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Navidad Desde la Eternidad

Por Hiram Vega

Los evangelios cuentan el nacimiento del Mesías prometido, situándolo en el contexto del pueblo Israelita, con detalles históricos y presentando largas genealogías para probar que era un legítimo descendiente del rey David. Sin embargo, el libro de Juan recorre la cortina del tiempo y nos cuenta una historia que inicia en la eternidad:

En el principio la Palabra ya existía. La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.

El que es la Palabra existía en el principio con Dios.

Dios creó todas las cosas por medio de Él, y nada fue creado sin Él.

La Palabra le dio vida a todo lo creado, y su vida trajo luz a todos.

Juan comienza su historia estableciendo y afirmando la divinidad de Cristo Jesús.

“En el principio…”  Nos habla de su eternidad.

“…estaba con Dios…” Nos dice que es parte de la Trinidad.

“…la Palabra era Dios.” Confirma que Jesús es Dios.

“Todas las cosas por medio de Él fueron creadas.” Afirma que la creación es obra suya.

¡Qué perspectiva tan emocionante! Aquel que es la luz verdadera, quien da luz a todos, venía al mundo. Los antiguos adoraban al sol, ya que sin su luz no habría vida en la tierra. No concebían un mundo sin sol, pero Juan presenta a alguien infinitamente más grande que la creación: el Creador del sol, la luna y las estrellas. Él, la Palabra, se había hecho hombre y venía a vivir entre nosotros.

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Ante semejante revelación, cualquiera hubiera asegurado que el mundo estaría expectante por su llegada, agradecido por su presencia entre nosotros. Sin embargo, la realidad fue diferente. Vino al mismo mundo que Él había creado, pero el mundo no lo reconoció. Vino a los de su propio pueblo, y hasta ellos lo rechazaron.

Los religiosos no lo reconocieron, la mayoría del pueblo no lo identificó. ¿Terminó todo allí? Por supuesto que no.  ¡La luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad jamás podrá apagarla!

Hubo otros que sí vieron su luz y confiaron en Él. Por eso, a todos los que creyeron en Él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios.

La historia de salvación no ha terminado, la luz verdadera sigue alumbrando, y hay muchos Portadores de la luz llevándola a lugares de densa oscuridad. Algunos la rechazan, mas otros la aceptan. Las tinieblas no pueden extinguir la luz. Los portadores de luz son hombres, mujeres, ancianos, jóvenes y niños que en todo lugar y en todo momento proclaman las obras maravillosas de Aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.

¡Sigamos alumbrando a nuestro mundo con la luz de Cristo!

 

 

Dinamita Espiritual

Como hemos escrito antes en este blog, si hablamos de la Gran Comisión sin hablar del poder y presencia del Señor que nos la dio, ¡estamos equivocados! Y ¿quién da este poder y quién es esta presencia? Por supuesto, la tercera Persona de la Trinidad: el Espíritu Santo.

Sin duda es la mejor persona con la que podemos trabajar, porque su trabajo es convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio, guiar a los creyentes a toda la verdad y glorificar a Jesucristo.

El Espíritu nos revela la condición de nuestra vida presente, nos muestra cómo es la vida lejos de Dios. Es decir, nos muestra y “convence” que es mejor la vida con Dios que sin Él.

En Hechos 1:8, Jesucristo dice que recibiremos poder cuando haya venido sobre nosotros el Espíritu Santo. Esta palabra “poder” viene del griego “dunamis”, que es la raíz etimológica de la palabra “dinamita”. La dinamita que conocemos actualmente está compuesta de dos ingredientes, nitroglicerina y dióxido de silicio. Estos dos ingredientes por separados pueden causar una explosión pero jamás tan potente como cuando son mezclados para formar la dinamita.

¿No suena esto lindo y aplicable a nuestra vida? ¡Necesitamos al Espíritu Santo porque juntos podemos hacer una explosión! Por supuesto al referirnos a esta dinamita espiritual, pensamos en el cambio transformador en nuestra vida, iglesia, comunidad, ciudad, etc. ¡Pero lo poderoso es que además resulta tan explosiva la mezcla del Espíritu Santo en nuestras vidas, que podemos vivir en santidad para cumplir con la misión que nos dejó Jesucristo!

“Porque nuestro evangelio les llegó no sólo con palabras sino también con poder, es decir, con el Espíritu Santo y con profunda convicción” (1 Tes. 1:5).

“¡Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá!” (Hechos 17:6)

Una Fe Sencilla

3MenPrayingRiverYeri Nieto

“Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” Mateo 18.3

UN OBISPO VIAJABA en un buque hacia algún país para evangelizar. El buque encalló unos días en una isla casi deshabitada. De quienes vivían ahí, había tres varones que llamaron fuertemente su atención. Parecían tan confiados de la vida, tan seguros de lo que hacían, ¡tan cristianos! El obispo les preguntó acerca de su religión. Ellos contestaron que eran cristianos desde que habían pasado ciertos peligros en las tormentas de alta mar.

“Y si son cristianos, ¿cómo oran?” –preguntó el obispo.

“Es una oración muy sencilla, –respondieron ellos–: Dios, Tú eres tres, nosotros somos tres, ten misericordia de nosotros y ayúdanos a sobrevivir“.

El obispo entonces se dio a la tarea de enseñarles algo más que esa simple oración; les enseñó el Padrenuestro. A los varones les costó mucho trabajo aprenderlo, pero al cabo de unos días lo pronunciaron sin errores.

Cuando el obispo, después de varios meses de evangelización, iba de regreso a su país de origen, decidió visitar a sus tres amigos. Ellos, al verle llegar, corrieron hasta él y lo primero que le preguntaron fue: “Hermano mayor, hemos olvidado el Padrenuestro… Apenas podemos recordar el primer párrafo”. Entonces el obispo les dijo: “No se preocupen, hermanos; sigan diciendo: Dios, Tú eres tres, nosotros somos tres, ten misericordia de nosotros y ayúdanos a sobrevivir“.

Y así como el obispo entendió que la fe auténtica no consiste en la recitación de muchas palabras, sino de palabras sencillas que surgen de un corazón sincero, así nosotros debemos recordar cada tiempo que cuando oramos nuestras expresiones más sencillas, si son sinceras, llegarán hasta los mismos oídos de Dios.

Oración: Dios, tú entiendes todo lo que soy; sabes cuánto necesito de ti… Y yo no sé siquiera pedirte lo que necesito. Pero te entrego todo cuanto soy y cuanto poseo.

La Provisión: La Suma Para la Misión

La Provisión: La Suma Para la Misión

La Gran Comisión: Parte V

Mateo 28:18

Escrito por Dr. Stephen Manley, en su libro “La Gran Comisión”

“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18). Cuando venimos al elemento de provisión, vemos hasta dónde el corazón de Dios está comprometido en esta misión. Dios ha invertido todo su ser en esto. Él no ha vacilado ni le falta compromiso. Esta misión no es uno de los muchos esfuerzos a los que Él le presta atención. Él está totalmente comprometido con la declaración del verso dieciocho.

“Toda potestad” nos muestra RECURSO COMPLETO contenido dentro del que está en el corazón de la misión. Él que es el Rey del Reino, tiene el recurso necesario dentro de Él mismo. Jesús les advirtió a los discípulos sobre este asunto en Lucas 14:28-32. Seguramente, Dios no se contradice a sí mismo. ¿Quisiera Dios que ganáramos al mundo por nuestra propia cuenta? Dios no hace las cosas a ciegas. Él calcula los recursos y los pone a nuestra disposición. Sus recursos son adecuados para la tarea.

“Me es dada” nos dice que el Padre no está solo en su compromiso. Es un COMPROMISO COMPLETO. Esto no es algo que Jesús decidió mientras el resto de la Trinidad lo contemplaba, preguntándose qué iba a suceder al final. Toda la Trinidad está comprometida. La Deidad se ha entregado a Sí misma en este proyecto de ganar al mundo. Esto lo veremos en el próximo verso. El Padre entregó su ser entero en este propósito singular.

“En el cielo y en la tierra” incluye a todos y a todo en el dominio de la autoridad. Es un DOMINIO COMPLETO. No se limita a una situación geográfica. Ésta es una declaración que lo incluye todo. Jesús tiene toda la autoridad en todos los lugares.

El contexto del verso revela que la distribución de este recurso es para todos. Es una DISTRIBUCIÓN COMPLETA. Él no nos retiene nada a nosotros. Él permite que cumplamos la misión. Entendemos mediante el curso del mensaje que Él nos llenará y usará todo este recurso a través de nosotros. Esto hará que el deseo de su corazón se cumpla.

La Sumisión: La Actitud de la Misión

La Sumisión: La Actitud de la Misión

La Gran Comisión: Parte IV

Mateo 28:17

Escrito por Dr. Stephen Manley, en su libro “La Gran Comisión”

“Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban” (Mateo 28:17). ¿Hay alguna diferencia entre la consagración que encontramos en el versículo dieciséis y la sumisión del versículo diecisiete? En realidad, ambos elementos están presentes en el versículo dieciséis, pero es muy claro que en el versículo diecisiete se agrega: “le adoraron.”

La consagración podría significar vencer mi actitud. En otras palabras, yo realmente no quiero hacer esto, pero tengo que hacerlo. Este es un deber doloroso por el que debo pasar, pero estoy cautivo en una trampa religiosa. Yo estoy atascado con esta misión. Pero nosotros no encontramos esa clase de actitud ni en el versículo dieciséis ni en el versículo diecisiete. La diferencia entre la consagración y la sumisión es “la actitud”.

Éste es el corazón de la santidad. Es la actitud del corazón. La compulsión es el impulso ardiente. El amor es la pasión. Cuando usted tiene la santidad de corazón, usted está consciente del gran privilegio que tiene de ser parte del corazón palpitante y vibrante de Dios. Dios nos ha invitado a ser parte de lo que lo ha motivado a Él en lo profundo de su ser. Nosotros no estamos en una línea de ensamblaje, recibiendo un pago por poner un tornillo en una tuerca. El Dueño, Él mismo, nos ha invitado a ser parte de lo interno de su corazón. Él quiere que seamos motivados por lo que lo motiva a Él.

Aquí está la realidad de la situación. Dios ha abierto su pecho, rasgándolo, y le ha expuesto a usted el deseo más profundo de su corazón. La Trinidad: Dios el Padre, Jesús el Hijo, y Dios el Espíritu Santo, se han arriesgado en esta misión. Esa misión es redimir al mundo. ¿Se entregaría usted a tal grado? ¿Correría usted hacia esa meta con la pasión de alguien que vive de acuerdo al corazón de Dios?

El Sol y La Trinidad

Muchos piensan que creer en un Dios Trino es incorrecto porque no se puede explicar en una forma sencilla. Algunos han dicho que Padre, Hijo, y Espíritu Santo son como tres piezas de una tarta o un pastel: son diferentes pero son uno. Otros han dicho que son como el agua: agua se puede manifestar en tres formas diferentes—hielo, líquido, y gas (evaporación), pero sigue siendo en su naturaleza química H2O. Estas ilustraciones ayudan, pero se tiene que admitir que la Trinidad todavía es un misterio profundo.

Pero el hermoso asunto es el siguiente: no se necesita comprender al Dios Trino para alabar a la Trinidad, orar a la Trinidad, y encontrar vida en la Trinidad.

Me dicen que muy profundamente en el centro del sol, la temperatura es 27 millón grados. La presión es 340 billones veces más que acá en la Tierra. En el núcleo del sol esa temperatura sumamente caliente y aquella presión inimaginable se combinan para crear reacciones nucleares. En cada reacción, 4 protones se fusionan para crear 1 partícula alfa, la cual es .7% menos pesada que los 4 protones. La diferencia en masa se traduce en energía y después de un millón de años, a través de un proceso llamado convección, esa energía del centro del sol por fin sale a la superficie, donde se expresa como calor y luz.

Ahora, todo esto fue muy interesante, ¿pero sabes algo? Yo no necesitaba saber todo esto para broncearme.

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