Hoy terminamos nuestro enfoque en el budismo que comenzamos el viernes pasado.
La devoción budista y el Nirvana
Los budistas, sin importar el grado o tipo de espiritualidad, es decir, laicos o monjes, hacen votos a Buda. Según la religión, existen bendiciones recíprocas, o lo que anteriormente vimos como el karma. Los monjes logran el karma cuando renuncian al mundo y los laicos cuando ayudan a los monjes.
Etimológicamente, la palabra Nirvana significa extinción, refiriéndose a que el fuego se extingue o muere. Hay otras definiciones como, el fin del sufrimiento, remedio para toda la maldad, separación o cesación de la transformación.
De manera que Nirvana es la “no existencia”, o el “no nacer”, el budismo evita el reflexionar sobre la vida después de la muerte, pues no debe ser motivo de preocupación. Por tal motivo varios budistas están insatisfechos con el vacío del Nirvana y recurren a otras oposiciones.
El budismo se ha adaptado al mundo de varias maneras, que ha interpretado las enseñanzas de Buda a tal grado de que incluyen un Bodhisattvas. Este es un especie de salvador que ofrece ayuda para que los individuos puedan alcanzar sus destinos. El budismo se ha propagado a otros pueblos para continuar vital y estable.
Como vimos hace una semana, los hinduistas tienen diversas opciones para obtener la salvación, por ejemplo, vivir una ética de trabajo, conocimiento religioso, practicar la meditación y una gran devoción a los dioses. La posición cristiana, es que la solución está en la relación entre Dios y el hombre. La salvación es un regalo de Dios que nos mandó por medio de Jesús al morir.
En este tercer milenio ha surgido un interés renovado por alcanzar a los creyentes del hinduismo y budismo, todos con base en la Ventana 10/40.
Por muchos años las culturas con sus candados políticos y religiosos se creían casi impenetrables. Hoy esto ya no es cierto, gracias al trabajo de aquellos misioneros que han trabajado poco a poco, con dedicación y paciencia, amor y compasión por las almas.
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