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Una Mirada a Cuaresma

Recientemente, concluimos nuestros 40 días de oración enfocados en las ciudades de la Región Mesoamérica. Cada enero, iniciamos el año calendario pidiendo al Señor que empiece un génesis en nosotros y en las poblaciones urbanas alrededor del mundo. ¡Sigamos intercediendo por estas ciudades, demos y sirvamos sacrificialmente para ser testigos de su transformación!

En 2018, esos 40 días terminaron justo algunos días antes de que comience otra experiencia de 40 días. En el calendario cristiano, este próximo miércoles marca el inicio de Cuaresma. Esta es una época significativa donde como seguidores de Cristo hacemos justamente eso: seguimos a Cristo, y lo seguimos específicamente a la cruz.

Nuestros amigos de “A Plain Account” han compartido una definición de Cuaresma (abajo) que espero sea de ayuda para ti y tu congregación durante este tiempo.

Cuaresma es un periodo de ayuno y dolor por nuestro pecado en preparación para la celebración de la Pascua. Los tonos morados que decoran muchos santuarios en esta época representan dolor, lamento, y sufrimiento. Sin embargo, el color morado también es un color de la realeza, que nos recuerda el sacrificio de nuestro Rey, Jesús.

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Cuaresma es una costumbre sumamente antigua. Hay una tradición que sugiere que los Apóstoles originalmente instituyeron esta práctica.

Comenzando con el Miércoles de Ceniza, Cuaresma dura 40 días, sin contar domingos. La ceniza representa nuestro arrepentimiento, el dolor por nuestros pecados, y nuestra mortalidad. El periodo de 40 es común en la Biblia, está asociado con Moisés, Elías, Noé, Jonás, Jesús y otros. La ceniza representa la muerte y destrucción producto del pecado. Recibir una unción de ceniza es un signo de arrepentimiento.

Durante este tiempo, las personas comúnmente ayunan algo como el chocolate, la televisión, o el comer carne. El propósito del ayuno es aumentar nuestra conciencia de la presencia de Dios. También puedes considerar añadir algo a tu vida durante Cuaresma, como una disciplina espiritual o el ser más generoso. Puede ser una buena forma de empezar un nuevo hábito.

Cuaresma concluye con la Semana Santa, iniciando con el Domingo de Ramos (la Entrada Triunfal) e incluye el Jueves Santo (cuando Jesús lava los pies de sus discípulos), Viernes Santo y Sábado Santo (un día de profunda tristeza por la muerte de Cristo).

Durante Cuaresma reconocemos nuestra necesidad y nos arrepentimos de nuestro pecado. La esencia del pecado es una relación rota. Es cuando le decimos “no” al llamado de Dios a amar en cada momento. Incluso en este momento lúgubre del año, la Resurrección está en el ambiente. Hay esperanza. Hay perdón. La Pascua viene.

Venid Fieles – Y No Tan Fieles – … ¡Todos!

Por el Rev. Chris Gilmore

Uno de mis villancicos preferidos de navidad inicia con la frase: Venid fieles todos, a Belén marchemos, de gozo triunfantes y llenos de amor.” Imagino a los pastores y los sabios cantando estas palabras y pidiéndoles a otros que se unieran a su visita al recién nacido y largamente esperado Salvador. Es una invitación a reunirse alrededor de Jesús para celebrar su venida. Venid, fieles todos.

Pero, ¿qué pasa con los que no son tan fieles? ¿Ellos también están invitados? ¿Solo los triunfantes de gozo y llenos de amor pueden venir a Jesús?

Si es así, la lista de invitados será notablemente pequeña. Incluso aquellos que están más entusiasmados con Jesús son infieles a veces. Todos fallamos en cumplir nuestros propios estándares, mucho más los de Dios. Todos nos hemos sentido derrotados. Honestamente, muchos de nosotros nos sentimos así con frecuencia.

Cuando leemos los evangelios, encontramos que la invitación es mucho más amplia que solo para los gozosos y triunfantes. Ahí vemos que es el mismo Cristo quien hace la invitación. Jesús revela que Su reino, Su mesa, y Su gracia son para toda la gente. Que vino por todo el mundo, e invita a cualquiera a venir a Él. Jesús encarna un amor que es para la gente, quien quiera que sea y donde quiera que se encuentre.

A veces no comunicamos ese mensaje de buena forma. A veces excluimos a las personas que son descuidadas o que pecan de forma diferente a la que pecamos nosotros.  A veces encontramos difícil hacer espacio para la gente que no es como nosotros. A veces actuamos como que hemos sido fieles, pero no es verdad. A veces pretendemos estar gozosos y triunfantes cuando no lo estamos en lo absoluto. A veces nuestro comportamiento levanta barreras entre Jesús y la gente a la que Él ama.

Pero Jesús es más que eso. Y es Su fiesta, no de nosotros. Y Él dice que estás invitado.

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Así que sí, venid fieles todos, y venid también los no tan fieles.

Venid los que se sienten derrotados, los que se sienten sin esperanza.

Venid todos los que están cansados, los que llevan cargas pesadas.

Venid los que están estresados y en la cuerda floja.

Venid los que se sienten sucios e indignos de amar.

Venid ustedes los afligidos.

Venid hombres sabios con regalos para el rey.

Y venid niños con tambores, sin nada de valor para ofrecer.

Venid leprosos, recolectores de impuestos y prostitutas.

Venid los que se sienten rechazados.

Venid pastores y doctores, hoteleros y meseros.

Venid gente de todas las tribus y toda lengua. Venid jóvenes y viejos.

Venid los que se sienten traicionados. Y los que han cometido la traición.

Venid los que fracasaron este año. Y el año pasado.

Venid ustedes que dudan y los escépticos. Venid con sus preguntas y su intelecto.

Venid los hambrientos y sedientos por algo más.

Venid los que tienen cicatrices.

Venid los que tienen temores.

Venid los que tienen roto el corazón y desechos los sueños.

Venid los que han renunciado. Y los que desearían poder hacerlo.

Venid los refugiados y los Ejecutivos Corporativos.

Venid ustedes que son enemigos. Venid ustedes que son extraños.

Venid ustedes ansiosos y ustedes que se esconden detrás de una máscara.

Venid los que apenas pueden musitar una oración, ustedes que lloran diariamente.

Venid vagabundos y buscadores, legalistas y charlatanes.

Vengo yo, ven tú.

 “Cantad jubilosas, célicas criaturas, resuenen los cielos con vuestra canción”.

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Venid a ver que el Señor es bueno.

Venid a encontrar esperanza, ayuda y sanación.

Venid a encontrar descanso.

Venid a encontrar propósito.

Venid a encontrar sentido de pertenencia, una familia.

Venid por perdón y salvación.

Venid a encontrar la luz.

Venid a encontrar un nuevo comienzo.

Venid a hallar gracia.

Venid a encontrar a Jesús. Él es Cristo el Señor.

Cuando vengas encontrarás que Él es mejor de lo que hemos demostrado, y más maravilloso de lo que merecemos. Él es digno de confianza y es verdadero. Está aquí por nosotros. Está aquí con nosotros.

Y tú, quien quiera que seas y donde quiera que estés, como quiera que te sientas, estás invitado. Ven.

Este artículo fue publicado originalmente: iamchrisgilmore.com

Dando el Perdón por Sentado

Por Scott Armstrong

“¡Vengan, volvámonos al SeñorÉl nos ha despedazado, pero nos sanará; nos ha herido, pero nos vendará” (Oseas 6:1).

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(Leer Oseas 5:15 – 6:6)

Este pasaje graba una conversación entre Dios y su pueblo. El Señor empieza en 5:15 esperando que sus hijos rebeldes lo busquen. Israel responde en 6:1-3 en lo que parece genuino arrepentimiento. Y entonces Dios se pone agresivo en 6:4-6. ¿Por qué responde diciendo que los “cortará en pedazos” “matándolos” y “enviando rayos sobre ellos” (v.5) ¿Esto tiene sentido?

Miremos más de cerca. Israel está tomando el perdón como algo seguro. Dios ha sido tan perdonador antes; ¿por qué no lo sería ahora? “Seguro hemos pecado, pero aún así nos sanará” (v.1). “Dos o tres días de buenos sacrificios y él  nos resucitará al tercer día” (v.2).  Dan el perdón por sentado y piensan que realmente pueden pecar durante la noche, pedir perdón, y tan seguro como que el sol saldría la mañana siguiente (v.3), Dios los perdonaría a ellos.

Cuidado aquí. Este tipo de actitud es falsa y Dios lo sabe. Su amor es como el rocío de la madrugada sobre la hierba que desaparece al mediodía (v.4). El punto es claro. El falso arrepentimiento enferma a Dios. Él no perdonará esos corazones.

De hecho, Dios no tiene que perdonar a nadie. Él desea hacerlo; Él quiere hacerlo (Oseas 11:8-9). Pero el pecado es algo serio. Creo que nada enoja tanto a Dios como cuando su propio pueblo peca y luego pide perdón sólo para cubrir sus posiciones. Mi antiguo pastor lo llamaba “seguro contra incendios” –hacer una pequeña oración para asegurarte que aún vas al cielo y no al infierno. No hay un corazón cambiado y ciertamente no hay una vida cambiada. “Dios me perdonará; voy a hacer lo que quiera y obtendré perdón después.”

Lee los versículos otra vez. Luego lee 1 Juan 1:9. Los mensajes no son contradictorios. Si genuinamente confesamos nuestros pecados, Él nos perdonará. Cuenta con eso. Pero la confesión verdadera no incluye pronunciar una oración sin ningún plan de cambiar nuestras acciones.

¿Hay aún pecado en tu vida, y si es así, cómo lo ves? De acuerdo a nuestro Dios, el pecado lo enferma (Apocalipsis 3:16).  Él nos llama a ser santos –una obra que sólo Él puede hacer. Lo que Él necesita de nosotros es un corazón completamente vuelto hacia Él. Examínate a ti mismo. ¿Es hoy el día para un arrepentimiento genuino?

No Hay Diferencia

Por Scott Armstrong

“Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús (Romanos 3:22b-26).”

(Leer Romanos 3:22-31)

Los versículos que acabamos de leer nos dan malas noticias. Todos hemos pecado. Ninguno de nosotros es suficientemente bueno para Dios. Tal como dice la versión bíblica The Message: “todos estamos en el mismo barco que se hunde,” y eso nos incluye a todos. Como lo expresa un predicador: “simplemente no hay diferencia.”

Espera un segundo. ¿No hay diferencia? ¿Esto significa que el peor asesino y la persona más generosa y amable del mundo comparten el mismo destino si dependiera de nosotros y de nuestra propia justicia?

Imaginemos que hay una escalera que empieza en la humanidad en la Tierra y llega a Dios en los Cielos. Si apilamos todas las cosas buenas y malas que hemos hecho, ¿dónde estaría el criminal? En el último peldaño, tal vez. ¿Dónde estarían la Madre Teresa o Billy Graham – personas que han servido a Cristo con fidelidad y han cambiado el mundo con sus ministerios? Tal vez estarían en el cuarto o quinto peldaño. Y tú y yo estaríamos en medio. Con unos pocos cientos más de buenas obras podríamos llegar a Dios, ¿verdad?

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Sólo hay un problema. La escalera tiene un millón de peldaños. Si dependiera de nosotros alcanzar a Dios por medio de nuestra propia justicia, no tendríamos esperanza. Aunque a la vista de nuestros ojos puede haber diferencias entre nosotros y los otros, ante los ojos de Dios todos estamos en lo más bajo de la escalera. Simplemente no hay diferencia.

Pero las malas noticias son seguidas de muy buenas noticias. No depende de nosotros. Depende de Dios. A través de su gracia, Él puede cambiar nuestras vidas y podemos pasar la eternidad con Él. Ya que hemos compilado este largo y lamentable récord como pecadores y probado que somos incapaces de vivir las vidas gloriosas que Dios desea para nosotros, Dios lo hizo por nosotros. En su inmensa generosidad, Él nos saca del desastre en el que estamos y nos restaura al lugar donde siempre ha querido que estemos. Y lo hace por medio de Cristo Jesús.

¿Entonces? ¿Cómo afecta esto la manera en que vivimos? Bueno, vivimos abrumados por su gracia, constantemente agradecidos con Él por habernos salvado. Y también vivimos humildemente. Si todos somos pecadores necesitados de un Salvador, no hay espacio para el orgullo y para pensar que somos mejores que los demás (v. 27). Dios hace la diferencia. ¿Necesitas gratitud o tal vez, humildad en tu vida? ¿Hay alguien en tu vida que necesite escuchar las buenas noticias de que Dios hace toda la diferencia? ¿Cómo puedes mostrar a Cristo en este día?

¡Está Bien, de Acuerdo! ¡Lo Siento!

Por Scott Armstrong

“Oye, pueblo mío, y hablaré; escucha, Israel, y testificaré contra ti: Yo soy Dios, el Dios tuyo. No te reprenderé por tus sacrificios, Ni por tus holocaustos, que están continuamente delante de mí” (Sal. 50:7-8).

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(Leer Salmo 50:7-15)

Tengo mucha suerte de tener un hermano. Como él es solamente dos años menor que yo, tuvimos muchos amigos e intereses en común mientras crecíamos. Jugábamos mucho juntos y aún somos buenos amigos actualmente.

Pero obviamente hemos tenido nuestras peleas también. Recuerdo que mi mamá nos separó muchas veces mientras nos golpeábamos, me miraba y exigía, “di que lo sientes, Scott”.  Por supuesto, como un hijo obediente, con sincero remordimiento en mi corazón por lo que había hecho, murmuraba entre dientes, “lo siento,” y esperaba a que mamá saliera de la habitación para hacerle una mueca a mi hermano.

Si tú tienes un hermano o hermana, sabrás exactamente de qué estoy hablando. Hay maneras de decir “lo siento” genuinamente, y maneras de decirlo sin una pizca de arrepentimiento. Hay veces en que hemos pedido perdón de corazón, y hay veces en que sólo lo hicimos porque era lo que se supone que debíamos hacer.

“Misericordia quiero, y no sacrificio” (Mateo 9:13, Oseas 6:6). En el Salmo que acabamos de leer, Dios está exhortándonos otra vez a la obediencia.  Si yo le digo a mi hermano “lo siento”, y cinco minutos más tarde le hago lo mismo para irritarlo, ¿lo habré dicho de corazón? Dios está tratando con el mismo problema.  Muchos de sus hijos oran a Él o, en el contexto del Antiguo Testamento, le sacrifican toros y cabras, sin tener la intención de obedecerle. Él desea gratitud; Él quiere que “paguemos nuestros votos” –en otras palabras, que le obedezcamos (v. 14). Cuando lo buscamos sinceramente, Él nos librará (v. 15), pero quiere que vengamos a Él con humildad genuina y con un deseo real de obedecerle.

¿Cómo ha sido tu relación con Dios recientemente? ¿Has estado sirviéndole porque es lo que debes hacer o porque genuinamente lo deseas? ¿Ha brotado de tu corazón la obediencia, o ha sido meramente externa? Dios quiere que lo obedezcamos por amor y gratitud por lo que Él ha hecho. Ora en este mismo momento. Ese tipo de relación con Él puede empezar hoy.

Liderando Gente Difícil

Por Dan Reiland. Trad. por Yadira Morales.

Probablemente sea cierto que la persona más difícil que dirijo soy yo.

Eso también podría ser cierto para ti.

Pero más allá de esa realidad, hay quienes parecen ser genuinamente inconscientes del impacto negativo que tienen sobre otros a su alrededor. Y hay algunos que parecen tener una extraña sensación de satisfacción al crear problemas y obtener reacciones de la gente.

Estas personas difíciles podrían ser un líder voluntario, un compañero de trabajo, un miembro del personal, incluso un miembro de la familia. Puede ser casi cualquier persona que tengas la responsabilidad de dirigir.

Cuando permites que la gente difícil “se salga con la suya,” cualquier ambiente puede llegar a ser tóxico.

Entonces, ¿cómo podemos liderar mejor a las personas difíciles y sobrevivir para contar la historia?

Empecemos con lo que no funciona.

5 respuestas comunes a las personas difíciles, que no funcionan:

  1. Evitar a la persona y la situación.
  2. Ceder y rendirse. Darles lo que quieren, dejar que ellos se salgan con la suya.
  3. Permitir que su comportamiento continúe. No les das lo que quieren, pero dejas que la persona continúe con la negatividad, el chisme, etc.
  4. Pasar la responsabilidad de tratar con esa persona a otra persona, para que maneje la situación.
  5. Activar y conquistar.

La Escritura nos da una visión para hacerlo de una mejor manera:

“Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos.” Romanos 12:18 (NVI)

El contexto en este capítulo, comenzando con el versículo 9, es amar a la gente. El versículo 17 dice “no pagues mal por mal,” y el versículo 19 dice “no tomes venganza.”

El pasaje provee en principio, la intuición práctica que necesitamos para tratar con personas difíciles de acuerdo al corazón de Dios.

Nos dice cómo debemos ver a la gente. Especialmente cuando lees el versículo 17, “ten cuidado de hacer lo correcto.”

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He aquí un gran resumen práctico:

  • Soy responsable de cómo trato a los demás.
  • Puedo no ser responsable de cómo me tratan.
  • Soy responsable de cómo reacciono a aquellos que son difíciles.

Primero, necesitas disponer tu corazón:

A)  Difícil no es una enfermedad.

No huyas de las personas difíciles que tienes que dirigir. Es natural alejarse de la gente difícil, pero no ayuda.

Si bien puede ser contraproducente moverse hacia personas difíciles, es importante aceptar que es parte de tu responsabilidad como líder.

Es fácil amar a tus amigos y seguidores, pero la prueba real de tu liderazgo es cómo influencias a quienes te ponen a prueba.

B) Perdona y déjalo ir.

Una de las situaciones más desalentadoras en el ministerio son los líderes que se vuelven heridos, amargados y viven con remordimiento.

Esto puede verse reflejado, principalmente, en las situaciones más extremas, pero todavía sucede con demasiada frecuencia. 

El perdón no es fácil, pero siempre es el mejor camino.

Este artículo continuará en la siguiente entrada.

 

CUARESMA: Una Época de Arrepentimiento

Rev. Ken Childress

“Ahora bien —afirma el Señor—,

    vuélvanse a mí de todo corazón,

    con ayuno, llantos y lamentos».

 

Rásguense el corazón

    y no las vestiduras.

Vuélvanse al Señor su Dios,

    porque él es bondadoso y compasivo,

lento para la ira y lleno de amor,

    cambia de parecer y no castiga.” (Joel 2:12-13)

 

La época de Cuaresma puede ser resumida en una palabra: ARREPENTIMIENTO. Escucha esta oración congregacional del Libro Común de Oración:

Omnipotente y Eterno Dios, que no sientes aversión por nada de lo que has creado, y que perdonas a los que con verdadera fe se arrepienten; Crea en nosotros corazones contritos, y concédenos perfecto perdón ¡oh Dios de toda misericordia! a los que lamentamos nuestros pecados y reconocemos nuestra miseria; por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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Si esa oración te parece anticuada, puede ser que no recordamos con suficiente frecuencia que nuestro pecado es una hedionda ofensa a Dios; que una vez fuimos pecadores pobres y miserables sacados de un pozo fangoso. Como un viejo Puritano una vez advirtió, “Siéntate cerca del autoanálisis.” Es la mejor manera de apreciar completamente lo que Jesús logró para nosotros en la cruz.

La época de Cuaresma es un tiempo de preparación para un examen de conciencia, antes de la celebración del día de Resurrección.

Solo una mirada honesta a nuestro pecado nos dará una apreciación completa de la misericordia de Dios. Solamente cuando entendemos lo perdida que está la humanidad, entonces comprendemos lo grande que es nuestra salvación.

Recuerda, Cristo no murió simplemente por los pecados generales del mundo. Él murió específicamente por tu pecado específico.

 Así, es el mensaje hoy de Joel 2:12-13, para mí y para ti. Y si estoy adormecido ante la ofensa de mi pecado, ayúdame a “reconocerlo y lamentarlo” Señor, me arrepiento. ¡Gracias por tu PERDÓN!

Padre de toda misericordia, ayúdame hoy a entender tu mensaje para mí de Joel 2:12-13. Y si estoy adormecido ante la ofensa de mi pecado, ayúdame a “reconocerlo y lamentarlo” ¡Muchas gracias por tu PERDÓN!

Cómo Ministrar A Las Personas Que No Les Agradas

Por Dorothy J. Haire. Trad. por Manuel Santana
Ocho consejos para amar al “difícil de amar”
 
Con el tiempo, y después de haber cometido errores que me avergonzaron, he aprendido a guiar a personas que no les caigo bien. Tal vez a quienes nunca les simpaticé. El Espíritu Santo me ha capacitado para amar al “difícil de amar.” Las lecciones aprendidas a lo largo del camino quizá te ayuden si estás en la posición de liderar y pastorear a quienes no les agradas.
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1. Ora. Aprendí a tener comunión con mi Padre celestial antes de hacer frente a cualquier situación. Mi instinto era primeramente resolver el problema, irle de frente, confrontar a la persona y luego orar. Pero esta no es la manera más efectiva. Una vez que he ventilado, suplicado y descargado todas mis emociones delante de Dios, llego a percibir su guía y ver la situación de manera mucho más clara.
 
2. Fortalécete con la Palabra. La Escritura limpia la mente y fortalece el corazón. Es de alivio y confiable. Aprendí que la entrega diaria es crucial en momentos difíciles así como llenarme con la verdad de Dios.
 
3. Piensa antes de actuar. Mi primer instinto era censurar hablándole a la congregación entera del problema existente. Pensaba que todos tenían conocimiento de ello y nadie me apoyaba. Estaba equivocada. Realmente eran solo unas pocas personas involucradas en el asunto. A través de mi error aprendí a no predicar un mensaje cruel acusando a todos. En cambio, he aprendido a ir despacio y obtener todas las pruebas primero. Mas, en vez de defenderme a mí misma, he aprendido a dejar que el Señor sea quien pelee mi batalla.
 
4. Evalúate a ti mismo. Aprendí a analizar las quejas en caso de haber un ápice de verdad. ¿Me encontraba yo tan atareada que me había vuelto despreocupada, grosera, impaciente e imposible de querer? ¿Las responsabilidades administrativas de dirigir la iglesia estaban opacando mis responsabilidades como pastora? Por mi parte corrijo toda falta encontrada.
 
5. Las personas heridas, hieren a otras. La inmadurez espiritual, la falta de ética y la disconformidad están presentes en todo momento de la vida y la iglesia local no es la excepción. Tuve que darme cuenta de que las personas que fueron maltratadas generalmente maltratan a otras. Mi postura como pastora no me previno de ser blanco de esto. Aprendí a reconocer que la mayor parte del tiempo, las personas que actúan así es producto a su dolor, incluso a heridas del pasado y que el problema no siempre soy yo.
 
6. Brinda paz y perdón. Jesús señala los pasos a dar cuando tu hermano o hermana peca contra ti (Mateo 18:15-17). Primero, habla con la persona, solos los dos. Trata el asunto y asume tu parte. Si él o ella no te escuchan, vuelve a tratar con dos o tres personas presentes. Si ese hermano o hermana sigue rehusado a escucharte, dilo a la iglesia. Perdónalo/a para que estés en paz con Dios. Haz todo lo posible para reconciliarte.
 
7. Recuerda quien te llamó. Tuve que recordar quien me había llamado, ungido y escogido. Yo le dije “Sí Señor” a Dios, no a las personas. Mi compromiso era con Él, nunca me prometió que sería fácil, pero sí que saldría victoriosa si me apoyaba en Él. Aprendí a decir como David, “El Señor es mi escudo y mi fuerza, mi corazón confía en Él y Él me ayuda” (Salmo 28:7)
 
8. Permítele al amor de Dios que fluya. Aprendí a amar a mi enemigo, bendecir a quienes me maldicen y hacerles bien a los que vilmente me usan y persiguen (Mateo 5:43-44). Dios ha fortalecido mi corazón con su amor. Si Dios ama tanto a estas personas al enviar a su hijo unigénito a morir por ellos, yo también tengo que amarles, como pastora nombrada por Él.
 
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