Busca Límites Emocionalmente Sanos #2

Escrito por: Ed Stetzer. Trad. por: Ariadna Romero.

En la introducción a esta serie, hablé acerca de cómo tus horarios no son el problema principal que te conduce al agotamiento, en lugar de eso, no establecer límites saludables en el ministerio si es un problema. La última vez dije que la primera valla era “reconocer tu rol en la iglesia.”

Para esta segunda publicación tenemos que entender que un pastor insalubre crea límites insalubres.

Mira, se siente bien sentirse indispensable. Cuando la gente de la iglesia te busca para todo, y  lo haces, creen que eres lo máximo. Querer que los demás piensen que eres lo máximo no es necesariamente malo. Puede ser perfectamente normal. El disfrute de la alabanza merecida, sin embargo, puede rápidamente convertirse en una dependencia poco saludable de la alabanza.

Tu congregación no va a ayudarte con esto de forma natural. En la mayoría de los contextos eclesiales, muchas personas miran a los pastores como “un distribuidor de bienes y servicios religiosos.”

La congregación siente que te ha elegido y que te están pagando regularmente por tu servicio. Como resultado, tienen ciertas expectativas sobre lo que debes hacer. Esas expectativas pueden incluir cosas como por ejemplo realizar visitas personales a todas las personas enfermas. Si esto no se hace, la gente puede enojarse o decir que su caminar espiritual ha sido comprometido.

La segunda valla apoya que un ministerio saludable busca límites emocionalmente saludables.

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Con el objetivo de crear límites apropiados, los pastores deben ser saludables y lo suficientemente confiables para decir “No” cuando la gente quiere que digan “Si”, aun y cuando no comprendan por qué el pastor tiene que decir que no.

En una ocasión cuando servía como pastor interino, una familia de la iglesia que eran miembros desde hacía mucho tiempo, me preguntaron si podía hablar con el pequeño “Johnny” para que pudiera recibir a Cristo. Tranquila y amablemente les dije que no. Los padres se quedaron un poco confundidos de que no pudiera reunirme con ellos, pero les expliqué que no quería quitarles esa oportunidad a ellos.

Protestaron de nuevo, explicándome que el niño tenía muchas preguntas. A decir verdad, el pequeño apenas tenía 8 años. ¿Estaría luchando con algún argumento ontológico sobre la existencia de Dios? Expresé que estaba seguro de que las preguntas del niño serían básicas, que ellos serían capaces de contestarlas porque habían sido parte de una gran iglesia desde hacía 15 años.

Si la gente necesita de ti como pastor para conocer a Jesús, su entendimiento del evangelio es bastante limitado.

Desafortunadamente, los padres de Johnny no lo vieron de esa manera. De hecho, lo vieron de manera tal que llamaron a dos pequeños grupos de personas para explicarles que el pastor interino era, a lo menos, un diablo yankee.

En las siguientes dos semanas, sin embargo, me buscaron después del servicio y me agradecieron por no quitarles la oportunidad de orar con su hijo. No siempre resulta de esa manera pero en este caso los límites propiciaron un momento sumamente especial para esta familia. Aunque nunca llamaron a las familias con la que se quejaron 2 semanas atrás.

Crear límites es difícil para todos, pero es necesario para la longevidad en el ministerio.

Al final del día, los pastores no deben permitir que la gente de sus congregaciones añada expectativas culturales a sus límites. En lugar de eso, deben buscar que la Biblia sea la que forme sus implementaciones y límites saludables. Aunque la Biblia manda y describe lo que los pastores deben hacer, la mayoría de los límites que se establecen no están relacionados a los mandamientos bíblicos, sino que son dirigidos por las expectativas culturales de la iglesia.

El establecimiento apropiado de los límites crea pastores e iglesias más saludables. Parte de la salud de la iglesia viene de nuestra tercera publicación, la cual examinaremos seguidamente.

Esta serie de artí­culos fue publicada originalmente en: EdStetzer.com

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (14 años) y Sydney (12 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 20 abril 2018 en Liderazgo, Santidad y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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