Orando por la Ciudad – 40 Días

MAÑANA, 1º de enero de 2018, iniciamos 40 días Orando por la Ciudad, te invitamos a unirte a este movimiento para que Dios traiga un Génesis a nuestras ciudades. 

En el siguiente enlace puedes descargar el calendario completo, ¡compártelo con otros!: 40 Días Orando por la Ciudad.

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Y no te olvides de visitar nuestro sitio web MesoamericaGenesis.org, síguenos en Facebook, Twitter e Instagram, para ver las peticiones diarias de oración. 

Digno de Proclamar

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Por Scott Amstrong (Trad. Carlos Betanzos)

La Navidad ha venido y se ha ido, y la tendencia es olvidar que aún estamos en temporada Navideña como Iglesia mundial. De hecho, aún estoy reflexionando sobre la gran cantidad de pasajes en el evangelio de Lucas, que nosotros usualmente los equiparamos con la Navidad. Este año, algo ha llamado mi atención, y me avergüenza decir que, realmente, no lo había notado en años anteriores. Uso la letra de una antigua melodía evangélica:

“Oh qué canto, oh qué clamor”

Aparentemente en los primeros capítulos de Lucas todos están anunciando o proclamando algo, ¡muchas veces a través de clamores o cantos!

¿No me crees? Echemos un vistazo:

  • Después de proclamar el mensaje de un nacimiento milagroso a Zacarías (1:11-12), el ángel Gabriel hace lo mismo con María (1:26-38). La mayoría de las traducciones mencionan solamente que él “dijo” su mensaje, así que parece que fue una conversación tan normal, ¿cierto? ¡De ninguna manera! Este encuentro fue extraordinario, y con razón ahora lo hemos llegado a llamar “La Anunciación”.
  • María visita a su prima Elizabeth, y el bebé, Juan, saltó en su vientre. ¿La respuesta natural? “Y exclamó a gran voz y dijo” sus alabanzas (1:42-45).
  • La joven María se une a su prima y estalla en su propio canto (1:46-55).
  • Después de quedar mudo por nueve meses, Zacarías lleva a su hijo a circuncidarlo y escribe en una tablilla que su nombre es Juan. “Al momento fue abierta su boca y suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios” (1:64).
  • Parte del discurso y adoración de Zacarías se terminó expresando en una hermosa canción profética (1:67-79).
  • Un ángel se aparece a los pastores en la noche en que Jesús nació, y nosotros podemos conjeturar que su anuncio de “nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo”, no fue dado en una forma despreocupada ni relajada. Sin embargo, solo para asegurar que entendemos que esto es digno de cantar y de proclamar, un coro masivo de ángeles apareció alrededor de él dando gloria a Dios (2:13-14).
  • La respuesta de los pastores es ir y ver, pero luego, naturalmente, “dieron a conocer lo que se les había dicho” (2:17) y “glorificaron y alabaron a Dios” (2:20).Child Singing Or Shouting With Happiness
  • Ahora, es Jesús quien vuelve para ser presentado en el templo para ser circuncidado, y un hombre devoto, llamado Simeón, lo toma en sus brazos y gozoso, adora a Dios (2:28-32). ¡Él había estado esperando por años para esto!
  • Ese mismo día, Ana, una profetiza muy anciana, cuya vida exudaba adoración, da gracias a Dios y habla emocionadamente sobre el bebé a todos los que estaban allí (2:38).

Muchos cantos, clamores, adoración, y claro, proclamación. De hecho, todas esas historias de nacimiento hacen una transición en capítulo tres a un adulto, Juan el Bautista, conocido como -adivina- una “voz que clama en el desierto” (Isaías 40:3; Lucas 3:4).

¿Puede ser que todo este mensaje de la Navidad sea digno de cantar y proclamar?

¿Puede ser que nosotros también somos invitados a abandonar nuestra propia conveniencia con el fin de adorar al Señor con gran voz?

¿Puede ser que Dios nos está llamando también a soltar nuestra lengua con gozo, y a hacer saber al mundo que el Salvador ha venido!

“Ve y dilo en la montaña,

Sobre los montes y en todo lugar;

Ve, dilo en la montaña,

Que Jesucristo ha nacido ya.”

¿Cómo Podré Estar Seguro de Esto?

Por Scott Armstrong

Hemos llegado al final del Adviento y ahora oficialmente estamos en la época de Navidad (así es: de acuerdo con el calendario cristiano ¡Navidad acaba de empezar!). ¡Nuestro Salvador ha nacido en Belén! ¡¿Qué gozo más grande que éste?!

Desde principios de diciembre muchos pasajes han demostrado ser significativos en mis tiempos devocionales, predicaciones y reflexiones. Sin embargo, hay una frase peculiar que sigue resonando en mi mente y corazón que al principio parece tener muy poco que ver con Adviento o con la historia de Navidad:

“¿Cómo podré estar seguro de esto?” (Lucas 1:18).

Tal vez un poco de contexto ayude.

Zacarías y Elisabet están más cerca del retiro de lo que les gustaría estar, y ellos se han rendido ante la esperanza de tener un bebé. A pesar de su inigualable integridad (v.6), ellos han permanecido excluidos, los comentarios de sus vecinos y de sus llamados amigos han hecho que incluso se pregunten si hay algo mal con ellos espiritualmente. Ellos han orado, llorado y confiado en el tiempo de Dios y otra vez solo para decepcionarse mes tras mes y año tras año. Servir a Dios todavía es su compromiso inquebrantable, pero solía ser su pasión y gozo.

¿Por qué para nosotros no, Señor? ¿Por qué para los demás sí?

Un sacerdote (esta vez, Zacarías) es elegido para entrar al templo interior y quemar incienso para el Señor. Los adoradores están afuera. Esto sucede cada año.

Excepto que este año el ritual no va según lo planeado. Un ángel aparece y casi le da un infarto al viejo Zacarías. Y su mensaje fue más asombroso que su apariencia: “No temas. Tu oración ha sido escuchada. Tendrás un hijo. Le pondrás por nombre Juan.”

Todos los contemporáneos de Zacarías ya eran abuelos, algunos eran bisabuelos. Ahora, ¡¿se supone que él crea que será papá por primera vez?! Es más de lo que cualquiera de nosotros pudiera haber manejado.

Y ahí es cuando escuchamos su jadeante y titubeante respuesta:

Cómo. Podre. Estar. Seguro. De. Esto.

No había nadie más íntegro en Israel que Zacarías. Nadie más tenía acceso a la misma presencia de Dios como él (este año, literalmente). Y por décadas nadie había tenido más fe que Zacarías. Y aún así la pregunta tartamudeó sobre sus labios en incredulidad. De verdad, es inquietante.

Una cosa es creer que Dios es capaz de hacerlo imposible. Pero otra cosa es creer que Él lo hará.

Y una cosa es creer que Dios hará lo imposible en la vida de alguien más. Pero otra cosa es saber que Él va a intervenir en medio de tu imposibilidad.

“Escucho tu voz, Señor. Entiendo el mensaje. Es solo que, en lo profundo, tengo que ser honesto: ¿cómo puedo estar absolutamente seguro de que tú vas a intervenir?”

La mejor cura para la falta de fe que nos traiciona en momentos como estos a menudo es el silencio. Bien, el geriátrico Zacarías tuvo una dosis grande de eso. Durante el embarazo de su esposa, él podía escribir mensajes, pero no todos podían leer al mismo tiempo. Él se volvió muy bueno en las charadas, pero muchas personas perdieron la paciencia con él o solamente empezaron a reírse de las señales que hacía con sus manos. Así que él acabó teniendo mucho tiempo para solamente escuchar.

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Y en esos nueve meses de silencio forzado, él escuchó la voz de Dios más claramente de lo que la había escuchado antes.

“Elisabet tenía náuseas matutinas. ¿O pensabas que era el pan y los higos que había comido?”

“Su vientre estaba creciendo, Zacarías. Puedo decir que estás empezando a creer después de todo…”

“¿Sientes esa patadita? ¡Jaja! ¡Este bebé de seguro va a cambiar el mundo!”

Hasta que, finalmente…

“¡Zacarías, esto es todo! ¡El bebé está listo! Elisabet está pujando. ¿Puedes estar seguro ahora?”

Escuchar, escuchar, escuchar.

Y en el octavo día después de su nacimiento, cuando se escabulló para escribir en la tabla: SU NOMBRE ES JUAN, su fe había crecido tanto como el gozo que él tenía mientras cargaba a su pequeño niño. Su lengua estaba suelta y no había nada más que hacer que dar rienda suelta a las alabanzas a Dios quien asombrosamente había hecho – y todavía estaba haciendo – lo imposible.

Ahora estaba seguro de esto.

 

 

Navidad Desde la Eternidad

Por Hiram Vega

Los evangelios cuentan el nacimiento del Mesías prometido, situándolo en el contexto del pueblo Israelita, con detalles históricos y presentando largas genealogías para probar que era un legítimo descendiente del rey David. Sin embargo, el libro de Juan recorre la cortina del tiempo y nos cuenta una historia que inicia en la eternidad:

En el principio la Palabra ya existía. La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.

El que es la Palabra existía en el principio con Dios.

Dios creó todas las cosas por medio de Él, y nada fue creado sin Él.

La Palabra le dio vida a todo lo creado, y su vida trajo luz a todos.

Juan comienza su historia estableciendo y afirmando la divinidad de Cristo Jesús.

“En el principio…”  Nos habla de su eternidad.

“…estaba con Dios…” Nos dice que es parte de la Trinidad.

“…la Palabra era Dios.” Confirma que Jesús es Dios.

“Todas las cosas por medio de Él fueron creadas.” Afirma que la creación es obra suya.

¡Qué perspectiva tan emocionante! Aquel que es la luz verdadera, quien da luz a todos, venía al mundo. Los antiguos adoraban al sol, ya que sin su luz no habría vida en la tierra. No concebían un mundo sin sol, pero Juan presenta a alguien infinitamente más grande que la creación: el Creador del sol, la luna y las estrellas. Él, la Palabra, se había hecho hombre y venía a vivir entre nosotros.

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Ante semejante revelación, cualquiera hubiera asegurado que el mundo estaría expectante por su llegada, agradecido por su presencia entre nosotros. Sin embargo, la realidad fue diferente. Vino al mismo mundo que Él había creado, pero el mundo no lo reconoció. Vino a los de su propio pueblo, y hasta ellos lo rechazaron.

Los religiosos no lo reconocieron, la mayoría del pueblo no lo identificó. ¿Terminó todo allí? Por supuesto que no.  ¡La luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad jamás podrá apagarla!

Hubo otros que sí vieron su luz y confiaron en Él. Por eso, a todos los que creyeron en Él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios.

La historia de salvación no ha terminado, la luz verdadera sigue alumbrando, y hay muchos Portadores de la luz llevándola a lugares de densa oscuridad. Algunos la rechazan, mas otros la aceptan. Las tinieblas no pueden extinguir la luz. Los portadores de luz son hombres, mujeres, ancianos, jóvenes y niños que en todo lugar y en todo momento proclaman las obras maravillosas de Aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.

¡Sigamos alumbrando a nuestro mundo con la luz de Cristo!

 

 

Orando por la Ciudad – 2019

En algunos días comenzamos este movimiento de oración: 40 Días Orando por la Ciudad, ¿te unes a nosotros?

Puedes descargar el calendario de oración completo para los 40 días ¡haciendo clic AQUÍ!

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¡No olvides que comenzamos el 1º de enero, 2019!

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Esperando a que el Mundo Cambie – Parte 2 de 2

*Esta es la continuación del artículo publicado en la entrada anterior.

Para todo, hay una época (cambio, cambio, cambio)

El ser humano es una criatura sujeta a plazos determinados por diseño divino. Naturalmente tendemos a organizar nuestras vidas alrededor de diferentes ritmos que se desarrollan a tiempo. Dependiendo de nuestra vocación, las diferentes épocas traen diferentes expectativas y demandas.

Provengo de una línea de granjeros de un lado de mi familia y pastores del otro lado. He observado que tanto con los pastores como con los granjeros, las épocas cambiantes determinan mucho la manera en cómo vivimos nuestras vidas.

Los contadores tienen que lidiar con la temporada de impuestos. Los políticos y funcionarios públicos tienen ciclos de elección. Los semestres y recesos del año escolar determinan el tiempo para estudiantes y maestros. Y algunas veces nuestra recreación, en lugar de nuestra vocación, determina cuáles épocas importan más: cuando podemos cazar o pescar, qué deportes podemos seguir, si podemos salir en bote, o en motocicleta o en los esquís de nieve.

Creciendo como hijo pastor en la Iglesia del Nazareno, no seguí el calendario cristiano rigurosamente; pero sin falta, observábamos el Adviento. Cada año, en el domingo después de Acción de Gracias entraríamos en un santuario decorado para Navidad: árboles y guirnaldas junto a nacimientos y la corona de Adviento con sus velas, las tradiciones entremezcladas con lo sagrado. Para cada uno de los cuatro domingos que conducen hacia Navidad, encendimos las velas, usualmente acompañado de la lectura de la profecía del Antiguo Testamento, y cantábamos canciones como “¡Oh Ven, oh Ven Emanuel!”

Algunas veces perdíamos un poco la trama, y cantábamos “Allá en el Pesebre” o “Del Oriente Somos” durante Adviento. Es difícil resistir la urgencia de avanzar hacia el clímax del día de Navidad, justo tan difícil como es durante Semana Santa permanecer en la desolación del viernes y el sábado santo cuando sabemos que “¡el domingo viene!”

Pero el Adviento se trata de esperar.

La paciencia y la esperanza son virtudes a menudo descuidadas en nuestros días, pero esto es precisamente lo que el Adviento busca cultivar en nosotros: paciencia, la anticipación expectante de que nuestro Dios es confiable y no hace promesas vacías.

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Mirando hacia al futuro mientras miramos el pasado

Durante Adviento, no solamente anticipamos un evento que ya sucedió—la primera venida de Jesús—sino que también miramos adelante y anticipamos ¡su segunda venida!

Este Adviento, mientras nos preparamos para darle la bienvenida al Dios que viene a nosotros, nos deseo a todos un “Feliz Año Nuevo,” y nos invito a comenzar el viaje a través de la historia de salvación de Dios a través del los ritmos del calendario cristiano. Haciendo esto, nos unimos con un sinnúmero de cristianos a lo largo del tiempo y el espacio, quienes han ordenado sus vidas y su adoración de acuerdo con este patrón, todo para la gloria de Dios.

Este artículo fue publicado originalmente: Holiness Today

Esperando a que el Mundo Cambie – Parte 1 de 2

Por Brannon Hancock

La época de Adviento—una palabra que significa llegada—es una época de espera.

“¡Casi no podemos esperar! / Por favor no llegues tarde, Navidad.” Muchos de ustedes pueden escuchar esta canción en su cabeza inmediatamente, ¿verdad? Esas voces de ardilla cantando la canción de navidad que amamos odiar. Esta canción es un ejemplo trillado (¡y fastidiosamente persistente!) del enfoque de la cultura secular hacia el consumismo navideño. Pero para los cristianos con ojos para ver y oídos para oír, puede servir como un recordatorio de que la época de Adviento—una palabra que significa llegada—es precisamente una época de espera, de anticipación, y preparación para el Gran Día, el día después, cuando nada fue igual.

Nuestra cultura practica esta anticipación, incluso mientras perdemos el enfoque. Las decoraciones navideñas llenan los estantes de las tiendas después de Halloween (y aparentemente antes de esta fecha cada año). Las estaciones de radio comienzan su programa navideño tan pronto como termina Acción de Gracias. Los niños en la escuela comienzan a ensayar “canciones navideñas” para finalizar sus programas semestrales. Las ventas de Black Friday (o viernes negro) y el Cyber Monday (o lunes cibernético) llaman la atención de los consumidores, y los cupones y ventas continúan incluso hasta el día antes de navidad para los procastinadores.

Si tienes hijos o si has estado alrededor de alguna pareja preparando la bienvenida de un bebé al mundo, has experimentado esto. Recibimos las grandes noticias. Después esperamos. Comenzamos a prepararnos. Pintamos las paredes y decoramos la habitación del bebé, la emoción crece. Compramos una cuna y la ensamblamos. Y esperamos. Leemos libros para padres con títulos como “Qué esperar cuando se está esperando”…y esperamos. Esas últimas semanas parecieran durar para siempre. Y esperamos. ¡Imagina lo que María y José deben haber sentido!

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El tiempo sigue deslizándose hacia el futuro

El adviento debe ser considerado en el contexto del calendario cristiano para ser completamente valorado. El calendario cristiano, también llamado calendario litúrgico o el año cristiano, es un patrón a través del cual la Iglesia narra la historia del Dios que estaba en Cristo. Mientras algunas iglesias han seguido este patrón por siglos, muchas congregaciones evangélicas están empezando a (re)descubrir y abrazar el calendario cristiano, y lo han encontrado enriquecedor para su adoración y discipulado. Es simplemente una manera más en la que podemos “contar la antigua, antigua historia de Jesús y su amor.”

El calendario cristiano no está preescrito en la Biblia, y no fue transmitido por decreto divino con el mandato de que servilmente nos sometiéramos a él. Pero es bíblico y fue transmitido a través de la Iglesia que llamamos “única, santa, universal y apostólica,” la cual mediante el Espíritu Santo, nos dio nuestra Biblia.

La Escritura revela que Dios dio el tiempo como un buen regalo. De acuerdo con el relato de la creación en Génesis 1, en el cuarto día, Dios declara: “¡Que haya luces en el firmamento que separen el día de la noche; que sirvan como señales de las estaciones, de los días y de los años, y que brillen en el firmamento para iluminar la tierra… .”

El tiempo tiene un propósito, y ese propósito tiene que ver con la manera en cómo adoramos y cómo observamos el tiempo sagrado.

En la Escritura, encontramos amplia evidencia de la idoneidad de los días sagrados, celebraciones religiosas, ayunos, rituales, y ritmos, particularmente en la adoración del pueblo de Israel. Sin embargo, a mayor escala, vemos que esa historia relatada a través del calendario cristiano es la historia de la Biblia—la historia de la obra salvadora de Dios a través de los siglos.

El calendario cristiano es una manera en que la Iglesia ha procurado “dar la hora” como el tiempo de Dios. Para los cristianos, 1º de enero no es un día significativo; es simplemente ¡el octavo día de Navidad! Cuatro domingos antes de Navidad, el primer domingo de Adviento, realmente es “Día de Año Nuevo” para la Iglesia. Después caminamos a través de Navidad y Epifanía antes de entrar a la época de Cuaresma. Durante Cuaresma nos unimos a Jesús en sus 40 días de ayuno en el desierto en preparación para sus años de ministerio terrenal. Buscamos acercarnos más a Dios purificando nuestras vidas, arrepintiendónos de nuestros pecados, y preparando nuestros corazones para experimentar los eventos de Semana Santa.

Los días entre el domingo de Ramos y el domingo de Pascua o Resurrección pueden llevarnos en una montaña rusa de emociones mientras caminamos a través de los días finales de Jesús: la Última Cena, el Getsemaní, su arresto y crucifixión, nos dirigimos a la Ascención de Cristo al Padre (40 días después de la Pascua), y la venida del Espíritu Santo en el Pentecostés (50 días después de la Pascua), seguido de la larga época conocida como Tiempo Ordinario, durante la cual nos enfocamos en cómo Dios ha trabajado en la vida y la misión de la Iglesia.

*Este artículo continuará en la siguiente entrada.

No Morirás sin Antes Verlo

Por Hiram Vega

Profetas, sacerdotes, reyes y plebeyos; esperaron por siglos la llegada del Mesías. 

Una pregunta constante era ¿cuándo vendrá el Mesías? el Ungido de Dios que acabará con todas las desgracias del pueblo de Dios. Habían pasado ya 400 años del profeta Malaquías y Dios no hablaba más. 

Bueno, sí hablaba, pero con unos pocos escogidos. Parecía que uno en particular, un enigma llamado Simeón, tenía línea directa al cielo. ¿Qué persona tan importante podría ser para que Dios mismo le indicara lo que iba a pasar? Humanamente hablando, su importancia era nula. Era un anciano común, con un nombre más común aún, desconocido para todos, pero conocido y respetado en el Cielo. Su carácter era del mismo calibre que el de José y María. El evangelio dice que era un hombre justo. No solo eso, era un buscador sincero de Dios. El Cielo toma nota y Dios derrama su Espíritu Santo sobre él. ¿No se supone que el Espíritu Santo vino en Pentecostés? Dios dice en Jeremías 29:13, Me buscarán y Me encontrarán, cuando Me busquen de todo corazón.”

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A este anciano del que no sabemos casi nada, el Espíritu Santo le confirma que no moriría hasta que viera al Ungido del SEÑOR. Esas son estupendas noticias para alguien que ha estado esperando ver el cumplimiento de las profecías de antaño.

Hoy día los cristianos esperamos el Regreso del SEÑOR y nadie sabe el día ni la hora de su segunda venida. Pero Simeón sí estaba enterado de su primera venida. Llegado el momento el Espíritu Santo lo guía al templo justo a tiempo para encontrar a un humilde carpintero de Belén y a su esposa presentando a su recién nacido. En la tierra no hubo fanfarrias ni coros ni homenajes reales que resaltaran ese momento, y sin embargo el Cielo daba a un anciano adorador un privilegio anhelado por Reyes y Profetas: ser el primero en reconocer al Mesías.

Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios diciendo:
«Ahora, Dios mío, puedes dejarme morir en paz. »¡Ya cumpliste tu promesa! »Con mis propios ojos he visto al Salvador, a quien tú enviaste y al que todos los pueblos verán. »Él será una luz que alumbrará a todas las naciones, y será la honra de tu pueblo Israel.»

Hoy día, el pueblo sigue habitando en tinieblas. Millones no conocen la salvación del SEÑOR. Hoy Dios sigue hablando a sus Simeones, hombres y mujeres cuya prioridad es conocer a Dios y darlo a conocer. Los corazones de ellos anhelan que más gente sea salva, hasta que toda la tierra sea llena de la gloria del conocimiento de Dios, como las aguas cubren el mar.

 

 

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