Archivo de la categoría: Santidad

Fuego

Escrito por Frederick Buechner

EL FUEGO NO TIENE FORMA O SUSTANCIA. No puedes probarlo, u olerlo o escucharlo. No puedes tocarlo, a menos que quieras correr el riesgo. No puedes pesarlo o medirlo, o examinarlo con algún instrumento. No puedes comprenderlo a plenitud porque nunca permanece en calma. Sin embargo, es innegable su extraordinario poder.

El fuego que barre millas de bosque como un viento terrible y la vela parpadeante que ilumina el camino a la cama de una mujer anciana. Los leños ardiendo en la noche bajo cero que impiden que la tubería se congele y dan sueños de verano al gatito que dormita cerca de la chimenea. Incluso, a millones de kilómetros de distancia, la conflagración del sol puede volver la tierra verde en desierto y dejar ciego a cualquiera que no baje la mirada ante su resplandor. El poder del fuego para devastar y consumir por completo. El poder del fuego para purificar, dejando nada a su paso sino ceniza dispersa que el viento se lleva como niebla. 

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Una columna de fuego fue lo que guió al pueblo de Israel a través del desierto, y fue a través de una zarza ardiente que Dios habló primeramente a Moisés. Había lenguas de fuego asentándose sobre los discípulos en el día del Pentecostés. En el Apocalipsis de Juan, es un lago de fuego en el que los condenados son arrojados, y el mismo Fiel y Verdadero sentado sobre su caballo blanco, dice, tiene ojos como llamas de fuego.

En las páginas de la Escritura, el fuego es santidad, y quizá nunca tan cautivador como las brasas de fuego que Jesús de Nazaret, recién resucitado, enciende para cocinar un desayuno a sus amigos en la playa al amanecer.

Este artículo fue publicado originalmente en Beyond Words.

Un Discipulado Cristocéntrico

Hace pocos meses, el Dr. Rubén Fernández publicó en el sitio web de recursos teológicos: Didache un ensayo sobre el discipulando dentro del contexto de la Región Mesoamérica.  Lo considero una reprensión audaz y perspicaz de nuestro liderazgo y metodología actual (me incluyo en tal distinción). Abajo he provisto un extracto de ese artículo que espero que encuentren retador.  El documento completo se puede descargar aquí.

Necesitamos un mayor compromiso con la vida de santidad. Como discípulos de Cristo necesitamos luchar contra los deseos de la carne que quieren imponerse a los del Espíritu. Deseos que nos llevan a acomodarnos, a evitar situaciones o confrontaciones que puedan causarnos daño, a creer que tenemos derecho a “disfrutar la vida” haciendo la vista gorda al pecado y el sufrimiento que nos rodea.

Tenemos que practicar un discipulado bíblico y cristocéntrico que movilice a la iglesia a servir al mundo.

Hoy, para muchos cristianos (tanto católico romanos como evangélicos), la cruz es simplemente un elemento que forma parte de su vestimenta o una suerte de amuleto protector de su casa o vehículo. Jesús murió por nuestros pecados. Eso es cierto. Pero también es igualmente cierto que Jesús murió por confrontar a la corrupción del poder. El ministerio de Jesús era realmente transformador, contracultura y revolucionario y por lo tanto, altamente peligroso.

Un discipulado bíblico y cristocéntrico debería sacudir a la iglesia de su estado de comodidad y sacarla de su “cielo espiritual” para llevarla a servir a la gente transformando sus comunidades.

Los jóvenes están esperando una iglesia militante, disconforme, reaccionante. Estamos perdiendo a las nuevas generaciones que rechazan a una iglesia interesada en mantener las cosas como están.

¿Qué tanto le enseñamos a la gente lo que significaría tomar la cruz hoy? Ser radicales implicará denunciar la violencia, defender al atacado injustamente, ponerse del lado de los más débiles, los niños, los adultos mayores, los desprotegidos, etc.

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¿Cuál es el precio que una persona paga por eso? No va a tener más dinero, ni ganarse amigos. Al contrario. Probablemente estará “en la mira” de las maras centroamericanas, los carteles de droga o de la trata de personas en México, la policía corrupta, los jueces comprados o los políticos inescrupulosos en casi todas partes. Poniéndonos en el lugar de aquellos hermanos y hermanas que han sido victimados y otros que viven bajo amenaza hacia sus familias, sería difícil creer que nuestra “voz profética” pudiera lidiar con eso.

Juan Wesley decía “el mundo es mi parroquia”.  ¿Cómo podemos movilizar a cada nazareno y nazarena, para que lleve con dignidad su cruz, para que responda a su llamado personal y se involucre activamente en la transformación de ese lugar del mundo donde Dios le envía a servir?

Mi observación en Mesoamérica es que el liderazgo de la iglesia evangélica en términos generales es de modalidad conformista. Lo que hacemos bien es preservar el estatus quo. No desarrollamos un verdadero discipulado en el camino de la cruz. No hacemos liderazgo transformacional real, como el de Jesús; solo ponemos vendas en las heridas (y no es que eso esté mal, pero ¿será suficiente?). Hay algunos de los países de nuestra región como por ejemplo en Centroamérica, en donde el porcentaje de evangélicos es alto y creciente, pero con un minúsculo impacto en el cambio de la sociedad.

El arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, quien fuera asesinado a sangre fría en plena misa en 1980, dijo en una homilía un año antes de su muerte: “Una predicación que no señala el pecado no es una predicación del evangelio… Cuando la Iglesia oye el llanto del oprimido no puede sino denunciar las estructuras sociales que alimentan y perpetúan la miseria de la cual proviene el grito.”

¿Cómo vemos los nazarenos el involucramiento de los miembros de nuestra iglesia en carreras políticas? ¿Qué mensaje estamos comunicando a nuestros miembros acerca del valor de invertir la vida en profesiones relacionadas al servicio y la administración pública?

¿Cómo podemos cambiar el paradigma existente todavía en muchas iglesias de que la única manera de servir a Dios es por medio de la profesión pastoral o el liderazgo intraeclesial?

¿Cómo podemos cambiar de ser formadores de líderes eclesiales a ser formadores de líderes para nuestro contexto y realidad actual?

***Dr. Rubén Fernández es Rector del Seminario Nazareno de las Américas (SENDAS) en San José, Costa Rica.

Celebrando Pentecostés

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El domingo pasado como Iglesia Cristiana celebramos el día del Pentecostés. Pero, ¿qué es el Pentecostés y por qué es tan importante para la Iglesia? En el enlace a continuación el Dr. Rubén E. Fernández, Rector del Seminario Nazareno de las Américas, y Coordinador Regional de Educación y Desarrollo Pastoral para Mesoamérica, nos lo explica a través de un video:

 

 

Aún sin Desilusionarse: Parte dos de una Súplica para Resistir el Cinismo en la Vida y el Ministerio

Scott Armstrong

En la entrada anterior, compartí la historia de cuando era nuevo en el campo misionero y me encontré con verdades difíciles de conflicto y política en la Iglesia. ¿Eran correctas las palabras de una confiable misionera veterana? ¿Eventualmente iba a desilusionarme como todos los demás?

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Desde entonces determiné que no dejaría que eso pasara. Lucharía contra el cinismo y el fastidio. Las siguientes sugerencias, hasta ahora, me han ayudado tremendamente:

  1. Empieza a tener citas otra vez. Así como los matrimonios se pueden volver secos y sin pasión después de años de la rutina y el estrés de la vida, también nuestras vidas espirituales deben tener una tendencia hacia la intencionalidad y la creatividad. ¿Cómo era cuando conociste a Dios por primera vez o cuando Él te llamó por primera vez? ¿Cuáles eran los sueños que Él puso en ti? ¿Qué es lo que más te gusta de servir a Dios? Quizá necesitas dedicar tiempo no solo al ministerio, pero a Cristo mismo. “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor” (Apocalipsis 2:4).
  2. Asegúrate que en todo lo que haces individual y colectivamente, la misión es predominante. “Desilusionarse” muchas veces puede atribuirse a olvidar nuestra misión. Esto aplica a un olvido generalizado de la Gran Comisión, pero también se refiere a la misión específica que Dios te ha dado a ti, a tu familia y a tu equipo de liderazgo. Recuerdo que en la universidad leí el libro de Stephen Covey, Primero lo primero (First Things First), y después me asignaron escribir mi declaración personal de misión. Puse énfasis en la renovación de varios aspectos de mi vida y en la dedicación al llamado de Dios y a mi familia. Tal vez parece risible, para un joven de 20 años con esperanzas muy altas y muy poca experiencia, trazar un rumbo misional hacia el futuro. E incluso Covey nos anima a revisitar y modificar esa declaración según sea necesario de vez en cuando. Sin embargo, si no lo hacemos cuando tenemos 20 años, ¿cuándo lo haremos? Si no nos enfocamos en una misión hoy, no deberíamos sorprendernos cuando nos quedamos sin rumbo años después. Volver a visitar y ajustar ocasionalmente esa declaración ha provisto una base para mi vida y ministerio en las últimas dos décadas – y continuará haciéndolo mientras avanzo.
  3. Llamar a las cosas por su nombre. Muchas personas piensan que el antídoto para la desilusión es negar o descartar las cosas terribles que nos han hecho a nosotros dentro de la Iglesia. Es bastante impresionante cómo podemos racionalizar las acciones pecaminosas de otros con pretensión bíblica o espiritual. “Él era abusivo, pero es un líder venerado, así que debo ser yo quien tiene la culpa.” “Ella me lastimó, pero yo sé que todas las cosas nos ayudan a bien…” Esta gimnasia mental (y emocional) puede enmascarar el asunto temporalmente, y hacer que las cosas avancen suavemente a pesar de la disfunción. Pero la forma real de permanecer apasionado por la vida y el ministerio es admitir que la Iglesia ha fallado en muchas maneras. Sé especifico. ¿Quién te lastimó? ¿Qué te robó el gozo? ¿Has perdonado? Solo cuando identificamos la enfermedad que envenena nuestro gozo podemos empezar a tratarla.
  4. Desarrollar tenacidad emocional y espiritual. Muchas veces equiparamos la tenacidad con el aspecto físico. La imagen en nuestras mentes puede ser la de un soldado llevado al borde del cansancio, la deshidratación y el dolor. Con una mezcla de sangre y sudor en su frente, él sigue adelante – literalmente apretando sus dientes. El apóstol Pablo también usa una metáfora de correr una carrera cuando habla de perseverancia espiritual, e incluso se refiere a “golpear su cuerpo” para ganar el premio (1 Co. 9:24-27). Sin embargo, es difícil pensar en imágenes de perseverancia emocional. ¿Qué pasaría si debiéramos desarrollar emocionalmente una perseverancia efectiva? ¿Qué pasaría si tuviéramos que empezar a valorar una actitud tenaz tanto como un esfuerzo físico? La mayoría de la tenacidad espiritual y emocional tiene que ver con elegir el gozo en medio del sufrimiento o enfocarse en las grandes bendiciones de Dios en lugar de las molestias diarias. ¿Recuerdas a Pablo y a Silas cantando en la cárcel de Filipos? En otras palabras, la tenacidad emocional es reconocer que “esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Co. 4:17). Dios necesita soldados que son tenaces: física, emocional y espiritualmente.
  5. Ama la Iglesia. Es la esposa de Cristo. Es el cuerpo de Cristo. Sin embargo, si tú eres como yo, muchas veces me encuentro quejándome y murmurando de ella. Un llamado a amar a Cristo es amar a su Iglesia. Esta relación es tanto vertical (con Dios) como horizontal (con otros). No seremos capaces de fingir por mucho tiempo antes que la gente sepa que somos fraudes. El Espíritu Santo debe cambiar nuestros corazones cuando hemos sido desilusionados o heridos. “Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Juan 4:21). Esto no es lo mismo, pero está estrechamente relacionado con nuestra sugerencia final…
  6. Mira a la Iglesia a través de lentes reales. Después de sentir que Dios me llamaba a unirme a Él en su obra redentora, casi no podía contener mi entusiasmo. Seguramente fue abrumador, pero Dios ¡quería usarme para cambiar el mundo! Poco sabía acerca de que el obstáculo que más intentaría desanimarme y disuadirme de esa misión, a través de los años, sería la falta de visión y salud de la Iglesia. Mientras ya había resuelto nunca perder mi optimismo, también tenía que ser realista. Cada obstáculo no iba a desaparecer mágicamente porque respondí al llamado de Dios. Soy imperfecto, y también lo es cada cristiano. La mezquindad y la política seguirán permaneciendo en la Iglesia en cada nivel porque está hecha de seres humanos. Pero saber todos los detalles de conflicto y confrontación no significa que estamos forzados a permitir que la realidad desfigure la imagen de Dios en nosotros. El movimiento tras bambalinas no tiene que desviarnos de la obra maestra que Dios está llevando a cabo en el escenario frente a nosotros.

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Ya no soy un misionero novato. He visto mucha suciedad, y ha habido muchas circunstancias que han amenazado con dejarme frustrado y cínico. Sin embargo, permanezco tan apasionado como el primer año de ministerio transcultural – incluso mucho más.

¿Qué hay de ti? ¿Te unes a mí en esta lucha contra la desilusión?

Una Súplica para no Unirte a los Desilusionados: Resistiendo el Cinismo que Marchita el Alma en el Ministerio

Por Scott Armstrong

Yo era un misionero novato, nuevo en el campo y ansioso por cambiar el mundo. Estaba hablando con una colega misionera, quien había servido por casi una década, sobre un asunto delicado de la Iglesia tanto en el campo misionero como en casa. En un momento dado, con optimismo, expresé que todo se resolvería pronto. Ella movió sus ojos y negó con la cabeza como si fuera una sabelotodo: “Espera un par de años. Tú vas a estar tan desilusionado como el resto de nosotros.”

¡¿Qué?! Esto sucedió hace años, y todavía lo recuerdo vívidamente. ¿El ministerio y las misiones se convertirían gradualmente en una carga constante, a través de esperanzas rotas y creciente desconfianza en el liderazgo? ¡Yo no firmé para esto – y mucho menos era mi llamado!

Recientemente escuché a Matt Chandler en una de las Conferencias de Plantación y Multiplicación de Iglesias: Exponencial. Él compartió una historia, llevó a su hija de siete años a un show de Hadas de Disney. Ella estaba tan emocionada que se puso un disfraz de hada. Su papá había comprado muy buenos lugares y el rostro de ella resplandecía mientras se iban acercando a la primera fila.

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Sin embargo, desde esa sección en particular del auditorio, Matt se dio cuenta que ellos podían ver detrás del escenario a todas las hadas poniéndose sus disfraces, y donde el director del escenario estaba indicando a los actores cuando tenían que entrar y salir. Los artículos de utilería eran preparados y llevados al escenario.

La hija de Matt empezó a enfocar más su atención en lo que estaba pasando tras bambalinas en lugar de ver la magnífica producción que estaba justo frente a ella. En cierto momento ella se inclinó hacia su papá y le dijo, “Esas no son hadas reales. Solo son personas disfrazadas.”

Ya no había asombro en su voz. Ella perdió la magia.

¿No sucede lo mismo con nosotros a medida que avanzamos en la vida, y específicamente en el ministerio? Si hemos estado en esto por más de algunos años, hemos visto mucha suciedad en la iglesia, y esto no está relegado a la persona laica promedio. Por experiencia (y también, ¡algunas veces debido a nuestro egoísmo y malas decisiones!) vemos tras bambalinas y empezamos a entender lo bueno, lo malo y lo feo en el liderazgo. Comenzamos a usar frases como: “sobreviviendo” y “en la lucha” para describir nuestro trabajo diario. Definitivamente, ¡la emoción se fue!

No podemos ser ingenuos – hay mucho de la vida y del ministerio que es difícil y cansado. Estas noticias no deberían sorprendernos a ninguno de nosotros.

Al mismo tiempo, un vistazo detrás del escenario no tiene porqué quitar la magia del ministerio. Parte de madurar en el servicio a Cristo y a su pueblo no debe significar que eventualmente, y por defecto, ¡nos desilusionemos!

Así que, ¿cómo resistimos este lento avance hacia el cinismo? En mi siguiente entrada ofreceré algunas sugerencias importantes que me han ayudado personalmente a mantener un fervor espiritual y a no desilusionarme en el ministerio.

La Fragancia del Conocimiento de Dios

Por Cathy Spangler

Los expertos dicen que, de nuestros cinco sentidos, el que recordamos con mayor facilidad es el olfato.

Olvidamos muchas partes de una canción, días después de haberla escuchado, o de incluso haberla cantado por primera vez. En muchos casos, nuestra recolección de datos específicos respecto a lo que vemos empieza a desaparecer horas después de un evento. Sin embargo, años después de un suceso, un aroma en particular nos cautiva y trae una avalancha de recuerdos. Sí, ciertamente, el sentido del olfato es poderoso.

Hay olores penetrantes y olores agradables. En los días antes del aire acondicionado en las escuelas, el olor de niños sudados frecuentemente llenaba los pasillos y salones de clase. Entrar a una tienda de belleza, significa inmediatamente sentir los aromas de permanentes, champús, y laca para el cabello. Yo trabajo en una granja y realmente AMO el olor del cuello de mi caballo cuando lo abrazo. Adoro el aroma familiar de la loción de afeitar de mi esposo. ¡Incluso me encanta el aroma de loción para bebé!

Después de caminar a casa desde la escuela, en días fríos y nevados, cuando ya no podía sentir mis piernas, recuerdo entrar a mi casa y encontrarme con el olor de rollos de canela frescos, recién salidos del horno. Hasta la fecha, cuando percibo el olor a rollos de canela cocinándose, ese aroma me conecta con el amoroso cuidado de mi mamá.

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¿Alguna vez alguien ha pasado junto de ti y pudiste oler su perfume o colonia? 2 Corintios 2:14 dice que Dios esparcirá a través de nosotros la fragancia de su conocimiento ¡en todos lados! Cuando entras a un lugar, ¿la gente puede “oler” la presencia de Dios en tu vida?

Mientras pasamos tiempo en nuestra relación con Dios, buscando CONOCERLE más, ¡la gente lo percibirá como un aroma celestial! Mientras ellos están en contacto conmigo, ¡quiero que ellos puedan percibir el aroma de su amor, su sanidad, su bondad y poder! ¡Quiero que mi aroma sea distinto porque he pasado tiempo con Jesús!

¿Tu aroma es diferente porque has pasado tiempo con Jesús?

 

Aprende Lo Que Puedes Y No Puedes Hacer #4

Escrito por: Ed Stetzer. Trad. por: Ariadna Romero.

Esta es la quinta y última publicación de nuestra serie, en lo que se refiere a cómo los pastores pueden desarrollar límites para tener un ministerio saludable.  Son cuatro claves del proceso, pensando en ellas como cuatro vallas que delimitan un ministerio saludable.

Ya he compartido las primeras tres vallas “Reconoce Tu Rol En La Iglesia, Busca Límites Emocionalmente Sanos y Cuida El Rebaño…Incluso De Otros Cristianos.”

En una iglesia que planté hace muchos años, sabía que poner en práctica esos límites iba a ser vital si continuaba trabajando a tiempo completo en LifeWay Research. Desde el principio, mi equipo de  liderazgo y yo creamos la descripción de mi trabajo tomando en cuenta esos límites.

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Conoce tus límites.

La cuarta publicación apoya que un ministerio saludable involucra conocer lo que puedes y no puedes hacer.

En aquella iglesia hice tres y SOLO tres cosas: me reunía con mi staff/aprendices, oraba cerca del 70% del tiempo, y lideraba un pequeño grupo en mi casa.

Uno de los beneficios que este límite trajo a la iglesia fue que éramos claramente una iglesia que no estaba centrada en el pastor. Estaba a la vanguardia con mi rol en la iglesia. Expliqué que no podía oficiar funerales, ir a visitar, hacer llamadas o realizar juntas. Esto abrió las puertas para que nuestra congregación notara áreas de servicio en las que eran necesitados, y para que respondieran a ellas. 

Escoge los límites de acuerdo a tu situación, iglesia y dones.

Entonces surge la pregunta: ¿Por qué esas tres cosas? Porque esas eran las tres cosas que SOLAMENTE YO podía hacer. Puede que mi límite no se parezca al tuyo, pero Dios me llamó a enseñar y orar, y eso es parte de lo que hago.

Liderar el grupo pequeño era un componente realmente importante de mi descripción laboral. Estaba orientado a la misión e incluía a muchos de mis vecinos.

Mi grupo pequeño me brindó la facilidad de conectarme con la gente que necesitábamos alcanzar. Me previno de desarrollar una visión de túnel y solo predicar y hablar con mi staff cada semana, y al mismo tiempo me recordaba que no podía enseñar lo que no estaba viviendo.

El otro componente importante que me trajo mi grupo pequeño fueron las interacciones personales de manera regular. Cuando tu iglesia crece, necesitas sacrificar algo de interacción personal. Eso puede ser difícil porque mucha gente busca la ministración pastoral  debido a que los pastores son apasionados y poseen dones para servir, proveer cuidados generales etc.

Una sola persona no puede cuidar a la gente de esa manera si pasan de 100. Es por eso que la típica iglesia americana es en tamaño menor de 100 miembros. Cuando una iglesia crece por encima de esa cifra significa que debes estar dispuesto a permitir que algunas de esas relaciones cercanas cambien y se transformen a lo largo del camino.

Un grupo pequeño es un perfecto lugar de encuentro para conocer la necesidad  de cuidado pastoral cuando tu iglesia ha crecido más allá de tu habilidad para proveer a la congregación entera. Ahí es donde el verdadero pastoreo y relaciones de amistad pueden ocurrir.

Ser pastor es un asunto solitario. Interactúas con mucha gente, pero no estás en comunión con muchas de ellas. Un grupo pequeño es una parte integral para la solución de ese problema.

Sé claro y consistente en lo que puedes y no puedes hacer.

La clave para establecer este límite es conocer lo que puedes y no puedes hacer. Las iglesias querrán que hagas todo. Deberás hacer algunas cosas, pero trata de que sean las cosas correctas.

Típicamente, “lo correcto” se alineará con tus dones. Es en las demás otras áreas  donde debes invitar a otros a trabajar a tu lado y formar un equipo. Este equipo es el que en realidad te ayudará a alcanzar lo que Dios te ha llamado a hacer como líder.

Cuando estableces estas cuatro vallas – Reconoce Tu Rol En La Iglesia, Busca Límites Emocionalmente Sanos, Cuida El Rebaño…Incluso De Otros Cristianos y Aprende Lo Que Puedes Y No Puedes Hacer- habilitarás y alentarás el crecimiento en ti y en tu iglesia. Sin estas cuatro reglas, es muy probable que experimentes el agotamiento en el ministerio y obstaculices el desarrollo de aquellos bajo tu cuidado y la iglesia en general.

Debes ser intencional sobre la viabilidad a largo plazo de ti, de tu familia, tu ministerio y tu iglesia. Si no lo eres, tus límites estarán comprometidos y tu agenda estará saturada y sobre todo tu cuerpo y tu espíritu estarán exhaustos.

Esta serie de artí­culos fue publicada originalmente en: EdStetzer.com

Cuida el Rebaño…Incluso de Otros Cristianos #3

Escrito por: Ed Stetzer. Trad. por: Ariadna Romero.

Esta es la cuarta publicación de nuestra serie con respecto a pastores que desarrollan límites saludables en su ministerio. Estoy compartiendo cuatro puntos clave en el proceso, pensando en ellos como cuatro vallas alrededor de un ministerio saludable.

Ya he compartido las dos primeras publicaciones: Reconoce tu rol en la iglesia y Busca límites emocionalmente sanos.

La siguiente quizás sea la más difícil de implementar en nuestra cultura. También me imagino que generará mucho desacuerdo. Sin embargo, creo que demuestra un enfoque bíblico sobre el pastoreo de una congregación, en lugar de convertir a la iglesia en un lugar donde un grupo de clientes exige que su área de interés sea la primordial.

La tercera valla que apoya un ministerio sano es cuidar tu rebaño, incluso si es de otros cristianos.

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Quizás pueda parecer irónico, pero algunas de las personas de la que debes cuidar tu iglesia más tenazmente son, en efecto, otros creyentes. Si no lo haces, el enfoque del ministerio será responder a los intereses especiales de los clientes cristianos. Eso significa que tu ministerio (y sus límites) estarán concentrados en mantener clientes felices –y no existirán límites-.

Escribí sobre esto en otra publicación llamada “Por qué no tengo problemas para ayudar a los cristianos a avanzar”.

La inspiración para ese tema vino de un incidente que ocurrió después de un servicio en “Grace Church”, la iglesia que planté y pastoreé cuando trabajé tiempo completo en “LifeWay Research” (algo que me fue posible hacer gracias a muchos límites).

Básicamente animé a un visitante que estaba claramente bien preparado en cuanto a las profecías del Apocalipsis (y disfrutaba compartiendo sus interpretaciones con cualquiera que conocía) a salir de nuestra iglesia y moverse a otra que encajaría mejor con su pasión y creencias.

Ahora, permíteme clarificar el pensamiento detrás de mis acciones. Si alguien de mi congregación acude a mi después del servicio diciendo: “He estado leyendo y tengo algunas dudas sobre las profecías ¿podemos platicarlo?” Me tomaría un tiempo enseguida para discutir sobre ello. Sin embargo este no era el caso.

Esta persona era obviamente un profesional. De hecho, me comentó que sus amigos lo llamaban: “el Terrorista de las Profecías”. Esa fue su presentación. Él no tenía preguntas. Quería entrar en mi iglesia para encontrar gente que le diera la atención que deseaba. Quería que tuviéramos una conversación solo para debatir conmigo- y convencerme.

Y yo tenía mis límites. No hago ese tipo de cosas. Además, en ese entonces pastoreaba una congregación que también tenía límites. No necesitábamos al “Terrorista de las Profecías” distrayéndonos de nuestra misión.

Quizás tu no hayas conocido al “Terrorista de las Profecías”, pero te apuesto que has conocido a otros cristianos similares. Hay “Calvinistas”, “Carismáticos”, Maestros Particulares”, Cristianos Políticos”, y la lista continua y continua.

Tu iglesia no es una plaza pública para que la gente debata u opine. Es un lugar que debes proteger y pastorear. Tú creas los límites – tanto personal como congregacionalmente.

A la gente no le gustará eso, pero si tú permites que tu iglesia se convierta en una reunión de grupos con intereses especiales, entonces tu ministerio estará construido sobre una base que será el mantenerlos contentos. O en mantenerlos separados. Además de prometerles atención y pasar el resto de tu vida tratando de cumplirles.

Hay una mejor manera, aunque no a todos les guste.

Crear límites saludables para tu iglesia significa saber quiénes  son como iglesia, en dónde están, hacia dónde van y qué significa eso para la gente de afuera. Tu iglesia no es un lugar para cristianos conflictivos que quieren dominar tu tiempo para que les des la libertad de hacer lo que quieran. Aprovecha ese tiempo para dar consejerías, no para argumentar con ese tipo de personas.

Por otra parte, una plática de ese tipo con personas no cristianas siempre será bienvenida, podría hacerlo todo el día. Si alguien se me acerca y dice: “He estado leyendo a Deepak Chopra y me puso a pensar profundamente.” Me sentaría y hablaría con él en un dos por tres sobre lo que Jesús dice acerca de Deepak.

Hay una gran diferencia entre esas dos situaciones.

Los cristianos que quieren discutir quieren entrar a la iglesia para que se les preste atención, y eso destruye los límites. Los no cristianos que quieren discutir necesitan ser llevados a la iglesia para que puedan escuchar el evangelio de Jesucristo.

La realidad más importante es que “los Terroristas de las Profecías” y otros cristianos problemáticos no van a dejar de caminar con Jesús porque no estén mi iglesia. Encontrarán un lugar –probablemente una iglesia (y un pastor) que no tenga límites establecidos.

Sin embargo, si es en tu iglesia, supongo que hay mucha gente que va a ser expulsada, incluyendo a muchos que necesitan a Jesús.

Los límites son establecidos por los cuidadores del rebaño. Esos son los términos usados en muchos lugares de la Escritura. Debes ser un cuidador del rebaño. Tu iglesia no es una sociedad voluntaria de opiniones o grupos de intereses personales. Es un cuerpo que necesita estar en una comunidad en la que sirvan el uno al otro, guiados por pastores y líderes enfocados en una misión en común.

Así que, esta es una valla valiente dentro del ministerio, pero es esencial. Tú y tu iglesia deben reconocer que la misión es más importante que los grupos con intereses especiales. Tu iglesia necesita límites para que no pases tu tiempo tratando de mantener a los cristianos problemáticos felices y tranquilos.

Esos límites te costarán que algunas personas se vayan, pero guiarán a tu iglesia de maneras poderosas y te liberarán para ministrar sobre el dolor, que de otra forma será pasado por alto.

En la conclusión de esta serie, explicaré la valla final del ministerio: Aprende lo que puedes y no puedes hacer.

Esta serie de artí­culos fue publicada originalmente en: EdStetzer.com

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