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Caminar una Milla en los Zapatos de Otro

“Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.” (Juan 4:5-9)

Por Scott Armstrong

¿Te has dado cuenta alguna vez lo bueno que es Jesús poniéndose en los zapatos de alguien más? En este pasaje, lo vemos haciéndolo otra vez. Jesús es un judío que está de camino a Galilea, y decide viajar A TRAVÉS de Samaria, en lugar de rodearla como la mayoría de los otros judíos de aquel tiempo. Los judíos hacían todo lo posible para permanecer lejos de Samaria y los samaritanos, y los samaritanos se sentían igual respecto a los judíos. Jesús no es un judío común. Jesús caminó hacia Samaria y se sentó en un lugar común de reunión para las mujeres. Es como si Él quisiera tener una conversación con alguien que viene a sacar agua del pozo. Y es exactamente lo que ocurre.

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En el momento en que Jesús pone un pie en las fronteras de Samaria, Él se convierte en el discriminado. No por coincidencia, Jesús encuentra a la mujer samaritana – quien era discriminada en su propia ciudad.

Creo que esta es una lección que todos debemos aprender lo más temprano posible en la vida. ¿Por qué la popularidad es TAN importante para nosotros cuando estamos en la secundaria o el bachillerato? ¿Por qué excluimos a las personas, solo porque se visten diferente o hablan diferente o no pertenecen a los mismos círculos sociales que nosotros? ¿Por qué no podemos ponernos a nosotros mismos en las situaciones de otras personas?

¿Cómo podrías ministrar a alguien que es excluido? En esta escritura, vemos que Jesús se convirtió en el discriminado para ministrar a la discriminada – y eso cambió su vida. ¿Podría Jesús estar llamándote para encontrar a alguien que necesita un amigo? Yo pienso que por lo menos Él nos está llamando a ver el mundo como Él, y empezar a incluir a los excluidos. Tal vez eso significa mirar afuera de nuestro “círculo” normal e involucrar a caras nuevas. Quizá eso significa integrar a tu grupo de jóvenes, y que los mayores conozcan a los menores, y viceversa. Cualquiera que sea el paso, empieza a darlo ahora. Cambia el mundo – una persona a la vez.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

Señor, Enséñanos a Orar

“Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: —Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos. Él les dijo:—Cuando oren, digan: ‘Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Danos cada día nuestro pan cotidiano. Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden. Y no nos metas en tentación.’” (Lucas 11:1-4)

Por Emily Armstrong

Creo que todos podemos estar de acuerdo en que Jesús fue un excelente maestro. Después de todo, Él siempre tenía cientos o miles de personas siguiéndolo y pendientes de cada palabra suya. Él contó muchas historias buenas y vivió exactamente lo que enseñó. Este maestro también era un guerrero de oración, y yo creo que fue sabio de parte de los discípulos pedirle al mejor maestro de la historia que les enseñara a orar (v.1). ¡¿Te imaginas recibir clases de oración de parte de Jesús?! La oración es simplemente el acto de hablar con Dios, y Jesús no podía parar de hacerlo.

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¿Por qué para nosotros es tan difícil orar? Creo que es porque todavía pensamos que solo hay una manera de hacerlo – encerrarte en un armario oscuro y derramar tu corazón ante Dios durante, por lo menos, una hora cada día. En este punto de mi vida, no tengo ni una hora para comer almuerzo, mucho menos para encerrarme en un armario oscuro. He encontrado que tener periodos cortos de oración con Dios durante el día, me ha ayudado a permanecer constante en mi vida de oración. Casi cada día tengo un tiempo especial de oración, donde escribo mis pensamientos, oraciones, esperanzas y peticiones. Este es mi tiempo de oración realmente enfocado, y me he dado cuenta que, sentarme con mi diario y lapicero, de verdad me ayuda a bloquear las otras distracciones alrededor de mí. PERO, no dejo mi vida de oración cuando cierro mi diario. Durante todo el día, si pienso en algo sobre lo que necesito orar, me detengo y hago una oración de 30 segundos. Mantener la oración como una constante a todas horas me ha ayudado a mantenerme enfocado en Dios durante el día.

Si necesitas establecer una mejor vida de oración, lo mejor que puedes hacer es empezar con algo pequeño. Dale a Dios algunos minutos cada día y muy pronto te darás cuenta que no puedes parar de hacerlo – así como Jesús.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

De Extraño a Señor

Por Scott Armstrong

Estaba en séptimo grado cuando me llegó la noticia: el nuevo pastor de jóvenes estará en la iglesia este miércoles. Un hombre llamado Ed Belzer. Había escuchado que él era agradable, chistoso, y que realmente amaba a los adolescentes. Pero yo quería verlo con mis propios ojos.

Ese miércoles yo estaba hablando con un amigo en el lobby cuando alguien vino detrás de mí y dio un sofocante “abrazo de oso”. ¿Quién era? ¿Qué es lo que iba a hacer? Me puse alerta. No podía mover mis brazos, así que rápidamente, lo más fuerte que pude, le di una patada al ofensor. Él exhaló muy fuerte y me liberó. Me di la vuelta para ver a nuestro nuevo pastor de jóvenes doblado en el piso. “Hola. Soy Ed,” él hizo una mueca y me dio su mano.

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Rápidamente llegué a conocer a este hombre durante los siguientes meses y años. Este extraño a quien conocí tan brutalmente, pronto se convirtió en mi pastor y el hombre a cargo. Antes de saberlo, este líder se convirtió en la persona que más me escuchaba, mientras atravesaba mis momentos más difíciles. Ahora, después de años de compartir y orar juntos, lo considero uno de mis amigos más cercanos.

Creo que eso en parte explica lo que sucede en el pasaje que leemos. ¿Te das cuenta cómo el hombre ciego se refiere a Jesús? En Juan 9:11, él, básicamente, le dice a la multitud que “aquel hombre que se llama Jesús” lo sanó (“Ese hombre que se llama Jesús hizo un poco de barro, me lo untó en los ojos y me dijo: ‘Ve y lávate en Siloé’. Así que fui, me lavé, y entonces pude ver.”). Después, él decide que Jesús es un profeta (v.17). Mientras recibe amenazas y es forzado a luchar con lo que le ha pasado, él valientemente les dice a quienes lo critican que este Jesús, sin lugar a duda, viene de Dios (v.33 “Si este hombre no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada.”). Más adelante, este mismo Jesús busca al hombre que sanó y todo el encuentro produce una transformación extraordinaria: “Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró” (v. 38). ¡Wow! ¡En un día, un hombre que había nacido ciego fue salvo de su oscuridad física Y espiritual! ¡Este extraño llamado Jesús se había convertido en su Señor!

¿Dónde estás tú en este camino de descubrir quién es Dios? ¡Sigue buscándole, porque tu relación con Él crecerá más y más con cada día que pase!

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong para adolescentes y jóvenes. 

Causa y Efecto

“A su paso, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. 2 Y sus discípulos le preguntaron:—Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres? —Ni él pecó, ni sus padres —respondió Jesús—, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.” (Juan 9:1-3)

Por Scott Armstrong

No soy un científico, pero recuerdo algunas cosas de mis clases de física en secundaria. Recuerdo que la Ley de Causa y Efecto es muy importante. En química, cuando mezclé químico A con químico B (causa), hubo una pequeña explosión (efecto). ¡Genial! Cuando estamos enfermos, tomamos medicina (causa) para sentirnos mejor (efecto). La Ley de Causa y Efecto está por todas partes, y ayuda a que nuestro loco mundo tenga sentido.

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Así que no deberíamos estar sorprendidos cuando queremos reducir todo lo espiritual a una simple causa y efecto. Ya has escuchado antes: si confías en Dios, Él te hará rico con casas, carros y mucho dinero. Del otro lado, si una cristiana desarrolla cáncer (efecto), tiene que haber una causa espiritual, ¿cierto? Ella está carente de fe. O quizá secretamente ¡ha estado pecando (¡ah!)!

En los días de Jesús, la gente llevó esta ley aún más lejos. En Juan 9, Jesús y sus discípulos pasaron por el camino donde estaba un hombre ciego. Obviamente estaba ciego por su propio pecado–o incluso el de sus padres, ¿cierto (v.2)? Esto tiene más sentido–si la gente solo sufre o experimenta dificultades en la vida por las cosas tontas que hacen, eso encaja en nuestra idea de lo que es justo y correcto. Él o su familia había pecado (causa). Por lo tanto, este hombre es ciego (efecto).

Jesús descarta esa teoría. Ni él ni sus padres han hecho algo malo. Este hombre nació ciego ¡para que la gente pudiera ver la obra de Dios en su vida (v.3)! Había un propósito divino incluso en la incapacidad de este hombre para ver.

Me pregunto si vemos las dificultades en nuestra vida de la misma manera. Seguro, muchas veces traemos malas cosas sobre nosotros como resultado de nuestras decisiones tontas o por el pecado en nuestras vidas. Pero algunas veces suceden malas cosas a la gente buena simplemente para que la obra de Dios se muestre en nuestras vidas. No siempre lo entendemos. De hecho, algunas veces aquellos a nuestro alrededor, reaccionarán con incredulidad o sorpresa (vean el resto del capítulo 9). Pero Dios tiene un plan. No sé tú, pero esto hace que la oscuridad del momento se vea mucho más manejable. Él estará con nosotros y trabajará en nosotros hasta que su propósito se cumpla en nuestra vida.

*Esta reflexión pertenece a una serie de devocionales escritos por Scott y Emily Armstrong, para adolescentes y jóvenes. 

Amor que Rompe Barreras Culturales

Un devocional adaptado del comentario de William Barclay por Claudia Cruz Martínez:

“La mujer se sorprendió, ya que los judíos rechazan todo trato con los samaritanos. Entonces le dijo a Jesús:—Usted es judío, y yo soy una mujer samaritana. ¿Por qué me pide agua para beber?” Juan 4:1-9

La historia de Jesús y la mujer samaritana es muy conocida, hay tantas enseñanzas que podríamos sacar de este pasaje, pero en este pequeño escrito la intención es reflexionar en la preeminencia del amor de Jesús sobre las barreras culturales.

Para iniciar debemos ubicarnos en Palestina, que solo tiene 200 kilómetros de Norte a Sur, pero que en los tiempos de Jesús estaba dividida en tres partes. Al norte se encontraba Galilea, al Sur Judea y en medio Samaria. En este momento Jesús no quería involucrarse en discusiones sobre el bautismo, así que decidió marcharse de Judea por un tiempo e ir a Galilea. Para ir por el camino más corto tenía que atravesar Samaria, esta ruta era la menos usada debido a la enemistad entre judíos y samaritanos. Para un judío la ruta más segura era cruzar el Jordán, subir el norte por la parte oriental, y volver a cruzar el Jordán a la altura de Galilea.  Esta ruta era doblemente larga. Jesús eligió la ruta más corta a través de Samaria, posiblemente no sólo por ganar tiempo sino también para cumplir con parte de su misión.

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En este pasaje podemos observar que Jesús rompe con las barreras culturales y raciales de la gente de su tiempo:

  1. Jesús se atreve a cruzar el territorio de Samaria.
  2. Los discípulos compran comida en alguna aldea samaritana (es poco probable que hubieran hecho esto por ellos mismos, de no ser porque Jesús se los pide).
  3. Jesús nos muestra su carácter real de humanidad, su cansancio, agotamiento y sed.
  4. Jesús muestra su amor y compasión al hablarle a una mujer; en aquel tiempo los hombres no podían entablar conversación con las mujeres, ni siquiera dirigir una palabra a ellas. Esta mujer hubiera huido avergonzada si algún líder religioso de su época le hubiera hablado. Sumado a esto, la personalidad de ella pone al descubierto su condición de pecadora (por la hora en que ella va a sacar agua del pozo).
  5. Jesús rompe con la barrera racial, esta mujer era samaritana. La lucha entre judíos y samaritanos es muy vieja. Por eso la mujer se sorprendió de que Jesús le hablara, Jesús rompe con prejuicios de países y razas.

¿Qué barreras culturales tenemos que derribar hoy? ¿Qué barreras se han infiltrado y cultivado en nuestras iglesias? ¿Cuándo fue la última vez que te atreviste a cruzar fronteras para dar un mensaje de esperanza y amor?

“Aquí estaba el Hijo de Dios cansado, agotado y sediento. Aquí está el más santo de los hombres escuchando comprensivamente una triste historia. Aquí estaba Jesús rompiendo las barreras del nacionalismo y de la costumbre judía ortodoxa. Aquí está el comienzo de la universalidad del evangelio; aquí esta Dios amando al mundo de tal manera, no en teoría, sino en acción.” –William Barclay

*Claudia Cruz sirve como pastora de jóvenes en la Iglesia del Nazareno Betania en Ciudad Hidalgo, Oaxaca y es coordinadora de Misiones Globales para el Área México.

Sabiduría en la Contextualización: ¿Qué tan Lejos es Demasiado Lejos?

Por Ed Stetzer

¿Cómo te hace sentir la palabra “contextualización”? ¿Libre o preocupado?

La pregunta de los $64 millones de dólares sobre la innovación y el cambio es esta: ¿Qué tan lejos es demasiado lejos? No puedo pensar en ninguna otra pregunta en la iglesia que sea tan controversial como ésta. Hemos estado haciendo esta pregunta por dos mil años y parece que casi nunca estamos de acuerdo.

La mayoría de nuestras discusiones sobre estos asuntos se mueven alrededor de la contextualización. Debemos cambiar nuestra metodología para proclamar mejor el mensaje que no cambia a un mundo que está cambiando constantemente. Pero no todo cambio es bueno, incluso cuando se promueve bajo el disfraz de la contextualización.

Yo estoy a favor de la innovación. Pero debe ser utilizada como medio para contextualizar mejor el evangelio, no simplemente para su propio beneficio. Necesitamos evaluar dónde está esa línea, para que no la crucemos y perdamos la verdadera razón por la que Dios nos ha puesto aquí.

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Midiendo la contextualización

La contextualización se trata, evidentemente, del contexto. Caminar con “mi nariz alzada” puede significar que pienso que soy mejor que tú. O quizá significa que estoy intentando protegerte de mi hemorragia nasal. El contexto provee significado a tu interpretación.

La contextualización del evangelio comenzó en el momento en que Cristo llegó a enseñar a las sinagogas y a predicar las buenas noticias del reino (Mateo 4:23). Cristo presentó palabras y hechos a su audiencia en maneras que fueron significativas en su idioma y cultura.

El idioma fue el arameo. La cultura fue la judía (envuelta en un poco de la cultura romana y griega). La reacción de las multitudes, especialmente los líderes religiosos, deja en claro que las palabras y acciones de Cristo fueron significativas en su contexto cultural.

Cambiar para contextualizar no significa diluir el mensaje de las buenas noticias de Jesús. Lo opuesto es verdad. Contextualizar el evangelio significa remover los impedimentos culturales y lingüísticos en la presentación del evangelio, para que solo la ofensa de la cruz permanezca.

Pero cuando pensamos sobre los cambios y la contextualización hoy en día es fácil pensar que tú eres el único que tiene razón. Todos los de la izquierda han cambiado mucho y han perdido el evangelio. Todos los de la derecha son un montón de legalistas quienes no han cambiado lo suficiente como para tener una conversación con la cultura. Para vencer esta tentación, necesitamos establecer lo que no puede cambiar y buscar señales que nos indiquen si nuestros cambios han ido demasiado lejos.

Más arte que ciencia

Dios la diseñó para que el inalterable mensaje de Jesús pudiera encajar en los cambiantes “recipientes culturales” para alcanzar a la gente en el lugar donde están, y llevarlos al lugar donde necesitan ir. La contextualización es una habilidad que la iglesia misional en los Estados Unidos, así como los misioneros internacionales, deben aprender y usar.

La contextualización, sin embargo, es más una forma de arte que de ciencia. No existen líneas claras que proveen límites firmes y rápidos para cada idioma y cultura, especialmente en lo que tiene que ver con nuestra ortopraxis (la manera en la que vivimos el evangelio). Pero existen ciertas líneas del evangelio que no podemos cruzar.

¿Cuáles son las señales que nos indican que hemos cruzado líneas que no se debían cruzar? Si hemos perdido la clara proclamación del evangelio—la muerte de Jesús en la cruz por nuestro pecado y en nuestro lugar—o si minimizamos el arrepentimiento y perdón, pienso que hemos removido los obstáculos intencionales de la cruz. Eso sería una primera señal de advertencia.

Si enseñamos el mensaje en una manera que excluye o resta importancia a la Biblia, pienso que esa es una dificultad también. Si me encuentro minimizando el rol de Jesús en la salvación o en la necesidad de confesar a Jesús como Señor y Salvador, esa es otra bandera roja.

Lo que funciona hoy en día

Algunos segmentos de nuestras iglesias evangélicas han adoptado algunos cambios y están haciendo todo lo que pueden a través de publicidad, medios de comunicación, redes sociales, cafeterías, cines, música, las artes y otras espacios para tener una conversación significativa con el mundo. Algunos cristianos sienten que ceder cualquier terreno hacia lo que ellos perciben (a menudo con razón) como un compromiso con la cultura eventualmente cruzará la línea hacia un deslizamiento de herejía y pluralismo.

Obviamente, no creemos ser sincretistas con el mensaje del evangelio. Pero la contextualización significa que el cambio ocurrirá. Estaremos buscando nuevas maneras de traducir el evangelio que ayude a otros a comprender su mensaje. Esto no es acomodar la cultura; es construir relaciones significativas con personas y hablar con ellas acerca del evangelio (en términos del evangelio) en maneras que tienen sentido para ellos.

Entonces, ¿cuándo sabemos que un cambio ha ido demasiado lejos? Cuando el evangelio no se ve o no suena como las buenas noticias y Jesús no se ve ni suena como el Jesús encontrado en las páginas de la Escritura. Pero si los pies de aquellos que traen el evangelio son hermosos sobre los montes es, por lo menos en parte, porque aquellos que escucharon el evangelio son capaces de entender de forma significativa la persona y la obra maravillosa de Jesús. Los pies pueden seguir siendo hermosos incluso después de cambiar de zapatos.

Este artículo fue publicado originalmente en: Christianity Today.

Aún Celebrando la Pascua

Por Scott Armstrong

¿Listos para un pequeño examen? ¿En qué periodo del calendario cristiano nos encontramos ahora?

Si respondiste “Pascua” o “Tiempo Pascual,” ¡felicitaciones! Admito que he escrito bastante sobre Adviento y Cuaresma, ambos periodos son muy importantes en nuestro caminar espiritual. Pero el Tiempo Pascual es igual de importante, aun cuando muchos de nosotros lo pasamos por alto en esta época del año.

Rich Villodas, el pastor de la Iglesia New Life Fellowship en Queens, Nueva York, recientemente escribió sobre por qué la temporada del Tiempo Pascual es importante para la Iglesia.

“Por siglos, muchos en la Iglesia han reconocido que la Pascua no solo es un evento de un día que anticipamos, y así nada más se desvanece. La Iglesia ha afirmado que el poder de la resurrección es más que un momento pasajero, sino que merece una reflexión continua.”

Mientras que la Cuaresma dura 40 días y es un tiempo de ayuno, el Tiempo Pascual tiene una duración de 50 días y ¡nos dirige hacia una vida de celebración!

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Villodas resalta tres formas en las cuales podemos enfocar nuestra atención durante este periodo constante de la Pascua.

  1. El Tiempo Pascual nos recuerda que a través de la resurrección Jesús es victorioso sobre los poderes de la muerte.

Como he escrito antes, cuando Jesús se levanta de la tumba, Él provee la destrucción y undominio efectivo sobre los poderes del pecado, la muerte y la tumba. Sin embargo, la Pascua no es solamente algo lindo e importante que le sucedió a Jesús. Estamos invitados a ser parte del nuevo orden cósmico. ¡El mismo poder que levantó a Jesús de la muerte está disponible para todos aquellos que elijan seguirle!

“Es posible cantar sobre la conquista de Jesús sobre la tumba,” nos recuerda Villodas, “y al siguiente día ser cómplices de los sistemas, estructuras y hábitos que le traen gloria a los poderes de la muerte.” Esta temporada nos asegura que vivimos en una “reverberación de la resurrección” que aún continúa el día de hoy.

  1. El Tiempo Pascual nos recuerda que la vida futura de Dios está disponible para que nosotros podamos disfrutarla y expresarla al mundo.

Así como a María Magdalena le fue dicho que no se aferrara a Jesús, sino que en lugar de eso fuera y contara las buenas noticias (Juan 20:17), también somos capaces de ofrecer esperanza a todos aquellos que la necesitan desesperadamente. La Pascua no es Pascua si su mensaje no es proclamado al mundo.

El pastor Villodas lo pone de esta manera, “Probablemente no hay mejor momento que éste para orar por la sanidad sobre la enfermedad, porque la resurrección es un recordatorio de que algún día no habrá enfermedad. Probablemente no hay mejor momento que éste para trabajar por la paz, porque la resurrección es un recordatorio de que un día no habra guerras. Probablemente no hay mejor momento que éste para celebrar y festejar, porque la resurrección es un recordatorio de que nos dirigimos hacia un banquete. Así como nuestro Señor, los cristianos deben vivir del futuro. Nuestras comunidades y vidas individuales apuntan a lo que se aproxima.”

  1. El Tiempo Pascual nos llama a una vida que cultiva el gozo.

Aún estoy asombrado por el hecho de que las mujeres presentes en la tumba vacía esa primera mañana de la Pascua “salieron a prisa…con temor y gran gozo” (Mateo 28:8). Si hemos sido cristianos por muchos años, tristemente podríamos haber perdido el asombro sobre la Pascua, por no hablar de la admiración o incluso el temor. La tragedia es que la resurrección se ha vuelto un lugar común para muchos de nosotros. Y si ese es el caso, la siguiente cosa que se perderá será el gozo. En este sentido, muchos de nosotros cargamos con la actitud lúgubre y de abnegación de la Cuaresma a través del Tiempo Pascual y en los demás momentos del año.

Pero ¡la Pascua es un tiempo de celebración! ¡Él resucitó! En los días después de su resurrección, encontramos a Jesús en varias ocasiones comiendo, celebrando y regocijándose (Lucas 24:40-42; Jn. 21:9-13). Como siempre, pero especialmente en esta temporada de Pascua, ¡tenemos el privilegio de hacer lo mismo!

Villodas se pregunta si al final de la historia, la pregunta que Dios nos hará no es si nos abstuvimos del pecado. Qué pasa si la pregunta es “¿Entraste en el gozo que estaba disponible para ti?”

Esa es la invitación que Él nos ofreció durante el Tiempo Pascual. ¡Jesús está vivo! Así que ¡comamos, bebamos y, sin duda, alegrémonos!

Eligiendo Vivir en la Resurrección

Por Scott Armstrong

La Cuaresma y Semana Santa han sido muy importantes en mi vida y mi caminar espiritual a través de los años. Y no hay nada mejor que, cuando el ayuno y la solemnidad ocasionados, finalmente culminan en el estallido masivo de alegría en el Domingo de Resurrección. ¡Jesús ha resucitado! ¡No hay mejor celebración que la Resurrección!

O al menos así debería ser.

En muchas culturas, las iglesias ven un incremento en la asistencia al culto de Resurrección y muchos se visten muy elegantes. La música es viva y de alta calidad. Hay años donde pareciera que ¡el sol brillara con más fuerza en Resurrección!

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El domingo pasado, Domingo de Resurrección, no fue exactamente así en la iglesia que mi esposa y yo pastoreamos. Servimos como misioneros en República Dominicana y somos pastores (voluntarios) de una pequeña iglesia en un barrio ubicado en los alrededores de Santo Domingo. Habíamos estado hablando sobre los servicios de Semana Santa, durante varias semanas, especialmente sobre el Domingo de Resurrección. Habíamos preparado a nuestro equipo de liderazgo para el importante día, ¡y la celebración estaba lista!

O eso pensamos.

Llegamos temprano y había olvidado las llaves del pequeño edificio de concreto. Normalmente esto no es un problema. Pero este día dos de los laicos, quienes siempre llegan temprano para limpiar y arreglar, no estaban ahí. Después de algunas llamadas y de que nuestro hijo de 15 años tuviera que correr un par de cuadras para conseguir la llave, nos encontrábamos barriendo y limpiando las sillas, cinco minutos antes de que iniciara el servicio.

No es que hubiera mucha gente esperando incómodamente para entrar. Semana Santa es una semana de vacaciones en gran parte de Latinoamérica y la mitad de nuestra congregación estaba fuera de la ciudad. Cuando tienes una iglesia de 45, esto se nota fácilmente. Para cuando inició el servicio, la mayoría éramos niños y algunos adultos somnolientos. ¡Jesús está vivo! Pero ¿y nosotros?

El líder que estamos entrenando para ser el futuro pastor predicó bien, pero el sermón tenía más que ver con el Día del Padre en vez del Día de Resurrección. El Día del Padre se celebra en dos meses.

Tal vez tú eres mejor que yo. Quizá no dejas que nada de esto te afecte. Pero para mí esto ha sido un distractor y me hace sentir desanimado. ¡Qué desalentador! ¡Gente, se supone que estamos celebrando la Resurrección!

Para ser honesto, por mi propia cuenta, estaba adormilado. Necesitaba una Resurrección tanto como cualquiera.

Empezamos a leer el pasaje en Lucas.

“Y hallaron removida la piedra del sepulcro…”

“¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”

“No está aquí, sino que ha resucitado.”

Con cada frase familiar, mis ojos empezaron a abrirse en asombro de lo que Dios está haciendo en nuestro medio.

La jovencita de sexto grado con quien estaba compartiendo mi Biblia, estaba siguiendo con interés la lectura. Ella no quería leer nada cuando la conocimos en la Escuela Dominical hace dos años.

El estudiante universitario dirigiendo la adoración estaba haciendo un tremendo trabajo. ¡Él de verdad cree lo que estaba diciendo y cantando!

Oye, esta es la cuarta vez consecutiva que José llega al culto; Dios debe estar haciendo algo en su vida.

La evidencia de la vida estaba alrededor de mí. ¿Baja asistencia? ¿Niños inquietos? ¿Mensaje con un tema distinto? ¡No importa! Cristo salió de la tumba ¡y eso cambia todo!

La próxima semana puedo asegurarte que habra muchas cosas que saldrán mal antes, durante y después de nuestros servicios. Pero elijo vivir en la realidad de la Resurrección. Todas esas cosas son irrelevantes comparadas con nuestro Señor, quien triunfó ¡sobre la muerte, el infierno, y la tumba!

¿Te unes a mí en esta semana? La Cuaresma y Semana Santa han llegado y se han ido. Pero la Resurrección permanece. ¿Por qué sigues buscando entre los muertos al que vive?

 

 

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