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Pascua: Lleno de Vida

Es un poco paradójico escribir sobre la Pascua en medio de la Cuaresma, pero cada año nosotros como pastores preparamos nuestros sermones sobre Pascua durante el tiempo del sacrificio y el ayuno que implica la Cuaresma, así que esto tiene sentido.

En muchos de nuestros países, la Pascua es el día en el que las personas regresan a la normalidad del trabajo y la escuela después de la relajación de los días de vacaciones en Semana Santa. ¡Qué ironía! Después de todo, la Pascua, el Domingo de Resurrección, es el día en el cual lo “normal” es erradicado, y emerge un nuevo paradigma. Para los cristianos no debería haber celebración más grande.

Como Joan Chittister escribe en su libro, El Año Litúrgico: La Aventura en Espiral de la Vida Espiritual, “No hay nada en la cultura cristiana que explique completamente todas las otras cosas cristianas tan bien como lo explica la Pascua” (p. 54). El Hijo de Dios fue enviado para ser crucificado y, después de morir en la cruz, permanecer tres días en la tumba. Pero la Pascua, la Resurrección, proclama que la muerte ¡no tiene la última palabra! Por lo tanto, ¡no debería existir celebración más grande que la Pascua! Un festival extravagante de alabanza debería estallar durante ese domingo así como Jesús, hace tanto tiempo, salió de la tumba temprano esa mañana.

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Chittister lo expresa de esa manera: “La mañana de Navidad encontramos el pesebre lleno de vida; la mañana de Pascua encontramos la tumba vacía, no hay muerte. Conocemos toda la verdad ahora: la muerte no es el final, y la vida como la conocemos solamente es el inicio de la Vida. No hay sufrimiento del que no podamos resucitar si vivimos una vida centrada en Jesús. Es la tumba vacía la mañana del Domingo de Resurrección la que nos dice, ‘Ve y dile a otros. ¡Ahora!’ (paráfrasis de Mateo 28:10)” (p. 164). ¡No podemos quedarnos con estas buenas noticias! ¡Queremos invitar a tantos como sea posible a que se regocijen con nosotros!

Esa clase de impulso debería provocar que el culto de Resurrección reboce de gozo y emoción. Chittister comparte una anécdota graciosa relacionada con esta misma realidad:

“Él tenía seis años y no estaba acostumbrado a ir a la iglesia. Cuando vi la familia en la Vigilia de Pascua en el monasterio, me quejé. Es un servicio largo, lleno de danza y cantos, flores e incienso, campanas y música. Pensé, ¿por qué alguien traería un niño al culto? Pero después, durante la comida el niño seguía claramente animado, y la familia estaba radiante. ‘Jake insistió en que lo trajéramos de nuevo…a la Vigilia de este año,’ su mamá me explicó tocando orgullosamente el cabello del pequeño. ‘¿En serio? ¿Para qué?’ Yo pregunté con obvia incredulidad. Entonces el pequeño niño me miró con algo de asombro. ‘Porque me gusta esta iglesia,” dijo él. ‘En esta iglesia, ¡Jesús de verdad resucita!’” (p. 201).

No hay mejor cumplido. ¡Qué este Domingo de Pascua tu servicio – y tu vida – sean la evidencia para todos de que Jesús de verdad resucita!

Esperando a que el Mundo Cambie – Parte 2 de 2

*Esta es la continuación del artículo publicado en la entrada anterior.

Para todo, hay una época (cambio, cambio, cambio)

El ser humano es una criatura sujeta a plazos determinados por diseño divino. Naturalmente tendemos a organizar nuestras vidas alrededor de diferentes ritmos que se desarrollan a tiempo. Dependiendo de nuestra vocación, las diferentes épocas traen diferentes expectativas y demandas.

Provengo de una línea de granjeros de un lado de mi familia y pastores del otro lado. He observado que tanto con los pastores como con los granjeros, las épocas cambiantes determinan mucho la manera en cómo vivimos nuestras vidas.

Los contadores tienen que lidiar con la temporada de impuestos. Los políticos y funcionarios públicos tienen ciclos de elección. Los semestres y recesos del año escolar determinan el tiempo para estudiantes y maestros. Y algunas veces nuestra recreación, en lugar de nuestra vocación, determina cuáles épocas importan más: cuando podemos cazar o pescar, qué deportes podemos seguir, si podemos salir en bote, o en motocicleta o en los esquís de nieve.

Creciendo como hijo pastor en la Iglesia del Nazareno, no seguí el calendario cristiano rigurosamente; pero sin falta, observábamos el Adviento. Cada año, en el domingo después de Acción de Gracias entraríamos en un santuario decorado para Navidad: árboles y guirnaldas junto a nacimientos y la corona de Adviento con sus velas, las tradiciones entremezcladas con lo sagrado. Para cada uno de los cuatro domingos que conducen hacia Navidad, encendimos las velas, usualmente acompañado de la lectura de la profecía del Antiguo Testamento, y cantábamos canciones como “¡Oh Ven, oh Ven Emanuel!”

Algunas veces perdíamos un poco la trama, y cantábamos “Allá en el Pesebre” o “Del Oriente Somos” durante Adviento. Es difícil resistir la urgencia de avanzar hacia el clímax del día de Navidad, justo tan difícil como es durante Semana Santa permanecer en la desolación del viernes y el sábado santo cuando sabemos que “¡el domingo viene!”

Pero el Adviento se trata de esperar.

La paciencia y la esperanza son virtudes a menudo descuidadas en nuestros días, pero esto es precisamente lo que el Adviento busca cultivar en nosotros: paciencia, la anticipación expectante de que nuestro Dios es confiable y no hace promesas vacías.

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Mirando hacia al futuro mientras miramos el pasado

Durante Adviento, no solamente anticipamos un evento que ya sucedió—la primera venida de Jesús—sino que también miramos adelante y anticipamos ¡su segunda venida!

Este Adviento, mientras nos preparamos para darle la bienvenida al Dios que viene a nosotros, nos deseo a todos un “Feliz Año Nuevo,” y nos invito a comenzar el viaje a través de la historia de salvación de Dios a través del los ritmos del calendario cristiano. Haciendo esto, nos unimos con un sinnúmero de cristianos a lo largo del tiempo y el espacio, quienes han ordenado sus vidas y su adoración de acuerdo con este patrón, todo para la gloria de Dios.

Este artículo fue publicado originalmente: Holiness Today

Esperando a que el Mundo Cambie – Parte 1 de 2

Por Brannon Hancock

La época de Adviento—una palabra que significa llegada—es una época de espera.

“¡Casi no podemos esperar! / Por favor no llegues tarde, Navidad.” Muchos de ustedes pueden escuchar esta canción en su cabeza inmediatamente, ¿verdad? Esas voces de ardilla cantando la canción de navidad que amamos odiar. Esta canción es un ejemplo trillado (¡y fastidiosamente persistente!) del enfoque de la cultura secular hacia el consumismo navideño. Pero para los cristianos con ojos para ver y oídos para oír, puede servir como un recordatorio de que la época de Adviento—una palabra que significa llegada—es precisamente una época de espera, de anticipación, y preparación para el Gran Día, el día después, cuando nada fue igual.

Nuestra cultura practica esta anticipación, incluso mientras perdemos el enfoque. Las decoraciones navideñas llenan los estantes de las tiendas después de Halloween (y aparentemente antes de esta fecha cada año). Las estaciones de radio comienzan su programa navideño tan pronto como termina Acción de Gracias. Los niños en la escuela comienzan a ensayar “canciones navideñas” para finalizar sus programas semestrales. Las ventas de Black Friday (o viernes negro) y el Cyber Monday (o lunes cibernético) llaman la atención de los consumidores, y los cupones y ventas continúan incluso hasta el día antes de navidad para los procastinadores.

Si tienes hijos o si has estado alrededor de alguna pareja preparando la bienvenida de un bebé al mundo, has experimentado esto. Recibimos las grandes noticias. Después esperamos. Comenzamos a prepararnos. Pintamos las paredes y decoramos la habitación del bebé, la emoción crece. Compramos una cuna y la ensamblamos. Y esperamos. Leemos libros para padres con títulos como “Qué esperar cuando se está esperando”…y esperamos. Esas últimas semanas parecieran durar para siempre. Y esperamos. ¡Imagina lo que María y José deben haber sentido!

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El tiempo sigue deslizándose hacia el futuro

El adviento debe ser considerado en el contexto del calendario cristiano para ser completamente valorado. El calendario cristiano, también llamado calendario litúrgico o el año cristiano, es un patrón a través del cual la Iglesia narra la historia del Dios que estaba en Cristo. Mientras algunas iglesias han seguido este patrón por siglos, muchas congregaciones evangélicas están empezando a (re)descubrir y abrazar el calendario cristiano, y lo han encontrado enriquecedor para su adoración y discipulado. Es simplemente una manera más en la que podemos “contar la antigua, antigua historia de Jesús y su amor.”

El calendario cristiano no está preescrito en la Biblia, y no fue transmitido por decreto divino con el mandato de que servilmente nos sometiéramos a él. Pero es bíblico y fue transmitido a través de la Iglesia que llamamos “única, santa, universal y apostólica,” la cual mediante el Espíritu Santo, nos dio nuestra Biblia.

La Escritura revela que Dios dio el tiempo como un buen regalo. De acuerdo con el relato de la creación en Génesis 1, en el cuarto día, Dios declara: “¡Que haya luces en el firmamento que separen el día de la noche; que sirvan como señales de las estaciones, de los días y de los años, y que brillen en el firmamento para iluminar la tierra… .”

El tiempo tiene un propósito, y ese propósito tiene que ver con la manera en cómo adoramos y cómo observamos el tiempo sagrado.

En la Escritura, encontramos amplia evidencia de la idoneidad de los días sagrados, celebraciones religiosas, ayunos, rituales, y ritmos, particularmente en la adoración del pueblo de Israel. Sin embargo, a mayor escala, vemos que esa historia relatada a través del calendario cristiano es la historia de la Biblia—la historia de la obra salvadora de Dios a través de los siglos.

El calendario cristiano es una manera en que la Iglesia ha procurado “dar la hora” como el tiempo de Dios. Para los cristianos, 1º de enero no es un día significativo; es simplemente ¡el octavo día de Navidad! Cuatro domingos antes de Navidad, el primer domingo de Adviento, realmente es “Día de Año Nuevo” para la Iglesia. Después caminamos a través de Navidad y Epifanía antes de entrar a la época de Cuaresma. Durante Cuaresma nos unimos a Jesús en sus 40 días de ayuno en el desierto en preparación para sus años de ministerio terrenal. Buscamos acercarnos más a Dios purificando nuestras vidas, arrepintiendónos de nuestros pecados, y preparando nuestros corazones para experimentar los eventos de Semana Santa.

Los días entre el domingo de Ramos y el domingo de Pascua o Resurrección pueden llevarnos en una montaña rusa de emociones mientras caminamos a través de los días finales de Jesús: la Última Cena, el Getsemaní, su arresto y crucifixión, nos dirigimos a la Ascención de Cristo al Padre (40 días después de la Pascua), y la venida del Espíritu Santo en el Pentecostés (50 días después de la Pascua), seguido de la larga época conocida como Tiempo Ordinario, durante la cual nos enfocamos en cómo Dios ha trabajado en la vida y la misión de la Iglesia.

*Este artículo continuará en la siguiente entrada.

Mirando la Verdad, sin Verla

Por Hiram Vega

Durante su ministerio en la tierra, Jesús impactó muchas vidas,  y aún al final de su carrera su vida seguía estremeciendo otras vidas.

Una de ellas fue la del hombre más poderoso del lugar. Poncio Pilato, representante del imperio romano y gobernador de esa region. Jesús fue llevado ante Pilato por las autoridades religiosas, para que fuera juzgado por él, aún cuando ellos ya habían determinado el resultado del juicio. Pilato era un gobernante endurecido, acostumbrado a aplastar rebeliones, para poder conservar su posición y para mantener el dominio romano.                    

¿Qué se podia esperar entonces de Pilato al ver a Jesús? Lo más probable es que considerara su tiempo demasiado valioso como para entrenenerse en un prisionero de poco valor político, y rapidamente lo mandara ejecutar. Sin embargo algo asombroso ocurrió:

Pilato llegó a estar tan convencido de la inocencia de Jesús, que lo declaró no culpable en tres ocasiones diferentes.

La primer ocasión Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: “ningún delito hallo en este hombre” (Lc. 23:4).

La segunda ocasión les dijo: “―Ustedes me trajeron a este hombre acusado de fomentar la rebelión entre el pueblo, pero resulta que lo he interrogado delante de ustedes sin encontrar que sea culpable de lo que ustedes lo acusan. Y es claro que tampoco Herodes lo ha juzgado culpable, puesto que nos lo devolvió. Como pueden ver, no ha cometido ningún delito que merezca la muerte” (Lc. 23:14-15).

Y la tercera justo antes de que lo entregara para ser crucificado, pidió agua y se lavó las manos delante de la gente. “―Soy inocente de la sangre de este hombre —dijo—. ¡Allá ustedes!”

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Tambien buscó no condenar a Jesús de diferentes maneras.

  • Primero lo envió a Herodes para que él lo interrogase (Lc. 23:5-12).
  • Después propuso azotarlo en lugar de crucificarlo (Lc. 23:16).
  • Y aún hizo un tercer intento de librar a Jesús dada la costumbre que se tenía durante la pascua de liberar un preso, pero la gente pidió a Barrabás (Lc. 23:17-25).

Queda claro que Pilato sabía que Jesús no era un preso normal, ni siquiera una persona común.  Las últimas palabras de Pilato hacia Jesús, vinieron en forma de una pregunta: ―¿Y qué es la verdad? —preguntó Pilato.Dicho esto, salió otra vez a ver a los judíos. ¡No esperó a escuchar la respuesta!

Parece increíble, estár frente a la Verdad y no verla, el hombre que tuvo la última oportunidad de tener un diálogo con la Verdad, no tomó el tiempo para oírla.

Hoy día pasa igual. Mucha gente espera la Semana Santa con ansias, pero no para escuchar el milagro que ocurrió en ella, sino para olvidar el trajín cotidiano.  Sin embargo, por cada Pilato que decide no escuchar, hay otro que dice que sí. Esa es la Victoria de la cruz. Conscientes de esto, no permitamos que la incredulidad de unos pocos, nos desvíe de la misión de llevar el mensaje de la verdad a muchos otros, que sí la escucharán.

 

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Hiram Vega es miembro del Equipo de Predicación y Enseñanza de Chase Oaks Church en Español, Plano, TX.

Barrabás, el Hijo del Padre

Por Hiram Vega

¿Qué es lo primero que viene a tu mente cuando escuchas el nombre de Barrabás? Muy probablemente recuerdas a un asesino que fue liberado de ser crucificado, y Jesús murió en su lugar. Y es muy cierto.

Después de ser arrestado, Jesús enfrentó varios juicios: uno de ellos ante el rey Herodes, otro ante las autoridades religiosas, y otro ante la autoridad romana.

Es precisamente en el juicio ante el gobernador romano, Pilato, que aparece el nombre de Barrabás. Su nombre se menciona en los evangelios Mateo 27:15-26; Marcos 15:6-15; Lucas 23:18-24; y Juan 18:40. Y es interesante descubrir cómo la vida de este personaje oscuro se cruza con la de Jesús.

Jesús estaba de pie ante Poncio Pilato, quién ya lo había declarado inocente de cualquier cosa digna de muerte (Lucas 23:15). Pilato sabía que Jesús estaba siendo acusado por los líderes religiosos para conservar su poder y privilegios, ya que sentían que el pueblo se iba tras el nuevo profeta. Pilato, de manera extraña, buscó la forma de liberar a Jesús y al mismo tiempo mantener la paz, por lo que ofreció a la multitud una elección: la liberación de Jesús o la liberación de Barrabás, un malhechor bien conocido que había sido encarcelado por insurrección en la ciudad y por homicidio (Lucas 23:19).

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La liberación de un prisionero judío era costumbre antes de la fiesta de la Pascua (Marcos 15:6). El gobernador romano concedió el perdón a un criminal como un acto de buena voluntad hacia los judíos a quienes él gobernaba. La elección de Pilato ante ellos no podría haber sido más clara: un asesino de alto perfil e incitador de la violencia que era incuestionablemente culpable, o un maestro y un hacedor de milagros que era claramente inocente. La multitud presente eligió Barrabás para ser liberado, azuzados por los líderes religiosos.

Pilato no esperaba esta respuesta. Él en realidad buscaba liberar al inocente. Inclusive la esposa de Pilato, entrometiéndose de manera sorprendente en un área que no le correspondía, le envió un mensaje: No tengas nada que ver con este inocente (Mateo 27:19). Sin embargo, ellos no sabían que la muerte de Jesús en la cruz ya estaba profetizada. 

El hecho de que apareciera Barrabás, que en arameo significa el hijo del Padre, fue para recordarle a la humanidad, que Jesús, el Hijo de Dios (el otro hijo del Padre), había venido a buscar y a salvar lo que se había perdido, en este caso tú y yo, y venía a morir en una cruz para pagar el precio por nuestra salvación y reconciliarnos con el Padre. ¡Qué estupenda noticia! Sin embargo, hoy día siguen habiendo millones de Barrabases que no han oído del Hijo del Padre que vino a morir en su lugar. Hoy es el día para compartir este mensaje a los que están alejados de la casa del Padre viviendo perdidamente, para informarles que el precio ya fue pagado y que es tiempo de volver a casa.

¿Irás a ellos? ¿Les dirás?

 

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Hiram Vega es miembro del Equipo de Predicación y Enseñanza de Chase Oaks Church en Español, Plano, TX.

Ajustar las Velas

Por Raphael Rosado

Recuerdo una ocasión en que veníamos de regreso de un retiro de jóvenes en el área montañosa de mi país.  Al entrar a uno de los pueblos que están en el trayecto nos percatamos que el tráfico estaba totalmente congestionado y no se movía. De todos los días en que podíamos pasar por ese pequeño lugar, se nos había antojado hacerlo el día en que se corría el maratón del pueblo.  La carretera que habíamos seleccionado estaría cerrada por varias horas.

Nos empezamos a asustar cuando vimos que las personas se estaban bajando de los vehículos y sacando comida y sillas (cómo terminamos saliendo de allí es una aventura que contaré otro día). Cuatro personas íbamos en ese viaje. El primero se quejó: “Qué suerte la nuestra.” El segundo más optimista dijo: “Quizás abran pronto.” Sólo al tercero se le ocurrió decir: “Tal vez haya otra ruta.”  La pregunta que debes estar haciéndote es: ¿Qué rayos hacía yo? Pues yo me reía recordando una cita famosa que ilustraba muy bien nuestra situación, va algo así: “Los pesimistas se quejan del viento, los optimistas esperan que cambie, los realistas ajustan las velas.”

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Ante una situación difícil, ni quejarse, ni sentarse a esperar, ni mis disquisiciones filosóficas sobre nuestra situación fueron algo útiles. Sólo el que intentó adaptarse a la situación y buscar una ruta alterna nos ayudó a llegar a nuestros hogares.

Dios es especialista en ajustar las velas, sobre todo cuando se trata del ser humano. Cuando el hombre pecó en el Edén, el plan de Dios fue trastocado, pero Dios no se quejó. Tampoco se sentó a esperar. Dios encontró una ruta alterna hacia nuestro corazón. Dios nos habló a través de los patriarcas, la ley, los profetas y, finalmente, cuando la humanidad se negó a escuchar, Dios nos habló a través de su propio Hijo, Jesús.

Todo ajuste es pequeño para Dios cuando se trata de su amor por ti. No hay nada que él no haría para llegar a tu corazón.

Recuerda durante Semana Santa que no existe un ajuste de velas más grande que el que ocurrió en el Calvario. Si Dios mismo estuvo dispuesto a ajustar las velas porque te amó, ¡cuánto más nosotros debemos esforzarnos por ajustar nuestros planes para acomodar a los demás! Amar al prójimo significa dejar de quejarnos por las cosas que la gente hace mal.  También significa dejar de esperar que ellos cambien para acomodarnos.  Tal vez, amar al prójimo significa que soy yo quien tengo que ajustar las velas para llegar a su corazón y alcanzarlos con el amor de Dios.

Después de todo, eso precisamente fue lo que Jesús hizo por mí en el Calvario.

Regresa a la Historia del Calvario

Por Raphael Rosado

¡Cuánto admiro a las personas que tienen verdadera vocación por lo que hacen! Como dice el refrán: “Haz aquello que te apasiona y no trabajarás un día en tu vida.” Sin embargo, es importante entender que la pasión no es un accidente, tampoco es algo con lo que se nace y mucho menos es el resultado del éxito.

Por ejemplo, Picasso no nació siendo Picasso. Por el contrario, su genialidad fue el producto de muchos factores: su ambiente, su época y, sobre todo, su voluntad. Las obras maestras son mucho más que el producto del talento del autor. Saca a Picasso de su época y “Guernica” nunca es pintada. Más aun, Picasso sólo pudo pintar “Guernica” una vez y, no importa cuánto lo intentó, nunca pudo pintar una igual. La pasión que requirió pintar esa obra maestra del arte moderno es hija de un momento y de una historia. Difícilmente se entiende la pasión con la que se pintó el cuadro si no se entiende el significado histórico que tiene.

Dele a una persona con el mismo talento que Picasso los mismos instrumentos y difícilmente podrá pintar el cuadro. No importa cuanto lo intente una persona que carece de la pasión que emana de una conexión personal con la situación que representa, nunca podrá producir el mismo resultado que él.

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Lo mismo ocurre en nuestra vida cristiana.  Dios nos ha dado unas herramientas para pintar el cuadro de nuestra relación con él: la oración, la Biblia, el ayuno y las demás disciplinas espirituales. Sin embargo, la utilización mecánica de esas herramientas no puede producir una obra maestra.

Para que nuestra práctica de las disciplinas espirituales pueda producir un cuadro digno de museo, es necesario que entendamos que nuestra relación con Dios es el producto de la historia del sacrificio de Jesús en la cruz. Solamente cuando nuestros actos provienen de nuestra identificación personal con la historia del Calvario puede nacer en nuestro corazón la pasión necesaria para poder pintar con lo mejor de nuestra vida.  Ese es el único cuadro que Dios acepta y el único que nos hace sentir realizados.           

Me entristece el corazón ver a los hijos de Dios luchando todos los días tratando de “cumplir con su deber” de orar, de leer la Biblia o de congregarse, un “deber” que los desgasta, cansa y entristece. Qué diferente sería mi relación con Dios si en vez de nacer de un sentido del deber, naciera de mi pasión por él.  Te invito a que en esta Semana Santa regreses al Calvario y permitas que la historia de la cruz te llene de la pasión necesaria para pintar la obra maestra que Dios espera de ti.

 

Una Mirada a Cuaresma

Recientemente, concluimos nuestros 40 días de oración enfocados en las ciudades de la Región Mesoamérica. Cada enero, iniciamos el año calendario pidiendo al Señor que empiece un génesis en nosotros y en las poblaciones urbanas alrededor del mundo. ¡Sigamos intercediendo por estas ciudades, demos y sirvamos sacrificialmente para ser testigos de su transformación!

En 2018, esos 40 días terminaron justo algunos días antes de que comience otra experiencia de 40 días. En el calendario cristiano, este próximo miércoles marca el inicio de Cuaresma. Esta es una época significativa donde como seguidores de Cristo hacemos justamente eso: seguimos a Cristo, y lo seguimos específicamente a la cruz.

Nuestros amigos de “A Plain Account” han compartido una definición de Cuaresma (abajo) que espero sea de ayuda para ti y tu congregación durante este tiempo.

Cuaresma es un periodo de ayuno y dolor por nuestro pecado en preparación para la celebración de la Pascua. Los tonos morados que decoran muchos santuarios en esta época representan dolor, lamento, y sufrimiento. Sin embargo, el color morado también es un color de la realeza, que nos recuerda el sacrificio de nuestro Rey, Jesús.

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Cuaresma es una costumbre sumamente antigua. Hay una tradición que sugiere que los Apóstoles originalmente instituyeron esta práctica.

Comenzando con el Miércoles de Ceniza, Cuaresma dura 40 días, sin contar domingos. La ceniza representa nuestro arrepentimiento, el dolor por nuestros pecados, y nuestra mortalidad. El periodo de 40 es común en la Biblia, está asociado con Moisés, Elías, Noé, Jonás, Jesús y otros. La ceniza representa la muerte y destrucción producto del pecado. Recibir una unción de ceniza es un signo de arrepentimiento.

Durante este tiempo, las personas comúnmente ayunan algo como el chocolate, la televisión, o el comer carne. El propósito del ayuno es aumentar nuestra conciencia de la presencia de Dios. También puedes considerar añadir algo a tu vida durante Cuaresma, como una disciplina espiritual o el ser más generoso. Puede ser una buena forma de empezar un nuevo hábito.

Cuaresma concluye con la Semana Santa, iniciando con el Domingo de Ramos (la Entrada Triunfal) e incluye el Jueves Santo (cuando Jesús lava los pies de sus discípulos), Viernes Santo y Sábado Santo (un día de profunda tristeza por la muerte de Cristo).

Durante Cuaresma reconocemos nuestra necesidad y nos arrepentimos de nuestro pecado. La esencia del pecado es una relación rota. Es cuando le decimos “no” al llamado de Dios a amar en cada momento. Incluso en este momento lúgubre del año, la Resurrección está en el ambiente. Hay esperanza. Hay perdón. La Pascua viene.

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