Archivo de la categoría: Santidad

Muéstrame tus Manos

Por Leonard Sweet
(European Nazarene College, 18 de enero, 2011)

Le estaba leyendo Salmo 51:10 a mi madre cuando murió: Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. 

La clave que lleva a la santidad es tener un corazón limpio.  Entonces dame una imagen de un corazón limpio. ¿Qué es lo que lo acompaña? La única persona santa que ha vivido es Jesús.  Santidad pura.

Lo que pasa aquí con Jesús es el Dios mismo que bajó a la tierra.  ¿Qué tanto bajó? ¿Qué tan abajo vino la Encarnación?  ¿En dónde nació Jesús? ¿En un palacio real? ¿En una cuna? ¿En dónde ocurrió el nacimiento? Ocurrió en un establo oloroso, donde lo primero que Jesús experimentó – ¿qué fue?  Piojos.  Esos pequeños animalitos que viven en la paja. Esos que muerden la carne.  Y el olor del estiércol y de los animales.

Pero Jesús en su Encarnación fue más allá, no solo llegó a lo más bajo de los humanos, sino que también hizo algo que ningún otro Rabino de la historia había hecho o permitido que sucediera.  De hecho, hizo algo que molestó a los mismos discípulos. ¿Qué tan abajo vino la Encarnación? Jesús fue el primer rabino de la historia en ¿qué? Lavarle los pies a sus discípulos.  Eso y más hizo Jesús.  ¡Continuó humillándose!

¡Y déjenme decirles hermanos y hermanas, que ninguno de ustedes puede lavar los pies de alguien sin ensuciarse y mojarse en el proceso!

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¡Esto es Santidad! ¿Quieres una imagen de lo que es la santidad? ¿Tienes un corazón limpio? Bien, esto es lo que acompaña a un corazón limpio – manos sucias.  ¿Tú me dices que tienes un corazón limpio? Yo te digo, muéstrame tus manos.

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Leonard Sweet

¿Tienes tus manos limpias? “Oh, la verdad no quiero ensuciarme.”  “Nosotros vivimos en el mundo, pero no somos de él.”  ¿Qué? ¿Entonces tus manos están demasiado limpias como para que las ensucies? Oh, claro, necesitamos rituales de limpieza todo el tiempo para poder estar limpios.  Pero todo el propósito de limpiarnos es para que nos volvamos a ensuciar…

…Mateo 25 nos dice cual será la respuesta en el juicio final: “Por cuanto lo hiciste a uno de estos mis pequeños…” En otras palabras, esta es la pregunta en el Día del Juicio: Muéstrame tus manos.  ¿Están limpias?  Ve a otro lugar.  Porque un corazón limpio implica tener manos sucias.  Esa es la imagen de la santidad.

 

 

Jesús No Es La Solución

Este artículo ha sido traducido del siguiente enlace:

https://iamchrisgilmore.com/2019/08/05/jesus-is-not-the-solution/

Cada vez que nos enfrentamos a la desesperación en nuestro país, uno de los refranes más comunes es: “La gente solo necesita a Jesús”. Amigos míos, les tengo malas noticias: Jesús no es la solución. Al menos no el Jesús que la mayoría de nosotros conocemos.

Ese Jesús que es un pequeño agregado a nuestras vidas. El que mantenemos cerca en caso de que nos encontremos en problemas o necesitemos asegurarnos de que somos buenas personas. El Jesús que solo existe después de un acuerdo mental de que él es Dios y nos pedirá poco a cambio de reconocerlo (además de invitar a las personas a la iglesia y tratar de maldecir menos).

Este Jesús nos permite ocupar sillas en la iglesia con corazones prejuiciosos y sistemas sin control. Este Jesús nos permite orar “venga a nosotros tu Reino” sin considerar las implicaciones.

Este Jesús nos permite imaginar que somos discípulos fieles, mientras la mayoría de nuestro aprendizaje viene de las noticias de nuestra compañía de cable. Este Jesús hará tu vida mejor con tan solo orar en el altar o levantar las manos con la cabeza inclinada.  Este Jesús es fácil.

Este Jesús se adapta cómodamente a los dioses del poder, la riqueza y la movilidad ascendente. A este Jesús no le importa compartir espacio porque este Jesús también está enamorado de esas cosas.

Este Jesús nos permite albergar odio y amargura. Este Jesús nos permite distanciarnos del mundo y sentirnos bien por ello.

Este Jesús seguramente no quiso decir que amáramos a nuestros enemigos y pusiéramos la otra mejilla, porque este Jesús es razonable y de verdad solo quiere que seamos felices y saludables para llegar al cielo alguna mañana luminosa.

Este Jesús ha sido invitado a los corazones de los dueños de esclavos, violadores, abusadores, predicadores hambrientos de poder, supremacistas blancos, idólatras, traficantes de guerra y cosas por el estilo, y no ha hecho nada más que ayudarlos a sentirse más santos en su falta de semejanza a Cristo.

Él es poco más que un accesorio de campaña y una carta para salir del infierno si todo esto resulta ser cierto.

Este Jesús no tiene poder. Y es un fraude.

Sin embargo, existe un Jesús diferente.

Uno que no está en deuda con el sueño americano. Uno que no se dobla como una caña cuando los políticos nos piden que cambiemos nuestras convicciones por la promesa de poder. Uno que no nos pide muy poco.

Este Jesús es el Señor.

Este Jesús arroja fuera a los charlatanes y llama a la gente religiosa: “sepulcros blanqueados”. Tienen los himnos y los sonidos correctos, y las calcomanías, pero nada de vida y amor en su interior.

Este Jesús no nos permitirá sentarnos complacientes. Este Jesús no nos permitirá conformarnos con lugares comunes. Este Jesús no solo quiere convertirte en una mejor versión de ti mismo. Este Jesús no tolerará nuestros prejuicios o palabras violentas, o el espacio que hacemos para otros dioses. Este Jesús demanda que nos arrepintamos y dejemos todas aquellas cosas que asemejan  muerte y destrucción.

Aunque las disfrutemos. O las queramos. O vendamos nuestras almas para justificarlas.

Este Jesús nos instruye a amar a nuestro prójimo, dar la bienvenida al marginado, cuidar a los enfermos y encarcelados. Este Jesús está menos preocupado por las fronteras, los presupuestos, la seguridad y las enmiendas constitucionales de lo que nos gustaría pensar.

Este Jesús pondrá en duda todas nuestras lealtades. A uno mismo, a la familia, a los políticos, al país.

Este Jesús no es seguro. Él interrumpirá todo. Nos pondrá en desacuerdo con las personas que siguen al otro Jesús y a los reinos del mundo. Habrá heridas, dolor y úlceras. Él nos dijo esto, que seguirlo traería división porque seguirlo lo pone todo de cabeza.

Este Jesús dijo: “si quieren seguirme, estén preparados para ir a la muerte”. El otro Jesús nos convence que esto fue solo una hipérbole y que podemos seguir viviendo la vida que nosotros queramos.

El verdadero Jesús, el de Nazaret, el que fue crucificado bajo las leyes romanas y resucitó de los muertos, él es el Señor. Y él es el único que vale la pena conocer.

Este Jesús y todo el trastorno, la dificultad y la dura reflexión que exige merecen la pena. Con este Jesús encontramos que esta es la única forma de vivir verdaderamente.

Con este Jesús encontramos cambios y transformaciones para nosotros mismos y para todo el mundo roto. Con este Jesús encontramos que hay otro Reino donde los últimos son los primeros y los más grandes son los sirvientes y que incluso la muerte conduce a la victoria.

Este Jesús nos empuja fuera de nuestras paredes y zonas de confort, de los puntos de conversación partidistas y respuestas con aire acondicionado y nos confronta con lo que es real, verdadero, correcto y bueno. Este Jesús transforma mentes y votos y conductas y adicciones y prioridades y conversaciones y actitudes y vecindarios.

Conozcamos a este Jesús. Sigámosle.

Permitamos que este Jesús tenga acceso total a todos nuestros prejuicios, comodidades y quebrantamiento para hacer lo que quiera. Que haga su mejor trabajo en lugares que ni siquiera nos damos cuenta de que necesitan trabajo.

Destruyamos  al falso Jesús que durante mucho tiempo se ha enmascarado en nuestros santuarios y nos ha instado seguir durmiendo.  Alejemos la apatía y la comodidad. Alejémonos de los dioses del poder, la riqueza y el éxito personal para proclamar plenamente y en alta voz que Jesús es el Señor.

Y entonces cambiaremos el mundo.

 

 

 

 

El Poder De La Espera

Por: Dr. Dan Schafer

Presidente de World Gospel Mission

* Extracto tomado del libro: Transformational Vision

“Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová.” Salmo 27:14

¡Mente alucinante! Sentado en el calor sofocante de una tarde Ugandesa, tecleo y envío un email importante para varios destinatarios. Uno de esos destinatarios está sentado en frente de mí al otro lado de la mesa, los otros andan dispersos por todo el mundo.

“¡Recibido!” fue la respuesta de mi colega aparentemente antes de levantar mi dedo del botón de “enviado”. ¿Cómo es posible que un email viaje desde mi computadora en las profundidades de África, a través del continente, sobre el océano, al corazón de los Estados Unidos y repita el viaje de vuelta, marcando su llegada a la bandeja de entrada de mi compañero de mesa en solo unos segundos?

No solo es posible, sino que se espera que así suceda. Si el mail falla en aparecer dentro de algunos segundos aceptables, crece nuestra impaciencia. ¿Qué salió mal? ¡Debimos recibir ese correo hace 30 segundos!

Como ese email, gran parte de nuestra vida transcurre a una velocidad ultra rápida. Muchos de nosotros hemos crecido acostumbrados a las entregas del día siguiente de Amazon, a descargar películas de manera instantánea, y a tener un Uber-taxi esperando por nosotros a la vuelta de la esquina para darnos el servicio.delivery.jpeg

¡Qué maravillosa es la conveniencia de los servicios y productos ultra rápidos que tenemos en nuestras vidas! Sin embargo, el escritor Tim Elmore comparte que existe una consecuencia inesperada de todas estas entregas tan aceleradas. Hay un peligro significativo de que todo lo demás nos parezca lento o que aquello que nos toma un poco más de tiempo nos parezca malo. Esto resulta de la práctica de evitar cualquier cosa que nos lleve tiempo.

¿Por qué es esto peligroso para nosotros? Puesto de una manera sencilla: necesitamos la resistencia que las actividades que consumen mucho tiempo producen en nuestras vidas. Sin ella, no nos convertiremos en las personas totalmente sanas que Dios quiere que seamos. Son esta clase de actividades las que construyen nuestro carácter en la vida. Por ejemplo, es solo cuando practicamos la espera cuando aprendemos a ser pacientes.

¡Esperar es importante! Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas. Hay algo en el hecho de apresurarnos en las cosas de la vida que causa que nos perdamos del poder de Dios que está disponible para nosotros. Elías tuvo que bajar la velocidad después de los eventos del Monte Carmelo para poder escuchar la suave voz de Dios.

Esa voz solo puede ser detectada cuando estamos en quietud. Recuerda, la voz de Dios no estaba en el viento. Es solo cuando aprendemos a esperar que podemos de verdad experimentar la fuerza de nuestro Dios.

Reitero, esperar ejercita el músculo de la paciencia. Sin la disciplina de la espera, nos encontraremos faltos de paciencia. Sin paciencia, nos encontraremos faltos de amor.

El amor es paciente (1 Cor. 13:4). La ley matemática de igualdad nos informa que podemos cambiar esta ecuación y reformularla: paciencia es amor. La realidad es que se requiere mucha paciencia para vivir con los demás y amarlos. Debemos aprender que hay momentos en los que es importante ir más lento debido a que eso construye la paciencia que necesitamos para amarnos unos a otros. Y sin esa paciencia desarrollada por la perseverancia, no tendremos lo necesario para mantener con los demás las relaciones que se necesitan para navegar por la vida.

Así que, adelante, disfruta las conveniencias que la velocidad trae a nuestras vidas, pero no descartes todo lo que requiere tiempo y trabajo duro. Esos ejercicios mentales, espirituales y emocionales son importantes para su salud mental, espiritual y emocional.

Mi oración:

Señor, enséñame que algunas de las cosas buenas solo llegan mediante la espera. Amén.

Una Base Sólida

Por: Scott Armstrong

Hace tiempo tuve una conversación con un compañero estudiante en quien veía mucho potencial. Realmente veía dones y gracia en él para ser un misionero fantástico algún día. Es apasionado en cuestiones de justicia y de ayudar a hacer del mundo un lugar mejor.

Al mismo tiempo, reconoce su falta de moralidad. Quiere conservar algunos hábitos y prácticas que están mermando poco a poco su efectividad como estudiante, líder y seguidor de Cristo. Tristemente, parece que quiere cambiar el mundo, pero no quiere cambiarse a sí mismo.

Stevenson Willis escribió un libro repleto de sabiduría y titulado: “Los Proverbios Del Liderazgo: Principios Para Guiar A Su Gente Al Pináculo De La Grandeza”. En él reflexiona sobre el tema del carácter (pp. 110-111). Espero que lo encuentres desafiante. Tal vez se lo envíe a mi amigo de la universidad:

“Al igual que todas las grandes ciudades construidas para soportar el paso de los siglos, Jerusalén está establecida sobre un lecho de piedra. El muro exterior que lo protege también está construido así, ya que las bases que lo sostienen se han colocado a una profundidad tal que no puede ser movido.

Pero, ¿qué pasaría si los planos para la base utilizaran piedras quebradas? ¿O si fuera construido con una base inadecuada para cargar el peso? ¿Y qué hay de las ciudades que podrían copiar su diseño, sin darse cuenta de los defectos ocultos en su interior? Tan cierto como que el sol saldrá, todos colapsarían. Quizás no hoy, no mañana, pero la caída sería segura e inevitable. ancient-angkor-wat-antique-1531677.jpg

Y así debe ser la construcción de tu carácter. Puedes ascender a una posición de liderazgo basada en el carisma o la personalidad, y de hecho tener éxito durante una temporada, pero esas piedras inestables no serán suficientes para sostenerte. Para soportar los desafíos que vendrán con un carácter digno de imitar, tu vida debe establecerse sobre una base duradera.

La integridad es la base sobre la cual se debe construir el carácter; la honestidad con uno mismo es la primera piedra que hay que poner.

No negocies con la vida escatimando en talento o confiando en el encanto para reducir el pago requerido para el éxito. Aunque los talentos tienen valor, a menudo son mal utilizados por tener una visión corta y para evitar sacrificios. Si eres bendecido al tener talentos en abundancia, o eres experto en el arte del encanto, no te engañes a ti mismo ni a los demás ocultándote detrás de tus dones para encubrir tu falta de voluntad para trabajar. Porque, como muchos han descubierto demasiado tarde, el descuento será grande pero pronto se restará de tu carácter.

Cualquier cosa de valor duradero requiere que el precio se pague en su totalidad antes de que se pueda saborear su beneficio. Aunque el talento por si solo puede impulsarte a la cumbre, no se te permitirá permanecer;  tu conciencia (y algunas otras) te recordarán rápidamente que no pagaste el precio que era necesario para llegar allí.

Haz trampa evitando el sacrificio y solo te estafarás a ti mismo.

No hay atajos en la construcción del carácter. Aunque el costo de la edificación pareciera ser elevado el día de hoy, corregir los defectos mañana luego de un fracaso, costará todavía mucho más. De ahora en adelante se honesto contigo mismo y paga con gusto cualquiera que sea el precio que se te exija para tener éxito en tus esfuerzos”.

 

 

 

 

 

Una Propuesta Riesgosa

Por Scott Armstrong

Recientemente he estado pensando en la parábola de los talentos. Y me ha inquietado.

Conoces la historia, ¿cierto? Mateo 15 nos dice que un hombre le da a uno de sus siervos cinco talentos, al otro le da dos, y al último le da uno. Después de pasar mucho tiempo lejos, el amo regresa para encontrar que los siervos han duplicado el dinero (en aquel tiempo el valor de un talento era de más de mil dólares; ¡esa es una buena inversión!). El tercer siervo fue cauteloso. Él no desperdició el dinero, en sí, pero tampoco lo invirtió. Lo enterró, asegurándose que su amo recibiera de nuevo su talento una vez que regresara; sin problema.

Excepto que, ¡esto fue un gran problema! El juicio contra este hombre fue severo, incluyendo “tinieblas,” y también “lloro y crujir de dientes.”

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Constantemente he escuchado (incluso he predicado) sobre este pasaje, que debemos ser buenos administradores con nuestro dinero, cuidándolo, y usándolo sabiamente para el Reino. Estos son principios buenos para adherir, pero no es exactamente lo que está ocurriendo en esta historia.

La parábola de los talentos es menos sobre “usar nuestros talentos sabiamente” y habla más sobre arriesgar todo por el Amo y su Reino. Quiero decir, ¿qué hubiera pasado si las estrategias de inversión de los primeros dos obreros fracasaban? ¡Por lo menos el último siervo no hubiera perdido mil dólares! En retrospectiva podemos justificar el riesgo, pero verdaderamente ¡fue una decisión radical la de esos dos hombres!

El incremento masivo de los talentos de esos dos siervos, quienes arriesgaron todo, no es una lección sobre una sabia administración del dinero. Es un llamado a dar el paso y salir de lo seguro y lo convencional para vivir por fe. Poner todo en manos de Dios es la mejor inversión que podemos hacer, pero mientras tanto será también una aventura emocionante.

¿Cuándo fue la última vez que tomaste un riesgo que te dejó boquiabierto y con el estómago revuelto? ¿Cuándo fue la última vez que diste un paso de fe a tal grado que sabías que fracasarías si Dios no estaba ahí?

Hay un momento asombroso en el libro de Éxodo cuando la nación de Israel se encuentra a orillas del Mar Rojo. Los carros del Faraón se están acercando rápidamente, Moisés y su pueblo comienzan a rogar a Dios que los salve. La respuesta de Dios es bastante contundente: ¿Por qué clamas a mí? ¡Ordena a los israelitas que se pongan en marcha! (Ex. 14:15 NVI). ¿En marcha, Dios? Te refieres, en marcha ¡¿hacia el Mar Rojo?! ¿No ves el problema con esto?

Para ser más claro, Dios estaba diciendo, “¡Dejen de orar y muévanse!”

Creo que éste es un mensaje que muchos de nosotros necesitamos escuchar…y obedecer. Sin embargo, muchos cristianos son las personas que conozco tienen más temor al riesgo. Estamos más preocupados con nuestra propia seguridad que con el anhelo de cambiar el mundo. Preferimos estar cómodos e ir al cielo que compartir con otros para que ellos no vayan al infierno.

Ese no es el evangelio que Jesús predica. Leonard Sweet, en su libro La Vida Bien Jugada, dice “Jesús no quiere que sus seguidores, de cualquier edad, se acomoden y agachen sus cabezas. Los discípulos no son llamados a evitar riesgos de gran escala y desafíos genuinos. Un discípulo de Jesús opera en un mundo de riesgo. Jesús mismo se colocó en la línea de fuego de la historia. Algunas veces, también Él nos llama a colocarnos en la línea de fuego de la historia” (p. 169).

Enlistarse para ir a las líneas de fuego va en contra del sentido común más básico, así como del instinto humano de autoprotección. Sin embargo, parece que encaja perfectamente en el Reino: “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará” (Mt. 16:25 NVI).

¿Estás conmigo? Entonces dejemos de enterrar nuestros talentos, y comencemos a invertirlos audazmente. Dejemos de quejarnos sobre el ejército detrás de nosotros y caminemos hacia el Mar Rojo frente a nosotros. Las líneas de fuego y un mundo transformado nos esperan.

 

¿Intachable? ¡Eso es Imposible!

“Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo:—Yo soy el Dios Todopoderoso. Vive en mi presencia y sé intachable. Así confirmaré mi pacto contigo, y multiplicaré tu descendencia en gran manera.” (Génesis 17:1-2)

Por Emily Armstrong

Dios está renovando su pacto con Abraham de que la promesa de una gran nación vendría de Abraham y Sarah. El versículo 1 del capítulo 17 de Génesis dice que Abraham tiene 99 años cuando Dios tiene esa conversación con Él. Solo puedo imaginar lo que Él estaba pensando, “Bueno, Dios, seré padre por primera vez, pero solo con tu ayuda.” Mientras estamos hablando de hacer lo imposible, ¿nos perdimos la pequeña pero significativa frase en el versículo 1 que dice, “vive delante de mí, y sé intachable.”? Otra vez, Abraham tiene que estar pensando, “Bueno, Dios, pero solo con tu ayuda.”

¿Realmente Dios esperaba que Abraham se convirtiera en padre a la edad de 99? Sí.

¿Realmente Dios esperaba que Abraham anduviera delante de Él y fuera intachable? Por supuesto. Y Dios espera lo mismo de nosotros. ¿Es una expectativa justa? Sí, pero solo porque tenemos el Espíritu Santo en nuestras vidas. El Espíritu Santo nos ayuda a tomar las decisiones correctas, y nos ayuda continuamente a andar delante de Dios y ser perfectos. Esto no significa que el Espíritu Santo decide por nosotros, sino que continuamente nos está guiando por los caminos correctos, si se lo permitimos.

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Recuerdo que cuando estaba en la universidad, de verdad empecé a luchar con el concepto de ser intachable. He sido cristiana desde que era pequeña, pero el Espíritu Santo empezó a hablarme acerca de la música que escuchaba. No era una música MALA, pero ciertamente no era la mejor. Realmente tuve que luchar con el Señor y ver si lo que estaba escuchando era para ayudarme a que mi relación con Él creciera y se fortaleciera. Estoy segura que no te sorprende descubrir que me di cuenta que el Espíritu Santo estaba en lo correcto, así que hice algunos cambios en la música que escuchaba. Fue difícil y fue un proceso, pero sé que eso me ha ayudado hasta este día a andar de forma intachable delante de Dios.

Entonces, ¿estás listo? ¿Has sentido que el Espíritu Santo te ha hablado sobre algunos de los hábitos que tienes y que te detienen de andar intachable delante de Dios? Si es así, empieza a evaluar los cambios que necesitas hacer, y comienza a hacerlos. Muy pronto aprenderás como yo, que caminar siendo intachable es posible, con la ayuda de Dios.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

Cómo el Espíritu Santo y el Fuego Vencen los Vientos Negativos en tu Vida

Por Rev. Rob Prince

Mi Pequeñita Luz es una adorable canción de niños que es bien conocida alrededor del mundo. La canción anónima es un viejo espiritual negro (es decir, un himno) que ha sido entonado en escuelas dominicales y catedrales. La letra simplemente dice que mientras tal vez nosotros tengamos una pequeña luz, cuando no la escondemos, permitiéndole que brille e impidiendo que Satanás la apague, entonces ¡la oscuridad huye! Puedo apreciar esta verdad. La dejaré brillar. La dejaré brillar. La dejaré brillar.

No me lances piedras (¿o me escondas debajo de un almud? ¡No!), pero hay un problema con las luces pequeñas. La parpadeante flama de una pequeña vela es apagada fácilmente. No se necesita de Satanás para soplar y apagarla. Cualquier viento inesperado la apagará. He visto suficientes videos caseros chistosos para saber que todos, desde abuelas perdiendo sus dentaduras hasta bebés cubiertos de azúcar, pueden soplar las pequeñas luces de las velas de un pastel de cumpleaños. Las pequeñas luces de las velas son débiles. Se apagan fácilmente.

Por otro lado, una fogata en pleno auge, el tipo de fogata que tiene mucha madera, muchas flamas, perfecta para tradiciones y costumbres, no puede ser apagada por abuelas, bebés o cualquier otro viento que aparezca. De hecho, los expertos en incendios forestales saben que un incendio en el bosque no es aminorado por el viento, al contrario, el incendio se vuelve más fuerte a causa del viento. El viento extingue una vela, pero aviva un incendio.

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A lo largo de la Biblia, el fuego representa el poder y la presencia de Dios. Moisés encontró a Dios en una zarza ardiente, y después Dios se le apareció en una columna de fuego para guiar a su pueblo en el desierto (Éxodo 3:2, 13:21). En Pentecostés, seguido del sonido de un viento recio, Lucas nos dice que algo como lenguas de fuego reposaban sobre cada uno de los discípulos ahí reunidos. Ellos inmediatamente fueron llenos con el Espíritu Santo, y sus vidas y el mundo fueron transformados para siempre. Todo esto cumplió la profecía de Juan el Bautista de que el Mesías bautizaría “con el Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11-12). Eso es lo que necesitamos también—ser bautizados con el Espíritu Santo y fuego.

Cuando somos empoderados por el Espíritu Santo y fuego, incluso los vientos más resistentes no pueden apagarnos. Los vientos vendrán hacia todos. Vientos de desánimo. Vientos de negatividad. Vientos de tentación. Vientos de angustia. Vientos de dolor. Esos vientos, en algunos casos, son originados por las cosas de la vida, pero en otras ocasiones esas frías ráfagas vienen a través de personas arrogantes en nuestro camino. Las circunstancias difíciles, y la gente carnal y negativa, pueden intentar extinguir tu pequeña luz. Pero la gente que está consumida por el Espíritu Santo y fuego no es frágil, no falla como cuando los vientos están soplando sobre una pequeña vela. En lugar de eso, los creyentes llenos del abrasador Espíritu Santo miran al viento, y a esas personas en nuestra vida quienes están llenas de palabras huecas, y citan a Pablo, “para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:14-15).

No seas simplemente una frágil y pequeña luz en un mundo oscuro, oscuro.  En lugar de eso ¡recibe el poder del Espíritu Santo y su fuego consumidor! Ni siquiera los tornados se comparan al fuego del Espíritu. Quizá hay lugar para un cambio en la letra. “Mi GRAN luz es Jesús y ‘aun los vientos y el mar le obedecen’” (Mateo 8:27). No es una estrofa pegajosa, ¡pero es verdad!

Este artículo fue publicado originalmente en: robprinceblog.wordpress.com.

Sabiduría en la Contextualización: ¿Qué tan Lejos es Demasiado Lejos?

Por Ed Stetzer

¿Cómo te hace sentir la palabra “contextualización”? ¿Libre o preocupado?

La pregunta de los $64 millones de dólares sobre la innovación y el cambio es esta: ¿Qué tan lejos es demasiado lejos? No puedo pensar en ninguna otra pregunta en la iglesia que sea tan controversial como ésta. Hemos estado haciendo esta pregunta por dos mil años y parece que casi nunca estamos de acuerdo.

La mayoría de nuestras discusiones sobre estos asuntos se mueven alrededor de la contextualización. Debemos cambiar nuestra metodología para proclamar mejor el mensaje que no cambia a un mundo que está cambiando constantemente. Pero no todo cambio es bueno, incluso cuando se promueve bajo el disfraz de la contextualización.

Yo estoy a favor de la innovación. Pero debe ser utilizada como medio para contextualizar mejor el evangelio, no simplemente para su propio beneficio. Necesitamos evaluar dónde está esa línea, para que no la crucemos y perdamos la verdadera razón por la que Dios nos ha puesto aquí.

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Midiendo la contextualización

La contextualización se trata, evidentemente, del contexto. Caminar con “mi nariz alzada” puede significar que pienso que soy mejor que tú. O quizá significa que estoy intentando protegerte de mi hemorragia nasal. El contexto provee significado a tu interpretación.

La contextualización del evangelio comenzó en el momento en que Cristo llegó a enseñar a las sinagogas y a predicar las buenas noticias del reino (Mateo 4:23). Cristo presentó palabras y hechos a su audiencia en maneras que fueron significativas en su idioma y cultura.

El idioma fue el arameo. La cultura fue la judía (envuelta en un poco de la cultura romana y griega). La reacción de las multitudes, especialmente los líderes religiosos, deja en claro que las palabras y acciones de Cristo fueron significativas en su contexto cultural.

Cambiar para contextualizar no significa diluir el mensaje de las buenas noticias de Jesús. Lo opuesto es verdad. Contextualizar el evangelio significa remover los impedimentos culturales y lingüísticos en la presentación del evangelio, para que solo la ofensa de la cruz permanezca.

Pero cuando pensamos sobre los cambios y la contextualización hoy en día es fácil pensar que tú eres el único que tiene razón. Todos los de la izquierda han cambiado mucho y han perdido el evangelio. Todos los de la derecha son un montón de legalistas quienes no han cambiado lo suficiente como para tener una conversación con la cultura. Para vencer esta tentación, necesitamos establecer lo que no puede cambiar y buscar señales que nos indiquen si nuestros cambios han ido demasiado lejos.

Más arte que ciencia

Dios la diseñó para que el inalterable mensaje de Jesús pudiera encajar en los cambiantes “recipientes culturales” para alcanzar a la gente en el lugar donde están, y llevarlos al lugar donde necesitan ir. La contextualización es una habilidad que la iglesia misional en los Estados Unidos, así como los misioneros internacionales, deben aprender y usar.

La contextualización, sin embargo, es más una forma de arte que de ciencia. No existen líneas claras que proveen límites firmes y rápidos para cada idioma y cultura, especialmente en lo que tiene que ver con nuestra ortopraxis (la manera en la que vivimos el evangelio). Pero existen ciertas líneas del evangelio que no podemos cruzar.

¿Cuáles son las señales que nos indican que hemos cruzado líneas que no se debían cruzar? Si hemos perdido la clara proclamación del evangelio—la muerte de Jesús en la cruz por nuestro pecado y en nuestro lugar—o si minimizamos el arrepentimiento y perdón, pienso que hemos removido los obstáculos intencionales de la cruz. Eso sería una primera señal de advertencia.

Si enseñamos el mensaje en una manera que excluye o resta importancia a la Biblia, pienso que esa es una dificultad también. Si me encuentro minimizando el rol de Jesús en la salvación o en la necesidad de confesar a Jesús como Señor y Salvador, esa es otra bandera roja.

Lo que funciona hoy en día

Algunos segmentos de nuestras iglesias evangélicas han adoptado algunos cambios y están haciendo todo lo que pueden a través de publicidad, medios de comunicación, redes sociales, cafeterías, cines, música, las artes y otras espacios para tener una conversación significativa con el mundo. Algunos cristianos sienten que ceder cualquier terreno hacia lo que ellos perciben (a menudo con razón) como un compromiso con la cultura eventualmente cruzará la línea hacia un deslizamiento de herejía y pluralismo.

Obviamente, no creemos ser sincretistas con el mensaje del evangelio. Pero la contextualización significa que el cambio ocurrirá. Estaremos buscando nuevas maneras de traducir el evangelio que ayude a otros a comprender su mensaje. Esto no es acomodar la cultura; es construir relaciones significativas con personas y hablar con ellas acerca del evangelio (en términos del evangelio) en maneras que tienen sentido para ellos.

Entonces, ¿cuándo sabemos que un cambio ha ido demasiado lejos? Cuando el evangelio no se ve o no suena como las buenas noticias y Jesús no se ve ni suena como el Jesús encontrado en las páginas de la Escritura. Pero si los pies de aquellos que traen el evangelio son hermosos sobre los montes es, por lo menos en parte, porque aquellos que escucharon el evangelio son capaces de entender de forma significativa la persona y la obra maravillosa de Jesús. Los pies pueden seguir siendo hermosos incluso después de cambiar de zapatos.

Este artículo fue publicado originalmente en: Christianity Today.

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