Archivo de la categoría: Teología

Celebrando Pentecostés

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El domingo pasado como Iglesia Cristiana celebramos el día del Pentecostés. Pero, ¿qué es el Pentecostés y por qué es tan importante para la Iglesia? En el enlace a continuación el Dr. Rubén E. Fernández, Rector del Seminario Nazareno de las Américas, y Coordinador Regional de Educación y Desarrollo Pastoral para Mesoamérica, nos lo explica a través de un video:

 

 

¿Cuál es el Legado de Lutero?

Todo este mes hemos estado celebrando el 500 Aniversario de la Reforma Protestante. Mañana se cumplirán 500 años del día en que Martín Lutero desencadenó la Reforma al publicar sus noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia del Castillo en Wittenberg, Alemania. Muchos de nosotros lo conocemos por ese acto épico. Sin embargo, ¿cuál es el legado perdurable de la vida y ministerio de Lutero cinco siglos después? El Dr. Stephen Nichols observa, por lo menos, cinco puntos principales del legado de Lutero:

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  1. Las solas. Cuando recordamos a Lutero, no podemos olvidar estos postulados fundamentales de su teología. Encontramos la sola Scriptura, la doctrina que dice que solo la Escritura tiene la autoridad final, y esa Escritura nos guía y gobierna. Después está sola gratia, sola fide, y solus Christus, en la cual aprendemos que la salvación, ciertamente, es solo por la gracia, solamente a través de la fe, y solo en Cristo. Finalmente, Lutero enseña acerca de soli Deo gloria, que todo es solamente para la gloria de Dios.
  2. Reforma de la práctica de la iglesia. Aunque hablamos sobre su reforma a la teología, debemos reconocer la reforma de Lutero a la “metodología” de la iglesia. Imaginen llegar al culto, sintiendo el deseo que brota dentro de ti de cantar alabanzas a Dios. Pero no puedes—no tienes himnos en tu idioma, y no hay cantos congregacionales en el servicio. Antes de Lutero, esta era la norma. Así que, cuando te levantas y cantas un himno, uniendo tu voz a otras voces en la congregación para alabar a Dios, puedes agradecer a Martín Lutero por restituir el canto congregacional y los himnos en la vida de la iglesia.
  3. Predicación. Antes de Lutero, el servicio consistía mayormente en la Misa, esto es, la Santa Cena. Ocasionalmente, había una homilía durante Adviento o Cuaresma, pero predicar de la Palabra no tenía una importancia central. Lutero introdujo el sermón semanal, donde el pastor estudia la Palabra de Dios y luego trae esa enseñanza al pueblo de Dios para que ellos puedan ser alimentados y puedan crecer como cristianos. Suena familiar, ¿verdad? Pero lo que hoy es ampliamente aceptado como obvio, no era así hace 500 años.
  4. Familia. Antes de la Reforma, no había una visión elevada de la familia dentro de la iglesia, Lutero ayudó a rescatar el matrimonio y la familia, además, ayudó a traer a ambos, el matrimonio y la familia, a una posición prominente. A través de su propia familia, su relación con su esposa, Katie, y sus hijos, él ejemplificó cómo debería verse una familia cristiana.
  5. Vocación. Lutero tuvo, lo que llamaríamos, una “teología elevada” de la vocación. Él creyó que, ya sea que tengas un puesto alto en la iglesia o, que tengas el trabajo servil más bajo, cualquier tipo de trabajo puede ser visto como un llamado. Antes de Lutero, solo los monjes, las monjas y los sacerdotes eran quienes tenían un llamado; todos los demás simplemente trabajaban en labores aparentemente “impías” o “profanas.” Lutero nos ayudó a darnos cuenta que, todo lo que hacemos puede ser para la gloria de Dios, mientras le servimos por medio de nuestras vocaciones.

Estos son cinco puntos del legado de Lutero que Nichols resalta. Sin embargo, él dice que realmente hay un punto verdadero, fundamental, y subyacente al legado de Lutero, y es el que se refiere a la Palabra de Dios. Él dice, “Hay una estatua en Eisenach de Lutero sosteniendo una Biblia y apuntando hacia ella. Lutero hubiera preferido que la estatua fuera de la Biblia sosteniendo a Lutero, apuntándole a él, para que prestáramos atención a la Palabra de Dios. Ese es el legado de Lutero porque, la Palabra de Dios, es la que permanece para siempre.”

 

Lutero y la Biblia

De 5 Minutos en la Historia de la Iglesia por el Dr. Stephen Nichols

En cuanto a la Reforma, uno de los temas de discusión más importante es Martín Lutero y la Escritura. Hay varias cosas que podemos decir acerca de este tema, pero veamos solo algunas.

La primera es la autoridad de la Escritura. Vemos esto con Lutero en el Debate de Leipzig en 1519. Uno de los monumentos a Lutero, en Eisleben, de un lado tiene un grabado de un oficial católico con aspecto enojado. Ese oficial con aspecto de enojo es Johann Eck. En el otro lado de Eck está Lutero, y Eck está sosteniendo en su mano documentos enrollados, mientras Lutero está sosteniendo un libro—la Biblia—y esto dice todo. Eck en Leipzig impugnó las enseñanzas de los concilios, las enseñanzas de la iglesia, y esos documentos enrollados lo representan. Él vino a Lutero y a los reformadores de Wittenberg, desde el contexto de la iglesia y la autoridad de la iglesia. Y Lutero dijo a Eck, “Tengo una autoridad que es mayor que la tuya,” y, por supuesto, esto asombró a Eck y él dijo, “Nómbralos.” Lutero dijo, “Pablo, Pedro y Juan.”

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Lutero impugnó directamente a la autoridad de la Escritura en Leipzig y, por supuesto, hizo lo mismo en Worms. Entonces, en Worms dijo, “Mi consciencia está cautiva a la Palabra de Dios.” Cuando él dijo, “Aquí estoy,” se refería a estar en la Escritura y mantenerse firme en el fundamento de la Escritura. Y, debido a que la Escritura es autoritaria, debemos leerla y debemos estudiarla.

Entre las muchas cosas que Lutero dijo acerca de la Biblia, él ofreció mucha asesoría sobre cómo leerla y estudiarla. Un texto en particular, que nos ayuda, es un prefacio de una colección de sus escritos en alemán. Él provee tres pasos para leer y estudiar la Biblia. El primero paso es oratio, u “oración.” Los Salmos, especialmente, son de ayuda en este punto. Lutero estaba muy familiarizado con los Salmos. Como un monje, él estaba en los Salmos siete veces en el día. Ellos tomaron el Salmo 119:164 muy literal: “Siete veces al día te alabaré,” dice el texto. Así que Lutero y sus compañeros monjes tomaban siete periodos de su día para pasarlos en los Salmos.

Lutero amaba los Salmos. Algunos sostenían que Lutero tenía el Salterio memorizado. Este fue un libro en el que él vivía, y fue un libro que le enseñó, no solo que debía aprender la Escritura, pero que también debía orar la Escritura. Por lo que, los Salmos pueden ser de gran ayuda mientras pensamos en la Escritura y buscamos acercarnos a ella en oración.

El segundo paso es meditatio. Lutero dice que la tentación es continuar, darse prisa, simplemente leer el texto. Lutero nos advierte, nos aconseja, nos anima a hacer simplemente una pausa, a meditar en la Palabra de Dios. De nuevo, los Salmos son de gran ayuda aquí porque frecuentemente los salmistas nos llaman a meditar en la Palabra de Dios.

El tercer paso en estudiar la Biblia es tentatio, o “lucha.” Así como Jacob luchó con el ángel, nosotros luchamos y batallamos con la Escritura. La lucha, dice Lutero, viene de nuestra incredulidad, nuestra duda, nuestra obstinación; finalmente de nuestro pecado, y la Palabra de Dios lo confronta por completo.

Ese es Lutero y la Escritura, la autoridad de la Escritura, cómo leer, estudiar, trabajar e incluso amar la Palabra que Dios nos ha dado.

Ulrico Zuinglio

*El siguiente es un fragmento del libro “131 Cristianos Que Todos Deberían Conocer”

Un reformador militante suizo

Por el amor de Dios, no entres en conflicto con la Palabra de Dios. Porque ciertamente persistirá, tan cierto como que el Rin sigue su curso. Uno quizá puede contenerlo por un tiempo, pero es imposible detenerlo.”

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Ulrico Zuinglio, el capellán de la ciudad, se presentó delante del Concilio de la Ciudad de Zúrich en enero de 1523. Los vientos de la reforma habían cruzado, desde la Alemania de Lutero, sobre los Alpes, y Zuinglio estaba discutiendo 67 tesis, comenzando con “Todo aquel que dice que el evangelio es nulo sin la confirmación de la iglesia comete error y calumnia a Dios.” Aunque eran 28 tesis menos que las 95 de Lutero, publicadas unos seis años antes, los argumentos de Zuinglio fueron más persuasivos: las autoridades le dieron permiso de continuar su predicación, que enfatizaba primero a Cristo y después a la iglesia (“Cristo es el único mediador entre Dios y nosotros,” decía otra de las tesis de Zuinglio). La Reforma en Suiza estaba en camino, y Zuinglio jugaría un papel clave en los primeros años.

1.pngAnsioso por su cargo

Zuinglio fue hijo de un exitoso agricultor en el Valle Toggaburg de los Alpes orientales bajos. Ahí, Zuinglio adquirió un profundo amor por su tierra natal. Después, el tradujo una línea del Salmo 23, “En los hermosos Alpes, él me cuida,” y usó el río Rin como una ilustración de un tema clave en su predicación: “Por el amor de Dios, no entres en conflicto con la Palabra de Dios. Porque ciertamente persistirá, tan cierto como que el Rin sigue su curso. Uno quizá puede contenerlo por un tiempo, pero es imposible detenerlo.”

Pero le tomó años a Zuinglio descubrir el poder de esta Palabra. Luego de graduarse de la Universidad de Basilea in 1506, se convirtió en un sacerdote de parroquia en Glarus. Desde el principio, él tomó muy en serio sus deberes sacerdotales. Después el escribió, “Aunque era joven, los deberes eclesiales me inspiraron más miedo que gozo, porque sabía, y permanezco convencido, que daría cuenta de la sangre de las ovejas que perecerían como una consecuencia de mi negligencia.”

El sentido de responsabilidad por su cargo (en lugar de, como Lutero, una búsqueda personal de salvación) motivó el creciente interés de Zuinglio por la Biblia. En una era donde los sacerdotes comúnmente no estaban familiarizados con las Escrituras, Zuinglio se enamoró de ellas, después de comprar una copia de la traducción al latín del Nuevo Testamento de Erasmus. Él comenzó a auto-enseñarse griego, compró una copia del Nuevo Testamento de Erasmus en griego, y empezó a memorizar pasajes largos. En 1519 comenzó a predicar del Nuevo Testamento con regularidad.

En privado, Zuinglio empezó a desafiar las costumbres del Cristianismo Medieval, que pensaba no era bíblico. Luchó con el celibato clerical por algún tiempo (e incluso admitió que, como joven sacerdote, había tenido un romance). En 1522, se casó secretamente. Ese mismo año, el rompió el tradicional ayuno de Cuaresma (comiendo salchichas en público) y escribió en contra del ayuno.

Para el año 1523 estaba listo para llevar sus ideas a una audiencia más grande, y en enero hizo eso mismo antes del Concilio de la Ciudad de Zurich en lo que ahora es llamado el Primer Debate. El Segundo Debate se realizó en octubre, y con aprobación adicional del concilio, más reformas se llevaron a cabo: imágenes de Jesús, María, y los santos, fueron removidas de las iglesias; la Biblia debía tener preeminencia.

Argumentos por encima de la Cena

Las cosas se movieron rápido después de eso. En 1524 él se casó con su esposa, públicamente, insistiendo que los pastores tenían derecho al matrimonio. En 1525, él y otros, convencieron a la ciudad de abolir la Misa, con su énfasis en el milagro de la transubstanciación, y reemplazarla con un sencillo servicio que incluía la Santa Cena, pero solo como un memorial simbólico.

Tal y como resultó, fue la Santa Cena lo que impidió la unión de las reformas alemana y suiza. En una reunión en 1529 en Marburg, con el fin de unir los dos movimientos, Lutero y Zuinglio se conocieron. A pesar de que estuvieron de acuerdo en 14 puntos de doctrina, ellos tropezaron en el número quince: la Santa Cena. En contra de la perspectiva de Zuinglio, Lutero insistió en la presencia literal de Cristo. Zuinglio se frustró. Lutero dijo que Zuinglio era del diablo y que era nada más que “un loco agusanado”. Zuinglio resintió que Lutero lo tratara “como un burro.” Fue evidente que la reconciliación no fue posible.

Zuinglio murió dos años después en batalla, defendiendo Zúrich en contra de las fuerzas católicas y, los planes de difundir la Reforma en la Suiza alemana, se terminaron. Aun así, Zúrich permaneció siendo protestante, y bajo el liderazgo de Heinrich Bullinger, sucesor de Zuinglio, esta singular rama de la Reforma continuó floreciendo.

Publicado originalmente en: Christianity Today

Lutero y los Nazarenos

Hoy (13 de octubre, 2017) celebramos el 109 Aniversario de la fundación de la Iglesia del Nazareno. ¡Feliz cumpleaños, nazarenos!

Durante este mes, también estamos celebrando el 500 Aniversario de la Reforma Protestante, así que pensamos, “¿Por qué no combinar dos celebraciones hoy, en una sola publicación?”

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El Rev. Klaus Arnold es un nazareno alemán y rector del Colegio Nazareno Europeo en la frontera alemana/suiza. También es un amigo, y él y su esposa fueron nombrados como misioneros globales en nuestra denominación, junto con Emily y yo en febrero 2007. Arnold recientemente escribió un artículo en Holiness Today titulado “Creciendo a la Sombra de Lutero,” en el cual finaliza comparando la teología de Lutero con la de los nazarenos:

En Alemania todos los cristianos, incluyendo los nazarenos, han crecido a la gran sombra de Martín Lutero. Por supuesto, hay diferencias claves. Como Lutero, nosotros los nazarenos creemos que el bautismo es un sacramento: un tiempo donde la gracia de Dios se hace presente en una forma especial. Sin embargo, Lutero fue conocido por afirmar que el bautismo era el medio por el cual Dios nos purifica del pecado original, y esta no es una enseñanza consistente con los estatutos doctrinales de la Iglesia del Nazareno.

Otra diferencia está en las doctrinas de la justificación y santificación. Creemos (como Lutero) que somos justificados solo por gracia por medio de la fe, por lo que Dios hizo a través de la persona y obra de Jesucristo. Sin embargo, para Lutero el cambio de la relación entre un creyente y Dios, es solamente relativa, pero no hay un cambio real en el creyente.

Él creyó que un cristiano es siempre “pecador y justificado” mientras él/ella viva. La Iglesia del Nazareno cree que, mientras que hay un cambio relativo en la justificación, también hay un cambio real que ocurre: llegamos a ser una nueva creación.

El pecado no necesita reinar sobre nosotros, y nosotros no tenemos que pecar deliberada o consistentemente. Con la llenura del amor de Dios a través del Espíritu Santo, nuestra naturaleza pecaminosa es purificada en entera santificación.

La misión de Dios es la renovación de su creación. Y parte de eso es la transformación de los creyentes a la imagen de Dios (a la semejanza de Cristo). Mientras somos llenos con el amor de Dios, queremos compartir eso con el resto de la creación, hacer verdaderamente una diferencia en nuestro mundo y participar en la misión de Dios ¡dondequiera que estemos! Afirmamos, junto con Lutero, que nuestra vida comienza y continúa por gracia a través de la fe en Cristo Jesús.

La Reforma Protestante 500 Años Después

“…ya fuera de día o de noche, cuando la nube se levantaba, los israelitas se ponían en marcha…Cuando el Señor así lo indicaba, los israelitas acampaban o se ponían en marcha. Así obedecían el mandamiento del Señor, según lo que el Señor les había dicho por medio de Moisés” (Números 9:21, 23 NVI).

Octubre 2017 es un mes especial. Marca el 500 aniversario de la Reforma Protestante. Al finalizar este mes, el 31 de octubre, se cumplirán 500 años del día en que Martín Lutero clavó las Noventa y cinco Tesis en la puerta de la Iglesia del Castillo en Wittenberg, Alemania. Este fue el acto que inició todo, que inició el gran y enorme movimiento del Protestantismo, que comenzó la Reforma.

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En la iglesia evangélica – y específicamente en la Iglesia del Nazareno – obviamente, hemos sido impactados en gran manera por la Reforma. Si alguna vez te has preguntado, “¿Por qué hacemos esto o aquello en la Iglesia?,” muchas veces la respuesta se debe, en gran parte, a la Reforma Protestante.

Durante todo este mes, estaremos enfocándonos en su aniversario. Por momentos profundizaremos en las vidas de los Reformadores. En otras ocasiones nos enfocaremos en los postulados centrales de la Reforma (estén pendientes a las “5 Solas”). El propósito primario será ayudarnos a aprender acerca de, y reflexionar sobre este evento de suma importancia; y cómo nos ha traído a este momento en la historia como una Iglesia Cristiana.

Al mismo tiempo, un propósito secundario también está en marcha. Al dedicar un mes a este tema, espero que podamos reconocer que somos una Iglesia que está siempre dispuesta a evaluarse a sí misma y a hacer los ajustes cuando es necesario. No siempre hemos sido buenos en esto a lo largo de la historia, ¿o sí? La iglesia ha sido, comúnmente, la última entidad dentro la sociedad, que está dispuesta a cambiar.

Por lo tanto, durante este mes mi oración es que renovemos nuestro llamado a reformar, empezando con nosotros mismos. Así como los israelitas después del Éxodo, necesitaron estar listos en cualquier momento para seguir a la nube, que nosotros estemos tan sintonizados con la presencia de Dios, que, a su señal, estemos dispuestos a movernos y adaptarnos. ¡Señor, inicia una reforma en mí, y en nosotros!

 

La(s) Reforma(s) de la Iglesia

*Durante el mes de octubre estaremos enfocándonos en el 500 Aniversario de la Reforma Protestante. 

Por Charles W. Christian

Al mirar hacia la Reforma Protestante, recordamos el deseo continuo de Dios de tener una correcta relación con su Iglesia.

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La Reforma antes de Lutero

Aunque el catalizador para la serie de eventos conocidos hoy como la Reforma Protestante se desencadenó en 1517 cuando Martín Lutero publicó sus 95 tesis en las puertas de la iglesia de Wittenburg, hacía tiempo que la Iglesia estaba ya vinculada al proceso de reforma. De hecho, uno podría decir que, desde la caída de Adán y Eva en el Jardín del Edén, Dios ha estado reformando. Hoy en día, la Iglesia continúa su proceso de reforma.

La venida de Jesús y el nuevo Reino que Él encarnó fue una confirmación de la reforma que Dios había estado intentando realizar a través del Antiguo Testamento. Incluso después de la resurrección de Jesús, sus discípulos sintieron la necesidad de una reforma en curso. La experiencia del Pentecostés en Hechos 2 apoyó a la Iglesia en el cumplimiento de el mandato de Jesús (Mateo 28) de “ir a todas las naciones,” porque el Reino de Dios desafía limitaciones y fronteras sociales.

La obra de Dios entre los gentiles por medio de los ministerios de Pedro y Pablo añadieron otra dimensión de reforma, culminando en acuerdos clave entre los líderes de la iglesia primitiva en Hechos 15. A través de las palabras de Pablo y otros escritores, el resto del Nuevo Testamento demuestra una variedad de “mini-reformas” que se necesitaban en medio de una creciente y cambiante feligresía. Dios, amorosa y continuamente, reforma la Iglesia.

La “siguiente generación” de creyentes, comúnmente denominados como los Padres y Madres de la Iglesia, experimentaron oportunidades innumerables de reforma, de las cuales, las más conocidas fueron los Concilios Ecuménicos y la formulación de credos en los primeros ocho siglos de la historia de la Iglesia. Estos pasos hacia la reforma los guiaron a la unidad entre varios grupos, pero también resultó en escisiones. Principalmente, en las ramificaciones orientales y occidentales de la Iglesia (los grupos Ortodoxo y Católico Romano, respectivamente) experimentaron un separación oficial en 1054 d.C.

En el Umbral de Lutero y Más Allá

En la época de Martín Lutero, el escenario había sido apartado especialmente para un renuevo estremecedor. Un siglo antes de Lutero, por ejemplo, un sacerdote y profesor checo llamado Jan Hus (1369-1415) había sido condenado a muerte por escritos y protestas acerca de las acciones de importantes líderes de la iglesia. De hecho, después de que Lutero publicara sus 95 tesis, muchos comenzaron a referirse a Lutero como un ”Hussita moderno.” Muchos factores rodearon la contribución de Lutero a la reforma en los inicios del siglo XVI; su educación, la invención de la imprenta de Gutenburg, y los influyentes amigos de Lutero, permitieron que su mensaje trascendiera los confines de su pueblo y de Alemania, y que se convirtiera en un catalizador clave de las reformas que ya estaban teniendo lugar alrededor del mundo. Desde ahí vinieron otros movimientos: calvinistas, arminianos, anabautistas, cuáqueros, puritanos y wesleyanos, solo por nombrar algunos.

Este artículo fue publicado originalmente en: Holiness Today

El Dios Misionero Se Encarna en Jesucristo

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¡Ya hemos llegado al tiempo de Adviento!

Para los que nacimos en un hogar cristiano, estamos familiarizados con la historia del nacimiento del Hijo de Dios. Todos los años lo celebramos en la iglesia, en las reuniones familiares y entre amigos. Pero para aquel que no es cristiano, o que nació en un hogar musulmán, budista o hindú, la Navidad pasa desapercibida porque, para él, la encarnación de Dios en Cristo no tiene sentido.

Cristo no sólo dejó su hogar para poner su “tienda” y vivir entre nosotros sino que se despojó de sí mismo, para servir y ser igual que los hombres. Jesucristo abandonó su lugar en los cielos y se sujetó voluntariamente a las limitaciones humanas. ¿Y por qué lo hizo? Por amor—el amor más grande que el ser humano haya conocido jamás.

En eso consiste la Navidad: Dios por amor se encarnó para salvar a la humanidad. No usamos esa palabra mucho, ¿verdad? Encarnar significa representar cualidades, acciones, ideas, opiniones, etc. de una persona. De hecho es más que eso; en forma literal, significa vivir en la carne como alguien más vivía o vive en la carne.

Quizás podemos tomar el ejemplo de un embajador. Las funciones de este son representar a su país en uno extranjero, proteger los intereses de su país y sus ciudadanos, negociar, e informarse sobre las condiciones y desenvolvimiento en el nuevo país.

Lo interesante está en las dos últimas funciones.  Algo similar son nuestras funciones cuando encarnamos a Jesús. Somos embajadores de Dios en este mundo (2 Cor. 5:20), entonces la pregunta es: ¿Soy embajador en mi vecindario, en otra cultura, en el trabajo, en la escuela, etc.? ¿Estoy promoviendo relaciones amistosas (y más que eso) entre Dios y aquellos que no lo conocen?

Para comprender las misiones debemos enfocar mayor atención a Jesús, a su misión y al propósito de ésta en el mundo. Durante su tiempo en la tierra él mostró compasión, su ministerio era predicar y enseñar, y llegó hasta la cruz en su sacrificio por los pecadores. Y lo increíble es: ¡Al resucitar mandó a sus seguidores a predicar por todo el mundo, siendo sus manos y pies, encarnándonos en el mundo cómo él hizo por nosotros!

En la próxima entrada hablaremos de esto más, y como somos enviados por él quien fue enviado.

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