO;  Children and Water: Global Statistics, UNICEF; U.S. International Food Assistance Report 2006, USAID, December 2006; Making Poverty History, Church World Service, 2007; State of the World’s Children 2007, UNICEF.

Su Misión (y La Nuestra): Enseñar y Predicar

Muchos han debatido en los últimos años sobre la misión de la Iglesia.  Claro, estamos de acuerdo que es “hacer discipulos a todas las naciones….”  Sin embargo, ¿cómo? ¿Cuál es la mejor estrategia o método para hacer discípulos a la semejanza de Cristo en las naciones?

Cualquier discusión sobre la misión de la Iglesia debe centrarse en la misión de Dios en la persona de su Hijo, ¿no es cierto?  Y en los evangelios, aunque Jesús hacía muchas cosas y tocaba a miles de personas, sus prioridades principales eran tres: enseñar, predicar, y sanar (Mt. 4:23; 9:35).

Empecemos hoy con los primeros dos.

1. Jesucristo comenzó su ministerio enseñando el evangelio del reino de Dios. Pero, humanamente hablando, era imposible que una sola persona pudiera hacerlo todo y Jesucristo lo sabía. Por esa razón preparó un grupo de personas, sus discípulos, para que continuaran con las enseñanzas del evangelio del reino de Dios.

El poder de la enseñanza del evangelio por medio de los discípulos, era el mismo que estaba en Jesucristo cuando ministraba en la tierra. Y si somos obedientes al Señor y a la misión que nos ha dado, también enseñaremos el mensaje del evangelio de salvación con el mismo poder y autoridad que tenía nuestro Señor y Salvador.

2. Jesucristo predicaba el evangelio de Dios, la venida de Su reino.  Era un mensaje de arrepentimiento y sin duda de “buenas nuevas”.  La iglesia del siglo XXI tiene que proclamar con urgencia el mensaje de arrepentimiento y de salvación.  Pero de nuevo, ¿cómo debemos proclamar el evangelio?

Nunca podríamos nombrar todos los métodos de predicar, pero quizás es importante explicar que no se limita a un sermón tradicional dentro de un templo evangélico. Por ejemplo, cuando Jesucristo conversó con los dos discípulos que iban camino a Emaus (Lucas 24), escuchó el temor, angustia y frustración que llevaban en sus corazones y les ministró con la Palabra de Dios de acuerdo a sus necesidades. El apóstol Pablo se identificó con sus oyentes y pudo comunicarles el evangelio de acuerdo a sus necesidades (y en varios ambientes).

Si la misión de Jesús era enseñar y predicar, ¿cómo estás tú en estas áreas? ¿Las practicas con frecuencia o las evitas, diciendo que no es tu don?

Mañana hablaremos del tercer componente de la misión de Jesús: la sanidad.

Mundo Dolido

*Texto tomado y traducido del poema “Hurting World” por Scott Armstrong

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