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¡Fuera toda Barrera!

Por Luz Jiménez Avendaño

“En la iglesia de Antioquía eran profetas y maestros: Bernabé; Simeón, apodado Níger; Lucio de Cirene; Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca; y Saulo. Mientras ayunaban y participaban en el culto al Señor, el Espíritu Santo dijo: ‘Apártenme ahora a Bernabé y a Saulo para el trabajo al que los he llamado.’ Así que después de ayunar, orar e imponerles las manos, los despidieron.” Hechos 13:1-3

La iglesia cristiana ya estaba madura para tomar la más grande de todas las decisiones. Habían consentido, con toda deliberación en llevar el mensaje del evangelio a todo el mundo. Fue una decisión tomada bajo la dirección del Espíritu Santo. La verdad es que los hombres de la Iglesia primitiva no hacían su voluntad, sino la de Dios.

El pasaje de Hechos 13:1-3 nos habla de profetas y maestros. Éstos tenían funciones diferentes. Los profetas no pertenecían a ninguna iglesia determinada. Eran predicadores errantes que daban toda su vida para escuchar la Palabra de Dios y transmitirla a sus hermanos en la fe. Los maestros pertenecían a las iglesias locales y sus funciones eran las de instruir a aquellos que aceptaban la fe cristiana.

Esta lista de profetas simboliza el llamado universal del evangelio. Bernabé era un judío oriundo de Chipre; Lucio provenía de Cirene en el Norte de África; Simeón era también un judío, pero se da su otro nombre, Níger (el Negro), que es romano y que muestra que se debe haber movido en círculos formados por romanos. Manaén era un hombre con conexiones en la aristocracia y en la corte; y Pablo mismo era un judío de Tarso en Cilicia y un rabí. Como podemos darnos cuenta, en este grupo está ejemplificada la influencia unificadora del cristianismo. Hombres de muchas tierras y con distintos trasfondos habían descubierto el secreto de estar juntos: habían descubierto la unidad en Cristo.

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Dios llama a todo creyente a proclamar su palabra en diferentes partes del mundo. Todos somos llamados a llevar buenas noticias de salvación. Hay mucho que contar, tenemos mucho que decir, pero tenemos algunos problemas: nuestros prejuicios hacia una cultura distinta a la nuestra, costumbres, tradiciones, legalismos, y pretextos vanos.  Todo aquello que no funciona ante el llamado del Señor constituye una barrera para no obedecer a la orden de “ir.”   

Lo cierto es que somos creyentes y ante un llamado que viene del cielo, necesitamos corresponder al amor maravilloso de Dios para que otros puedan conocerle. Estos hombres aceptaron el llamado del Señor. Eran de diferentes culturas, pero formaron un solo equipo para cumplir un solo fin y un solo propósito: predicar el mensaje a aquellos que estaban muertos en sus delitos y pecados y necesitaban ser salvos.  ¡Es hora de echar fuera toda barrera y de predicar las buenas noticias!

*Luz Jiménez ha servido por cinco años como misionera voluntaria, y actualmente es la Coordinadora de Misiones Globales y Génesis para el Área Mesoamérica NorCentral: Guatemala, El Salvador, Honduras, y Nicaragua.

¿La Misión es Primero Local y Luego Global, o es Simultánea?

En el pasado hemos publicado en este blog varias reflexiones de Dr. Howard Culbertson, catedrático de Misiones y Evangelismo Mundial, de Southern Nazarene University (Bethany, OK, USA) y traducidas por José Samuel Mérida.  En las siguientes semanas estaremos reproduciendo otras reflexiones y creemos que son buenos recursos para líderes de MNI, pastores y líderes en general con deseos de conocer más sobre misiones.  Para todas las entradas visita el blog: La Misión Desde el Corazón de Dios.

¿La Misión es Primero Local y Luego Global, o es Simultánea?

 
Justo antes de su ascensión, Jesús habló de que el Espíritu Santo vendría sobre sus discípulos. Luego les dijo “serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.” (Hechos 1:8) Para la mayoría de nosotros, estas palabras suenan parecidas a la Gran Comisión de Mateo 28. Otros, sin embargo, aseguran que Hechos 1:8 es un plan paso por paso.

 
Por eso, dicen ellos, Jesús quiere que primero nos concentremos en nuestra propia ciudad (nuestra “Jerusalén”). Cuando la evangelización se complete allí, ya podemos ir a Judea y cuando terminemos allí, podemos ir a nuestra Samaria. Y en algún tiempo futuro, podemos ir a los confines de la tierra.
 
hechos_1_8El problema con esa interpretación es que no concuerda con lo que hizo la Iglesia primitiva. Los primeros cristianos no procedieron a evangelizar en una secuencia en la que primero evangelizaban un lugar y debían completarla antes de pasar al siguiente.
 
La persecución hizo que los creyentes simultaneamente se esparcieran por Judea y Samaria. De manera que Felipe ya estaba predicando en Samaria (Hechos 8) antes de que toda Judea fuera evangelizada. La Iglesia primitiva no tenía problema con ir más allá de la fronteras geográficas. Para cuando Pablo se convirtió, había iglesia en las ciudades gentiles como Damasco y Antioquía de Siria. De hecho, la iglesia de Antioquía fue la iglesia que comisionó a Pablo y Bernabé como misionereos.
 
La pregunta que los primeros creyentes si tuvieron que enfrentar era la de las fronteras culturales, es decir, si los gentiles que aceptaran a Cristo debían hacerse judíos. El concilio de Jerusalén que se describe en Hechos 15 llegó a una conclusión tajante, y no hay evidencia de que las personas esperaran a terminar de evangelizar un lugar antes de pasar al siguiente. Hay historias de Tomás plantando iglesias en India y Andrés evangelizando en Grecia. Las fuentes históricas de la Iglesia primitiva se refieren a Bartolomé visitando Armenia y a Santiago “el jóven” visitando Egipto. Judas (Tadeo) podría haber visitado Persia y Mateo visitado Etiopía.
 
Claramente, los cristianos del siglo I pensaban que Cristo quería un evangelismo que fuera a todos los lugares al mismo tiempo. Aparentemente, entendieron la lista de lugares de Hechos 1:8 no como un mapa que debía seguirse al pie de la letra, sino simplemente como otra manera de decir “hagan discípulos a todas las naciones.” (Mateo 28:19-20) y “predicar el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).
 
En los siglos 16 y 17, la reforma protestante enseñó una secuencia lineal (“primero evangelice su pueblo”). Estaban equivocados. Se necesitó de personas como William Carey para llevar nuevamente a la Iglesia a evangelizar en todo lugar simultáneamente “desde y hacia los seis continentes.”
 
¿Será que la idea de que el evangelismo mundial debe ser lineal (“primero en mi ‘Jerusalén’”) es solo una manera de evadir la responsabilidad de evangelizar al resto del mundo?

Reflexiones sobre Pentecostés

PENTECOST8Si eres evangélico y no celebras el Día de Pentecostés, estás perdiendo la esencia de nuestra fe.

En el calendario cristiano ayer celebramos el Domingo de Pentecostés, y por lo menos todo el Distrito Central de Panamá, donde vivo yo, realizó una gran campaña de oración en un Parque Central de una de las ciudades más grandes del país (La Chorrera).  Cientos de cristianos alabando y clamando al Señor en el aire libre con mucha gente inconversa observando – ¡Así se celebra la venida del Espíritu Santo!

Sin embargo, he visitado iglesias donde el Pentecostés ni se menciona ese día.  En otra ocasión, ¡pertenecía a una iglesia evangélica que ni hablaba del Espíritu Santo por casi un año!  ¡Cómo es posible!

Somos muy buenos en celebrar la Navidad, ¡y así debe ser!  Usualmente clausuramos nuestra Semana Santa con una gran celebración y proclamamos con Pablo: “Si Cristo no resucitó, nuestra fe es vana” (1 Cor. 15:17).  Pero, el Día de Pentecostés es la fundación de la iglesia.  ¡Tú y yo y millones de seguidores durante la historia somos la iglesia!  ¡Lo que sucedió en Hechos 2 es nuestro cumpleaños!  A todos nos gusta una fiesta para nuestro cumpleaños, ¿no?

Pero es más que eso.  Si Jesús se va y no nos envía su Espíritu Santo, tenemos que pasar toda la vida esforzándonos y tratando de vivir vidas que agraden al Señor.  En ese caso, Jesús es un gran ejemplo, el modelo que debemos seguir.  Sin la venida de su Espíritu, Jesús es nuestro cordero inmolado, pero no puede ser nuestro Salvador.  No nos da el poder para vencer el pecado una vez para siempre.  Vivimos derrotados y sin esperanza, sin Hechos 2.

Pero con Hechos 2, ¡toda la historia cambia!  ¡El Consolador ha llegado!  ¡Los discípulos miedosos se convierten en predicadores y mártires valientes!  Los seguidores de Cristo llegan a ser “aquellos que trastornan el mundo”.  Nos conocemos por primera vez en Antioquía como cristianos, un término despectivo que implicaba, “mini-Cristos”.  “¡Jaja!” se burlaban de los primeros seguidores de Cristo.  “Ellos hablan como Cristo; ellos andan como Cristo; ¡es como si Cristo estuviera acá con nosotros! ¡Ja!”

Un maestro excelente no puede provocar tal cambio.  Un ejemplo nada más no puede garantizar una transformación así.  ¡Necesitamos de su presencia misma morando en nuestras vidas, impulsándonos e impactando el mundo a través de nuestras manos, pies, y labios!

Pentecostés hace toda la diferencia.  Ayer ya pasó.  Pero marca tu calendario.  El 8 de junio de 2014.  No quieres olvidar tu cumpleaños.

De Enviar a Ser Enviado (por J.K. Warrick)

De Enviar a Ser Enviado.  Por: J. K. Warrick

Las tres reglas de los bienes raíces son: 1. Ubicación. 2. Ubicación. 3. Ubicación.

Juan 1:1 dice: “…El verbo era con Dios…” y en Juan 1:14: “Y el verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros…”

El Dr. Joe Knight menciona que existen tres reglas en el evangelismo:

1. Reubicacion. 2. Reubicación. 3. Reubicación.  Reubicar es mover algo intencionalmente de su ubicación a otro lugar.

El inicio de la Iglesia del Nazareno es la historia de las personas que fueron enviadas a sus comunidades, sus trabajos, escuelas, ciudades y a otras ciudades.  Mientras unos eran misioneros, otros eran pastores/evangelistas y personas entregadas a Dios.  Aunque muchos no fueron llamados a servir a otras partes del mundo, creían que fueron “enviados” – aun que fuera al otro lado de la calle o de la ciudad.

Durante el crecimiento de la iglesia, tal parece que se ha asentado en diferentes maneras de pensar.  Los misioneros son “enviados”, pero el resto de nosotros nos hemos convertido en enviadores.  Quizá nos vemos únicamente como apoyos financieros o compañeros de oración y esto ha impactado la efectividad de la evangelización de iglesias locales en varias partes del mundo.

¿Podremos recobrar el espíritu del envío?  Mientras miraba a la iglesia en Antioquía, encontré al menos cinco disciplinas espirituales que potencialmente podrían inspirarnos y capacitarnos para:

  1. Ministrar – “Ministrando éstos al Señor”… (Hechos 13:2)
  2. Ayunar – “Entonces, habiendo ayunado”… (Hechos 13:3)
  3. Oración – “Entonces, habiendo ayunado y orado”… (Hechos 13:3)
  4. Escuchar – “…dijo el Espíritu Santo…”… (Hechos 13:2)
  5. Obedecer – “Les impusieron las manos y los despidieron”… (Hechos 13:3)

Tenemos las mejores estrategias, la gente más capacitada, edificios maravillosos y muchas otras ventajas que nuestros antepasados no tenían.  Nosotros, también, hemos sido confiados con el ministerio de la reconciliación, el mensaje de la reconciliación y la misión de reconciliar (2 Corintios 5:18-20).

Movámonos al frente de la misión – vamos a reubicarnos.

“Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación.  Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: ‘En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios’” (2 Corintios 5:18-20).

La Formación Misionera de Pablo: Parte III

Revisando y analizando la vida del apóstol Pablo, son tres “pasos” importantes en que Dios le guió para el servicio misionero.  El lunes hablamos del llamado de Pablo a un ministerio específico.  El miércoles reflexionamos sobre cómo Pablo fue preparado y capacitado antes de salir al campo.  Y hoy vemos que fue enviado por medio de una iglesia local.

Tercer Paso: Ser Enviado por la Iglesia Local

El paso numero tres, es que Pablo fue enviado por la iglesia local.  Dios necesita estar trabajando en su vida para enviarlo una vez que está preparado.  Dios le dijo a Pablo a quienes debía predicar; estaba profundamente convencido de que Cristo lo envió a los gentiles.  Sin embargo, Pablo esperó el tiempo indicado por Dios para cumplir con la misión.  Pasados sus años de preparación y de su ministerio activo en Antioquía, el Espíritu Santo lo envió junto con Bernabé, a ministrar a otros lugares.

Después de ayunar y orar, los líderes de la iglesia en Antioquía recibieron la dirección del Espíritu Santo, impusieron las manos sobre Pablo y Bernabé y los despidieron para que comenzaran su primer viaje misionero.  El llamado del apóstol fue confirmado por medio de la iglesia que los envió.

Somos enviados por Dios y por la Iglesia.  Esta es la carta de recomendación y aprobación de nuestro testimonio de que somos llamados.  El trabajo de ambos, reconoce abiertamente que estamos listos para ser enviados.  El misionero es llamado, preparado y se prepara continuamente.

Hasta aquí se han visto algunos pasos o el proceso de cómo ser o llegar a ser un misionero.  Sin embargo el mayor requisito para esto es ser llamado por Dios.  Es el primer e importante paso, por eso debe enfocarse en esta cualidad.

Muchos cristianos consideran a los pastores o misioneros, como hombres de respeto y les aprecian.  Existen padres cristianos que consideran un don perfecto, el hecho de que sus hijos sean pastores o misioneros.  En ocasiones, si los padres no pueden costear una carrera secular, o el muchacho no encuentra trabajo, la mejor opción es entrar al seminario.

Sin embargo, quienes consideren ser pastor o misionero, antes que nada deben preguntarse: ¿Me ha llamado el Señor para esto?

*Esta entrada será continuada el próximo lunes, respondiendo a dicha pregunta.

La Formación Misionera de Pablo: Parte II

Revisando y analizando la vida del apóstol Pablo, son tres “pasos” importantes en que Dios le guió para el servicio misionero.  Hablamos el lunes sobre el primer paso: el llamado a un ministerio específico.  Hoy reflexionamos sobre cómo Pablo fue preparado y capacitado antes de salir al campo.  Y por último, en la próxima entrada veremos que este gran misionero fue enviado por medio de una iglesia local.

Segundo Paso: Prepararnos

Pablo se dio cuenta que necesitaba prepararse para llevar el evangelio a otras personas.  Después de su conversión, el llamado y la llenura del Espíritu Santo, predicó en Damasco.  Sin embargo, sabía que necesitaba conocer más sobre la Palabra de Cristo.

Pablo estuvo en diversos lugares donde aprendió cómo presentar a Cristo a los gentiles.  Conforme el tiempo pasaba, aprendió a ministrar y predicar efectivamente.  Se dice que Pablo tuvo un entrenamiento y preparación entre 8 y 12 años, y durante ese tiempo, también maduró en la fe de Cristo y estuvo siempre dispuesto para ayudar en los ministerios de la iglesia de Antioquía.

Pablo desarrolló junto con Bernabé diversos ministerios directamente con personas, además de enseñar fue elegido para llevar una ofrenda a los hermanos de Judea que estaban pasando por una necesidad.  Esto ocurrió antes de iniciar sus viajes misioneros.

Pablo no inició su ministerio junto con los viajes, su preparación previa fue integral.  Es decir, inició a trabajar y servir en una iglesia local.  A eso se invita a todos aquellos hermanos que están siendo llamados.  ¡Prepárense e involúcrense en un ministerio, y alcancen de almas para Cristo!  Prepararse es una clave importante.

Aquellos que sientan que Dios les ha llamado a ser misioneros, les es necesario estudiar la Biblia y teología en algún Seminario Nazareno o cursos que impartan a laicos (ETED, ETASEN).  Aun cuando Dios le llame a servir por medio de su oficio o carrera profesional, necesita estudios teológicos.  Recuerde, si Pablo se preparó y es ejemplo como misionero, también los llamados de hoy debemos prepararnos.

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