Hemos estado hablando en estos días sobre la tendencia de practicantes de varias religiones a mezclar el evangelio con su fe actual. Como obreros trans-culturales, ¿cuál debe ser nuestra reacción a este sincretismo?
La reacción común ha sido rechazar radicalmente las viejas costumbres, considerándolas paganas. Por ejemplo, los bailes y ritos tradicionales, los sacrificios a los espíritus y los ritos de adivinación fueron condenados por las religiones tradicionales, erradicándolas por medio de la disciplina.
Rechazar esas costumbres hasta cierto punto tenía sentido, pues la mayoría de las culturas tradicionales no hacían diferencia entre prácticas sagradas y seculares, ya que estaban muy arraigadas en las personas. Como resultado, se juntaron la creencia cristiana y las antiguas tradiciones. Por eso la solución fácil fue rechazar las creencias y costumbres tradicionales.
Las antiguas creencias y costumbres, cuando son rechazadas, crean serios problemas teológicos y misiológicos. El primero es creer que la cultura del misionero, y del extranjero está basada en el cristianismo. Como resultado el misionero empieza a considerar paganas a las otras culturas, un reflejo de ceguedad que está relacionada con el etnocentrismo.
Se hace necesario presentar nuevas creencias y prácticas que reemplacen a las que fueron rechazadas, y no por nada se vuelve el segundo problema. Este traslado de prácticas ha provocado que, en varias partes del mundo, consideren al cristianismo como una religión extranjera, ocasionando alejamiento de muchos cristianos de su pueblo de origen. Frecuentemente esta es la razón, que impide a muchas personas seguir a Jesús.
El tercer problema se lleva a cabo por el empeño de eliminar esas antiguas costumbres que siempre resultan fallidas. Estas, sencillamente siempre se practicarán clandestinamente, y conforme el tiempo pasa vuelven a surgir entre los fieles, dando origen a un Cristopaganismo, según lo dicen Yamamori y Charles Taber en su libro “Christopaganism or Indigenous Christianity”.
Una de las respuestas a las tan mencionadas prácticas tradicionales, es que al ser permitidas por los misioneros tenían libre entrada a la iglesia. Nunca se intentó un cambio hacia eso, pues pensaban que las prácticas eran básicamente buenas y que existía un cambio en la gente cuando esta aceptaba a Cristo en su vida.
Las personas que estaban de acuerdo con lo anterior, tenían un gran respeto a los pueblos y culturas por el hecho de que la gente reconocía el valor hacia el patrimonio cultural, así como el valor hacia el mensaje de Jesús que presentaban los extranjeros.
Es común que los nuevos convertidos perciban los vicios de su vida pasada, provocando en ellos el deseo de tener una vida transformada. Involucrarse “ciegamente” en las creencias y prácticas de la iglesia, facilitará que el sincretismo y el relativismo cultural y filosófico entren en la congregación, destruyendo el verdadero mensaje y autoridad de Dios.
Deja un comentario