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Evangelización Urbana – Parte 1 de 2

Por Scott y Emily Armstrong

La ciudad tiene todo, ¿verdad? Escuelas y universidades, hospitales y consultorios médicos, teatros y centros comerciales – la lista ¡sigue y sigue! Con más oportunidades de empleo y acceso a servicios de salud y educación, es obvio por qué la gente quiere vivir en la ciudad. Las estadísticas globales nos dicen que la Región Mesoamérica ya es URBANA. Más del 80% de nuestra gente vive en una ciudad muy poblada, y muchas de estas personas no pertenecen a la Iglesia.

Tal vez estás pensando que la evangelización en la ciudad no es diferente a la de los suburbios o áreas rurales, pero estarías equivocado. ¿Cómo hacemos discípulos de personas que viven una vida acelerada y no tienen tiempo para Jesús? ¿Cómo creamos relaciones y ganamos la confianza de alguien que trabaja 7 días a la semana? ¿Cómo se ve la esperanza en medio de la drogadicción, las pandillas y la pobreza?

Primero lo primero: Dios tiene un plan para la ciudad. Tú tienes que creer esa verdad si quieres ser un evangelista urbano exitoso. A menudo cuando pensamos en la ciudad, pensamos en los problemas que se encuentran ahí – todo, desde el tráfico, la contaminación atmosférica, los horarios atareados, hasta las pandillas. Sin embargo, debemos empezar a ver la ciudad como Dios la ve: un lugar de influencia, donde la justicia y la paz se pueden obtener. Imaginemos por un minuto la visión revelada a nosotros en Apocalipsis 7:9-10,

“Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.”

Este pasaje se desarrolla en ¡la CIUDAD de SION! La historia infinita de Dios continúa para siempre EN UNA CIUDAD. ¡Nos reuniremos con cada nación, tribu y lengua, y alabaremos a Dios para siempre! ¿No es interesante cómo nuestras ciudades ya se están convirtiendo en el hogar de tantas culturas al mismo tiempo? ¿Podríamos pensar que tal vez, solo tal vez, Dios ya nos está dando la oportunidad de experimentar un vistazo del cielo en el corazón de nuestras ciudades?

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Jeremías 29:4-7 es otro pasaje que nos habla acerca de Dios y su deseo de usar a su pueblo para impactar la ciudad:

“Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, a todos los de la cautividad que hice transportar de Jerusalén a Babilonia: Edificad casas, y habitadlas; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos. Casaos, y engendrad hijos e hijas; dad mujeres a vuestros hijos, y dad maridos a vuestras hijas, para que tengan hijos e hijas; y multiplicaos ahí, y no os disminuyáis. Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz.”

Este pasaje nos ofrece tres principios que debemos tener en mente al evangelizar en la ciudad:

Debemos vivir en nuestra ciudad para amar nuestra ciudad.

Debemos ser una presencia continua en nuestra ciudad.

Debemos orar por nuestra ciudad.

Debemos vivir en nuestra ciudad para amar nuestra ciudad.

Jeremías les dice claramente a los exiliados de Jerusalén (quienes por cierto eran ¡habitantes de una ciudad!) que “edifiquen casas y las habiten…” Él no les dice que disfruten de un breve descanso ahí o que lo vean como un destino turístico temporal. Él les dijo que habitaran ahí.

Recientemente estuve en un taller escuchando a plantadores de iglesias urbanas quienes contaron sus experiencias, y uno de ellos dijo, “Si tú te estás transportando a la ciudad, significa que trabajas ahí, no que te preocupas por el vecindario.” Él se refería a que la ciudad es un ambiente acelerado, de ir y venir, para tanta gente que solo está ahí por 10 horas durante una jornada laboral. ¿Pero las personas que VIVEN en la ciudad? ¡Ellas siempre están ahí! Las decisiones que son tomadas por el gobierno local afectan sus vidas personales, los sistemas educativos moldean a sus hijos, la falta de transporte público ahí afecta su capacidad de empleo.

¿Cómo es que vas a preocuparte por todas las dinámicas de la ciudad si no vives ahí? Muchas veces vemos el evangelismo como una tarea por cumplir, pero este modelo no funcionará en la ciudad. Si solamente estás llegando a la ciudad para evangelizar de vez en cuando, los vecinos empezarán a ver tu evangelismo como TRABAJO y no como amor. Y cada vecindario es diferente: una sola ciudad puede ser el hogar de cientos de comunidades diferentes quienes tienen su propia cultura y oportunidades. Por lo tanto, es muy importante vivir en el lugar donde estás evangelizando, porque son las interacciones cotidianas las que hablan más fuerte.

Puesto que la vida se mueve tan aceleradamente, nuestras relaciones en la ciudad son típicamente construidas alrededor de actividades económicas. A menudo compramos nuestra comida mientras vamos al mismo supermercado, y así llegamos a conocer a los empleados locales. Vamos a un evento deportivo y conocemos a otros compañeros aficionados que tienen intereses similares. Disfrutamos la comunidad de un centro comercial local y entramos en contacto con otros quienes también están disfrutando de entretenimiento gratuito. Cada día, nuestras interacciones con otras personas son numerosas, pero convertirlas en un encuentro intencional es la clave para hacer evangelismo en la ciudad. Un contacto – o incluso una docena de contactos – no necesariamente permiten una relación duradera. Debemos vivir en la ciudad, lo que nos permite vivir la vida con nuestros vecinos, y que abre la puerta para conversaciones espirituales más profundas y para un evangelismo continuo a través de nuestro testimonio cotidiano.

 

*Este artículo continuará en la próxima entrada

Deja De Ir Simplemente A La Iglesia

Por Jeff Vanderstelt

Todo comenzó en un bote en un lago con unas cuantas cañas de pescar. Fue ahí, rodeado de la tranquilidad del agua, que mi padre y yo tendríamos una conversación clave que cambiaría la trayectoria de mi vida. Mi padre me estaba dando una simple actualización de su vida y me compartió que su iglesia estaba contratando a un pastor de discipulado.

Después de hacer a un lado mi diálogo interno, acerca de cómo contratar a un pastor para discipulado traicionaba el hecho de que la iglesia no veía todo lo que hacían como discipulado, escuché a mi padre decir que estaba emocionado de aprender cómo hacer discípulos—finalmente.

Yo estaba agradecido por la tremenda energía de mi padre hacia la comisión de Jesús pero también me sentí un poco turbado. Mi papá no parecía darse cuenta que él me crió en un hogar donde la vida diaria estaba conectada con un ministerio intencional. Él era dueño de varios negocios pequeños y creía que su negocio estaba destinado a ser una bendición a las personas y a la ciudad donde él vivía. Como resultado, nos unimos a nuestros padres en incontables actos de bondad, generosidad y hospitalidad.

No era extraordinario para ninguno de nosotros sus hijos, dar nuestro cuarto por una temporada como espacio para un joven que estaba comenzando de nuevo, un esposo quebrantado con un matrimonio difícil, o un adolescente huyendo que necesitaba algo de estabilidad. Mi papá amaría y sería el mentor de estas personas durante el día en uno de sus negocios, mientras mi mamá se encargaría de alimentar y cuidar de ellos, como si fueran de la familia.

Yo vi a jóvenes y viejos conocer el amor de Jesús y recibir entrenamiento bastante informal pero efectivo en cómo hacerse responsables, ser hombres trabajadores y amorosos. A causa del ministerio de mis padres en casa y en el trabajo, muchos hombres todavía consideran a nuestra familia como su familia.

Sin embargo, la iglesia nunca le dio a esto el nombre de “ministerio.” Ellos no vieron que la gentil hospitalidad de mi mamá y el mentoreo de mi papá a través del trabajo crearon tanto el ambiente como los medios para que el discipulado ocurriera.

No estaba entristecido solamente porque el ministerio de mis padres nunca fue reconocido; Jesús estuvo trabajando a pesar de todo y Dios el Padre estaba complacido de ver a sus hijos trabajando. Lo que me entristeció fue que muchas iglesias (y muchos en la iglesia) no ven sus hogares como uno de los mejores contextos para ministrar, y sus lugares de trabajo son algunos de los lugares que pasan por alto cuando piensan en mentoreo y misión.

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La mayoría de las personas pasarán un tercio de sus vidas en el trabajo y al menos otro tercio dentro o alrededor de sus hogares; lo que significa que más de dos tercios de sus vidas son considerados como espacio de no-ministerio. Además, muchos todavía creen que la iglesia es un lugar al que uno va de una a cuatro horas por semana, y que es donde la mayoría del discipulado ocurre. Esto significa que una gran mayoría de cristianos solo ve un pequeño porcentaje de sus vidas dedicado a la misión de hacer discípulos. No hay duda de porqué son tan pocos los creyentes fructíferos en el ministerio.

¿Qué pasaría si pudiéramos ayudar a la gente común a vivir el evangelio intencionalmente en la vida diaria, tanto en el trabajo como en el hogar, para hacer discípulos? ¿Qué sucedería si cada lugar de trabajo, escuela, vecindario y café fueran llenos de la plenitud del Espíritu, el amor de Jesús y los hacedores de discípulos, cada día? Tal vez podríamos ver ciudades saturadas con la presencia, poder y amor de Jesús a través de las personas comunes como mi mamá y papá.

Pastores y líderes de la iglesia no son llamados por Dios a hacer el ministerio para muchos. Ellos están en la iglesia para equipar a muchos para el ministerio en el supermercado y en el hogar. Es tiempo de equipar y movilizar a la iglesia de Cristo fuera del edificio y dentro de la vida.

Dejemos de ir simplemente a la iglesia y empecemos a ser la iglesia todos los días y en todo lugar.

Este artículo fue publicado originalmente en: Verge Network

Por Qué Jesús Nunca Nos Mandó a Plantar Iglesias – Parte 2 de 2

Esta es la segunda parte del artículo publicado en la entrada anterior.

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¿Nuestras acciones coinciden con nuestras palabras? 

Decimos que queremos ver iglesias plantadas desde afuera de nuestra cosecha, pero nuestras acciones y nuestras prácticas de liderazgo frecuentemente no coinciden con nuestras palabras. Y lo triste es que aunque nos enfrentamos con esas inconsistencias, probablemente vamos a seguir repitiendo nuestros comportamientos pasados—esperando resultados futuros diferentes (¿Quizá Ridley Assessment tiene que decir algo a aquellos de nosotros que supervisamos plantadores de iglesias?).

Cada vez que un modelo bíblico para plantación de iglesias es visto como anormal, el camino del cambio vendrá con dolor. 

Para que el cambio saludable ocurra, tenemos que cambiar nuestra eclesiología, misiología, así como lo que celebramos, recompensamos y esperamos. 

Definiciones incompletas = prácticas deficientes

Tenemos una comprensión incompleta de nuestra Comisión. Actuamos como si Jesús nos hubiera enviado a plantar iglesias. Somos enviados a hacer discípulos. Como resultado de hacer discípulos, las iglesias nacen. La importancia del modelo bíblico descansa aquí. No en el crecimiento transferido. No en las divisiones reñidas. Es el evangelismo que resulta en discípulos, quienes acuerdan estar y funcionar como la expresión local del Cuerpo de Cristo. 

Tenemos una compresión incompleta de la iglesia local. Si nuestra definición está incompleta, entonces todo lo que decimos y hacemos, relacionado con la plantación de iglesias, será deficiente. Frecuentemente esperamos que las nuevas iglesias plantadas manifiesten estructuras y organizaciones como las que se observan en iglesias con 20, 40, o 50 años. Con frecuencia, nuestra definición de iglesia local está encerrada con nuestros deseos culturales que no sabemos la diferencia entre las preceptos bíblicos y las preferencias culturales. 

Trabajamos desde una definición incompleta de plantador de iglesia. Si no reconocemos la naturaleza misionera (y de este modo las funciones apostólicas) de los plantadores de iglesia, entonces terminaremos igualándolos con los pastores. Y tómenlo de un pastor que ha estado involucrado en plantación de iglesias: misioneros y pastores tienen diferentes llamados, mezclas de dones, pasiones, y funciones que desempeñar en Reino. Acabamos enviando pastores para hacer trabajo apostólico, o enviando misioneros y esperando que sean pastores. Esto es una tormenta perfecta de problemas, frustraciones, agotamiento y desastres. 

¿Hay otras maneras para plantar iglesias además de las que leemos en el ministerio de Pablo?

Los problemas con nuestros modelos actuales

Sí, y estoy a favor de algunos de estos modelos. ¿Hay momentos cuando una iglesia debe dejar ir a algunos miembros para que ellos comiencen a trabajar en otra área? Sí. ¿Es bueno para una congregación enviar un pastor con varios miembros a plantar una iglesia “instantánea” en una comunidad? Sí, bajo ciertas circunstancias. 

Si bien, esos modelos tienden a ser difíciles de reproducir (en vista de nuestros cuatro millones de no creyentes), suponiendo desafíos de contextualización, que son costosos y a menudo el resultado no es un gran número de discípulos. La importancia de la definición bíblica para la plantación de iglesias no se encuentra aquí. Dichos modelos deberían ser la excepción cuando se trata de plantación de iglesias. Hoy, generalmente, son la expectativa. 

Espero que mis conversaciones “sorprendentes” continúen en el futuro. Esto es necesario mientras nos movemos hacia una dirección donde el modelo bíblico es considerado como la excepción. Pero hasta que nuestras expectativas de plantación de iglesias cambien, debemos hacernos a nosotros mismos una pregunta y reconocer la inquietante respuesta: 

¿Qué es lo que tenemos cada vez que un modelo bíblico es visto como anormal? 

Tenemos un grave problema.

Este artículo fue publicado originalmente en: http://www.vergenetwork.org/2013/09/09/why-jesus-never-commanded-us-to-plant-churches/3/

5 Errores Que Las Iglesias Pequeñas Son Más Propensas a Cometer

Por Karl Vaters

Los diferentes tamaños de iglesias realizan funciones diferentes. Y enfrentan retos distintos. 

Las iglesias pequeñas no solo son versiones más pequeñas de las iglesias grandes. 

Cada tamaño tiene valor, pero las congregaciones de diferentes tamaños realizan diferentes funciones en el cuerpo de Cristo. También tienen distintos retos y ellas tienden a cometer distintos tipos de errores. 

Aquí hay 5 errores que las iglesias pequeñas son más propensas a cometer, en comparación con las que son grandes. Entre más pequeñas, son más susceptibles. 

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1. Aferrarse a Tradiciones Anticuadas

Algunas tradiciones fortalecen una iglesia, otras la debilitan. 

Algunas tradiciones que se usan para fortalecernos, eventualmente nos debilitan si nos aferramos a ellas cuando ha pasado su fecha de caducidad.

Algunas iglesias necesitan hacerse a sí mismas una pregunta muy seria. Concretamente, ‘¿qué es más importante para nosotros? ¿Aferrarnos a tradiciones que están matando nuestra iglesia, o dejar ir algunas tradiciones para salvar la iglesia?’

No, no estoy hablando de principios bíblicos. Sin ellos, no podemos llamarnos iglesia. Pero cualquier otro diferente de ellos, necesitan estar sujetos ligeramente, y algunas veces no en absoluto. 

2. Planeación Deficiente o Inexistente

No hace mucho, estaba hablando con el pastor de una iglesia agonizante. Él estaba emocionado con sus planes para revitalizarla, así que le pedí enviarme un bosquejo de esos planes. ¿Qué me envió? Un calendario de seis meses de sus reuniones de comité. 

Ciertamente, tener el equipo de planeación reunido para tiempos regulares de oración, estrategia y asesoría, es una parte muy valiosa de este proceso. Pero tener más reuniones es un sustituto deficiente de tener un plan. 

Otro pastor en una situación similar me envió una lista de su serie de sermones. Predicar en series puede ser muy útil. Lo he hecho por años. Pero no podemos confundir una serie de sermones con un plan de revitalización más que lo que son las reuniones. Ellas pueden ser elementos de un plan, pero no pueden ser el plan. 

En un reciente, y muy útil Podcast de Thom Rainer acerca de replantar iglesias muertas o agonizantes, Mark Clifton dijo que las iglesias en crisis “generalmente valoran el proceso de decisión por encima del resultado de la decisión.” Las iglesias saludables priorizan los resultados. 

Un plan incluye un mapa del camino para saber cómo llegar de donde estás ahora a un futuro mejor, más deseable. Ciertamente ese plan cambiará con las circunstancias, también la habilidad para adaptarse y cambiar necesita ser construida en ese plan. Pero, para repetir el viejo cliché, aquellos que fallan en planear, planean para fallar. 

3. Asesoría o Evaluación Insuficiente

Entre más pequeña sea la iglesia, más difícil es evaluar su efectividad numéricamente. 

Pero eso no significa que no podemos o no debemos evaluar su efectividad de alguna forma. 

Después de que Jesús envió a los 72, los reunió y les preguntó cómo salió su misión. Luego, les dijo cómo evaluar su efectividad (Lucas 10). 

Cada vez que hacemos cualquier ministerio, necesitamos reunir al liderazgo para analizar: 

    • Lo que salió bien
    • Lo que salió mal
    • Por qué salió bien o mal, y
    • Qué podemos hacer para mejorar la próxima vez.

Yo sé, cuando las cosas están realmente mal, eso puede ser doloroso. Pero es esencial. 

4. Demasiado Enfoque Interno

Muchas iglesias agonizantes están haciendo esto debido a sus muchos años de obvio e intenso conflicto. 

Pero algunas iglesias se sorprenden de estar agonizando, porque, frecuentemente, las personas que permanecen están teniendo un buen tiempo entre ellas. 

“La predicación es grandiosa, la adoración es vibrante y el compañerismo es muy profundo,” es lo que frecuentemente dirán. Pero muchas veces solo se siente así para aquellos que ya pertenecen a esa congregación. 

En un artículo previo, hice una declaración con la cual muchos lectores no estaban de acuerdo. Pero la sostengo. Aquí está otra vez. “Si tu iglesia no está dispuesta a ser cambiada por los no creyentes que vienen a tu iglesia, ellos no vendrán.”

Sí, necesitamos estar dispuestos a permitirles cambiarnos, no solo esperar que nosotros les cambiemos. De hecho, entre más pequeña es la iglesia, esto es más cierto, porque en un grupo más pequeño cada persona tiene un impacto mayor. 

Si no estamos dispuestos a escuchar y adaptar nuestros métodos (pero no nuestra teología central, por supuesto) basados en las necesidades cambiantes de la comunidad que nos rodea, seremos vistos por ellos con una creciente frialdad, distancia e irrelevancia. 

No, la iglesia no debe abandonar nunca a los santos que la construyeron y apoyaron (un reto que abordaré en el artículo complementario acerca de los errores que las iglesias grandes tienden a cometer), pero si todo lo que estamos haciendo es mantener un grupito santo, hemos dejado de ser una luz en la oscuridad. 

5. Dependencia en el Pastor, en Lugar de Hacer Discípulos

Entre más pequeña la iglesia, más necesitamos luchar en contra de la expectativa de que el pastor debe hacer ministerio para los miembros. En lugar de esto, debemos seguir el mandato bíblico de equipar miembros para que hagan la obra del ministerio (Efesios 4:11-12). 

Ninguna iglesia puede sobrevivir si su ministerio no crece más allá de la capacidad del pastor. Necesitamos expandir nuestra base de ministerio a través de equipar e involucrar a todos. 

Lo Que Esta Lista No Significa

Antes de concluir, quiero asegurarme que ningún lector se va pensando algo que no intento decir con la lista, específicamente estos cinco posibles malentendidos. 

Primero, esta lista no es exhaustiva. Ninguna lista puede serlo. 

Segundo, ninguno de estos errores es inevitable, sin importar lo pequeña que la iglesia sea. 

Tercero, éstas no necesariamente son razones para que la iglesia siga siendo pequeña. Entonces, si tu iglesia es pequeña y no está cometiendo ninguno de estos errores, ¡eso es grandioso!

Cuarto, arreglar estos errores tal vez no traiga crecimiento numérico. Hay muchas iglesias saludables, misionales y estratégicas que no tienen estos problemas, pero sigo encontrando que su mayor contribución para Cristo y su iglesia viene en paquetes más pequeños. 

El crecimiento numérico no es la meta. La salud sí. Algunas veces esa salud producirá crecimiento numérico, otras veces no. 

Finalmente, las grandes iglesias no son perfectas. Tal vez no tienden a cometer estos errores, pero ellos tienen sus propios grupos de desafíos.

Este artículo fue publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/karl-vaters/2017/april/5-mistakes-more-likely-small-churches.html?paging=off

 

Asamblea General en Indianápolis, 2017

Oración por las Convenciones y Asamblea General en Indianápolis


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La Iglesia del Nazareno celebrará su 29a Asamblea General y Convenciones este mes de junio en Indianápolis, Indiana, Estados Unidos. El evento cuadrienal reunirá a miles de nazarenos de las 162 áreas del mundo de la denominación. Antes de este importante evento, la Junta de Superintendentes Generales está pidiendo a los nazarenos de todo el mundo a que separen cada viernes por la tarde, del 24 de marzo al 23 de junio, como un tiempo de ayuno y oración para la Asamblea General 2017 y orar diariamente durante la asamblea, del domingo 25 de junio al jueves 29 de junio.

Además de orar para que todos los servicios sean bendecidos con la presencia manifiesta de Dios, por favor incluyamos las siguientes peticiones específicas mientras oramos:

  • Por la estabilidad política global, así como por la protección de nuestro evento. También oramos para que los delegados de todas las áreas del mundo donde la Iglesia del Nazareno tenga ministerio puedan viajar con seguridad y sin obstrucción.
  • Para que el enfoque de la Asamblea General 2017—afirmando nuestra perspectiva evangelística, se realice.
  • Para que el Señor use esta “asamblea sagrada” para reavivar y renovar a nuestra familia global de la iglesia mientras nos reunimos para adorar cada noche y domingo por la mañana, celebrando Un Cuerpo, Un Espíritu, Una Esperanza, Un Señor y una Fe.
  • Para que el Señor guíe y unja el Servicio Dominical de Comisión de Delegados del lunes, el mensaje del Estado de la Iglesia y todas las elecciones y decisiones de la Asamblea General de 2017.
  • Ore por las convenciones que forman parte de este evento: Misiones Nazarenas Internacionales (MNI), Juventud Nazarena Internacional (JNI) y Ministerios Internacionales de Escuela Dominical y Discipulado (MIEDD). Estos ministerios mundiales se reúnen para fortalecer tanto su misión e impacto, así como para celebrar las bendiciones de Dios experimentadas en todo el mundo.
  • Ofrezcamos nuestras oraciones continuas para las sesiones de negocios oficiales de la Asamblea General 2017. Oremos para que nuestros delegados se enriquezcan con la sabiduría celestial, la camaradería del espíritu de comunión y el compromiso continuo con la misión de Hacer Discípulos Semejantes a Cristo.

— Con información de la Línea de Oración de la Región Mesoamérica.

Para más información sobre la Asamblea General 2017 y para registrarse, visite www.nazarene.org/ga.

Lo que Hospicio me Enseñó Sobre el Trabajo en Equipo

Como cada miércoles, hasta el 7 de diciembre de 2016, continuamos explorando las 10 características de una iglesia misional, una iglesia Génesis.

Por Emily Armstrong

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“Él está cansado, Em. Está listo para ir a casa con Jesús. Hemos llamado a un hospicio para que cuiden de él durante sus últimos días de vida.”

Hospicio.

Yo conocía la palabra. Significaba intrínsecamente que alguien, MI alguien, iba a morir pronto. Era el trabajo del “hospicio” asegurarse que mi abuelo estuviera cómodo en sus últimos días aquí en la tierra.

Y mientras mi mamá me daba estas noticias difíciles, estaba agradecida por ELLOS. 

“Hospicio”, consistió en el doctor de mi abuelo y las enfermeras del asilo, su trabajador social y quien era su pastor desde hace mucho tiempo. ELLOS iban a trabajar juntos para asegurar que sus últimos y pocos días fueran cómodos en todas las facetas de la vida, incluyendo el aspecto físico, emocional y espiritual. ELLOS trabajaron hacia una meta común, y solo a través de trabajar juntos esa meta podía hacerse realidad.

El doctor y las enfermeras se asegurarían que él estuviera cómodo, ajustando los medicamentos cuando fuera necesario, mientras el trabajador social estaría atento a las rutinas diarias y horarios a los que estaba sometido. Todo el tiempo, su pastor estaría dando consejo sabido y divino para ambos, a mi abuelo que estaba listo para ver a Jesús, y a los miembros de mi familia que ya estaban lamentando la pérdida. El plan de ninguno, debilitó el de los otros – todos los profesionales tuvieron que trabajar juntos. Esta es la belleza del hospicio – gente trabajando junta para lograr el bien común del paciente.

A mí me suena a que hospicio – cuando se hace bien – se ha apropiado de las palabras de Pablo a los romanos, cuando dice:

“Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener…también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás.” (12:3,5; NVI)

La séptima característica de una iglesia Génesis es que toda la congregación y los ministerios trabajan en equipo y colaboran con la misión de hacer discípulos. En su carta a los romanos, Pablo exhorta a la congregación a que “nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener.” En mi opinión ésta es la clave para el trabajo en equipo en la Iglesia.

¿Recientemente has escuchado alguno de estos comentarios engañosos en tu congregación?

  • No puedo visitar a John después de su cirugía; estoy muy cansado después del trabajo. ¿No se supone que eso es trabajo del pastor?
  • Tú sabes que yo no trabajaré con niños – ellos son muy ruidosos e irrespetuosos.
  • ¿Limpiar el santuario? Estamos ocupados practicando la música para el siguiente servicio, así que no podemos ayudar.
  • Los niños de este vecindario están arruinando nuestro edificio – si no vienen con uno de sus padres, entonces ¡no deben venir para nada!
  • Oiga pastor, ¡tengo una idea para un proyecto de alcance comunitario! ¿Puede usted planearlo?

Desafortunadamente, comentarios como éstos ¡suenan en los templos cada semana! IGLESIA – humillémonos a nosotros mismos. Colaboremos. Somos los mejores cuando trabajamos juntos para hacer DISCÍPULOS SEMEJANTES A CRISTO. Somos los peores cuando somos ministerios que nos preocupamos por el éxito de MI programa de manera individual.

Hazme caso, si quieres, e imagina los comentarios de una Iglesia que está trabajando junta:

  • Escuché que están planeando una actividad evangelística en un par de semanas – ¿hay algo que podemos hacer para ayudar?
  • ¡Wow, tenemos muchos niños nuevos asistiendo a la escuela dominical los domingos por la mañana! No soy un gran maestro, pero ¿puedo ayudar con el “control de multitudes”?
  • Estamos recolectando algunos bienes para una familia que perdió la mayoría de sus posesiones en un incendio – ¿puedes participar?
  • No puedo ir al viaje misionero del próximo verano, pero me gustaría patrocinar a alguien con finanzas y orar por ella. 

Así como el hospicio que trabajó en conjunto para el buen final-de-la-vida de mi abuelo, yo creo que la Iglesia puede trabajar junta para el bien de toda-la-vida de la humanidad. Ahí es donde se ve la diferencia más grande: nuestra misión no tiene una fecha final. Nuestro trabajo en equipo y testimonio de humildad harán una diferencia eterna mientras más discípulos de Cristo se añadan al equipo.

¿Tomarás el reto? Encuentra una manera de ofrecer humildemente tu ayuda y servicio a otro miembro de tu congregación – busca edificar el equipo, mientras JUNTOS hacemos más discípulos semejantes a Cristo en las naciones.

Una Iglesia Génesis es que toda la congregación y los ministerios trabajan en equipo y colaboran con la misión de hacer discípulos.

Para más información, visita el sitio web www.mesoamericagenesis.org o la página en Facebook https://www.facebook.com/MesoamericaGenesis/

Jóvenes en Misión: ¡Inscríbete!

En esta semana estaremos compartiendo tres reflexiones de los participantes de diferentes proyectos misioneros que se han llevado a cabo en México, bajo el liderazgo de Claudia Cruz, coordinadora de Misión Global de esta área. La idea es que puedas percibir de lo mucho que han podido aprender y experimentar los participantes en estas experiencias, pero también que te animes a involucrarte durante tus vacaciones. ¡Busca la oportunidad!

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Max al lado derecho

Mi nombre es Maximiliano Pimentel, soy de Chiapas, México. Tengo 21 años y actualmente estudio una licenciatura en ingeniería civil. Decidí participar en Jóvenes en Misión porque necesito aprender muchas cosas y, eventos como éste, permiten obtener experiencia.  Desde hace un tiempo he estado pensando en cómo los nazarenos y quizá los cristianos hemos estado compartiendo el evangelio. He comprendido a lo largo de ese tiempo algunas cosas que aceptamos como datos o hechos verosímiles, pero que no nos tomamos el tiempo para pensar en ellas y evaluar mediante la Palabra si es verdadero o no. Muchas de esas evaluaciones han dejado pensamientos que, a mi mente, son difíciles de expresar. Sin embargo, también durante el proyecto de Jóvenes en Misión he recordado algo que siempre nos enseñan: que Dios es quien obra y no nosotros.

Durante un discipulado, salieron a relucir algunos de esos pensamientos que yo considero complejos. Me sentí un poco confuso, pues mientras los explicaba sentía que no estaba siendo muy claro y, por lo tanto, creí que la mujer -a quien discipulaba- no entendía lo que yo decía. Sucedió en un discipulado que la mujer comentó las muchas ocasiones que otras personas habían llegado a su hogar a hablar sobre religión. Cuando comentó sobre nosotros, ella dijo que a diferencia de las otras personas nos había comprendido muy bien. Gloria a Dios por ello, porque Él tiene cuidado de quienes no lo conocen. No obstante, aunque Dios obra en la vida de las personas, hay muchas enseñanzas que quizá tienen una buena intención, pero que están mal enfocadas. Todas las personas visitadas nos decían muy apenadas que irían a la iglesia. ¿Qué hay de malo en eso? En qué están confiando las personas.

Como iglesia, parece que estamos tratando de llenar una construcción, poniendo tanto énfasis en que las personas asistan al templo, en vez de invitar a las personas a una relación con Jesús. Mientras conversas con las personas puedes darte cuenta de que hay muchas ideas en ellas, que tienen como un collage de ideas que personas de diferentes denominaciones han puesto en ellas. Me azora un poco la enseñanza de que Dios puede resolver tus problemas y puede bendecirte, evidentemente Él tiene el poder para hacerlo, pero no debemos presentar eso como lo más importante que Jesús puede hacer por una persona. Eso es como hacer que las personas pongan su vista en las cosas terrenales y no en las celestiales.

Otra persona dijo: “en esa iglesia piden muchos requisitos” refiriéndose a lo que tenía o no que hacer. Al escuchar cosas como esas, no puedo dejar de pensar en los fariseos, poniendo tanto énfasis en las reglas, en cuidar cosas externas y descuidando el corazón. Es más fácil enfocarse en lo visible y es probable que hasta huyamos de lo invisible y por eso también enseñemos lo mismo.

Debemos empezar a predicar y compartir lo que la Palabra de Dios nos dice, no lo que hemos escuchado, pues muchas veces puede sonar dulce al oído pero quizá estemos llevando un mal mensaje. Tenemos la responsabilidad como iglesia de hacer discípulos, como Jesús dijo, enseñándoles todas las cosas que les he mandado, no cosas que nosotros creemos que son buenas. Cambiemos la cantidad de personas que están en el templo por personas que tienen una relación dinámica con Cristo; las bendiciones terrenales y solución de problemas por la salvación que gracias a Jesús podemos tener; la ley por la gracia. Son cosas que todos sabemos pero tenemos problemas al enfocarnos en eso. Seamos como odres nuevos aptos para recibir el vino nuevo.

“Y Serán Testigos en…”

La misión que el Señor dejó a su iglesia es para que cada hijo de Dios cumpla con ella, no sólo dentro de las puertas del templo, sino sobre todo fuera de ella. El mandato dice: “Mientras van” (traducción literal del origen griego), “id y haced discípulos a todas las naciones.”

Hoy día hay miles de pueblos que todavía no conocen el evangelio de justicia y salvación.  Es nuestra misión y responsabilidad predicarles el mensaje del evangelio antes de que Cristo venga. No podemos tranquilizar nuestra conciencia diciendo que “el Señor tendrá misericordia de ellos.” Eso sería de parte nuestra una irresponsabilidad y rebeldía contra Dios.

Lamentablemente a veces creemos y obedecemos más al enemigo de Dios que a Cristo nuestro Señor. El enemigo con frecuencia nos dice: “Si tienes tantos para ganar aquí en tu comunidad… ¿por qué te preocupas por los que están tan lejos”? Y así somos dominados por una mentalidad localista, cerrada y mezquina. Por supuesto, si no estamos dispuestos a compartir las buenas nuevas con los cercanos… ¿cómo podremos hacerlo en contextos y comunidades alejadas?

Sin embargo, alguien ha dicho, “Si la Iglesia hubiera esperado hasta que todo Jerusalén fuera salvado y hasta que todos sus problemas sociales fueran solucionados antes de haberse extendido el evangelio a otras partes, la Iglesia todavía exisitiría unicamente en Jerusalén.” Por eso los apóstoles y la Iglesia primitiva no esperaron a que toda Palestina fuera cristianizada para enviar a Pablo y Bernabé a los gentiles. Los metodistas del siglo XVII no esperaron ganar toda Inglaterra para enviar misioneros al nuevo mundo. Hechos 1:8 dice que seremos testigos en Jerusalén, Judea, Samaria, y hasta lo último de la tierra.  Seremos testigos a la vez en los cuatro lugares.  A veces no lo hemos escuchado así, ¿verdad? ¿Qué tiene que ver esta promesa contigo hoy?

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