Archivo de la categoría: Vida Devocional

¿Intachable? ¡Eso es Imposible!

“Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo:—Yo soy el Dios Todopoderoso. Vive en mi presencia y sé intachable. Así confirmaré mi pacto contigo, y multiplicaré tu descendencia en gran manera.” (Génesis 17:1-2)

Por Emily Armstrong

Dios está renovando su pacto con Abraham de que la promesa de una gran nación vendría de Abraham y Sarah. El versículo 1 del capítulo 17 de Génesis dice que Abraham tiene 99 años cuando Dios tiene esa conversación con Él. Solo puedo imaginar lo que Él estaba pensando, “Bueno, Dios, seré padre por primera vez, pero solo con tu ayuda.” Mientras estamos hablando de hacer lo imposible, ¿nos perdimos la pequeña pero significativa frase en el versículo 1 que dice, “vive delante de mí, y sé intachable.”? Otra vez, Abraham tiene que estar pensando, “Bueno, Dios, pero solo con tu ayuda.”

¿Realmente Dios esperaba que Abraham se convirtiera en padre a la edad de 99? Sí.

¿Realmente Dios esperaba que Abraham anduviera delante de Él y fuera intachable? Por supuesto. Y Dios espera lo mismo de nosotros. ¿Es una expectativa justa? Sí, pero solo porque tenemos el Espíritu Santo en nuestras vidas. El Espíritu Santo nos ayuda a tomar las decisiones correctas, y nos ayuda continuamente a andar delante de Dios y ser perfectos. Esto no significa que el Espíritu Santo decide por nosotros, sino que continuamente nos está guiando por los caminos correctos, si se lo permitimos.

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Recuerdo que cuando estaba en la universidad, de verdad empecé a luchar con el concepto de ser intachable. He sido cristiana desde que era pequeña, pero el Espíritu Santo empezó a hablarme acerca de la música que escuchaba. No era una música MALA, pero ciertamente no era la mejor. Realmente tuve que luchar con el Señor y ver si lo que estaba escuchando era para ayudarme a que mi relación con Él creciera y se fortaleciera. Estoy segura que no te sorprende descubrir que me di cuenta que el Espíritu Santo estaba en lo correcto, así que hice algunos cambios en la música que escuchaba. Fue difícil y fue un proceso, pero sé que eso me ha ayudado hasta este día a andar de forma intachable delante de Dios.

Entonces, ¿estás listo? ¿Has sentido que el Espíritu Santo te ha hablado sobre algunos de los hábitos que tienes y que te detienen de andar intachable delante de Dios? Si es así, empieza a evaluar los cambios que necesitas hacer, y comienza a hacerlos. Muy pronto aprenderás como yo, que caminar siendo intachable es posible, con la ayuda de Dios.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

No Estoy Avergonzado

“Así que no estén avergonzados de testificar acerca del Señor.” Ahí está, en blanco y negro en el versículo 8 del primer capítulo de 2ª de Timoteo. Sin alejarse de eso; testificar acerca de lo que Jesús está haciendo en nuestras vidas es la expectativa. Es lo que los cristianos hacen. Entonces, ¿por qué hacerlo es tan difícil?

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He sido un misionero en varios países por los últimos años, y me he dado cuenta que durante ese periodo de tiempo yo, también, entro en la categoría de estar “asustado” de compartir con no creyentes lo que Dios hizo en mi vida. Como misionero, parte de mi descripción de trabajo es estar listo para compartir de Jesucristo todo el tiempo con cualquier persona que encuentre. Pero es lo suficientemente asombroso que eso, también, era parte de mi descripción de trabajo antes de que me convirtiera en misionero. Es algo que he tenido que estar haciendo diariamente desde el día en que me convertí en cristiano.

Tal vez tú estás pensando que no has experimentado suficiente. ¿De cualquier forma qué dirías? Bueno, ¿Dios está trabajando en tu vida? ¿Has visto su mano sanadora, o su mano de protección, o su mano de misericordia? Esas son historias que tú puedes compartir – nadie puede decir que eso no sucedió. Quizá ellos no creerán que Dios hizo todo, pero eso no debería detenerte de compartirles. Cada vez que compartes acerca de la grandeza de Dios, una semilla ha sido plantada.

Entonces, ¿estás listo para empezar a compartir con tus amigos lo que Dios está haciendo en tu vida? No te avergüences de testificar acerca de lo asombroso que es Dios. De hecho, una vez que empiezas a hacerlo, te darás cuenta que se vuelve más fácil. Así como todo lo demás, la práctica hace al maestro.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

Caminar una Milla en los Zapatos de Otro

“Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.” (Juan 4:5-9)

Por Scott Armstrong

¿Te has dado cuenta alguna vez lo bueno que es Jesús poniéndose en los zapatos de alguien más? En este pasaje, lo vemos haciéndolo otra vez. Jesús es un judío que está de camino a Galilea, y decide viajar A TRAVÉS de Samaria, en lugar de rodearla como la mayoría de los otros judíos de aquel tiempo. Los judíos hacían todo lo posible para permanecer lejos de Samaria y los samaritanos, y los samaritanos se sentían igual respecto a los judíos. Jesús no es un judío común. Jesús caminó hacia Samaria y se sentó en un lugar común de reunión para las mujeres. Es como si Él quisiera tener una conversación con alguien que viene a sacar agua del pozo. Y es exactamente lo que ocurre.

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En el momento en que Jesús pone un pie en las fronteras de Samaria, Él se convierte en el discriminado. No por coincidencia, Jesús encuentra a la mujer samaritana – quien era discriminada en su propia ciudad.

Creo que esta es una lección que todos debemos aprender lo más temprano posible en la vida. ¿Por qué la popularidad es TAN importante para nosotros cuando estamos en la secundaria o el bachillerato? ¿Por qué excluimos a las personas, solo porque se visten diferente o hablan diferente o no pertenecen a los mismos círculos sociales que nosotros? ¿Por qué no podemos ponernos a nosotros mismos en las situaciones de otras personas?

¿Cómo podrías ministrar a alguien que es excluido? En esta escritura, vemos que Jesús se convirtió en el discriminado para ministrar a la discriminada – y eso cambió su vida. ¿Podría Jesús estar llamándote para encontrar a alguien que necesita un amigo? Yo pienso que por lo menos Él nos está llamando a ver el mundo como Él, y empezar a incluir a los excluidos. Tal vez eso significa mirar afuera de nuestro “círculo” normal e involucrar a caras nuevas. Quizá eso significa integrar a tu grupo de jóvenes, y que los mayores conozcan a los menores, y viceversa. Cualquiera que sea el paso, empieza a darlo ahora. Cambia el mundo – una persona a la vez.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

Donde hay Voluntad, hay una Manera

“La palabra del Señor vino a mí: Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones. Yo le respondí: ¡Ah, Señor mi Dios! ¡Soy muy joven, y no sé hablar! Pero el Señor me dijo: No digas: ‘Soy muy joven’, porque vas a ir adondequiera que yo te envíe, y vas a decir todo lo que yo te ordene. No le temas a nadie, que yo estoy contigo para librarte. Lo afirma el Señor. Luego extendió el Señor la mano y, tocándome la boca, me dijo: He puesto en tu boca mis palabras.”

Por Emily Armstrong

Dios está llamando a Jeremías a ser un profeta, y Él lo llama muy claramente. Incluso después de saber EXACTAMENTE lo que Dios quiere que él haga, Jeremías todavía dice, “Yo no sé cómo hablar” – él empieza a ofrecer excusas de porqué él no puede hacer lo que Dios le está llamando a hacer. Parece que Dios lo toma con calma y le dice que no se preocupe; Él estaría con Jeremías e incluso va más alla, ¡poniendo las palabras en su boca! No sé tú, pero parece que ¡Jeremías se queda sin excusas!

¿Te has sentido así alguna vez? ¿Que tú sinceramente preguntas a Dios lo que Él quiere hacer con tu día, tu semana, tu vida, y la respuesta que Él te da parece imposible? Cuando le pedimos algo a Dios, ¿de verdad estamos listos para escuchar lo que Él tiene para decirnos?

Cuando mi hijo era pequeño a él constantemente le gustaba darme dos opciones para elegir, como por ejemplo “Mamá, ¿quieres este bloque amarillo o este bloque azul?” Después de que elegía el color que yo prefería, él me miraba y me decía si había elegido el correcto. Y no, no resultaba ser la opción elegida, y la verdad es que él no quería saber lo que yo quería. Desde el principio él sabía que me iba a dar el bloque amarillo, lo eligiera o no.

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Creo que muchas veces nos acercamos a Dios de esa manera. “Ok, Dios, tengo que tomar una decisión – ¿quieres que le hable a la nueva chica de la clase, o debería dejarle eso a alguien más?” Desde el principio estamos esperando que Dios nos diga que le dejemos eso a alguien más, y cuando Él dice, “Sí, quiero que le hables a la nueva chica,” le decimos que no estamos preparados para hacerlo…¿podría él hacernos la misma pregunta mañana?

Muchas veces Dios deja muy claro lo que quiere que hagamos y quiere que seamos obedientes a Él. Más vale que tengamos una muy buena excusa de porqué NO podríamos hacerlo, pero normalmente Dios puede resolver eso. Así como con Jeremías, Dios proveerá una manera para hacer su voluntad.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

Señor, Enséñanos a Orar

“Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: —Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos. Él les dijo:—Cuando oren, digan: ‘Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Danos cada día nuestro pan cotidiano. Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden. Y no nos metas en tentación.’” (Lucas 11:1-4)

Por Emily Armstrong

Creo que todos podemos estar de acuerdo en que Jesús fue un excelente maestro. Después de todo, Él siempre tenía cientos o miles de personas siguiéndolo y pendientes de cada palabra suya. Él contó muchas historias buenas y vivió exactamente lo que enseñó. Este maestro también era un guerrero de oración, y yo creo que fue sabio de parte de los discípulos pedirle al mejor maestro de la historia que les enseñara a orar (v.1). ¡¿Te imaginas recibir clases de oración de parte de Jesús?! La oración es simplemente el acto de hablar con Dios, y Jesús no podía parar de hacerlo.

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¿Por qué para nosotros es tan difícil orar? Creo que es porque todavía pensamos que solo hay una manera de hacerlo – encerrarte en un armario oscuro y derramar tu corazón ante Dios durante, por lo menos, una hora cada día. En este punto de mi vida, no tengo ni una hora para comer almuerzo, mucho menos para encerrarme en un armario oscuro. He encontrado que tener periodos cortos de oración con Dios durante el día, me ha ayudado a permanecer constante en mi vida de oración. Casi cada día tengo un tiempo especial de oración, donde escribo mis pensamientos, oraciones, esperanzas y peticiones. Este es mi tiempo de oración realmente enfocado, y me he dado cuenta que, sentarme con mi diario y lapicero, de verdad me ayuda a bloquear las otras distracciones alrededor de mí. PERO, no dejo mi vida de oración cuando cierro mi diario. Durante todo el día, si pienso en algo sobre lo que necesito orar, me detengo y hago una oración de 30 segundos. Mantener la oración como una constante a todas horas me ha ayudado a mantenerme enfocado en Dios durante el día.

Si necesitas establecer una mejor vida de oración, lo mejor que puedes hacer es empezar con algo pequeño. Dale a Dios algunos minutos cada día y muy pronto te darás cuenta que no puedes parar de hacerlo – así como Jesús.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

De Extraño a Señor

Por Scott Armstrong

Estaba en séptimo grado cuando me llegó la noticia: el nuevo pastor de jóvenes estará en la iglesia este miércoles. Un hombre llamado Ed Belzer. Había escuchado que él era agradable, chistoso, y que realmente amaba a los adolescentes. Pero yo quería verlo con mis propios ojos.

Ese miércoles yo estaba hablando con un amigo en el lobby cuando alguien vino detrás de mí y dio un sofocante “abrazo de oso”. ¿Quién era? ¿Qué es lo que iba a hacer? Me puse alerta. No podía mover mis brazos, así que rápidamente, lo más fuerte que pude, le di una patada al ofensor. Él exhaló muy fuerte y me liberó. Me di la vuelta para ver a nuestro nuevo pastor de jóvenes doblado en el piso. “Hola. Soy Ed,” él hizo una mueca y me dio su mano.

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Rápidamente llegué a conocer a este hombre durante los siguientes meses y años. Este extraño a quien conocí tan brutalmente, pronto se convirtió en mi pastor y el hombre a cargo. Antes de saberlo, este líder se convirtió en la persona que más me escuchaba, mientras atravesaba mis momentos más difíciles. Ahora, después de años de compartir y orar juntos, lo considero uno de mis amigos más cercanos.

Creo que eso en parte explica lo que sucede en el pasaje que leemos. ¿Te das cuenta cómo el hombre ciego se refiere a Jesús? En Juan 9:11, él, básicamente, le dice a la multitud que “aquel hombre que se llama Jesús” lo sanó (“Ese hombre que se llama Jesús hizo un poco de barro, me lo untó en los ojos y me dijo: ‘Ve y lávate en Siloé’. Así que fui, me lavé, y entonces pude ver.”). Después, él decide que Jesús es un profeta (v.17). Mientras recibe amenazas y es forzado a luchar con lo que le ha pasado, él valientemente les dice a quienes lo critican que este Jesús, sin lugar a duda, viene de Dios (v.33 “Si este hombre no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada.”). Más adelante, este mismo Jesús busca al hombre que sanó y todo el encuentro produce una transformación extraordinaria: “Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró” (v. 38). ¡Wow! ¡En un día, un hombre que había nacido ciego fue salvo de su oscuridad física Y espiritual! ¡Este extraño llamado Jesús se había convertido en su Señor!

¿Dónde estás tú en este camino de descubrir quién es Dios? ¡Sigue buscándole, porque tu relación con Él crecerá más y más con cada día que pase!

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

Causa y Efecto

“A su paso, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. 2 Y sus discípulos le preguntaron:—Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres? —Ni él pecó, ni sus padres —respondió Jesús—, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.” (Juan 9:1-3)

Por Scott Armstrong

No soy un científico, pero recuerdo algunas cosas de mis clases de física en secundaria. Recuerdo que la Ley de Causa y Efecto es muy importante. En química, cuando mezclé químico A con químico B (causa), hubo una pequeña explosión (efecto). ¡Genial! Cuando estamos enfermos, tomamos medicina (causa) para sentirnos mejor (efecto). La Ley de Causa y Efecto está por todas partes, y ayuda a que nuestro loco mundo tenga sentido.

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Así que no deberíamos estar sorprendidos cuando queremos reducir todo lo espiritual a una simple causa y efecto. Ya has escuchado antes: si confías en Dios, Él te hará rico con casas, carros y mucho dinero. Del otro lado, si una cristiana desarrolla cáncer (efecto), tiene que haber una causa espiritual, ¿cierto? Ella está carente de fe. O quizá secretamente ¡ha estado pecando (¡ah!)!

En los días de Jesús, la gente llevó esta ley aún más lejos. En Juan 9, Jesús y sus discípulos pasaron por el camino donde estaba un hombre ciego. Obviamente estaba ciego por su propio pecado–o incluso el de sus padres, ¿cierto (v.2)? Esto tiene más sentido–si la gente solo sufre o experimenta dificultades en la vida por las cosas tontas que hacen, eso encaja en nuestra idea de lo que es justo y correcto. Él o su familia había pecado (causa). Por lo tanto, este hombre es ciego (efecto).

Jesús descarta esa teoría. Ni él ni sus padres han hecho algo malo. Este hombre nació ciego ¡para que la gente pudiera ver la obra de Dios en su vida (v.3)! Había un propósito divino incluso en la incapacidad de este hombre para ver.

Me pregunto si vemos las dificultades en nuestra vida de la misma manera. Seguro, muchas veces traemos malas cosas sobre nosotros como resultado de nuestras decisiones tontas o por el pecado en nuestras vidas. Pero algunas veces suceden malas cosas a la gente buena simplemente para que la obra de Dios se muestre en nuestras vidas. No siempre lo entendemos. De hecho, algunas veces aquellos a nuestro alrededor, reaccionarán con incredulidad o sorpresa (vean el resto del capítulo 9). Pero Dios tiene un plan. No sé tú, pero esto hace que la oscuridad del momento se vea mucho más manejable. Él estará con nosotros y trabajará en nosotros hasta que su propósito se cumpla en nuestra vida.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong, para adolescentes y jóvenes. 

Siendo como Ellos

Por Freya Galindo Guevara

“…Me hice todo para todos, a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles.” 1 Corintios 9:22 

Cuando el mensaje de salvación ha cambiado nuestras vidas, llegamos a estar apasionados por compartirlo. Y eso implica que tendremos que buscar las mejores formas de hacerlo con ánimo y eficacia. El apóstol Pablo tenía un anhelo intenso de compartir con otras personas la Palabra de Dios y su propio testimonio. No obstante, él se da cuenta de algo: aunque quiere compartir con toda la gente, conforme va recorriendo las ciudades y los pueblos se percata de que todos son distintos.  Se ven, hablan, piensan y se comportan de manera distinta. ¿Será que se puede compartir el mismo mensaje con personas tan diferentes?

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Él mismo nos da la respuesta: sí. Pablo menciona que por voluntad propia decide actuar como un siervo y así alcanzar a la mayor cantidad de gente posible. Sus principios no cambian, tampoco su identidad que está arraigada en Cristo, pero sí trata de introducirse en el ambiente de distintos grupos de personas.  Y su único propósito es compartirles el mensaje del evangelio, no solo hablándoles sino también viviendo como ellos. No es que Pablo pone en juego su comportamiento cristiano.  Lo que hace es tratar de entender las perspectivas de los diversos grupos, no desde un lugar distante o alejado, sino acercándose y aún volviéndose como uno de ellos.

Todos estamos rodeados de personas que, aunque son diferentes tienen algo en común: necesidad de Dios. Tal vez no se ven o no hablan diferente, pero sí piensan distinto a nosotros. ¿Estamos tratando de entender su perspectiva? ¿Intentamos compartir el único mensaje que puede cambiar vidas estando a lo lejos? ¿O hacemos el esfuerzo de acercarnos a aquellos que lo necesitan?

Que la urgencia e importancia de hablar del evangelio nos impulse a acercarnos a las personas.  Que voluntariamente decidamos, sin perder nuestra identidad cristiana, volvernos como ellos para que puedan escuchar de la salvación de Dios y también verla por medio de nuestro testimonio.

*Freya Galindo sirve como misionera con la Iglesia del Nazareno y es coordinadora de Misiones Globales para el Área Central: Costa Rica, Cuba, Panamá, Puerto Rico y República Dominicana.

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