Archivos Mensuales: abril 2010

El Jonás en Todos Nosotros

En la entrada anterior, mencionamos que Jonás no obedeció el llamado de Dios.  Pero desobediencia siempre es un síntoma de algo más profundo que está realizándose.  ¿Qué existía en el corazón y actitudes profundas de Jonás que le causó a desobedecer? ¿Qué existe en nosotros que nos mueve hacia la desobediencia?

Jonás sabía que si Nínive se arrepentía, Dios iba a perdonarla.  Y desde su punto de vista, Nínive no merecía el perdón de Dios.  Sin embargo, la respuesta sigue incompleta porque ahora surge otra pregunta: ¿Por qué Jonás pensó que los ninivitas no merecían el perdón?

Para esta respuesta es necesaria una pizquita de historia.  Resulta que Nínive era una de las capitales importantes de sus enemigos los asirios. Estos conquistaron diez de las tribus, asesinando a niños, mujeres y ancianos. La historia de Israel muestra como los israelitas fueron perseguidos vez tras vez por ese pueblo.  No nos cuesta aplicar todo a nuestro mundo contemporáneo, porque la antigua ciudad de Nínive queda en lo que hoy día es el país de Irak.  ¿El Dios de los judios llamando a uno de ellos para que anuncie un mensaje de juicio (¿y también perdón?) a aquellos árabes? ¿Podemos empezar a ver el gran choque interna que que trastornaba a Jonás?

Estamos hablando de prejuicios y racismo, dolor basado en siglos de historia.  Jonás no quiso cumplir con la misión que Dios le encomendó. Jonás se rebeló contra Dios, y de esa manera sustituyó la voluntad divina por la suya.

En el tiempo de Jonás a los judíos les era difícil aceptar que Dios amaba no sólo al pueblo de Israel, sino también a los ninivitas. ¿Sucede lo mismo hoy? Muchas veces los cristianos somos como Israel—estamos dispuestos a obedecer a Dios si significa ir a ciertos lugares y cierta gente.  Pero, ¿allá? ¿A ellos? Guardamos la bendición del evangelio sólo para nosotros mismos. Pero, ¿qué hubiese sido de nosotros si los apóstoles hubiesen hecho lo mismo? ¿Estás dispuesto a ir a cualquier lugar y a cualquier pueblo anunciando el evangelio, o tienes tus límites y condiciones como los tenía Jonás?

“Levántate y ve a Nínive…”

En estas dos semanas, estamos examinando la historia de Jonás, y nuestras vidas también.  Jonás tenía una misión específica que implicaba dos etapas:

–“Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad”. La orden era precisa y le advirtió que era una gran ciudad, no sólo en territorio sino grande en poder político y económico.

¿Por qué Jehová tenía urgencia para enviar a Nínive a uno de sus siervos? Porque la maldad de ese pueblo era grande y Dios tuvo compasión de ellos.  Iban a ser destruidos por sus pecados. Necesitaban escuchar el mensaje de juicio, arrepentimiento y salvación.  Y el llamado hoy es lo mismo, ¿no? Con un mundo necesitado y perdido, ¿quiénes se levantarán e irán?

–Que “clamara contra Nínive porque su maldad llegó hasta Dios”. Nínive también era de las más crueles y pecadoras. Por esa razón Jehová envió a Jonás para que predicara la palabra de juicio, amor y misericordia, para que iluminara las mentes y los corazones de medio millón de personas que estaban perdidas en sus pecados.  Actualmente vemos lo mismo—no es adecuado levantarse e ir solamente.  Tendremos que poder predicar un mensaje claro y poderoso para que llegue al corazón del oyente.

Ahora bien, ya sabes lo que hizo Jonás después de recibir su misión: ir en dirección contraria a la indicada. Se fue a Tarsis. ¿Por qué huyó? Aquí es donde empieza lo bueno. En Escuela Dominical, la respuesta que nos dieron fue que por desobediencia y así es. Pero la verdad es que no nos dijeron la respuesta completa.  Así que prepárate para saber la verdadera respuesta que viene en la siguiente entrada.

¿Quién Conoce a Jonás?

En las próximas dos semanas estaremos mirando la historia de Jonás, un misionero de la Biblia…ahem…no tan celebrado.

Yo sé, yo sé.  ¿Cuántas veces hemos escuchado la historia de Jonás? Él es llamado ir a Nínive, desobedece y se va a Tarsis.  Lo tiran al mar para que se calme la tormenta, se lo traga un pez que lo deja cerca de Nínive, predica (Jonás, no el pez), se arrepiente la gente y todos felices.

Pero buenos estudiantes de la Biblia saben que no termina allí.  El profeta se enoja y el libro termina con un verdadero berrinche misionero.  Posiblemente Jonás sea uno de los personajes que ha recibido más críticas que cualquier otro profeta. Se le ha calificado de rebelde, intolerante y nacionalista. Pero siendo honestos, ¿no te identificas con él en muchos aspectos?

Jonás recibió una misión específica. La forma en que Dios le habló fue clara porque no quería que el profeta dudara de cuál era la voluntad divina.  Cuando Dios llama a sus siervos siempre es claro, y a medida que transcurre el tiempo, confirma en ellos el ministerio que tienen que cumplir.  La vida de Jonás nos servirá como una advertencia para que no seamos desobedientes a la misión que Dios nos ha dado.  Mi deseo es que no solamente escuchemos en estos días la historia de nuevo, que no le juzguemos a Jonás otra vez y ya.  Mi esperanza es que nos metamos en el texto y la historia de este misionero y que nos empezemos a ver y evaluar…y arrepentirnos si sea necesario.

Y Todos Somos Igualitos…

En la entrada anterior hablamos de la teología de elección y que somos como Israel escogido por Dios para ser luz a las naciones.  Pero hace surgir otra pregunta: ¿Estamos en nuestras iglesias enfocándonos en un grupo y excluyendo (a propósito o no) a otros? ¿Debemos hacerlo para que crezca la iglesia?

En el estudio del crecimiento de iglesias, ha estado de moda, en las últimas décadas, hablar del principio homogéneo o el principio de homogeneidad.  Básicamente este principio mantiene que las iglesias crecen más y más rápido si la gente se parece, es decir si son casi iguales. Una iglesia crece más si se enfoca sólo en traer a gente de lugares rurales, o sólo de lugares urbanos. La iglesia va a crecer más si se enfoca en atraer a una etnia y no preocuparse por las demás razas o culturas. Según este principio, casi estamos locos si pensamos en tener una iglesia con personas pobres y ricos en las mismas bancas o si intentamos atraer a los Afro-americanos y a los Anglos juntos.

La iglesia ha comprado este principio muy bien, ¿no lo cree? Mire las iglesias a donde asistimos.  Se ha dicho que la iglesia es el lugar más homogéneo en el mundo, y es cierto. Vemos en empresas, restaurantes, estadios, parques, y en la política, que muchas culturas y etnias diferentes trabajan juntos. Pero ¿cuántas etnias diferentes hay en nuestras congregaciones? Tenemos congregaciones latinas que alaban por separado y congregaciones de anglos que nunca visitan una congregación Afro-Americana.

Todo esto está cambiando poco a poco, gracias a Dios. El principio homogéneo no es un reflejo del reino de Dios. Claro, es mucho más cómodo pasar mi tiempo con personas que piensan como yo y que se ven como yo y que les gustan los mismos equipos que yo apoyo. Pero no significa que es nuestro llamado ni el deseo de Dios para nosotros.

¿Ha estado en un evento enorme donde había diversas culturas y lenguajes representados? Hace dos años estuve presente en un evento así en Pilar, Argentina con Ministerios Extremos Nazarenos.  450 laicos y pastores de todas las edades (¡había personas de 1 año a 94 años involucrados en este evento!) ministrando juntos. Más de 800 nuevos convertidos. Más de 7 idiomas. Más de 2,500 personas reunidas en un lugar el último día, jugando fútbol, comiendo, celebrando lo que Dios había hecho.

Uno puede exclamar, “¡Qué bendición!” pero ¿entiende qué gran lío es planificar y organizar algo tan grande? Una cultura no entiende a otra. Preferimos alabar en nuestro propio idioma, pero tenemos que esperar hasta que se traduzcan dos o tres idiomas más. Es mucho más fácil evangelizar en Argentina con personas que hablen el castellano, especialmente si tienen acento argentino, ¿verdad? ¿Por qué se invirtió tanto dinero, tiempo y esfuerzo en organizar un evento así?

Representantes de muchas naciones y lenguajes se unieron en enero 2008 para terminar la construcción del Centro de Convenciones Bruno Radi en Pilar, Argentina con Extreme Nazarene Ministries.

Quizás hay varias razones, pero una clave es porque es un vistazo del reino de Dios. ¡Lo que nos une es más importante de lo que nos divide! Nuestro llamamiento no es “aguantar” a personas diferentes o culturas, ¡es colaborar juntos, siendo estirados y desafiados por los demás, y disfrutando toda esa experiencia loca!  No significa que vamos a estar de acuerdo siempre o que no vamos a enfrentar algunos malos entendidos. Pero si Cristo es nuestro enfoque, podemos alabar juntos y así testificar al mundo de su Espíritu unificador.

Recordemos la visión de Juan en Apocalipsis 7:9-10: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero…y clamaban a gran voz, diciendo: ¡La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero!”

*Estos pensamientos fueron adaptados de una entrada publicada el 29 de enero, 2008 en este mismo blog.

**Si alguien tiene interés en participar con Extreme Nazarene en Perú este junio, contáctanos inmediatamente por este medio.

Un Pueblo Elegido

Algo que a veces nos puede confundir es la elección de Dios.  No nos parece justo, ¿verdad? Toda elección exige un proceso de diferenciación y separación. Por ejemplo, Dios escogió a Abel y no a Caín; a Sem y no a Cam y Jafet; a Abraham y no a Nacor o Harán o a Lot. ¿Por qué?

¿Es que Dios prefiere a unos y desecha a otros para el cumplimiento de sus propósitos? No. Dios no desecha a nadie. Sino que, desde nuestro punto de vista, hay dos elementos importantes que entran en juego para la elección divina:

1.- Dios elige y llama por su amor y misericordia.

2.- Pero también elige y llama de acuerdo al carácter que tiene la persona para el cumplimiento de las distintas tareas que hay en el ministerio del reino de los cielos. Ese es un acto de voluntad soberana.

Dios eligió a Israel por amor y por guardar el juramento que hizo a sus padres. ¿Es un gran privilegio no? Sin embargo tal privilegio implicaba responsabilidades y condiciones.

Dios ayudó a Israel en su estructura como nación, en áreas sociales, políticas, económicas, militares y judiciales. Es por eso les dio la carta Magna o Diez Mandamientos.  De esta manera, Jehová esperaba lo siguiente:

1.- Que oyera su voz, o sea, que debía obedecer la voluntad de Dios; y…

2.- Que guardara su pacto; es decir, consultar, leer y proclamar los mandamientos de Dios para no olvidarlos jamás.

No es suficiente escuchar la voz de Dios, sino guardar el pacto; es decir, poner en práctica esos mandamientos cada día.  Muchos de nosotros como cristianos anhelamos escuchar la voz del Señor, el llamado Suyo.  Pero, ¿estamos dispuestos a obedecer dicha voz? ¿Será que no hemos escuchado porque Dios sabe que nuestro corazón no está dispuesto a seguir y obedecerle a Él?

¡Oh Dios, háblanos, llámanos, y también que se haga tu voluntad en nuestras vidas¿ Señor!

Seminario Nazareno Virtual

Abraham: Confianza Completa en Dios

Si hoy en día alguien le pidiera que confíe su vida en alguien que usted no conoce, sin duda lo pensaría dos o tres veces. Pero sin darnos cuenta, ponemos nuestra vida en manos de desconocidos cuando viajamos en avión, en autobús, en tren, inclusive cuando tenemos que someternos a una cirugía.

Entonces, ¿por qué no poner nuestra vida bajo el cuidado de Dios nuestro Creador y Salvador? El llamamiento divino para todo creyente es un llamado para poner toda nuestra confianza en Dios.

Muchos dicen que la respuesta con fe dada por Abraham al llamado divino, tiene tres características:

  1. La confianza fue uno de los resultados de su fe, por eso Abraham no vaciló cuando escuchó el llamado de Dios, ni planteó una serie de preguntas respecto a su futuro. Eso no quiere decir que no estaba preocupado por su futuro; sin embargo, confiaba en Aquel que todo lo sabe y que todo lo puede.
  2. El segundo resultado de su fe es la influencia. Lot se uniera a su tío y viajó con él hacia Canaán. La sinceridad es muchas veces una inspiración para que otros se animen a seguir en el camino del Señor. Si nosotros decaemos en la fe, afectará la vida de muchas personas, especialmente a los nuevos creyentes. Por eso te pregunto: ¿Cuántas personas, familiares, vecinos, compañeros de trabajo, amigos, compañeros de estudio y hermanos de la iglesia, son bendecidos por el testimonio o estilo de vida de un hijo de Dios?
  3. El tercer resultado de la fe de Abraham es su testimonio, donde Abraham en obediencia a Dios, tomó camino del desierto guiando una caravana. Los que veían a Abraham y a su caravana, no le auguraban un buen futuro, pues ni él conocía la tierra a donde iba. Y sin duda, la parentela que se quedó en Harán, consideró una locura la decisión tomada por Abraham.

Desde el punto de vista humano, ¿qué le esperaba a Abraham? ¿Un viaje difícil y peligroso? ¿Un futuro desconocido sin un beneficio personal? Al llegar a Siquem, la tierra de los cananeos, Dios se le apareció a Abraham y allí renovó sus promesas y confortó a su siervo.

Abraham fue obediente al llamado de Dios. El vivió en una época cuando la humanidad estaba sumergida en la triste oscuridad del pecado y de la idolatría. Todavía hoy Dios está llamando a personas que estén dispuestas a dejar todo, para ir a donde Él les guíe para anunciar las buenas nuevas de salvación.

Cristianos Extranjeros

Hace dos días hablamos de Abraham.  Ahora bien, cuando uno deja su tierra para ir a otro país o cultura, llega a ser “extranjero”. ¿Cómo son tratados estos en tu país, misioneros o no, legales o no? Es fácil recibirlos cuando son de países “importantes,” pero ¿qué de nuestros países vecinos, con los que a veces no nos llevamos bien? Son personas y a Dios le importan.

Las citas de Juan 17: 14 – 18 y Filipenses 3:20 expresan similitudes claras sobre un cristiano y un extranjero. Observa la lista:

Extranjero/Misionero                                      Cristiano

1.-  No es del país en donde está.                   1.- No es de este mundo.

2.- Es enviado por Dios con un propósito.   2.- Es enviado por Dios con un propósito.

3.- No es ciudadano de ese país.                    3.- No es ciudadano del mundo.

Uno de los aspectos difíciles del llamado de Dios, es que a veces el Señor pide “dejar a nuestra familia o parentela”. ¿Por qué Jehová, el Dios de amor, nos pide que dejemos a nuestros padres y hermanos para cumplir con la misión que nos encomienda? Analiza esta pregunta.

Jesucristo dijo: “Si alguno viene a mi y no aborrece a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo” (Lucas 14:26).

En el idioma original la palabra que se traduce como “aborrecer”, no tiene el mismo significado de desprecio como en nuestros días. Más bien implicaba “amar menos”. En este caso, la obediencia a Dios Padre estaba sobre todo lo demás, inclusive sobre los intereses familiares.

Si aceptamos el llamado para ser discípulos de Jesucristo, tenemos que comprender que Él tendrá la prioridad en nuestra vida. Algunos cristianos creen que este mandamiento es sólo para los “llamados a algún ministerio”, pero en realidad es para todos los que han aceptado a Jesucristo como su Salvador.

¿Cuál es el llamado de Dios para tu vida? ¿Cuál es tu respuesta?

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