Archivos Mensuales: junio 2017

¿Cuál es tu MEGA?

Por Scott Armstrong

“Si piensas que eres muy pequeño para hacer una diferencia, intenta dormir con un mosquito.” – Dalai Lama XIV

Soy fan de Jim Collins, un escritor e investigador empresarial. Aunque la palabra tal vez haya sido inventada antes, creo que Collins popularizó el término “MEGA” en su libro Creadas para Durar. ¿Qué es una MEGA? Es el acrónimo para una “Meta Espeluznante, Grande y Audaz.”

“Una MEGA compromete a la gente – los alcanza y los agarra,” dice Collins. “Es tangible, energizante, y altamente especializada. La gente ‘la entiende’ de inmediato; requiere poca o ninguna explicación.”   

Cada empresa debería tener una MEGA. Todas las compañías tienen metas. Pero hay una diferencia entre simplemente tener una meta y comprometerse con un enorme e intimidante desafío—como una gran montaña para escalar. Collins lo usa como una ilustración de la misión a la luna en los años 60’s. El Presidente John F. Kennedy y sus asesores podrían haber ido a un salón de conferencias y formulado algo como “Reforcemos nuestro programa espacial,” o algunas otras declaraciones así de superficiales. Sin embargo, Kennedy proclamó el 25 de mayo de 1961, “que esta Nación se debe comprometer con el cumplimiento de la meta, antes que finalice esta década, de enviar un hombre a la luna y hacer que regrese a salvo a la tierra.”

Eso, mis amigos, es espeluznante, grande, y audaz. Pero también es específico. Peligrosamente específico. Dadas las circunstancias, un compromiso tan audaz era, en ese momento, escandaloso. Pero eso probó ser un instrumento poderoso para impulsar a los Estados Unidos hacia lo que parecía inalcanzable. 

¿Cuántos cristianos tienen metas parecidas a “enviar-un-hombre-a-la-luna”? Como iglesias, ¿alcanzamos las estrellas, o estamos satisfechos con admirar un edificio de oficina de dos pisos?

Si cada empresa debe tener una MEGA, entonces con mayor razón, cada cristiano, cada iglesia y cada ministerio. Después de todo, a diferencia de las empresas, no estamos tratando de vender más productos o hacer más dinero. ¡Nuestra misión es el impacto y la transformación global! Además, estamos sirviendo al Todopoderoso, Rey de reyes y Señor de señores: ¿por qué no soñamos en grande y establecemos algunas metas locas y elevadas? No importa cuán grandes sean, ¡no pueden ser más grandes que las que Él tiene para nosotros!

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El apóstol Pablo lo describe de esta forma — “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros…” (Ef. 3:20 RVR1960).

Las MEGAs para el cristiano están basadas en un Dios que hace, abundantemente mucho más, de nuestros sueños y peticiones más grandes.

Para resaltar esto, me gustaría dirigir nuestra atención a dos ocasiones en que el mismo Dios encarnado se asombró. Estas historias deberían ayudarnos a ver la relación entre una meta espeluznante, grande y audaz y una fe espeluznante, grande y audaz (¿deberíamos llamarla FEGA?).

En Marcos 6, el mismo Jesús se encuentra en su ciudad de origen donde todos lo escuchan enseñar, lo ven hacer milagros, y literalmente se escandalizan a causa de Él (v. 3). ¡Ellos conocían a Jesús! Lo vieron crecer. ¡De ninguna manera podría ser el Mesías! “¡Nada que ver aquí, amigos! Solo es el hijito del carpintero tratando de actuar como alguien que no es.”

“En efecto, no pudo hacer allí ningún milagro, excepto sanar a unos pocos enfermos al imponerles las manos. Y él se quedó asombrado por la incredulidad de ellos.” (v. 5-6 NVI).

Bueno, esa es una manera de asombrar a Jesús.  El Hijo de Dios estaba sorprendido por su mezquindad e incredulidad. 

Pero otro pasaje nos muestra esto de una mejor manera. En Lucas 7, un centurión va hacia Jesús y le pide que sane a su siervo. No hay necesidad de fanfarria y ceremonia para que Jesús recorra todo el camino hasta su casa. El centurión creyó que Jesús podía sanar a su siervo con una sola palabra. 

“Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe” (v. 9 RVR1960). Y en ese instante aquel hombre fue sanado. 

En dos ocasiones diferentes Jesús se asombró: 

  1. Falta de fe
  2. Gran fe 

Si Jesús observara tu nivel de fe, ¿estaría asombrado por lo espeluznante, grande y audaz que sería? ¿O estaría asombrado por tu pensamiento a pequeña escala?

Craig Groeschel, fundador del visionario y creciente canal LifeChurch.tv, nos pide que pensemos en esta última semana de nuestras vidas. ¿Cuáles son los grandes pasos de fe que tomaste en la última semana? ¿Intentaste algo tan audaz que estaba destinado al fracaso, salvo que Dios estuviera en ello? ¿Cuál fue tu oración? Si Dios contestara todas y cada una de tus oraciones en un instante, ¿qué sería diferente, no solo para ti, pero en el mundo?

“Si algunos de ustedes, oraran grandes oraciones,” dice Groeschel, “se habría encontrado la cura para el cáncer o se habría resuelto el problema del hambre, se habría salvado un matrimonio, o niños habrían sido adoptados por familias. Eso sería grandioso. Otros de ustedes tendrían comida bendecida.  Y tendrían un viaje seguro a la casa de tu abuela. ¿Qué sería diferente en el mundo si Dios contestara sí a tus oraciones y que sería inmediato? Para algunos de ustedes, nada sería diferente porque no oraron y no fueron audaces.”

Es un insulto para Dios pensar a pequeña escala. Es una completa tergiversación de su carácter. Tal vez suene tonto, pero estoy comenzando a pensar que no tener una MEGA, que hemos desarrollado en oración y audacia, es un asunto de pecado. Es, ciertamente, una falta de fe. 

Así que, ¿cuál es la MEGA que Dios te ha dado? Si no sabes, es imperativo que pases tiempo buscando el rostro de Dios y el “mucho más abundantemente” que Él tiene. Probablemente, también necesite desarrollarse y pulirse en comunidad. Asegúrate que sea clara y específica. Y después deja que esto moldee tus oraciones y acciones en los próximos días. ¡Tú – y el mundo entero – serán cambiados para siempre!

Deja De Ir Simplemente A La Iglesia

Por Jeff Vanderstelt

Todo comenzó en un bote en un lago con unas cuantas cañas de pescar. Fue ahí, rodeado de la tranquilidad del agua, que mi padre y yo tendríamos una conversación clave que cambiaría la trayectoria de mi vida. Mi padre me estaba dando una simple actualización de su vida y me compartió que su iglesia estaba contratando a un pastor de discipulado.

Después de hacer a un lado mi diálogo interno, acerca de cómo contratar a un pastor para discipulado traicionaba el hecho de que la iglesia no veía todo lo que hacían como discipulado, escuché a mi padre decir que estaba emocionado de aprender cómo hacer discípulos—finalmente.

Yo estaba agradecido por la tremenda energía de mi padre hacia la comisión de Jesús pero también me sentí un poco turbado. Mi papá no parecía darse cuenta que él me crió en un hogar donde la vida diaria estaba conectada con un ministerio intencional. Él era dueño de varios negocios pequeños y creía que su negocio estaba destinado a ser una bendición a las personas y a la ciudad donde él vivía. Como resultado, nos unimos a nuestros padres en incontables actos de bondad, generosidad y hospitalidad.

No era extraordinario para ninguno de nosotros sus hijos, dar nuestro cuarto por una temporada como espacio para un joven que estaba comenzando de nuevo, un esposo quebrantado con un matrimonio difícil, o un adolescente huyendo que necesitaba algo de estabilidad. Mi papá amaría y sería el mentor de estas personas durante el día en uno de sus negocios, mientras mi mamá se encargaría de alimentar y cuidar de ellos, como si fueran de la familia.

Yo vi a jóvenes y viejos conocer el amor de Jesús y recibir entrenamiento bastante informal pero efectivo en cómo hacerse responsables, ser hombres trabajadores y amorosos. A causa del ministerio de mis padres en casa y en el trabajo, muchos hombres todavía consideran a nuestra familia como su familia.

Sin embargo, la iglesia nunca le dio a esto el nombre de “ministerio.” Ellos no vieron que la gentil hospitalidad de mi mamá y el mentoreo de mi papá a través del trabajo crearon tanto el ambiente como los medios para que el discipulado ocurriera.

No estaba entristecido solamente porque el ministerio de mis padres nunca fue reconocido; Jesús estuvo trabajando a pesar de todo y Dios el Padre estaba complacido de ver a sus hijos trabajando. Lo que me entristeció fue que muchas iglesias (y muchos en la iglesia) no ven sus hogares como uno de los mejores contextos para ministrar, y sus lugares de trabajo son algunos de los lugares que pasan por alto cuando piensan en mentoreo y misión.

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La mayoría de las personas pasarán un tercio de sus vidas en el trabajo y al menos otro tercio dentro o alrededor de sus hogares; lo que significa que más de dos tercios de sus vidas son considerados como espacio de no-ministerio. Además, muchos todavía creen que la iglesia es un lugar al que uno va de una a cuatro horas por semana, y que es donde la mayoría del discipulado ocurre. Esto significa que una gran mayoría de cristianos solo ve un pequeño porcentaje de sus vidas dedicado a la misión de hacer discípulos. No hay duda de porqué son tan pocos los creyentes fructíferos en el ministerio.

¿Qué pasaría si pudiéramos ayudar a la gente común a vivir el evangelio intencionalmente en la vida diaria, tanto en el trabajo como en el hogar, para hacer discípulos? ¿Qué sucedería si cada lugar de trabajo, escuela, vecindario y café fueran llenos de la plenitud del Espíritu, el amor de Jesús y los hacedores de discípulos, cada día? Tal vez podríamos ver ciudades saturadas con la presencia, poder y amor de Jesús a través de las personas comunes como mi mamá y papá.

Pastores y líderes de la iglesia no son llamados por Dios a hacer el ministerio para muchos. Ellos están en la iglesia para equipar a muchos para el ministerio en el supermercado y en el hogar. Es tiempo de equipar y movilizar a la iglesia de Cristo fuera del edificio y dentro de la vida.

Dejemos de ir simplemente a la iglesia y empecemos a ser la iglesia todos los días y en todo lugar.

Este artículo fue publicado originalmente en: Verge Network

Por Qué El Multiculturalismo Es Un Requisito Para La Iglesia

Escrito por Ashlee Holmes. Trad. por Ariadna Romero.

Es tiempo de ponerse serios sobre la diversidad en el cuerpo de Cristo.

Hay una fina línea gris entre las cosas de la vida que son buenas  y las cosas que son absolutamente necesarias.

¿Cable, TV, y acceso al Wi-Fi? buenas, pero no necesarias. ¿Manicura sin manchas con esmalte de laca? Buena, pero no necesaria. ¿Mi Iphone 5? Bueno —y vergonzosamente crucial para mi salud mental— pero a final de cuentas, no es necesario.

Hay muchas decisiones que hacemos a diario sobre bases que pueden ser categorizadas ya sea como buenas o como necesarias, pero ¿qué sucede cuando se trata de cosas más profundas, como el multiculturalismo en la iglesia, ¿por ejemplo?

Antes que nada, hablemos de lo que es y no es el multiculturalismo. El diccionario define el término como “la preservación de diferentes culturas o identidades culturales dentro de una sociedad unificada.”

Me gusta la palabra “preservación.” Preservar significa mantener vivo o en existencia, mantener a salvo de daños o lesiones, mantener, conservar. Así que solo tolerar y ciegamente aceptar a las personas de diferentes colores (o ser multicolor) no es suficiente. La experiencia y la cultura de una persona deben mantenerse a salvo y vivas. Deben encajar perfectamente en el tapiz humano para que las personas comiencen a aprender y eventualmente crezcan a raíz de la verdadera identidad de otros.

El multiculturalismo significa invitar al otro a ser plenamente él mismo, sin disculpas y celebrando activamente las diferencias. El término “multicolor” deja lagunas y desconexión. “Multicultural” construye puentes y provoca celebración.

Interesantemente, mi primer combate y lucha por el valor del multiculturalismo no inició en la iglesia. Empezó el día que una pequeña niña de mi programa de extra clases inocentemente me preguntó si tomaba duchas, porque veía que mi piel era muy oscura, y continuó el día que una chica de mi equipo de pista me preguntó en el club cómo es que podía hablar  “como los blancos.”

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Así que mi lucha con este valor no inició en el contexto de la comunidad; inició conmigo. ¿Por qué el que yo sea tan diferente era misterioso para otros? ¿Qué era lo amenazante —si acaso— de mi piel oscura y mi acento? No tenía respuestas para mis preguntas en ese momento, pero sabía que me sentía sola e incómoda.

Me sentía incómoda siendo yo misma alrededor de mis amigos blancos, y me sentía incómoda siendo yo misma alrededor de mis amigos negros. Había una brecha enorme, dolorosa y desalentadora entre la gente de la comunidad con la que desesperadamente quería entablar una amistad y yo. Internamente me disculpaba por mi singularidad y decidí convertirme en lo que necesitara para ser aceptada. La idea de encajar en ese entonces, no era solo buena para mí; era necesaria.

Cualquiera que se sienta fuera de lugar experimenta cierto nivel de malestar, cuando es simplemente parte de “los otros.” No obstante, de lo que me di cuenta después en la vida, fue que ese malestar era en realidad bueno para mí. No solamente fui forzada a buscar mi verdadera identidad en Cristo —una identidad formada con mucho más que el color de mi piel—  sino que también hice un inventario de la gente que estaba eligiendo para rodearme, y el inventario resultó hermoso.

Me di cuenta de que mi vida era más rica y más maravillosamente compleja por la singularidad y autenticidad de otros con los que elegí relacionarme. Con el tiempo, decidí que sacrificar mi comodidad por el bien de esa hermosa ventaja no era solamente bueno; era necesario para mí caminar con Dios y para comprender más profundamente cómo trabaja Su Reino. 

Creo verdaderamente que Dios siente lo mismo con respecto a Su Iglesia.  Una simple pero profunda manifestación de este sentimiento está fundada en el Evangelio de Lucas, cuando Simón de Cirene tuvo que cargar la cruz de Jesús. Cirene era una ciudad en Libia, un país del norte de África. 

Un africano cargó la cruz de Jesús.

No se menciona mucho sobre Simón de Cirene, pero metafóricamente, su singularidad e incomodidad me dice algo sobre el corazón de Dios: que todos —sin importar raza o etnia— tienen un rol vital en la historia del Evangelio.

Aunque es incómodo a veces, el seguimiento del multiculturalismo en la Iglesia no es solamente bueno, es necesario. Últimamente hemos desarrollado opiniones sobre Dios más profundas y complejas y un amor y apreciación más profundos de unos a otros cuando escogemos participar activamente en las historias de los otros, los que son diferentes de nosotros, originarios de otros lugares.

Mi esperanza para la Iglesia es que las congregaciones y las comunidades sean más desafiadas —incluso que se sientan más incómodas— en la lucha contra la idea de dar la bienvenida no solo al color, sino a la cultura, y que las expresiones de adoración, enseñanza, evangelismo y discipulado sean tan ricamente influenciadas por el multiculturalismo que Cristo pueda ser conocido plenamente en toda Su belleza por muchos.

Artículo publicado originalmente en: http://www.relevantmagazine.com/god/church/why-multiculturalism-must-church

Anna Akhmatova

“La palabra cayó como una piedra
en mi pecho viviente.
Lo confieso: estaba preparada
y de algún modo lista para la prueba.
Tanto que hacer el día de hoy:
matar la memoria, asesinar el dolor,
convertir el corazón en roca
y todavía disponerse a vivir de nuevo. ”
Anna Akhmatova 

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Escrito por Scott Armstrong. Trad. por Ariadna Romero

El 23 de Junio es el cumpleaños de la poeta rusa Anna Akhmatova, nacida en el suburbio de Odessa, en 1889. En 1912 cuando tenía 22 años, se puso un seudónimo y publicó su primer libro de poesía. Fue un volumen de poemas de amor, y la convirtieron en una celebridad. Pero la vida en Rusia era cambiante. Antes de que pasara una década el país había vivido la Primera Guerra Mundial y la Revolución Bolchevique; la poesía de Akhmatova también cambió. 

Perdió a su marido en 1921 cuando fue ejecutado por presuntamente tomar parte en el complot anti-Bolchevique, y al año siguiente, le dijeron que no le sería permitido publicar su poesía. Ella entonces la dejó de lado y se dedicó a hacer principalmente críticas y traducciones.

Pero cuando su hijo fue repetidamente encarcelado en Leningrado, se dio cuenta que no podía permanecer más en silencio. Se paró entre las mujeres afuera de la prisión, todas ellas tratando de enviar paquetes de comida y palabras de esperanza a sus seres queridos en el interior. Una mujer la reconoció. “Una mujer con labios azulados de pie detrás de mí… se despertó del estupor a que todos habían sucumbido y susurró en mi oído, “¿Puede describir esto?” escribiría Akhmatova después.

En 1935, inició lo que se convertiría en un ciclo de 10 poemas para las víctimas de Stalin, llamados Requiem (1935-1940). No pudo publicarlos, ni siquiera se atrevió a guardar una copia escrita, así que ella y sus amigos memorizaron los poemas y luego los quemaron. Finalmente se publicaron en 1963, 10 años después de la muerte de Stalin. Anna murió en 1966, y una colección completa de su poesía no fue publicada en la Unión Soviética sino hasta finales de los 80´s.

Puntos de conversación:

  1. Aunque leemos las historias y escuchamos las noticias sobre los sufrimientos alrededor del mundo, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo podemos involucrarnos para ayudar a los refugiados, a aquellos que son perseguidos y torturados?
  1. ¿Qué nos enseña la memorización que hicieron los amigos de la poesía de Akhmatova sobre Las Escrituras y sobre “guardar la Palabra en nuestros corazones”? ¿Crea mayor significado e influencia la Palabra hablada y escrita cuando la memorizamos?
  1. ¿Qué es el valor? Con frecuencia pensamos que la valentía es un soldado solitario tomando un puesto contra todo un ejército en una película de acción. Sin embargo, ¿será que a veces que la cosa más valiente que podemos hacer sea escribir y describir el mundo que nos rodea, donde Dios y el mal están presentes?

 

Para leer el Requiem completo, haz clic aquí: Poema Anna Akhmatova

Entonces, ¿Qué Es Un Nazareno?

Hoy es el primer día de las Convenciones y Asamblea General de la Iglesia del Nazareno. Estos eventos son celebrados cada cuatro años, y esta vez en Indianápolis, Indiana estamos esperando más de 15,000 asistentes y delegados para tener tiempos de adoración corporativa, entrenamiento, compañerismo y negocios. Sin embargo, quizá nos estamos adelantando. Algunos pueden preguntar, “En todo caso, ¿Qué es un Nazareno?” En un día tan emocionante como hoy, el Rev. Daron Brown nos recuerda nuestros, igualmente emocionantes, comienzos. 

Escrito por Daron Brown
De su columna Pressing On

Al cabo de unos días en mi primer año en la Universidad Nazarena Trevecca, uno de los chicos en mi dormitorio me hizo a un lado. Él no era parte de la iglesia, estaba en Trevecca por una beca escolar de béisbol. Él pasó su primera semana asombrado, viéndonos como los muchachos de la Iglesia del Nazareno, preguntándose a él mismo en qué se había metido. Con voz baja, medio avergonzado y medio distraído, él susurró, “¿Qué es un Nazareno?”

Desde entonces he hecho esa pregunta docenas de veces. A pesar de que hay diferentes formas de responderla, quizá la mejor respuesta es mirar en retrospectiva cómo recibimos ese nombre. 

En el primer siglo, la ciudad de Nazaret en Galilea era considerada una comunidad de segunda clase. Esta actitud se puede apreciar en la respuesta de Natanael a Felipe cuando él habla a su amigo acerca de “Jesús de Nazaret.” Felipe evidencia el escepticismo de él: “¡De Nazaret!…¿Acaso de allí puede salir algo bueno?” (Juan 1:46, NVI). La respuesta que se asume para la pregunta retórica de Felipe era “Por supuesto que no. Nada importante sucede en Nazaret.”

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En Lucas 4 cuando Jesús regresó a Nazaret, él fue físicamente rechazado y casi asesinado por los habitantes de su misma ciudad de origen. La respuesta de ellos puede ser descrita como, “¿Por qué deberíamos escucharte? No eres mejor que nosotros.” Ser un “Nazareno” en el primer siglo no te hacía ganar mucha credibilidad. 

Es notable que la segunda persona de la Trinidad viniera a nosotros por medio de un lugar remoto como Nazaret. Dios mismo elige residir en una comunidad donde la gente creyó que la bondad no existía. Al hacer esto, Él nos recordó que no somos muy rápidos en distinguir entre el bien y el mal. Es un problema que hemos tenido desde los primeros capítulos de Génesis. 

Unos 700 años antes del nacimiento de Jesús, Isaías anticipó la vida de Cristo con las palabras, “Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos.” (Isaías 53:3, NVI). Al adoptar el rol de un marginado, Jesús el Nazareno mostró su solidaridad con aquellos que eran excluidos, perseguidos, y sin esperanza. 

Diecinueve siglos después, en Los Ángeles, California, un predicador de la Iglesia Metodista Episcopal llamado Phineas F. Bresee sintió el llamado a llevar el mensaje de Santidad a las familias pobres—las personas marginadas de la ciudad, quienes no eran bienvenidos por la gente adinerada en asociaciones importantes. Dejando su denominación sobre el tema, él se asoció con un conocido médico y ex-presidente de la Universidad del Sur de California, Joseph P. Widney. En 1895, ellos se unieron con otros en la comunidad para empezar una nueva iglesia. El difunto historiador Timothy Smith dijo que al hacer esto Bresee “declaró que la única cosa nueva en el movimiento era su determinación de predicar el evangelio al necesitado, y ofrecer esa clase de iglesia, la cual ellos podrían llamar suya” (Called Unto Holiness, Vol. 1, p. 110). El nombre que eligieron para su movimiento fue sugerido por Widney, quien dijo que el término “Nazareno” simbolizaba “la esforzada, humilde misión de Cristo…a quien el mundo se vuelve, en su miseria y desesperación, para tener esperanza” (Ibid. p.11).

Desde esa fecha, casi 122 años después, nuestro compañerismo se ha expandido a más de 160 áreas alrededor del mundo. Encontrarás Nazarenos de diversas etnias y contextos socioeconómicos, adorando en hermosos santuarios, edificios construidos con bloques de cemento y centros comerciales. Nuestras miles de iglesias tal vez tengan diferentes personalidades y programas, pero seguimos compartiendo una aspiración en común. Primero y ante todo, nos motiva llevar al mensaje de Santidad al pobre y al necesitado a nuestro alrededor. Segundo, abrazamos la identidad de Dios quien se convirtió a sí mismo en un marginado para alcanzar a los marginados de este mundo—gente como nosotros. 

Desde mi primer año en Trevecca, he mejorado en responder “¿Qué es un Nazareno?” Estos días la mejor respuesta que puedo dar es: “Ven con nosotros a los vecindarios. Déjanos mostrarte el ministerio en la cárcel, el jardín comunitario, el banco de alimentos, los programas de mentores y alimentación escolar. Únete a nosotros mientras trabajamos junto a los que sufren—los enfermos, los ancianos, y los adictos—y después tú entenderás claramente lo que significa ser un Nazareno. 

Daron Brown vive y pastorea en Waverly, Tennessee.

Este artículo fue publicado originalmente en: pbusa.org

Dios Creador

Por Emily Armstrong

Él entró a la habitación, me dio una cajita y dijo: “Feliz Navidad, espero que te guste”.

Tomé la pequeña caja cuadrada en mis manos. Recorrí sus bordes y la sacudí un poco, solo para ver si podía adivinar lo que estaba escondido dentro antes de sacarlo de ella.

“Adelante… ¡ábrelo!” Me urgió mi esposo.

Apenas levanté la pequeña tapa, supe inmediatamente lo que era. Era un collar. Pero no cualquier collar: era el collar que yo había querido durante todo el año pasado.

Era un collar que tuvo que ser diseñado solo para mí. Los cuatro pendientes únicos atraparon mis ojos instantáneamente, el primero era una pequeña luna de plata con las palabras: “hasta la luna y de regreso” grabadas en ella. El segundo era un pequeño círculo con los nombres: “Elijah” y “Sidney” grabados en él. Los otros dos eran unos pequeños círculos de plástico, uno color esmeralda y otro de color amatista.

Era el collar “para mamá” que atrapó mi atención cuando lo vi. Había soñado con usarlo todos los días, pensando en mis hijos cada vez que lo usara. Era el complemento perfecto para usar con jeans y camiseta, o con mi vestido de domingo. “Hasta la luna y de regreso” era la frase de un libro infantil que leímos una y otra vez cuando ellos no rebasaban mi cintura. No había nada más perfecto en mi mente.

“Entonces, ¿te gustó?” Me preguntó mi esposo con expectación en sus ojos. Él sabía que había sacado la pelota del estadio con su regalo y esperaba ansiosamente que yo asintiera como confirmación, y quizás incluso que algunas lágrimas de alegría corrieran por mis mejillas.

“Me encanta” respondí. “Es exactamente lo que siempre quise. De hecho, sobrepasa lo que siempre creí que quería. ¡Escogiste los pendientes perfectos! Recordaste el libro que leíamos juntos cuando eran más pequeños y elegiste los colores que combinan con sus meses de nacimiento. Es hermoso”.

Tomando el exquisito collar en mis manos, le agradecí a mi marido y después rápidamente tiré el precioso regalo en el bote de la basura.

Espera, ¿qué?

Eso no tiene sentido. ¿Esto es en serio? ¿Qué cosa en el mundo puede poseer a alguien para que tire a la basura un regalo tan precioso diseñado solo para él o para ella? Mi respuesta sincera es: no lo sé, pero sucede todos los días. 

El primer puñado de palabras en la Biblia nos presenta a nuestro Dios, el Creador. Enlazadas a través de los poéticos escritos de los Salmos, vemos proclamadas las alabanzas al Creador. Este Creador, NUESTRO Dios, amorosamente diseñó todo con un propósito. La creación no fue solo utilitaria; era estéticamente agradable. Dios el Creador le entregó a la humanidad – una parte de la creación de Dios – un regalo.

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El mundo que Él creó era un ecosistema perfecto que fue una imagen perfecta cuando todo funcionó al mismo tiempo – esa es la imagen del Jardín del Edén en los primeros capítulos de Génesis. La tierra era mojada por las lluvias que caían y los arroyos que corrían a través de ella. El sol, la luna y las estrellas gobernaban las estaciones para que cayera la perfecta cantidad de lluvia y creciera la lozana vegetación que a su debido tiempo alimentaría a los animales y a la gente para siempre. 

La gente y los animales comiendo los frutos de la tierra crearían un proceso de podación natural, lo que provocaría cosechas más abundantes en el futuro. El hombre necesitaba a la naturaleza tanto como la naturaleza necesitaba al hombre. Era perfecto.

Sin embargo, la perfección se detuvo en seco cuando Adán y Eva pecaron. Génesis 3:21 dice: “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.” La muerte vino a ser natural para la creación, y ahora la vergüenza debía ser “cubierta” matando a los animales que previamente habían estado en perfecta armonía con el hombre. La naturaleza es “explotada” y la perfecta relación que el divino Creador había puesto en marcha, está estropeada.

Una de mis partes favoritas de ser Nazarena es que somos optimistas. Creemos que Dios está restaurando la relación perfecta entre el Creador y su creación. Y como consecuencia de que Dios está restaurando activamente su relación con nosotros, eso nos compele a restaurar también esa perfecta relación. ¿Puede significar esto que deberíamos estar buscando tener una relación perfecta con la naturaleza? Obviamente sí.

¿Recuerdan el collar que tiré a la basura, a pesar de que mi esposo lo creó cuidadosa y tiernamente para mí? En realidad no lo hice, lo atesoré. Lo uso casi todos los días, y pienso en la bendición que mi familia es para mí. He tenido que cambiar la cadena dos veces. He tenido que comprar una tela especial para pulirlo. Me esfuerzo para apreciarlo.

¿Será que restaurar la relación perfecta con la naturaleza no es una parte opcional de la cristiandad? Propongo que no tengamos que elegir entre si nos debe importar la creación de Dios o no, pues eso es parte del pacto que hacemos cuando le pedimos que sea nuestro Salvador.

Quizá pienses que reciclar es cosa de política, que poner la basura en su lugar es un inconveniente, o que cultivar tus propios vegetales es un poco exagerado. Quizá nunca has siquiera pensado sobre por qué un cristiano debe priorizar su cuidado hacia la creación de Dios. Bueno, ahora lo sabes. Nos debe importar. Dios compartió su creación especial con nosotros como un regalo perfecto. Y es por esa razón que debemos honrar a nuestro Creador al cuidarla.

3 Pasos Para Desarrollar Una Cultura de Servicio – Parte 2 de 2

Esta es la segunda parte del artículo anterior.

Repítela.

El púlpito (o mesa en mi caso) será siempre un lugar clave para dar forma a los valores y la cultura de la iglesia. Cuando el pastor inserta repetidamente la idea de servir a otros en los mensajes, escritos, o conversaciones, eso tiene un impacto en los oyentes y se trabaja para corregir el enfoque equivocado.

Por ejemplo, en Grace Church, hablé sobre cómo trabajar en la cultura que queremos tener. Nuestra iglesia usa los conceptos: Inicio, Conexión, Prosperidad y Compromiso. Esos son nuestros cuatro valores. Hemos tenido mucha gente en el Inicio y  la Conexión. Pero luego, ¿cómo movemos a la gente a las siguientes dos, Prosperidad y Compromiso, creando una cultura en la que nuestra pasión sea hacer discípulos? ¿Cómo se logra eso?

Tenemos que martillarlo sin descanso (y no somos perfectos todavía en hacerlo; necesitamos hacerlo más).

Conforme las iglesias crecen, aparece con más frecuencia un alto porcentaje de gente que obtiene la cultura deseada cuando se le enseña al inicio, mientras que menos gente la retiene cuando se le trata de inculcar después de cierto tiempo. Se debe ayudar a aquellos que llegaron después (no importa si la iglesia tiene 200 años o 2 años) a tener el nivel de servicio que tenían al principio.

Es esa consistente repetición de la cultura y sus valores lo que nos ayuda a crear una mentalidad de discipulado.

Para perpetuar este valor cultural (o llevar a cabo un cambio cultural) se debe reiterar continuamente a través de líderes claves, los cuales deben ser los primeros en comprometerse. Después hay que motivarlos a repetirlo en sus grupos pequeños y dentro de su círculo de influencia. Usted que trabaja con varios ministros de su iglesia, téngalos a todos consistentemente concentrados en desarrollar una cultura de servicio.

Este no es un proceso de seis meses, es un proceso de muchos años. Hará eco de los valores de su cultura una y otra vez. Aquellos que no estén a bordo al principio, no permitirán que la repetición penetre en ellos y seguirán la nueva cultura o se fastidiarán de escuchar repetidamente sobre el servicio y se irán. A veces eso es lo mejor que puede suceder.

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Celébrala.

He dicho repetidamente que “te conviertes en aquello que celebras.” La Iglesia Internacional de Santidad Pentecostal celebra la plantación de iglesias dándoles a los pastores broches por plantar o promocionar la plantación de iglesias. No es de sorprender que las últimas dos décadas hayan sido las mejores para ellos en mucho tiempo.

Cuando prediqué en la Iglesia Primitiva Bautista Progresista noté  claramente que celebraban los logros educativos de sus miembros, incluyendo a un joven que tenía una larga lista de logros académicos desde la secundaria hasta su maestría.

Las denominaciones y las Iglesias deben afianzar lo positivo al menos tanto como rechazan lo negativo. La gente en la iglesia debe saber que usted está en contra de lo que no es bíblico, y no debe haber lugar a dudas sobre el tipo de cultura eclesial que apoya.

Usted celebra aquello en lo que quiere convertirse.

Si quiere que su iglesia mantenga una cultura de servicio, debe celebrarla en cada oportunidad. Haga labores de reconocimiento para los voluntarios que colaboran con los niños. (¡Quizá sea apropiado darles algunas medallas!) Cree un artículo mensual en su página web para resaltar a algún miembro que sirvió a otros de alguna forma extraordinaria. Anuncie una gran celebración en la iglesia por cada miembro que se involucre en un viaje misionero durante el año. Cualquier idea que se le pueda ocurrir para continuar recordándole a la iglesia cuál es su valor, ¡llévela a cabo!

Nosotros premiamos a algún trabajador voluntario en nuestras noches de adoración. La semana pasada, hice que todos le aplaudieran al equipo que instaló el montaje para el cine. Hemos tenido cenas de reconocimiento para quienes se ofrecen a hacer algunas labores. Y la lista puede continuar.

Aquellos que visiten su iglesia deben irse con una imagen clara de cuál es su valor, a través de lo que ahí se celebra. Los miembros y los asistentes sabrán que el servicio es apreciado, lo cual los motivará a adoptar la cultura de servicio que usted haya inculcado y repetido en todo el Cuerpo.

La Cultura Desayuna Estrategia.

Así es la cosa, la cultura desayuna estrategia todos los días. Eso no lo digo yo, la cita se le atribuye al último gurú de negocios Peter Drucker. La frase nos recuerda que nuestros planes carecen de sentido si el ambiente en nuestra iglesia los debilita. Su estrategia se convierte entonces en un tipo de complemento con el que muy pocos están comprometidos.

En Juan 20:21 Jesús dijo: “Como me envió el Padre, así también yo os envío.” Eso nos dice que todos los que son de Dios han sido enviados a una misión. 1 Pedro 4:10 nos recuerda que los hijos de Dios son llamados al ministerio.

Así que no te equivoques, todos los que son de Dios son enviados en misión y todos los hijos de Dios son llamados al ministerio. La única pregunta es ¿Dónde? ¿Entre quiénes? y ¿Haciendo qué? 

Tener una cultura de servicio establecida a través de inculcarla, repetirla y celebrarla provocará que los miembros se amen y realicen buenas obras. (Hebreos 10:24).

Con esa cultura aplicada, la gente no se estará preguntando si deberían servir. Las preguntas serán dónde deben servir, entre quiénes y de qué formas lo harán.

Eso creará una cultura de servicio —parte de un enfoque misional— en su iglesia.

Este artículo fue publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2014/march/moving-to-missional-part-i-3-steps-to-develop-culture-of-se.html

3 Pasos Para Desarrollar Una Cultura de Servicio – Parte 1 de 2

 Escrito por Ed Stetzer. Trad. por Ariadna Romero

Tener una cultura misional establecida a través de inculcarla, repetirla y celebrarla, provocará que los miembros se amen y realicen buenas obras.

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¿Por qué las iglesias con frecuencia se estancan y se encierran en sus cuatro paredes?  ¿Qué se puede hacer para revertir este enfoque centrado en el interior?

Muchas veces, cuando una iglesia crece en número (o también cuando se hace más vieja) tiende a enfocarse en el mantenimiento y servicio de lo que ya existe. Los ministerios internos agobian la misión hacia el exterior. Cualquier iglesia es susceptible de caer en esa abrumadora tentación.

Sin embargo, en muchas partes de la Escritura se señala a la iglesia como un cuerpo de sirvientes —usados por Dios para ministrarse unos a otros y a un mundo herido. Por ejemplo, 1 Pedro 4:10 dice: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”

La frase clave aquí es “a otros.” Cada uno de los miembros de la iglesia está para servir a los otros. La mayor parte del tiempo leemos versículos como estos y entendemos que hay que servirse unos a otros dentro del cuerpo, pero hay muchos otros versículos que hablan sobre los pobres y heridos que conocemos; muchos son llamados a servir también fuera del cuerpo. Me gusta decir que podemos servir en, a través y más allá de nuestra iglesia local. Pero desgraciadamente, hay un gran abismo entre este pasaje y nuestra práctica.

De acuerdo a la investigación para el libro del que soy co-autor junto a  Thom Rainer, Transformational Church, muchas de las personas en la mayoría de las iglesias no están comprometidas con algún ministerio o misión significativos. Llegan por el show —y eso puede suceder en una iglesia contemporánea, tradicional, litúrgica etc. porque los números no muestran diferencias— pero no se quedan para servir.

Así que, ¿Cómo podemos evitar tener una iglesia llena de clientes en lugar de tener una iglesia llena de colaboradores en el Evangelio? 

Desarrollamos una cultura e implementamos una estructura.

Las iglesias necesitan una cultura que los motive y una estructura que le permita a la gente moverse de la pasividad a la actividad, de ser espectadores pasivos a ser participantes activos de la misión de Dios. 

Hoy quiero concentrarme en el desarrollo de la cultura. Aquí hay 3 pasos para desarrollar una cultura con mentalidad de servicio: incúlcala, repítela y celébrala.

Incúlcala.

Un pastor que conozco lo dijo de una forma que considero que fue realmente de mucha ayuda. Dijo que puede ver cuatro categorías de gente que llegan a la iglesia: tres categorías que le agradan y una que no:

  • Categoría uno: El visitante o que anda buscando.
  • Categoría dos: El discípulo en crecimiento que empieza a caminar.
  • Categoría tres: El discípulo maduro que sirve a otros.
  • Categoría cuatro: Las personas que piensan que son maduros pero que no quieren compromisos y no sirven a otros.

Y esto es lo que les dijo a los de la última categoría: “necesitamos sus lugares para los de las otras tres categorías.”

Con algunas contadas excepciones (alguien en transición, con problemas personales, etc.) creo que esa mentalidad es de mucha ayuda. Mientras más rápido se aplique ese enfoque en el ADN de la iglesia, será mejor, porque cuando se alcance a nuevos individuos se querrá que lleguen a un lugar donde la norma sea servir. La persona nueva llegará a ser lo que la mayoría de los miembros ya es.

Se puede ayudar a desarrollar esto dentro de la iglesia. Como Mike Dodson y yo descubrimos en nuestro libro Comeback Churches, el factor principal para la revitalización de la iglesia es el liderazgo. La misma verdad se aplica para el desarrollo de la cultura de servicio. Los líderes, incluidos pero no limitados al pastor y su staff, deben trabajar intencionalmente para injertar la nueva mentalidad en el cuerpo. ¿Cómo se puede lograr eso? Repitiendo una y otra vez los valores de la cultura que se quiere inculcar.

Predíquelo regularmente. Explique por qué es importante. Exprese la idea de que se puede ser maduro y aun así no estar sirviendo a otros. Enseñe servicio.

Este artículo continuará en la siguiente entrada.

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