¿Dónde Te Escondes? (Parte I)
Pastor y Misionero: Edwin Martínez
Introducción:
Un día, un vendedor llamó a cierta casa, y una pequeña voz contestó el teléfono: -¿Bueno? – ¡Hola!, dijo el vendedor, ¿Cómo te llamas? Susurrando, la voz respondió: Jaimito. – ¿Cuántos años tienes, Jaimito? -Tengo cuatro, dijo la voz. – Muy bien, ¿se encuentra tu mamá? – Sí, pero está ocupada. – Bueno, ¿está tu papá? – Sí, pero él también está ocupado. -¿Quién más se encuentra en la casa? -La policía. -¿La policía? ¿Podría hablar con uno de ellos? -Están ocupados. -¿Hay algún otro adulto en la casa? -Sí, están los bomberos. -¿Puedo hablar con un bombero, por favor? -Todos están ocupados. -Jaimito, tanta gente está en tu casa, ¿y no puedo hablar con ninguno de ellos? ¿Qué están haciendo? Susurró Jaimito: -Me están buscando.
Jaimito estaba escondido. Y quizás todos podemos recordar esos momentos de la niñez en los que nos gustaba escondernos. Recuerdo que, en cierta ocasión, nos mudamos a una casa que tenía un espacio de más o menos un metro cuadrado libre en el clóset. Ese espacio se convirtió en mi escondite. Cuando quería estar solo, sin que nadie me encontrara, y retirarme del mundo, ahí me metía. Todos crecemos y ya no cabemos en esos escondites de la niñez, pero eso no significa que no buscamos donde escondernos. Cuando la vida se vuelve dura, difícil o desabrida, buscamos algo que nos pueda refugiar emocionalmente. Lo triste del asunto es que generalmente buscamos refugios que no son seguros. Aun el creyente fácilmente puede caer en la trampa de buscar solaz en lugares falsos. La solución a este problema se halla cuando buscamos el único lugar seguro donde nos podemos refugiar.
Lectura: Salmo 91:1-2
91:1 – El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.
91:2 – Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré.
Nosotros podemos escoger dónde nos vamos a refugiar. Cuando se presentan las dificultades, cuando nos sentimos cansados o simplemente en la desilusión del diario vivir, podemos buscar refugios falsos, o podemos buscar al único refugio verdadero. Muchas veces, el refugio que buscamos no es el verdadero. En los días bíblicos, los refugios falsos solían ser los ídolos. Cuando se sentían frustrados, desilusionados o necesitados, los hombres acudían al templo de su ídolo favorito y se sentían mejor.
Hoy en día, los ídolos no han dejado de tener su atractivo. Simplemente han cambiado de identidad. Quizás los ídolos ya no se adoren en templos esplendorosos, con su complemento de sacerdotes y sacerdotisas. Un ídolo, en realidad, es cualquier cosa en la cual buscamos lo que sólo Dios puede darnos. Algunos de los refugios que idolatramos, por ejemplo, pueden ser la comida, las compras, el deporte o el trabajo. La adoración a los ídolos, la búsqueda por el falso refugio, más o menos se ve así: Primero, sentimos una necesidad. Puede ser que nos fue mal el día en el trabajo, que alguien nos rechazó, que el dinero no alcanza o que nos sentimos insatisfechos. De todos modos, existe un vacío emocional en nuestro corazón que se tiene que llenar con algo.
Segundo, entonces, empezamos a pensar en la cosa que nos puede hacer sentir mejor. Para algunas personas, esa cosa es la bebida. Empiezan a pensar en lo bueno que se sentirían si tan sólo tuvieran una fría en la mano. Para otros, es la comida. Como se dice, barriga llena, corazón contento; y ellos empiezan a pensar que serán contentos si tan sólo se pueden acercar a un buen plato de comida o a una barra gigantesca de chocolate. Algunas otras personas tienen como refugio la sexualidad. Empiezan a pensar en el alivio que sentirán si pueden mirar esa revista, o llamar a ese número, o hablar con esa persona. Lo que tenemos que entender es que algunas de estas cosas son malas en sí y otras no, pero todas son malas cuando llegan a ocupar un lugar incorrecto en nuestras vidas.
Después de la fantasía, entonces, viene la indulgencia. Nos comemos el chocolate, miramos la revista, o nos tomamos las cervezas. Por un momento, nos sentimos aliviados. Los sentimientos desagradables se ahogan por un momento. Desgraciadamente, el alivio no dura. Casi de inmediato, se siente la culpabilidad y el pesar. En ese momento, decidimos que ya no lo vamos a volver a hacer. A pesar de nuestras intenciones, sin embargo, llega el momento de la necesidad otra vez, y se repite el ciclo. Tenemos que aprender a romper ese ciclo y dejar atrás los falsos refugios. No importa si tu falso refugio es algo pecaminoso como el alcohol, la pornografía o las drogas, o si es algo que no es malo en sí, pero que ha llegado a tener un lugar inapropiado en tu vida.
*Este devocional se continuará este viernes, 20 de mayo, 2011.
Muy buena reflexión… muchas veces la humanidad busca llenar ese vacío que hay en su alma saciándose y buscando por el camino equivocado. Dios sin duda alguna es todo, somos su imagen y semejanza, por lo tanto nuestro origen se encuentra en él, siendo el único que puede saciarnos y suplir nuestras necesidades cualesquiera que sean.
Excelente meditacion, por cierto cuando se presenta en el hogar necesidades acudimos a satisfacciones que nosostros creemos que es lo mejor, sin pensar por el momento que tenemos un Dios que tiene todo y no nos recordamos de pedirle en Oracion, si somos hijos de El.