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La Verdadera Historia de San Nicolás

Escrito por Adam Estle

*Este es un artículo publicado por la organización Evangélicos por el Conocimiento del Medio Oriente (Evangelicals for Middle East Understanding).

¿Te has preguntado dónde se originó la historia de Santa Claus? Tal vez te estés preguntando, “¿Qué tiene que ver Santa Claus con aumentar mi conocimiento del Medio Oriente?” ¡Nos alegra que preguntes!

Para responder esta pregunta centenaria planteada por Virginia O’Hanlon, “Sí, hay un Santa Claus.” El nombre de Santa Claus es un anglicismo del alemán ‘Sinterklass’ que literalmente significa San Nicolás. Los colonizadores holandeses y alemanes de América trajeron a su amado santo con ellos a sus nuevos, mayormente protestantes (y no admiradores de santos) vecinos. La tradición se fusionó con el Padre británico de la Navidad (ver el personaje de Charles Dickens “el fantasma de la Navidad presente” en “El Cuento de Navidad”), y ¡voilá! Santa Claus fue un gran hito.

San Nicolás, el hombre, era ciertamente una persona real. Era un obispo cristiano de Myra en Lycia, que en la actualidad es Turquía. (Aquí está la conexión con el Medio Oriente.) San Nicolás vivió en el siglo 4 (15 de marzo 270 – 6 de diciembre 343). Por si no lo sabes, este fue un tiempo desafiante para ser un cristiano, pues el emperador romano Diocleciano castigaba severamente a cualquiera que se afiliaba a la nueva religión. Afortunadamente esto no desvió a Nicolás. Él se dio a conocer, aunque no a propósito, como alguien que hacía regalos – ayudando a cualquiera que podía, y tratando de hacerlo de manera anónima.

Una de sus hazañas más famosos involucró a un hombre pobre que tenía tres hijas, pero no podía pagar la dote apropiada para ellas. Esto significaba que ellas seguirían solteras y probablemente, en ausencia de cualquier otra posibilidad de empleo, tendrían que convertirse en prostitutas. Al escuchar la difícil situación de las jóvenes, Nicolás decidió ayudarlas, pero siendo muy modesto como para ayudar a la familia en público (o para salvarlas de la humillación de aceptar caridad), él fue a la casa en la oscuridad durante tres noches consecutivas y arrojó por la ventana de la casa una bolsa llena de monedas de oro. La tercera noche el padre se escondió para atrapar y agradecer a quien quiera que les hubiera hecho este regalo. Nicolás le suplicó que lo guardara en secreto. Como pueden asumir, esto no sucedió, en vista de que estás leyendo esta historia después de más de 1700 años.

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Por todas sus obras de caridad, amor, compasión y bondad fue encarcelado y maltratado bajo el mandato de Diocleciano. Cuando Diocleciano murió, Constantino subió al poder. Constantino emitió el Edicto de Milán en 313 que liberó a Nicolás de prisión y lo devolvió a servir a su comunidad. En 325 Constantino llevó a cabo la 1ª reunión ecuménica de cristianos (el Concilio de Nicaea) que procuró establecer unidad en la doctrina cristiana. Nicolás fue un miembro de este concilio y golpeó famosamente a un hombre llamado Arias quien declaró que Cristo no era divino. Después él se disculpó, pero añadió que no podía soportar escuchar que su Señor fuera calumniado. A pesar de esto, él fue alguien determinante en la formación de las ramas de las creencias básicas del cristianismo en la Trinidad.

Mientras la modernidad, por sí misma, es dada a enfocarse más en Santa Claus que en Jesús en esta época, recordemos quién era realmente San Nicolás. Él era un cristiano del Medio Oriente, y así como nuestros hermanos y hermanas en el Medio Oriente hoy, él sirvió a Jesús a pesar de circunstancias difíciles.

Deja que el ejemplo de Nicolás de Myra (aunque lo veamos vestido de rojo y blanco tomando una Coca-Cola) nos recuerde cómo debemos luchar, a pesar de la adversidad, para mostrar el amor que Jesús modeló. A través del alboroto y el consumismo que rodea la visión contemporánea de Santa Claus, recordemos quién fue en realidad San Nicolás y cómo su historia amplía el verdadero significado de la Navidad.

Por favor recuerda orar por nuestros hermanos y hermanas en Cristo en todo el Medio Oriente, donde la Navidad no es una festividad en la mayoría de sus comunidades. Ora que ellos sean capaces de buscar tiempo y oportunidades para celebrar la venida de Jesús a la tierra, no solo durante esta temporada, pero durante todo el año.

Venid Fieles – Y No Tan Fieles – … ¡Todos!

Por el Rev. Chris Gilmore

Uno de mis villancicos preferidos de navidad inicia con la frase: Venid fieles todos, a Belén marchemos, de gozo triunfantes y llenos de amor.” Imagino a los pastores y los sabios cantando estas palabras y pidiéndoles a otros que se unieran a su visita al recién nacido y largamente esperado Salvador. Es una invitación a reunirse alrededor de Jesús para celebrar su venida. Venid, fieles todos.

Pero, ¿qué pasa con los que no son tan fieles? ¿Ellos también están invitados? ¿Solo los triunfantes de gozo y llenos de amor pueden venir a Jesús?

Si es así, la lista de invitados será notablemente pequeña. Incluso aquellos que están más entusiasmados con Jesús son infieles a veces. Todos fallamos en cumplir nuestros propios estándares, mucho más los de Dios. Todos nos hemos sentido derrotados. Honestamente, muchos de nosotros nos sentimos así con frecuencia.

Cuando leemos los evangelios, encontramos que la invitación es mucho más amplia que solo para los gozosos y triunfantes. Ahí vemos que es el mismo Cristo quien hace la invitación. Jesús revela que Su reino, Su mesa, y Su gracia son para toda la gente. Que vino por todo el mundo, e invita a cualquiera a venir a Él. Jesús encarna un amor que es para la gente, quien quiera que sea y donde quiera que se encuentre.

A veces no comunicamos ese mensaje de buena forma. A veces excluimos a las personas que son descuidadas o que pecan de forma diferente a la que pecamos nosotros.  A veces encontramos difícil hacer espacio para la gente que no es como nosotros. A veces actuamos como que hemos sido fieles, pero no es verdad. A veces pretendemos estar gozosos y triunfantes cuando no lo estamos en lo absoluto. A veces nuestro comportamiento levanta barreras entre Jesús y la gente a la que Él ama.

Pero Jesús es más que eso. Y es Su fiesta, no de nosotros. Y Él dice que estás invitado.

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Así que sí, venid fieles todos, y venid también los no tan fieles.

Venid los que se sienten derrotados, los que se sienten sin esperanza.

Venid todos los que están cansados, los que llevan cargas pesadas.

Venid los que están estresados y en la cuerda floja.

Venid los que se sienten sucios e indignos de amar.

Venid ustedes los afligidos.

Venid hombres sabios con regalos para el rey.

Y venid niños con tambores, sin nada de valor para ofrecer.

Venid leprosos, recolectores de impuestos y prostitutas.

Venid los que se sienten rechazados.

Venid pastores y doctores, hoteleros y meseros.

Venid gente de todas las tribus y toda lengua. Venid jóvenes y viejos.

Venid los que se sienten traicionados. Y los que han cometido la traición.

Venid los que fracasaron este año. Y el año pasado.

Venid ustedes que dudan y los escépticos. Venid con sus preguntas y su intelecto.

Venid los hambrientos y sedientos por algo más.

Venid los que tienen cicatrices.

Venid los que tienen temores.

Venid los que tienen roto el corazón y desechos los sueños.

Venid los que han renunciado. Y los que desearían poder hacerlo.

Venid los refugiados y los Ejecutivos Corporativos.

Venid ustedes que son enemigos. Venid ustedes que son extraños.

Venid ustedes ansiosos y ustedes que se esconden detrás de una máscara.

Venid los que apenas pueden musitar una oración, ustedes que lloran diariamente.

Venid vagabundos y buscadores, legalistas y charlatanes.

Vengo yo, ven tú.

 “Cantad jubilosas, célicas criaturas, resuenen los cielos con vuestra canción”.

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Venid a ver que el Señor es bueno.

Venid a encontrar esperanza, ayuda y sanación.

Venid a encontrar descanso.

Venid a encontrar propósito.

Venid a encontrar sentido de pertenencia, una familia.

Venid por perdón y salvación.

Venid a encontrar la luz.

Venid a encontrar un nuevo comienzo.

Venid a hallar gracia.

Venid a encontrar a Jesús. Él es Cristo el Señor.

Cuando vengas encontrarás que Él es mejor de lo que hemos demostrado, y más maravilloso de lo que merecemos. Él es digno de confianza y es verdadero. Está aquí por nosotros. Está aquí con nosotros.

Y tú, quien quiera que seas y donde quiera que estés, como quiera que te sientas, estás invitado. Ven.

Este artículo fue publicado originalmente: iamchrisgilmore.com

Una Misión Insólita

Por Ken Childress

 “Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes.” Juan 20:21

Una lectura rápida de este versículo podría darnos la impresión de que Jesús está diciendo, “El Padre me envió primero; ahora es tu turno.” Pero hay más que solo eso en este versículo. Él también está diciendo, “De la misma manera que el Padre me envío, es como yo les envío a ustedes.” La pregunta crucial es: ¿Cómo Dios envió a Jesús?

Filipenses 2 nos da un conocimiento adecuado de la naturaleza de la misión de Jesús. Él se humilló a Sí mismo, Él tomó la forma de un siervo, y se hizo obediente hasta la muerte (Fil. 2:6-11). Jesús fue de las riquezas celestiales a los harapos terrenales; de la exaltación a la humillación; de la autoridad a la obediencia; del significado al rechazo; de la comodidad a la dificultad; de la seguridad al peligro; de la gloria al sacrificio; de la vida a la muerte. ¡Y Él nos llama a ir al mundo exactamente de la misma forma!

Lee la lista de nuevo. Todas aquellas transiciones humillantes van en contra de lo habitual. Tratamos de tener una posición más alta, no vaciarnos de nosotros mismos. Queremos más significado, más seguridad, más autoridad, más atención, más comodidad. Pero Jesús nos llama a morir a nosotros, a tomar nuestra cruz y seguirle. Él nos envía, así como Él fue enviado.

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¿Tu actitud corresponde a la actitud de Jesús? ¿Tomas tu misión tan en serio como para entrar en las profundidades de este mundo –sin importar que esas profundidades estén en otro país, tu propia ciudad, o incluso tu propia familia– y vivir el evangelio de humildad para que otros vean? La misión de Jesús es redimir este mundo, y Él desea hacer brillar la luz en cada vil y oscura esquina –a través de ti y de mí. Él llama a sus seguidores a ir a prisiones y campos de concentración, a antros de opio y burdeles, a colonias de leprosos y pabellones psiquiátricos. También los llama a ir a clubes nocturnos, salas de conferencias empresariales, salones universitarios, y arenas deportivas. No hay ningún lugar demasiado incómodo, peligroso o difícil. ¿Estás dispuesto? Así como el Padre lo envió a Él, Él nos envía a nuestra comunidad.

 

Familia Verdadera

Por Scott Armstrong

“Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre” (Mateo 12: 48-50).

Enseñar, predicar, sanar. Mateo hace un buen trabajo documentando el propósito del tiempo de Jesús en la tierra (ver 9:35-38). En Mateo 12, después de viajar mucho, proclamando muchas cosas controversiales y recibiendo amenazas de muerte, Jesús se retira del bullicio de las multitudes (12:15). Al menos es lo que piensa. Muchas personas necesitadas lo siguen y Jesús continúa sanando, echando fuera demonios, y respondiendo a sus críticas. El día se pone caluroso, el maestro se está agotando.

Jesús necesita recargar baterías. ¿Qué mejor manera de hacer eso que pasando un tiempo agradable con la familia? Él probablemente no ha visto a su madre y hermanos en muchos meses. Imagina su gozo, entonces, cuando alguien le dice que su familia está esperando afuera y quieren hablar con él. ¡Ellos lo sorprendieron! Seguramente Él terminaría su sermón, dispersaría a la multitud, y ¡recibiría a su familia con los brazos abiertos!

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Pero eso no es lo que pasa. De hecho, su respuesta parece un poco dura. Parece que Él dice, “¿A quién le importa? Ellos no son mi verdadera familia. Ustedes sí.” Y luego el capítulo 13 dice que ese mismo día Jesús continúa su ministerio como si nada hubiera pasado.

Tenemos que ser cuidadosos aquí. El punto de este pasaje no es que necesitamos abandonar nuestras familias para servir a Dios. La clave se encuentra en la respuesta de Jesús (v. 50). Cualquiera que hace la voluntad de Dios es verdaderamente parte de la familia de Cristo. Hay algo que sustituye la relación sanguínea aquí.

Mi esposa y yo somos misioneros viviendo en República Dominicana. Nuestros padres están en Estados Unidos. Les extrañamos. Valoramos nuestra relación con ellos casi más que cualquier cosa. Digo “casi” porque llegó un punto años atrás, donde nos quedó claro que la voluntad de Dios para nosotros era servirle lejos de casa y familia.

Eso nunca es fácil. ¡Pero no nos arrepentimos! Seguir la voluntad de Dios nos ha acercado más a Dios y de igual manera a nuestra familia, en muchas maneras. ¡No dejes que nadie te diga que seguir la voluntad de Dios y ser parte de la familia de Jesús, no vale la pena o el sacrificio!

¿Llanto o Milagro?

Por Scott Armstrong

Mientras Jesús hablaba, llegó un jefe de los judíos, se arrodilló delante de él y le dijo: «¡Mi hija acaba de morir! Pero si tú vienes y pones tu mano sobre ella, volverá a vivir.» Jesús se levantó y se fue con él. Sus discípulos también lo acompañaron. En el camino, pasaron por donde estaba una mujer que había estado enferma durante doce años. Su enfermedad le hacía perder mucha sangre. Al verlos pasar, la mujer pensó: «Si tan sólo pudiera tocar el manto de Jesús, con eso quedaría sana.» Entonces se acercó a Jesús por detrás y tocó su manto. Jesús se dio vuelta, vio a la mujer y le dijo: «Ya no te preocupes, tu confianza en Dios te ha sanado.» Y desde ese momento la mujer quedó sana. Jesús siguió su camino hasta la casa del jefe judío. Cuando llegó, vio a los músicos preparados para el entierro, y a mucha gente llorando a gritos. Jesús les dijo: «Salgan de aquí. La niña no está muerta, sino dormida.» La gente se rió de Jesús. Pero una vez que sacaron a todos, Jesús entró, tomó de la mano a la niña, y ella se levantó. Todos en esa región supieron lo que había pasado” Mateo 9:18-26 TLA.    

¿Dónde te ves a ti mismo en esta historia? Cada personaje tiene un pasado diferente, una necesidad diferente, y reacciona de distinta forma ante a las circunstancias que lo rodean. Quizá te identifiques con la mujer enferma que desesperadamente desea tocar a Jesús. Quizás te veas a ti mismo como el dirigente judío que no se preocupaba tanto de sí mismo como los que estaban con él. ¡Qué gran fe tenía para creer que Jesús podía traer a su hija de vuelta!

Personalmente, me identifico más con los que lloraban (vs. 23-24). No porque esté regularmente triste o algo por el estilo. Pero soy bastante realista y usualmente me gusta ayudar a la gente. Verás, en los días de Jesús, los que lloraban tenían un propósito muy importante. Cuando había una muerte en la familia, los parientes se reunían y llamaban a personas que lloraran para ayudar en el proceso de duelo. De hecho, se requería tener a varias personas que lloraran en voz alta y que cantaran. Aunque eso nos parezca extraño en nuestros días, ellos ayudaban a la familia a liberar los sentimientos de desesperación y dolor que experimentaban.

Así que si yo soy un llorón profesional, estoy haciendo lo que se supone que haga aquí en el versículo 23. Es mi trabajo ayudar a estas personas en el momento más difícil de sus vidas. Entonces, justo cuando ya estaba metido en mi personaje, este hombre llamado Jesús viene y dice que la niña está solamente dormida. Lo siento, pero tengo que reírme. ¿Acaso está loco? Yo sé lo que ven mis ojos. La niña está muerta. No hay esperanza. Es mejor ayudar a la familia en su proceso de duelo.

Pero la visión de Jesús es diferente. Suceden milagros cuando Él está alrededor. Las mujeres enfermas son sanadas. Los muertos son resucitados. Cuando entra en escena, la transformación y sanidad se hacen presentes.

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El mundo está lleno de muerte, desesperanza y enfermedad. ¿Cuál será tu reacción a la desesperación que está a tu alrededor? ¿Irás por la vida de la manera usual u orarás, planearás y esperarás que Dios haga un milagro en la más difícil de las situaciones?

           

Desarrollo de Relaciones

Por David W. Graves. Trad. por: Yadira Morales.

El sentido de pertenencia es quizás la necesidad emocional más poderosa que se experimenta en los tiempos modernos. La sociedad continúa fragmentándose, las familias desintegrándose, y la tecnología nos aísla hasta que las oportunidades de sentir que verdaderamente pertenecemos a algo, cada vez se vuelven más limitadas.

Pero la necesidad de pertenecer no ha disminuido. Hoy en día, los individuos buscan aquellos lugares en los que pueden pertenecer, y luego se entregan plenamente a las relaciones que encuentran. A través de fijar la inclusión como objetivo, nuestra iglesia puede establecer su ministerio. Al convertirse en un lugar de pertenencia, la iglesia local se abre a oportunidades cada vez más amplias de proclamar su mensaje, un mensaje de amor y pertenencia en la familia de Dios. Sin embargo, la gran pregunta es: “¿Cómo establece la iglesia este tipo de ministerio?”

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Comienza regularmente iniciando y desarrollando relaciones con personas sin iglesia. Tenemos que preguntarnos “¿Con cuántas personas, que no pertenecen a una iglesia, tenemos una relación personal?” Desde ya puedo decirles que la mayoría de quienes hemos estado en la iglesia durante mucho tiempo tendríamos que responder “con ninguna.” Parece que cuanto más tiempo somos seguidores de Cristo, más desconectados estamos con aquellos que no lo son, y eso es un problema real. Lo mismo es verdad para muchos pastores.

No podemos esperar alcanzar a la gente para Cristo si no estamos desarrollando una amistad con ellos. Si no tengo amigos no cristianos, ¿cómo puedo decirle a alguien acerca de Cristo?

Este es el mayor perjuicio para el cumplimiento de la Gran Comisión que tenemos hoy en día ––no conocemos a ningún no cristiano lo suficientemente bien como para compartir el evangelio con ellos. Jesús salió de Su camino ––y debemos salir de nuestro camino–– para construir verdaderas amistades con personas fuera de la iglesia.

Al construir relaciones con la gente, Jesús puede usarnos para cambiar sus vidas.

Hacia la Efectividad Misional: El Mensaje de la Misión de Dios – Parte 2 de 7

Por Ed Stetzer

Dios está en misión para glorificarse a Sí mismo. 

En el primer artículo expliqué que la efectividad misional es abrazar la totalidad de la missio Dei —incluyendo su mensaje, movimiento y marcas—y es representada en la vida de la iglesia local y más allá.

Yo no sé ustedes, pero yo he tenido en muchas listas de quehaceres a lo largo de mi matrimonio. Esa lista es simplemente cuando su esposa los envía afuera (o ya están afuera) para conseguir cosas para ella. La misión es hacer algo por tu esposa, lo que es importante por derecho propio.

Sin embargo, la efectividad de la misión también dependerá del entendimiento de lo que ella quiere que ustedes consigan. En otras palabras, el mensaje es un componente vital para la efectividad misional. Si ustedes malinterpretan u olvidan qué es lo que les pidió su esposa que consigan, fallará la efectividad de la misión.

Con respecto a la missio Dei, el mensaje de misión es un componente vital para la efectividad misional. Si malinterpretamos el mensaje, o recibimos el mensaje incorrecto, la misión se apagará o será completamente errónea. Por tal motivo, es esencial que entendamos el mensaje de la misión de Dios.

Sencillamente, el mensaje de la missio Dei es que Dios está en misión para glorificarse a Sí mismo por medio de avanzar su reino en la tierra a través de los medios de su pueblo, empoderados por su Espíritu, quienes comparten y muestran el evangelio del reino de Dios en Jesucristo.

Hay por lo menos cinco temas que sirven como elementos del mensaje de la misión de Dios.

Elemento 1: La Gloria de Dios

El mensaje de la misión de Dios es que ¡todo se trata de Él! Su gloria es el objetivo final y el punto de la misión. Fuimos creados a su imagen para reflejar su gloria en todas las áreas de nuestras vidas, pero nos rebelamos y distorsionamos la imagen de Dios. Por lo que, Dios está en la misión de redimir y restaurar nuestra imagen dañada para que podamos reflejar su gloria otra vez.

Elemento 2: El Reino de Dios

El mensaje de la misión de Dios incluye el establecimiento de su reino. Richard Bauckham expresa, “La Biblia es un tipo de proyecto orientado al reino de Dios, que es, hacia el cumplimiento de los propósitos de Dios para el bien de toda la creación de Dios…” Porque el núcleo de su misión incluye ambos: su gloria y su reino, Dios siempre ha tenido un patrón de crear un lugar para su pueblo (nosotros) y nos llama a vivir bajo su gobierno y reino.

Desde el principio, Dios deseó que la humanidad extendiera su gobierno y reino a través de todo el orden creado. G.K. Beale argumenta que así como Adán y Eva fueron fieles a Dios en el jardín, viviendo sus mandamientos, disfrutando perfecta comunión con Él, ellos inevitablemente extenderían los límites geográficos del Edén (es decir, su reino) hasta que el Edén cubriera por completo la tierra. Como resultado de vivir bajo el gobierno y reino de Dios, experimentamos bendición.

Elemento 3: El Rey Jesús

El mensaje de la misión de Dios gira en torno a su rey, el Rey Jesús. El primer Adán falló en reflejar la imagen de Dios y gobernar efectivamente como vice-regente de Dios sobre el orden creado. Como resultado de la caída de la humanidad (Gn. 3), somos incapaces de glorificar a Dios. Además, no solo somos incapaces de glorificar a Dios, pero hemos sido aislados y separados de una relación y una conexión con él.

Sin embargo, por el gran amor de Dios por su gloria, reino y creación (y especialmente por los portadores de su imagen), Él envió un segundo y mejor Adán, el Rey Jesús, para redimir a los pecadores (sin mencionar al cosmos en su totalidad).

Por la vida obediente de Cristo, su muerte sacrificial, su sepultura temporal, resurrección victoriosa y ascensión gloriosa al trono, Dios ha exaltado a Cristo hasta lo sumo, otorgándole

…el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Flp. 2:9-11)

Jesús es el centro del reino de Dios (y su misión), porque es en Jesús que Dios está reconciliando al mundo consigo mismo (Col. 1:20).

Elemento 4: El Espíritu de Dios (Poder)

El mensaje de la misión de Dios involucra la morada permanente del Espíritu Santo para que resulte la misión efectiva. Mientras que el Espíritu está definitivamente presente en el Antiguo Testamento (bajo el Antiguo Pacto), el Espíritu bajo el Nuevo pacto habitará en todos los creyentes, empoderándolos para vivir en el reino y el avance de la misión. (Jr. 31:31–34; Ez. 36:22–32; Mt. 28:18–20; Jn. 20:21–22; Hch. 1:8).

Los dos papeles más grandes del Espíritu Santo son convencer al mundo de pecado (Jn. 16:8) y conformar el pueblo de Dios en una comunidad misional adoradora alrededor del mundo (Hch. 1:8) quienes son enviados en misión. Por lo tanto, antes de su ascensión, Jesús les dice a sus discípulos que esperen en Jerusalén para recibir al Espíritu Santo. Alvin Reid afirma:

Cuando Jesús declaró que sus seguidores recibirían poder después de que el Espíritu Santo hubiera venido sobre ellos y que serían testigos, Él se refería a que pudiéramos ser testigos efectivos—pero no en nuestra propia fuerza. La efectividad viene a través del poder del Espíritu Santo.

En resumen, el Espíritu de Dios es la fuente de poder para abrazar, encarnar y representar la misión de Dios.

Elemento 5: Pueblo de Dios

El mensaje de la misión de Dios incluye la participación de su pueblo. Esencialmente, la misión de Dios crea el instrumento de su misión, es decir su pueblo. Somos nosotros. Desde Adán a Israel, de Jesús a la Iglesia, el pueblo de Dios está llamado a participar en la misión de su reino. En Jesús, la Iglesia fue creada como los santos redimidos de Dios para ser sus agentes y testigos mundiales. Por lo tanto, como Emil Brunner una vez directamente señaló, “La iglesia existe por la misión, así como el fuego existe por la llama.”

Para cumplir la misión de Dios, su pueblo (la Iglesia, nosotros) estamos para compartir verbalmente y demostrar las buenas noticias del reino en Jesús el Rey, a través del poder del Espíritu Santo. Haciendo esto, proclamamos la buena noticia de que Jesús está haciendo todas las cosas nuevas (Ap. 21:5), mientras demostramos esa realidad poniendo en práctica la ética del reino de Dios en todas las áreas de nuestra vida—personal, marital, familiar, social, relacional, cultural, vocacional, etc.

La próxima vez, hablaré de los movimientos de la misión de Dios.

Artículo publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2016/december/towards-missional-effectiveness-message-of-gods-mission-par.html

Entonces, ¿Qué Es Un Nazareno?

Hoy es el primer día de las Convenciones y Asamblea General de la Iglesia del Nazareno. Estos eventos son celebrados cada cuatro años, y esta vez en Indianápolis, Indiana estamos esperando más de 15,000 asistentes y delegados para tener tiempos de adoración corporativa, entrenamiento, compañerismo y negocios. Sin embargo, quizá nos estamos adelantando. Algunos pueden preguntar, “En todo caso, ¿Qué es un Nazareno?” En un día tan emocionante como hoy, el Rev. Daron Brown nos recuerda nuestros, igualmente emocionantes, comienzos. 

Escrito por Daron Brown
De su columna Pressing On

Al cabo de unos días en mi primer año en la Universidad Nazarena Trevecca, uno de los chicos en mi dormitorio me hizo a un lado. Él no era parte de la iglesia, estaba en Trevecca por una beca escolar de béisbol. Él pasó su primera semana asombrado, viéndonos como los muchachos de la Iglesia del Nazareno, preguntándose a él mismo en qué se había metido. Con voz baja, medio avergonzado y medio distraído, él susurró, “¿Qué es un Nazareno?”

Desde entonces he hecho esa pregunta docenas de veces. A pesar de que hay diferentes formas de responderla, quizá la mejor respuesta es mirar en retrospectiva cómo recibimos ese nombre. 

En el primer siglo, la ciudad de Nazaret en Galilea era considerada una comunidad de segunda clase. Esta actitud se puede apreciar en la respuesta de Natanael a Felipe cuando él habla a su amigo acerca de “Jesús de Nazaret.” Felipe evidencia el escepticismo de él: “¡De Nazaret!…¿Acaso de allí puede salir algo bueno?” (Juan 1:46, NVI). La respuesta que se asume para la pregunta retórica de Felipe era “Por supuesto que no. Nada importante sucede en Nazaret.”

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En Lucas 4 cuando Jesús regresó a Nazaret, él fue físicamente rechazado y casi asesinado por los habitantes de su misma ciudad de origen. La respuesta de ellos puede ser descrita como, “¿Por qué deberíamos escucharte? No eres mejor que nosotros.” Ser un “Nazareno” en el primer siglo no te hacía ganar mucha credibilidad. 

Es notable que la segunda persona de la Trinidad viniera a nosotros por medio de un lugar remoto como Nazaret. Dios mismo elige residir en una comunidad donde la gente creyó que la bondad no existía. Al hacer esto, Él nos recordó que no somos muy rápidos en distinguir entre el bien y el mal. Es un problema que hemos tenido desde los primeros capítulos de Génesis. 

Unos 700 años antes del nacimiento de Jesús, Isaías anticipó la vida de Cristo con las palabras, “Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos.” (Isaías 53:3, NVI). Al adoptar el rol de un marginado, Jesús el Nazareno mostró su solidaridad con aquellos que eran excluidos, perseguidos, y sin esperanza. 

Diecinueve siglos después, en Los Ángeles, California, un predicador de la Iglesia Metodista Episcopal llamado Phineas F. Bresee sintió el llamado a llevar el mensaje de Santidad a las familias pobres—las personas marginadas de la ciudad, quienes no eran bienvenidos por la gente adinerada en asociaciones importantes. Dejando su denominación sobre el tema, él se asoció con un conocido médico y ex-presidente de la Universidad del Sur de California, Joseph P. Widney. En 1895, ellos se unieron con otros en la comunidad para empezar una nueva iglesia. El difunto historiador Timothy Smith dijo que al hacer esto Bresee “declaró que la única cosa nueva en el movimiento era su determinación de predicar el evangelio al necesitado, y ofrecer esa clase de iglesia, la cual ellos podrían llamar suya” (Called Unto Holiness, Vol. 1, p. 110). El nombre que eligieron para su movimiento fue sugerido por Widney, quien dijo que el término “Nazareno” simbolizaba “la esforzada, humilde misión de Cristo…a quien el mundo se vuelve, en su miseria y desesperación, para tener esperanza” (Ibid. p.11).

Desde esa fecha, casi 122 años después, nuestro compañerismo se ha expandido a más de 160 áreas alrededor del mundo. Encontrarás Nazarenos de diversas etnias y contextos socioeconómicos, adorando en hermosos santuarios, edificios construidos con bloques de cemento y centros comerciales. Nuestras miles de iglesias tal vez tengan diferentes personalidades y programas, pero seguimos compartiendo una aspiración en común. Primero y ante todo, nos motiva llevar al mensaje de Santidad al pobre y al necesitado a nuestro alrededor. Segundo, abrazamos la identidad de Dios quien se convirtió a sí mismo en un marginado para alcanzar a los marginados de este mundo—gente como nosotros. 

Desde mi primer año en Trevecca, he mejorado en responder “¿Qué es un Nazareno?” Estos días la mejor respuesta que puedo dar es: “Ven con nosotros a los vecindarios. Déjanos mostrarte el ministerio en la cárcel, el jardín comunitario, el banco de alimentos, los programas de mentores y alimentación escolar. Únete a nosotros mientras trabajamos junto a los que sufren—los enfermos, los ancianos, y los adictos—y después tú entenderás claramente lo que significa ser un Nazareno. 

Daron Brown vive y pastorea en Waverly, Tennessee.

Este artículo fue publicado originalmente en: pbusa.org

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