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Amando, Conociendo, y Siendo Conocido

“Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él”. (1 Cor. 8:3)

El día de mi boda, estaba perdidamente enamorado de mi esposa. Pensé que nunca podría estar más enamorado.

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Sin embargo, dieciocho años después, ese amor es aún más profundo. Hemos compartido muchas lágrimas e incontables momentos de risas. Solo una mirada puede expresar más de mil palabras. Todavía nos sorprendemos de tiempo en tiempo, pero con mucha frecuencia somos capaces de decir lo que el otro está pensando o sintiendo mejor que él mismo.

Este tipo de amor surge de conocernos muy bien, incluyendo nuestras fallas y fracasos.  Nuestras dudas susurradas y luchas gritadas han encontrado seguridad en la confianza construida entre nosotros.

Verás, amar está vitalmente conectado al saber. Mientras más conozco a Emily, más la amo. También es cierto que mientras más soy conocido por ella, más crece mi amor.

¿Qué es más poderoso: conocer a Dios o ser conocido por Dios? ¡Ambos son asombrosamente hermosos! Y ambos dan como resultado amarlo más y más cada día.

*Este mini-devocional fue escrito para la aplicación de la Juventud Nazarena Internacional (JNI) de la Región Mesoamérica. Les animamos a descargar y usar esa app, a través de la cual se estarán compartiendo pensamientos devocionales cortos como éste (escritos por varios líderes).

Aprendiendo de María

Por Charles W. Christian

Una vez escuché a un sacerdote católico contar un chiste acerca de una escena en el cielo. Jesús camina hacia un protestante y un católico, y les dice, “me da gusto ver que se llevan tan bien.” Después Jesús se dirige hacia el protestante y le dice, “quisiera presentarte a mi madre. ¡No creo que ustedes dos se han conocido!”

Nosotros, los protestantes que estábamos entre el público, nos reímos, pero eso me desafío a mirar más de cerca a lo que nosotros como cristianos –ambos protestantes y católicos– podemos aprender de María.

De acuerdo con los Evangelios, aquí hay algunas lecciones que vienen a mi mente:

  • Podemos estar disponibles para la obra de Dios: “Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia” (Lucas 1:38).
  • Podemos permitir que nuestra fe en Dios anule nuestros miedos: [Elisabet dijo a ella] “Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor” (Lucas 1:45).
  • Podemos ser ejemplo de gratitud: “Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:46-47).
  • Podemos permitir que Dios hable proféticamente a un mundo que necesita un Salvador: “[Dios] Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes” (Lucas 1:51-52).
  • Podemos aprender a atesorar las dádivas de Dios: “Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lucas 2:19).

Hay muchas otras lecciones que podemos aprender del ejemplo de María. Durante esta temporada de Adviento, que, así como María, nos acerquemos al futuro con humildad, fidelidad, y esperanza. Dios ha escogido a su Iglesia para ser los portadores de buenas noticias de la persona y obra de Jesucristo. Adorémoslo, y compartamos estas buenas noticias por el poder del Espíritu Santo, mientras seguimos caminamos juntos a través de Adviento.

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Oración para la semana:

Enséñanos obediencia, Señor
En cada parte de nuestras vidas
Oídos para escuchar tu palabra
Manos para realizar tu obra
Pies para andar por tu camino
Un corazón por tu pueblo
Una boca para gritar tu alabanza
Fe como la de un niño
Humildad
Confianza
Que le diga
A lo posible
Y a lo imposible
Soy el siervo del Señor
Hágase conmigo conforme a tu voluntad
Amén

(De John Birch en faithandworship.com)

Este artículo fue publicado originalmente en: Holiness Today

Cuenta Una Buena Historia Cuando Predicas/Enseñas – Parte 2 de 2

Esta es la continuación del artículo publicado en la entrada anterior.

Ilustraciones que Conectan

Es por eso que las ilustraciones importan. Las ilustraciones nos ayudan a situarnos en la historia. Pero las ilustraciones que nos invitan a la necesidad de ser algo que realmente podemos imaginar. La mayoría de nosotros no luchamos contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Si nos pides que nos coloquemos en esa historia, siempre nos imaginaremos a nosotros mismos como el héroe– escondiendo los judíos en nuestro sótano o dando pan al soldado hambriento del otro lado.

Pero, siendo realistas, muchos de nosotros podemos imaginarnos luchando con nuestro hermano por el control remoto, o, años más tarde, peleando por el lugar donde la familia tendrá la reunión, o quién debería decirle a papá que es hora de dejar de conducir, o quién se quedará con la mesa del comedor cuando los padres hayan muerto. No nos imaginamos siendo el héroe en estas historias porque probablemente no lo hemos sido. Lo que necesitamos en una historia sobre nuestros hermanos, es una idea acerca de qué hacer a continuación––cómo se vería realmente ser como Cristo, no en algún pueblo francés en 1942, sino hoy en la sala de la casa o mañana en el teléfono.

Porque nosotros sabemos que las ilustraciones ayudan a nuestros oyentes a colocarse en la historia, los predicadores y los maestros podemos pasar mucho tiempo buscando la ilustración perfecta: la historia que se enlaza con el pasaje de la Escritura, con la extensión correcta, y que nos mueve fácilmente al siguiente punto. Esta es la razón por la que hay libros de ilustraciones disponibles para comprar y sitios web ansiosos porque te suscribas. Pero las ilustraciones enlatadas normalmente saben de esa manera: tienen la esencia de una buena historia, pero son carente de color y sabor.

Las ilustraciones más fuertes se extraen de la vida de la iglesia y del ministerio mismo. Si comienzas una oración con “Esta semana en el estudio Bíblico, Ben mencionó…” o “Nancy, de nuestra junta de la iglesia, me invitó a unirme a ella en una visita esta semana, y…” Las cabezas se van a levantar. La gente va a prestar atención. ¿Ben dijo algo interesante en el estudio bíblico? ¿Qué pasó en la visita?

De repente, la vida de la iglesia se ha convertido en el sermón. Alguien estaba prestando atención a las cosas que suceden cada semana. Este no fue un evento de una vez en la vida. El estudio de la Biblia ocurre cada semana. Los miembros de la Junta visitan a la gente todo el tiempo. Esta era la vida regular siendo llamada como un ejemplo de vida en el reino. La ilustración no era teórica, distante o abstracta. Era personal, atractiva, accesible, y relevante. Eso llama la atención de la gente.

Esto también significa que debemos prestar atención. Si has leído y estudiado tu texto a principios de la semana, vigila el resto de esa semana: identifica cualquier cosa que pueda vincular este texto a las vidas de estas personas. Un intercambio con el mesero en el almuerzo. Un artículo de una revista. Una canción en la radio. Otro pasaje de la Escritura. Una gran cita en las redes sociales. A medida que avanza la semana, escribe estas cosas. Incluso si sólo está remotamente conectado a lo que estás predicando o enseñando, grábalo. Nunca se sabe cómo el Espíritu puede usarlo.

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Una palabra de precaución

Una nota importante: Siempre pide permiso. Si Ben dice algo en el estudio Bíblico que llama la atención, menciónalo luego y ve si está bien usarlo y si quiere el crédito. Di algo como: “Me encantó lo que dijiste sobre el versículo 5. Puedo usar eso el domingo, ¿estaría bien si mencionara tu nombre?” No prometas que vas a usar la ilustración. Todos sabemos que lo que parece perfecto el miércoles por la mañana puede no encajar cuando estamos terminando el sermón o la lección el sábado por la noche.

También sabemos que algunas ilustraciones brillantes nos golpearon a las 6 de la mañana del domingo, y no siempre tenemos tiempo para consultar con la persona antes de predicar o enseñar. Pero si ellos no saben que vas a utilizarlos, no los utilices. El uso de los demás en las ilustraciones es una oportunidad para nosotros como pastores y maestros de cuidar bien a las personas. Queremos que se vean bien en las ilustraciones, y queremos que se sientan seguros en la iglesia. Respeta sus deseos si no quieren ser utilizados, o se ofrecen a cambiar su nombre o los detalles del evento si eso los hace sentir más cómodos con la idea. Pero si se niegan, respeta eso. Piensa en el uso de ilustraciones como una oportunidad para construir confianza con tu congregación.

Este artículo fue publicado originalmente en: Christianity Today

 

Cuenta Una Buena Historia Cuando Predicas/Enseñas – Parte 1 de 2

Escrito por: Mary S. Hulst. Trad. por: Yadira Morales

Cómo enseñar de una manera que conecte, impulse y construya confianza.


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Mis hijastros entran empujando la puerta después de ver una película con su padre. Están riendo, hablando y citando líneas de la película mientras exploran la alacena para comer algún aperitivo.

“¿Como estuvo la película?”

“¡Estuvo realmente buena! Muy divertida.”

Entonces hago esta pregunta: “¿De qué se trataba?”

Por lo general, ellos hacen una narración del relato “jugada por jugada,” uno de ellos hablando encima del otro para aclarar un punto en la trama. Me hablan de los actores, de los carros y de las partes divertidas. Me dicen quién ganó en el final y si este era mejor que el otro que era un poco como este pero que protagonizó ese otro tipo. Por supuesto todo esto se dice a través de bocados de queso cheddar y patatas fritas de crema agria.

Nunca, en todas las veces que me han hablado de películas, ¿alguna vez me miraron y me dijeron: “No puedo recordar. Había un tipo, y tal vez era un detective o algo así, y tenía un coche. Algo estalló. No lo sé.”

Siempre lo saben. Siempre pueden recordar. Siempre pueden decirme. Ese es el poder de una historia. Podemos recordar una película porque alguien nos está contando una historia. La historia comienza con personas que necesitan algo, o algo les sucede, o existe la promesa del amor, la amenaza de la extinción global, o una batalla épica entre el bien y el mal. La historia se desarrolla a medida que los personajes responden a lo que venga en su camino. Una buena historia nos atrae porque queremos saber cómo resulta: ¿El acusado cometió el crimen? ¿Los alienígenas destruyen la vida en la tierra? ¿La chica encuentra el amor?

Nuestro desafío como predicadores y maestros es que casi todos los que nos escuchan saben cómo se desarrolla la historia. Dios está en voz baja y sutil. El muchacho mata al gigante. Jesús cura al ciego. Tomás profesa la fe. Pablo, una vez más, le dice a la gente qué hacer. Bostezo. ¿Por qué nuestra gente debe seguir escuchando si saben cómo esto va a terminar? Hay un problema. Dios lo resuelve. Toma la ofrenda.

Necesitamos crear tensión, o tenemos que reconocer la tensión que ya existe. Porque aunque la mayoría de nuestros oyentes saben cómo resultan las historias bíblicas, no saben cómo están saliendo sus historias. No pueden leer hasta el final de sus libros. Todos nosotros, predicadores y asistentes, escuchamos las palabras de la Biblia y pensamos: ¿Es esto cierto? ¿Es importante? ¿Me sucederá a mí?

Esa es la tensión. ¿Es esta verdad para mí? ¿Es Dios el Dios real para mí? ¿Mis pecados están realmente perdonados, y cómo puedo saberlo? ¿Realmente importa una vida de obediencia cuando me está costando tanto?

Y ahí está nuestro anzuelo. Todos entran en la iglesia esperando, orando, pidiendo que algo que se diga o se cante les ayude, los consuele, los asegure, y a veces los desafíe, los condene o los empuje. Para decirlo simplemente: quieren verse ellos mismos en la historia.

Este artículo continuará en la siguiente entrada.

15 Cosas Que Quiero Decir A Mis Hijos De Una Tercera Cultura

Por Rachel Pieh Jones

En cuatro días iré a visitar a dos de nuestros hijos de una Tercera Cultura. Luego, dentro de once días ellos estarán en nuestra casa por treinta días. La vida es buena. Pero solo los siguientes cuarenta y cinco días. No, también será buena después, solo que más tranquila y ligeramente más llorosa.

Una parte de mí duda hoy sobre si debo apretar el botón de “publicar,” porque siento que esto es privado. ¿Es el internet el lugar para compartir estas cosas? Pero parte de mí piensa: no soy la única madre de familia que se siente abrumada y honrada, que presume de criar hijos de una tercera cultura. Y esa parte de mí quiere dar a conocer a otros padres y a nuestros hijos todas las emociones propias de ello. Así que aquí les comparto algo de lo que quiero transmitir y he dicho a mis propios hijos, que son de una tercera cultura.

  1. Ustedes son los chicos más geniales del planeta. Ustedes saltan y suben y bajan y se convierten en volcanes activos. Vuelan internacionalmente por su propia cuenta antes de ser adolescentes. Duermen bajo las estrellas en la playa y saben cómo orinar en un baño o en un agujero, o detrás de un arbusto o incluso donde no hay arbustos. 
  2. Sé que es difícil. Les he observado, orgullosa y con lágrimas, el primer día de escuela cuando no sabían cómo contar hasta 10 en francés, y el primer día de escuela en América, cuando no sabían cómo comer el lunch en la cafetería. Veo sus momentos de duda cuando los otros chicos hablan de cosas que ustedes no entienden. Vi sus hombros caer el día que usaron su tradicional traje yibutiano para ir a la iglesia y entonces, una vez que vieron la forma en que iban vestidos los otros niños, preguntaron si podían quitárselo. Escucho a los tres referirse a diferentes lugares como “nuestra casa.” 
  3. No sé cómo es. Sé cómo es ser padre de un niño de una tercera cultura, pero no sé lo que es ser un niño de tercera cultura. He leído libros, he escuchado pláticas y asistido a seminarios, pero ustedes están forjando un camino que yo no he caminado. Aun así cubro sus espaldas, tengo una caja llena de Kleenex y me duele el estómago de tanto reírme con ustedes. No sé cómo es este viaje tan particular pero sostendré sus manos con fuerza hasta el final. 

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  4. Perdón por las cosas que este estilo de vida les ha quitado. Los nombres de todos los amigos a los que les han tenido que decir adiós están marcados en mi mente. Los abuelos y los primos en sus fiestas de cumpleaños y eventos de la escuela. El sentimiento de pertenencia a un lugar, casa, cultura, o lenguaje específico. Una madre que puede ser chaperona sin tener el acento. Las actividades deportivas, musicales y académicas en las cuales sobresalen con naturalidad pero que nunca experimentarán plenamente. 
  5. Estoy emocionada por las cosas que esta vida les ha dado. Aventura y una amplia visión del mundo. La oportunidad de confiar en Dios cuando nada alrededor tiene sentido o cuando todo alrededor tiene sentido. Amigos de todo el mundo, de diferentes religiones, lenguas y color de piel, con diferentes gustos en las comidas y de distintos niveles económicos. Fluidez en múltiples idiomas. Creatividad y la intrínseca habilidad de mirar fuera de la caja, de mirar con la perspectiva de la otra persona. Gratitud genuina derivada de comprender que las cosas son pasajeras, gratitud por las relaciones y por el tiempo pasado en unidad. Adaptabilidad. Valentía. Valentía. Valentía.
  6. Quiero saber de ustedes. Díganme lo difícil que es, cuéntenme de las cosas que aman, de las cosas que quisieran que fueran diferentes, de las cosas que nunca cambiarían. Necesito escuchar de ustedes sobre cómo es, necesito que sean honestos conmigo sobre lo bueno y lo malo y luego necesito que me dejen sostenerlos. Y también necesito que me sostengan.
  1. He llorado por las decisiones que hemos tomado. Y luego las he defendido con pasión. No es fácil ser padres de niños con una tercera cultura, o de cualquier tipo de niño, he limpiado manchas de lágrimas de nuestros sillones y nuestras almohadas, de las camisetas de papá. A veces me pregunto si hemos estado locos o hemos sido irresponsables. Pero entonces los miro a ustedes y lloro de nuevo. Lágrimas de felicidad, porque son hermosos y complicados y profundos, y estas decisiones han sido parte de formarlos a la manera en que son ahora.
  1. Ustedes son fuertes. Han pasado por salidas y mudanzas internacionales, por crisis médicas, por bienvenidas y despedidas. Han intentado cosas nuevas y atemorizantes. Se han reído y llorado pero no los he escuchado quejarse. Han abrazado la vida.
  1. Ustedes son únicos. Nadie más en el mundo tiene sus historias. Y aun así, son parte de una comunidad increíble de gente con historias muy similares y al mismo tiempo diferentes a las suyas de las cuales ustedes pueden aprender. 
  1. Han construido recuerdos impresionantes. ¿Recuerdan cuando acamparon en Arta Plage, vino la inundación y los militares franceses tuvieron que rescatarlos? ¿Recuerdan la vez que cargaron un niño Dios por el vecindario de Balbala, encabezando un tren de familias que cantaban y aplaudían? ¿Recuerdan cuando conocieron a los jugadores trotamundos de Harlem?
  1. Tienen aflicciones. Y eso está bien, mamá y papá no se atemorizan por eso, queremos sobrellevarlas con ustedes.
  1. Son creativos.
  1. Son empáticos.
  1. Son sabios.
  1. Estoy muy orgullosa de ustedes.

¿Conocen el libro que se llama “¿Te amo hasta la luna”? Bueno, les amo hasta Somalilandia. Y Kenia. Y Francia. Y Djibouti. Y Minnesota. Y  cualquier otro lugar. ¡Y de regreso!

Este artículo fue publicado originalmente en: http://www.djiboutijones.com/2013/03/1-things-i-want-to-tell-my-third-culture-kids/

Reflejando a Cristo: Empoderamiento

Escrito por: Howard Culbertson.

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Cuando Jesús dio la Gran Comisión, no estaba simplemente asignando una tarea a la gente. Estaba empoderándolos. Ciertamente, el verbo “comisionar” posee algunos de los mismos matices que el verbo “empoderar.”

Empoderamiento significa dar a las personas autoridad y poder. Jesús no vaciló para hacer eso. Él no trató de mantener a sus seguidores con una “soga corta.” A pesar de que su misión terrenal sólo duró tres años, los Evangelios mencionan ocasiones donde Jesús envió a sus seguidores a predicar/sanar/liberar en misiones de corto plazo. Más importante, Jesús empoderó a otros para el futuro cuando Él no estuviera ahí. Por ejemplo, la noche antes de su crucifixión, Jesús dijo a sus discípulos más cercanos: “…mayores cosas que estás harán” (Juan 14:12). Al ser palabras que emanaban confianza y dieron a las personas permiso para soñar, fueron de empoderamiento.

Jesús sabía verdaderamente cuán falibles pueden ser los humanos. A pesar de eso, expresó confianza en sus seguidores. ¿Por qué? ¿Fue por que el empoderamiento tiende a resultar en crecimiento y madurez? Tal vez. El empoderamiento abre nuevas perspectivas para la gente. Las convierte en personas que toman decisiones. Fomenta el desarrollo de habilidades de liderazgo latentes. Las personas empoderadas ganan confianza porque alguien cree en ellas.

Empoderamiento no significa empujar a la gente afuera de la puerta y dejarlas a la deriva sin mentor o ningún tipo de estructura de rendición de cuentas. Jesús interrogó a aquellos a quienes envió de dos en dos. Su Gran Comisión incluyó las palabras: “y estaré con ustedes.”

El apóstol Pablo siguió el ejemplo de Jesús de liderazgo de empoderamiento. Mientras Pablo realizaba sus viajes misioneros, él eligió “ancianos” o líderes para las iglesias que plantó. Después, él mantuvo contacto con esas iglesias, escribiéndoles cartas y visitándoles. Cuando un pastor/evangelista necesitaba algún entrenamiento, Pablo se dirigió a una pareja de Roma: Aquila y Priscila. Pablo también empoderó a gente como Tito y Timoteo como “supervisores” o superintendentes de grupos de iglesias.

Los misioneros globales sueñan con alcanzar a las personas perdidas (o al menos deberían soñar así). Una manera potente de convertir estos sueños en realidad es empoderar a las nuevas iglesias en desarrollo y a sus líderes. Entre otras cosas, empoderar a otros multiplica el alcanza y la efectividad de los ministerios de evangelismo y discipulado.

De vez en cuando, los misioneros caen en la trampa de quedarse a cargo mientras esperan a que surja el sucesor perfecto. Otros piensan que han empoderado a la gente cuando todo lo que han hecho realmente es dar una lista de tareas para ser completadas. Jesús no asumió su ministerio terrenal en ninguna de esas maneras. Los misioneros que siguen a el modelo de liderazgo de Cristo, empoderarán a la gente en el mismo modo en que Jesús lo hizo.

Artículo publicado originalmente en: http://engagemagazine.com/content/reflecting-christ-empowering

Abraham: Confianza Completa en Dios

Si hoy en día alguien le pidiera que confíe su vida en alguien que usted no conoce, sin duda lo pensaría dos o tres veces. Pero sin darnos cuenta, ponemos nuestra vida en manos de desconocidos cuando viajamos en avión, en autobús, en tren, inclusive cuando tenemos que someternos a una cirugía.

Entonces, ¿por qué no poner nuestra vida bajo el cuidado de Dios nuestro Creador y Salvador? El llamamiento divino para todo creyente es un llamado para poner toda nuestra confianza en Dios.

Muchos dicen que la respuesta con fe dada por Abraham al llamado divino, tiene tres características:

  1. La confianza fue uno de los resultados de su fe, por eso Abraham no vaciló cuando escuchó el llamado de Dios, ni planteó una serie de preguntas respecto a su futuro. Eso no quiere decir que no estaba preocupado por su futuro; sin embargo, confiaba en Aquel que todo lo sabe y que todo lo puede.
  2. El segundo resultado de su fe es la influencia. Lot se uniera a su tío y viajó con él hacia Canaán. La sinceridad es muchas veces una inspiración para que otros se animen a seguir en el camino del Señor. Si nosotros decaemos en la fe, afectará la vida de muchas personas, especialmente a los nuevos creyentes. Por eso te pregunto: ¿Cuántas personas, familiares, vecinos, compañeros de trabajo, amigos, compañeros de estudio y hermanos de la iglesia, son bendecidos por el testimonio o estilo de vida de un hijo de Dios?
  3. El tercer resultado de la fe de Abraham es su testimonio, donde Abraham en obediencia a Dios, tomó camino del desierto guiando una caravana. Los que veían a Abraham y a su caravana, no le auguraban un buen futuro, pues ni él conocía la tierra a donde iba. Y sin duda, la parentela que se quedó en Harán, consideró una locura la decisión tomada por Abraham.

Desde el punto de vista humano, ¿qué le esperaba a Abraham? ¿Un viaje difícil y peligroso? ¿Un futuro desconocido sin un beneficio personal? Al llegar a Siquem, la tierra de los cananeos, Dios se le apareció a Abraham y allí renovó sus promesas y confortó a su siervo.

Abraham fue obediente al llamado de Dios. El vivió en una época cuando la humanidad estaba sumergida en la triste oscuridad del pecado y de la idolatría. Todavía hoy Dios está llamando a personas que estén dispuestas a dejar todo, para ir a donde Él les guíe para anunciar las buenas nuevas de salvación.

Sólo Confía en Dios

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“Y aquel que es poderoso para guardaros sin caída… a Él sea gloria y majestad” Judas 24-25

EL NIÑO DE ESCASOS OCHO AÑOS quedó atrapado en las llamas del edificio donde vivía. Era un departamento que su familia rentaba, pero el problema era que cuando el incendio inició nadie de la familia estaba con él; las llamas empezaron a subir hasta la tercera planta, en donde él permaneció mucho tiempo asustado y pidiendo auxilio a gritos.

Los vecinos empezaron a correr y llamar a los bomberos; a alguien se le ocurrió llamarle al padre de familia y éste, sin pensarlo, llegó hasta un lugar donde se escuchaban los llantos del pequeño. Alcanzó a ver en dónde estaba, y le gritó:

“Salta, hijo”.

“¡No! Tengo miedo.”

“¡Ten valor!, ¡salta!”

“No, papá; es que no te puedo ver…”

“Pero yo sí te veo, hijo.”

Así es nuestro Padre celestial: cuando hay nubes negras en derredor nuestro, cuando no vemos salida, cuando todo parece perdido, Él está ahí. Él sí puede vernos, aun cuando nosotros no. Él extiende Sus brazos de amor y nos pide que saltemos, que confiemos plenamente. No saltaremos al vacío, porque Él está ahí; no caeremos, porque Él está ahí. Las llamas no nos tocarán si escuchamos Su voz y le obedecemos… ¡como si fuésemos un pequeñito de escasos ocho años de edad!

Oración: Señor, sé que me ayudas en todo momento; sé que estás aquí. No permitas que lo que no veo con mis ojos me impida la plena confianza en Ti.

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