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Los Peligros Duales del Legalismo y “Tradicionalismo”

Nuestra oficina de Mesoamérica Génesis está trabajando diligentemente en asesorar iglesias que existen en las grandes áreas urbanas para que sean saludables y misionales. Uno de los primeros pasos para hacerlo es tomar una encuesta de salud de la iglesia para descubrir fortalezas y debilidades. Realmente es valiente someterse a esta tarea. Nadie quiere saber que están enfermos, o peor aún, muriendo.

Una de las razones más grandes que hemos encontrado de la falta de salud en las congregaciones, es una combinación de legalismo y adoración de la tradición. Tener orden y obedecer las leyes de Dios es muy importante para estar seguros. Pero si permitimos que nuestra adherencia a seguir las reglas se coloque en medio de la misión y de amar al mundo a nuestro alrededor, hemos perdido el enfoque. La tradición es una cosa maravillosa, y es un deber como cristianos celebrar nuestra herencia abundante. Pero si pensamos que los métodos de hace décadas son santos en sí y por ellos mismos, estamos en un territorio peligroso.

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El libro de Jean David Larochelle tiene mucho que decir respecto al legalismo y “tradicionalismo,” como él lo llama:

“El mensaje del Evangelio no es negociable. No dudemos.  Todo principio es eterno, todo principio es inmutable, todo principio es espiritual y todo principio es divino.  Pero las estrategias no son ni principios, ni doctrinas; tampoco son eternas.  Reitero que uno de los grandes pecados de la Iglesia es querer alcanzar una generación post moderna con estrategias primitivas.”

Las buenas nuevas no son buenas si no se pueden entender.  Y, cuando no actualizamos nuestros métodos para diferentes generaciones o culturas, podemos estar casi seguros de que ellos no nos comprenderán, ni mucho menos responderán positivamente.  La gracia llega a ser diluida por la importancia que ponemos en las leyes y la tradición:

“Doctrinalmente, el legalismo y el tradicionalismo pueden convertirse en posiciones esencialmente opuestas a la gracia…Dios ha dado libertad a su iglesia, pero muchos siguen atándola con su legalismo y tradicionalismo.”

Hablando de los fariseos en Juan 9 quienes cuestionaban al ciego que había recibido su vista, Larochelle continúa: “Es triste notar que, para ellos, el día de reposo estaba por encima de la persona. Las cosas, los intereses y las leyes, por encima de la persona humana.  Sin embargo, Jesús también les hizo ver que Él estaba en contra de las tradiciones y el legalismo necios que ellos habían inventado con respecto al día de reposo…No se alegraron con el hombre.  Para ellos lo humano se mira a través de lo jurídico.”

Y, concluyendo este tema, el autor nos invita a evaluarnos: “Piense si hay actitudes o pensamientos legalistas o rígidos dentro de usted hacia los demás o hacia usted mismo.  En la historia que estamos analizando, ¿qué papel le gustaría interpretar? ¿El de los fariseos o el de Jesús? Normalmente, ¿qué papel ha desempeñado? ¿Cuál desea interpretar de ahora en adelante?”

Estas son preguntas esenciales para toda iglesia y todo cristiano que desea reflejar el amor de Cristo en su sociedad.

Adviento: Cuatro Elementos de “Entrenar para Esperar”

En la entrada anterior, escuchamos del Pastor Rich Villodas mientras nos enseñó sobre el Adviento como una época de “entrenar para esperar.” En la segunda parte de su artículo, originalmente publicado en Missio Alliance, veremos cuatro maneras prácticas por medio de las cuales podemos aprender a llevar fruto en nuestras vidas espirituales mientras esperamos.

Por Rich Villodas

Cuatro Elementos Importantes sobre ESPERAR

1. Oración Reflexiva

Henri Nouwen ha dicho, “La espera activa es una espera que pone atención, está completamente presente en lo que está sucediendo en realidad, aunque de acuerdo con todas las apariencias externas nada esté sucediendo.”

Una de las formas principales de este tipo de espera que pone atención es en oración reflexiva. La oración no es simplemente articular nuestras necesidades ante Dios. También es disponernos nosotros mismos para que Dios articule sus movimientos ante nosotros.  

El adviento es una epoca de esperar en una postura de atención en oración. Muchas veces es cuando nos quedamos callados que empezamos a rastrear los movimientos de Dios en nuestras vidas.

2. Amigos en el Viaje

Esperar es mucho más fácil cuando se hace en comunidad. Esta es una de las razones por las que Jesús les pidió a sus discípulos que se unieran a Él mientras esperaba su muerte (desafortunadamente ¡ellos se quedaron dormidos!). El adviento es un recordatorio de que la espera es un acto colectivo.

María y Elisabet esperaron juntas.

Simeón y Ana esperaron en comunidad.

El pueblo de Dios, atentos, esperaron juntos.

El adviento es una invitación a buscar amigos en el viaje quienes nos ayudarán a procesar, discernir y se sentarán en silencio con nosotros mientras discernimos la actividad de Dios.

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3. Escuchar el Evangelio Predicado

Mientras esperamos, nuestras almas necesitan estar conectadas a la esperanza que viene de la proclamación del evangelio. Cada uno necesita una palabra hablada a nosotros regularmente que nos recuerde la fiel venida de Dios en Jesús.

La adoración del domingo no es un tiempo para conseguir golosinas religiosas y regresar a casa. Es una oportunidad de abrirnos nosotros mismos a la palabra creativa de Dios, que está para anclarnos en una historia que a menudo está en desacuerdo con las historias que nos decimos a nosotros mismos.

4. Esperar es una Actividad Activa

Esperar en el Señor no significa inactividad. No significa rehusarnos a tomar la iniciativa, a intentar o a buscar oportunidades (un nuevo trabajo, una relación romántica, etc.). En lugar de eso es la negativa de avanzar sin conectar nuestras vidas a Dios en oración y reflexión, en primer lugar y de manera continua.

Eugene Peterson ha dicho, “Esperar en oración es el rechazo disciplinado de actuar antes de que Dios actúe.”

Algunas veces esperar en el Señor significa “permanecer quieto” en una situación en particular hasta que recibamos más instrucciones. Otras veces, se nos requiere avanzar—pero en una manera que está cimentada en la oración.

Por último, esperar en el Señor es una manera de vida que viene en contra de nuestras tendencias de ser impulsivos, ansiosamente reactivos y sabios en nuestra propia opinión.

Si las decisiones están siendo tomadas reaccionando ansiosa e impulsivamente, hay probabilidades de que necesitemos práctica en esperar al Señor.

El adviento nos recuerda que Dios ha venido, viene y vendrá otra vez. Es una gran oportunidad de entrenar nuestras almas a esperar.

Este artículo fue publicado originalmente en: Missio Alliance.

Informe de Misión: Contextualización

Por Howard Culbertson

Cuando los creyentes de una cultura introducen el “evangelio inmutable” a personas de otra cultura, ¿cómo evitan ellos que las Buenas Nuevas no sean rechazadas como una importación foránea? La respuesta breve es una palabra: Contextualización. 

Cuando el cristianismo se mueve de una cultura a otra, hay peligro de que sea enseñado como una pertenencia de la primera cultura, y que esté fuera de lugar en la segunda. Las posibilidades de que eso ocurra pueden ser disminuidas si el Evangelio será proclamado y vivido en formas culturalmente comprensibles. Ese proceso de conectar significativamente la revelación bíblica con una cultura específica se denomina “contextualización.”

El misiólogo Darrell Whiteman lo dijo de esta forma: “La contextualización intenta comunicar el mensaje en palabra y acción, y establecer la iglesia en maneras que tengan sentido para las personas en su contexto local cultural.”

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Que el evangelio “tenga sentido” para la gente de una cultura no significa, por supuesto, que todos se apresurarán a aceptarlo. Las personas deben decidir si están dispuestas a hacer los cambios necesarios en su vida para que Jesús sea su Señor y Salvador. Desde luego, eso no quiere decir que la gente debe abandonar su identidad étnica o cultural para seguir a Jesús. La contextualización auténtica está basada en la premisa que cuando las personas permiten al poder transformador de Cristo entrar a sus vidas, ellos serán mejores nicaragüenses, japoneses o búlgaros o navajos de lo que eran antes. 

La contextualización no significa quitar o diluir la esencia del Evangelio para hacerlo más aceptable. Por el contrario, la buena contextualización retrata expresiones del “Evangelio inmutable” que son más fieles a la Escritura de lo que serían de otra manera. El Espíritu Santo guía a la contextualización a permitir que la Escritura sea lo más poderosa y transformadora posible en cada contexto cultural. 

La contextualización adecuada mueve la proclamación del evangelio más allá de una sensación de extrañeza a permitir que cada grupo de personas pueda escuchar a Dios decir: “Este mi diseño para ti.” La contextualización permite que la gente de cada cultura vea que Yahveh, el Creador del universo quien se revela a sí mismo en Jesucristo, los ama y quiere una relación con ellos. 

En términos tangibles, la contextualización implica la formulación de expresiones teológicas en cosas como las ilustraciones de un sermón, estilos de música, arte, toma de decisiones, elecciones de estilo de vida, programas y horarios de iglesias, métodos de predicación y enseñanza, el proceso de discipulado, alcance evangelístico, selección de liderazgo e incluso arquitectura. 

Debe quedar claro, como dice el profesor de misiones Zane Pratt, que el fin último de la contextualización “no es comodidad, sino claridad.” Por tanto, la contextualización auténtica no implica el ablandamiento o blanqueamiento de los mandamientos radicales de Jesús. De hecho, la contextualización permite que el Evangelio sea ofensivo a cada cultura por las razones exactamente correctas. Whiteman ha dicho que la buena contextualización asegura que el Evangelio “encuentre a las personas en el nivel de sus necesidades más profundas.” 

La contextualización auténtica deberá viajar sobre dos rieles. Un riel es una fidelidad inquebrantable a la Escritura. El otro riel es el de la comunicación y vivencia de la Palabra del Señor en maneras que son familiares a las personas en un contexto cultural particular. 

Este artículo fue publicado originalmente en: Engage Magazine

Día Internacional de Personas con Discapacidades: ¿Discapacidad: un error o parte del plan divino?

Continuando la celebración este 03 de diciembre del Día Internacional de Personas con Discapacidad, tendremos otro artículo relacionado. ¡Comparte con tu iglesia si te gusta la información!

amor2INTRODUCCION

Hace algunos años, las personas con discapacidad eran vistas como ciudadanos de segunda categoría, carecían de derechos legales y eran consideradas una “carga social”.

Acuerdos emanados de convenciones, tales como la Declaración de los Derechos Humanos, la Declaración de los Derechos de las Personas con Discapacidad, la Declaración de Salamanca, etc. han enfatizado su valor de persona sobre su discapacidad, logrando así, cambiar en forma positiva la visión que tanto el gobierno como la sociedad tenia de las personas con discapacidad.

Lamentablemente estos avances no se han dado en igual magnitud en las iglesias evangélicas, por lo que la presencia de personas con discapacidad dentro de ellas no es significativa. Es el objetivo de este artículo, el hacer un recorrido por la Palabra de Dios y analizar desde una perspectiva bíblica, la existencia de las personas con discapacidad y su función dentro del Plan Divino.

DISCAPACIDAD EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

 Ya en el Antiguo Testamento se hacía mención de las personas con discapacidad,

 “Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?” Éxodo 4:11

La anterior cita nos deja claro que es Dios el Creador de las personas con discapacidad, que tenía y tiene planes específicos con ellos y para ellos, que desde el inicio contaban con una protección especial, como nos lo muestra el siguiente versículo,

“No maldecirás al sordo, y delante del ciego no pondrás tropiezo, sino que tendrás temor de tu Dios. Yo Jehová”. Levítico 19:14

DISCAPACIDAD EN LOS EVANGELIOS

En los Evangelios es quizá donde más se mencionan a las personas con discapacidad. Uno de los versículos claves para corroborar que la existencia de dichas personas estaban dentro del Plan Divino, es el siguiente:

 “Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento, y le preguntaron sus discípulos diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él”.  Juan 9:1-3

Para los hombres de esa época eran necesarias las señales visibles y en esto tuvieron mucho que ver las personas con discapacidad. La sanidad espiritual y física de estas personas sirvió de respaldo para demostrar la deidad de Cristo, tal como El mismo lo dijo:

“Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio”. Lucas 7:22

Pero Jesús tuvo cuidado de dejar claro que lo importante era la sanidad espiritual, más que la sanidad física.  Esta se hacía para la gloria de Dios y no para la gloria de los hombres.  La siguiente porción bíblica nos lo demuestra:

 “Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.”- “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa”. Marcos 2:5,10-11

En el contexto de la porción anterior, Jesús nos motiva a romper todas las barreras que impidan que las personas con discapacidad lleguen a los pies de Cristo. Es cierto que estas personas requieren mayor inversión de tiempo y recursos materiales, pero para Jesús esto es una inversión que dará frutos eternos.

 “Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos”. Lucas 14:13-14

amor3DISCAPACIDAD EN LA ACTUALIDAD

Es impactante leer biografías de personas cuadripléjicas como la de Joni Eareckson Tada o la de Ron Heagy, que tienen que depender de otras personas aún para las cosas más básicas, que están atados a una silla de ruedas, que por su estado físico sería de esperar que fueran personas amargadas y resentidas con la vida, pero que por conocer al Señor Jesucristo tienen una actitud totalmente opuesta.

Estas personas nos están indicando con sus actitudes, que el mayor milagro ha sido realizado en sus vidas, que pueden disfrutar de una vida abundante a pesar de su discapacidad, que el gozo no depende de  la sanidad física, sino de una sanidad espiritual, y que si ellos en esas condiciones tan difíciles, pueden compartir la alegría de vivir con solo el hecho de que Cristo mora en sus corazones, ¿cómo no lo podremos tener nosotros en situaciones menos complicadas?

Sus vidas son testimonios de que el poder de Dios se perfecciona en las debilidades, y es gracias a esa debilidad que Dios los hace fuertes ante la adversidad y da gozo a pesar de su discapacidad. Mejor ejemplo del poder de Dios, no puede haber.

 “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”.  2 Corintios 12:9

Información provista por el Distrito Central de El Salvador.

La Ventana 10/40

Imagen Informativa de la Ventana 10/40

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“Y Serán Testigos en…”

La misión que el Señor dejó a su iglesia es para que cada hijo de Dios cumpla con ella, no sólo dentro de las puertas del templo, sino sobre todo fuera de ella. El mandato dice: “Mientras van” (traducción literal del origen griego), “id y haced discípulos a todas las naciones.”

Hoy día hay miles de pueblos que todavía no conocen el evangelio de justicia y salvación.  Es nuestra misión y responsabilidad predicarles el mensaje del evangelio antes de que Cristo venga. No podemos tranquilizar nuestra conciencia diciendo que “el Señor tendrá misericordia de ellos.” Eso sería de parte nuestra una irresponsabilidad y rebeldía contra Dios.

Lamentablemente a veces creemos y obedecemos más al enemigo de Dios que a Cristo nuestro Señor. El enemigo con frecuencia nos dice: “Si tienes tantos para ganar aquí en tu comunidad… ¿por qué te preocupas por los que están tan lejos”? Y así somos dominados por una mentalidad localista, cerrada y mezquina. Por supuesto, si no estamos dispuestos a compartir las buenas nuevas con los cercanos… ¿cómo podremos hacerlo en contextos y comunidades alejadas?

Sin embargo, alguien ha dicho, “Si la Iglesia hubiera esperado hasta que todo Jerusalén fuera salvado y hasta que todos sus problemas sociales fueran solucionados antes de haberse extendido el evangelio a otras partes, la Iglesia todavía exisitiría unicamente en Jerusalén.” Por eso los apóstoles y la Iglesia primitiva no esperaron a que toda Palestina fuera cristianizada para enviar a Pablo y Bernabé a los gentiles. Los metodistas del siglo XVII no esperaron ganar toda Inglaterra para enviar misioneros al nuevo mundo. Hechos 1:8 dice que seremos testigos en Jerusalén, Judea, Samaria, y hasta lo último de la tierra.  Seremos testigos a la vez en los cuatro lugares.  A veces no lo hemos escuchado así, ¿verdad? ¿Qué tiene que ver esta promesa contigo hoy?

Su Misión (y La Nuestra): Enseñar y Predicar

Muchos han debatido en los últimos años sobre la misión de la Iglesia.  Claro, estamos de acuerdo que es “hacer discipulos a todas las naciones….”  Sin embargo, ¿cómo? ¿Cuál es la mejor estrategia o método para hacer discípulos a la semejanza de Cristo en las naciones?

Cualquier discusión sobre la misión de la Iglesia debe centrarse en la misión de Dios en la persona de su Hijo, ¿no es cierto?  Y en los evangelios, aunque Jesús hacía muchas cosas y tocaba a miles de personas, sus prioridades principales eran tres: enseñar, predicar, y sanar (Mt. 4:23; 9:35).

Empecemos hoy con los primeros dos.

1. Jesucristo comenzó su ministerio enseñando el evangelio del reino de Dios. Pero, humanamente hablando, era imposible que una sola persona pudiera hacerlo todo y Jesucristo lo sabía. Por esa razón preparó un grupo de personas, sus discípulos, para que continuaran con las enseñanzas del evangelio del reino de Dios.

El poder de la enseñanza del evangelio por medio de los discípulos, era el mismo que estaba en Jesucristo cuando ministraba en la tierra. Y si somos obedientes al Señor y a la misión que nos ha dado, también enseñaremos el mensaje del evangelio de salvación con el mismo poder y autoridad que tenía nuestro Señor y Salvador.

2. Jesucristo predicaba el evangelio de Dios, la venida de Su reino.  Era un mensaje de arrepentimiento y sin duda de “buenas nuevas”.  La iglesia del siglo XXI tiene que proclamar con urgencia el mensaje de arrepentimiento y de salvación.  Pero de nuevo, ¿cómo debemos proclamar el evangelio?

Nunca podríamos nombrar todos los métodos de predicar, pero quizás es importante explicar que no se limita a un sermón tradicional dentro de un templo evangélico. Por ejemplo, cuando Jesucristo conversó con los dos discípulos que iban camino a Emaus (Lucas 24), escuchó el temor, angustia y frustración que llevaban en sus corazones y les ministró con la Palabra de Dios de acuerdo a sus necesidades. El apóstol Pablo se identificó con sus oyentes y pudo comunicarles el evangelio de acuerdo a sus necesidades (y en varios ambientes).

Si la misión de Jesús era enseñar y predicar, ¿cómo estás tú en estas áreas? ¿Las practicas con frecuencia o las evitas, diciendo que no es tu don?

Mañana hablaremos del tercer componente de la misión de Jesús: la sanidad.

El Medio es el Mensaje

tv_abstract_by_kwest19_350Como misioneros siempre nos preocupamos por cómo comunicar el mensaje más importante—el evangelio. A veces hablamos de “contextualizar” el mensaje, o adaptar nuestros métodos de compartir las mismas buenas nuevas en una nueva cultura. En teoría el contenido no cambia, pero el medio sí.

Pero, es bastante idealista, ¿no? Casi siempre si ajustamos la forma de compartir el evangelio, se va a entender muy diferente. El medio llega a ser parte del contenido. Como Marshall McLuhan decía hace cinco décadas, el medio es el mensaje.

Para mi cumpleaños o para Navidad, espero que alguien (¿lanzando la indirecta, quizás?) me compre el libro Flickering Pixels: How Technology Shapes Your Faith por Shane Hipps. Ya he podido leer algunos extractos y el autor está de acuerdo: el medio es el mensaje. Para cristianos, esto significa que cuando articulamos el evangelio por medios diferentes, esencialmente “reformamos el evangelio.”

Considera esto: Antes de que la mayoría de gente pudiera leer, la Iglesia enfatizaba las historias Bíblicas que se podían comunicar por ilustraciones y vidrios de colores. Significaba que priorizaban los Cuatro Evangelios sobre las Epístolas pesadas teológicamente. No obstante, el alfabetismo se esparció con la invención de la prensa, y el efecto fue bueno y malo. De un lado, todos tenían acceso a la Palabra y de hecho la Reforma Protestante se hizo posible. Del otro lado, llegó a ser mucho más fácil reducir la historia del evangelio a un sistema de doctrinas.

Hay otras consecuencias. La prensa erosiona la necesidad humana (y capacidad) de memoria. Antes de que se escribieran las cosas, la gente tenía que recordar historias e información para poder transmitirlas con precisión. La memoria y la transmisión eran asuntos de la comunidad. Pero leer es intensamente privado. Por tanto, la prensa anima el individualismo mientras reestructura la manera por la cual el cerebro procesa la información.

Medios visuales, por supuesto, vuelven a formatear el cerebro de nuevo—esta vez alejándolo de pensamientos abstractos, lo cual puede ser bueno y malo a la vez.

¿Cómo pueden las maneras en las cuales comunicamos el evangelio a nuestra congregación o comunidad—impreso, cara a cara, y en línea—influenciar el contenido del evangelio? Hipps nos lanza otra pregunta: ¿Qué quiere decir que Cristo—y ahora su Iglesia—es tanto el medio Y el mensaje?

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