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Vivificar

Freya Galindo Guevara

A lo largo de nuestra vida seguramente hemos tenido que atravesar por alguna o varias situaciones que nos han desanimado o desalentado, donde nos hemos sentido abatidos, afligidos, y preocupados.  Quizá nos hemos sentido debilitados, sin fuerzas, o como si hubiéramos perdido nuestra energía.  Y muchas veces en lugar de que estos momentos nos acerquen más a Dios, nos alejan de Él poco a poco y terminamos por desenfocarnos.

Vivificar significa dar vitalidad o fuerza a una persona que estaba débil o a una cosa que había perdido la energía.  Lo contrario de vivificar es desanimar o desalentar.

El Salmo 119 es conocido como el capítulo más largo de la Biblia. Hay mucho que se puede decir sobre este Salmo: tiene una división en 22 apartados (de 8 versículos cada uno) que están identificados por una letra del alfabeto hebreo; a lo largo del pasaje hay varios términos que se utilizan como sinónimo de la ley de Dios (palabra, mandamientos, estatutos, dichos, juicios, testimonios); el salmista hace comparaciones entre andar en los mandamientos de Dios y andar en los caminos propios del ser humano, además de todos los elogios que recibe la Palabra de Dios, entre otros aspectos.

La primera vez que encontramos el término VIVIFICAR en el Salmo 119 es en el versículo 25 que dice: “Abatida hasta el polvo está mi alma; vivifícame según tu palabra.” Y al continuar leyendo todo el capítulo el verbo vivificar aparece nueve veces más, ¿no es interesante? Si buscas este mismo término en toda la Biblia aparece 22 veces en total, ¡y diez de ellas están en un solo salmo!  

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Tal vez vivificar no es un verbo que utilicemos muy a menudo cuando nos referimos a las Escrituras, y esto me ha hecho pensar: conocemos que la Biblia es nuestro instructivo, nuestro mapa, y nuestra luz.  Pero, ¿cuántas veces proclamamos que la Biblia tiene la capacidad de VIVIFICAR?

Si estamos desanimados, afligidos, abatidos, si sentimos que no tenemos fuerzas o estamos debilitados, ¿nos acercamos inmediatamente a la Biblia para que Dios, a través de su Palabra, nos dé fuerzas, vitalidad y energía? Quizá sí nos acercamos a la Biblia, pero no inmediatamente. Sin embargo ¡esa es la respuesta! La manera en que el Señor puede vivificarnos es si lo buscamos mediante su misma Palabra: “Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado” (Sal. 119:93).

La próxima vez que te sientas desanimado o desalentado ¡abre tu Biblia! Las palabras ahí plasmadas pueden animarte, alentarte, sí, definitivamente ¡pueden vivificarte!

 

Una Propuesta Riesgosa

Por Scott Armstrong

Recientemente he estado pensando en la parábola de los talentos. Y me ha inquietado.

Conoces la historia, ¿cierto? Mateo 15 nos dice que un hombre le da a uno de sus siervos cinco talentos, al otro le da dos, y al último le da uno. Después de pasar mucho tiempo lejos, el amo regresa para encontrar que los siervos han duplicado el dinero (en aquel tiempo el valor de un talento era de más de mil dólares; ¡esa es una buena inversión!). El tercer siervo fue cauteloso. Él no desperdició el dinero, en sí, pero tampoco lo invirtió. Lo enterró, asegurándose que su amo recibiera de nuevo su talento una vez que regresara; sin problema.

Excepto que, ¡esto fue un gran problema! El juicio contra este hombre fue severo, incluyendo “tinieblas,” y también “lloro y crujir de dientes.”

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Constantemente he escuchado (incluso he predicado) sobre este pasaje, que debemos ser buenos administradores con nuestro dinero, cuidándolo, y usándolo sabiamente para el Reino. Estos son principios buenos para adherir, pero no es exactamente lo que está ocurriendo en esta historia.

La parábola de los talentos es menos sobre “usar nuestros talentos sabiamente” y habla más sobre arriesgar todo por el Amo y su Reino. Quiero decir, ¿qué hubiera pasado si las estrategias de inversión de los primeros dos obreros fracasaban? ¡Por lo menos el último siervo no hubiera perdido mil dólares! En retrospectiva podemos justificar el riesgo, pero verdaderamente ¡fue una decisión radical la de esos dos hombres!

El incremento masivo de los talentos de esos dos siervos, quienes arriesgaron todo, no es una lección sobre una sabia administración del dinero. Es un llamado a dar el paso y salir de lo seguro y lo convencional para vivir por fe. Poner todo en manos de Dios es la mejor inversión que podemos hacer, pero mientras tanto será también una aventura emocionante.

¿Cuándo fue la última vez que tomaste un riesgo que te dejó boquiabierto y con el estómago revuelto? ¿Cuándo fue la última vez que diste un paso de fe a tal grado que sabías que fracasarías si Dios no estaba ahí?

Hay un momento asombroso en el libro de Éxodo cuando la nación de Israel se encuentra a orillas del Mar Rojo. Los carros del Faraón se están acercando rápidamente, Moisés y su pueblo comienzan a rogar a Dios que los salve. La respuesta de Dios es bastante contundente: ¿Por qué clamas a mí? ¡Ordena a los israelitas que se pongan en marcha! (Ex. 14:15 NVI). ¿En marcha, Dios? Te refieres, en marcha ¡¿hacia el Mar Rojo?! ¿No ves el problema con esto?

Para ser más claro, Dios estaba diciendo, “¡Dejen de orar y muévanse!”

Creo que éste es un mensaje que muchos de nosotros necesitamos escuchar…y obedecer. Sin embargo, muchos cristianos son las personas que conozco tienen más temor al riesgo. Estamos más preocupados con nuestra propia seguridad que con el anhelo de cambiar el mundo. Preferimos estar cómodos e ir al cielo que compartir con otros para que ellos no vayan al infierno.

Ese no es el evangelio que Jesús predica. Leonard Sweet, en su libro La Vida Bien Jugada, dice “Jesús no quiere que sus seguidores, de cualquier edad, se acomoden y agachen sus cabezas. Los discípulos no son llamados a evitar riesgos de gran escala y desafíos genuinos. Un discípulo de Jesús opera en un mundo de riesgo. Jesús mismo se colocó en la línea de fuego de la historia. Algunas veces, también Él nos llama a colocarnos en la línea de fuego de la historia” (p. 169).

Enlistarse para ir a las líneas de fuego va en contra del sentido común más básico, así como del instinto humano de autoprotección. Sin embargo, parece que encaja perfectamente en el Reino: “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará” (Mt. 16:25 NVI).

¿Estás conmigo? Entonces dejemos de enterrar nuestros talentos, y comencemos a invertirlos audazmente. Dejemos de quejarnos sobre el ejército detrás de nosotros y caminemos hacia el Mar Rojo frente a nosotros. Las líneas de fuego y un mundo transformado nos esperan.

 

¿Intachable? ¡Eso es Imposible!

“Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo:—Yo soy el Dios Todopoderoso. Vive en mi presencia y sé intachable. Así confirmaré mi pacto contigo, y multiplicaré tu descendencia en gran manera.” (Génesis 17:1-2)

Por Emily Armstrong

Dios está renovando su pacto con Abraham de que la promesa de una gran nación vendría de Abraham y Sarah. El versículo 1 del capítulo 17 de Génesis dice que Abraham tiene 99 años cuando Dios tiene esa conversación con Él. Solo puedo imaginar lo que Él estaba pensando, “Bueno, Dios, seré padre por primera vez, pero solo con tu ayuda.” Mientras estamos hablando de hacer lo imposible, ¿nos perdimos la pequeña pero significativa frase en el versículo 1 que dice, “vive delante de mí, y sé intachable.”? Otra vez, Abraham tiene que estar pensando, “Bueno, Dios, pero solo con tu ayuda.”

¿Realmente Dios esperaba que Abraham se convirtiera en padre a la edad de 99? Sí.

¿Realmente Dios esperaba que Abraham anduviera delante de Él y fuera intachable? Por supuesto. Y Dios espera lo mismo de nosotros. ¿Es una expectativa justa? Sí, pero solo porque tenemos el Espíritu Santo en nuestras vidas. El Espíritu Santo nos ayuda a tomar las decisiones correctas, y nos ayuda continuamente a andar delante de Dios y ser perfectos. Esto no significa que el Espíritu Santo decide por nosotros, sino que continuamente nos está guiando por los caminos correctos, si se lo permitimos.

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Recuerdo que cuando estaba en la universidad, de verdad empecé a luchar con el concepto de ser intachable. He sido cristiana desde que era pequeña, pero el Espíritu Santo empezó a hablarme acerca de la música que escuchaba. No era una música MALA, pero ciertamente no era la mejor. Realmente tuve que luchar con el Señor y ver si lo que estaba escuchando era para ayudarme a que mi relación con Él creciera y se fortaleciera. Estoy segura que no te sorprende descubrir que me di cuenta que el Espíritu Santo estaba en lo correcto, así que hice algunos cambios en la música que escuchaba. Fue difícil y fue un proceso, pero sé que eso me ha ayudado hasta este día a andar de forma intachable delante de Dios.

Entonces, ¿estás listo? ¿Has sentido que el Espíritu Santo te ha hablado sobre algunos de los hábitos que tienes y que te detienen de andar intachable delante de Dios? Si es así, empieza a evaluar los cambios que necesitas hacer, y comienza a hacerlos. Muy pronto aprenderás como yo, que caminar siendo intachable es posible, con la ayuda de Dios.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

No Estoy Avergonzado

“Así que no estén avergonzados de testificar acerca del Señor.” Ahí está, en blanco y negro en el versículo 8 del primer capítulo de 2ª de Timoteo. Sin alejarse de eso; testificar acerca de lo que Jesús está haciendo en nuestras vidas es la expectativa. Es lo que los cristianos hacen. Entonces, ¿por qué hacerlo es tan difícil?

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He sido un misionero en varios países por los últimos años, y me he dado cuenta que durante ese periodo de tiempo yo, también, entro en la categoría de estar “asustado” de compartir con no creyentes lo que Dios hizo en mi vida. Como misionero, parte de mi descripción de trabajo es estar listo para compartir de Jesucristo todo el tiempo con cualquier persona que encuentre. Pero es lo suficientemente asombroso que eso, también, era parte de mi descripción de trabajo antes de que me convirtiera en misionero. Es algo que he tenido que estar haciendo diariamente desde el día en que me convertí en cristiano.

Tal vez tú estás pensando que no has experimentado suficiente. ¿De cualquier forma qué dirías? Bueno, ¿Dios está trabajando en tu vida? ¿Has visto su mano sanadora, o su mano de protección, o su mano de misericordia? Esas son historias que tú puedes compartir – nadie puede decir que eso no sucedió. Quizá ellos no creerán que Dios hizo todo, pero eso no debería detenerte de compartirles. Cada vez que compartes acerca de la grandeza de Dios, una semilla ha sido plantada.

Entonces, ¿estás listo para empezar a compartir con tus amigos lo que Dios está haciendo en tu vida? No te avergüences de testificar acerca de lo asombroso que es Dios. De hecho, una vez que empiezas a hacerlo, te darás cuenta que se vuelve más fácil. Así como todo lo demás, la práctica hace al maestro.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

Caminar una Milla en los Zapatos de Otro

“Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.” (Juan 4:5-9)

Por Scott Armstrong

¿Te has dado cuenta alguna vez lo bueno que es Jesús poniéndose en los zapatos de alguien más? En este pasaje, lo vemos haciéndolo otra vez. Jesús es un judío que está de camino a Galilea, y decide viajar A TRAVÉS de Samaria, en lugar de rodearla como la mayoría de los otros judíos de aquel tiempo. Los judíos hacían todo lo posible para permanecer lejos de Samaria y los samaritanos, y los samaritanos se sentían igual respecto a los judíos. Jesús no es un judío común. Jesús caminó hacia Samaria y se sentó en un lugar común de reunión para las mujeres. Es como si Él quisiera tener una conversación con alguien que viene a sacar agua del pozo. Y es exactamente lo que ocurre.

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En el momento en que Jesús pone un pie en las fronteras de Samaria, Él se convierte en el discriminado. No por coincidencia, Jesús encuentra a la mujer samaritana – quien era discriminada en su propia ciudad.

Creo que esta es una lección que todos debemos aprender lo más temprano posible en la vida. ¿Por qué la popularidad es TAN importante para nosotros cuando estamos en la secundaria o el bachillerato? ¿Por qué excluimos a las personas, solo porque se visten diferente o hablan diferente o no pertenecen a los mismos círculos sociales que nosotros? ¿Por qué no podemos ponernos a nosotros mismos en las situaciones de otras personas?

¿Cómo podrías ministrar a alguien que es excluido? En esta escritura, vemos que Jesús se convirtió en el discriminado para ministrar a la discriminada – y eso cambió su vida. ¿Podría Jesús estar llamándote para encontrar a alguien que necesita un amigo? Yo pienso que por lo menos Él nos está llamando a ver el mundo como Él, y empezar a incluir a los excluidos. Tal vez eso significa mirar afuera de nuestro “círculo” normal e involucrar a caras nuevas. Quizá eso significa integrar a tu grupo de jóvenes, y que los mayores conozcan a los menores, y viceversa. Cualquiera que sea el paso, empieza a darlo ahora. Cambia el mundo – una persona a la vez.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

Donde hay Voluntad, hay una Manera

“La palabra del Señor vino a mí: Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones. Yo le respondí: ¡Ah, Señor mi Dios! ¡Soy muy joven, y no sé hablar! Pero el Señor me dijo: No digas: ‘Soy muy joven’, porque vas a ir adondequiera que yo te envíe, y vas a decir todo lo que yo te ordene. No le temas a nadie, que yo estoy contigo para librarte. Lo afirma el Señor. Luego extendió el Señor la mano y, tocándome la boca, me dijo: He puesto en tu boca mis palabras.”

Por Emily Armstrong

Dios está llamando a Jeremías a ser un profeta, y Él lo llama muy claramente. Incluso después de saber EXACTAMENTE lo que Dios quiere que él haga, Jeremías todavía dice, “Yo no sé cómo hablar” – él empieza a ofrecer excusas de porqué él no puede hacer lo que Dios le está llamando a hacer. Parece que Dios lo toma con calma y le dice que no se preocupe; Él estaría con Jeremías e incluso va más alla, ¡poniendo las palabras en su boca! No sé tú, pero parece que ¡Jeremías se queda sin excusas!

¿Te has sentido así alguna vez? ¿Que tú sinceramente preguntas a Dios lo que Él quiere hacer con tu día, tu semana, tu vida, y la respuesta que Él te da parece imposible? Cuando le pedimos algo a Dios, ¿de verdad estamos listos para escuchar lo que Él tiene para decirnos?

Cuando mi hijo era pequeño a él constantemente le gustaba darme dos opciones para elegir, como por ejemplo “Mamá, ¿quieres este bloque amarillo o este bloque azul?” Después de que elegía el color que yo prefería, él me miraba y me decía si había elegido el correcto. Y no, no resultaba ser la opción elegida, y la verdad es que él no quería saber lo que yo quería. Desde el principio él sabía que me iba a dar el bloque amarillo, lo eligiera o no.

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Creo que muchas veces nos acercamos a Dios de esa manera. “Ok, Dios, tengo que tomar una decisión – ¿quieres que le hable a la nueva chica de la clase, o debería dejarle eso a alguien más?” Desde el principio estamos esperando que Dios nos diga que le dejemos eso a alguien más, y cuando Él dice, “Sí, quiero que le hables a la nueva chica,” le decimos que no estamos preparados para hacerlo…¿podría él hacernos la misma pregunta mañana?

Muchas veces Dios deja muy claro lo que quiere que hagamos y quiere que seamos obedientes a Él. Más vale que tengamos una muy buena excusa de porqué NO podríamos hacerlo, pero normalmente Dios puede resolver eso. Así como con Jeremías, Dios proveerá una manera para hacer su voluntad.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

Señor, Enséñanos a Orar

“Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: —Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos. Él les dijo:—Cuando oren, digan: ‘Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Danos cada día nuestro pan cotidiano. Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden. Y no nos metas en tentación.’” (Lucas 11:1-4)

Por Emily Armstrong

Creo que todos podemos estar de acuerdo en que Jesús fue un excelente maestro. Después de todo, Él siempre tenía cientos o miles de personas siguiéndolo y pendientes de cada palabra suya. Él contó muchas historias buenas y vivió exactamente lo que enseñó. Este maestro también era un guerrero de oración, y yo creo que fue sabio de parte de los discípulos pedirle al mejor maestro de la historia que les enseñara a orar (v.1). ¡¿Te imaginas recibir clases de oración de parte de Jesús?! La oración es simplemente el acto de hablar con Dios, y Jesús no podía parar de hacerlo.

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¿Por qué para nosotros es tan difícil orar? Creo que es porque todavía pensamos que solo hay una manera de hacerlo – encerrarte en un armario oscuro y derramar tu corazón ante Dios durante, por lo menos, una hora cada día. En este punto de mi vida, no tengo ni una hora para comer almuerzo, mucho menos para encerrarme en un armario oscuro. He encontrado que tener periodos cortos de oración con Dios durante el día, me ha ayudado a permanecer constante en mi vida de oración. Casi cada día tengo un tiempo especial de oración, donde escribo mis pensamientos, oraciones, esperanzas y peticiones. Este es mi tiempo de oración realmente enfocado, y me he dado cuenta que, sentarme con mi diario y lapicero, de verdad me ayuda a bloquear las otras distracciones alrededor de mí. PERO, no dejo mi vida de oración cuando cierro mi diario. Durante todo el día, si pienso en algo sobre lo que necesito orar, me detengo y hago una oración de 30 segundos. Mantener la oración como una constante a todas horas me ha ayudado a mantenerme enfocado en Dios durante el día.

Si necesitas establecer una mejor vida de oración, lo mejor que puedes hacer es empezar con algo pequeño. Dale a Dios algunos minutos cada día y muy pronto te darás cuenta que no puedes parar de hacerlo – así como Jesús.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

De Extraño a Señor

Por Scott Armstrong

Estaba en séptimo grado cuando me llegó la noticia: el nuevo pastor de jóvenes estará en la iglesia este miércoles. Un hombre llamado Ed Belzer. Había escuchado que él era agradable, chistoso, y que realmente amaba a los adolescentes. Pero yo quería verlo con mis propios ojos.

Ese miércoles yo estaba hablando con un amigo en el lobby cuando alguien vino detrás de mí y dio un sofocante “abrazo de oso”. ¿Quién era? ¿Qué es lo que iba a hacer? Me puse alerta. No podía mover mis brazos, así que rápidamente, lo más fuerte que pude, le di una patada al ofensor. Él exhaló muy fuerte y me liberó. Me di la vuelta para ver a nuestro nuevo pastor de jóvenes doblado en el piso. “Hola. Soy Ed,” él hizo una mueca y me dio su mano.

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Rápidamente llegué a conocer a este hombre durante los siguientes meses y años. Este extraño a quien conocí tan brutalmente, pronto se convirtió en mi pastor y el hombre a cargo. Antes de saberlo, este líder se convirtió en la persona que más me escuchaba, mientras atravesaba mis momentos más difíciles. Ahora, después de años de compartir y orar juntos, lo considero uno de mis amigos más cercanos.

Creo que eso en parte explica lo que sucede en el pasaje que leemos. ¿Te das cuenta cómo el hombre ciego se refiere a Jesús? En Juan 9:11, él, básicamente, le dice a la multitud que “aquel hombre que se llama Jesús” lo sanó (“Ese hombre que se llama Jesús hizo un poco de barro, me lo untó en los ojos y me dijo: ‘Ve y lávate en Siloé’. Así que fui, me lavé, y entonces pude ver.”). Después, él decide que Jesús es un profeta (v.17). Mientras recibe amenazas y es forzado a luchar con lo que le ha pasado, él valientemente les dice a quienes lo critican que este Jesús, sin lugar a duda, viene de Dios (v.33 “Si este hombre no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada.”). Más adelante, este mismo Jesús busca al hombre que sanó y todo el encuentro produce una transformación extraordinaria: “Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró” (v. 38). ¡Wow! ¡En un día, un hombre que había nacido ciego fue salvo de su oscuridad física Y espiritual! ¡Este extraño llamado Jesús se había convertido en su Señor!

¿Dónde estás tú en este camino de descubrir quién es Dios? ¡Sigue buscándole, porque tu relación con Él crecerá más y más con cada día que pase!

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

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