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Cómo el Espíritu Santo y el Fuego Vencen los Vientos Negativos en tu Vida

Por Rev. Rob Prince

Mi Pequeñita Luz es una adorable canción de niños que es bien conocida alrededor del mundo. La canción anónima es un viejo espiritual negro (es decir, un himno) que ha sido entonado en escuelas dominicales y catedrales. La letra simplemente dice que mientras tal vez nosotros tengamos una pequeña luz, cuando no la escondemos, permitiéndole que brille e impidiendo que Satanás la apague, entonces ¡la oscuridad huye! Puedo apreciar esta verdad. La dejaré brillar. La dejaré brillar. La dejaré brillar.

No me lances piedras (¿o me escondas debajo de un almud? ¡No!), pero hay un problema con las luces pequeñas. La parpadeante flama de una pequeña vela es apagada fácilmente. No se necesita de Satanás para soplar y apagarla. Cualquier viento inesperado la apagará. He visto suficientes videos caseros chistosos para saber que todos, desde abuelas perdiendo sus dentaduras hasta bebés cubiertos de azúcar, pueden soplar las pequeñas luces de las velas de un pastel de cumpleaños. Las pequeñas luces de las velas son débiles. Se apagan fácilmente.

Por otro lado, una fogata en pleno auge, el tipo de fogata que tiene mucha madera, muchas flamas, perfecta para tradiciones y costumbres, no puede ser apagada por abuelas, bebés o cualquier otro viento que aparezca. De hecho, los expertos en incendios forestales saben que un incendio en el bosque no es aminorado por el viento, al contrario, el incendio se vuelve más fuerte a causa del viento. El viento extingue una vela, pero aviva un incendio.

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A lo largo de la Biblia, el fuego representa el poder y la presencia de Dios. Moisés encontró a Dios en una zarza ardiente, y después Dios se le apareció en una columna de fuego para guiar a su pueblo en el desierto (Éxodo 3:2, 13:21). En Pentecostés, seguido del sonido de un viento recio, Lucas nos dice que algo como lenguas de fuego reposaban sobre cada uno de los discípulos ahí reunidos. Ellos inmediatamente fueron llenos con el Espíritu Santo, y sus vidas y el mundo fueron transformados para siempre. Todo esto cumplió la profecía de Juan el Bautista de que el Mesías bautizaría “con el Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11-12). Eso es lo que necesitamos también—ser bautizados con el Espíritu Santo y fuego.

Cuando somos empoderados por el Espíritu Santo y fuego, incluso los vientos más resistentes no pueden apagarnos. Los vientos vendrán hacia todos. Vientos de desánimo. Vientos de negatividad. Vientos de tentación. Vientos de angustia. Vientos de dolor. Esos vientos, en algunos casos, son originados por las cosas de la vida, pero en otras ocasiones esas frías ráfagas vienen a través de personas arrogantes en nuestro camino. Las circunstancias difíciles, y la gente carnal y negativa, pueden intentar extinguir tu pequeña luz. Pero la gente que está consumida por el Espíritu Santo y fuego no es frágil, no falla como cuando los vientos están soplando sobre una pequeña vela. En lugar de eso, los creyentes llenos del abrasador Espíritu Santo miran al viento, y a esas personas en nuestra vida quienes están llenas de palabras huecas, y citan a Pablo, “para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:14-15).

No seas simplemente una frágil y pequeña luz en un mundo oscuro, oscuro.  En lugar de eso ¡recibe el poder del Espíritu Santo y su fuego consumidor! Ni siquiera los tornados se comparan al fuego del Espíritu. Quizá hay lugar para un cambio en la letra. “Mi GRAN luz es Jesús y ‘aun los vientos y el mar le obedecen’” (Mateo 8:27). No es una estrofa pegajosa, ¡pero es verdad!

Este artículo fue publicado originalmente en: robprinceblog.wordpress.com.

El Lugar De Más Adentro – Parte 1 de 2

Por el Rev. Howie Shute

Recientemente me he sentido un poco como el profeta Isaías cuando estaba completamente deshecho en la presencia del Señor en Isaías capítulo 6, y al mismo tiempo voy vislumbrando más de Su santidad. Cuanto más cerca camino de Él, más dulce me parece. Todo esto me resulta abrumador cuando me encuentro a mí mismo caminando en Su maravillosa presencia. Siento que a donde sea que yo me mueva, me encuentro en el lugar de más adentro, a solas en la presencia de Jesús.

Hablando del lugar de más adentro, ahí es donde Pablo y Silas se encontraron a sí mismos cuando estaban en Filipos (Hechos 16). Habían expulsado un espíritu maligno que poseía a una esclava. Esto enojó al dueño de la esclava porque antes había ganado una gran cantidad de dinero para él a través de la adivinación de la fortuna. Sin embargo, esta habilidad de decir los eventos del futuro se perdieron cuando el demonio la dejó. Es por esa razón que el dueño de la esclava llevó a Pablo y a Silas ante las autoridades.

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Aquellos dos misioneros del primer siglo fueron desvestidos, golpeados y severamente azotados. Para empeorar las cosas, fueron encerrados en prisión. La Biblia dice en Hechos 16:24 que el carcelero los llevó al calabozo de más adentro y les aseguró los pies en el cepo. Los estudiosos de la Biblia no llegan a un acuerdo en cuanto a la naturaleza de ese calabozo de más adentro. Algunos hablan de una celda al final del pasillo que conducía a las celdas exteriores. En el calabozo de más adentro estarían completamente aislados de cualquier luz o contacto con el mundo exterior. Era un lugar retirado que añadía tortura al prisionero a causa de la oscuridad total y el aislamiento.

También era un lugar del cual sería más difícil escapar. Era más seguro que el área general de la prisión. Otros estudiosos de la Biblia insisten en que “el calabozo de más adentro” en la cárcel de los Filipenses era como la celda más profunda de las cárceles en el Imperio Romano. Aquellas celdas profundas eran cortadas en piedra y colocadas en un agujero debajo de la población general de prisioneros. También estaban completamente aisladas y llenas de una espantosa oscuridad. Aun así estas celdas penitenciarias eran peores que las otras celdas de aislamiento porque las aguas residuales fluían a través de las celdas inferiores de la prisión.

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Cualquiera que haya sido la situación para ese “calabozo de más adentro” en la cárcel Filipense, no era buena. Se pudiera llamar un “hoyo infernal”. ¿Puedes imaginar tener heridas abiertas causadas por los severos azotes que recibiste antes de ser lanzado a una celda de la prisión y terminar en una rendija de alcantarillado? Ni siquiera puedes defenderte de las ratas que circulan alrededor de ti y se alimentan de tus heridas, porque tus pies están encadenados en los cepos y las ratas trabajan cubiertas por la oscuridad. Y aunque fuera del tipo de celda que estaba vacía de las aguas residuales sin procesar, era un lugar muy oscuro y solitario, probablemente no libre de bribones que se darían un festín con tus heridas mientras estuvieras indefenso debido a las cadenas de la prisión.

Fue en tales condiciones, en el calabozo de más adentro donde Pablo y Silas estuvieron en íntima comunión con el Señor. Fue durante la media noche que estaban orando y cantando himnos (Hechos 16:25). El lenguaje usado en las Escrituras sugiere que esas oraciones y cánticos era una actividad progresiva. En un lugar tan oscuro ellos seguían y seguían adorando al Señor Jesús.

El calabozo de más adentro, aquella celda en la prisión se convirtió en un lugar donde habitaba la santa presencia de Dios. Eso es asombroso. Y muy alentador. No importa dónde nos encontremos o por lo que estemos pasando, la presencia de Jesús está justo ahí con nosotros. Todos los lugares son lugares santos cuando tu espíritu está dispuesto a adorar.

Este artículo continuará en la próxima entrada.

El Sol y La Cueva

Había una vez una cueva que vivía bajo la tierra (como acostumbran hacerlo). Esta cueva había pasado toda su vida en la oscuridad, sin saber lo que es la luz.

Cierto día oyó una voz que le dijo:

-Cueva, te invito a que subas y conozcas la luz del sol.

-¿Qué es eso, qué es la luz? – respondió la cueva- Además estoy muy a gusto aquí.

La voz le contesta: Con mayor razón debes atender a mi invitación, para que sepas que es la luz.

Al principio la cueva tuvo temor de la invitación por no saber que es aquello que la invitaba a ver.  Pero al final la cueva salía lentamente de su lugar, recordando la confianza que la voz le brindó.

Poco a poco iba descubriendo qué era la luz. Y aunque le lastimaba un poco sus ojos, la cueva estaba sorprendida al ver que la luz era tan brillante y que estaba por todas partes, no había ni una pizca de oscuridad en ningún lugar, no había lugar donde la luz no estuviera. Se sintió extraña, pero cálida y feliz a la vez.

Conociendo ahora quien era la luz y notando la diferencia, la cueva, mirando al sol, le dijo:

-Ven ahora conmigo y conoce lo que es la oscuridad.

-¿Que es la oscuridad?- preguntó el sol.

-¡Ven conmigo y la conocerás!-replicó la cueva.

El sol, aceptando la invitación, decidió ir a conocer la obscuridad. Cuando el sol entró a la cueva le dijo: “Ahora enséñame la oscuridad”.  La cueva, atónito, no sabía que responder.

-Entra un poco más – dijo la cueva- Hace poco había mucha oscuridad acá.

El sol caminaba más, entrando más a la cueva con cautela y curiosidad.

-Bueno, estoy listo, Cueva.  Muéstrame la oscuridad – le dijo.

Tratando de responder, la cueva quedó sin palabras.  Avergonzado, explicó: ¡Es que justo antes de que vinieras acá, había mucha oscuridad!  No sé porque no existe en este momento…

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Juan 1:9).

“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).

Reflexiones Sobre la Semana Santa

Jesus en la Cruz--TeatroHace un año yo escribí una entrada en este blog (“La Semana Olvidada”) sobre Semana Santa y su relevancia en la Iglesia Cristiana. Aunque a todos nos gusta mucho disfrutar las vacaciones de escuela y trabajo, ir a la playa, etc. ésta semana debe tener un significado enorme en el corazón de cada evangélico y cada iglesia.

Semana Santa es la última semana de Cuaresma, la semana precediendo el Día de Resurrección.  Es un tiempo de conmemorar y participar en el sufrimiento (Pasión), muerte y resurrección de Jesús.

Semana Santa debe movernos detrás de las celebraciones gozosas de Domingo de Ramos y Día de Resurrección para que nos enfoquemos en el sufrimiento, humillación y muerte de nuestro Salvador.  Es un periodo importante donde contrastamos la esperanza de la Resurrección y la promesa de vida nueva, con la realidad de muerte y finalidad.

Sólo caminando por las sombras y la oscuridad de Semana Santa y Viernes Santo,

Sólo dándonos cuenta del horror y gravedad del pecado y sus consecuencias en el mundo (mostrado en el cuerpo maltratado de Jesús),

Sólo contemplando la finalidad y desesperanza de los discípulos cuando Jesús quedó muerto en la tumba,

¡Sólo así podemos verdaderamente entender la luz y esperanza del amanecer de domingo!

El Día de Resurrección es la celebración más importante del calendario cristiano. ¡Debemos celebrar con todas nuestras energías que Jesús está vivo!  Pero no lleguemos a domingo sin contemplar y reflexionar sobre el resto de la semana.  No hay una corona sin una cruz.  No hay victoria sin rendir todo.  No hay resurrección sin muerte.

¿Cómo pueden estos días transformar tu vida personal y espiritual?  ¿Cómo puedes caminar con Jesús a la cruz en esta semana tan santa?

*Gracias a Dennis Bratcher del Christian Resource Institute por su ayuda con este artículo.

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