Archivo del sitio

En Todas Partes, Con Todos, Todo el Tiempo

Por Scott Armstrong

Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos. Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes…” (Dt. 11:18-19 RV1960).

(Leer Deuteronomio 11:18-21, 26-28)

Como misionero—y fanático de los deportes—hace varios años, mientras vivía en Guatemala, descubrí que en Latinoamérica tal vez no se han dado cuenta de que hay muchos otros deportes aparte del fútbol. Realmente aman el fútbol, y los jugadores de la selección nacional son considerados héroes después de una gran victoria. Luego de un importante triunfo de la selección de Guatemala sobre Costa Rica, escuché a un comentarista en la radio alabar muy emocionado al jugador que había anotado los dos goles del partido. Aún puedo escucharlo animar a los radioescuchas, diciendo: “¡Traigan a Juan Carlos Plata a su casa! ¡Él merece un lugar en su cocina! ¡En la sala! ¡Hablen de él en la mañana, tarde y noche! ¡Cuénteles a sus hijos lo que él acaba de hacer por Guatemala! 

Aunque parezca un poco chistoso, los versículos de estudio de hoy nos llevan en una dirección similar. Sin embargo en esta ocasión, es la Palabra de Dios la que debemos llevar en nuestras mentes y de la que debemos hablar durante el día. Sus palabras y mandamientos deben “ponerse en nuestro corazón y en nuestra mente” y hay que hablar de ellos “cuando te acuestes y cuando te levantes”.  Tanto padres como hijos deben vivir y respirar su Palabra las 24 horas del día, los siete días de la semana. Todos debemos estar familiarizados con el conocimiento de lo que Él hizo por nosotros y cómo su Palabra instruye y guía nuestra vida diaria.

¿Esto significa que no podemos hablar de nada más que no sea la Biblia? ¿Se supone que debemos caminar por los pasillos de la escuela recitando versículos de memoria? Por supuesto que no. Pero sí significa que no sólo estamos entrando a la Palabra de Dios cada día, sino que la Palabra está entrando en nosotros. Algunas veces nos apresuramos tanto en nuestros dos minutos de devocional personal, que diez minutos después no podemos recordar el pasaje que leímos. De acuerdo a la lectura de hoy, ¡esto está muy lejos de lo que Dios quiere para nuestras vidas!

60217_1.jpg

¿Está la Palabra en ti, o estás entrando muy poco en la Palabra de Dios cada día? ¿Es una parte de ti o es la esencia de quien tú eres? Con todas las presiones que tienes al ser joven, puede resultarte difícil imaginarte absorbiendo su Palabra como una esponja absorbe el agua. Pero esto hará una inmensa diferencia en tu vida. Cuando Jesús experimentó los momentos más duros, la Palabra de Dios estaba tan dentro de Él, de tal manera que rebosaba de ella (Lucas 4: 1-13).  ¿Qué pasaría si tomaras contigo los versículos que acabas de leer y los llevaras en tu mente y corazón a través de todas tus actividades, presiones y tentaciones durante las próximas 24 horas? ¿Cambiarían tus actitudes, conversaciones, y la manera en que reaccionas a las situaciones difíciles? ¿Por qué no lo descubrimos? Lee los versículos otra vez y pídele a Dios que te ayude a ponerlos debajo de tu piel y dentro de tu corazón y vida hoy.

 

 

¿Cómo no perder tu identidad en el ministerio? – Parte 3 de 4

Esta es la continuación de la entrada anterior.

  1. Apaga tu teléfono.

Es una cosa programar un descanso; es otra cosa desengancharse a propósito de las redesno-phone-300x300 sociales, correo electrónico, y mensajes de texto por 24 horas a la semana. Las relaciones son el corazón de un puesto de trabajo en el ministerio. Nuestros feligreses no son sólo para los que trabajamos o servimos, son también nuestros amigos y nuestra comunidad. Pero si estamos siempre “sobre,” si siempre respondemos rápidamente a cualquier cosa y todo lo que se nos presente, no estamos obteniendo el descanso que merecemos y necesitamos desesperadamente. Si no estás dispuesto a apartarte verdaderamente de tu trabajo por un día, puede revelar algo más profundo que está pasando. Tal vez piensas que eres más importante para el ministerio de lo que debieras, o crees que todo tiene que parar contigo. Examina lo que está pasando en tu corazón y luego determina pasar tiempo lejos de tu teléfono, y cualquier otra forma de comunicación, para ese asunto.

  1. Pasa tiempo con Dios.

devocional2014-600x300Aquí está la verdad: me había olvidado cómo comunicarme con el Santo aparte de mis deberes ministeriales. Seguro que era fácil estar con Dios si tenía un sermón que escribir, o un artículo o boletín de noticias para lanzar. Yo sabía dónde buscar si necesitaba encontrar un pasaje bíblico de ánimo para el hambre espiritual de un estudiante o un conflicto en una reunión de junta sin fines de lucro.

Pero de alguna manera me había olvidado cómo ser en todo lo que estaba haciendo. Si éste es tu caso, considérate afortunado: tienes la oportunidad de llegar a conocer a Jesús de nuevo, como si fuera la primera vez. Así que siéntate y entra. Tu relación con Dios no depende de lo que puedes hacer por él, sino depende en su totalidad de su amor por ti.

  1. Ve con un director espiritual o consejero.

Si tu dedo del pie se rompe, vas a ver a un médico. Si sientes malestar o descontento en tu alma, vas a ver a un director espiritual. Estas son personas que han sido entrenadas en el arte de la dirección espiritual. Ellos no están allí para escuchar acerca de lo bien que está tu ministerio. Lo más probable es, que no les importa lo divertido o conmovedor que eras por la causa de Cristo. Existen directores espirituales para entrar en comunión contigo y con Dios, y para escuchar el estado de tu alma. Así que déjalos hacer su trabajo, y ellos pueden proporcionar un poco de combustible necesario para tu alma cansada.

Este artículo continuará en la siguiente entrada.

¡24 horas de vida!

Escrito por: Jerry D. Porter

“¿Qué pasaría si sólo tuviera 24 horas de vida?… ¿O qué pasaría si el Señor regresa hoy?”

Porter_Web-bA principios de este año fui hospitalizado a causa de anemia producida por los medicamentos que me hicieron úlceras en el estómago. También sufrí de un incremento en la frecuencia cardíaca (fibrilación auricular-FA). Recientemente, cuando estaba preparando un mensaje para la celebración de un funeral, dos preguntas me capturaron: ¿Qué pasaría si solo tuviera 24 horas de vida? ¿Qué pasaría si el Señor regresa hoy?

Mientras me hago esas dos preguntas, ¡mis actitudes y acciones están cambiando!

Cuando alguien es rudo o irritante, yo pongo la otra mejilla y oro por él o ella… sabiendo que, ¡tal vez estaré frente al Señor mañana!

Cuando pienso que estoy muy ocupado para orar o estudiar la Palabra de Dios, yo afirmo mi total dependencia en Dios, y recuerdo que una conversación íntima con Jesús es mi prioridad número uno.

Cuando tengo la oportunidad de estar con mi esposa o familia, aprovecho la ocasión para pasar tiempo de calidad con personas de mi “círculo íntimo.”

Cuando camino a través del aeropuerto, mi corazón es movido a compasión por cada persona, y oro por estos extraños. ¡Tampoco soy tan rápido para ir al frente de la línea para abordar el avión!

Cuando la tentación se acerca a mí, el engaño astuto del enemigo pierde su brillo a la luz de darme cuenta que pronto podría estar frente a mi Señor para mi última rendición de cuentas.

Cuando estoy con un amigo pre-cristiano, siento la necesidad urgente de compartir una palabra de esperanza en Cristo con él o ella, incluso ante el riesgo de ser avergonzado o rechazado.

Cuando estoy con una persona que ha sido lastimada, inmediatamente tomo unos pocos minutos para orar por ella, en lugar de simplemente prometerle orar.

Esta simple pregunta está cambiándome para vivir en la realidad de maranatha: “Nuestro Señor viene pronto.” Estoy descubriendo que mi prioridad de vida es mi relación con Dios, mi familia y mis vecinos.

“Hazlo claro… a todos aquellos que conozcas, que estás de su lado… ayúdales a ver que el Maestro está por venir. Él puede aparecer en cualquier momento” (Filipenses 4:5, versión The Message).

“…Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo. Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos” (Efesios 5:14-16, NVI).

¿Qué pasaría si supiera que sólo tengo 24 horas de vida?

 “Así también ustedes, manténganse firmes y aguarden con paciencia la venida del Señor, que ya se acerca” (Santiago 5:8, NVI). “Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría” (Salmos 90:12, NVI) ¡y vive una vida sin arrepentimientos para la Gloria de Dios!

 

Días de 31 Horas

Soy yo, Emily, escribiendo otra vez…

Para los que están uniéndose a nosotros por primera vez, empezamos ayer con el tema de la mayordomía. Me di cuenta, que tal vez estoy usando una palabra (mayordomía) que realmente no sabemos lo que es. Para los que quieren una descripción de mayordomía, sencillamente, es manejar bien y con sabiduría las cosas que Dios nos ha dado. Hoy, vamos a ver la mayordomía de nuestro TIEMPO.

Leí un anuncio en el periódico la semana pasada de un hotel en El Salvador. Ellos anunciaron que puedo “gozar días de 31 horas” – por supuesto leí el anuncio para ver como puedo “comprar” 7 horas más en mi día por sólo US $9.99. Lastimosamente, estos días sólo ocurren en el hotel y no me afectan en la vida diaria.

Empecé a pensar en las 24 horas que tengo en mi día y que estoy haciendo con ellas. Mucho de mi tiempo es dedicado a mi familia y mi trabajo. Sin embargo, me di cuenta, que diariamente no siempre estoy manejando mi tiempo con sabiduría (¿recuerdas la definición sencilla de arriba?) Tengo tiempo en mi horario (aun que sea unos 30 minutos cada día) para pasar más tiempo en devocionales con Dios, para pasar más tiempo con mis niños, para discipular a alguien, para aprender a cocinar estilo guatemalteco (¡que rico!) – y ¿que hago con estos minutos preciosos? Generalmente, me siento para mirar el televisor o navegar en el Internet. El punto es que priorizamos lo que queremos priorizar. Si queremos tener tiempo para mirar el último partido de la Eurocopa – hacemos todo lo posible para verlo.

Yo quiero que las personas me vean como una persona con prioridades correctas de tiempo, siempre buscando tiempo para ser una persona, una esposa, una cristiana y una mejor madre. No quiero gastar mi tiempo en cosas temporales – quiero invertir mi tiempo en cosas celestiales. ¿Y que tal contigo? ¿Cómo estás pasando tu tiempo?

A %d blogueros les gusta esto: