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Grandes Líderes Piensan en Pequeño

Por Gustavo Crocker

En una conocida historia, alguien pregunta a D.L. Moody cómo había estado la reunión evangelística nocturna. Su célebre respuesta fue, “Tuvimos dos conversiones y media.” El entrevistador respondió, “¿Te refieres a dos adultos y un niño?” “No,” replicó Moody, “dos niños y un adulto. El adulto solo tiene la mitad de su vida para seguir a Cristo. Los niños tienen sus vidas enteras para seguirlo.”

Este intercambio me recuerda a la inclinación de pensar en los niños como “quienes aún no son participantes del reino de Dios.” ¡Esto no puede estar más alejado de la verdad! Los grandes líderes piensan en los niños como protagonistas del reino de Dios y del plan de Dios para la reconciliación. Ellos los ven como personas cruciales para su misión.

Jesús utilizó niños para ilustrar algunas de las verdades más grandes sobre el reino de Dios. Jesús les recordó a los discípulos que no solamente los niños son un modelo de fe para entrar al Reino, pero que se nos requiere examinarnos a nosotros mismos en cómo recibimos a los niños en nuestro medio.

¿Qué significa poner a los niños en el medio?

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Mateo registra la discusión de los discípulos sobre la grandeza en el reino de los cielos. Antes de que Jesús respondiera, Él describió una vívida metáfora de liderazgo: Él puso un niño en el medio. Poner a los niños en el medio significa que no podemos pensar en los niños como personajes secundarios. La verdadera conversación de liderazgo debe comenzar con la perspectiva de que los niños importan y están en el centro del plan de Dios para la redención.

Los niños son un modelo de fe. La respuesta audaz de Jesús a sus discípulos resalta el poder dañino de “crecer” (Mateo 18). “Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos.” La fe como la de un niño es absolutamente necesaria para disfrutar la plenitud de las riquezas de su reino. La fe de un niño es pura, es genuina, sin prejuicios. Mientras los niños crecen, su fe, ya contaminada por la tendencia de Adán al pecado, es deteriorada por las sociedades agnósticas, materialistas, egocéntricas que los moldean y educan. Mientras nuestra fe se vuelve más compleja, empezamos a cuestionar incluso las verdades más evidentes. Para disfrutar la rica y pura bendición del reino de Dios, debemos volvernos como niños.

Los niños son el campo misionero más listo y dispuesto. Alrededor del mundo, en cualquier país o cultura, más de 3 cuartos (75%) de los adultos que están llenando nuestras iglesias recibieron a Cristo entre las edades de 4 y 18 años. Los misiólogos han definido a este grupo de edad como la ventana 4/14, el grupo de personas que está más listo y es menos alcanzado.

Desafortunadamente, pensamos en ellos como “una manera de atraer a sus padres,” “una fuga de nuestros presupuestos y programas,” “una distracción para nuestros servicios solemnes,” o incluso como “entidades no productivas quienes no votan ni ofrendan.” Los discípulos estaban en el mismo barco. Mateo 19 narra otro evento de Jesús y los niños. Mientras las personas traían sus niños a Jesús para que orara por ellos y los bendijera, los discípulos reprendieron a sus padres. La respuesta de Jesús fue empática: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos.” No seas obstáculo para los niños. Tú fuiste uno de ellos.

A través de la historia de la iglesia, los téologos y profesionales han discutido la “veracidad de la fe de un niño.” Los líderes bienintencionados, contagiados por el insecto del “crecimiento,” cuestionan la validez de la conversión de un niño. D.L. Moody responde a ellos: “Es una obra maestra del diablo hacernos creer que los niños no pueden entender la religión. ¿Cristo hubiera hecho de un niño el estándar de fe si hubiera sabido que no era capaz de entender sus palabras?”

Los niños son el campo misionero más productivo. ¡Coséchalo!

Los niños pueden ser agentes de la misión de Dios. No podemos dejar de ministrar solo a los niños y jóvenes. Los grandes líderes invirten en la niñez y la juventud como agentes de la misión transformadora de Dios. Los niños y jóvenes son capaces de compartir el amor de Cristo a sus familiares, amigos, redes sociales, y de guiar a otros a unirse a su fe.

La Escritura está llena de historias de niños y jóvenes utilizados por Dios para cumplir su misión:

…un jovencito objeto de tráfico, José, trajo esperanza a su pueblo…

…un pastorcito de ovejas, David, derrotó a un gigante y se convirtió en rey de Israel…

…un joven ministro, Samuel, guió al pueblo de Dios mientras servía en tiempos de sequedad y desesperación…

…un niñito anónimo pero bien preparado, proveyó recursos para la alimentación milagrosa de Jesús a cinco mil personas…

…y Jesús mismo, siendo todavía era un niño pequeño, declaró su compromiso con los negocios de su Padre…

Fue dicho por el profeta Isaías: “y un niño pequeño los guiará” (Isaías 11:6).

Los grandes líderes expresan su grandeza pensando en pequeño. Debemos enfocarnos en los niños de nuestro medio.

Pastores, la Iglesia no es Nuestra Plataforma Personal

Escrito por Karl Vaters. Traducido por Yadira Morales.

 

La iglesia no existe para darnos una audiencia para nuestras ideas, proyectos o egos. Existe para cumplir los propósitos de Cristo.

La iglesia le pertenece a Jesús.

No es propiedad de su denominación, sus donantes, sus miembros, su personal o su pastor principal.

Jesús dijo que edificaría su iglesia, y que no va a renunciar a esa propiedad para dárnosla a nosotros ni a nuestras ideas.

Como pastor, esta es una lección que necesito recordar constantemente, así que pensé en compartir ese recordatorio contigo también.

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Por qué existe la iglesia

La iglesia no existe para darnos una audiencia para nuestras ideas, proyectos o egos. Existe para cumplir los propósitos de Cristo. Nuestro papel es equipar a los miembros de la iglesia para promulgar esos propósitos, tanto dentro como fuera de los muros de la iglesia.

La iglesia existe para dar a conocer a Jesús, no para hacer famosos a los pastores.

Sin embargo, seguimos cometiendo los mismos errores una y otra vez. Nosotros (tratamos de) tomar el control porque sin nuestra fuerte mano en la rueda (creemos) la iglesia se derrumbará. El presupuesto no se cumplirá. La membresía no crecerá. La visión de diez años no se realizará.

El papel del pastor

Esto sucede en iglesias de todo tipo y tamaño. Desde el carismático pastor fundador de la mega-iglesia interdenominacional y dinámica, hasta el pastor patriarcal a largo plazo de la congregación tradicional de siglos de antigüedad.

Tenemos grandes ideas. Grandes proyectos. Oportunidades emocionantes. Y es tentador utilizar los recursos a nuestra disposición, es decir, las personas, la construcción y las finanzas de la iglesia que pastoreamos, para lograrlos.

Pero no es nuestro trabajo lograr que un grupo de personas esté de acuerdo con nosotros y cumpla nuestra visión. No importa cuán buena sea esa visión.

Como pastor, nuestro llamado es ayudar al cuerpo de la iglesia a que juntos (re) descubramos los propósitos de Dios, luego que participemos en ellos a medida que el Espíritu Santo nos guíe a todos.

Si queremos construir una plataforma, un proyecto o un ministerio basado en nuestras ideas, debemos comenzar un ministerio paraeclesiástico, o un negocio con fines de lucro. No usar un cuerpo de iglesia para llevar eso a cabo.

El enfoque del pastor

El enfoque nunca debe estar en el pastor, sino en Jesús.

• No en la predicación, sino en el equipamiento.

• No en la presentación, sino en el discipulado.

• No en la música, sino en la adoración.

• No en el edificio, sino en la reunión.

• No en la plataforma, sino en las personas.

• No en los asientos llenos (o vacíos), sino en la cruz vacía.

Siempre y solamente.

Este artículo fue publicado originalmente en: Christianity Today

Lo que Desearía Haber Sabido Sobre la Mayordomía

Escrito por Dave Briggs. Traducido por Yadira Morales.

Cinco ideas que cambiaron mi relación incómoda con esta parte central de la vida cristiana y el ministerio de la iglesia.

Crecí en la iglesia y mi familia rara vez se perdía un domingo. No recuerdo un solo sermón, pero recuerdo haberme sentido nervioso acerca de la palabra mayordomía.

Cada septiembre, nuestra iglesia organizaba el Domingo de la Mayordomía, donde el ministro predicaba un sermón emocional que enfatizaba la necesidad de que todos dieran más. Funcionó; salía de esos servicios sintiéndome culpable. Para empeorar las cosas, cuando estaba en la escuela secundaria fui reclutado para visitar las casas de los miembros de la iglesia y presentarles una tarjeta de compromiso de mayordomía. Era mi trabajo obligarlos a completar su compromiso de donación para el próximo año. Se sentían incómodos. Yo también.

Afortunadamente, a mis 25 años estuve expuesto a algunas enseñanzas sobresalientes sobre la perspectiva bíblica de la mayordomía. Cambió la trayectoria de mi vida. Las cosas que nunca antes había visto llamaron mi atención. Descubrí que la Biblia habla sobre el dinero y las posesiones más que de cualquier otro tema, excepto del amor. Jesús habló a menudo y abiertamente sobre nuestra relación con el dinero.

Durante los últimos 14 años, he servido en el personal de dos grandes iglesias que lideran sus ministerios de mayordomía. Durante ese tiempo, me di cuenta de que un sorprendente número de líderes de la iglesia también tenían una relación incómoda con la mayordomía, un trasfondo similar al mío. Esto es lo que desearía haber sabido sobre la mayordomía.

  1. “Mayordomía”, “generosidad” y “dar” no son sinónimos.

Ahora me doy cuenta que usar estos términos confunde indistintamente a las personas. La mayordomía es un rol, dar es un acto, y la generosidad es una actitud. En tiempos bíblicos, un mayordomo era una persona respetada de alta integridad a la que se le confiaban las posesiones del maestro. El mayordomo administró las posesiones de acuerdo con los deseos del maestro. Como Dios creó y aún posee todo lo que tenemos, la mayordomía es reconocer que Dios es el dueño y nosotros somos sus administradores, responsables de usar las posesiones de Dios para complacerlo. Esto eleva la “mayordomía” para las personas.

La generosidad implica la voluntad de sacrificarse en beneficio de los demás. Dar es simplemente el acto de liberar algo de valor. Dar se puede hacer sin generosidad (los fariseos son un ejemplo), pero no se puede ser generoso sin dar. Sin embargo, la generosidad es solo una característica de un mayordomo bíblico. La responsabilidad principal de un mayordomo es administrar los recursos que no se regalan. Eche un vistazo a la parábola de los talentos en Mateo 25:14-28 para ver un buen ejemplo de mayordomía positiva y negativa.

  1. La mala administración es peligrosa para ti; la buena mayordomía es para tu beneficio.

 Cuando me comunico con la gente sobre el dinero, los guío para que comprendan que quiero algo para ellos, no algo de ellos. Si mi enseñanza sobre el dinero solo se trata de dar a la iglesia, la gente revisará sus teléfonos, y perderé una gran oportunidad para ayudarlos a crecer.

La mala administración es peligrosa para ti. Entre el 25 y el 50 por ciento de los asistentes a la iglesia no dan nada o casi nada. Este no es un problema financiero sino espiritual. Dios es un dador Nuestra disposición a dar revela nuestra relación con Dios.

Se pueden encontrar ejemplos en toda la Escritura, pero dos de los más fuertes se encuentran en Lucas 12 y Apocalipsis 3.

En Lucas 12:15-21, vemos a un rico agricultor bendecido con una abundante cosecha. Él no le da crédito a Dios, ni piensa en ser un mayordomo. Él solo piensa en sí mismo. Jesús lo llama tonto, no porque tuviera grandes posesiones, sino porque sus posesiones lo tenían a él.

En Apocalipsis 3:14-17, escuchamos a hurtadillas la carta de Dios a la iglesia en Laodicea. La gente en la iglesia creía que sus bendiciones materiales indicaban que estaban bien con Dios. Pero Dios expuso su ceguera, desnudez y depravación.

En ambos casos, una relación dañina con la riqueza se convirtió en la raíz de la ceguera espiritual.

Por otro lado, la mayordomía rica beneficia a todos.

La iglesia de Hechos 2 proporciona un contraste alentador a la iglesia en Laodicea. En Hechos 2:42-47, la iglesia primitiva vive una cultura de mayordomía. El versículo 45 dice: “Vendieron propiedades y posesiones para dar a quien lo necesitara”. Esta iglesia del primer siglo es una hermosa imagen de la generosidad en acción, incluso en su escasez.

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  1. La mayordomía se trata de corazones, no de causas.

Vivimos en un mundo lleno de causas para apoyar. Sin embargo, el objetivo de la mayordomía no es sobre causas, por importantes que sean. Jesús sorprendió a sus discípulos con este principio. La historia de María y el perfume costoso en Marcos 14:3-9 es un ejemplo. Durante una visita a la casa de Simón el Leproso, una mujer sale con el valor de un año de perfume precioso y lo derrama sobre Jesús. Algunos de los discípulos gruñeron, imaginando todo lo que podría haber logrado para los pobres. Pero Jesús quería centrar su atención en el corazón del dador. Esta mujer mostró su profundo amor por Jesús a través del uso de sus recursos. Los discípulos perdieron el punto. Cuando hacemos de Dios nuestra más alta prioridad, nuestro deseo es honrarlo. Esto libera un espíritu de amor, que libera recursos para satisfacer las necesidades reales.

En 2 Corintios 8:8, Pablo aborda este mismo concepto al desafiar a la iglesia macedónica primitiva: “No es que esté dándoles órdenes, sino que quiero probar la sinceridad de su amor…” La generosidad, incluso en medio de la pobreza, revela nuestro amor por Dios (2. Cor 8:2).

  1. Necesitamos más enseñanza sobre el dinero, no menos.

Cuando me convertí en pastor de mayordomía, me sorprendí al descubrir cuánta gente tenía problemas financieros. El dinero es un tema emocional, por lo que la gente quiere esconder sus problemas financieros. A menudo sienten que no están en condiciones de ser generosos. Evitar el tema del dinero solo profundiza el problema. Predicar con frecuencia sobre el dinero crea una mayor disposición en su gente para abordar su salud financiera.

Aquí hay tres aspectos del dinero para ayudar a su gente a crecer como mayordomos:
El aspecto práctico: esto implica enseñar a las personas cómo organizar sus finanzas y administrar su dinero. Todos hemos predicado en algún momento sobre el Buen Samaritano, pero ¿has enseñado esta parábola desde una perspectiva financiera? En Lucas 10, el Buen Samaritano no solo dio de sí mismo, sino que también fue un buen administrador. Ahorró dinero por adelantado para una necesidad desconocida e imprevista. Como era un ahorrador, tenía un excedente para expresar su generosidad al viajero herido.

El aspecto emocional: esto rara vez se aborda y generalmente conduce a malas decisiones financieras. Cuando se trata de dinero, si el corazón prevalece sobre la cabeza, el resultado suele ser desastroso. Solo sigue a los adolescentes por el centro comercial para ver a qué me refiero.

El aspecto espiritual: Tu gente nunca será un buen administrador si no alinea su decisión financiera con la sabiduría de la Palabra de Dios. Es así de simple.

Un poderoso ejemplo de cómo nuestra relación con el dinero impacta nuestras vidas espirituales se encuentra en la parábola de las cuatro semillas y los cuatro terrenos en Marcos 4. Comenzando en el versículo 18, Jesús explica el significado de la tercera semilla: “Otros son como lo sembrado entre espinos: oyen la palabra, pero las preocupaciones de esta vida, el engaño de las riquezas y muchos otros malos deseos entran hasta ahogar la palabra, de modo que esta no llega a dar fruto.” No te pierdas el sorprendente mensaje aquí. Una relación equivocada con el dinero le roba a la Palabra de Dios su fecundidad en nuestras vidas.

Sin embargo, Jesús nos da buenas nuevas para explicar la cuarta semilla: “Pero otros son como lo sembrado en buen terreno: oyen la palabra, la aceptan y producen una cosecha que rinde el treinta, el sesenta y hasta el ciento por uno.” ¿No es este el tipo de multiplicación que queremos ver en cada área de nuestras vidas e iglesias? Enseñar a tu gente a resistir el engañoso poder de la riqueza, dejará las puertas de sus corazones abiertas a aceptar la Palabra y experimentar algo fructífero.

  1. Tu relación con el dinero afecta tu relación con Dios.

Esto me dio energía para dejar atrás la aprensión financiera de mi niñez y comprometerme a ayudar a las personas a crecer en esta área. La mayordomía no es un ministerio financiero; es un ministerio de discipulado. Si las personas no escuchan la enseñanza y la predicación sobre el dinero, quedan expuestos a una de las herramientas favoritas de Satanás.

En Mateo 6:24, Jesús dice que es imposible servir a dos maestros. O seguiremos y serviremos a la poderosa fuerza de Mammon (búsqueda codiciosa de riqueza) o serviremos al único Dios verdadero. No es posible hacer ambas cosas.

En uno de los pasajes más tristes de las Escrituras, experimentamos una conversación entre Jesús y un joven y rico gobernante. En Lucas 18, el hombre inteligente e influyente le pregunta a Jesús qué debe hacer para obtener la vida eterna. Jesús entabla una conversación con él y descubre que el hombre cree que ha guardado los mandamientos desde una edad temprana. Sabiendo la única cosa que detiene al joven gobernante, Jesús le pide que se separe de su riqueza y lo siga. Cuando se enfrenta con priorizar a Jesús o su riqueza, el joven rico elige su riqueza.

Las apuestas son altas. No podemos dejar a nuestra gente sin una comprensión clara de las implicaciones espirituales de su relación con el dinero.

Como he aprendido con el tiempo, si construyes una cultura de mayordomía saludable, tu iglesia nunca será la misma. Tu gente se acercará más a Dios, tu congregación experimentará una mayor vitalidad espiritual y mayores recursos serán desplegados para el impacto del reino.

Este artículo fue publicado originalmente en: Christianity Today

La Iglesia está en Oración

MNI está movilizando a la iglesia a orar en toda la Región Mesoamérica, dentro o fuera del templo, no importa el lugar. ¡Dios bendice su iglesia por medio de la oración!

El sábado 1 de septiembre, 70 miembros de 6 iglesias de la zona Veracruz centro del distrito Golfo de México, se reunieron en la misión Casa de Oración, para tener un tiempo especial de oración.

Oraron por los pastores y líderes de la zona, por su distrito, la Región Mesoamérica, los misioneros y participantes de la iniciativa Génesis y por la seguridad y gobierno de su país. También tomaron un tiempo para ungir a los enfermos.

Este tiempo se realizó debido a la invitación de Misiones Nazarenas internacionales (MNI) de la zona Veracruz Centro, a compartir un tiempo de oración, seguido de un desayuno. Debido a que es un lugar pequeño, salieron al área que ellos llaman “Los Lagos”, donde tuvieron un culto de oración al aire libre.

Cada iglesia llevó los alimentos que le fueron asignados y al finalizar la actividad desayunaron y tuvieron un tiempo de convivencia.

“Damos gracias a Dios por la oportunidad que nos dio de realizar este evento que fortifica la unión entre hermanos.” Dijo el Sr. Carlos G. Quijano, representante de MNI de la Región Mesoamérica ante el Concilio Global de MNI. 

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Este artículo fue publicado originalmente en: Iglesia del Nazareno Mesoamérica

Viaje Misionero a la Zona Linden

Un equipo de 16 personas del distrito de Guyana Demerara / Essequibo dirigido por el presidente de Misiones Nazarenas Internacionales (MNI) Augustus Andrews y el Superintendente de Distrito Rev. Dr. R. Alphonso Porter, realizaron un viaje misionero del 11-17 de agosto a la zona de Linden, Guyana, con el fin de servir a las necesidades físicas y espirituales del área.

Ministraron en las cuatro Iglesias del Nazareno de la zona durante su servicio del domingo por la mañana. También asistieron a los servicios nocturnos en las iglesias de Wismar, Lower Omai y Christianburg. “Los servicios fueron bien concurridos y Dios se movió poderosamente,” dijo Andrews. Muchos renovaron su compromiso con el Señor y otros entregaron sus vidas a Cristo. El equipo se sorprendió al ver a las personas viajar en bote, que es el único medio de transporte para asistir al servicio en la Iglesia del Nazareno en Lower Omai. También tuvieron la oportunidad de celebrar reuniones de oración a primera hora de la mañana en tres de las cuatro iglesias. “(Los servicios de oración) fueron muy refrescantes y la mano de Dios estaba trabajando de maneras extraordinarias”, escribió Andrews.

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Los miembros del equipo ayudaron en la realización de las Escuelas Bíblicas de Vacaciones (EBV) en las iglesias, Wismar y Christianburg. Los niños pasaron un buen tiempo “Descubriendo el misterio del plan de Dios.” Un promedio de 60 niños asistieron al evento en la Iglesia del Nazareno de Wismar, de ellos, 14 niños entregaron sus vidas al Señor. En Christianburg tuvieron una asistencia promedio de 45 niños por día, cuatro de ellos entregaron sus vidas al Señor. En el culto vespertino, 37 personas renovaron su compromiso con el Señor y 18 aceptaron a Cristo como su Salvador.

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El equipo realizó visitas casa por casa en Christianburg, oraron por las personas y las invitaron a los servicios. También ayudaron a reparar un puente para una persona que visitaron. El martes por la noche la presidenta del ministerio de mujeres del distrito, Allison Porter, junto con otros miembros del equipo asistieron a la reunión del Ministerio de Mujeres de la Iglesia McKenzie. Además, el miércoles por la noche, otro grupo del equipo compartió información sobre lo que aprendieron en la Conferencia de la Misiones en Barbados.

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El distrito se centró en las necesidades físicas y espirituales, distribuyeron canastas de alimentos a 44 hogares, pintaron la cerca en la Iglesia del Nazareno de Wismar y chorrearon el piso con concreto de un cobertizo en la Iglesia del Nazareno de Christianburg.

“El equipo fue bien recibido y su arduo trabajo fue bien apreciado por las iglesias en la zona de Linden. Están verdaderamente agradecidos con Dios por moverse de manera milagrosa mientras se disponían a ser usados ​​por Él,” concluyó Andrews.

Este artículo fue publicado originalmente en: Iglesia del Nazareno, Mesoamérica

3 Maneras de Convertirse en los Ancianos/Mentores Piadosos que la Juventud Actual Necesita y Desea Seguir

Por Karl Vaters

La mejor manera de ayudar a fomentar el Fruto del Espíritu en los demás no es exigirlo a ellos, sino vivirlo con ellos.

Esta generación quiere honrar a sus mayores y ser guiados por ellos.

Puede que no parezca cierto, especialmente si tú, como yo, tienes la edad suficiente para ser miembro de la tercera edad. Pero te aseguro que lo es.

Lo sé porque lo veo todo el tiempo. Los jóvenes, tanto dentro como fuera de las paredes de la iglesia, están buscando relaciones genuinas con sus mayores.

Quieren aprender, conectarse y crecer. Quieren ser discipulados y discípulos.

No, no todos. La mayoría de nosotros no quería conscientemente eso cuando teníamos su edad, tampoco. Pero en mi experiencia, más de los jóvenes de hoy quieren hombres y mujeres piadosos en sus vidas, comparado con lo que queríamos nosotros cuando teníamos su edad.

Convertirse en los ancianos que ellos necesitan que seamos

Hace un par de semanas, escribí, ¡Hola, Boomers! Avancemos Y Seamos Ahora Mismo Los Ancianos Que La Iglesia Necesita Desesperadamente , y recibimos muchos comentarios, la mayoría de ellos muy alentadores.

Pero también hubo algún retroceso. Todas las críticas expresaron el mismo punto de vista: los jóvenes de hoy tal vez puedan necesitar a ancianos en sus vidas, pero es imposible encontrar a quienes realmente están dispuestos a ser discipulados.

Entonces, ¿por qué hay tanta diferencia en las experiencias que algunos creyentes mayores tienen con los más jóvenes? ¿Y cómo podemos mejorar esto?

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Creo que se reduce a tres factores principales, todos los cuales tienen más que ver con la forma en que nosotros, como ancianos, nos acercamos a nuestro rol, que con la manera en cómo se comportan los jóvenes o cómo se sienten.

1. Ve hacia donde ellos están

Los ancianos deben estar dispuestos a conocer a los jóvenes de hoy en su territorio en lugar de exigirles que vengan al nuestro.

Comienza sirviendo, no exigiendo.

Vivir y caminar con ellos, no solo hablarles.

Esto significa escuchar antes de hablar. Realmente escuchar lo que están pasando.

Cuando lo hagamos, descubriremos que tienen tres tipos de desafíos.

Primero, tienen desafíos que son obviamente universales. Cómo negociar relaciones y tomar decisiones sabias, por ejemplo. Con ellos, podemos ofrecer sabiduría a partir de nuestra propia experiencia en Cristo.

En segundo lugar, expresarán ideas y deseos que al principio parecerán extraños (como su elección de entretenimiento o querer tatuarse), pero mientras más escuchemos, más encontraremos un terreno común. Debajo de la mayoría de esas opciones está el deseo de encajar y destacarse. Cuando éramos más jóvenes sentimos la misma confusión, pero la expresamos de diferentes maneras. (¿Recuerdas cómo reaccionaron nuestros padres ante nuestros peinados y la elección de la música?) En esas situaciones, podemos compartir la sabiduría de nuestras necesidades subyacentes comunes, incluso si no compartimos sus gustos.

Finalmente, están los desafíos que enfrentan que realmente son diferentes de todo lo que tuvimos que enfrentar. Por ejemplo, es probable que la generación de nuestros hijos y nietos, por primera vez en la historia de nuestra nación, gane menos dinero que sus padres. También enfrentan una cultura que es cada vez más indiferente, incluso hostil a un testigo cristiano. Nada de eso es su culpa, pero tienen que vivir en consecuencia. En tales situaciones, el mejor obsequio que podamos tener para ellos no será un buen consejo, sino un oído comprensivo y comprensivo y una amistad amorosa y llena de oración.

Para convertirse en los ancianos eficaces que la próxima generación necesita, debemos tener un enfoque similar al de los misioneros cuando entran en una cultura que es nueva, y por lo tanto se sienten extraños y a veces nos dan miedo. En tales situaciones, la humildad recorre un largo camino. Tenemos que escuchar y aprender antes de que tengamos algo para enseñar.

2. Sé alguien digno de respetar

Necesitamos comportarnos como ancianos dignos de honor. Vivir vidas que la gente quiera emular. Seguir a Jesús con tanta alegría, pasión y esperanza que otros no puedan evitar sentirse atraídos por él.

Si te resulta difícil encontrar jóvenes que deseen ser tener un mentor, hazte esta pregunta en serio. ¿Te comportas de una manera digna de ser respetada? ¿Realmente estás estableciendo un ejemplo a seguir? No solo en comportamiento (propio) justo, sino en generosidad desinteresada y capacidad de enseñanza humilde.

Nadie quiere escuchar a un viejo chiflado con una mentalidad de “¿qué le pasa a los jóvenes hoy?” O una actitud de “cuando tenía tu edad sabíamos cómo respetar a nuestros mayores.”

Como ancianos, no es nuestro trabajo condenar el pecado o corregir su comportamiento. Ese es el trabajo de Jesús. Y Él lo hace muy bien.

Es nuestro trabajo amarlos. Para liderar con el ejemplo a medida que vivimos una vida de humildad, santidad, paciencia y alegría.

Ciertamente habrá momentos de corrección. Pero tenemos que ganarnos el derecho de hacerlo demostrándonos ser confiables primero. La mejor manera de ayudar a fomentar el Fruto del Espíritu en los demás no es exigirlo a ellos, sino vivirlo con ellos.

3. Ayúdalos a ser como Jesús, no como nosotros

El objetivo de un anciano o un mentor cristiano no es ayudar a la próxima generación a ser más como nosotros. Es ayudarlos a ser más como Jesús. La única forma en que podemos hacer eso es volvernos más como Cristo.

Las generaciones actuales y venideras no quieren hacer la iglesia de la manera en que lo hicimos. Esto es algo bueno.

Convertirte como tus mayores no es discipulado, es mimetismo. Repetir sus hábitos y comportamientos no es crecimiento, es repasar los movimientos.

Cuando los ancianos se vuelven más como Jesús, les mostramos a los que vienen detrás de nosotros cómo hacerlo también.

Cuando los ancianos se vuelven más como Jesús, les mostramos a los que vienen detrás de nosotros cómo hacerlo también. Entonces, cuando se vuelvan más como Jesús, nos desafiarán a seguir creciendo aún más. Cada uno sirve y bendice al otro en un ciclo ascendente de fe.

Un sirviente siempre se volverá como su amo. Pero un anciano no es un maestro. Un anciano sigue al Maestro y ayuda a otros a seguirlo también.

Este artículo fue publicado originalmente: Christianity Today

Qué Hacer Cuando las Personas Quieren que la Iglesia Crezca…Pero no Quieren que Cambie – Parte 2 de 2

*Esta es la continuación de la entrada anterior.

3. Prohibir la conversación ilusoria

Los que resistimos el cambio, a menudos somos ilusorios.

Puedo seguir siendo grosero con mi esposa y nuestro matrimonio mejorará.

Puedo relajarme en el trabajo y tener una mejor revisión de mi desempeño.

Puedo tener abdomen de acero al hacer 60 segundos de ejercicio.

La mayoría de nosotros se convierte en gente loca cuando enfrentamos el cambio.

Así que, como líder, prohíbe la conversación ilusoria alrededor de la mesa.

Señálala. En amor, deja que las personas vean qué tan loco es su pensamiento.

Yo sé que amas la música Gospel del sur, pero muchos de los adolescentes que queremos alcanzar no.

Me doy cuenta que amas tu organización así como es, pero la edad promedio de nuestros asistentes es 65.

Yo sé que piensas que un nuevo edificio resolverá todos nuestros problemas, pero ¿por qué no podemos resolverlos en nuestro edificio actual que está medio vacío?

No dejes que tus líderes sean ilusorios.

4. Una mirada desde el exterior

La familiaridad genera desprecio y distorsiona la perspectiva. Si tu equipo no responde inmediatamente de forma saludable a una llamada al cambio, tal vez sea apropiada una voz exterior que te ayude a llegar a un nuevo sitio.

Este será el mejor momento para leer un libro juntos, asistir a una conferencia, o (aún mejor), contratar un asesor. Si tu futuro está en juego, no es una mala inversión gastar dinero en una perspectiva exterior.

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5. Ofrecer retroalimentación constante

Mientras te mueves por estas conversaciones, mantén a las personas honestas. Será difícil. Pero necesitas hacer esto.

Sigue llevando al grupo hacia la verdad. Honestamente, con gracia, pero con sinceridad.

Sigue trayendo a las personas de regreso a la realidad. Digo esto porque requiere un esfuerzo titánico asegurar que no termines esperando una solución de una dieta de píldoras y panqué. Probablemente hay poco qué ganar sin dolor significativo.

6. Dibujar una línea y llamarla por lo que es

En algún punto tienes que dejar de hablar y empezar a hacer.

Aquí está mi sugerencia. Si has estado en un diálogo honesto durante por lo menos un año y no hay progreso (esto es, no has hecho un plan para cambiar y ya estás listo para actuar), has llegado al momento de la verdad.

En algún punto, necesitas decirle a todos adonde has aterrizado.

Así que nuestro plan para el cambio es implementar X, Y y Z para esta fecha. ¡Vamos a hacerlo!

O

Esencialmente hemos decidido no crecer. Estamos satisfechos con el status quo. No cambiaremos. Y viviremos con las consecuencias de estancamiento, declive y decaimiento.

¿Adivina qué? 99% de los líderes nunca pronunciarán la segunda declaración.

Y ahí está el porqué están estancados. Ahí está el porqué ellos están perpetuamente frustrados.

Pero esa segunda declaración es exactamente lo que necesitas decir si esa es tu realidad.

Y después—¿estás listo?—necesitas decidir si quieres dirigir esa organización.

Esto no es para nada fácil, pero creo que puede ayudar a los líderes que se sienten estancados liderando una organización que dice que quiere crecer pero no quiere cambiar.

Este artículo fue publicado originalmente en: Careynieuwhof.com

Qué Hacer Cuando las Personas Quieren que la Iglesia Crezca…Pero no Quieren que Cambie – Parte 1 de 2

Por Carey Nieuwhof

He escuchado esto muchas veces en esta semana de diversas fuentes.

Una de las tensiones con las que muchos de nosotros luchamos como líderes, quienes intentamos manejar el cambio, sucede cuando la gente nos dice:

Quiero que nuestra iglesia crezca. Pero no quiero que cambie.

Cada vez que escucho o leo esto, mi cerebro dice “ugh.”

Por mucho que piense que es tonto vivir en esta realidad, es una realidad que muchos de nosotros enfrentamos en liderazgo.

¿Cómo respondes cuando la gente quiere que una iglesia (u organización) crezca, pero no que cambie?

Aquí tienes, come esta hamburguesa con queso y tocino

El problema que tú y tu organización están enfrentando es un reto que muchos de nosotros experimentamos en la vida.

Querer crecer pero no cambiar realmente, ¿no sería como decir: “quiero perder peso, pero de verdad quiero una hamburguesa con queso y tocino”? Bueno, sí, es exactamente así.

Las personas contratan entrenadores personales todo el tiempo para ayudarles a perder peso.

El mensaje de un entrenador no es revolucionario.

Casi nunca es “solo toma esta píldora y mágicamente perderás 50 libras mientras comes panquecitos.” Sin embargo, la mayoría de nosotros queremos creer que podemos tomar una píldora, comer hamburguesas, panquecitos y perder peso. Por lo menos yo sí.

Un buen consejo de un entrenador personal siempre es alguna variación de “come porciones más pequeña, come alimentos saludables, ejercítate y asegúrate que tu ingesta de calorías es menor que tu gasto de calorías.”

Y las personas les dan dinero—mucho dinero—para decirles lo que ellos ya saben que es verdad.

Tú no eres tan diferente como líder organizacional. De verdad.

Seis cosas que puedes hacer

Como líder, no trates de manejar el cambio en una reunión congregacional. Te quedarás atrapado en el lodo ants de saber lo que está ocurriendo. 50 o 500 personas no se pondrán de acuerdo en nada. Y ciertamente nunca estarán de acuerdo con nada muy valiente. (Hablo más acerca de manejar las dinámicas del cambio en mi libro, Liderando el Cambio sin Perderlo).

Siéntate con tu verdadero equipo de liderazgo—tu junta, tu personal clave, o incluso con un nuevo grupo que formes para este propósito—e inicia la conversación.

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Mientras diriges la conversación, aquí hay 6 cosas que puedes hacer para abordar el desafío de dirigir un grupo que quiere crecer pero no quiere cambiar:

1. Decir la verdad

Usualmente contratamos entrenadores, instructores, consejeros y asesores para decirnos la verdad que no podemos ver o que, a menudo, ya sabemos pero no enfrentamos.

Ese es mi trabajo y tu trabajo como líder de una organización: necesitamos ayudar a las personas a ver la verdad.

Así que, ¿cuál es la verdad sobre querer crecer pero no querer cambiar?

Es tan simple. Tus patrones, hábitos y nivel de efectividad como iglesia te llevaron a donde estás ahora.

Si tú quieres tu actual nivel de efectividad, sigue haciendo lo que estás haciendo ahora.

Si no quieres tu actual nivel de efectividad, cambia.

Realmente no es más complicado que eso.

Algunas veces un excelente liderazgo se trata simplemente de señalar la verdad de la cual nadie quiere hablar.

Necesitas hacer esto en amor, pero a menudo nuestro deseo de ser amorosos mata nuestra necesidad de ser honestos.

Así que, como líder, ayuda a las personas a ver la verdad.

2. Trazar la trayectoria

Aprender cómo trazar la trayectoria es una de las mejores habilidades que un líder puede traer a la mesa.

Trazar la trayectoria es simplemente planear el curso o camino probable en el que se encuentra una organización, persona u objeto. Esto es crítico porque normalmente, cuando se trata de personas u organizaciones, no estamos seguros adónde nos dirigimos.

El trazo de la trayectoria hace dos preguntas:

Si seguimos haciendo lo que estamos haciendo hoy, ¿dónde estaremos en 1 año, 2 años y 5 años a partir de ahora?

Si cambiamos X, ¿dónde estaremos en 1 año, 2 años y 5 años a partir de ahora?

Seguramente no sabras con exactitud dónde terminarás, pero si empiezas a hacer la pregunta, estarás asombrado de lo que descubras. Inténtalo.

*Este artículo continuará en la siguiente entrada.

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