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Anna Akhmatova

“La palabra cayó como una piedra
en mi pecho viviente.
Lo confieso: estaba preparada
y de algún modo lista para la prueba.
Tanto que hacer el día de hoy:
matar la memoria, asesinar el dolor,
convertir el corazón en roca
y todavía disponerse a vivir de nuevo. ”
Anna Akhmatova 

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Escrito por Scott Armstrong. Trad. por Ariadna Romero

El 23 de Junio es el cumpleaños de la poeta rusa Anna Akhmatova, nacida en el suburbio de Odessa, en 1889. En 1912 cuando tenía 22 años, se puso un seudónimo y publicó su primer libro de poesía. Fue un volumen de poemas de amor, y la convirtieron en una celebridad. Pero la vida en Rusia era cambiante. Antes de que pasara una década el país había vivido la Primera Guerra Mundial y la Revolución Bolchevique; la poesía de Akhmatova también cambió. 

Perdió a su marido en 1921 cuando fue ejecutado por presuntamente tomar parte en el complot anti-Bolchevique, y al año siguiente, le dijeron que no le sería permitido publicar su poesía. Ella entonces la dejó de lado y se dedicó a hacer principalmente críticas y traducciones.

Pero cuando su hijo fue repetidamente encarcelado en Leningrado, se dio cuenta que no podía permanecer más en silencio. Se paró entre las mujeres afuera de la prisión, todas ellas tratando de enviar paquetes de comida y palabras de esperanza a sus seres queridos en el interior. Una mujer la reconoció. “Una mujer con labios azulados de pie detrás de mí… se despertó del estupor a que todos habían sucumbido y susurró en mi oído, “¿Puede describir esto?” escribiría Akhmatova después.

En 1935, inició lo que se convertiría en un ciclo de 10 poemas para las víctimas de Stalin, llamados Requiem (1935-1940). No pudo publicarlos, ni siquiera se atrevió a guardar una copia escrita, así que ella y sus amigos memorizaron los poemas y luego los quemaron. Finalmente se publicaron en 1963, 10 años después de la muerte de Stalin. Anna murió en 1966, y una colección completa de su poesía no fue publicada en la Unión Soviética sino hasta finales de los 80´s.

Puntos de conversación:

  1. Aunque leemos las historias y escuchamos las noticias sobre los sufrimientos alrededor del mundo, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo podemos involucrarnos para ayudar a los refugiados, a aquellos que son perseguidos y torturados?
  1. ¿Qué nos enseña la memorización que hicieron los amigos de la poesía de Akhmatova sobre Las Escrituras y sobre “guardar la Palabra en nuestros corazones”? ¿Crea mayor significado e influencia la Palabra hablada y escrita cuando la memorizamos?
  1. ¿Qué es el valor? Con frecuencia pensamos que la valentía es un soldado solitario tomando un puesto contra todo un ejército en una película de acción. Sin embargo, ¿será que a veces que la cosa más valiente que podemos hacer sea escribir y describir el mundo que nos rodea, donde Dios y el mal están presentes?

 

Para leer el Requiem completo, haz clic aquí: Poema Anna Akhmatova

Entonces, ¿Qué Es Un Nazareno?

Hoy es el primer día de las Convenciones y Asamblea General de la Iglesia del Nazareno. Estos eventos son celebrados cada cuatro años, y esta vez en Indianápolis, Indiana estamos esperando más de 15,000 asistentes y delegados para tener tiempos de adoración corporativa, entrenamiento, compañerismo y negocios. Sin embargo, quizá nos estamos adelantando. Algunos pueden preguntar, “En todo caso, ¿Qué es un Nazareno?” En un día tan emocionante como hoy, el Rev. Daron Brown nos recuerda nuestros, igualmente emocionantes, comienzos. 

Escrito por Daron Brown
De su columna Pressing On

Al cabo de unos días en mi primer año en la Universidad Nazarena Trevecca, uno de los chicos en mi dormitorio me hizo a un lado. Él no era parte de la iglesia, estaba en Trevecca por una beca escolar de béisbol. Él pasó su primera semana asombrado, viéndonos como los muchachos de la Iglesia del Nazareno, preguntándose a él mismo en qué se había metido. Con voz baja, medio avergonzado y medio distraído, él susurró, “¿Qué es un Nazareno?”

Desde entonces he hecho esa pregunta docenas de veces. A pesar de que hay diferentes formas de responderla, quizá la mejor respuesta es mirar en retrospectiva cómo recibimos ese nombre. 

En el primer siglo, la ciudad de Nazaret en Galilea era considerada una comunidad de segunda clase. Esta actitud se puede apreciar en la respuesta de Natanael a Felipe cuando él habla a su amigo acerca de “Jesús de Nazaret.” Felipe evidencia el escepticismo de él: “¡De Nazaret!…¿Acaso de allí puede salir algo bueno?” (Juan 1:46, NVI). La respuesta que se asume para la pregunta retórica de Felipe era “Por supuesto que no. Nada importante sucede en Nazaret.”

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En Lucas 4 cuando Jesús regresó a Nazaret, él fue físicamente rechazado y casi asesinado por los habitantes de su misma ciudad de origen. La respuesta de ellos puede ser descrita como, “¿Por qué deberíamos escucharte? No eres mejor que nosotros.” Ser un “Nazareno” en el primer siglo no te hacía ganar mucha credibilidad. 

Es notable que la segunda persona de la Trinidad viniera a nosotros por medio de un lugar remoto como Nazaret. Dios mismo elige residir en una comunidad donde la gente creyó que la bondad no existía. Al hacer esto, Él nos recordó que no somos muy rápidos en distinguir entre el bien y el mal. Es un problema que hemos tenido desde los primeros capítulos de Génesis. 

Unos 700 años antes del nacimiento de Jesús, Isaías anticipó la vida de Cristo con las palabras, “Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos.” (Isaías 53:3, NVI). Al adoptar el rol de un marginado, Jesús el Nazareno mostró su solidaridad con aquellos que eran excluidos, perseguidos, y sin esperanza. 

Diecinueve siglos después, en Los Ángeles, California, un predicador de la Iglesia Metodista Episcopal llamado Phineas F. Bresee sintió el llamado a llevar el mensaje de Santidad a las familias pobres—las personas marginadas de la ciudad, quienes no eran bienvenidos por la gente adinerada en asociaciones importantes. Dejando su denominación sobre el tema, él se asoció con un conocido médico y ex-presidente de la Universidad del Sur de California, Joseph P. Widney. En 1895, ellos se unieron con otros en la comunidad para empezar una nueva iglesia. El difunto historiador Timothy Smith dijo que al hacer esto Bresee “declaró que la única cosa nueva en el movimiento era su determinación de predicar el evangelio al necesitado, y ofrecer esa clase de iglesia, la cual ellos podrían llamar suya” (Called Unto Holiness, Vol. 1, p. 110). El nombre que eligieron para su movimiento fue sugerido por Widney, quien dijo que el término “Nazareno” simbolizaba “la esforzada, humilde misión de Cristo…a quien el mundo se vuelve, en su miseria y desesperación, para tener esperanza” (Ibid. p.11).

Desde esa fecha, casi 122 años después, nuestro compañerismo se ha expandido a más de 160 áreas alrededor del mundo. Encontrarás Nazarenos de diversas etnias y contextos socioeconómicos, adorando en hermosos santuarios, edificios construidos con bloques de cemento y centros comerciales. Nuestras miles de iglesias tal vez tengan diferentes personalidades y programas, pero seguimos compartiendo una aspiración en común. Primero y ante todo, nos motiva llevar al mensaje de Santidad al pobre y al necesitado a nuestro alrededor. Segundo, abrazamos la identidad de Dios quien se convirtió a sí mismo en un marginado para alcanzar a los marginados de este mundo—gente como nosotros. 

Desde mi primer año en Trevecca, he mejorado en responder “¿Qué es un Nazareno?” Estos días la mejor respuesta que puedo dar es: “Ven con nosotros a los vecindarios. Déjanos mostrarte el ministerio en la cárcel, el jardín comunitario, el banco de alimentos, los programas de mentores y alimentación escolar. Únete a nosotros mientras trabajamos junto a los que sufren—los enfermos, los ancianos, y los adictos—y después tú entenderás claramente lo que significa ser un Nazareno. 

Daron Brown vive y pastorea en Waverly, Tennessee.

Este artículo fue publicado originalmente en: pbusa.org

3 Pasos Para Desarrollar Una Cultura de Servicio – Parte 2 de 2

Esta es la segunda parte del artículo anterior.

Repítela.

El púlpito (o mesa en mi caso) será siempre un lugar clave para dar forma a los valores y la cultura de la iglesia. Cuando el pastor inserta repetidamente la idea de servir a otros en los mensajes, escritos, o conversaciones, eso tiene un impacto en los oyentes y se trabaja para corregir el enfoque equivocado.

Por ejemplo, en Grace Church, hablé sobre cómo trabajar en la cultura que queremos tener. Nuestra iglesia usa los conceptos: Inicio, Conexión, Prosperidad y Compromiso. Esos son nuestros cuatro valores. Hemos tenido mucha gente en el Inicio y  la Conexión. Pero luego, ¿cómo movemos a la gente a las siguientes dos, Prosperidad y Compromiso, creando una cultura en la que nuestra pasión sea hacer discípulos? ¿Cómo se logra eso?

Tenemos que martillarlo sin descanso (y no somos perfectos todavía en hacerlo; necesitamos hacerlo más).

Conforme las iglesias crecen, aparece con más frecuencia un alto porcentaje de gente que obtiene la cultura deseada cuando se le enseña al inicio, mientras que menos gente la retiene cuando se le trata de inculcar después de cierto tiempo. Se debe ayudar a aquellos que llegaron después (no importa si la iglesia tiene 200 años o 2 años) a tener el nivel de servicio que tenían al principio.

Es esa consistente repetición de la cultura y sus valores lo que nos ayuda a crear una mentalidad de discipulado.

Para perpetuar este valor cultural (o llevar a cabo un cambio cultural) se debe reiterar continuamente a través de líderes claves, los cuales deben ser los primeros en comprometerse. Después hay que motivarlos a repetirlo en sus grupos pequeños y dentro de su círculo de influencia. Usted que trabaja con varios ministros de su iglesia, téngalos a todos consistentemente concentrados en desarrollar una cultura de servicio.

Este no es un proceso de seis meses, es un proceso de muchos años. Hará eco de los valores de su cultura una y otra vez. Aquellos que no estén a bordo al principio, no permitirán que la repetición penetre en ellos y seguirán la nueva cultura o se fastidiarán de escuchar repetidamente sobre el servicio y se irán. A veces eso es lo mejor que puede suceder.

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Celébrala.

He dicho repetidamente que “te conviertes en aquello que celebras.” La Iglesia Internacional de Santidad Pentecostal celebra la plantación de iglesias dándoles a los pastores broches por plantar o promocionar la plantación de iglesias. No es de sorprender que las últimas dos décadas hayan sido las mejores para ellos en mucho tiempo.

Cuando prediqué en la Iglesia Primitiva Bautista Progresista noté  claramente que celebraban los logros educativos de sus miembros, incluyendo a un joven que tenía una larga lista de logros académicos desde la secundaria hasta su maestría.

Las denominaciones y las Iglesias deben afianzar lo positivo al menos tanto como rechazan lo negativo. La gente en la iglesia debe saber que usted está en contra de lo que no es bíblico, y no debe haber lugar a dudas sobre el tipo de cultura eclesial que apoya.

Usted celebra aquello en lo que quiere convertirse.

Si quiere que su iglesia mantenga una cultura de servicio, debe celebrarla en cada oportunidad. Haga labores de reconocimiento para los voluntarios que colaboran con los niños. (¡Quizá sea apropiado darles algunas medallas!) Cree un artículo mensual en su página web para resaltar a algún miembro que sirvió a otros de alguna forma extraordinaria. Anuncie una gran celebración en la iglesia por cada miembro que se involucre en un viaje misionero durante el año. Cualquier idea que se le pueda ocurrir para continuar recordándole a la iglesia cuál es su valor, ¡llévela a cabo!

Nosotros premiamos a algún trabajador voluntario en nuestras noches de adoración. La semana pasada, hice que todos le aplaudieran al equipo que instaló el montaje para el cine. Hemos tenido cenas de reconocimiento para quienes se ofrecen a hacer algunas labores. Y la lista puede continuar.

Aquellos que visiten su iglesia deben irse con una imagen clara de cuál es su valor, a través de lo que ahí se celebra. Los miembros y los asistentes sabrán que el servicio es apreciado, lo cual los motivará a adoptar la cultura de servicio que usted haya inculcado y repetido en todo el Cuerpo.

La Cultura Desayuna Estrategia.

Así es la cosa, la cultura desayuna estrategia todos los días. Eso no lo digo yo, la cita se le atribuye al último gurú de negocios Peter Drucker. La frase nos recuerda que nuestros planes carecen de sentido si el ambiente en nuestra iglesia los debilita. Su estrategia se convierte entonces en un tipo de complemento con el que muy pocos están comprometidos.

En Juan 20:21 Jesús dijo: “Como me envió el Padre, así también yo os envío.” Eso nos dice que todos los que son de Dios han sido enviados a una misión. 1 Pedro 4:10 nos recuerda que los hijos de Dios son llamados al ministerio.

Así que no te equivoques, todos los que son de Dios son enviados en misión y todos los hijos de Dios son llamados al ministerio. La única pregunta es ¿Dónde? ¿Entre quiénes? y ¿Haciendo qué? 

Tener una cultura de servicio establecida a través de inculcarla, repetirla y celebrarla provocará que los miembros se amen y realicen buenas obras. (Hebreos 10:24).

Con esa cultura aplicada, la gente no se estará preguntando si deberían servir. Las preguntas serán dónde deben servir, entre quiénes y de qué formas lo harán.

Eso creará una cultura de servicio —parte de un enfoque misional— en su iglesia.

Este artículo fue publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2014/march/moving-to-missional-part-i-3-steps-to-develop-culture-of-se.html

3 Pasos Para Desarrollar Una Cultura de Servicio – Parte 1 de 2

 Escrito por Ed Stetzer. Trad. por Ariadna Romero

Tener una cultura misional establecida a través de inculcarla, repetirla y celebrarla, provocará que los miembros se amen y realicen buenas obras.

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¿Por qué las iglesias con frecuencia se estancan y se encierran en sus cuatro paredes?  ¿Qué se puede hacer para revertir este enfoque centrado en el interior?

Muchas veces, cuando una iglesia crece en número (o también cuando se hace más vieja) tiende a enfocarse en el mantenimiento y servicio de lo que ya existe. Los ministerios internos agobian la misión hacia el exterior. Cualquier iglesia es susceptible de caer en esa abrumadora tentación.

Sin embargo, en muchas partes de la Escritura se señala a la iglesia como un cuerpo de sirvientes —usados por Dios para ministrarse unos a otros y a un mundo herido. Por ejemplo, 1 Pedro 4:10 dice: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”

La frase clave aquí es “a otros.” Cada uno de los miembros de la iglesia está para servir a los otros. La mayor parte del tiempo leemos versículos como estos y entendemos que hay que servirse unos a otros dentro del cuerpo, pero hay muchos otros versículos que hablan sobre los pobres y heridos que conocemos; muchos son llamados a servir también fuera del cuerpo. Me gusta decir que podemos servir en, a través y más allá de nuestra iglesia local. Pero desgraciadamente, hay un gran abismo entre este pasaje y nuestra práctica.

De acuerdo a la investigación para el libro del que soy co-autor junto a  Thom Rainer, Transformational Church, muchas de las personas en la mayoría de las iglesias no están comprometidas con algún ministerio o misión significativos. Llegan por el show —y eso puede suceder en una iglesia contemporánea, tradicional, litúrgica etc. porque los números no muestran diferencias— pero no se quedan para servir.

Así que, ¿Cómo podemos evitar tener una iglesia llena de clientes en lugar de tener una iglesia llena de colaboradores en el Evangelio? 

Desarrollamos una cultura e implementamos una estructura.

Las iglesias necesitan una cultura que los motive y una estructura que le permita a la gente moverse de la pasividad a la actividad, de ser espectadores pasivos a ser participantes activos de la misión de Dios. 

Hoy quiero concentrarme en el desarrollo de la cultura. Aquí hay 3 pasos para desarrollar una cultura con mentalidad de servicio: incúlcala, repítela y celébrala.

Incúlcala.

Un pastor que conozco lo dijo de una forma que considero que fue realmente de mucha ayuda. Dijo que puede ver cuatro categorías de gente que llegan a la iglesia: tres categorías que le agradan y una que no:

  • Categoría uno: El visitante o que anda buscando.
  • Categoría dos: El discípulo en crecimiento que empieza a caminar.
  • Categoría tres: El discípulo maduro que sirve a otros.
  • Categoría cuatro: Las personas que piensan que son maduros pero que no quieren compromisos y no sirven a otros.

Y esto es lo que les dijo a los de la última categoría: “necesitamos sus lugares para los de las otras tres categorías.”

Con algunas contadas excepciones (alguien en transición, con problemas personales, etc.) creo que esa mentalidad es de mucha ayuda. Mientras más rápido se aplique ese enfoque en el ADN de la iglesia, será mejor, porque cuando se alcance a nuevos individuos se querrá que lleguen a un lugar donde la norma sea servir. La persona nueva llegará a ser lo que la mayoría de los miembros ya es.

Se puede ayudar a desarrollar esto dentro de la iglesia. Como Mike Dodson y yo descubrimos en nuestro libro Comeback Churches, el factor principal para la revitalización de la iglesia es el liderazgo. La misma verdad se aplica para el desarrollo de la cultura de servicio. Los líderes, incluidos pero no limitados al pastor y su staff, deben trabajar intencionalmente para injertar la nueva mentalidad en el cuerpo. ¿Cómo se puede lograr eso? Repitiendo una y otra vez los valores de la cultura que se quiere inculcar.

Predíquelo regularmente. Explique por qué es importante. Exprese la idea de que se puede ser maduro y aun así no estar sirviendo a otros. Enseñe servicio.

Este artículo continuará en la siguiente entrada.

¿Quién Eres, y Por Qué Estás Aquí?

Por Dan Miller

¿Qué es lo que harías con tu lienzo en blanco?

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Cuando tenía 13 años, pinté la cabeza de un caballo con uno de esos diseños para pintar de acuerdo a números. Pensé que era muy bueno, pero ahora que he visto algunas obras maestras, me doy cuenta que solo era un amateur. Los trazos, donde intenté pintar dentro de las líneas marcadas, eran grandes. No se veía real; solo parecía como que había hecho un buen trabajo pintando.

Mi esposa, Joanne, por otro lado, ha dibujado algunas piezas increíbles — siempre comenzando con un lienzo en blanco y después permitiendo que su imaginación dirija su pincel o lápiz. 

Ahora me doy cuenta que muchas de las oportunidades en la vida se nos presentan de la misma forma. Si pintamos de acuerdo a los números (tomar el primer trabajo, comprar cierto tipo de auto, tomar dos semanas de vacaciones cada año), veremos resultados bastante predecibles. Tú sabes cómo va a salir—y tal vez sea bueno—pero nunca será asombroso para ti o para nadie más. 

La única forma de conseguir una obra maestra es empezar con un lienzo en blanco. Por supuesto, un lienzo en blanco significa que puedes terminar con un desastre del cual te querrás deshacer. Pero el siguiente intento podría ser una obra maestra que hará que el mundo te recuerde. 

Mientras ustedes pudieran pensar que esto se trata de voluntad para tomar riesgos o que es una reflexión del estilo de personalidad, creo que es más acerca de soñar, imaginar y emprender acciones. Y no se trata solamente de una interrogativa de negocio o carrera; es más una interrogativa del tipo de vida que quieres vivir. 

Piensa en la Madre Teresa, Nelson Mandela, Bono, Oprah, Rick Warren, Howard Schultz o Billy Graham. Sus estilos de personalidad cubren el rango entero de posibilidades, y no los consideraríamos como tomadores de riesgos en el sentido de que sean personas que saltarían de un bungee o ala delta. Todos ellos tenían grandes sueños, iniciaron con un lienzo en blanco y emprendieron acciones para crear sus singulares piezas maestras. 

El éxito nunca es un accidente. Típicamente comienza como imaginación, se convierte en un sueño, estimula una meta y la hace crecer en un plan de acción — que después encuentra la oportunidad. 

Tú eliges lo que tú quieres crear de tu vida. ¿Cuál será el resultado? 

¿Invertimos más en llevar a la gente a la iglesia? ¿O a Jesús?

Escrito por: Karl Vaters. Trad. por: Yadira Morales

La asistencia a la iglesia debe ser una herramienta para ayudar a las personas a acercarse a Jesús. No debe ser de otra manera.

Tengo una confesión que hacer.

Como pastor, he invertido demasiado en hacer que la gente asista a la iglesia.

Mi salario depende de ello.

Mi reputación depende de ello.

Mi sentido de autoestima depende de ello.

Todo a un grado mucho mayor de lo que me siento cómodo.

Y no estoy solo.

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¿Vienes a la Iglesia? ¿O a Jesús?

La forma en que la mayoría de los sistemas de la iglesia están estructurados, muchos pastores tienen una mayor participación en hacer que la gente venga a la iglesia que en hacer que vengan a Jesús. De hecho, a veces es perjudicial para nuestra línea de fondo que la gente se acerque demasiado a Jesús.

Cuando las personas están más comprometidas con la iglesia que con Jesús, ellos

  • Asistirán regularmente y en silencio
  • Pasarán todas sus horas de voluntariado en la iglesia
  • Darán todas las donaciones de caridad a la iglesia
  • Serán felices con el status quo

Cuando las personas están más comprometidas con Jesús que con nuestras iglesias, ellos podrían

  • Ser voluntarios para algunos de los ministerios fuera de las paredes de la iglesia
  • Encontrar otros lugares que son dignos de algunas de sus donaciones caritativas
  • Salir cuando Dios los llama a ministerio de tiempo completo
  • Desafiar el status quo
  • Hacernos sentir amenazados por la reducción de la línea divisoria clérigo/laico

Pero tenemos que hacerlo de todos modos.

Tenemos que señalarle a la gente a Jesús más que a la iglesia.

La Iglesia es una herramienta, no una meta

Superar nuestra tendencia a enfatizar la iglesia más que enfatizar a Jesús no será fácil. Y no estoy en posición de señalar con el dedo. Soy una parte del problema como cualquiera.

Pero tengo un anhelo. Más. Mejor. Más profundo. Quiero vivir, predicar y discipular a la gente de tal manera que estén comprometidos con Jesús, no solo con su iglesia.

Por supuesto, la iglesia es valiosa. Es importante que participemos en un cuerpo local de creyentes a través de la adoración, el compañerismo, el discipulado y el ministerio. Si no importara, dejaría el pastorado hoy.

No se nos ordena liderar a la gente a la iglesia. Se nos ordena discipularlos en una relación más profunda con Jesús.

La asistencia a la iglesia no es la meta. Es una herramienta para ayudarnos a alcanzar la meta.

Como líder, tengo que recordar eso regularmente.

Una cuestión de integridad pastoral

No quiero dirigir a un grupo de amables, educados asistentes a la iglesia, ni perder mi tiempo entreteniendo a creyentes aburridos.

Quiero participar en la reunión, el entrenamiento y la liberación de un ejército de adoradores de Jesús, amantes de la gente, quienes rompen barreras cambiantes del mundo. las 

A veces siento que mi trabajo depende de lo primero. Mi integridad depende de esto último.

También quiero que mis facturas sean pagadas. Pero tomar decisiones pastorales que tienen más que ver con retener nuestros trabajos que con hacer discípulos, ha hecho muchas iglesias anémicas.

La iglesia que yo pastoreo no es una excepción a eso. Por lo menos no tanto una excepción como debe ser. Eso no es su culpa tanto como es mía.

Jesús prometió que si servimos primero a su reino, “todas estas cosas” serán añadidas.

Confiemos en que Él haga eso y dé vuelta a la iglesia.

Publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/karl-vaters/2016/january/invested-in-bringing-people-to-church-or-jesus.html?paging=off

Una Visión de Nivel Superior

Por Scott Armstrong

¿Cuál es tu pasión? ¿Qué es lo que te hace levantarte de la cama aún en los días malos?

Cuando era un adolescente, probablemente hubiera pensado en esas preguntas como irrelevantes o incluso tontas. Lo que me impulsaba era sacar buenas notas, pero probablemente estaba igualmente apasionado por comer helado o jugar basquetbol. 

Aunque mi pastor de jóvenes y muchos otros oradores nos instaban a compartir nuestra fe con nuestros amigos, yo creo que estaba mayormente enfocado en tratar de no parecer tonto — por cierto, sin éxito. Yo sabía que tenía que estar apasionado acerca de ganar a mi escuela y mi ciudad para Cristo, pero realmente estaba más emocionado porque mi equipo de béisbol o fútbol ganara todo. 

Más de dos décadas después, estoy en un lugar diferente. No me mal interpreten: Me emociona cuando los Royals de Kansas City ganan algunos juegos, y estoy inequívocamente apasionado por las costillas de puerco a la barbacoa, cocinadas lentamente. Pero esas cosas no me impulsan. Hay dos petardos que ahora me despiertan cada mañana con una explosión más ruidosa que cualquier alarma: Cristo y su misión. ¡Estoy consumido por Dios y quiero que todos en este mundo lo conozcan!

Sin embargo, incluso con esas fuerzas impulsándome, ¿por qué algunas veces permito que mi enfoque sea con frecuencia en cosas más pequeñas?

Recientemente escuché al plantador de iglesias, Will Mancini, hablar de ayudar a las iglesias a soñar y planear en grande. Mancini sostiene que la mayoría de los asistentes a la iglesia están conectados a los siguientes elementos: 

  1. Lugar. Si tú alguna vez has intentado abordar la posibilidad de mover las estructuras de la iglesia o permitir que otra congregación use tus instalaciones, tú sabes que la ubicación física es importante para las personas.
  2. Personalidad. El dinamismo y los talentos de muchos líderes atraen e inspiran. Cuando nos sentimos en sintonía con Dios y su reino, algunas veces realmente nos estamos conectando más con cierto tipo de estilo de liderazgo o personalidad. Esta es la razón por la que frecuentemente los miembros dejan una congregación cuando hay un cambio en el liderazgo. 
  3. Programas. “Ellos tienen un gran ministerio de niños.” “Me encanta cantar en el coro.” Los programas nos ayudan a nosotros y a nuestras familias a encajar e involucrarnos en ministerio. 
  4. Personas. Piensa en tus cinco amigos favoritos que son parte de tu iglesia local. ¡Gloria a Dios por relaciones significativas como esas! Al mismo tiempo, si esas cinco personas de repente dejaran de ser parte de la congregación, ¿eso cambiaría adversamente tu actitud?

Para clarificar: ninguna de estas “categorías de conexión” son del todo malas. Nuestras instalaciones son una gran bendición, y ¡preferiríamos tener líderes carismáticos y amigables, a no tenerlos! Una iglesia sin ningún tipo de programa es virtualmente imposible, y ¡la gente amando a la gente es la definición del compañerismo cristiano! A pesar de ello, estoy de acuerdo con Mancini cuando dice que todo eso son visiones de nivel inferior. Ninguno de estos deberían ser metas en sí mismas. Si fallamos en mover nuestro enfoque más allá de estas cuatro áreas, nunca veremos los sueños de multiplicación del nivel superior dar fruto en nuestras iglesias. 

Ese término: “sueños de nivel superior,” me hace pensar en subir las gradas del primer piso al segundo piso.  Y estar en el segundo piso me recuerda de algunos niveles superiores que conocemos más como “aposentos altos”.

En un aposento alto vemos en Juan 13 que Jesús toma una toalla y vasija para lavar los pies de los discípulos. Su tiempo es corto y elige este poderoso medio para “mostrarles el alcance total de su amor” (v.1). 

¿El enfoque de ese primer aposento alto? Servicio. Amor. Cristo. 

Hechos 2 nos habla de otro aposento alto. Casi dos meses después de que Jesús resucitado enviara su Espíritu Santo sobre sus 120 seguidores y ellos fueran enviados a Jerusalén y el mundo con el mensaje multilingüe de arrepentimiento y esperanza. 

¿El énfasis de ese segundo aposento alto? Unidad. Viento. Misión. 

Cuando subimos al aposento alto, nuestros sueños empiezan a subir a un nivel superior también. No nos enfocamos en lo insignificante o lo trivial. Somos dominados por cosas de significado eterno. El lugar, la personalidad, los programas y las personas tienen sus momentos. Pero lo que nos conecta y nos impulsa en el día a día es la obra de Jesucristo en nosotros, entre nosotros, y a través de nosotros. 

Pasé mis años de adolescente siendo un buen chico cristiano. Me gustaba la iglesia y, mayormente, hice buenas decisiones. Pero si tuviera que hacerlo todo otra vez, me saldría del nivel inferior y empezaría a tener sueños de un nivel superior. 

¿Qué hay de ti? ¡¿Tu enfoque está en las pequeñas cosas, o estás obsesionado con Cristo y su misión?!

Ya no titubeemos más. Intencionalmente, subamos por las escaleras hacia el aposento alto. 

Por Qué Jesús Nunca Nos Mandó a Plantar Iglesias – Parte 2 de 2

Esta es la segunda parte del artículo publicado en la entrada anterior.

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¿Nuestras acciones coinciden con nuestras palabras? 

Decimos que queremos ver iglesias plantadas desde afuera de nuestra cosecha, pero nuestras acciones y nuestras prácticas de liderazgo frecuentemente no coinciden con nuestras palabras. Y lo triste es que aunque nos enfrentamos con esas inconsistencias, probablemente vamos a seguir repitiendo nuestros comportamientos pasados—esperando resultados futuros diferentes (¿Quizá Ridley Assessment tiene que decir algo a aquellos de nosotros que supervisamos plantadores de iglesias?).

Cada vez que un modelo bíblico para plantación de iglesias es visto como anormal, el camino del cambio vendrá con dolor. 

Para que el cambio saludable ocurra, tenemos que cambiar nuestra eclesiología, misiología, así como lo que celebramos, recompensamos y esperamos. 

Definiciones incompletas = prácticas deficientes

Tenemos una comprensión incompleta de nuestra Comisión. Actuamos como si Jesús nos hubiera enviado a plantar iglesias. Somos enviados a hacer discípulos. Como resultado de hacer discípulos, las iglesias nacen. La importancia del modelo bíblico descansa aquí. No en el crecimiento transferido. No en las divisiones reñidas. Es el evangelismo que resulta en discípulos, quienes acuerdan estar y funcionar como la expresión local del Cuerpo de Cristo. 

Tenemos una compresión incompleta de la iglesia local. Si nuestra definición está incompleta, entonces todo lo que decimos y hacemos, relacionado con la plantación de iglesias, será deficiente. Frecuentemente esperamos que las nuevas iglesias plantadas manifiesten estructuras y organizaciones como las que se observan en iglesias con 20, 40, o 50 años. Con frecuencia, nuestra definición de iglesia local está encerrada con nuestros deseos culturales que no sabemos la diferencia entre las preceptos bíblicos y las preferencias culturales. 

Trabajamos desde una definición incompleta de plantador de iglesia. Si no reconocemos la naturaleza misionera (y de este modo las funciones apostólicas) de los plantadores de iglesia, entonces terminaremos igualándolos con los pastores. Y tómenlo de un pastor que ha estado involucrado en plantación de iglesias: misioneros y pastores tienen diferentes llamados, mezclas de dones, pasiones, y funciones que desempeñar en Reino. Acabamos enviando pastores para hacer trabajo apostólico, o enviando misioneros y esperando que sean pastores. Esto es una tormenta perfecta de problemas, frustraciones, agotamiento y desastres. 

¿Hay otras maneras para plantar iglesias además de las que leemos en el ministerio de Pablo?

Los problemas con nuestros modelos actuales

Sí, y estoy a favor de algunos de estos modelos. ¿Hay momentos cuando una iglesia debe dejar ir a algunos miembros para que ellos comiencen a trabajar en otra área? Sí. ¿Es bueno para una congregación enviar un pastor con varios miembros a plantar una iglesia “instantánea” en una comunidad? Sí, bajo ciertas circunstancias. 

Si bien, esos modelos tienden a ser difíciles de reproducir (en vista de nuestros cuatro millones de no creyentes), suponiendo desafíos de contextualización, que son costosos y a menudo el resultado no es un gran número de discípulos. La importancia de la definición bíblica para la plantación de iglesias no se encuentra aquí. Dichos modelos deberían ser la excepción cuando se trata de plantación de iglesias. Hoy, generalmente, son la expectativa. 

Espero que mis conversaciones “sorprendentes” continúen en el futuro. Esto es necesario mientras nos movemos hacia una dirección donde el modelo bíblico es considerado como la excepción. Pero hasta que nuestras expectativas de plantación de iglesias cambien, debemos hacernos a nosotros mismos una pregunta y reconocer la inquietante respuesta: 

¿Qué es lo que tenemos cada vez que un modelo bíblico es visto como anormal? 

Tenemos un grave problema.

Este artículo fue publicado originalmente en: http://www.vergenetwork.org/2013/09/09/why-jesus-never-commanded-us-to-plant-churches/3/

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