Archivo de la categoría: Santidad

Una Misión Insólita

Por Ken Childress

 “Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes.” Juan 20:21

Una lectura rápida de este versículo podría darnos la impresión de que Jesús está diciendo, “El Padre me envió primero; ahora es tu turno.” Pero hay más que solo eso en este versículo. Él también está diciendo, “De la misma manera que el Padre me envío, es como yo les envío a ustedes.” La pregunta crucial es: ¿Cómo Dios envió a Jesús?

Filipenses 2 nos da un conocimiento adecuado de la naturaleza de la misión de Jesús. Él se humilló a Sí mismo, Él tomó la forma de un siervo, y se hizo obediente hasta la muerte (Fil. 2:6-11). Jesús fue de las riquezas celestiales a los harapos terrenales; de la exaltación a la humillación; de la autoridad a la obediencia; del significado al rechazo; de la comodidad a la dificultad; de la seguridad al peligro; de la gloria al sacrificio; de la vida a la muerte. ¡Y Él nos llama a ir al mundo exactamente de la misma forma!

Lee la lista de nuevo. Todas aquellas transiciones humillantes van en contra de lo habitual. Tratamos de tener una posición más alta, no vaciarnos de nosotros mismos. Queremos más significado, más seguridad, más autoridad, más atención, más comodidad. Pero Jesús nos llama a morir a nosotros, a tomar nuestra cruz y seguirle. Él nos envía, así como Él fue enviado.

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¿Tu actitud corresponde a la actitud de Jesús? ¿Tomas tu misión tan en serio como para entrar en las profundidades de este mundo –sin importar que esas profundidades estén en otro país, tu propia ciudad, o incluso tu propia familia– y vivir el evangelio de humildad para que otros vean? La misión de Jesús es redimir este mundo, y Él desea hacer brillar la luz en cada vil y oscura esquina –a través de ti y de mí. Él llama a sus seguidores a ir a prisiones y campos de concentración, a antros de opio y burdeles, a colonias de leprosos y pabellones psiquiátricos. También los llama a ir a clubes nocturnos, salas de conferencias empresariales, salones universitarios, y arenas deportivas. No hay ningún lugar demasiado incómodo, peligroso o difícil. ¿Estás dispuesto? Así como el Padre lo envió a Él, Él nos envía a nuestra comunidad.

 

¿Qué es lo Que Haces Con el Ladrón?

El Dr. Donald M. Joy escribe en su libro, El Espíritu Santo y Tú, acerca del pecado como un ladrón. Su analogía equipara el principio del pecado con un ladrón armado en el hogar de una persona, un forajido en el corazón. Esto no es exagerado: Juan 10:10 nos dice “el ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir.”

Imagínate a ti mismo llegando a casa tarde una noche, para descubrir que un invasor estuvo dentro de tu casa, sosteniendo a tu hijo a punta de pistola. Mientras esperas afuera de tu casa, tienes que tomar una decisión. Debes hacer algo. ¿Pero qué?

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¿Deberías simplemente ignorar el problema y esperar que el criminal decida irse sin hacer daño, saliendo quietamente de tu casa?

¿Deberías entrar lentamente a tu casa, con cuidado de no asustar al forajido, y tratar de negociar con él? ¡Quizá prometa robar solo un artículo por día si lo dejas vivir en tu casa!

O, quizá, debes ir apresuradamente a tu casa, enfrentar al ladrón en potencia, tirarlo al suelo y mantenerlo hacia abajo para que no pueda usar su pistola. Pero después, ¿te sentarías encima de él, día tras día, reprimiendo su intento de maldad hasta que un día te fatigues y él te domine a ti?

Como claramente explica el Dr. Joy, en tus propias fuerzas no puedes destruir al intruso. La única solución real es pedir ayuda de alguien que tiene autoridad y habilidad para eliminar al ladrón.

¿Estás encontrando los paralelismos? Muchos de nosotros minimizamos las capacidades destructivas del pecado. Pero eso nos roba nuestro gozo, mata nuestras relaciones, y destruye nuestras vidas. Si lo ignoramos, el problema empeora. Negociar con el pecado también nos lleva a extraviarnos (¿recuerdas a Adán, Eva y la serpiente?). Tratar de refrenarlo con nuestro propio poder nos deja agotados y, a la larga, derrotados. ¡¿No es esta la descripción de la triste existencia de muchos cristianos?!

La única forma de quitar al intruso es llamar a una autoridad superior, más poderosa. El Dr. Joy finaliza su reflexión exclamando: “¡Aleluya! ¡Dios ha hecho provisión en Cristo para limpiar nuestros corazones de todo pecado!” ¡Sí, aleluya!

Así que, ¿qué estás esperando? ¡El ladrón ha estado presente el tiempo suficiente!

“¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.” (Rom. 7:24-25)

Lecciones de Una Cuerda Floja y Una Carreta

Por Scott Armstrong

“Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. (Romanos 4:20-21).

(Leer Romanos 4:13-25)

He escuchado la historia de un famoso equilibrista que decidió cruzar las Cataratas del Niágara en una cuerda floja que había atado de un extremo al otro. Publicitó el gran evento y miles llegaron a presenciar esta impresionante hazaña. Balanceándose sobre las aguas turbulentas, avanzó pulgada a pulgada mientras la multitud lo observaba con asombro.

Luego de que llegó al otro lado, la multitud lo vitoreó en aprobación. Nunca antes habían visto un despliegue tan maravilloso de coraje y talento. Sin embargo, el acróbata no había terminado. Se cubrió los ojos con una venda y caminó nuevamente de vuelta al otro extremo. Exitosamente, y escuchando el estruendoso aplauso de la multitud, el hombre cruzó las cataratas de nuevo, sólo que esta vez, él llevaba puesta la venda y empujaba una carreta poco a poco en la delgada cuerda. La ovación esta vez fue la más fuerte que él había escuchado.

Ahora, éste equilibrista nunca se había caído en una exhibición pública, así que le gritó a la masa de espectadores, “¿Creen que puedo cruzar esta cuerda floja con los ojos vendados y la carreta una vez más?”

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“¡Sí! ¡Creemos que tú puedes hacerlo!” gritó la audiencia en respuesta.

“Si realmente creen”, replicó el hombre, “entonces, ¿Quién de ustedes se subirá a la carreta?”

Romanos 4:13-25 nos dice que Abraham vivió una vida de fe. Él no sólo hablaba; él caminaba. Él creía contra todos los pronósticos que tendría un hijo a la avanzada edad de 100 años, y así fue. Él creía en el Dios que podía resucitar a los muertos, así que casi sacrificó a su propio hijo antes de que Dios lo rescatara y lo felicitara por su fe. Pero Abraham se mantuvo “plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido” (v.21).

¿Cuándo fue la última vez que verdaderamente caminaste en fe? Servimos a un Dios que “da vida a los muertos y llama a las cosas que no son como si fuesen” (v.17). ¿Confiarás en Él hoy a pesar de las circunstancias en tu vida? Es tiempo de no solo decir que creemos en Él, sino también de subirnos a la carreta y vivirlo.

 

Dando el Perdón por Sentado

Por Scott Armstrong

“¡Vengan, volvámonos al SeñorÉl nos ha despedazado, pero nos sanará; nos ha herido, pero nos vendará” (Oseas 6:1).

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(Leer Oseas 5:15 – 6:6)

Este pasaje graba una conversación entre Dios y su pueblo. El Señor empieza en 5:15 esperando que sus hijos rebeldes lo busquen. Israel responde en 6:1-3 en lo que parece genuino arrepentimiento. Y entonces Dios se pone agresivo en 6:4-6. ¿Por qué responde diciendo que los “cortará en pedazos” “matándolos” y “enviando rayos sobre ellos” (v.5) ¿Esto tiene sentido?

Miremos más de cerca. Israel está tomando el perdón como algo seguro. Dios ha sido tan perdonador antes; ¿por qué no lo sería ahora? “Seguro hemos pecado, pero aún así nos sanará” (v.1). “Dos o tres días de buenos sacrificios y él  nos resucitará al tercer día” (v.2).  Dan el perdón por sentado y piensan que realmente pueden pecar durante la noche, pedir perdón, y tan seguro como que el sol saldría la mañana siguiente (v.3), Dios los perdonaría a ellos.

Cuidado aquí. Este tipo de actitud es falsa y Dios lo sabe. Su amor es como el rocío de la madrugada sobre la hierba que desaparece al mediodía (v.4). El punto es claro. El falso arrepentimiento enferma a Dios. Él no perdonará esos corazones.

De hecho, Dios no tiene que perdonar a nadie. Él desea hacerlo; Él quiere hacerlo (Oseas 11:8-9). Pero el pecado es algo serio. Creo que nada enoja tanto a Dios como cuando su propio pueblo peca y luego pide perdón sólo para cubrir sus posiciones. Mi antiguo pastor lo llamaba “seguro contra incendios” –hacer una pequeña oración para asegurarte que aún vas al cielo y no al infierno. No hay un corazón cambiado y ciertamente no hay una vida cambiada. “Dios me perdonará; voy a hacer lo que quiera y obtendré perdón después.”

Lee los versículos otra vez. Luego lee 1 Juan 1:9. Los mensajes no son contradictorios. Si genuinamente confesamos nuestros pecados, Él nos perdonará. Cuenta con eso. Pero la confesión verdadera no incluye pronunciar una oración sin ningún plan de cambiar nuestras acciones.

¿Hay aún pecado en tu vida, y si es así, cómo lo ves? De acuerdo a nuestro Dios, el pecado lo enferma (Apocalipsis 3:16).  Él nos llama a ser santos –una obra que sólo Él puede hacer. Lo que Él necesita de nosotros es un corazón completamente vuelto hacia Él. Examínate a ti mismo. ¿Es hoy el día para un arrepentimiento genuino?

No Hay Diferencia

Por Scott Armstrong

“Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús (Romanos 3:22b-26).”

(Leer Romanos 3:22-31)

Los versículos que acabamos de leer nos dan malas noticias. Todos hemos pecado. Ninguno de nosotros es suficientemente bueno para Dios. Tal como dice la versión bíblica The Message: “todos estamos en el mismo barco que se hunde,” y eso nos incluye a todos. Como lo expresa un predicador: “simplemente no hay diferencia.”

Espera un segundo. ¿No hay diferencia? ¿Esto significa que el peor asesino y la persona más generosa y amable del mundo comparten el mismo destino si dependiera de nosotros y de nuestra propia justicia?

Imaginemos que hay una escalera que empieza en la humanidad en la Tierra y llega a Dios en los Cielos. Si apilamos todas las cosas buenas y malas que hemos hecho, ¿dónde estaría el criminal? En el último peldaño, tal vez. ¿Dónde estarían la Madre Teresa o Billy Graham – personas que han servido a Cristo con fidelidad y han cambiado el mundo con sus ministerios? Tal vez estarían en el cuarto o quinto peldaño. Y tú y yo estaríamos en medio. Con unos pocos cientos más de buenas obras podríamos llegar a Dios, ¿verdad?

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Sólo hay un problema. La escalera tiene un millón de peldaños. Si dependiera de nosotros alcanzar a Dios por medio de nuestra propia justicia, no tendríamos esperanza. Aunque a la vista de nuestros ojos puede haber diferencias entre nosotros y los otros, ante los ojos de Dios todos estamos en lo más bajo de la escalera. Simplemente no hay diferencia.

Pero las malas noticias son seguidas de muy buenas noticias. No depende de nosotros. Depende de Dios. A través de su gracia, Él puede cambiar nuestras vidas y podemos pasar la eternidad con Él. Ya que hemos compilado este largo y lamentable récord como pecadores y probado que somos incapaces de vivir las vidas gloriosas que Dios desea para nosotros, Dios lo hizo por nosotros. En su inmensa generosidad, Él nos saca del desastre en el que estamos y nos restaura al lugar donde siempre ha querido que estemos. Y lo hace por medio de Cristo Jesús.

¿Entonces? ¿Cómo afecta esto la manera en que vivimos? Bueno, vivimos abrumados por su gracia, constantemente agradecidos con Él por habernos salvado. Y también vivimos humildemente. Si todos somos pecadores necesitados de un Salvador, no hay espacio para el orgullo y para pensar que somos mejores que los demás (v. 27). Dios hace la diferencia. ¿Necesitas gratitud o tal vez, humildad en tu vida? ¿Hay alguien en tu vida que necesite escuchar las buenas noticias de que Dios hace toda la diferencia? ¿Cómo puedes mostrar a Cristo en este día?

Nuestro Gran, Gran Dios

Por Scott Armstrong

“Alegraos, oh justos en Jehová; en los íntegros es hermosa la alabanza. Aclamad a Jehová con arpa; cantadle con salterio y decacordio. Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo” (Sal. 31:1-3).

(Leer Salmo 31:1-12)

Experimentemos juntos estas palabras de adoración por unos pocos minutos…

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Mientras empezamos este salmo, se nos instruye a hacer música para Dios, cantarle, tocar instrumentos, gritar de gozo, usar toda forma de música posible para alabar a nuestro Señor (v. 1-3). ¿Por qué? Contemos las razones. Lo adoramos porque Él es el Dios:

Quien es Justo y Verdadero (v.4). Él es siempre justo en sus decisiones.

Quien es Fiel (v.4).  Él guarda sus promesas, y siempre podemos confiar en ellas.

Quien Ama la Justicia y la Rectitud (v.5). Él hace lo que es correcto y bueno, y se deleita en que otros hagan lo mismo.

Cuyo Amor Nunca Falla (v.6). Su amor nunca se acabará; Él ama a cada persona, en cada momento y situación en la que estén.

Quien es Creador (v.6, 7, 9). De la nada Él soñó el mundo y cuando lo dijo lo hizo real. De la nada, Él creo una obra de arte como tú.

Quien es Asombroso (v.8). Su grandeza merece nuestra alabanza. A la luz de su insondable gracia, el mundo entero doblará sus rodillas y lo adorará.

Quien está en Control (v.10). Las naciones y los reyes de este mundo no tienen el control; Él tiene siempre la última palabra. 

Quien es Constante (v.11). A través de las edades, sus promesas nunca cambian y su voluntad será cumplida siempre.

A la luz de estas razones, podemos ver por qué el escritor canta, “Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, el pueblo que él escogió como heredad para sí” (v.12).

¿Cómo alabarás a un Dios tan increíble hoy?

Viviendo y Muriendo Sin Vergüenza

Por Scott Armstrong

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:16-17).

Aún recuerdo el servicio. Darrell Scott, el padre de Raquel Scott, estaba hablando acerca de su hija. Raquel fue la primera en ser asesinada en la Escuela de Educación Media de Columbine, Colorado, la mañana del 20 de abril de 1999. Dos jóvenes armados le preguntaron si creía en Dios y ella respondió que sí mientras miraba fijamente la pistola. Al instante siguiente ya había muerto.

La historia de la muerte de Raquel era conmovedora. Sin embargo, lo que estremeció a la multitud de adolescentes y adultos que asistieron al servicio no fueron los detalles de su muerte. Estaban asombrados por su vida. Darrell nos contó del tiempo que ella dedicaba a sus devocionales. Nos dijo que ella oraba casi cada día para que Dios la usara en su escuela y comunidad. Ella se acercaba a los chicos poco populares de la escuela, e incluso se acercó y oró por uno de sus asesinos semanas antes de su muerte. La manera en que murió fue conmovedora, pero la manera en que vivió fue realmente inspiradora para nosotros.

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En las semanas que siguieron al testimonio de Darell Scott acerca de su hija adolescente, muchos pasajes vinieron a mi mente. Uno de ellos lo leímos justo ahora. La primera parte hace eco en mi mente, “pues no me avergüenzo del evangelio”. ¿Por qué vivir sin vergüenza es tan importante? ¡Porque una vida sin vergüenza del evangelio es tan poderosa que realmente puede convencer a otros de creer en Cristo y ser salvos! El verso 16 nos lo dice y la vida de Raquel Scott prueba que es verdad. ¡El evangelio que trabajó en su vida fue (y aún es) suficientemente poderoso para cambiar las vidas de otros!

“Porque no me avergüenzo del evangelio.” ¿Puedes honestamente decir eso desde el fondo de tu corazón? ¿Cómo actúas en tu escuela, en tu casa, con tu familia y amigos e incluso con tus enemigos? ¿Estás viviendo sin vergüenza? ¿Es el poder del evangelio evidente en tu vida? En los siguientes minutos, renueva tu compromiso con Dios orando y buscando su rostro. Sin importar lo que haya sucedido en el pasado, dile que quieres vivir tu vida para él, sin avergonzarte del evangelio. Agradécele que Él haya dado su vida por ti.

La Reforma Protestante 500 Años Después

“…ya fuera de día o de noche, cuando la nube se levantaba, los israelitas se ponían en marcha…Cuando el Señor así lo indicaba, los israelitas acampaban o se ponían en marcha. Así obedecían el mandamiento del Señor, según lo que el Señor les había dicho por medio de Moisés” (Números 9:21, 23 NVI).

Octubre 2017 es un mes especial. Marca el 500 aniversario de la Reforma Protestante. Al finalizar este mes, el 31 de octubre, se cumplirán 500 años del día en que Martín Lutero clavó las Noventa y cinco Tesis en la puerta de la Iglesia del Castillo en Wittenberg, Alemania. Este fue el acto que inició todo, que inició el gran y enorme movimiento del Protestantismo, que comenzó la Reforma.

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En la iglesia evangélica – y específicamente en la Iglesia del Nazareno – obviamente, hemos sido impactados en gran manera por la Reforma. Si alguna vez te has preguntado, “¿Por qué hacemos esto o aquello en la Iglesia?,” muchas veces la respuesta se debe, en gran parte, a la Reforma Protestante.

Durante todo este mes, estaremos enfocándonos en su aniversario. Por momentos profundizaremos en las vidas de los Reformadores. En otras ocasiones nos enfocaremos en los postulados centrales de la Reforma (estén pendientes a las “5 Solas”). El propósito primario será ayudarnos a aprender acerca de, y reflexionar sobre este evento de suma importancia; y cómo nos ha traído a este momento en la historia como una Iglesia Cristiana.

Al mismo tiempo, un propósito secundario también está en marcha. Al dedicar un mes a este tema, espero que podamos reconocer que somos una Iglesia que está siempre dispuesta a evaluarse a sí misma y a hacer los ajustes cuando es necesario. No siempre hemos sido buenos en esto a lo largo de la historia, ¿o sí? La iglesia ha sido, comúnmente, la última entidad dentro la sociedad, que está dispuesta a cambiar.

Por lo tanto, durante este mes mi oración es que renovemos nuestro llamado a reformar, empezando con nosotros mismos. Así como los israelitas después del Éxodo, necesitaron estar listos en cualquier momento para seguir a la nube, que nosotros estemos tan sintonizados con la presencia de Dios, que, a su señal, estemos dispuestos a movernos y adaptarnos. ¡Señor, inicia una reforma en mí, y en nosotros!

 

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