Hace algunos meses tuve el privilegio de empaparme en una conversación con algunos jóvenes mexicanos, preocupados por su país. El hermano César Álvarez inició la conversación urgiendo a todos los jóvenes que ayunáramos y oráramos por México y la juventud mexicana especialmente. Después recibí este correo de Yeri Nieto que propuso que se realizara un Día Nacional de Oración, impulsado por la Juventud Nazarena Internacional de México y que sea el 1 de Diciembre. Así que hoy estoy ayunando con ustedes, jóvenes, y rogando que Dios transforme la iglesia mexicana y todo México. Invito a todos los lectores de este blog que lo hagan también–si no este día, entonces otro día cuando puedan. Sólo Dios puede hacer milagros y transformar nuestras naciones–y él quiere hacerlo a través de nosotros.
Debo mencionar que espero que nuestros jóvenes de otros países latinos organicen movimientos similares para motivar a nuestra juventud en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y todo Sudamérica y España que oremos y ayunemos por sus patrias. Debe surgir de las bases con una urgencia auténtica y debe ser de Dios. Pero creo que él nos está llamando a esto y mucho más. Oremos por cosas grandes, y con gran fe confiemos en un gran Dios capaz para lograr una gran transformación y un gran avivamiento en nuestros países.
«Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra» (2 Crónicas 7:14).
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