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Abatidos…y Gozosos

Por Scott Armstrong

En el mundo nazareno y más allá saben que hace una semana un avión Boeing 737 con más de 110 pasajeros, incluida la tripulación, se estrelló en las cercanías del aeropuerto Internacional José Martí en La Habana, Cuba, poco después de haber despegado. El vuelo, Cubana 972, se dirigía a Holguín, Cuba cuando ocurrió el accidente cerca de las 12 p.m. hora local.

A bordo de la aeronave, 10 parejas del Distrito Este regresaban a casa en la Provincia de Holguín, después de haber sido parte de una Conferencia Nacional para Pastores de la Iglesia del Nazareno. En los días posteriores, se pudieron sentir las expresiones de luto y solidaridad por parte de los Superintendentes Generales, así como de hermanos y hermanas alrededor del mundo. El 21 de mayo, la Dra. Carla Sunberg dedicó su mensaje en el servicio de la capilla del Centro Global de Ministerios a las parejas que fallecieron, a los miembros de sus familias, y también a los líderes cubanos quienes se están recuperando después de esta tragedia.

En República Dominicana los misioneros y el liderazgo de la Oficina Nacional se reunieron como cada semana, para devocional y oración. Esta vez el ambiente fue lúgubre. Conocemos la teología correcta: Dios es soberano. Él tiene un plan. Él ofrece vida eterna a quienes mueren en Él. Sin embargo, las preguntas quedan: ¿por qué sucedió esto? ¿Por qué Dios no lo detuvo? ¿Qué pasará con los 10 hijos que han quedado en la orfandad y tristeza de no ver a sus padres de este lado del cielo?

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En medio de esta dificultad, la Coordinadora de Ministerio Nazarenos de Compasión en el Área Central (Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Panamá y Puerto Rico), Paquita Bidó, comenzó a leer el Salmo 100:

“Aclamen alegres al Señor, habitantes de toda la tierra;

adoren al Señor con regocijo.

Preséntense ante él

    con cánticos de júbilo.

Reconozcan que el Señor es Dios;

    él nos hizo, y somos suyos.

    Somos su pueblo, ovejas de su prado. 

Entren por sus puertas con acción de gracias;

    vengan a sus atrios con himnos de alabanza;

    denle gracias, alaben su nombre.

Porque el Señor es bueno y su gran amor es eterno;

    su fidelidad permanece para siempre.” 

¿Adorar con regocijo? ¿Cánticos de júbilo? ¿Acción de gracias y alabanza? ¡Claramente, este no es un salmo de lamento! 

Paquita reconoció que nos entristecemos junto con nuestra familia cubana, y reconocemos nuestro desconcierto. No debemos explicar esta pérdida devastadora con palabras trilladas de afirmación o máximas teológicas. Al mismo tiempo, ella explicó que leyó este Salmo a nosotros como una expresión de en medio del dolor. El Señor es Dios; nosotros no. Él es Creador, y somos su creación. Como ovejas, disfrutamos el cuidado del Pastor y obedecemos su voz. Qué privilegio servirle por el tiempo en que Él nos dé aliento. 

Paquita continuó. Si proclamamos que Dios es fiel solo en los momentos buenos, ¿qué de bueno tiene eso? Nuestra confianza estaría basada solo en circunstancias que se presentan en el camino, no en un Padre amoroso que permite el dolor en nuestras vidas porque sabe qué es lo mejor. Sin embargo, declaramos, de hecho, que Él es bueno, que su amor es para siempre, incluso cuando – o especialmente cuando – esta amarga realidad nos confronta. Y su fidelidad es una promesa no solo para nosotros, pero continúa a través de todas las generaciones.

A la luz de esta realidad, e incluso en medio de la tristeza ¡gritamos de gozo! Nuestras lágrimas se mezclan con acción de gracias y alabanza. Dios es bueno. Todavía.  Aun ahora.

Nuestra región entera está devastada. Nos hemos movilizado para dar y orar por Cuba. Y mientras lloramos, también nos regocijamos porque servimos a un Dios bueno y fiel.  Sí, su amor es para siempre.

El Ejército y el Rey

Hace algunos meses escuché un sermón de la pastora de Grace Point Church of the Nazarene en Ft. Wayne, Indiana — Carla Sunberg.  Rev. Sunberg también abrió la obra de la Iglesia del Nazareno en Rusia y sirvió allí 13 años antes de llegar a ser pastora en los Estados Unidos.  Ella habló estas palabras a 2,000 universitarios en Olivet Nazarene University y creo que te van a inspirar tanto como nos inspiraron a nosotros.

¿La visión? La visión es Jesús. Obsesiva, peligrosa, sin lugar a dudas es Jesús. Y la visión es un ejército de jóvenes.  ¿Ves huesos? Yo veo un ejército. Y uno que es libre del materialismo. Se ríen de 9 a 5 prisiones pequeñas. Ellos podrían comer caviar el lunes y el martes costras y no se darían cuenta siquiera. Ellos saben el significado de la matrix y cómo el oeste fue conquistado. Son ágiles como el viento. Ellos pertenecen a las naciones. No tienen necesidad de pasaporte. La gente escribe sus direcciones con lápiz y se cuestionan su extraña existencia. Son libres, sin embargo, son esclavos de los heridos, los sucios, y de aquellos a punto de morir.

¿Y cuál es la visión? La visión es santidad. Una santidad que lastime los ojos. Que haga reír a los niños y haga enojar a los adultos. Se rindió el juego de integridad mínima hace mucho tiempo para alcanzar las estrellas. Se desprecia el bien y se anhela lo mejor, es extremadamente puro. Parpadea la luz de todos los motivos secretos, de todas las conversaciones privadas. Ama a la gente alejándola de sus saltos suicidas, sus juegos de Satanás.

Este es un ejército que dará su vida por la causa. Un millón de veces al día, sus soldados eligen perder con tal que un día puedan ganar el grandioso “Bien hecho” de los hijos e hijas fieles. Estos héroes son tan radicales en la mañana del lunes, como la noche del domingo. Y no necesitan la fama de los nombres. En su lugar, se sonríen en silencio hacia arriba y escuchan a la multitud coreando una y otra vez: “¡Vamos!” Y este es el sonido de la tierra: el susurro de la historia, fundaciones estremecidas, revolucionarios soñando. Una vez más, el misterio se está diseñando en voz baja, la conspiración está respirando – esto es el sonido de la tierra.

Y el ejército es disciplinado, y también discipulado: los jóvenes golpean sus cuerpos en sumisión. Cada soldado tomaría una bala por su compañero de batalla. Y el tatuaje en su espalda dice: “Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia.” El sacrificio alimenta el fuego en sus ojos. Ganadores, mártires, ¿quién puede detenerlos? ¿Pueden las hormonas contenerlos? ¿Puede el fracaso tener éxito? ¿Puede el miedo asustarlos o la muerte matarlos?

Y esta generación ora, como un moribundo con gemidos, más que hablar, con gritos de guerreros, lágrimas de azufre, y con grandes risas como cargas de cañón. Están esperando y vigilando 24 horas, 7 días a la semana, 365 días al año.

Y no importa lo que cueste, ellos van a dar. Están rompiendo las reglas, están sacudiendo la mediocridad de su cuevita cómoda, están rindiendo sus derechos y sus pocos errores, riéndose de las etiquetas, ayunando lo esencial.  Los anunciantes no pueden moldearlos. Hollywood no puede contenerlos. La presión de grupo es incapaz de sacudir su determinación. En las madrugadas de fiesta, antes que el gallo cante, ellos están increíblemente tranquilos, pero peligrosamente atractivos en el interior.

En el exterior casi nunca les importa. Llevan ropa como disfraces para comunicar y celebrar, pero nunca para ocultar. ¿Renunciarían a su imagen o su popularidad? ¡Ellos rinden sus propias vidas! Van a cambiar asientos con el hombre culpable, sentenciado a morir en su trono – una silla eléctrica. Con sangre, sudor y muchas lágrimas. Con noches de insomnio y días infructuosos. Ellos oran como si todo dependiera de Dios, y viven como si todo dependiera de ellos.

Su ADN elige a Jesús. Él inhala y ellos exhalan. Su subconsciente canta. Ellos hicieron una transfusión de sangre con Jesús. Sus palabras hacen gritar demonios en los centros comerciales. ¿No los oyes? Anuncien a la gente rara, convoquen a los perdedores y los “raros”.  Aquí llegan los asustados y olvidados con fuego en sus ojos. Caminan erguidos y los árboles aplauden. Rascacielos se hincan.  Las montañas son empequeñecidas por estos hijos de otra dimensión. Sus oraciones convocan a los cazadores del cielo e invocan el antiguo sueño del Edén.

Y esta visión será. Va a suceder, será fácil, vendrá pronto. ¿Y cómo lo sé? Debido a que este es el anhelo de la creación misma, el gemido del Espíritu, el mismo sueño de Dios. Mi mañana es su hoy. Mi esperanza lejana es su 3D.

Y mi oración débil, susurrado, y sin fe invoca un ¡Amén! en trueno resonante que hace temblar todo hueso.  De innumerables ángeles.  De los héroes de la fe.  De Cristo mismo.  Y él es el soñador original.  Él es el ganador final.  Está garantizado.

Ese es mi Rey.

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