Tres Fuentes de Nuestra Identidad: Textos Para Cultivar Comunidad

Ulises se tardó veinte años en retornar a su tierra, y durante todo ese tiempo el mítico personaje de La Odisea, con toda su valentía y su heroísmo siempre puestos a prueba, nunca pudo desarrollar su identidad de manera óptima. Es una sentencia literaria del exilio que cada persona necesita aprender: nadie logra vivir al margen de la comunidad. Ulises precisó siempre volver a los suyos, a su familia, a su patria y a su esposa Penélope que sufría por su ausencia.  ¡A los veinte años volvió a Ítaca! ¿Cuánto tardaremos nosotros, habitantes del siglo 21, en volver a la comunidad? ¿Otros veinte siglos?

Y digo «volver» porque en esta era las nuevas generaciones de cristianos en el mundo nos hemos olvidado de nuestros orígenes. Cito tres grandes fuentes de nuestra identidad histórica como cristianos que señalan la importancia de la comunidad:

1.) Jesucristo, nuestro arquetipo, es la primera fuente de inspiración y desafío.  El Dios que se reveló a Israel, decidió revelarse al mundo entero encarnándose (Hebreos 1.1-4), es decir, haciéndose como nosotros, «poniendo su casa de campaña entre los humanos» (Juan 1.14), cubriéndose con nuestra piel.  Las Escrituras nos enseñan que Dios es quien decidió convivir con su creación, quien da siempre el primer paso para amar.  Dios es amor (I Juan 4.8), y no es un amor teórico, sino uno que desciende de los cielos y trasciende en la tierra, caminando entre nosotros, alimentando a los hambrientos, liberando a los cautivos, sanando a los enfermos, resucitando a los muertos.  Y los seguidores actuales de Jesús necesitamos caminar más nuestro mundo, salir de nuestros encierros y proclamar su evangelio encarnado (Lucas 4.18-19); necesitamos recordarnos que hay una comunidad allá afuera que nos necesita, que el mundo entero sigue necesitando la revelación plena de Dios.

Solos no lograremos mucho. Siendo conscientes de la comunidad de la que somos parte podremos desarrollarnos de manera óptima como cristianos.

2.) La segunda fuente histórica es la Reforma protestante del siglo 16.  Esta reforma nos ayudó a recordar que nuestra confesión de fe en Cristo está en el centro de la comunidad cristiana, y es que en esa época se vivía en medio de una cultura que daba por sentado que se era cristiano desde el nacimiento; se era parte de una comunidad de fe sólo por nacer en un pueblo cristiano.

Pero la reforma nos ayudó a tomar conciencia que somos parte de la comunidad de fe cristiana por la salvación que proviene de Jesucristo y su sacrificio por nosotros en la cruz.  Nosotros nos apropiamos de esta salvación por fe en Jesucristo y no en nuestras propias obras, y esta misma fe nos lleva a vivir como la comunidad de amor que encontramos en el Nuevo Testamento (Hechos 2.42-47).

3.) Y el movimiento de santidad en la Inglaterra del siglo 18, con John Wesley al frente, es nuestra tercera fuente de identidad.

Dios no quiere un gran número de cristianos individuales; en el Nuevo Testamento se afirma que la iglesia es mucho más que un conglomerado de individuos fieles que se reúnen para apoyarse y guiarse mutuamente.  La iglesia en realidad es el cuerpo de Jesucristo (I Corintios 12.12-26; Efesios 4.1-16), y Wesley afirmó esto con la constante participación en el sacramento de la Comunión.  Además, aunque muchos piensan que Wesley enfatizó la santidad individual demasiado, él enseñó que no hay santidad individual sin la santidad social.  Es decir, los cristianos no pueden alcanzar una vida de santidad fuera de la comunión y el cultivo del cuerpo de Cristo.

¡Jesucristo vive!  Amén.  La iglesia es el modo en que Cristo existe actualmente en el mundo, y cada uno de nosotros edifica a esa iglesia.  Es preciso que las nuevas generaciones de cristianos en el mundo participemos más de esta santa Comunión: ¡Comamos juntos en la mesa de nuestro Señor y Salvador Jesucristo!

El culto exasperado al individualismo ha creado entre nosotros relaciones superficiales, pero tres eventos históricos que forman nuestra identidad nos recuerdan, como Ulises en su odisea proscrita, que nadie vive al margen de la comunidad.  Si queremos desarrollarnos en plenitud, es necesario que reconozcamos esta herencia en nuestra tradición como cristianos: el cultivo de la comunidad.

Escrito por: Yeri Nieto – Yeri es pastor de jóvenes de la Primera Iglesia del Nazareno en Villaflores, Chiapas, México.  Este artículo (originalmente publicado en la Revista online JNI Hoy) fue reproducido con permiso del autor y de JNI Global.

2 comentarios sobre “Tres Fuentes de Nuestra Identidad: Textos Para Cultivar Comunidad

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  1. […]para que todos sean uno. Padre, así como Tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado.

    Juan 17.21

    Haznos uno, Señor!!

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