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Reflejando a Cristo: Empoderamiento

Escrito por: Howard Culbertson.

Great commission


Cuando Jesús dio la Gran Comisión, no estaba simplemente asignando una tarea a la gente. Estaba empoderándolos. Ciertamente, el verbo “comisionar” posee algunos de los mismos matices que el verbo “empoderar.”

Empoderamiento significa dar a las personas autoridad y poder. Jesús no vaciló para hacer eso. Él no trató de mantener a sus seguidores con una “soga corta.” A pesar de que su misión terrenal sólo duró tres años, los Evangelios mencionan ocasiones donde Jesús envió a sus seguidores a predicar/sanar/liberar en misiones de corto plazo. Más importante, Jesús empoderó a otros para el futuro cuando Él no estuviera ahí. Por ejemplo, la noche antes de su crucifixión, Jesús dijo a sus discípulos más cercanos: “…mayores cosas que estás harán” (Juan 14:12). Al ser palabras que emanaban confianza y dieron a las personas permiso para soñar, fueron de empoderamiento.

Jesús sabía verdaderamente cuán falibles pueden ser los humanos. A pesar de eso, expresó confianza en sus seguidores. ¿Por qué? ¿Fue por que el empoderamiento tiende a resultar en crecimiento y madurez? Tal vez. El empoderamiento abre nuevas perspectivas para la gente. Las convierte en personas que toman decisiones. Fomenta el desarrollo de habilidades de liderazgo latentes. Las personas empoderadas ganan confianza porque alguien cree en ellas.

Empoderamiento no significa empujar a la gente afuera de la puerta y dejarlas a la deriva sin mentor o ningún tipo de estructura de rendición de cuentas. Jesús interrogó a aquellos a quienes envió de dos en dos. Su Gran Comisión incluyó las palabras: “y estaré con ustedes.”

El apóstol Pablo siguió el ejemplo de Jesús de liderazgo de empoderamiento. Mientras Pablo realizaba sus viajes misioneros, él eligió “ancianos” o líderes para las iglesias que plantó. Después, él mantuvo contacto con esas iglesias, escribiéndoles cartas y visitándoles. Cuando un pastor/evangelista necesitaba algún entrenamiento, Pablo se dirigió a una pareja de Roma: Aquila y Priscila. Pablo también empoderó a gente como Tito y Timoteo como “supervisores” o superintendentes de grupos de iglesias.

Los misioneros globales sueñan con alcanzar a las personas perdidas (o al menos deberían soñar así). Una manera potente de convertir estos sueños en realidad es empoderar a las nuevas iglesias en desarrollo y a sus líderes. Entre otras cosas, empoderar a otros multiplica el alcanza y la efectividad de los ministerios de evangelismo y discipulado.

De vez en cuando, los misioneros caen en la trampa de quedarse a cargo mientras esperan a que surja el sucesor perfecto. Otros piensan que han empoderado a la gente cuando todo lo que han hecho realmente es dar una lista de tareas para ser completadas. Jesús no asumió su ministerio terrenal en ninguna de esas maneras. Los misioneros que siguen a el modelo de liderazgo de Cristo, empoderarán a la gente en el mismo modo en que Jesús lo hizo.

Artículo publicado originalmente en: http://engagemagazine.com/content/reflecting-christ-empowering

¡Feliz Cumpleaños a Mi Hermano!

Disfrutando el primer partido de la aventura con mi papá, hermano, cuñado, y hermanastra.

En estas dos semanas estoy viajando con mi hermano y padre a varios estadios para asistir a siete partidos de beisbol en 10 días, y además el Salón de Fama del Beisbol en Cooperstown, Nueva York.  Hoy hemos viajado toda la noche de Filadelfia y ahora estamos en Boston para ver las Medias Rojas esta tarde.  Después del Congreso FOCUS en Panamá, este tiempo ha sido muy especial para mí.  Mi hermano, mi papá, y yo hemos vivido bastante lejos por muchos años y no he pasado tiempo con ellos juntos por más de un día desde 2003.

Y quiero felicitar a mi hermano menor, Timoteo, este 8 de agosto, 2012.  ¡Hoy es su cumpleaños!  ¡¿Y qué manera más impresionante de celebrar, no?!  Él ha sido un gozo para mí.  La verdad es que hemos pasado por muchas cosas difíciles juntos – especialmente me refiero al divorcio de mis papás hace 19 años.  Admito que nuestra reacción era muy diferente en ese momento de crisis – mientras por la gracia del Señor me acerqué a Él, poco a poco mi hermano se alejaba de Dios.

Todavía no está siguiéndole a Cristo, pero hazme un favor, ¿ok? Necesito que tú, amado lector, intercedas por él en estos días.  Mi papá (un pastor en Kansas City) y yo estamos orando que el Espíritu Santo en su gracia preveniente abra muchas puertas para que hablemos no solo de deportes, sino de Dios y la iglesia y el evangelio.  Para que sepas, normalmente cuando levantamos estos asuntos con Timoteo él se enoja y su molestia hace que no podamos hablar con él por mucho tiempo.

Pero Dios es grande.  Él no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan (2 Pedro 3:9).  ¡Él anhela aun más que nosotros que Timoteo vuelva a él!  Así que ruego que me apoyes en oración en estos días para que veamos milagros y avances en este largo proceso de salvación en la vida de mi hermano.

¡Gracias por tu apoyo y que el Señor te bendiga grandemente!

La Seguridad del Llamado en Tiempos Difíciles

En las últimas tres entradas, hemos explorado la formación del gran misionero, Pablo.  La intención de esta entrada de hoy es contestar la pregunta con la que se concluyó en la entrada anterior.  ¿Cómo podemos asegurarnos de que el Señor nos ha llamado a ser misionero?

 

Cuando el llamado de Dios a sus siervos es claro, el ministro no tiene duda de lo está haciendo y de las decisiones que ha tomado.  Sabe que va por el camino correcto.  Por otro lado, hay quienes conforme pasa el tiempo se dan cuenta de que tienen un llamado, y como cada vez es más fuerte, terminan por aceptarlo y responder.

Debemos estar seguros de nuestra decisión al ministerio que Dios nos ha llamado.  Es un llamado que está en el plan de Dios y no en nuestros deseos de ser “admirados o apreciados” por las personas, viajar u ocupar puestos como líder.

Recordemos lo que Pablo tuvo que pasar durante su ministerio: Hechos nos relata que tuvo aflicciones y persecuciones.  Pero Dios que lo había llamado, estuvo siempre al cuidado de él y lo libró de cualquier mal.

El llamado de Dios es como una estaca que no se mueve, es la certeza de estar en la voluntad de Dios cuando vienen momentos de conflicto, desánimos, y rechazo.  Y en los buenos tiempos, da gozo porque está obedeciendo el llamado y es una bendición que contagia a los que lo rodean.

Debe estar seguro del llamado de Dios.  Si hay dudas debe acercarse y esperar, mientras sigue trabajando, a que aclare la voluntad para su vida.

Si está seguro de que Dios le ha llamado a servir en el ministerio, decida ahora si desea pagar el precio, preparándose mejor y confiando en el Señor completamente durante el proceso de servicio.

Recuerde y trate de cumplir las palabras de exhortación de Pablo a Timoteo cuando le dice: “Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2 Tim. 4:5).  Dios quiera que usted responda al llamado y diga como Pablo, “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Tim. 4:7).

¿Eres Inadecuado?

La próxima vez que sientas que Dios no te puede usar, sólo recuerda…

Noé fue un borracho…Abraham fue demasiado viejo…Isaac fue un soñador…Jacob fue un mentiroso…Lea fue fea…José fue maltratado…Moisés fue tartamudo…Gedeón fue miedoso…Sansón fue mujeriego…Rahab fue prostituta…Jeremías y Timoteo fueron demasiado jóvenes…David fue adultero y asesino…Elías fue suicida…Isaías predicó desnudo…Jonás huyó de Dios…Noemí fue viuda…Job estaba en quiebra…Pedro negó a Cristo…los discípulos se durmieron cuando oraron…Marta se preocupó por todo…la mujer samaritana era divorciada (¡cinco veces!)…Zaqueo fue demasiado bajo…Pablo fue demasiado religioso…Timoteo tuvo una úlcera…¡y Lázaro estuvo muerto!

Ahora, ¡no más excusas! Dios te puede usar para transformar el mundo. Y además, tú no eres el mensaje, sólo eres el mensajero.

Terminando Bien

“Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mi, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:6-8).

Recibí las noticias tristes hace una semana de algunas colegas y amigos, personas con un ministerio muy bonito y con mucho alcance, que fallaron espiritualmente. Al enterarme de su fracaso moral, fue como un golpe al estómago. ¿Qué estaban pensando? ¿Cómo llegaron a este punto?

Pablo en su segunda carta a Timoteo está sintiendo que sus días en la tierra son pocas. Los eruditos dicen que Pablo había escuchado rumores de su muerte pendiente y aun quizás estaba sintiendo físicamente los afectos de su vejez. Después de compartir antes en la carta varios consejos a su “discípulo” Timoteo, me imagino que él hace una pausa, respira profundamente, y con cansancio y también satisfacción escribe las palabras que leímos arriba.

Quizás él se había equivocado en algo; sin duda Pablo aprendió mucho durante su ministerio y sus muchos viajes. Dios no había terminado su obra en él todavía (Fil. 1:6; 3:12-14). Sin embargo, Pablo nunca había perdido su enfoque. Su vida, sus prédicas, y sus cartas hablan siempre de CRISTO CRUCIFICADO, una vida santa y agradable–dedicada a SU SEÑOR JESÚS. Pablo en 2 Timoteo 3 y 4 explica las perspectivas desviadas y torcidas del mundo y como Timoteo debe mantenerse fiel. Y justo antes de terminar su carta Pablo dice a su hijo espiritual, “He terminado bien. No tengo ningún remordimiento.”

¿Podemos decir lo mismo? Que triste invertir toda una vida en la obra del Señor y caernos de repente por no acercarnos diariamente a CRISTO. Pero del otro lado, que glorioso decir con Pablo cuando estamos en nuestro lecho de muerte, “He dado todo. Ha sido un maratón y una batalla, pero he guardado la fe. Y todo por la gracia de mi Señor y Salvador Jesucristo.”

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