Archivo del sitio

María Magdalena

Por Frederick Buechner

Es al final de la historia que ella llega a estar en el centro de la escena con más claridad. Fue una de las mujeres que estuvo en el momento en el que él fue crucificado—ella había tenido más agallas que la mayoría de ellos—y también fue una de las que estuvo ahí cuando pusieron lo que quedaba de él en la tumba. Pero su momento fue ese primer Domingo por la mañana después de su muerte.

Juan es quien da el mayor detalle, de acuerdo con él todavía estaba oscuro cuando ella llegó a la tumba para descubrir que la piedra había sido removida de la entrada y que, el interior, estaba vacío. Ella corrió de regreso a donde sea que los discípulos estaban escondidos para decirles, Pedro y otro más de ellos regresó con ella para verificar su historia. Ellos se dieron cuenta que era verdad y que no había nada más que algunos trozos de tela, con los que habían envuelto el cuerpo. Entonces ellos se fueron, pero María permaneció afuera de la tumba en algún lugar y comenzó a llorar. Dos ángeles vinieron a ella y le preguntaron por qué estaba llorando, y ella respondió, “Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto” (Juan 20:13). Ella no estaba pensando en términos milagrosos, en otras palabras; ella simplemente estaba pensando que ni siquiera en su muerte lo habían dejado tranquilo, y que alguien había robado su cuerpo.

Empty Tomb.jpg

Entonces otra persona viene a ella y le hace las mismas preguntas. ¿Por qué ella estaba llorando? ¿Qué estaba haciendo ahí? Ella decidió que el responsable tenía que haber sido alguien encargado, tal vez alguien como el jardinero, y le preguntó que si él era quien había movido el cuerpo hacia otro lugar, por favor le dijera dónde estaba para que ella pudiera acudir ahí.

En vez de responderle, él la llama por su nombre—María—y ella entonces reconoce quién era él, y aunque desde ese momento en adelante el curso de la historia de la humanidad fue cambiado en muchas maneras profundas y complejas, que resulta imposible imaginar que haya sucedido de otra manera, para María Magdalena la única cosa que había cambiado era que, por razones que ella no estaba en posición de considerar, su viejo amigo, maestro y su brazo fuerte estaba vivo otra vez. “¡Raboni!” ella gritó y estuvo a punto de abrazarle con auténtico gozo y asombro, cuando él la detuvo.

Él dijo “noli me tangere.” “No me toques” (Juan 20:17), de esta forma ella no solo fue la primera persona en el mundo con el corazón paralizado por un segundo al descubrir que otra vez estaba vivo mientras pensaba que ya estaba absolutamente muerto, también fue la primera persona con el corazón un poco roto al darse cuenta que ya no podría tocarlo, que no habría más una mano qué la sostuviera cuando la vida fuera difícil, un hombro para llorar, porque la vida en él ya no era más una vida que ella pudiera concebir a través de tocarle, con ella aquí y él allá, sino una vida que ella solo podría concebir a través de vivirla: con ella aquí—la abusada y quebrantada—y con él aquí también, vivo dentro de su vida, para levantarla también de los escombros de todo lo que estaba arruinado y muerto en ella.

Mientras tanto, él dijo que tenía mucho por hacer y recorrer, y también ella, la primera cosa que hizo fue regresar a los discípulos para contarles. “He visto al Señor,” ella expresó, y cualquier oscura duda que ellos tuvieron antes sobre el tema, una mirada a su rostro fue suficiente para desaparecerla como la niebla de la mañana.

*Publicado originalmente en Peculiar Treasures y después en Beyond Words.

¡Ha Resucitado!

Pastor Gerardo Aguilar

De niños jugando a las escondidillas pasamos momentos dulcemente tensos. Era un desafío buscar el mejor lugar posible y guardar silencio con un aguante tremendo de risa nerviosa sin que te descubrieran. ¡Nadie quiere ser encontrado! – Por gracia, no todo en la vida es juegos, sino también realidades.

Hablando de querer encontrar a alguien, recordamos a las mujeres piadosas que fueron a buscar a Jesús a la tumba donde le habían puesto después de ser crucificado y muerto en la cruz. Ellas esperaban encontrarle para poner perfumes y especies aromáticas según la costumbre de su cultura.

El corazón de aquellas mujeres tenía cierta fe y duda al mismo tiempo, pues se preguntaban entre sí quién les movería la enorme roca que cubría la entrada al sepulcro. Sin tiempo de contestarse la pregunta, –de repente– observaron la roca movida y a un ángel del Señor sobre ella que les habló y dijo: ¿porque buscáis entre los muertos al que vive? –Jesús–¡No está aquí, pues ha resucitado!

–¡¿No está aquí?! ¡Ha resucitado!

easter-resurrection_1427267026.jpg

Vaya aseveraciones de aquel personaje celestial! –En nuestros días quizá hubiéramos respondido: –¿Estás hablando en serio?–, –¿Alguien podría ponerme eso por escrito?–, o –¿Puedes hablarlo bajo declaración jurada ante la ley?–.

No es fácil recibir tan gloriosa y también tan desconcertante noticia, luego de haber visto al Maestro en sufrimiento y cruel muerte en el madero. Nadie creería eso a menos que, el poco de fe que mantenían como un leve ardor en el corazón, se haya convertido luego en una antorcha interna de gozo y confianza, que trajo a la memoria las mismísimas palabras de Jesús cuando les decía: “el Hijo del Hombre será entregado…y le condenarán a muerte;…para burlarse de Él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará–¡Ahora todo tiene sentido!…¡Ha resucitado!

Las tumbas de los llamados profetas e iluminados, de las religiones del mundo, contienen los restos de esos hombres. –Todos murieron como cualquier humano–. Algunos son considerados como dioses, sin embargo no lo son pues en el último y agónico “round” de sus vidas la muerte les venció sin escollo.                                

Pero nuestro Señor Jesucristo en un encuentro cara a cara con la muerte, le venció y resucitó al tercer día, significando así “la muerte de la misma muerte”, y por ello también el apóstol Pablo testificó con poder diciendo: ¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro tu victoria? –¡Sorbida es la muerte en victoria!–.

Para nosotros hoy en día, traer a la memoria la victoria de Jesús sobre la muerte es algo que debe aumentar nuestra fe y confianza hasta lo sumo. De hecho la Resurrección de Cristo es el evento que le da sentido y esperanza a nuestra fe. Al adorar a un Cristo vivo, el mismo Espíritu que le levantó de los muertos también nos sostiene en Sus Promesas y Palabras de poder que alimentan el alma cada día. ¡Jesús ha resucitado!

“¡He Visto al Señor!”

La siguiente reflexión fue escrita por Dawson McAllister en su libro, A Walk with Christ to the Cross.

¡El Día de Resurrección!  ¡Qué mañana debió ser para María Magdalena!  Había pasado de dolor agonizante a la alegría y la celebración final.  Su devoción por Cristo en un domingo, se evidenció por sus actos de amor:

  • Ella fue una de las últimas en salir de su cruz.
  • Ella llegó primera a la tumba.
  • Ella fue la primera en decir que la tumba estaba vacía.
  • Ella se quedó sola en la tumba.
  • Estaba decidida a encontrar el cuerpo.
  • Ella estaba dispuesta a cuidar de su cuerpo.

Debido a su gran devoción, María Magdalena fue recompensada por Cristo:

  • Ella fue la primera en ver al Cristo resucitado.
  • Ella fue la primera en hablar con el Cristo resucitado.
  • Ella fue la primera en tocar al Cristo resucitado.
  • Fue la primera en enterarse de sus planes nuevos.
  • Ella fue la primera en tener la responsabilidad de decir a los demás de los planes de Cristo.

¡Qué hermosa es la devoción de María Magdalena.  Su sendero de lágrimas condujo a través de profunda tristeza y dolor, seguida por la alegría milagrosa.  Su vida, hoy en día, es un ejemplo para nosotros.  Nos enseñó que todo el que quiera seguir a Cristo se unirá en sus sufrimientos, pero también compartirá la alegría de su resurrección.

“María Magdalena fue a los discípulos con la noticia: ‘¡He visto al Señor!’  Y ella les dijo que Él había dicho estas cosas para ella” (Juan 20:18 NVI).

Reflexiones Sobre el Día de Resurrección

easter1_cruz

“¡No está aquí, pues ha resucitado, como dijo!” (Mateo 28:6).

Hoy es el mejor día del calendario cristiano.  ¡Jesús vive!  ¡Él resucitó de los muertos y vive hoy!  Pero no sólo experimentó la Resurrección, ¡él es la Resurrección!

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).

Pero este día no sólo significa que él resucitó y que él es la Resurrección.  ¡Además significa que nosotros podemos juntarnos en su resurrección (y por supuesto también en su muerte; pues, nadie puede resucitarse si no se haya muerto primero)!

“Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección” (Romanos 6:5).

El llamado es juntarnos con él en su muerte para poder conocerle en el poder de su resurrección.  El llamado es conocerlo tanto, amarlo tanto, llegar a ser cómo él tanto que participemos naturalmente en su misión al mundo.  Con este Cristo resucitado, vivo, salimos de la tumba para ofrecernos al mundo.  ¡Que la pasión de Jesús y la pasión de Pablo, quién escribió las siguientes palabras, sea la nuestra también en este glorioso Día de Resurrección!

“…a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos” (Filipenses 3:10-11).

easter-2_cruces-y-jesus

A %d blogueros les gusta esto: