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Otra vez digo: ¡Regocijaos!

Por Pastor Gerardo Aguilar

La misión redentora de Jesús, trae de parte de Dios bendiciones y beneficios para toda la raza humana. El propósito fundamental es la redención del hombre perdido y dominado por el pecado. El evangelio de Jesús sana al enfermo, libera al cautivo y da vista a los ciegos. Devuelve a toda persona renacida en Cristo su dignidad y propósito de vida.

Una bendición particular manifiesta desde el nacimiento de Jesús es el gozo expresado en la adoración celestial que entonaron ángeles esa noche en Belén. Lucas 2:14 dice: “Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad!” (NVI).

“El gozo es una marca distintiva del nacimiento, ministerio y obra de Jesús en esta tierra”. En nuestros días cuando un bebé llega a una familia todos alrededor se gozan con los nuevos padres; pero el nacimiento de Jesús fue especial. Lucas lo describió diciendo: “…ha nacido en la ciudad de David, un Salvador que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11).

En Jesús, Dios se acerca al hombre de una manera única. Y el niño nacido ese día en Belén es el mismo Dios hecho Hombre que un día murió en el Calvario y cambió el llanto y el luto de mundo a esperanza y gozo eterno en Dios. La salvación en Cristo trae consigo gozo celestial dentro de un cuerpo terrenal. Es como un perfume especial dentro de un frasco casual. La misma presencia de Dios habita en vasos viles para que luego nos convierta en vasos de honra para Sí mismo.

Sin embargo, debes saber que hay algo que hace que nuestro gozo nos abandone casi de inmediato, y eso es el pecado. El Espíritu Santo no podrá vivir en una casa sucia y por consiguiente su Presencia solo habitará en el corazón contrito y humillado. Por ello debemos mantener nuestra vida en santidad y entregada al Señor y al gobierno de su Espíritu Santo. Y si es el caso de alejamiento espiritual, entonces debemos volver a Dios en arrepentimiento sincero.

Desafíos de la vida intentarán apagar el gozo de Dios en nuestra vida, pero nada podrá apagarlo. Somos vulnerables a la muerte fisica, a las emociones, decepciones y pesares, pero esto no significa que el gozo pueda ser vencido. La Biblia dice en Nehemías 8:10: “El gozo del Señor es nuestra fortaleza”. El gozo es una manifestación de la presencia de Dios en nuestra vida, y solo podremos mantener ese estado de fe triunfante en la medida que nos llenemos de Dios en el Espíritu Santo.

En esta época donde recordamos el nacimiento de Jesús, no podemos olvidar el gozo de los ángeles y de los pastores a quienes cantaron. “Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído” (Lucas 2:20).

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¿Y tú? ¿Qué has visto y oído? Si la Navidad significa “paz en la tierra a los que gozan de su buena voluntad”, escuchemos y obedezcamos la exhortación de Pablo en Filipenses 4:4 – “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”

Hay espacio en mi corazón

Crocker_Gustavo-6249_r_For_PrintEscrito por: Gustavo Crocker / Trad. por: Erika Chaves

Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada…” (Lucas 2: 7 NIV).

Mientras yo estaba visitando a una de las islas del Caribe este año para celebrar la ordenación de varios hombres y mujeres en el ministerio, no pude dejar de notar que eran los primeros días de noviembre y las tiendas ya estaban decoradas para Navidad.

“La gente se prepara para la Navidad antes de tiempo porque hay mucho que hacer, lugares para ir, y presentes para comprar”, dijo el mandatario local, quien notó mi sorpresa al ver qué tan temprano la gente se prepara para la Navidad en su país.

Empecé a pensar que tal vez esta preparación temprana en muchos lugares no tiene tanto que ver con el nacimiento de Cristo como con el ajetreo que hemos hecho. Reflexioné sobre las muchas familias que han llenado sus agendas con planes de vacaciones, visitas familiares, viajes a los centros comerciales, y otras actividades relacionadas que hacen en esta temporada festiva. Sin embargo, muchas personas sólo han utilizado el nacimiento de Cristo como una excusa (aunque una buena) para reunirse, dar regalos a nuestros seres queridos y extender los días festivos. Nuestras vidas y horarios se han vuelto tan llenos que nos queda muy poco espacio para Jesús.

Al mismo tiempo, esta temporada trae buenos recuerdos de mi infancia en la iglesia local que visitábamos. Recuerdo haber pasado semanas en preparación para las obras de Navidad y los musicales. Pero debido a las limitaciones de nuestro entorno pobre, que no tenía la expectativa de regalos o vacaciones fuera de casa, teníamos ganas de celebrar la venida de Cristo al mundo. ¡Había algo único en la celebración de su nacimiento!

Una de las canciones que aprendí en la preparación de las obras de teatro de Navidad era un recordatorio de que entre más ocupada esté la temporada, menos espacio hay para Cristo. También eso recordaba a la iglesia que así como Él nació en Belén, no había lugar en la posada para Él.

Podemos aplicar esta lección ahora y hacer espacio en nuestro corazón para Él. Esa vieja canción tiene una letra simple pero de gran alcance:

“Venid a mi corazón Señor Jesús,

Hay espacio en mi corazón para Ti”

Al celebrar el Adviento de este año, mi oración es que nos detengamos muchas veces a celebrar a Cristo en medio de nuestras ocupadas agendas. Pido a Dios que dejemos espacio en nuestros presupuestos para compartir con alguien que lo necesite, como si estuviéramos dando a Cristo mismo. Oro en particular que esta temporada sea el mejor momento para que hagamos lugar en nuestros corazones y así Cristo llegue a ser el único dueño de nuestras vidas.

Tomado de: http://nazarene.org/files/docs/bgs/WOH1214.pdf

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