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Dios Llamando, Enviando y Usando a Jóvenes en Su Misión

Saber que Dios sigue invitando a la juventud a responder al llamado misionero es motivo de gozo, pero también es asombroso cómo Él puede usar a aquellos a quienes llama. A continuación compartimos tres testimonios de jóvenes voluntarias quienes participaron en Encuentro, realizado en Guatemala y Costa Rica en junio y julio pasado, unevento que impactó la vida de cientos de personas, tanto de las comunidades que fueron ministradas, como la de los voluntarios:

Durante el tiempo de Encuentro y Proyecto Timoteo, serví como traductora, y uno de los momentos que atesoro en mi corazón fue el día en que salimos a evangelizar, ese tiempo se volvió en una peregrinación de oración por salud. La mayoría de las personas que nos encontrábamos nos pedían oración por sanidad. La más impactante fue una señora que nos encontramos en el camino, ella iba a comprar tortillas, el Pastor César Robleto, de la Iglesia Getsemaní la detuvo y le preguntó si tenía una petición de oración, ella dijo que sí e incluso nos invitó a su casa. Ella nos pidió orar por su hija quien tenía cáncer. Nos indicó la dirección de su casa y nos dijo que la esperáramos, pero como se hacía tarde decidimos ir a su casa. Preguntamos por la muchacha, se llama Andrea. Le dijimos que su mamá nos pidió que oráramos por ella, ella se sorprendió, pero también se puso feliz. El momento de oración fue muy hermoso, las lágrimas no se hicieron esperar.

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Solo Dios sabía la necesidad, el dolor, la angustia por la que estaban pasando. Después de la oración pudimos notar un rostro lleno de esperanza y de agradecimiento. Nosotros también estábamos agradecidos con Dios por ese momento. Fue un gran privilegio poder orar con ellos. La mamá llegó en medio de la oración. Una de las hermanas de Norte América compartió palabras de ánimo y pudimos sentir cómo el Espíritu Santo se estaba moviendo en ese lugar trayendo paz y tranquilidad. Fue una de las traducciones más difíciles de mi vida al tener que hablar con lágrimas en los ojos, pero también fue de las más hermosas que he podido experimentar.Valeria Narváez (Nicaragua)

Cuando yo era pequeña soñaba con ser una doctora, y por mucho tiempo ese fue mi sueño. Pero luego, como todos los niños, cambié de opinión y decidí que quería ser una maestra. Pero aunque siempre cambiara de opinión sobre lo que quería ser cuando creciera, yo estaba segura de que, en cualquiera que fuera mi trabajo, yo quería ayudar a las personas. Cuando quería ser una doctora no me imaginaba siendo solo una doctora, me imaginaba siendo doctora en una montaña ayudando a personas de bajos recursos. Cuando quería ser una maestra no me imaginaba siendo solo una maestra, me imaginaba siendo una maestra a los niños que más lo necesitaran. Y hace un tiempo Dios empezó a inquietar mi corazón con la idea de ser una misionera. Pero yo lo ignoraba, porque me daba miedo.

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Mis papás son misioneros y eso significa que yo sé lo difícil que es mudarse de país, mudarse de casa, cambiar de colegio y tener que hacer nuevos amigos, y por eso cada vez que pensaba en la idea de ser una misionera me daba mucho miedo, pero empecé a orar (que es lo mejor que podemos hacer cuando tenemos miedo). Oré por mucho tiempo y en estas dos semanas de servir en Encuentro, Dios respondió a mis oraciones y me habló por medio de los testimonios, de las prédicas e incluso por medio de canciones. En estas semanas me confirmó lo que yo ya sabía. Así que decidí aceptar el llamado que Dios me estaba haciendo y decidí dejar de tener miedo.Andrea Salazar (Guatemala)

Durante la primera semana de Encuentro y Timoteo, serví en la Iglesia del Nazareno Nueva Visión, junto con un grupo de Kentucky, gran parte de nuestro trabajo fue Escuela Bíblica Infantil, en la cual ministramos a 70 niños aproximadamente. En uno de nuestros devocionales alguien dijo que las historias conectan a las personas, es importante conocer la historia para tener una apreciación más completa de los otros, claro, no para juzgarlos sino para entenderlos. Justo eso me pasó con algunos de los niños, inquietos, imposible de mantenerlos en silencio y atentos, mas allá de querer socializar querían llamar la atención de nosotros. Muchos de ellos están siendo criados por sus abuelas porque sus mamás los han abandonado e incluso se han ido para otro país, otros porque sus papás han muerto de una u otra forma.

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Durante la semana nosotros hicimos nuestro trabajo, lección bíblica, memorización de versículo, juegos y refrigerios, pero para ser sincera no sentía que estaba causando un gran impacto en la vida emocional de los niños, pero el día de la despedida uno de ellos se me acercó muerto en llanto, muy triste porque ya nos teníamos que ir, me dijo ‘Sos como mi hermana’, esto quebró mi corazón y desee estar más tiempo ahí con él, desee la oportunidad de seguir en su vida porque su necesidad de amor es grande. Oro para que él y todos los niños que ministramos sean abrazados por Jesús, sintiendo su amor y protección.Diana González (El Salvador)

Estos testimonios fueron publicados originalmente en: Iglesia del Nazareno Mesoamérica

Un Verdadero Encuentro con Dios

El siguiente es un testimonio de Ana Perdomo (México), quien hace algunos meses sirvió como misionera voluntaria en el Proyecto Timoteo y Encuentro. Dios sigue llamando y usando las vidas de jóvenes dispuestos a escuchar y obedecer:

Durante mi primer semana en Guatemala serví como traductora para un grupo de la Iglesia del Nazareno de Valparaiso, Indiana. Tuvimos la oportunidad de trabajar en la Iglesia La Florida, atendiendo a 55 niños en la Escuelita Bíblica y pintando el templo con el pastor Juan y Selena, la líder de jóvenes. El último día nos llevaron a una Escuela donde el plan original era trabajar y convivir con adolescentes. Pero cuando llegó el momento aparecieron más de 150 niños y nosotros éramos solo 22 personas, sin micrófono, al aire libre y solo uno de los chicos de Indiana hablaba español. Dios sin duda nos dio la fortaleza. Aprendí mucho y además quedé sorprendida del amor, humildad y sensibilidad de los chicos de Estados Unidos, jóvenes de entre 13 y 15 años que amaban a la gente, y que siempre estaban con una sonrisa y dispuestos a hacer lo que se necesitara.

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Llegó la segunda semana y serví junto con el grupo de Kailua, Hawai.  Sin duda Dios tenía planeado el equipo tan diverso que formaríamos: una misionera salvadoreña, una guatemalteca, una mexicana y los 9 hawaianos. Trabajamos en el Centro Familiar de Adoración (CEFA) con la pastora Carolina, una admirable sierva de Dios que hace apenas dos meses le habían asesinado a su segundo hijo. Nos compartía cómo Dios había estado con ella en estos momentos difíciles. Ella es una guerrera y una mujer de fe, muy  respetada por todo su vecindario.

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Ana cantando con dos niñitas.

La iglesia estaba en una de las zonas más peligrosas en toda Guatemala. Los policías a veces nos acompañaban en las actividades que teníamos en la calle con los vecinos. Cada día teníamos la oportunidad de construir fuertes relaciones y amistades con los niños, jóvenes y familias de la colonia. Llevamos a cabo la Escuela Bíblica y realizamos una brigada médica. Era una conexión tan grande la que tuvimos que fue muy difícil decir adiós al finalizar esa semana.

No hay palabras para describir cuan agradecida, bendecida y ministrada fui durante estas dos semanas donde estuve mal de salud, tuve fiebre, infección de garganta, tos, y una infección molar que decidió justo aparecer en esas semanas.  Además el último día de Encuentro recibí desde México una llamada donde me decían que mi perrita, quién llevaba 14 años conmigo, había muerto. Sé que Mateo 16:24 (“tomar nuestra cruz y seguirle”) no es solo algo que está escrito en la Biblia.  Dios necesita que tú creas y des todo lo que está en ti.  El resto, Él lo hará, en Su tiempo, y no en el tuyo.

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El plan original era ir a servir y hablar de Dios, pero sé que recibí más de lo que di.  También mi concepto de ser “pastor” cambió radicalmente. El haber tenido la oportunidad de convivir con pastores juveniles las dos semanas, me ayudó a ver las cosas de manera diferente. Ya no tengo miedo de aceptar ese llamado. Sí, quiero ser misionera, pero también quiero ser pastora.

Cuando tienes un llamado, tal vez te sientes que no estás preparado para enfrentarlo o vivirlo, y quizá se vuelve más complicado al ver las dificultades que llegan a tu vida con la familia, amigos, trabajo, e incluso con tus propios pensamientos.  Pero si Dios te está llamando, Él tiene sus estrategias y hará que todo funcione de acuerdo con su propósito.  

 

Un Gran Alcance en Proyecto Timoteo

En junio y julio, se llevó a cabo el proyecto Timoteo con voluntarios provenientes de El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Nicaragua, quienes se unieron para servir junto con jóvenes de Estados Unidos y Canadá en Encuentro 2018.

Todos los participantes de la Región Mesoamérica y de Estados Unidos y Canadá donaron entre 7 y 18 días para servir con iglesias locales en actividades evangelísticas, traducción, ministerio deportivo, Escuelas Bíblicas de Vacaciones, Trastornando mi Ciudad, Trabajo y Testimonio, visitas a hospitales, y operativos médicos, que beneficiaron a varias comunidades de la ciudad de Guatemala.

Uno de los misioneros voluntarios, Billi Méndez (Guatemala), expresó: “Mi experiencia en el Proyecto Timoteo y Encuentro ha sido lo mejor que me ha pasado. En la semana que estuve sirviendo como voluntario, lo más bello que experimenté fue al terminar el proyecto NazaGol que realizamos en la comunidad donde serví. Esto ocurrió en mi último día de servicio misionero. Durante toda la semana estuve orando a Dios para que pudiera ganar una persona para Cristo. Mientras se realizaba el partido, Dios me movió para que compartiera mi testimonio con los participantes, y para la gloria de Dios, 29 jóvenes aceptaron a Jesús como su Salvador.”

Después de dos semanas de trabajo se finalizó con una evaluación y un tiempo de acción de gracias por lo que Dios hizo en la vida de muchos niños, jóvenes y adultos. Ese mismo día muchos jóvenes confirmaron su llamado y su deseo de seguir sirviendo en la misión de Dios.

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Los líderes de Encuentro y Proyecto Timoteo compartieron los siguientes resultados:

  • La JNI (Juventud Nazarena Internacional) y Misión Global crecieron en sinergia
  • Más de 1,472 niños fueron atendidos y escucharon el mensaje de Cristo
  • Más de 695 personas fueron atendidos en el operativo médico
  • Más de 104 personas hicieron su decisión por Cristo
  • Más de 2,167 personas escucharon del amor de Dios
  • Más de 7 naciones se unieron para servir e impactar al país de Guatemala
  • 42 participantes del Proyecto Timoteo, provenientes de Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y México, se unieron en la Gran Comisión
  • Más de 16 jóvenes confirmaron su llamado misionero
  • 21 Iglesias del Distrito Central de Guatemala fueron bendecidas con la presencia de los jóvenes de Encuentro y Timoteo.

¡Gracias a Dios que sigue llamando y usando las vidas de jóvenes dispuestos a servirle!

Toda Carrera para la Misión

Scott Armstrong

“¿Una abogada? ¿Dios puede usar una abogada en el campo misionero?”

Su boca estaba abierta.  Había venido a un Campamento de Orientación Misionera para aprender de misiones, y fue la primera vez que había oído que su carrera “secular” podía usarse en el campo misionero.

¿Viste que puse la palabra “secular” entre comillas? Hemos crecido en la Iglesia y nos han dicho que solamente pastores, evangelistas, y misioneros sirven al Señor “de tiempo completo” y son llamados al “ministerio.” Los granjeros y banqueros y papás y mamás que se quedan en casa se relegan a vocaciones “seculares.”

¿Qué tal si Dios quiere que todas nuestras vidas – sin importar cuál sea nuestra carrera – se clasifiquen como ministerio? ¿Qué tal si Dios ve todo nuestro trabajo, juego y descanso como parte de nuestra misión? ¿Podría ser que nada es verdaderamente secular para un seguidor de Cristo?

La división entre “secular” y “espiritual” también se ha infiltrado en nuestro concepto de misiones.  Si eres llamado a ser misionero, ¿no deberías rechazar tu carrera en psicología, o nutrición, o música, para enfocarte en lo que de verdad es importante: la teología y la predicación?

Déjame decir esto con claridad: los estudios en teología y Biblia son esenciales para cualquier creyente y especialmente para los misioneros. ¡Sin duda los vas a necesitar en el campo misionero y en el ministerio!

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Pero un diploma en otra cosa diferente también podría hacer que seas aún MÁS útil en tu asignación misionera.  Lee lo que algunos de nuestros misioneros recientes de GÉNESIS han compartido:

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“Estudié teología, pero crecí en una familia de cocineros, abastecedores, y chefs.  He utilizado este talento grandemente en los últimos dos años, proveyendo comida para retiros de la junta de la iglesia, almuerzos para líderes eclesiásticos que han visitado, y también sirviendo como anfitriona para huéspedes en la casa pastoral, preparando todo tipo de comidas.” –Crystalla Williams (enviada de Trinidad y Tobago a Grenada)

 

 

21246416_1842539019094464_7988360317864889418_o.jpg“Me gradué como Licenciada en Administración de Empresas y mi carrera me ayudó para: llevar las finanzas, tener un buen presupuesto cada mes, elaborar informes y reportes a mis donadores, planificar y organizar eventos, y tratar con las personas.” –Alejandra García (enviada de Guatemala a Santo Domingo)

 

_DSC0506.png“Mi experiencia en música me ha ayudado mucho en la misión.  Pude usar la música para enseñar Escritura a niños que no sabían leer ni escribir. Todos poseemos herramientas que se pueden usar para el crecimiento del reino; solo requiere creatividad.” –Cleon Cadogan (enviado de Guyana a Grenada).

 

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“Gracias a Dios me permitió estudiar la carrera que siempre soñé, diseño de modas.  Ahora me doy cuenta de que mi carrera es parte indispensable en mi ministerio, no sólo porque gracias a ella he conocido gente con quien he podido compartir el Evangelio, sino que también, puedo enseñar a otros un oficio de gran utilidad, puedo relacionarme y servir a las personas que me rodean por medio de la costura, y puedo hacer material y usar mi creatividad para los diferentes proyectos que tenemos.  En fin, ahora mi máquina de coser se ha convertido en parte importante de mi ministerio.” –Marlene Valadez (enviada de Guadalajara a Querétaro, México)

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“Soy Licenciada en Derecho o también abogada. La profesión nos inclina a ayudar al más necesitado, ser la voz de los que no tienen y defenderlos. Puedo entrar a las cárceles más fácil que un pastor y llevar palabras de vida, esperanza y amor. Puedo ayudar a ancianos a que no les quiten sus propiedades, apoyar en asuntos de migración, trámites, etc. El campo es amplio.” –Daniela González (enviada de Oaxaca a Veracruz, México)

 

 

¡Y solo son cinco testimonios! Yo recibí otras historias de nuestros misioneros que han estudiado biología, turismo, medicina, psicología, trabajo social, y enseñanza, y he decidido compartirlas en nuestro sitio: www.transformaelmundo.com.  Todos estos misioneros han sido eficaces en plantar iglesias en contextos urbanos. Pero han sido eficaces en gran parte por sus carreras “seculares.”

El punto es: Dios puede usarte a ti y tu carrera para su Gloria – ¡especialmente en el campo misionero!

Este artículo fue publicado originalmente en: Revista Línea

 

“Señor Vengo a Servirte con lo que me has Regalado”

Encuentro se realizó del 30 de junio al 14 de julio de 2018, en Guatemala y Costa Rica, impactando la vida de cientos de personas, tanto de las comunidades que fueron ministradas, como la de los voluntarios. La doctora nicaragüense, Linda Alguera de 26 años de edad, nos comparte de su experiencia vivida en Guatemala.

“…junto con mi amiga hablamos con nuestro pastor y recibimos apoyo de la iglesia y aunque la situación del país amenazaba con la posibilidad de ir, nos mantuvimos positivas… Llegamos al seminario emocionados, éramos 4 los que viajamos juntos, así empezó la aventura a lo desconocido, porque solo sabía que iba a servir, pero no sabía cómo. Al día siguiente me encontré al hermano Milton y me dijo, ‘Hey, doctora no me dijiste que venías, ¿nos ayudarás en la brigada médica verdad?’ y yo le dije que sí con mucha emoción, pues había llevado mis herramientas para hacerlo. Ese mismo día nos reunimos todos los participantes para la bienvenida y explicaron lo que íbamos a hacer, y nos dijeron que hiciéramos lo posible por ganar una persona para El Señor y me dije ‘wow ¿cómo hago eso?’ y dije dentro de mí, ‘Señor vengo a servirte con lo que me has regalado’.

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Al día siguiente nos reunimos con la brigada médica, teníamos dificultades con la medicina y con el equipo del dentista, pero nosotros serviríamos con lo que tenemos porque más que medicina humana queríamos llevar la medicina espiritual. Empezó la jornada medica la primera semana y atendimos aproximadamente cada día unas 60-80 personas, entre adultos y niños. Un día atendimos 110 personas y recuerdo la cara de todo el equipo con expresiones de satisfacción y de alegría por toda esa gente. No solo atendíamos a los pacientes, sino que también orábamos por ellos y les compartíamos el plan de salvación. Dios me dio la oportunidad de hablar a personas que no necesitaban medicina humana, solo querían que alguien los escuchara, y en cada palabra de agradecimiento que recibía era como si fuera de parte de Dios, muchos aceptaron a Dios en las jornadas médicas.

Pensé que solo estaría una semana, pero Dios me permitió servir las 2 semanas. El Señor tenía grandes cosas preparadas para mí.

La segunda semana viví la mayor experiencia que he tenido. Tenía problemas en casa y en un devocional, lloré y lloré, y todo el día tuve una lucha interna porque tenía que ir a una iglesia a servir. En la noche me di cuenta de que más que el problema era Dios hablando a mi vida a través de esa experiencia. Esa noche fui a mi cuarto y oré, le dije al Señor que me dijera lo que quería que yo hiciera. En la última oración que hicieron de despedida, yo le pedí a Dios que me confirmara su llamado misionero y en esa oración la persona que dirigía dijo ‘tu llamado es confirmado’. Esta ha sido mi mayor experiencia y la bendición más grande fue servir a Dios con los dones que Él me ha dado.”

Este testimonio fue publicado originalmente en: mesoamericaregion.org

COM – Honduras

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COM – Oaxaca Norponiente

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Cuando tu Llamado se Siente como Muerto

By Mandy Smith

Hacer la voluntad de Dios, incluso en el ministerio, no siempre es divertido y floreciente.

¿Qué te hace florecer?

Es una pregunta útil para hacer mientras discernimos nuestro llamado. Esto asume que el llamado de Dios crece a partir de nuestros dones y pasiones, que experimentamos la bendición mientras obra a través de nosotros para bendecir a otros. Y eso es bíblico y verdadero.

Pero, ¿qué pasa cuando nuestro llamado no parece florecer, sino morir?

Sí, conozco las temporadas en las que seguir a Dios se sentía como vida y crecimiento. Los tiempos en que orar por alguien trajo transformación, cuando obedecer el llamado de comenzar algo nuevo trajo crecimiento. Pero no estoy en esa temporada en este momento. 

En este momento se siente más como obediencia. Como dejar de lado lo que me gustaría hacer y, en lugar de eso, elegir hacer lo que Él me pide. Se siente más como interminables hojas de cálculo y correos electrónicos, comenzando grandes desafíos, y menos como ver vidas transformadas. Temporadas como esta significan entrar en lugares que se sienten inseguros, que me hacen parecer tonto, atreviéndome a preocuparme por cosas rotas que quizás nunca se arreglen. Dios me desafía a orar por la liberación de la persona que parece que está más allá de la esperanza. Personalmente, preferiría no ir allí. Podría estar decepcionado. 

Sí, creo que Dios nos guía hacia la vida y el crecimiento. A veces, sin embargo, creo que Él nos poda.

Tenemos admiración por los mártires, personas que mueren públicamente por su fe. Conocemos sus historias en la Biblia y la historia de la iglesia. Pero, ¿qué pasa con el tipo de martirio que lentamente nos quita la vida, no en una ejecución, sino en una elección diaria de ser entregado como una ofrenda?

En el ministerio de hoy, equiparamos fácilmente nuestro trabajo con el cumplimiento de la vida y los objetivos de la carrera. Entonces, ¿qué hacemos con estas palabras de Jesús?

“Dirigiéndose a todos, declaró:―Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga” (Lucas 9:23).

“Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa y por el evangelio la salvará” (Marcos 8:35).

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¿Cómo podría ser que el hecho de seguir las indicaciones del Señor me llevó a un lugar donde las respuestas escaseaban y Dios parecía ausente?

En una cultura que adora medir el éxito, ¿cómo aceptamos el ejemplo de los profetas? Fueron llamados a decir y hacer cosas fieles a una multitud que no escuchaba y a la que no le importaba, a martillar sobre corazones duros. Los profetas fueron llamados por Dios para sentir su propio dolor, a anhelar cosas que nunca verían.

¿Nos atrevemos a equiparar nuestra historia con los mártires y los profetas, así tan ordinarios como somos? Puede ser la única forma en que nuestra propia historia tenga sentido. Las historias de mártires y profetas pueden ayudarnos a dejar de lado otras historias que estamos tentados a creer. Historias distorsionadas como estas:

• Cuando no estás viendo fruto, es porque lo estás haciendo mal.

• Cuando las oraciones no son respondidas, es porque eres infiel.

• Cuando los ministerios en otros lugares parecen tener más éxito, es una señal de que algo anda mal contigo.

• Cuando no ves a Dios haciendo todas las cosas nuevas, es porque Dios te ha abandonado, ¿o quizás ni siquiera existe?

¿Cómo podría ser que seguir las indicaciones del Señor nos lleva a lugares donde las respuestas son escasas y Dios parece estar ausente?

Este tipo de incomodidad puede convertirse en un momento para discernir si estamos en el lugar correcto. A veces, la falta de resultados puede ser una señal de que algo debería cambiar. Como líderes, podemos utilizar la incomodidad para motivar a aquellos a los que lideramos (o para hacernos sentir culpables) por intentar más y más: “El ministerio es difícil. Intenta más.” Pero cuando hemos discernido esas cosas y todavía nuestro trabajo es difícil, cuando hemos orado por la liberación y no se produce ningún cambio, puede ser simplemente que esta es la vida a la que la obediencia nos ha llevado.

Esta vida de obediencia podría llamarnos a hacer cosas que realmente no queremos hacer.

Tal vez seamos llamados a decir adiós a personas con las que preferiríamos estar y estar con personas con quienes no elegiríamos estar.

Tal vez seamos llamados a quedarnos en lugares que quisiéramos dejar, y dejar lugares donde preferiríamos quedarnos. Tal vez Él nos llame a anhelar la sanidad de alguien que quizá nunca será sanado, a orar por alguien que quizá nunca será “reparado.”

Rendir nuestro tiempo, energía y control absoluto se siente como la muerte. Tal vez no admiremos estas muertes tanto como las muertes físicas de los mártires, pero ¿qué es una vida, sino nuestra voluntad, tiempo y energía? Eso es un sacrificio vivo.

Según Pablo, llevamos en nuestros cuerpos la muerte de Jesús, para que su vida sea visible en nuestros cuerpos. Mientras vivimos una vida que cada día se vuelve menos nuestra, la propia vida de Jesús se vuelve más y más evidente, no solo en un sermón que predicamos, sino en nuestro testimonio. A medida que nos volvemos menos, Jesús se vuelve más.

Durante esta temporada de servir a una pareja en particular llamada Teo y Lily, compartí a un mentor sabio sobre mi dolor. Sentí al Señor con tanta fuerza en el impulso de cuidar de ellos. Pero cuidarlos significaba trabajar hacia milagros que rara vez veía, esperando cambios que no habían llegado. ¿Cómo podía el impulso que creció de su presencia alejarme de su presencia? Pensé que aquellos que hicieron sacrificios por Él al menos tendrían el placer de sentirlo a Él con ellos. Mi amigo sabio sonrió amablemente y dijo: “Parece que piensas que tu dolor es el tuyo”.

¿Podría ser que estaba sintiendo el dolor del Señor cada vez que Theo se preguntaba cómo cuidaría de su esposa discapacitada todas las noches en que ella dormía en el concreto? ¿Podría ser que al atreverme a cuidar a esta pareja, me mostraron un pequeño rincón del corazón de Dios por cada forma en que este mundo es solitario y frío? Tal vez estaba dándome un vistazo de la obediencia de Jesús para entrar en este mundo roto y pecaminoso. El rostro sufriente de Jesús en la cruz siempre me hizo sentir culpable. No quería que me recordaran que Él sufrió por mí. Ahora sabía que Él sufrió conmigo. Que sufrió con Theo y Lily y con todas las personas solitarias, pobres y cansadas del mundo y de la historia. La obediencia de Jesús al Padre lo había llevado a un intenso sufrimiento. Y ahora sabía que su dolor físico era solo parte del sufrimiento.

Si bien esto puede no traer el agradable florecimiento que nuestro joven ser imaginó cuando seguimos este llamado, una vida de obediencia ciertamente trae otro tipo de florecimiento. Día a día, lentamente morimos según nuestras propias preferencias. Puede sentirse como estar enterrado. Pero con el ejemplo de Cristo, vemos ese entierro como una plantación de algo esperanzador en el suelo, algo que muere solo para irrumpir en la vida. Entonces aprendemos a vivir la propia historia de Jesús:

“Ciertamente les aseguro que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo. Pero, si muere, produce mucho fruto.”(Juan 12:24).

Este artículo fue publicado originalmente en: Christianity Today

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