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Misioneros en Paraguay Sacrifican sus Sueños por Seguir a Dios

Yoan y Astrid Camacaro recientemente aceptaron el llamado a ser misioneros en Paraguay para la Iglesia del Nazareno después de servir como pastores en Ecuador por más de cinco años.

Aunque son humildes y están dispuestos a ir a donde Dios los guíe, su llamado a las misiones no pasó de la noche a la mañana. 

Yoan creció en Venezuela en la comunidad desfavorecida de Andrés Bellos. Comenzó a asistir a la Iglesia del Nazareno al entrar a la adolescencia y se involucró en muchos aspectos de la iglesia.

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Desde que era niño, el sueño de Yoan era ser un jugador profesional de béisbol y sacar a su familia de la pobreza. Su abuela le dio un guante de béisbol como regalo cuando era joven, y su familia rápidamente se dio cuenta de que era muy talentoso. 

Mientras iba creciendo, iba mejorando y era observado por los cazatalentos profesionales. Un día, recibió una llamada telefónica de los Atlanta Braves, quienes le hicieron una oferta para firmar un contrato para ir a Estados Unidos a jugar béisbol. Ese mismo día, recibió una llamada de su superintendente de distrito local quien creía que Yoan tenía un don para el ministerio y le sugirió que asistiera al Seminario Nazareno en Quito, Ecuador. 

Sin saber qué hacer, Yoan fue a su Biblia y encontró el versículo en Mateo 6:33: “Pero busca primero su reino y su justicia, y todo lo demás será añadido”.

En ese momento, Yoan sabía lo que tenía que hacer. Rechazó la oferta de jugar béisbol profesional, y fue al seminario. 

Durante su tiempo en el seminario, Yoan conoció a su esposa, Astrid, quien nació en un hogar cristiano en Ecuador y sintió el llamado al ministerio a los 15 años. 

Mientras crecía, Astrid se desempeñó como líder de jóvenes y maestra de escuela dominical. Ella tiene una fuerte pasión por el discipulado y el mentoreo de jóvenes para involucrarlos en el ministerio y las misiones.

Desde entonces, han terminado el seminario; se casaron en 2011 y vivieron en Venezuela por un tiempo donde nació su hijo, Yared. Yoan también está cursando actualmente una maestría en estudios interculturales en el Seminario Nazareno de las Américas en Costa Rica.

En 2013, los Camacaros plantaron una iglesia en Ibarra, Ecuador, donde han pastoreado hasta su reciente llamado a las misiones. 

“Estamos muy contentos de comenzar esta nueva aventura y servir a Dios con amor y pasión”, dijo Yoan. “Sabemos que vienen grandes cosas para el país de Paraguay y estamos listos para desarrollar estrategias de crecimiento”.

Ahora, Yoan espera que Dios use a su hijo para cumplir su sueño de convertirse en un jugador de béisbol profesional. 

¡Fuera toda Barrera!

Por Luz Jiménez Avendaño

“En la iglesia de Antioquía eran profetas y maestros: Bernabé; Simeón, apodado Níger; Lucio de Cirene; Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca; y Saulo. Mientras ayunaban y participaban en el culto al Señor, el Espíritu Santo dijo: ‘Apártenme ahora a Bernabé y a Saulo para el trabajo al que los he llamado.’ Así que después de ayunar, orar e imponerles las manos, los despidieron.” Hechos 13:1-3

La iglesia cristiana ya estaba madura para tomar la más grande de todas las decisiones. Habían consentido, con toda deliberación en llevar el mensaje del evangelio a todo el mundo. Fue una decisión tomada bajo la dirección del Espíritu Santo. La verdad es que los hombres de la Iglesia primitiva no hacían su voluntad, sino la de Dios.

El pasaje de Hechos 13:1-3 nos habla de profetas y maestros. Éstos tenían funciones diferentes. Los profetas no pertenecían a ninguna iglesia determinada. Eran predicadores errantes que daban toda su vida para escuchar la Palabra de Dios y transmitirla a sus hermanos en la fe. Los maestros pertenecían a las iglesias locales y sus funciones eran las de instruir a aquellos que aceptaban la fe cristiana.

Esta lista de profetas simboliza el llamado universal del evangelio. Bernabé era un judío oriundo de Chipre; Lucio provenía de Cirene en el Norte de África; Simeón era también un judío, pero se da su otro nombre, Níger (el Negro), que es romano y que muestra que se debe haber movido en círculos formados por romanos. Manaén era un hombre con conexiones en la aristocracia y en la corte; y Pablo mismo era un judío de Tarso en Cilicia y un rabí. Como podemos darnos cuenta, en este grupo está ejemplificada la influencia unificadora del cristianismo. Hombres de muchas tierras y con distintos trasfondos habían descubierto el secreto de estar juntos: habían descubierto la unidad en Cristo.

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Dios llama a todo creyente a proclamar su palabra en diferentes partes del mundo. Todos somos llamados a llevar buenas noticias de salvación. Hay mucho que contar, tenemos mucho que decir, pero tenemos algunos problemas: nuestros prejuicios hacia una cultura distinta a la nuestra, costumbres, tradiciones, legalismos, y pretextos vanos.  Todo aquello que no funciona ante el llamado del Señor constituye una barrera para no obedecer a la orden de “ir.”   

Lo cierto es que somos creyentes y ante un llamado que viene del cielo, necesitamos corresponder al amor maravilloso de Dios para que otros puedan conocerle. Estos hombres aceptaron el llamado del Señor. Eran de diferentes culturas, pero formaron un solo equipo para cumplir un solo fin y un solo propósito: predicar el mensaje a aquellos que estaban muertos en sus delitos y pecados y necesitaban ser salvos.  ¡Es hora de echar fuera toda barrera y de predicar las buenas noticias!

*Luz Jiménez ha servido por cinco años como misionera voluntaria, y actualmente es la Coordinadora de Misiones Globales y Génesis para el Área Mesoamérica NorCentral: Guatemala, El Salvador, Honduras, y Nicaragua.

La Metáfora de Kierkegaard Sobre los Gansos

Servir a Dios en ambientes transculturales siempre provoca conversaciones interesantes con quienes pertenecen a nuestros países de origen. Algunos encuentran nuestra incursión en misiones lejanas como algo fascinante y exótico. Hoy día, con la globalización y la posibilidad de interactuar con amigos y colegas en todo el mundo, mucha gente es indiferente, en cierto modo: “Ah, ellos están expandiendo el evangelio como nosotros; solo que ellos viven en otra cultura.” Pero todavía hay otros que no dejan de asombrarnos con preguntas sorprendentes basadas en la incredulidad:

“¿Cómo es que tus hijos van a la escuela allá? ¿Es buena la educación?”

“Sabemos que allá es peligroso. ¿Alguna vez sales?”

Con mayor frecuencia, he estado en contacto con más y más cristianos quienes están viviendo sus vidas basados en la comodidad y el miedo. Después de todo, Dios es un Dios que siempre quiere protegernos, ¿verdad?

Recientemente me encontré con una metáfora que leí hace muchos años, escrita por el filósofo danés Sören Kierkegaard. Me ha hecho examinar mi propia tendencia de dar un buen discurso mientras fracaso en “extender mis alas y volar.” ¿Nosotros abrazaremos la aventura que Dios tiene para nosotros? O, ¿seguiremos disfrutando nuestra cómoda marca de cristianismo occidental?

La Metáfora de los Gansos de Kierkegaard

“Cierta bandada de gansos vivía en un patio con paredes muy altas alrededor. Debido a que el maíz era bueno y el patio era seguro, estos gansos nunca tomarían un riesgo.

Un día un filósofo ganso vino a ellos. Él era un muy buen filósofo y cada semana ellos escucharon tranquila y atentamente sus sabios discursos. ‘Mis queridos compañeros del camino de la vida,’ él decía, ‘¿se imaginan de verdad que este patio con paredes tan altas alrededor sea todo lo que existe? Les digo, hay otro mundo, y más grande, allá afuera, un mundo del que solo estamos remotamente conscientes. Nuestros antepasados sabían de este mundo exterior. ¿Ellos no extendieron sus alas y volaron a través de los desechos sin rastro del desierto y el océano, y valles verdes y colinas boscosas? Pero desafortunadamente, aquí permanecemos en este patio, nuestras alas cruzadas y escondidas a nuestro lado, mientras estamos satisfechos en el charco del lodo, sin alzar nunca nuestros ojos a los cielos que deberían ser nuestro hogar.’

Los gansos vieron esto como un sermón muy fino. ‘Qué poético,’ ellos pensaron. ‘Profundamente existencial. Qué impecable resumen del misterio de la existencia.’ A menudo el filósofo hablaba de las ventajas de volar, llamando a los gansos a ser lo que debían ser. Después de todo, él señalaba que tenían alas. ¿Para qué eran las alas sino para volar? A menudo, él reflexionaba sobre la belleza y la maravilla de la vida afuera del patio, y la libertad de los cielos.

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Y cada semana estos gansos eran reconfortados, inspirados, conmovidos por el mensaje del filósofo. Ellos creían cada una de sus palabras. Ellos dedicaban horas, semanas, meses a un análisis minucioso y evaluación crítica de sus doctrinas. Ellos aprendieron lecciones sobre las implicaciones éticas y espirituales de volar. Ellos hicieron todo esto. Pero hay una cosa que nunca hicieron. ¡Ellos no volaron! ¡Porque el maíz era bueno, y el patio era seguro!”

Maestros y Plantadores de Iglesias

Por Scott Armstrong

En varias ocasiones he tenido el privilegio de hablar con alguien interesado en Génesis, nuestro ministerio diseñado para impactar las ciudades grandes de la región.  En varias ocasiones estos candidatos han estudiado para ser maestros de primaria o de secundaria.  “¿Cómo puede Dios usar mi carrera para plantar iglesias en contextos urbanos?” me preguntan.

Hace algún tiempo publiqué un artículo que escribí para la Revista Línea. El punto fue resaltar que Dios ha usado para su gloria carreras “seculares” de casi todos los jóvenes que han servido como misioneros voluntarios de Génesis. En la entrada anterior también ofrecí otras historias que no cabían en el espacio limitado.  Pero hoy quiero que el lector escuche de tres maestros jóvenes que están sumamente agradecidos por sus carreras “seculares,” porque han abierto puertas para el ministerio de una manera sorprendente:

“Una de las decisiones más importantes para un joven es elegir la carrera universitaria que ha de estudiar, la cual definirá lo que hará el resto de su vida. Cuando tenía 18 años, tenía dudas sobre la profesión que debía estudiar, y oré a Dios para que me diera dirección.  Y es así que elegí ser maestra.

27797589_1799412403426391_3124110093619712361_o.jpgMi madre me había dicho que desde que tenía seis años decía que sería maestra, pero yo lo había olvidado. Creo que ser maestra estaba ya dentro de los planes de Dios.  Fue a través de mi profesión que Dios me preparó para el campo misionero cuando fui enviada a trabajar lejos de casa.  Ahora que ya estoy sirviendo en las misiones, Dios ha abierto puertas y me ha usado a través de mi profesión, del trabajo con los niños y la enseñanza. Entiendo que no podemos separar lo secular y lo ministerial; todo lo que sabemos y todo lo que hacemos debe honrarle a Él.  Solo así a través de nuestra profesión Dios abrirá el camino para expandir su reino.” –Marleidy Sánchez (enviada de México a Panamá)

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“Soy maestra, y creo que es una de las carreras donde te puedes desenvolver mucho en la comunidad, porque traes contigo técnicas diferentes para enseñar y apoyar en tareas a los niños y niñas.  De hecho, a través de esto, puedes llegar a los padres de familia, y compartirles el mensaje de salvación.” –Ingrid Jocholá (enviada de Guatemala a Panamá)

 

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“Mi carrera como profesora de segunda enseñanza media en ciencias sociales va más allá de impartir una clase en un salón. Creo que dentro del ministerio me ha dado la oportunidad de desarrollar, planificar, mejorar e involucrar a las personas en un ambiente distinto, sobre todo con los niños. Ahora he estado trabajando en el material que usaremos para nuestro club infantil pero también estoy lista para brindar mis conocimientos a todos aquellos que están involucrándose en esta nueva etapa de servicio y amor por compartir de Dios con el prójimo.” –María de los Ángeles Romero (enviada de Petén, Guatemala a Querétaro, México)

*Para más información sobre Génesis, visita nuestro sitio web u ofrece un comentario debajo de este artículo.

Dios Usa Toda Carrera en las Misiones

Por Scott Armstrong

Hace algún tiempo publiqué un artículo que escribí para la Revista Línea.  El punto fue resaltar que Dios ha usado para su gloria carreras “seculares” de casi todos los jóvenes que han servido como misioneros voluntarios de Génesis.  No había espacio para compartir todos los testimonios que recibí al pedir la ayuda de los 32 misioneros que hemos enviado. Así que hoy y en la próxima entrada (link) comparto más de esas historias impactantes:

44733965_573786599724861_8443162038938632192_n.jpg“El ser médico permitió que muchas personas estuvieran dispuestas a establecer una relación con nosotras, ya que en algún momento necesitaban consultas médicas.  Además de que nos permitió abrir la clínica en la comunidad y, de esta manera, que la comunidad conociera la iglesia, la gente del lugar nos conoció mucho más ya que sabían que en el templo vivía un médico y nos buscaban a cualquier hora del día. Pudimos realizar brigadas médicas como iglesia en diferentes puntos de las comunidades en que trabajamos. Agradezco a Dios la apertura que me da esta carrera; aunque en ocasiones es muy cansado, saber que de cierta manera ayuda a servir a Dios es un gozo indescriptible.” –Eunice Zaragoza (enviada de Tampico, México a San Pedro Sula, Honduras)

WhatsApp Image 2018-10-17 at 10.22.20.jpeg“Mi carrera profesional es trabajo social.  Esta carrera tiene como fin el diseño, aplicación de proyectos, estrategias que promuevan la participación de los individuos, grupos, comunidades y sociedad en general, en acciones que previenen o dan solución a las necesidades y problemas sociales. La iglesia está llamada a mostrar amor y compasión en medio de una sociedad vulnerable. Creamos una estrategia con adolescentes, dos espacios cada semana donde puedan llegar a jugar, convivir, reír, y meditar en el texto Bíblico y en lo que Dios pide de ellos. Con los niños y mujeres, se han desarrollado estrategias para alcanzar a cada uno de estos grupos sociales, tales como: Club Infantil y conferencia para mujeres.  Mi carrera me ha ayudado a enfocarme en hacer lo que Jesús me ha llamado a hacer: predicar su palabra con acciones, con compasión.” –Jhoselyn Barrios (enviada de Guatemala a Querétaro, México)

34064645_10212524871736869_8460218513712218112_n.jpg“Yo tengo un grado asociado en Psicología. Estos conocimientos me han ayudado mucho en la consejería de familias. El mencionar que tengo un grado académico en Psicología en alguna reunión que tenemos con la comunidad abre puertas para que las personas me busquen y abran su corazón en busca de ayuda. También tengo un Bachillerato universitario en Gestión Organizacional. Esto me ayuda en la parte organizativa y en el planeamiento de las actividades que programamos.” –Maritza Mendoza (enviada de Miami, EE.UU. a Querétaro, México)

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“El haber estudiado la licenciatura en Gestión Turística me ayudó mucho en el ministerio cuando estuve en Génesis. Anteriormente era bastante callada y tímida, pero mi carrera me ayudó a perder los miedos para compartir con las personas.  Así que durante el ministerio en Génesis siempre me sentí segura de poder entablar una plática con las personas creando relaciones interpersonales y a través de esto poder compartir del amor de Cristo.”
–Zabdi Jessica Delgado (enviada de Tuxtla Gutiérrez, México a Santo Domingo, República Dominicana)

*Para más información sobre Génesis, visita nuestro sitio web u ofrece un comentario debajo de este artículo.

Recomendaciones de un Misionero del Caribe

En la entrada previa, Cleon Cadogan compartió el testimonio de su tiempo en Granada como misionero voluntario en GÉNESIS. El objetivo principal de su tiempo ahí fue plantar y organizar una nueva Iglesia del Nazareno en la comunidad de Content. En el primer año de su llegada, Dios había hecho el trabajo y el objetivo fue cumplido. Ahora hay una congregación próspera en esa comunidad que está preparándose para empezar otra iglesia y así alcanzar su isla.

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Al concluir su tiempo en GÉNESIS, Cleon compartió varios consejos que él daría a cualquier persona que está diciendo sí a un llamado a misiones. Aquí están sus 15 recomendaciones:

1: Asegúrate que Dios te ha llamado a ir a las personas a quienes estarás sirviendo.

2: Ama y aprende de las personas con quienes vivirás; está dispuesto a desechar las ideas preconcebidas que tienes de ellos.

3: El respaldo en oración es vital para tu salud física y espiritual.

4: Ayunar y pasar tiempo personal con Dios es necesario para mantener la cordura.

5: No dejes que el dinero sea un factor que determine tu capacidad para cumplir con la tarea.

6: Recuerda: Dios provee para la misión en todos los sentidos.

7: Sé creativo en los métodos que usas para compartir con personas que estarán dando para la misión.

8: Demuestra un nivel de transparencia y rendición de cuentas con tus patrocinadores.

9: Comunica la visión claramente a tus donadores y a quienes oran por ti.

10: No falles en usar diversos medios para comunicarte y mantenerte en contacto con tus patrocinadores.

11: Escucha las necesidades de las personas con quienes están trabajando.

12: Permite que la creatividad fluya dentro de ti en todo tiempo.

13: Descansa cuando Jesús dice que descanses.

14: No abandones a tus amigos y familia por el bien de la misión.

15: Nada debe ser hecho sin consultar a Dios.

Déjame Entrar

Por Scott Armstrong

Recientemente he estado reflexionando sobre la manera en cómo evaluamos y entrenamos a nuestros misioneros Génesis. Como equipo, jugamos con el contenido de nuestros talleres e intentamos proveer experiencia práctica que también los prepare para sus dos años en una cultura diferente y en un contexto explícitamente urbano. Sin embargo, algo que sigue viniendo a mi mente es: ¿qué tiene de bueno el entrenamiento si los misioneros no tienen un deseo profundo de amar a los abatidos y quebrantados de corazón que están a su alrededor? Eso es algo que no podemos enseñar o provocar en ellos.

La buena noticia es que, en casi todos los casos, nuestros misioneros Génesis están apasionados por servir a otros. Esto no es un servicio que viene bajo sus propios términos o de acuerdo con sus propias demandas; todos ellos poseen un deseo profundo de amar a Dios y a su prójimo. Recientemente he escuchado historias de nuestros misioneros limpiando exhaustivamente complejos de apartamentos a una temperatura de 38ºC, cargando niños enfermos y desnutridos, abrazando a y llorando con madres solteras abandonadas. Este tipo de ministerio requiere una disposición compasiva para caminar con una persona necesitada mientras atraviesa por situaciones terribles.

Hace poco leí esta sorprendente historia de G.K. Chesterton, un reconocido pensador y escritor cristiano:  

Un hombre totalmente despreocupado sobre los asuntos espirituales murió y fue al infierno. Y sus viejos amigos lo extrañaban mucho. Su agente de negocios bajó hacia las puertas del infierno para ver si existía alguna posibilidad de traerlo de vuelta. Pero a pesar de que suplicó para que las puertas se abrieran, las barras de hierro nunca cedieron. Su sacerdote también fue y argumentó: ‘Realmente no era un hombre malo, con el tiempo habría madurado. ¡Déjenlo salir, por favor!’ Las puertas permanecieron obstinadamente cerradas ante sus voces. Finalmente, vino su madre; ella no rogó por su liberación. Tranquilamente, con un tono de voz peculiar, ella le dijo a Satanás: ‘Déjame entrar.’ Inmediatamente las grandes puertas se abrieron de golpe sobre las bisagras. Porque el amor va a través de las puertas del infierno y ahí redime a los muertos.” (Cita de Ronald Rolheiser en La Espera Santa: La Búsqueda de la Espiritualidad Cristiana)

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Nuestros misioneros no han firmado para una asignación fácil, y ellos saben con certeza que no tendrán unas vacaciones de dos años. Hay algo más que los llama a ir hacia los perdidos, los olvidados y abandonados. La evaluación y el entrenamiento son esenciales, pero cuando recibo reportes, como ha ocurrido recientemente, de su trabajo en los contextos urbanos de nuestra región, yo sé que algo más profundo que el entrenamiento los ha impulsado. El amor de Dios los ha llevado a las puertas del infierno, y ellos han pedido entrar. Y por ello, Dios está transformando el infierno en el cielo, justo en el corazón de esas ciudades.

*Para más información sobre Génesis, o cualquiera de nuestros misioneros, por favor visítanos en: www.mesoamericagenesis.org, también puedes descargar nuestra aplicación para Androido iOS.

Aquí Estoy para Servir

Recientemente recibí este testimonio de Crystalla Williams, nuestra misionera Génesis de Trinidad y Tobago. Ella escribió estas palabras en sus últimos días sirviendo en Granada. Inmediatamente supe que su reflexión tenía que ser compartida con una audiencia más amplia. Que Dios mueva tu corazón mientras escuchas el corazón de ella fuerte y claro.

Mientras reflexiono en los dos años de ministerio en Génesis, casi lloro mientras me asombro de mi Dios: su amor, compasión, gracia, misericordia, paz, poder y provisión.

No podría – definitivamente no podría – lograrlo sin Él. Verdaderamente hay muchos que pensaron que no lograría terminar; algunos incluso me lo dijeron de frente. Honestamente, hay momentos en que les creí: momentos cuando las cosas fueron tan difíciles que no podía ver la salida. ¡Pero Dios abrió el camino!

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No hay duda en mi mente que ciertos avances que he tenido no hubieran sido posibles sin esta asignación. Ahora tengo una mejor comprensión de lo que significa ser paciente. Dios de alguna manera ha aumentado mi capacidad para amar, ser comprensiva, ser compasiva y perdonar. Esta asignación me ha enseñado a orar más profundamente, y a ayunar más intencional y estratégicamente.

Cuando veo hacia adelante me emociono. Estoy emocionada por regresar a mi distrito, mi país e iglesia local para trabajar y ministrar. No estoy completamente segura de cómo se verá eso. Una cosa que sí sé: aquí estoy para servir.

Antes de salir hacia Granada, yo ya tenía un plan de salida. Tenía un trabajo esperando, un apartamento listo a mi regreso, y proyectos en los que estaría trabajando. Durante los dos últimos años, he visto cada uno de mis planes irse volando por la ventana.

Pero mientras he visto mis planes convertirse en polvo, también he visto a Dios trabajando en maneras que todavía me asombran. A causa de este ‘loco viaje de fe’ en el que he estado, estoy segura que mi Dios, quien ha hecho mucho más de lo que podría pensar o imaginar, cuidará de mí.

Estos dos años en Granada han sido grandiosos. Grandes alegrías, grandes heridas, gran apoyo, grandes avances, grandes lágrimas (de felicidad y sufrimiento), grandes risas, gran amor, grandes triunfos, gran propósito cumplido, grandes nuevos amigos, gran sanidad espiritual y crecimiento…una verdadera representación de lo grande que mi Dios es y siempre será para mí.

Espero entusiasmada lo que Dios hará. ¡No hay nadie como yo y no hay nadie como mi Dios! Oh, ¡qué maravilla Él hará!

Me siento honrada por ser parte de una organización, una iglesia, y una familia alrededor del mundo. Me siento honrada de tener un apoyo que jamás puede ser cuantificado en términos humanos. Y todo eso me es otorgado por lo que Jesús hizo hace tiempo atrás sobre un ‘madero.’ Gracias, Señor.

Gracias a ustedes por sus oraciones.

Gracias a ustedes por su constante servicio y cuidado para aquellos que son llamados por Dios.

En Cristo,

Min. Crystalla Williams

Misionera Génesis

Granada

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