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Una Propuesta Riesgosa

Por Scott Armstrong

Recientemente he estado pensando en la parábola de los talentos. Y me ha inquietado.

Conoces la historia, ¿cierto? Mateo 15 nos dice que un hombre le da a uno de sus siervos cinco talentos, al otro le da dos, y al último le da uno. Después de pasar mucho tiempo lejos, el amo regresa para encontrar que los siervos han duplicado el dinero (en aquel tiempo el valor de un talento era de más de mil dólares; ¡esa es una buena inversión!). El tercer siervo fue cauteloso. Él no desperdició el dinero, en sí, pero tampoco lo invirtió. Lo enterró, asegurándose que su amo recibiera de nuevo su talento una vez que regresara; sin problema.

Excepto que, ¡esto fue un gran problema! El juicio contra este hombre fue severo, incluyendo “tinieblas,” y también “lloro y crujir de dientes.”

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Constantemente he escuchado (incluso he predicado) sobre este pasaje, que debemos ser buenos administradores con nuestro dinero, cuidándolo, y usándolo sabiamente para el Reino. Estos son principios buenos para adherir, pero no es exactamente lo que está ocurriendo en esta historia.

La parábola de los talentos es menos sobre “usar nuestros talentos sabiamente” y habla más sobre arriesgar todo por el Amo y su Reino. Quiero decir, ¿qué hubiera pasado si las estrategias de inversión de los primeros dos obreros fracasaban? ¡Por lo menos el último siervo no hubiera perdido mil dólares! En retrospectiva podemos justificar el riesgo, pero verdaderamente ¡fue una decisión radical la de esos dos hombres!

El incremento masivo de los talentos de esos dos siervos, quienes arriesgaron todo, no es una lección sobre una sabia administración del dinero. Es un llamado a dar el paso y salir de lo seguro y lo convencional para vivir por fe. Poner todo en manos de Dios es la mejor inversión que podemos hacer, pero mientras tanto será también una aventura emocionante.

¿Cuándo fue la última vez que tomaste un riesgo que te dejó boquiabierto y con el estómago revuelto? ¿Cuándo fue la última vez que diste un paso de fe a tal grado que sabías que fracasarías si Dios no estaba ahí?

Hay un momento asombroso en el libro de Éxodo cuando la nación de Israel se encuentra a orillas del Mar Rojo. Los carros del Faraón se están acercando rápidamente, Moisés y su pueblo comienzan a rogar a Dios que los salve. La respuesta de Dios es bastante contundente: ¿Por qué clamas a mí? ¡Ordena a los israelitas que se pongan en marcha! (Ex. 14:15 NVI). ¿En marcha, Dios? Te refieres, en marcha ¡¿hacia el Mar Rojo?! ¿No ves el problema con esto?

Para ser más claro, Dios estaba diciendo, “¡Dejen de orar y muévanse!”

Creo que éste es un mensaje que muchos de nosotros necesitamos escuchar…y obedecer. Sin embargo, muchos cristianos son las personas que conozco tienen más temor al riesgo. Estamos más preocupados con nuestra propia seguridad que con el anhelo de cambiar el mundo. Preferimos estar cómodos e ir al cielo que compartir con otros para que ellos no vayan al infierno.

Ese no es el evangelio que Jesús predica. Leonard Sweet, en su libro La Vida Bien Jugada, dice “Jesús no quiere que sus seguidores, de cualquier edad, se acomoden y agachen sus cabezas. Los discípulos no son llamados a evitar riesgos de gran escala y desafíos genuinos. Un discípulo de Jesús opera en un mundo de riesgo. Jesús mismo se colocó en la línea de fuego de la historia. Algunas veces, también Él nos llama a colocarnos en la línea de fuego de la historia” (p. 169).

Enlistarse para ir a las líneas de fuego va en contra del sentido común más básico, así como del instinto humano de autoprotección. Sin embargo, parece que encaja perfectamente en el Reino: “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará” (Mt. 16:25 NVI).

¿Estás conmigo? Entonces dejemos de enterrar nuestros talentos, y comencemos a invertirlos audazmente. Dejemos de quejarnos sobre el ejército detrás de nosotros y caminemos hacia el Mar Rojo frente a nosotros. Las líneas de fuego y un mundo transformado nos esperan.

 

3 Conceptos Comúnmente Erróneos Sobre Los Misioneros

*El siguiente artículo fue publicado originalmente por Ardeo Global en:

https://www.ardeo.org/blog/2019/8/21/3-common-misconceptions-about-missionaries

Creemos que para ayudarte a obtener algo de claridad en tus próximos pasos en lo que respecta al trabajo misionero, debes saber qué conceptos erróneos existen sobre la vida misionera. Las siguientes son tres cosas que nuestra cultura malinterpreta acerca de lo que es ser un misionero.

1.) Ser misionero es una posición, no un llamado.

Hay una gran diferencia entre tener la vocación y tener el llamado. La vocación está centrada en lo que se hace, es la descripción del trabajo. Es la vista panorámica de tu propósito. Sin embargo, el llamado es más profundo, es el regalo que solo tú puedes darle al mundo. El llamado es cómo se viste tu vocación.

Por ejemplo, la vocación de alguien puede ser dedicarse a la docencia, sin embargo, ¡su llamado puede ser completamente diferente a su vocación! Puede sentirse atraído por la enseñanza pero el propósito dado por Dios no es solo enseñar, es darle a los niños un lugar seguro donde puedan crecer y convertirse en lo que están destinados a ser. El llamado va mucho más allá de la posición que desempeñamos.

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De la misma forma, una persona que sirve en las misiones en un sitio extranjero puede tener el título de “misionero” pero su propósito está arraigado y basado en algo mucho más profundo. Quizás sea darles de su tiempo a las mujeres maltratadas para que así ellas sepan que son dignas de ser amadas. Tal vez sea orar por los enfermos en las calles, mirándolos a los ojos y comunicándoles que son conocidos por el Padre. O quizás es ayudar a otros a conectarse con Dios a través de la adoración. Sea lo que sea, la realidad es que tienes algo que solo tú puedes darle al mundo. Ser misionero no es necesariamente vivir según tu propósito. Profundizar sobre lo que fuiste creado para ser, también es la manera de vivir guiado por tu propósito.

Esto no niega que Dios nos llama a una misión específica en el campo. Aun así, es importante reconocer que ser misionero no cumple completamente con tu llamado.

El Padre tiene algo mucho más profundo para que tú lo descubras. ¿Estás emocionado por saber qué es?

2.) No verás milagros todos los días.

Cuando la gente piensa en la vida que debe llevar un misionero, piensan en el movimiento evangélico más grande que se puedan imaginar. Visualizan a los misioneros orando constantemente por las personas, viendo a la gente sanar y observando a las personas aceptar a Jesús como su Salvador sin parar. Ven avivamientos en carpas que viajan de ciudad en ciudad, demonios siendo arrojados a diestra y siniestra. Se imaginan el libro de los Hechos anunciado en tiempo real.

A decir verdad, ser misionero puede ser decepcionante algunas veces. Mucha gente va al campo misionero con una gran expectativa de que van a ver a la gente correr hacia Jesús en masa. Sin embargo, con frecuencia suele suceder que es una batalla simplemente lograr que las personas se presenten a reuniones de café preparadas para hablar acerca de la Biblia.

¡Qué no se malentienda! Los milagros si ocurren en el campo misionero pero ¿por qué hay más expectación por ver milagros en las misiones de sitios extranjeros que en tu propia vida, ahí donde estás ahora? Dejemos esa pregunta para que cada quien la medite por su cuenta.

Los milagros si suceden en el campo misionero, y generalmente ocurren después de mucha oración y de pasar tiempo con el Padre. Con frecuencia, después de una temporada de sequía en el ministerio, un misionero aprende en verdad lo que es una dependencia total de Dios. Todo el trabajo que esperamos ver en la vida de las personas ha sido hecho por Él en la cruz muchos años atrás. Depende de Él llevar a cabo su increíble misterio a través de nosotros en el campo misionero. La única forma en que podemos verlo hacer lo que anhela es a través de la intimidad con Él.

Lo que nos lleva al punto 3.

3.) Los misioneros son realmente muy especiales y santos.

Esta es probablemente una de las peores mentiras que creemos acerca de cualquier posición ministerial. Tal vez pienses: no creo que los misioneros sean más santos que yo” y sin embargo vale la pena decir que muy en el fondo hay un poco de temor en la idea de ser misionero porque no te sientes a la altura. ¿Por qué no estarías a la altura si todos estamos en el mismo plano ante Dios?

Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.” Col.3:11

¡El mismo espíritu que está en ti estaba en la Madre Teresa y en Pablo! Buenas noticias, no hay presión de ningún tipo. No tienes  que igualar a nadie. Solo tienes que vivir para ti mismo. No tienes que llenar los zapatos de nadie. ¡Solo usa tus zapatos!

Elegir participar en misiones a largo plazo es una decisión muy importante. Saber que hay un llamado más profundo que simplemente ser misionero, que los milagros no suceden todos los días, y que los misioneros no son personas especiales, puede ayudarte a darte cuenta que tú lo puedes hacer.

Misioneros en Paraguay Sacrifican sus Sueños por Seguir a Dios

Yoan y Astrid Camacaro recientemente aceptaron el llamado a ser misioneros en Paraguay para la Iglesia del Nazareno después de servir como pastores en Ecuador por más de cinco años.

Aunque son humildes y están dispuestos a ir a donde Dios los guíe, su llamado a las misiones no pasó de la noche a la mañana. 

Yoan creció en Venezuela en la comunidad desfavorecida de Andrés Bellos. Comenzó a asistir a la Iglesia del Nazareno al entrar a la adolescencia y se involucró en muchos aspectos de la iglesia.

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Desde que era niño, el sueño de Yoan era ser un jugador profesional de béisbol y sacar a su familia de la pobreza. Su abuela le dio un guante de béisbol como regalo cuando era joven, y su familia rápidamente se dio cuenta de que era muy talentoso. 

Mientras iba creciendo, iba mejorando y era observado por los cazatalentos profesionales. Un día, recibió una llamada telefónica de los Atlanta Braves, quienes le hicieron una oferta para firmar un contrato para ir a Estados Unidos a jugar béisbol. Ese mismo día, recibió una llamada de su superintendente de distrito local quien creía que Yoan tenía un don para el ministerio y le sugirió que asistiera al Seminario Nazareno en Quito, Ecuador. 

Sin saber qué hacer, Yoan fue a su Biblia y encontró el versículo en Mateo 6:33: “Pero busca primero su reino y su justicia, y todo lo demás será añadido”.

En ese momento, Yoan sabía lo que tenía que hacer. Rechazó la oferta de jugar béisbol profesional, y fue al seminario. 

Durante su tiempo en el seminario, Yoan conoció a su esposa, Astrid, quien nació en un hogar cristiano en Ecuador y sintió el llamado al ministerio a los 15 años. 

Mientras crecía, Astrid se desempeñó como líder de jóvenes y maestra de escuela dominical. Ella tiene una fuerte pasión por el discipulado y el mentoreo de jóvenes para involucrarlos en el ministerio y las misiones.

Desde entonces, han terminado el seminario; se casaron en 2011 y vivieron en Venezuela por un tiempo donde nació su hijo, Yared. Yoan también está cursando actualmente una maestría en estudios interculturales en el Seminario Nazareno de las Américas en Costa Rica.

En 2013, los Camacaros plantaron una iglesia en Ibarra, Ecuador, donde han pastoreado hasta su reciente llamado a las misiones. 

“Estamos muy contentos de comenzar esta nueva aventura y servir a Dios con amor y pasión”, dijo Yoan. “Sabemos que vienen grandes cosas para el país de Paraguay y estamos listos para desarrollar estrategias de crecimiento”.

Ahora, Yoan espera que Dios use a su hijo para cumplir su sueño de convertirse en un jugador de béisbol profesional. 

¡Fuera toda Barrera!

Por Luz Jiménez Avendaño

“En la iglesia de Antioquía eran profetas y maestros: Bernabé; Simeón, apodado Níger; Lucio de Cirene; Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca; y Saulo. Mientras ayunaban y participaban en el culto al Señor, el Espíritu Santo dijo: ‘Apártenme ahora a Bernabé y a Saulo para el trabajo al que los he llamado.’ Así que después de ayunar, orar e imponerles las manos, los despidieron.” Hechos 13:1-3

La iglesia cristiana ya estaba madura para tomar la más grande de todas las decisiones. Habían consentido, con toda deliberación en llevar el mensaje del evangelio a todo el mundo. Fue una decisión tomada bajo la dirección del Espíritu Santo. La verdad es que los hombres de la Iglesia primitiva no hacían su voluntad, sino la de Dios.

El pasaje de Hechos 13:1-3 nos habla de profetas y maestros. Éstos tenían funciones diferentes. Los profetas no pertenecían a ninguna iglesia determinada. Eran predicadores errantes que daban toda su vida para escuchar la Palabra de Dios y transmitirla a sus hermanos en la fe. Los maestros pertenecían a las iglesias locales y sus funciones eran las de instruir a aquellos que aceptaban la fe cristiana.

Esta lista de profetas simboliza el llamado universal del evangelio. Bernabé era un judío oriundo de Chipre; Lucio provenía de Cirene en el Norte de África; Simeón era también un judío, pero se da su otro nombre, Níger (el Negro), que es romano y que muestra que se debe haber movido en círculos formados por romanos. Manaén era un hombre con conexiones en la aristocracia y en la corte; y Pablo mismo era un judío de Tarso en Cilicia y un rabí. Como podemos darnos cuenta, en este grupo está ejemplificada la influencia unificadora del cristianismo. Hombres de muchas tierras y con distintos trasfondos habían descubierto el secreto de estar juntos: habían descubierto la unidad en Cristo.

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Dios llama a todo creyente a proclamar su palabra en diferentes partes del mundo. Todos somos llamados a llevar buenas noticias de salvación. Hay mucho que contar, tenemos mucho que decir, pero tenemos algunos problemas: nuestros prejuicios hacia una cultura distinta a la nuestra, costumbres, tradiciones, legalismos, y pretextos vanos.  Todo aquello que no funciona ante el llamado del Señor constituye una barrera para no obedecer a la orden de “ir.”   

Lo cierto es que somos creyentes y ante un llamado que viene del cielo, necesitamos corresponder al amor maravilloso de Dios para que otros puedan conocerle. Estos hombres aceptaron el llamado del Señor. Eran de diferentes culturas, pero formaron un solo equipo para cumplir un solo fin y un solo propósito: predicar el mensaje a aquellos que estaban muertos en sus delitos y pecados y necesitaban ser salvos.  ¡Es hora de echar fuera toda barrera y de predicar las buenas noticias!

*Luz Jiménez ha servido por cinco años como misionera voluntaria, y actualmente es la Coordinadora de Misiones Globales y Génesis para el Área Mesoamérica NorCentral: Guatemala, El Salvador, Honduras, y Nicaragua.

La Metáfora de Kierkegaard Sobre los Gansos

Servir a Dios en ambientes transculturales siempre provoca conversaciones interesantes con quienes pertenecen a nuestros países de origen. Algunos encuentran nuestra incursión en misiones lejanas como algo fascinante y exótico. Hoy día, con la globalización y la posibilidad de interactuar con amigos y colegas en todo el mundo, mucha gente es indiferente, en cierto modo: “Ah, ellos están expandiendo el evangelio como nosotros; solo que ellos viven en otra cultura.” Pero todavía hay otros que no dejan de asombrarnos con preguntas sorprendentes basadas en la incredulidad:

“¿Cómo es que tus hijos van a la escuela allá? ¿Es buena la educación?”

“Sabemos que allá es peligroso. ¿Alguna vez sales?”

Con mayor frecuencia, he estado en contacto con más y más cristianos quienes están viviendo sus vidas basados en la comodidad y el miedo. Después de todo, Dios es un Dios que siempre quiere protegernos, ¿verdad?

Recientemente me encontré con una metáfora que leí hace muchos años, escrita por el filósofo danés Sören Kierkegaard. Me ha hecho examinar mi propia tendencia de dar un buen discurso mientras fracaso en “extender mis alas y volar.” ¿Nosotros abrazaremos la aventura que Dios tiene para nosotros? O, ¿seguiremos disfrutando nuestra cómoda marca de cristianismo occidental?

La Metáfora de los Gansos de Kierkegaard

“Cierta bandada de gansos vivía en un patio con paredes muy altas alrededor. Debido a que el maíz era bueno y el patio era seguro, estos gansos nunca tomarían un riesgo.

Un día un filósofo ganso vino a ellos. Él era un muy buen filósofo y cada semana ellos escucharon tranquila y atentamente sus sabios discursos. ‘Mis queridos compañeros del camino de la vida,’ él decía, ‘¿se imaginan de verdad que este patio con paredes tan altas alrededor sea todo lo que existe? Les digo, hay otro mundo, y más grande, allá afuera, un mundo del que solo estamos remotamente conscientes. Nuestros antepasados sabían de este mundo exterior. ¿Ellos no extendieron sus alas y volaron a través de los desechos sin rastro del desierto y el océano, y valles verdes y colinas boscosas? Pero desafortunadamente, aquí permanecemos en este patio, nuestras alas cruzadas y escondidas a nuestro lado, mientras estamos satisfechos en el charco del lodo, sin alzar nunca nuestros ojos a los cielos que deberían ser nuestro hogar.’

Los gansos vieron esto como un sermón muy fino. ‘Qué poético,’ ellos pensaron. ‘Profundamente existencial. Qué impecable resumen del misterio de la existencia.’ A menudo el filósofo hablaba de las ventajas de volar, llamando a los gansos a ser lo que debían ser. Después de todo, él señalaba que tenían alas. ¿Para qué eran las alas sino para volar? A menudo, él reflexionaba sobre la belleza y la maravilla de la vida afuera del patio, y la libertad de los cielos.

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Y cada semana estos gansos eran reconfortados, inspirados, conmovidos por el mensaje del filósofo. Ellos creían cada una de sus palabras. Ellos dedicaban horas, semanas, meses a un análisis minucioso y evaluación crítica de sus doctrinas. Ellos aprendieron lecciones sobre las implicaciones éticas y espirituales de volar. Ellos hicieron todo esto. Pero hay una cosa que nunca hicieron. ¡Ellos no volaron! ¡Porque el maíz era bueno, y el patio era seguro!”

Maestros y Plantadores de Iglesias

Por Scott Armstrong

En varias ocasiones he tenido el privilegio de hablar con alguien interesado en Génesis, nuestro ministerio diseñado para impactar las ciudades grandes de la región.  En varias ocasiones estos candidatos han estudiado para ser maestros de primaria o de secundaria.  “¿Cómo puede Dios usar mi carrera para plantar iglesias en contextos urbanos?” me preguntan.

Hace algún tiempo publiqué un artículo que escribí para la Revista Línea. El punto fue resaltar que Dios ha usado para su gloria carreras “seculares” de casi todos los jóvenes que han servido como misioneros voluntarios de Génesis. En la entrada anterior también ofrecí otras historias que no cabían en el espacio limitado.  Pero hoy quiero que el lector escuche de tres maestros jóvenes que están sumamente agradecidos por sus carreras “seculares,” porque han abierto puertas para el ministerio de una manera sorprendente:

“Una de las decisiones más importantes para un joven es elegir la carrera universitaria que ha de estudiar, la cual definirá lo que hará el resto de su vida. Cuando tenía 18 años, tenía dudas sobre la profesión que debía estudiar, y oré a Dios para que me diera dirección.  Y es así que elegí ser maestra.

27797589_1799412403426391_3124110093619712361_o.jpgMi madre me había dicho que desde que tenía seis años decía que sería maestra, pero yo lo había olvidado. Creo que ser maestra estaba ya dentro de los planes de Dios.  Fue a través de mi profesión que Dios me preparó para el campo misionero cuando fui enviada a trabajar lejos de casa.  Ahora que ya estoy sirviendo en las misiones, Dios ha abierto puertas y me ha usado a través de mi profesión, del trabajo con los niños y la enseñanza. Entiendo que no podemos separar lo secular y lo ministerial; todo lo que sabemos y todo lo que hacemos debe honrarle a Él.  Solo así a través de nuestra profesión Dios abrirá el camino para expandir su reino.” –Marleidy Sánchez (enviada de México a Panamá)

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“Soy maestra, y creo que es una de las carreras donde te puedes desenvolver mucho en la comunidad, porque traes contigo técnicas diferentes para enseñar y apoyar en tareas a los niños y niñas.  De hecho, a través de esto, puedes llegar a los padres de familia, y compartirles el mensaje de salvación.” –Ingrid Jocholá (enviada de Guatemala a Panamá)

 

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“Mi carrera como profesora de segunda enseñanza media en ciencias sociales va más allá de impartir una clase en un salón. Creo que dentro del ministerio me ha dado la oportunidad de desarrollar, planificar, mejorar e involucrar a las personas en un ambiente distinto, sobre todo con los niños. Ahora he estado trabajando en el material que usaremos para nuestro club infantil pero también estoy lista para brindar mis conocimientos a todos aquellos que están involucrándose en esta nueva etapa de servicio y amor por compartir de Dios con el prójimo.” –María de los Ángeles Romero (enviada de Petén, Guatemala a Querétaro, México)

*Para más información sobre Génesis, visita nuestro sitio web u ofrece un comentario debajo de este artículo.

Dios Usa Toda Carrera en las Misiones

Por Scott Armstrong

Hace algún tiempo publiqué un artículo que escribí para la Revista Línea.  El punto fue resaltar que Dios ha usado para su gloria carreras “seculares” de casi todos los jóvenes que han servido como misioneros voluntarios de Génesis.  No había espacio para compartir todos los testimonios que recibí al pedir la ayuda de los 32 misioneros que hemos enviado. Así que hoy y en la próxima entrada (link) comparto más de esas historias impactantes:

44733965_573786599724861_8443162038938632192_n.jpg“El ser médico permitió que muchas personas estuvieran dispuestas a establecer una relación con nosotras, ya que en algún momento necesitaban consultas médicas.  Además de que nos permitió abrir la clínica en la comunidad y, de esta manera, que la comunidad conociera la iglesia, la gente del lugar nos conoció mucho más ya que sabían que en el templo vivía un médico y nos buscaban a cualquier hora del día. Pudimos realizar brigadas médicas como iglesia en diferentes puntos de las comunidades en que trabajamos. Agradezco a Dios la apertura que me da esta carrera; aunque en ocasiones es muy cansado, saber que de cierta manera ayuda a servir a Dios es un gozo indescriptible.” –Eunice Zaragoza (enviada de Tampico, México a San Pedro Sula, Honduras)

WhatsApp Image 2018-10-17 at 10.22.20.jpeg“Mi carrera profesional es trabajo social.  Esta carrera tiene como fin el diseño, aplicación de proyectos, estrategias que promuevan la participación de los individuos, grupos, comunidades y sociedad en general, en acciones que previenen o dan solución a las necesidades y problemas sociales. La iglesia está llamada a mostrar amor y compasión en medio de una sociedad vulnerable. Creamos una estrategia con adolescentes, dos espacios cada semana donde puedan llegar a jugar, convivir, reír, y meditar en el texto Bíblico y en lo que Dios pide de ellos. Con los niños y mujeres, se han desarrollado estrategias para alcanzar a cada uno de estos grupos sociales, tales como: Club Infantil y conferencia para mujeres.  Mi carrera me ha ayudado a enfocarme en hacer lo que Jesús me ha llamado a hacer: predicar su palabra con acciones, con compasión.” –Jhoselyn Barrios (enviada de Guatemala a Querétaro, México)

34064645_10212524871736869_8460218513712218112_n.jpg“Yo tengo un grado asociado en Psicología. Estos conocimientos me han ayudado mucho en la consejería de familias. El mencionar que tengo un grado académico en Psicología en alguna reunión que tenemos con la comunidad abre puertas para que las personas me busquen y abran su corazón en busca de ayuda. También tengo un Bachillerato universitario en Gestión Organizacional. Esto me ayuda en la parte organizativa y en el planeamiento de las actividades que programamos.” –Maritza Mendoza (enviada de Miami, EE.UU. a Querétaro, México)

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“El haber estudiado la licenciatura en Gestión Turística me ayudó mucho en el ministerio cuando estuve en Génesis. Anteriormente era bastante callada y tímida, pero mi carrera me ayudó a perder los miedos para compartir con las personas.  Así que durante el ministerio en Génesis siempre me sentí segura de poder entablar una plática con las personas creando relaciones interpersonales y a través de esto poder compartir del amor de Cristo.”
–Zabdi Jessica Delgado (enviada de Tuxtla Gutiérrez, México a Santo Domingo, República Dominicana)

*Para más información sobre Génesis, visita nuestro sitio web u ofrece un comentario debajo de este artículo.

Recomendaciones de un Misionero del Caribe

En la entrada previa, Cleon Cadogan compartió el testimonio de su tiempo en Granada como misionero voluntario en GÉNESIS. El objetivo principal de su tiempo ahí fue plantar y organizar una nueva Iglesia del Nazareno en la comunidad de Content. En el primer año de su llegada, Dios había hecho el trabajo y el objetivo fue cumplido. Ahora hay una congregación próspera en esa comunidad que está preparándose para empezar otra iglesia y así alcanzar su isla.

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Al concluir su tiempo en GÉNESIS, Cleon compartió varios consejos que él daría a cualquier persona que está diciendo sí a un llamado a misiones. Aquí están sus 15 recomendaciones:

1: Asegúrate que Dios te ha llamado a ir a las personas a quienes estarás sirviendo.

2: Ama y aprende de las personas con quienes vivirás; está dispuesto a desechar las ideas preconcebidas que tienes de ellos.

3: El respaldo en oración es vital para tu salud física y espiritual.

4: Ayunar y pasar tiempo personal con Dios es necesario para mantener la cordura.

5: No dejes que el dinero sea un factor que determine tu capacidad para cumplir con la tarea.

6: Recuerda: Dios provee para la misión en todos los sentidos.

7: Sé creativo en los métodos que usas para compartir con personas que estarán dando para la misión.

8: Demuestra un nivel de transparencia y rendición de cuentas con tus patrocinadores.

9: Comunica la visión claramente a tus donadores y a quienes oran por ti.

10: No falles en usar diversos medios para comunicarte y mantenerte en contacto con tus patrocinadores.

11: Escucha las necesidades de las personas con quienes están trabajando.

12: Permite que la creatividad fluya dentro de ti en todo tiempo.

13: Descansa cuando Jesús dice que descanses.

14: No abandones a tus amigos y familia por el bien de la misión.

15: Nada debe ser hecho sin consultar a Dios.

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