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La Reforma Protestante 500 Años Después

“…ya fuera de día o de noche, cuando la nube se levantaba, los israelitas se ponían en marcha…Cuando el Señor así lo indicaba, los israelitas acampaban o se ponían en marcha. Así obedecían el mandamiento del Señor, según lo que el Señor les había dicho por medio de Moisés” (Números 9:21, 23 NVI).

Octubre 2017 es un mes especial. Marca el 500 aniversario de la Reforma Protestante. Al finalizar este mes, el 31 de octubre, se cumplirán 500 años del día en que Martín Lutero clavó las Noventa y cinco Tesis en la puerta de la Iglesia del Castillo en Wittenberg, Alemania. Este fue el acto que inició todo, que inició el gran y enorme movimiento del Protestantismo, que comenzó la Reforma.

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En la iglesia evangélica – y específicamente en la Iglesia del Nazareno – obviamente, hemos sido impactados en gran manera por la Reforma. Si alguna vez te has preguntado, “¿Por qué hacemos esto o aquello en la Iglesia?,” muchas veces la respuesta se debe, en gran parte, a la Reforma Protestante.

Durante todo este mes, estaremos enfocándonos en su aniversario. Por momentos profundizaremos en las vidas de los Reformadores. En otras ocasiones nos enfocaremos en los postulados centrales de la Reforma (estén pendientes a las “5 Solas”). El propósito primario será ayudarnos a aprender acerca de, y reflexionar sobre este evento de suma importancia; y cómo nos ha traído a este momento en la historia como una Iglesia Cristiana.

Al mismo tiempo, un propósito secundario también está en marcha. Al dedicar un mes a este tema, espero que podamos reconocer que somos una Iglesia que está siempre dispuesta a evaluarse a sí misma y a hacer los ajustes cuando es necesario. No siempre hemos sido buenos en esto a lo largo de la historia, ¿o sí? La iglesia ha sido, comúnmente, la última entidad dentro la sociedad, que está dispuesta a cambiar.

Por lo tanto, durante este mes mi oración es que renovemos nuestro llamado a reformar, empezando con nosotros mismos. Así como los israelitas después del Éxodo, necesitaron estar listos en cualquier momento para seguir a la nube, que nosotros estemos tan sintonizados con la presencia de Dios, que, a su señal, estemos dispuestos a movernos y adaptarnos. ¡Señor, inicia una reforma en mí, y en nosotros!

 

De Maneras Inesperadas

Por Scott Armstrong

“Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, era un hombre de mucho prestigio y gozaba del favor de su rey porque, por medio de él, el Señor le había dado victorias a su país. Era un soldado valiente, pero estaba enfermo de lepra” (2 Reyes 5:1 NVI).

(Leer 2 Reyes 5:1-19)

El jefe del ejército está en el límite. La lepra ha consumido el cuerpo y el alma de Naamán. Él, desesperadamente, necesita sanidad, así que él va al profeta Eliseo. El único problema es que Eliseo hace las cosas un poquito diferentes (¿no me crees? Lee 2 Reyes 4:32-35). Naamán espera que Eliseo diga “Abracadabra” y que cure su lepra agitando su mano. Pero en lugar de esto, Eliseo le dice que tiene que sumergirse siete veces en el río Jordán. El Jordán era un río sucio que se localizaba en Israel. ¿Por qué Naamán no podía sumergirse en un río más limpio y más cerca de su casa?

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Jennifer era una chica de uno de los grupos de jóvenes que teníamos hace varios años. Ella era una cantante sobresaliente, quien había usado su talento para el grupo de alabanza de la iglesia y varios musicales escolares. Un día, se enteró de que tenía ganglios en sus cuerdas vocales. El tratamiento requería un descanso completo de su voz por 2 a 3 meses. Evidentemente, Jennifer estaba frustrada. ¡Una de sus alegrías en la vida le había sido arrebatada! Aun así, ella decidió que usaría este tiempo para enfocarse en lo que el Señor quería enseñarle a través de esta experiencia. Ella terminó usando su tiempo regular de ensayo en el templo, para comenzar un nuevo ministerio de oración con el grupo de jóvenes. Ella había anhelado una relación más profunda con Dios, y ciertamente Él respondió esa oración de forma muy distinta a lo que ella había esperado.

Dios no siempre trabaja de la forma en que estamos acostumbrados. Él sabe lo que es mejor para nosotros, a pesar de que en el momento tiene poco sentido para nosotros. Eventualmente Naamán decidió intentar sumergirse en el Jordán, y su enfermedad “incurable” ¡fue curada! ¿Qué es lo que Dios quiere hacer en tu vida? ¿Le permitirás que trabaje de maneras inesperadas?

¡Buena Enseñanza, Jesús!

Por Scott Armstrong

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca…Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena…” (Mateo 7:24, 26). 

(Leer Mateo 7:21-29)

El Sermón del Monte es la famosa enseñanza de Jesús que abarca desde capítulo cinco hasta el siete, del libro de Mateo. En estos tres capítulos somos testigos del más grande predicador que ha vivido predicando el más grande sermón de la historia. ¿Y cómo supones tú que podría concluir Jesús tan increíble mensaje? 

Él termina este asombroso sermón hablándonos de dos constructores. Uno tenía sentido común y construyó su hogar en un fundamento sólido y consistente. El otro –bueno, él muy tontamente construyó su casa en la arena. Cuando la tormenta vino, sólo una casa permaneció en pie. Es una historia bastante básica.  No muy complicada. ¿Por qué Jesús termina un sermón tan maravilloso con esta historia?

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En esta sencilla parábola, Jesús enfatiza la obediencia. El hombre prudente es como “cualquiera que me oye estas palabras y las hace”. El hombre insensato representa a “cualquiera…que no las hace”. Aparentemente es posible que escuchemos las palabras de Jesús sin nunca hacer algo como respuesta. Santiago dice que si escuchamos o leemos las enseñanzas de Jesús y no cambiamos nuestras vidas después, es como si miráramos nuestro rostro en el espejo, y luego nos vamos e inmediatamente olvidamos cómo nos vemos (Santiago 1:22-25). No sé ustedes, pero si yo viera en el espejo que tengo suciedad en mi rostro o un pedazo de comida en mis dientes, ¡arreglaría el problema en ese mismo instante!

Entonces, ¿por qué escuchamos las palabras de Jesús y no las obedecemos? ¿Por qué nos vamos de los cultos en los que la Palabra de Dios ha sido predicada y le decimos al pastor, “buen sermón pastor”, como si se tratara de un sabroso postre? ¿Nos damos cuenta de que estas enseñanzas pueden –y deben– cambiar nuestras vidas? ¿Reconocemos que el lugar donde pasaremos la eternidad depende de cómo respondemos a la Palabra de Dios (v. 21-23)?

Lee Mateo 7:28-29 otra vez. Al final del mayor sermón alguna vez predicado, Mateo nos deja la incertidumbre, ¿quedó la muchedumbre solamente asombrada por las enseñanzas o las pusieron en práctica? No tenemos idea. Pero la pregunta es ahora para ti. ¿De verdad escucharás lo que Él te está diciendo hoy y en esta semana? ¿Lo pondrás en práctica y lo obedecerás?

Corre Hacia Él

Por Scott Armstrong

“En ti, Señor, busco refugio; jamás permitas que me avergüencen; en tu justicia, líbrame. Inclina a mí tu oído, y acude pronto a socorrerme. Sé tú mi roca protectora, la fortaleza de mi salvación” (Salmo 31:1-2 NVI).

(Leer Salmo 31:1-5, 19-24)

Un tiempo atrás las camionetas Chevrolet tenían un eslogan llamativo. Mostraban un enorme pickup 4×4 deslizándose en el lodo o remolcando a un tráiler tres veces más grande que él. En ese momento empezaba la canción y un hombre con voz imponente diría, “Chevy: Como una Roca”.

Pero, ¿por qué elegirían ese eslogan? Obviamente, una roca evoca una imagen de fuerza y solidez. También las palabras “refugio” y “fortaleza,” las cuales (al igual que “roca”) se utilizan varias veces en los versículos que acabamos de leer. Sabemos que cada Salmo es una oración, y éste no es la excepción. Aparentemente, David está tratando de dibujar a Dios como algo más que una flor que es mecida por el viento.

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No sabemos con exactitud por cuáles circunstancias estaba atravesando David  cuando hizo esta oración. Pero sus palabras son poderosas: “En ti, Señor, busco refugio…Sé tú mi roca protectora, la fortaleza de mi salvación” (v. 1-2 NVI). Cuando David no podía depender de nadie más, Él podía depender de su Dios, quien es inalterable e inamovible. ¿Hacia quién podía acudir David cuando parecía que todo el mundo lo perseguía? A su Señor, por supuesto.

Hemos estado en situaciones como esa antes, ¿verdad? Situaciones donde necesitábamos a Aquél que es constante, la torre, y es la fortaleza a la que podemos correr para estar a salvo. Estoy escribiendo esto ahora a miles de kilómetros de donde tú estás. Así como no tengo idea de lo que David estaba viviendo, tampoco tengo idea de lo que tú estás experimentando. Pero escucha esto: Dios es tu refugio. ÉL no te va a fallar. ÉL es un lugar seguro.

Vuelve a leer estos versículos muy despacio. Hazlos como una oración; haz la misma oración que David oró hace tres milenios. Y, lo más importante, cree las palabras que estás pronunciando. Porque siempre han probado ser verdaderas.

En Todas Partes, Con Todos, Todo el Tiempo

Por Scott Armstrong

Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos. Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes…” (Dt. 11:18-19 RV1960).

(Leer Deuteronomio 11:18-21, 26-28)

Como misionero—y fanático de los deportes—hace varios años, mientras vivía en Guatemala, descubrí que en Latinoamérica tal vez no se han dado cuenta de que hay muchos otros deportes aparte del fútbol. Realmente aman el fútbol, y los jugadores de la selección nacional son considerados héroes después de una gran victoria. Luego de un importante triunfo de la selección de Guatemala sobre Costa Rica, escuché a un comentarista en la radio alabar muy emocionado al jugador que había anotado los dos goles del partido. Aún puedo escucharlo animar a los radioescuchas, diciendo: “¡Traigan a Juan Carlos Plata a su casa! ¡Él merece un lugar en su cocina! ¡En la sala! ¡Hablen de él en la mañana, tarde y noche! ¡Cuénteles a sus hijos lo que él acaba de hacer por Guatemala! 

Aunque parezca un poco chistoso, los versículos de estudio de hoy nos llevan en una dirección similar. Sin embargo en esta ocasión, es la Palabra de Dios la que debemos llevar en nuestras mentes y de la que debemos hablar durante el día. Sus palabras y mandamientos deben “ponerse en nuestro corazón y en nuestra mente” y hay que hablar de ellos “cuando te acuestes y cuando te levantes”.  Tanto padres como hijos deben vivir y respirar su Palabra las 24 horas del día, los siete días de la semana. Todos debemos estar familiarizados con el conocimiento de lo que Él hizo por nosotros y cómo su Palabra instruye y guía nuestra vida diaria.

¿Esto significa que no podemos hablar de nada más que no sea la Biblia? ¿Se supone que debemos caminar por los pasillos de la escuela recitando versículos de memoria? Por supuesto que no. Pero sí significa que no sólo estamos entrando a la Palabra de Dios cada día, sino que la Palabra está entrando en nosotros. Algunas veces nos apresuramos tanto en nuestros dos minutos de devocional personal, que diez minutos después no podemos recordar el pasaje que leímos. De acuerdo a la lectura de hoy, ¡esto está muy lejos de lo que Dios quiere para nuestras vidas!

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¿Está la Palabra en ti, o estás entrando muy poco en la Palabra de Dios cada día? ¿Es una parte de ti o es la esencia de quien tú eres? Con todas las presiones que tienes al ser joven, puede resultarte difícil imaginarte absorbiendo su Palabra como una esponja absorbe el agua. Pero esto hará una inmensa diferencia en tu vida. Cuando Jesús experimentó los momentos más duros, la Palabra de Dios estaba tan dentro de Él, de tal manera que rebosaba de ella (Lucas 4: 1-13).  ¿Qué pasaría si tomaras contigo los versículos que acabas de leer y los llevaras en tu mente y corazón a través de todas tus actividades, presiones y tentaciones durante las próximas 24 horas? ¿Cambiarían tus actitudes, conversaciones, y la manera en que reaccionas a las situaciones difíciles? ¿Por qué no lo descubrimos? Lee los versículos otra vez y pídele a Dios que te ayude a ponerlos debajo de tu piel y dentro de tu corazón y vida hoy.

 

 

Desarrollo de Relaciones

Por David W. Graves. Trad. por: Yadira Morales.

El sentido de pertenencia es quizás la necesidad emocional más poderosa que se experimenta en los tiempos modernos. La sociedad continúa fragmentándose, las familias desintegrándose, y la tecnología nos aísla hasta que las oportunidades de sentir que verdaderamente pertenecemos a algo, cada vez se vuelven más limitadas.

Pero la necesidad de pertenecer no ha disminuido. Hoy en día, los individuos buscan aquellos lugares en los que pueden pertenecer, y luego se entregan plenamente a las relaciones que encuentran. A través de fijar la inclusión como objetivo, nuestra iglesia puede establecer su ministerio. Al convertirse en un lugar de pertenencia, la iglesia local se abre a oportunidades cada vez más amplias de proclamar su mensaje, un mensaje de amor y pertenencia en la familia de Dios. Sin embargo, la gran pregunta es: “¿Cómo establece la iglesia este tipo de ministerio?”

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Comienza regularmente iniciando y desarrollando relaciones con personas sin iglesia. Tenemos que preguntarnos “¿Con cuántas personas, que no pertenecen a una iglesia, tenemos una relación personal?” Desde ya puedo decirles que la mayoría de quienes hemos estado en la iglesia durante mucho tiempo tendríamos que responder “con ninguna.” Parece que cuanto más tiempo somos seguidores de Cristo, más desconectados estamos con aquellos que no lo son, y eso es un problema real. Lo mismo es verdad para muchos pastores.

No podemos esperar alcanzar a la gente para Cristo si no estamos desarrollando una amistad con ellos. Si no tengo amigos no cristianos, ¿cómo puedo decirle a alguien acerca de Cristo?

Este es el mayor perjuicio para el cumplimiento de la Gran Comisión que tenemos hoy en día ––no conocemos a ningún no cristiano lo suficientemente bien como para compartir el evangelio con ellos. Jesús salió de Su camino ––y debemos salir de nuestro camino–– para construir verdaderas amistades con personas fuera de la iglesia.

Al construir relaciones con la gente, Jesús puede usarnos para cambiar sus vidas.

Noticia de Último Minuto: Noé, Salvo Por la Gracia de Dios

Por Scott Armstrong

“Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra” (Génesis 6:12).

(Leer Génesis 6:9-22)

Después de leer la historia de Noé, siempre pienso una cosa.  ¿Por qué enseñamos esta historia a nuestros niños? ¿Se trata del juicio e ira de Dios, o no? Noé y su familia están dentro del arca estudiando zoología temporalmente.  Los cielos se abren. Las aguas suben. Y…todo el mundo se inunda. ¿Puedes imaginarte lo aterrados que estarían nuestros sobrinitos e hijitos si les contáramos cada detalle? Supongo que es una historia para niños porque tiene animales. 

Pero, hay otra cosa que pienso es extraña con respecto a esta historia.  Tenemos que reconocer que Dios está muy enojado acá. Él lamenta haber creado al hombre y su corazón está lleno de dolor (v.6). Recuerda: Él es el “Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad” (Sal. 86:15), pero la maldad es tan horrible que este mismo Dios baja el puño y grita, “¡Basta!”

Y aquí está la parte rara. Durante todo este tiempo de compartir con Noé sus planes de destruir la humanidad, Él hace una pausa y le da a Noé instrucciones detalladas acerca del barco. “Quiero tres niveles, Noé, y necesitas usar un cierto tipo de madera …” Luego, Dios le da instrucciones detalladas sobre su familia, los animales y otras cosas importantes; luego, el Dios que está furioso, espera.  La mayoría de eruditos dice que requirió 120 años construir esta arca gigante.  ¿Por qué no destruyó Dios la humanidad en un instante mientras que estaba muy enojado? ¿Por qué no dijo Dios a Noé sólo, “Hazte un arca, Noé, estoy harto de esto”?

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La respuesta es la clave de esta historia. Aún en su enojo, Dios no puede ser inclemente.  Él siempre ama a su creación. La esencia de su carácter siempre es amor.  Entonces él toma el tiempo para hacer una pausa y explicar al único hombre que está viviendo una vida santa lo que necesitará hacer para salvar la humanidad.  ¿Es increíble, no? Eso significa que, como hijos de Dios, no sólo debemos servirle con temor sino que somos libres para servirle con amor. Podemos obedecerle, como Noé, simplemente porque le amamos profundamente. La pregunta es: ¿Has llegado a este punto en tu vida? ¿Cuándo fue la última vez que fuiste abrumado por su amor y misericordia?

Recuerda: aún en el juicio hay gracia.  Aún en la ira hay amor. Y aún una historia de niños puede enseñarnos eso.

Estad Quietos y Conoced

Por Scott Armstrong

“Venid, ved las obras de Jehová, que ha puesto asolamientos en la tierra. Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra. Que quiebra el arco, corta la lanza, y quema los carros en el fuego. Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra” (Salmo 46:8-10).

(Leer Salmo 46)

Como muchos otros Salmos, el Salmo 46 fue escrito como una canción y fue cantada por un enorme coro hace alrededor de 3,000 años. Es muy difícil determinar cómo sonaba el canto original, pero muchos de los músicos de hoy han escrito sus propias interpretaciones de las increíbles letras plasmadas ahí. Muchos de los salmos tienen versos que evocan imágenes de la naturaleza y de la guerra. Mientras se canta la letra, las guitarras y tambores suenan en una inquieta armonía, casi puedo sentir la tierra removiéndose y las montañas temblando y cayendo al mar (v. 2-3).

Pero en medio del caos de este Salmo, un verso parece estar fuera de lugar: “Estad quietos y conoced que yo soy Dios, seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra (v. 10).  ¿Cómo llegó hasta ahí el Salmo? ¿Cómo se puede estar quieto cuando hay guerras alrededor de nosotros y la tierra está siendo removida bajo nuestros pies?

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Puede ser que recuerdes un coro antiguo que viene de este versículo, “Estad quietos y conoced que Yo soy Dios”. Lo he cantado cientos de veces, pero, particularmente, siempre recordaré haberlo cantado en un servicio de adoración. Recuerdo el canto debido a quién lo estaba cantando y cuándo lo estaba cantando. Stephanie, una chica de nuestro grupo de jóvenes, se había enterado un mes atrás que sus padres estaban tramitando el divorcio. Además había experimentado algunos serios problemas de salud el año anterior, sin mencionar la cantidad de tareas y exámenes que debía recuperar por haberse ausentado de varias clases debido al tiempo que estuvo en el hospital.

Eché un vistazo alrededor mientras muchos en la congregación cantaban el coro por puro ritual. Ahí estaba ella en la segunda fila, de pie con sus brazos levantados. Y a pesar de todo por lo que estaba pasando –o quizá debido a ello– ella cantaba con lágrimas rodando por su rostro, “estad quietos y conoced que Yo soy Dios…”.

El Salmo 46:10 nunca volvió a ser el mismo para mí después de eso. ¿Qué montes están temblando en tu vida hoy? ¿Qué reinos han caído cerca de ti? Espero que en medio del caos y agitación alrededor tuyo, tú puedas proclamar como Stephanie y como millones de cristianos lo han hecho por generaciones: “Estad quietos y conoced que Yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.”

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