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10 Cosas Que He Aprendido De La Gente Difícil

Escrito por Steve Dunmire. Trad. por Ariadna Romero

Cuando inicié en el ministerio, fui advertido que como pastor tendría que lidiar con gente difícil. La realidad es que no estaba preparado para lo venenosas que pueden llegar a ser estas personas.

He sido receptor de cartas anónimas vengativas, llamadas telefónicas de regaño en tonos violentos. He observado a mucha gente difícil literalmente salir furiosos de las iglesias en las que he servido (sin mencionar su comportamiento pasivo – agresivo, comentarios sarcásticos, chistes cortantes y cumplidos a las espaldas).

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Pero también he aprendido mucho de esta gente difícil. Aquí hay algunas lecciones que me han enseñado:

1. La Gente Difícil Tiene el Carácter Para Decir Lo Que Todos Están Pensando.

A veces, (no siempre) la gente difícil es la que te dice a la cara lo que otros solo murmuran por lo bajo. Ellos son a veces los únicos que tienen el carácter para decir lo que los demás están pensando. La gente difícil puede ser el equivalente pastoral a cuando un médico le ordena un análisis de sangre a un paciente: una forma eficiente de averiguar lo que está pasando en la sangre de la iglesia.

2. La Gente Difícil Me Ayuda A Tener La Piel Más Gruesa. 

Tratar con gente difícil es una de las formas más efectivas de desarrollar la piel gruesa que un pastor necesita para encajar en el ministerio. Quizás no haya un sustituto. Lidiar con gente difícil es a nuestras almas lo que el entrenamiento con pesas es a nuestro cuerpo, así que he aprendido a amar a la gente difícil, porque ellos me hacen más fuerte.

3. La Gente Difícil Revela Mis Inseguridades.

La gente difícil nos fuerza a enfrentar nuestras inseguridades y nuestra necesidad de ser queridos. Nos hace escoger ser firmes en algunas circunstancias en lugar de alimentar nuestra necesidad de ser aceptados. Su criticismo golpea la mentira que el Enemigo ha plantado en nuestros corazones: “Esto es lo que realmente eres, y todas las cosas bonitas que la gente te dice, es solo porque están siendo educados”. La gente difícil y los críticos en nuestra vida pueden ser como espejos carnívoros que critican una versión exagerada y distorsionada de nosotros mismos. Reconocemos inmediatamente que la imagen distorsionada no es lo que somos, y esto puede proveernos la oportunidad de ver nuestras vidas y a nosotros mismos como realmente somos. 

4. La Gente Difícil Me Hace Clarificar Lo Que Estoy Haciendo.

Justo como una cuerda desafinada en una guitarra nos hace afinar de nuevo las seis cuerdas, una persona difícil  en la iglesia puede llevarnos a clarificar todo lo que hacemos.  Nos fuerzan a hacer las cosas más claras y más precisas a causa de sus quejas y a veces, en anticipación a las quejas. En este sentido, la gente difícil hace nuestro ministerio mejor  debido a que nos fuerzan a ser claros y precisos acerca de lo que queremos hacer, y cómo lo vamos a hacer.

5. La Gente Difícil Me Muestra Que Estoy Haciendo Algo Bien.

Hay un hilo común que atraviesa cada punto de inflexión importante del ministerio, cada avance, cada éxito visible, cada vez que puedo señalar algún resultado medible, o incluso cada vez que recibo algún nivel de reconocimiento. El elemento común en cada uno de esas situaciones es la molesta presencia de la gente difícil que se opone a mí a cada paso del camino. Amo a la gente difícil porque son uno de los más confiables indicadores que he podido encontrar para saber que estoy haciendo algo bien. 

6. La Gente Difícil Crea Partidarios.

Un pastor necesita amistades significativas para poder resistir. Y en mi caso, algunos de mis más significativos amigos y colegas del ministerio han sido forjados en respuesta a la gente difícil de sus iglesias. A veces he visto a la gente hacerse mucho más partidaria mía como pastor debido a que han visto los ataques severos de los críticos. Estoy agradecido de tener muchas amistades significativas que fueron fraguadas en respuesta directa a la gente difícil.

7. La Gente Difícil Me Hace  Mejor Jefe Y Mejor Subordinado.

La gente difícil me ha ayudado a ver lo importante que es reconocer el buen trabajo, aplaudir el trabajo duro y expresar el reconocimiento. También me ayudan a ver que no se deben expresar todas las opiniones. En conjunto, me gustaría creer que soy menos crítico con aquellos que sirven por encima de mí gracias a mis experiencias con la gente difícil.

8. La Gente Difícil Me Lleva A La Oración.

Desearía que esto no fuera cierto, pero lo es. Y si la gente difícil me lleva a estar de rodillas en oración, entonces sé que son un gran regalo. A.W. Tozer escribe: “Cualquiera que se defienda a sí mismo se tendrá a sí mismo para su defensa, y a nadie más. Pero vuélvase indefenso ante el Señor y tendrá como defensor a nada menos que a Dios mismo”. La gente difícil me vuelve loco, así que me hacen arrodillarme en oración, y esa es una de las razones por las que he aprendido a amarlos.

9. La Gente Difícil No Es Un Obstáculo A Conquistar.

Escuché una vez a alguien que dio un sermón sobre Eliab, el hermano mayor de David, quien se puso furioso contra David  cuando éste  le preguntaba a los soldados sobre Goliat. El pastor señaló el hecho de que David había escogido en ese momento presionar sobre cómo derrotar a Goliat en lugar de detenerse a pelear con sus críticos.

Los críticos no son indicadores de éxito ni de fracaso, así que he elegido por adelantado pelear contra gigantes, no contra críticos. He aprendido a amar a la gente difícil porque amarlos es una opción. No quiero ser recordado como el hombre que triunfó sobre sus críticos; quiero ser recordado como el hombre que triunfó sobre gigantes.

10. Soy La Gente Difícil De Alguien.

Sé que he sido la gente difícil en la vida de alguien. A veces le parezco difícil a otras personas debido a un desacuerdo, a veces es solo por conflictos de personalidad, y a veces eso viene junto con ser una persona con liderazgo. Pero he aprendido a amar a las personas difíciles porque amarlas es una forma de hacer a otros lo que me gustaría que hicieran conmigo.

Aprender de las personas difíciles y aprender a amarlas es aún un trabajo en proceso, pero espero algún día ser capaz de amar verdaderamente a la gente difícil como Dios ama al difícil de mí. 

Por Qué El Multiculturalismo Es Un Requisito Para La Iglesia

Escrito por Ashlee Holmes. Trad. por Ariadna Romero.

Es tiempo de ponerse serios sobre la diversidad en el cuerpo de Cristo.

Hay una fina línea gris entre las cosas de la vida que son buenas  y las cosas que son absolutamente necesarias.

¿Cable, TV, y acceso al Wi-Fi? buenas, pero no necesarias. ¿Manicura sin manchas con esmalte de laca? Buena, pero no necesaria. ¿Mi Iphone 5? Bueno —y vergonzosamente crucial para mi salud mental— pero a final de cuentas, no es necesario.

Hay muchas decisiones que hacemos a diario sobre bases que pueden ser categorizadas ya sea como buenas o como necesarias, pero ¿qué sucede cuando se trata de cosas más profundas, como el multiculturalismo en la iglesia, ¿por ejemplo?

Antes que nada, hablemos de lo que es y no es el multiculturalismo. El diccionario define el término como “la preservación de diferentes culturas o identidades culturales dentro de una sociedad unificada.”

Me gusta la palabra “preservación.” Preservar significa mantener vivo o en existencia, mantener a salvo de daños o lesiones, mantener, conservar. Así que solo tolerar y ciegamente aceptar a las personas de diferentes colores (o ser multicolor) no es suficiente. La experiencia y la cultura de una persona deben mantenerse a salvo y vivas. Deben encajar perfectamente en el tapiz humano para que las personas comiencen a aprender y eventualmente crezcan a raíz de la verdadera identidad de otros.

El multiculturalismo significa invitar al otro a ser plenamente él mismo, sin disculpas y celebrando activamente las diferencias. El término “multicolor” deja lagunas y desconexión. “Multicultural” construye puentes y provoca celebración.

Interesantemente, mi primer combate y lucha por el valor del multiculturalismo no inició en la iglesia. Empezó el día que una pequeña niña de mi programa de extra clases inocentemente me preguntó si tomaba duchas, porque veía que mi piel era muy oscura, y continuó el día que una chica de mi equipo de pista me preguntó en el club cómo es que podía hablar  “como los blancos.”

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Así que mi lucha con este valor no inició en el contexto de la comunidad; inició conmigo. ¿Por qué el que yo sea tan diferente era misterioso para otros? ¿Qué era lo amenazante —si acaso— de mi piel oscura y mi acento? No tenía respuestas para mis preguntas en ese momento, pero sabía que me sentía sola e incómoda.

Me sentía incómoda siendo yo misma alrededor de mis amigos blancos, y me sentía incómoda siendo yo misma alrededor de mis amigos negros. Había una brecha enorme, dolorosa y desalentadora entre la gente de la comunidad con la que desesperadamente quería entablar una amistad y yo. Internamente me disculpaba por mi singularidad y decidí convertirme en lo que necesitara para ser aceptada. La idea de encajar en ese entonces, no era solo buena para mí; era necesaria.

Cualquiera que se sienta fuera de lugar experimenta cierto nivel de malestar, cuando es simplemente parte de “los otros.” No obstante, de lo que me di cuenta después en la vida, fue que ese malestar era en realidad bueno para mí. No solamente fui forzada a buscar mi verdadera identidad en Cristo —una identidad formada con mucho más que el color de mi piel—  sino que también hice un inventario de la gente que estaba eligiendo para rodearme, y el inventario resultó hermoso.

Me di cuenta de que mi vida era más rica y más maravillosamente compleja por la singularidad y autenticidad de otros con los que elegí relacionarme. Con el tiempo, decidí que sacrificar mi comodidad por el bien de esa hermosa ventaja no era solamente bueno; era necesario para mí caminar con Dios y para comprender más profundamente cómo trabaja Su Reino. 

Creo verdaderamente que Dios siente lo mismo con respecto a Su Iglesia.  Una simple pero profunda manifestación de este sentimiento está fundada en el Evangelio de Lucas, cuando Simón de Cirene tuvo que cargar la cruz de Jesús. Cirene era una ciudad en Libia, un país del norte de África. 

Un africano cargó la cruz de Jesús.

No se menciona mucho sobre Simón de Cirene, pero metafóricamente, su singularidad e incomodidad me dice algo sobre el corazón de Dios: que todos —sin importar raza o etnia— tienen un rol vital en la historia del Evangelio.

Aunque es incómodo a veces, el seguimiento del multiculturalismo en la Iglesia no es solamente bueno, es necesario. Últimamente hemos desarrollado opiniones sobre Dios más profundas y complejas y un amor y apreciación más profundos de unos a otros cuando escogemos participar activamente en las historias de los otros, los que son diferentes de nosotros, originarios de otros lugares.

Mi esperanza para la Iglesia es que las congregaciones y las comunidades sean más desafiadas —incluso que se sientan más incómodas— en la lucha contra la idea de dar la bienvenida no solo al color, sino a la cultura, y que las expresiones de adoración, enseñanza, evangelismo y discipulado sean tan ricamente influenciadas por el multiculturalismo que Cristo pueda ser conocido plenamente en toda Su belleza por muchos.

Artículo publicado originalmente en: http://www.relevantmagazine.com/god/church/why-multiculturalism-must-church

3 Pasos Para Desarrollar Una Cultura de Servicio – Parte 1 de 2

 Escrito por Ed Stetzer. Trad. por Ariadna Romero

Tener una cultura misional establecida a través de inculcarla, repetirla y celebrarla, provocará que los miembros se amen y realicen buenas obras.

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¿Por qué las iglesias con frecuencia se estancan y se encierran en sus cuatro paredes?  ¿Qué se puede hacer para revertir este enfoque centrado en el interior?

Muchas veces, cuando una iglesia crece en número (o también cuando se hace más vieja) tiende a enfocarse en el mantenimiento y servicio de lo que ya existe. Los ministerios internos agobian la misión hacia el exterior. Cualquier iglesia es susceptible de caer en esa abrumadora tentación.

Sin embargo, en muchas partes de la Escritura se señala a la iglesia como un cuerpo de sirvientes —usados por Dios para ministrarse unos a otros y a un mundo herido. Por ejemplo, 1 Pedro 4:10 dice: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”

La frase clave aquí es “a otros.” Cada uno de los miembros de la iglesia está para servir a los otros. La mayor parte del tiempo leemos versículos como estos y entendemos que hay que servirse unos a otros dentro del cuerpo, pero hay muchos otros versículos que hablan sobre los pobres y heridos que conocemos; muchos son llamados a servir también fuera del cuerpo. Me gusta decir que podemos servir en, a través y más allá de nuestra iglesia local. Pero desgraciadamente, hay un gran abismo entre este pasaje y nuestra práctica.

De acuerdo a la investigación para el libro del que soy co-autor junto a  Thom Rainer, Transformational Church, muchas de las personas en la mayoría de las iglesias no están comprometidas con algún ministerio o misión significativos. Llegan por el show —y eso puede suceder en una iglesia contemporánea, tradicional, litúrgica etc. porque los números no muestran diferencias— pero no se quedan para servir.

Así que, ¿Cómo podemos evitar tener una iglesia llena de clientes en lugar de tener una iglesia llena de colaboradores en el Evangelio? 

Desarrollamos una cultura e implementamos una estructura.

Las iglesias necesitan una cultura que los motive y una estructura que le permita a la gente moverse de la pasividad a la actividad, de ser espectadores pasivos a ser participantes activos de la misión de Dios. 

Hoy quiero concentrarme en el desarrollo de la cultura. Aquí hay 3 pasos para desarrollar una cultura con mentalidad de servicio: incúlcala, repítela y celébrala.

Incúlcala.

Un pastor que conozco lo dijo de una forma que considero que fue realmente de mucha ayuda. Dijo que puede ver cuatro categorías de gente que llegan a la iglesia: tres categorías que le agradan y una que no:

  • Categoría uno: El visitante o que anda buscando.
  • Categoría dos: El discípulo en crecimiento que empieza a caminar.
  • Categoría tres: El discípulo maduro que sirve a otros.
  • Categoría cuatro: Las personas que piensan que son maduros pero que no quieren compromisos y no sirven a otros.

Y esto es lo que les dijo a los de la última categoría: “necesitamos sus lugares para los de las otras tres categorías.”

Con algunas contadas excepciones (alguien en transición, con problemas personales, etc.) creo que esa mentalidad es de mucha ayuda. Mientras más rápido se aplique ese enfoque en el ADN de la iglesia, será mejor, porque cuando se alcance a nuevos individuos se querrá que lleguen a un lugar donde la norma sea servir. La persona nueva llegará a ser lo que la mayoría de los miembros ya es.

Se puede ayudar a desarrollar esto dentro de la iglesia. Como Mike Dodson y yo descubrimos en nuestro libro Comeback Churches, el factor principal para la revitalización de la iglesia es el liderazgo. La misma verdad se aplica para el desarrollo de la cultura de servicio. Los líderes, incluidos pero no limitados al pastor y su staff, deben trabajar intencionalmente para injertar la nueva mentalidad en el cuerpo. ¿Cómo se puede lograr eso? Repitiendo una y otra vez los valores de la cultura que se quiere inculcar.

Predíquelo regularmente. Explique por qué es importante. Exprese la idea de que se puede ser maduro y aun así no estar sirviendo a otros. Enseñe servicio.

Este artículo continuará en la siguiente entrada.

Consumado es

Escrito por: Rev. Ken Childress. Trad. por: Ariadna Romero

El odio había clavado a Jesús en la Cruz. Los hombres religiosos se habían vuelto diabólicos en su oposición al Hijo de Dios. Hombres brutales habían llevado a cabo la ejecución del Hijo del Hombre. Mientras Jesús moría, el sol cubrió su rostro con vergüenza, y la tierra tembló desconcertada.

Un sonido escapó de los labios hinchados y resecos. ¿Era un quejido de agonía? ¿Era la divagación de una mente llevada al límite del umbral del dolor? ¡NO! Esas palabras formaron la más breve de las declaraciones que describen el acontecimiento más importante de la historia: “CONSUMADO ES”. Para las mentes torcidas por el odio, aquellos fanáticos religiosos que planearon este asesinato, esas palabras llegaron como un alivio bien recibido, el inquietante y también asombroso Profeta que proclamaba ser el Mesías fue silenciado. Este Maestro magnético quien enseñaba con un poder único, fue silenciado. El Carpintero milagroso ya no era una amenaza para ellos.

Para los brutales soldados, la muerte de Cristo les ofrecía emoción y diversión, algo diferente a los días normales de amenazar con la espada a mujeres y niños.

Para la multitud que curioseaba, la crucifixión de Cristo proveía los temas de chismes del día en los bares y tabernas.

Para los conmocionados discípulos, el repentino final de su líder trajo consternación y desánimo. ¡Había sido tan hermoso el sueño! Sus años con Jesús habían construido esperanzas de cambios sociales y espirituales. Ahora intentarían reconstruir sus vidas, sabiendo que siempre pensarían en lo que pudo haber sido.

Para Jesús, las palabras “CONSUMADO ES” significaban que el amor había superado la brecha entre un Dios santo y el hombre pecador. Esas dos palabras expresaron como una satisfacción del alma, la proclamación de que la puerta de la salvación estaba abierta.

Para el mundo, las palabras “CONSUMADO ES” representan una Carta Magna, una Declaración de Independencia, una Proclamación de Emancipación, todo eso en uno y aún más.

¡Es la Declaración Redentora de los derechos del hombre!

Consumada es la redención eterna, iglesia. ¡Consumada es! ¡Aleluya!

¿Qué Pasaría Si La Iglesia Diezmara? – Parte 2 de 2

diezmar_472_314Esta es la segunda parte del artículo anterior. Escrito por: Mike Holmes, y traducido por: Ariadna Romero.

La verdad es que dar es un asunto del corazón, no de cantidades de dinero.

Cuando Pablo habló sobre la legendaria ofrenda de la iglesia en Macedonia, le pedía a los Corintios que probaran su amor como los Macedonios habían probado el suyo:

“Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia. No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro” (2Cor 8:7-8).

Luego fue un paso más allá y habló sobre los más altos estándares en cuanto a dar y amar:

“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Cor 8:9).
 
Dios ha tenido siempre un lugar especial para los dadores radicales.

“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Cor 9:7).

Así que, ¿cómo es un dador alegre?

Aquí hay algunas sugerencias, pero quiero advertirte: esto no es para aquellos que están satisfechos con una vida ordinaria y normal:

  1. Empieza a diezmar. Con base en las estadísticas, la Iglesia en verdad podría hacer cosas maravillosas si tan solo empezáramos a diezmar consistentemente. Pero ten en cuenta cuando empieces a diezmar que hay una diferencia entre la ley del diezmo y la gracia del diezmo. El poder del diezmo se encuentra en la gracia, no en el temor. Es algo que debemos hacer, en lugar de algo que tenemos que hacer.
  1. Enseña a diezmar. Este es un asunto delicado y tiene el poder de dividir iglesias por la mitad. Esto es por lo que la gente se desanima o bien, reciben amenazas. Pero diezmar es algo que, dicho con sabiduría y tacto, puede ser un gran sermón.
  1. Lleva el diezmo al siguiente nivel. Diezmar es solo el fundamento. La ofrenda que de verdad cambia el mundo es aquella que da más de lo que es requerido.

Artículo publicado originalmente en: http://www.relevantmagazine.com/god/church/what-would-happen-if-church-tithed

¿Qué Pasaría Si La Iglesia Diezmara? – Parte 1 de 2

Cómo dar el 10 %  puede cambiar el mundo

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Escrito por: Mike Holmes. Traducido por: Ariadna Romero.

La Iglesia de hoy no es muy buena para dar.

Y esto no es una novedad, son hechos estadísticos:

  • Los diezmeros conforman solamente entre el 10% y el 25 % de una congregación normal.
  • Solo el 5% de los norteamericanos diezman, con el 80% de americanos dando solo el 2% de sus ingresos.
  • Los cristianos están dando solo un 2.5% por persona, cuando durante la Gran Depresión daban un 3.3 % en cantidad promedio.

Cifras como esas pueden provocar mucha culpa, lo cual no es realmente el punto. Lo principal es preguntarse qué pasaría si los creyentes incrementaran su ofrenda al mínimo, o digamos, al 10%. Habría un adicional de $165 mil millones  para que las iglesias usaran y distribuyeran. El impacto global sería fenomenal. He aquí algunas cosas que la Iglesia podría hacer con ese dinero:

  • $25 mil millones podrían aliviar el hambre global, la desnutrición y las muertes por enfermedades prevenibles en 5 años.
  • $12 mil millones podrían eliminar el analfabetismo en 5 años.
  • $15 mil millones podrían resolver el problema mundial del agua y la higiene, específicamente en lugares del mundo donde mil millones de personas viven con menos de 1 dólar por día.
  • Mil millones podrían financiar el trabajo de misiones transculturales.
  • De $100 a 110 mil millones quedarían todavía adicionales para la expansión del ministerio.

 Los números son impresionantes.

Entonces, ¿Por qué no damos?

El verdadero problema cuando se trata de dar, no es acerca del dinero. De hecho, la Biblia dice que es sobre nuestros ojos. Es lo que Jesús llama “el ojo maligno”.

“Porque donde esté tu tesoro, ahí estará también tu corazón. El ojo es la lámpara del cuerpo. Si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas? (Mateo 6:21-23).

El “ojo maligno” es un término judío. Mientras que el “ojo bueno” en el Judaísmo se refiere a la buena voluntad, la benevolencia y el ser genuinamente feliz cuando los demás prosperan,  el ojo maligno es exactamente lo contrario.

La persona que tiene un ojo maligno se siente afligido cuando otros prosperan, se regocija cuando los demás sufren, ama su dinero y no hace nada con respecto a las obras de caridad.

Así que cuando Jesús habló sobre los ojos, estaba hablando a una gran audiencia Judía que sabía a lo que Él se estaba refiriendo. Sabían que un ojo bueno era una persona generosa y un ojo maligno era un tacaño, avaro.

Este artículo continuará en la próxima entrada.

Betsabé

Escrito por: Frederick Buechner / Trad. por: Ariadna Romero

betsabe[1]Cuando el Rey David estaba recostado en su lecho de muerte y ella estaba ahí junto a todos los demás para reconvenirlo por su decisión sobre la sucesión, él aún recordaba la primera vez que la vio. Apenas había terminado la última batalla de la guerra contra los sirios, y su victoria le había dejado un sentimiento de desilusión. Bebió mucho durante el almuerzo y después subió a tomar una larga siesta. Era casi el crepúsculo cuando despertó. El palacio estaba extrañamente silencioso, y él se sintió inusualmente solemne y tranquilo dentro de su propia piel. Por alguna razón, no había sirvientes cerca, nadie que le recordara que él era el rey ungido, el general victorioso, todas esas cosas. Se bañó, se preparó una bebida, y tan solo con una toalla alrededor de la cintura, caminó hacia la terraza del techo, desde donde miró hacia abajo por encima del parapeto, en una especie de trance.

Si todo el ejército sirio se hubiera levantado en armas y vestido sus armaduras, David simplemente habría notado su presencia y pasado de largo. Había un bayo castrado atado a un árbol, barriendo las moscas con el rabo. En la corte de los sirvientes, una cisterna había desbordado en los adoquines dejando un charco la forma de Asia. Más allá de la muralla, una chica desnuda de pie en una alberca poco profunda, echándose agua sobre los hombros con una concha. De forma casual miró a la chica, pero la vio como si tuviera que tenerla a cualquier precio, y el precio sería exorbitante. El asesinato de su esposo, la muerte de su primer hijo  – como actores esperando su llamado- las consecuencias fatales acechaban escondidas en las alas.

Mucho tiempo después, cuando el frio estaba en los huesos de David, sacudiendo sus perlas, Betsabé llegó a asediarlo con preguntas sobre Salomón, él apenas podía mirarla ahí donde estaba sentada a un lado de su aposento, pero en cambio, si podía verla brillando en la penumbra como una pera, como la había mirado la primera vez hacía tantos años, desde su techo, con un vaso en la mano. Elevándolo a la altura de sus ojos, se lo bebió de un solo trago como si fuera un brindis, pero fue solo en su lecho de muerte que pudo comprender el por qué.

No era solo por Betsabé por quien había brindado, o por la perspectiva de una vida feliz juntos, sino por una perspectiva mucho más distante. David había estado bebiendo –se dio cuenta- por el hijo de su hijo de su hijo mil años después, por quien solo podría  orar para que encontrara en su corazón un pensamiento bondadoso acerca de la hermosa mujer y el imprudente rey, que había sido tan inconsciente, y el responsable de su nacimiento en un establo muchos años atrás, y de su muerte a las afueras de las murallas de la ciudad.

2 Samuel 11-12

Originalmente publicado en Peculiar Treasures y después en Beyond Words

http://frederickbuechner.com/page-group/landing/quote/quote-bathsheba

Arruinar y Recuperar La Relevancia – Parte 2 de 2

Por: Ed Stetzer / Trad. por: Ariadna Romero

old-bible-1498763-1600x1200Priorizamos la relevancia cultural cuando degradamos a otros que predican el evangelio. He visto los anuncios publicitarios de iglesias que dicen cosas como: “10 razones  por las que todas las demás iglesias de este estado apestan, pero la de nosotros es genial”. A menudo usan palabras como: “relevante, emocionante, fresca, o real” para explicar sus ministerios. Si no somos cuidadosos, mostraremos confianza en nuestra relevancia, no en el evangelio. Si el evangelio está en el centro de nuestro mensaje y ministerio, no comunicaremos nada que permita que la gente devalúe otras iglesias que predican el evangelio. Trabajaremos con ellos y oraremos por ellos.

Priorizamos la relevancia de la cultura cuando el evangelismo personal es un oxímoron para nuestras iglesias. La relevancia como meta hace modernos nuestros servicios de adoración y se convierten en un  lugar donde  la gente se conecta y los pastores son los únicos que le hablan a la gente sobre Jesús. Cuando el evangelio es el punto de relevancia, es una herramienta, los pastores equipan al pueblo de Dios para llevar el evangelio con ellos hacia sus comunidades. Seguro,  invitemos a nuestros vecinos a nuestros servicios de adoración y ministerios. Pero cuando se hace a solas, dificulta el trabajo del evangelio.

Priorizamos la relevancia cultural cuando la asistencia es más celebrada que las conversiones. En uno de nuestros estudios, preguntamos sobre la tasa de conversiones en las iglesias nuevas. Encontramos que la mayoría de las iglesias nunca cuestionan eso, e incluso si lo hacen, a menudo dan una cifra inflada. Una de las iglesias del estudio había hecho un trabajo increíble plantando múltiples iglesias. Tuvieron el valor de investigar a toda su gente y hacerles una pregunta muy simple: “¿Llegó a la fe en Cristo Jesús en esta iglesia?” La meta era el 10% de convertidos en las iglesias nuevas, pero encontraron que el resultado arrojaba solo entre el 2 y el 3%. Nuestro enfoque no puede estar simplemente en la asistencia, sino en buscar que los hombres y mujeres vengan a la fe en Cristo Jesús.

Priorizamos la relevancia cultural cuando no ofender a los creyentes es a menudo más importante que comunicar el evangelio. Dios nos enseñó muchas cosas en su búsqueda de creyentes. Es difícil ser percibido como sensible cuando se habla acerca del pecado y la muerte, sobre la cruz, los elementos centrales del evangelio. Considero que debemos enfocar nuestras necesidades en ser “buscadores comprensibles”: comunicar el evangelio clara y entendiblemente incluso al comunicar un mensaje que no es sensible o cómodo. La relevancia es una herramienta que ayuda a los buscadores a comprender la verdad del evangelio.

La buena noticia es que la relevancia cultural y el evangelio no están reñidos. La relevancia es una herramienta que muchas iglesias usan, porque es una consecuencia necesaria de hacer las cosas a la manera de Dios. Es un principio misiológico que nos ayuda a cumplir la meta de llevar el evangelio a grandes cantidades de gente. En cualquier comunidad en la que te encuentres, usa la relevancia con discernimiento y el evangelio con liberalidad.

Publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2010/october/calling-for-contextualization-part-8-ruining-and.html

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